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Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México


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#243; mucho pescado.

En nueve del dicho salimos deste paraje e fuimos a dormir al río Brabo, donde se estuvo muchos días aguardando a Francisco Salgado y Manuel de Mederos, y a otros muchos compañeros que se aguardaban con la respuesta del señor Visorrey; porque esta orden llevaba del Teniente de Gobernador que les había de venir, aguardando hasta el dicho río Brabo, con la razón e respuesta de la voluntad del señor Visorrey, porque a esto los envió el dicho teniente a la ciudad de México; e visto la mucha tardanza, que los dichos hacían, mandó el dicho Teniente de Gobernador, mandó medir todo el maíz e trigo, para saber el bastimento que tenían e no se hallaron más de cien fanegas de bastimentos, causa de que el dicho teniente recibió mucha pena por entender había más bastimentos; y la falta que ello hubo fue de no se haber dado por orden y cuenta por venir en canastas, como era de Juan Pérez de los Ríos, no porque el dicho teniente no le hubiese dicho días atrás que se diese a todos ración; y el dicho Joan Pérez le respondió en diversas veces que su gente no ha de comer por ración; y así por darle gusto no lo hizo hacer que se diere ración; y luego que se midió el dicho maíz e trigo, mandó el dicho teniente que se entregase por medida en cada carreta, para que diesen cuenta de las anegas que se le entregasen, e mandó que de allí adelante se diese un almud a cada persona para una semana, y así se hizo; y estando en este dicho paraje, viendo la tardanza de los dichos Salgado y Mederos y de los demás, y el poco bastimento, determinó el dicho Teniente de Gobernador proseguir su viaje; y procurando la derrota que habían de llevar en su viaje hubo muchos pareceres de todos sus compañeros diferentes del suyo, salvo el capitán Cristóbal de Heredia, Francisco López de Recalde y Martín de Salazar y Joan de Carvajal, que era que se buscase el río Salado; y al fin el dicho Teniente de Gobernador procuró e mandó al dicho capitán Cristóbal de Heredia que se buscase el dicho río Salado, y al cumplimiento dello salió Joan Pérez de los Ríos con algunos compañeros en demanda del dicho río, e no pudieron hallarlo por espeso de la mala tierra que hacía en su redondez; e se volvió con noticia de otro río diciendo que aquel río se podía llevar, aunque sería con mucho trabajo por la malicia de la tierra que había en la redondez del dicho río; porque la vía de ir muy apartada dél, y que para entrar en él la caballada y boyada pasaría mucho detrimento por la causa de la mucha piedra que aviará; satisfecho el dicho Teniente de Gobernador del dicho río e camino, envió segunda vez a ciertos compañeros e soldados de su compañía fuesen a descubrir otro río más adelante, porque si era el que había de llevar; e los dichos soldados llegaron al río donde había llegado Joan Pérez de los Ríos con los demás compañeros, e se volvieron diciendo que no se podía pasar por allí por ningún caso, de que el dicho Teniente recibió hasta pena por entender aquel era su viaje y camino; y por estar muy indispuesto y con muy poca salud de su persona no iba personalmente a lo que tanto deseaba saber e ver, envió tercera vez al capitán Cristóbal de Heredia que fuese a descubrir este río Salado, y él al cumplimiento dello, salió y llevó en su compañía a Joan Rodríguez Nieto y a Joan de Contreras y a Pedro Flores, el cual salió en demanda del dicho río Salado; y llegó al río que estaba descubierto, y halló paso en el dicho río para poder pasar las carretas; porque hasta entonces no se había hallado y descubierto el dicho paso, fue atravesando aquella lomería que había hasta el río Brabo, y llegó al dicho río Brabo, y se volvió al dicho real diciendo que por allí podíamos pasar y ir atravesando al río Salado; y visto por el dicho capitán Cristóbal de Heredia traía descubierto el camino, se holgó mucho, aunque todos los demás eran de diferente parecer como atrás se ha dicho.

En primero de octubre mandó el dicho Teniente de Gobernador al dicho capitán Cristóbal de Heredia hiciese apercibimiento a todo el Real que saliese al cumplimiento de su viaje, lo cual él lo hizo; y estando para salir hubo hartas diferencias qué camino llevarían; y visto el dicho capitán se llegó al dicho Teniente qué derrota y camino habían de llevar, y él le dijo que hiciese enderezar al río Salado y guiase a él; y así al cumplimiento dello lo hizo el capitán Cristóbal de Heredia; y fuimos a dormir a una cañada donde se halló agua en Caxas.

En dos del dicho salimos de este paraje y fuimos a dormir al río de las Loxas, e lo pasamos con harto trabajo. A cuatro del dicho, salimos de este paraje y fuimos a dormir a una cañada, donde se halló mucha agua.

A cinco del dicho salimos de este paraje y fuimos a dormir a una quebrada honda en demanda del río Salado.

A seis del dicho salimos deste paraje y fuimos a dormir a unas encinillas, donde se halló mucha agua.

A siete del dicho salimos de este paraje en demanda del río Salado, envió el capitán Cristóbal de Heredia a descubrir el dicho río Salado, que era el que se procuraba para nuestro viaje, y fue al dicho efeto Joan de Carvajal, Martín de Salazar, Domingo de Santiesteban y Blas Martínez de Mederos descubrieron el dicho río Salado, de que recibieron mucho contento; y volvió Domingo de Santiesteban a pedir albricias, que ya dejaba el río descubierto él y sus compañeros, mas que no se podía entrar en él por haber mucha peña tajada y quebradas; y ansí fuimos a dormir a una cañada, donde había una poca de agua para la gente, y la boyada y caballada volvió atrás, y procurando por todos medios entrar en el dicho río, no se pudo entrar causa de dejarlo y volvernos a buscar el otra que habíamos dejado atrás.

Se salió el capitán Cristóbal de Heredia a ver el río si estaba lejos de nos, lo cual salir y dieron con él, como tres leguas donde estábamos parados.

A nueve del dicho salimos de este paraje y fuimos a dormir una legua del río de las Laxas.

A once del dicho salimos de este paraje y fuimos a parar en unas cabañas sin agua.

A doce del dicho salimos deste paraje y fuimos a unas lomas donde se halló una poca de agua; y procurándose si el río de las Laxas no se hallaba, respeto de que se acabó allí; y visto esto se volvió la boyada e caballada atrás al dicho río, y se volvió a procurar con mucha instancia el dicho río Salado, y fue en su demanda Salazar y Diego Díez de Berlanga y Cristóbal Martín; y como tres o cuatro leguas de allí tornaron a dar con el río Salado, e volviendo al Real dijeron que no se podía tomar el río; e con todo esto procuramos proseguir nuestro viaje y fue servido Dios, que saliendo deste paraje llovió un aguacero que fue enviado por el Señor para nuestro socorro; y confiados de Dios lo había de proveer, conocemos que usó de misericordia con nosotros.

A catorce del dicho salimos de este paraje y fuimos a dormir adonde se dio la comisión a Cristóbal de Heredia de maese de campo; y en este paraje, el Teniente de Gobernador, visto que el viaje se iba alargando, procuró de quitar, e quitó, que no se diese a cada persona más de medio almud de trigo o de maíz para cada semana; y por ser poca ración quiso mercar a Joan Pérez de los Ríos algunos bueyes para matar, para repartirlos en su campo Real; y tratando con Joan Pérez de los Ríos que se los vendiese, visto la necesidad que había, el dicho respondió que no vendería buey ninguno; que para esta necesidad, si el dicho Teniente de Gobernador quisiese bueyes, que todos ellos estaban allí, y dellos hizo ofrecimiento al Rey nuestro señor, y a él en su nombre; y así lo hizo; y el dicho Teniente la recibió por tal; y luego incontinente, mandó salir toda la gente que había, y se hallaron ciento y setenta y más personas; y mandó que diesen a libra y media de vaca a cada persona cada día; y así se pasaron con la ración atrás referida; y se iba por aquí haciendo barbacoas de mascal para suplir la falta que había.

En diez y seis del dicho salimos de este paraje y fuimos a dormir a las Laxas, adonde nos llovió un aguacero que fue de mucho efeto, respeto de no poderse tomar el río; y se hicieron aquí muchas barbacoas de mascales.

En diez y siete del dicho fuimos a dormir a la cañada donde se perdió Alonso Jaimes y Ponce.

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