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En siete del dicho salimos de este paraje e fuimos atravesando la sierra, e los dos indios guiándonos con grandísimo frío y nieves; y al salir de la sierra topamos un río todo helado, que los caballos pasaban por encima sin que se quebrara cosa; e para beber los caballos lo hobimos de quebrar a mano, porque debajo de esta helada, iba alguna agua; y así pasamos adelante, y con una hora de sol, llegamos a un pueblecillo pequeño; salió toda la gente a recebirnos, y llegados al pueblo, nos dijeron por señas que nos alojásemos; arrimados a sus casas, allí nos trujeron mucha leña que la habíamos bien menester; y así nos alojamos, como veinte pasos de las casas; y trujéronnos muchas tortillas y maíz para los caballos y algunas gallinas, mostrándose muy amigos nuestros e sin temor; el otro día, el dicho Teniente mandó que se hiciese una cruz alta, y se hizo, y se arboló con sonido de trompetas y arcabucería; y así mesmo le dieron los dichos indios la obediencia en nombre del Rey nuestro señor, y él la recibió e nombró gobernador y alcalde y alguacil: todo en nombre de Su Majestad.

En este día, que se contaron ocho del dicho mes, salimos deste pueblo e fuimos a otro, una legua del dicho pueblo, arriba declarado; salió con nosotros mucha gente, y al camino nos salió mucha más, y llegamos al pueblo, y junto a él mandó el Teniente tocar las trompetas en señal de amistad; y llegado al pueblo había muy gran cantidad de gente que con los otros iba, y en el dicho pueblo había mucha, y el dicho Teniente, procurando por los del pueblo, no querían decir cuáles eran; y visto esto, él se subió a los altos de las azoteas y abajó algunos dellos, y regaló con halagos a los demás; luego pareció el Capitán del dicho pueblo y llamó mucha gente de la suya, y les dio a entender por señas a lo que ibamos; y así quedaron satisfechos; y les pidió la obediencia en nombre de Su Majestad, e se la dieron, e nombró gobernador en el dicho pueblo, alcalde y alguacil; y mandó arbolar una cruz alta, dándoles a entender lo que significaba; y ellos, todos, quedaron muy contentos; luego salimos deste pueblo; fue con nosotros mucha gente.

En nueve del dicho, que fue en este día arriba declarado, fuimos a otro pueblo; una legua de allí, demás de la gente que llevábamos, nos salió mucha más al camino; y llegado al pueblo, se hicieron reazos los dichos indios, tanto que fue menester subir a sus casas y altos de las azoteas, y así perdieron el miedo y bajaron, y se procuró el Capitán, y parecido el dicho Teniente le regaló y dio algunas cosillas, como lo daba a los de atrás; y así debajo desta amistad hizo arbolar una cruz alta con sonido de trompetas y arcabuces, y dio a entender lo que significaba; y dieron la obediencia al Rey nuestro señor, y en su nombre se nombró gobernador, alcalde y alguacil; dormimos aquí dentro en el pueblo, y nos dieron maíz, harina, frísol, calabazas, tortillas y gallinas, todo en mucha abundancia para la gente que había aquí; se vido un indio con arco y flechas, y el dicho Teniente le llamó y le pidió el arco y flechas, y él se las dio, e le dio a entender que ninguno había de traer en su presencia ni de los españoles, arco ni flecha, y se lo quebró delante de muy gran cantidad de gente; e todas personas dijeron que ninguno encontraría, como después vimos era así, que nunca más se vido otro tanto en ellos.

En diez y ocho del dicho salimos deste pueblo, yendo a otro, obra de una legua, llevando con nosotros muy gran suma de gente; estando a vista del pueblo vimos ir muy gran suma de gente que se iba de su pueblo; envió el dicho Teniente a cuatro compañeros los volviesen, el cual lo hizo así, y llegados todos juntos al dicho pueblo, había en él mucha gente; el dicho Teniente les dio a entender por señas que no huyesen dél, porque él no venía a hacerles mal ninguno, ni daño, sino a ampararlos en nombre de Su Majestad, y para que tuviesen nuestra amistad; e todo esto por señas lo entendieron claramente, e no había contento que darnos, y así se sosegó; arbolose cruz alta, y se les dio a entender lo que significaba; y dieron la obediencia a Su Majestad. Nombró gobernador y alcalde y alguacil; todas estas cosas se hacían con solemnidades que para tal caso se requieren, con sonido de trompetas y arcabucería; en este mismo día fuimos a dormir a una legua; de allí a otro pueblo, fuimos bien recibidos; diéronnos todo lo que habíamos menester, bastantemente, y se hizo todo lo que atrás, en los otros referidos; todos estos seis pueblos son de regadío y llevan sus acequias, cosa no creída sino los que la vieren por vista de ojos; cógese muy gran suma de maíz, frísol y otras legumbres; vístense al modo del pueblo atrás referido; son algunos pueblos pequeños, aunque muy poblados; son las casas de dos o tres sobrados, con todas las casas de escotillones y escaleras levadizas.

Otro día, que se contaron once del dicho, salimos deste pueblo estando nevando, y por nevar fueron con nosotros una poca gente; y así fuimos a otro valle, obra de dos leguas, y llegamos a un pueblo grande, y antes de llegar a él nos salió a recebir mucha gente; y así fuimos al pueblo y entramos en él; había una plaza muy grande, y el pueblo en cuatro cuarteles, a todas las esquinas tenía salida; había en él mucha gente, y nos rescebieron todos muy bien; todas las casas eran de adobes muy bien hechas e trazadas de dos o tres altos y muy encaladas; tienen todas sus artrifas; había en este pueblo, en el medio de la plaza, una casa grande redonda, la mitad debajo de tierra y otra mitad sobre tierra, con unas vigas que se les atraviesa sobre que hacen la azotea, cosa de maravilla del grosor que tiene; entendíamos que es mesquite, donde en algún día del año se juntan a hacer idolatrías, porque tiene muchos ídolos que atrás nos olvidaba de declarar; y en el primer pueblo, donde esto sucedió al Maese de Campo el suso, había muy gran cantidad, e los tienen todos; hízose en este pueblo lo que en los demás; nombrose en nombre de Su Majestad, gobernador y alcalde y alguacil; arbolose cruz alta, dándoles a entender lo que significaba; dieron la obediencia a Su Majestad; dormimos en este pueblo e nos dieron todo lo que hubimos menester; tiene este pueblo un grandísimo valle, todo de riego.

Otro día, que se contaron doce, salimos deste paraje e fuimos por un río muy caudaloso al Norte, y estuvimos en dos pueblos, hízose en ellos todo lo que se hizo en los de atrás referidos; fueron dellos bien recibidos, y en el postrero dormimos.


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