Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México
Uncategorized March 11th, 2006
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En trece del dicho salimos deste paraje e fuimos a un pueblo cinco leguas destos dos pueblos; llegamos a él con una hora de sol; estaba este pueblo en un valle entre unas sierras, no podremos decir lo que en él había, porque había una vara de medir de nieve, cosa que nunca hombre tal ha visto, tanto que los caballos no podían andar; y asina, llegado que fuimos, no nos salió gente ninguna, ni un indio que habíamos inviado delante, de los pueblos de atrás, porque mostraron gran temor de vernos, principalmente las mujeres que lloraban mucho; y visto esto, se dio una vuelta al pueblo, y no nos salió indio ninguno, salvo un indio que venía de un cuartel a otro y con mucho temor llegó a nosotros; y el dicho Teniente para asegurarlos, y a todos, se apeó y abrazó el indio, y le llevó de la mano a la redonda de aquel cuartel, y al cabo de otro había algunos indios que salían de una estufa, y se fue a ellos mandando que ninguno se apease de sus caballos; y en otra parte, vido estar un atajo de indios y se fue a ellos, y le aguardaron e les abrazó a todos los demás dellos; y ellos, soplándoles e poniendo las manos en la cara del dicho Teniente, y en su ropa, les besaba, y halagándoles todos, trayéndole las manos como dicho es, y les dijo que bajasen las gentes, e no bajó nadie; e visto esto, el dicho Teniente les lio unos cuchillitos, y se volvió a sus compañeros, y con él, obra de veinte o treinta indios; y llegado a los compañeros acordaron de irse a alojar a unos ranchos que estaban, del pueblo, un gran tiro de arcabuz, donde había gente forastera, que venía a rescatar a este pueblo; yendo a los dichos ranchos la gente de los hombres y mujeres se iban saliendo, y el dicho Teniente envió a que los volviesen, el cual volvieron, y así nos alejamos en los dichos ranchos; e las gentes dellos, sosegados, del pueblo, habría como obra de veinte gandules, y les pedimos nos trujesen maíz y tortillas, y leña, y ellos trujeron alguna cosa, casi nada; y visto esto, mandó el Teniente se pusiese vela en la caballada e Real, toda doblada, lo cual se hizo todo esta noche, y al amanecer no vino ninguna persona, eceto2 un indio viejo con modo de rescatar algo de que tuvimos sospecha; porque, demás desto, estaba toda la gente en las azoteas, y víamos carrear mucha agua a gran priesa, y muchachos y piedras, y el pueblo con muy gran fuerza de gente, y mucho en cantidad, y las casas de a siete y ocho altos, y arriba de las azoteas tenían un perfil de altura de un hombre donde se reparan, y a todo esto, el dicho Teniente mandó apercibir dos tirillos que llevaba de bronce, y que todos se pusiesen a caballo para ir al pueblo a ver la determinación dellos; y estando de esta suerte, sus compañeros le dijeron que estaban de parecer que no se fuese al pueblo, porque aquellos indios estaban de mal arte, y que mejor sería dejarlos con aquella poca amistad que habían mostrado, que no ir como dicho Teniente al pueblo, porque ellos no dan la obediencia como los demás la han dado; ha de ser forzoso estarnos aquí, algunos días, para que por los mejores medios que ser pudiere los traigamos a nuestra amistad; e la tierra toda está cubierta de nieve, que caballo ninguno, como será causa nuestra estada de que se pierda la caballada; y siendo Dios servido, que alza este tiempo tan recio e de tantos fríos, y estas nieves se derretirán, pudiendo volver a hacerlo que agora se ha de haber con menos trabajo; y así el dicho Teniente, visto el parecer de todos sus compañeros, se volvió de allí sin ir al pueblo, con determinación, de alzado todo el mal tiempo de fríos y nieves, volver a traer a la obediencia de Su Majestad al dicho pueblo como lo ha hecho en los de atrás; vídose en este pueblo mucha pedrería de chalchuites, y se vido un brazalete en el molledo de un indio, que al parecer era de piedras ricas, del que el Teniente de Gobernador fue avisado lo quitase, y él respondió que no convenía de presente, porque no entendiesen los indios que en nosotros había codicia de sus cosas y entiendesen que nos veníamos a su tierra por lo que ellos tenían; porque confiaba en Dios, de ponerlos todos en la pulicía que a Dios y al Rey debe; y que aquellas cosas su tiempo vendría, porque de presente no convenía; sólo quiso el Teniente de Gobernador verlo, y se llegó al indio que lo tenía, el cual dicho indio estaba cobijado un hermoso cuero de Cíbola, y se llegó a él, a querer verlo, como dicho tengo, y él no quiso mostrarlo; y así se quedó; volvímosnos a los pueblos donde habíamos salido; había un río que pasamos, helado en tanta manera que debía de haber dos palmos de nieve, que para deshacerla había menester picos; había en este pueblo, atrás referido, grande suma de gente en las casas de ocho o nueve altos, fundada a cuarteles, y cada cuartel parecía un laberinto de la armazón de madera que tienen sobre que fundan las dichas casas, a lo que se parecía por las partes de afuera, tiene sus corredores por toda la redondez los dichos cuarteles que se pueden andar de uno a otro.
En quince del dicho fuimos a un pueblo que estaba pasado el río caudaloso, y estuvimos en él obra de dos horas; dieron la obediencia a Su Majestad; nombrose gobernador; alcalde y alguacil; arbolose cruz alta; y así nos fuimos, luego a otro pueblo una legua deste y dormimos en él; dieron la obediencia a Su Majestad y nombrose gobernador y alcalde y alguacil; arbolose cruz alta, todo esto con sonido de trompetas y arcabucería.
En diez y seis del dicho salimos deste pueblo e fuimos a otro; tornose a pasar el río a la parte del naciente; dieron la obediencia a Su Majestad; nombrose gobernador y alcalde y alguacil; arbolose cruz con las solemnidades atrás dichas.
En diez y siete salimos deste pueblo e fuimos a otro valle de poblazones de diferente nación, que se llamaban quereses; dormimos en el camino con muy gran nieve, y al otro día fuimos al dicho valle donde había cuatro pueblos a vista unos de otros; estúvose en ellos dos días; dieron la obediencia a Su Majestad; nombrose en ellos gobernadores y alcaldes; arboláronse cruces en todos los dichos pueblos con las solemnidades atrás referidas.
En veinte e uno salimos destos pueblos e fuimos a un pueblo de la lengua destos; dieron la obediencia a Su Majestad; nombrose gobernador y alcalde y alguacil; arbolose cruz alta; al otro día siguiente salió el Teniente de Gobernador a descubrir unas minas con algunos compañeros; trujo metales muy buenos al parecer.
En veinte e tres salimos deste dicho pueblo e fuimos a otro, obra de una legua; dieron la obediencia a Su Majestad; nombrose gobernador y alcalde y alguacil; arbolose cruz alta y se pasó; luego adelante, fuimos a otro pueblo, obra de otra legua pequeña, y estuvo la gente en alguna manera reacia, y el Teniente de Gobernador con los indios que para estas cosas tuvo y tiene, los trujo así, e dieron la obediencia a Su Majestad; nombrose gobernador y alcalde y alguacil; arbolose la cruz alta en este pueblo, y en todos los demás; nos dieron lo que hubimos menester de maíz, harina, frísol y gallinas; en cantidad, sin que se les hiciere ningún daño, porque se tenía muy particular cuidado; e la gracia que parece que el dicho Teniente tiene particular, dotada de Dios para traer estos bárbaros a la obediencia de Su Majestad, para que mediante esto y la voluntad de Dios Nuestro Señor vengan al conocimiento de la fe católica; traía consigo una cruz y en ella la semejanza de Dios Nuestro Señor, el cual, en todos los pueblos le tomaba en sus manos; y con todo acatamiento se sentaba de rodillas, e todos sus compañeros se arrodillaban y venían a besar la cruz y crucifijo de que los bárbaros se admiraban; y el dicho Teniente, a todos estos pueblos, hizo que los propios indios e indias muchachos hiciesen lo propio; los cuales lo hacían; este día nos cayó en este pueblo una muy gran nevada, tanto que el otro día quedaron todos los campos a cubiertos; cosa no creída.
En veinte e cuatro, no embargante la mucha nieve que había, salimos deste pueblo en demanda de ir descubriendo camino, a las carretas, a la parte donde estaban, que era en el paraje que decimos de la Urraca; llevamos deste pueblo dos indios para guías, dándoles a entender la derecera que habíamos de llevar, y obra de media legua, dejamos a uno dellos, y el otro nos fue guiando; fuimos a dormir en unos pinales donde había una gran vara de nieve, e para beber los caballos, nosotros derretíamos la nieve.
En veinte e cinco del dicho mes salimos deste paraje, y fuimos atravesando al Oriente por unos muy grandes pinales; fuimos a dormir a una cañada, donde había mucho cedro; derretiose nieve para la caballada e nosotros en un cazo, porque agua no había.
En veinte y seis del dicho salimos deste paraje, e fuimos a pasar el río Salado; e fuimos a dormir al paraje de los ilotes.
En veinte e siete del mismo salimos de este paraje e fuimos al paraje de la Urraca, donde estaban las carretas e Real, donde fuimos muy bien recibidos, porque había treinta y tantos días que habíamos salido dellas; había ya muy poco bastimento, ninguno por mejor decir, y con algún poquito que llevábamos procuramos salir de allí y venir a las poblaciones, como se hizo.
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, pieza
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