Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México
Uncategorized March 11th, 2006
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En 18 del dicho salimos deste paraje, y había salido Cristóbal de Heredia con algunos soldados a ver si había entrada al río Salado; yendo en su demanda, halló que no se podía entrar por la malatía de la tierra e no haber por todo aquel destrito agua ninguna, y así envió al Real a Francisco López de Recalde y Jusepe Rodríguez, y él con los demás compañeros pasó adelante. E vueltos los dichos al Real, dijeron al Teniente de Gobernador que por ningún caso podían pasar de allí adelante, porque el río no se hallaba, que debía de dar gran guiñada al Poniente. E la tierra no se podía por aquella parte andar con carretas, de que causó grande pena a todo el campo principalmente a Juan López de los Ríos, respecto del temor que allí mostró de que se había de perder su hacienda, y que la hacienda no la estimaba en tanto como era su mujer e hijos; y con gran duelo se quejaba de sí, diciendo muchas clamaciones y quejándose del Teniente de Gobernador que le llevaba perdido, y esto era la mayor pena que tenía, porque él cuando todo corriese turbio se iba a una ranchería y acabaría ahí su vida, pues el dicho Teniente no quiso ir por donde él quería, que era otra derrota. Y a todo esto el dicho Teniente estaba oyendo al dicho y a los demás los devaneos que sobre esto trataban, y luego en este ínterin, los mandó juntar a todos y les preguntó qué les parecía que hiciesen; y hubo pareceres de que se volviese atrás a tomar el camino, que algunos o los demás querían contra la voluntad del dicho Teniente; y él visto que aquel era su camino, con las mejores palabras que pudo les animaba metiéndoles a todos, hombres y mujeres e muchachos y muchachas, indios y indias, que se encomendasen a Dios y que tuviesen confianza en Dios y en su bendita Madre, nos había de guiar y alumbrar por él, conforme llevaba el deseo de servir a Dios Nuestro Señor y a Su Majestad, no le había de faltar cosa. Y así mandó que saliesen deste paraje y prosiguiesen su viaje, lo cual se hizo, y luego en continente repartió algunos compañeros fuesen descubriendo algunos aguajes5 por la drecera6 que habían de llevar. Y salidos del paraje, obra de un cuarto de legua, yendo en la retaguardia el dicho Teniente de Gobernador y Capitán general como lo tenía de costumbre, vino a él Francisco López de Recalde, diciendo que Joan Pérez de los Ríos iba con gran pena y llorando, diciendo al dicho Recalde que tratase con el Teniente que por amor de Dios se volviese atrás. Y tratando el dicho Recalde del negocio, le respondió con grande aspereza que ninguno le tratase dello, y que si se espantaba que entre los españoles hobiese mostrar flaqueza y perderían mucho de su derecho, y que dijese al dicho Juan Pérez Ríos que callase su boca y prosiguiese su viaje e que no le desanimase la gente, que él, como dicho tiene, confía en Dios que no le ha de faltar agua, porque Dios Nuestro Señor se la ha de deparar. Y así luego el Teniente de Gobernador dejó de seguir el Real y se apartó sólo a un lado; y obra de media legua del camino, llevando consigo a un criado suyo que se dice Joan López, dio en un charco muy grande de agua en gran cantidad, de que recibió mucho contento; cosa que por aquella comarca no se había descubierto otro semejante, que parece que proveyó el Señor como lo provee en todo. Y se fue a gran priesa a las carretas y las hizo parar para que la boyada e caballada volviese a la dicha agua, y se hizo ansí, y allí aguardase a Cristóbal de Heredia. Y el otro día vino el dicho Cristóbal de Heredia y trajo nueva de que no pudo llegar al río, y algunos eran de parecer que se había perdido también como la de las Lajas; y estando con esta confusión, envió el dicho Teniente a Alonso Xáimez saliese con algunos compañeros, como en efecto salió: fue en su compañía Diego Díaz de Verlanga y Cristóbal Martín, Juan López e Francisco de Mancha, e les mandó el dicho Teniente fuesen siguiendo un rastro de gente que allí se halló y procurase con el nagualato7 que llevaban de traer algún indio para tomar en lengua de la tierra y de lo que en ella había, porque él iría con las carretas por su rastro; y al otro día salieron.
En 19 del dicho salimos deste paraje, con determinación de ir en seguimiento del camino que llevaba Alonso Xáimez y a un agua que él había inviado a decir que estaba dos leguas de donde salimos, la cual respuesta envió con un indio, llamado Juan de Vega, que para el efecto llevó. E no satisfecho de esta razón, el dicho Teniente de Gobernador envió a Cristóbal de Heredia fuese a ver aquella agua; el cual fue, e visto la poca agua que había y que era camino muy diferente y apartado del que habían de llevar, se volvió a gran priesa, que no era aquel mismo camino; y enterándose el dicho Teniente dello, le mandó que tomase la discera que llevaba e dejase aquélla, el cual lo hizo e fuimos a dormir a unas lajas que el dicho Cristóbal de Heredia había visto con agua.
En 20 del dicho salimos deste paraje con harta pena por la falta del agua, porque no hubo en ella la mitad de lo que era menester para aquel día y noche, y así envió el dicho Teniente a muchos compañeros, como lo solían hacer, a buscar aguajes en algunas lajas o arroyos, porque manantiales no los había en toda la tierra; e fue Dios servido que Domingo de Santistevan volvió al Real diciendo que en una cañada adelante había muy grandes charcos de agua. Y así se fue a ellos con gran contento, y llegaron a las once del día, e se desunció la boyada y estuvimos en estos charcos obra de dos horas, y luego se tornó a uncir y fuimos prosiguiendo nuestro viaje; parose con dos o tres horas de noche en unas lomas.
En 21 del dicho salimos deste paraje; yendo caminando a medio día, se halló una poca de agua en unas lajas, donde se proveyó todo el Real y bebieron algunos caballos, aunque pocos, porque la noche atrás habíamos quedado sin agua; y fuimos a dormir adelante en una cañada sin agua, aunque para la gente, obra de media legua, se halló agua y llevaron a beber a algunos caballos. Y esta noche, visto la falta de agua que había, mandó el dicho Teniente a Cristóbal de Heredia, maese de campo, que enviase algunos compañeros a descubrir el río Salado, y que no volviese sin darle vista, y si hallase alguna agua, volviese algún compañero a dar razón dello. El dicho Maese de campo mandó luego a Juan de Carbajal y Juan de Estrada y Martín de Salazar y Juan Rodríguez Nieto y Pedro Flores, Gonzalo de Lares, los cuales salieron luego aquella noche al cumplimiento de lo que se les mandaba: fueron a descansar aquella noche obra de dos leguas algún rato, y antes que amaneciese, tornaron a proseguir su viaje como les era mandado, que fue Dios servido que adelante, yendo a descubrir el dicho río con propósito de no volver sin descubrirlo, como lo hicieron; y hallaron unos charcos muy grandes de agua, de que recibieron mucho contento por la gran necesidad que traían de agua. Y al cumplimiento volvió Pedro Flores por la posta a dar razón de la dicha agua; no debió de tardar una hora en venir al Real; y los demás compañeros pasaron adelante a descubrir el dicho río. En este paraje se perdieron las cabras, y vino Pedro Pinto a gran priesa a decir que las llevaban indios; y el dicho Teniente de Gobernador, con otros dos o tres soldados, salió a la discera donde el negro decía las llevaba, y les dio alcance, obra de una legua; e no los llevaban indios, porque con la sed se iban ellas de suyo; también con la gran sed que la boyada tenía, se dividió un gran atajo dellos, y los trujo Diego de Biruega a dos leguas del Real.
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, piezaRelated posts
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