Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México
Uncategorized March 11th, 2006
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33
Email This Post
|
Print It
|
| 103 views
1;o. Llevó consigo a Diego de Viruega, a la parte donde se combatía, e mandó al capitán Alonso Xaimez subiese a lo alto con algunos compañeros, porque los de abajo les irían haciendo segura la subida, como se hizo; e viendo los indios, aunque a este tiempo no parecían muchos, como de antes, más e los pocos que allí quedaban detrás de sus pretiles, defendían valerosamente los altos, porque no se pudiese subir si no era por escalera que tienen hechas de palillos que no puede subir más de una persona, e para entrar e subir de un aposento a otro no hay puertas, sino unos escotillones, cuanto quepa una persona; y así los nuestros, para poder entrar por estos escotillones y subir a los altos de las azoteas, era menester entrar por ellos sin espada y adarga, y para poderla llevar se las iban dando los unos a los otros como iban subiendo; y visto el dicho Teniente el riesgo que los nuestros tenían, mandó al Maese de Campo y a otros muchos compañeros que apuntasen su arcabucería en los contrarios, porque, de antes, les había mandado que no tirasen a matarlos, porque sin matarlos, esperaba en Dios que habíamos de salir con la nuestra, como fue Dios servido; y así visto lo mandado, el Maese de Campo, de un arcabuzazo, derribó a uno, e Joan de Contreras derribó otro, Joan López, criado del dicho Teniente, derribó otro; y así dejaron aquel pretil e fuerza, e los nuestros subieron a lo alto; el primero que subió fue Diego de Viruega, Francisco López de Ricalde, Joan Rodríguez de Ávalos, el capitán Alonso Xaymez, Joan de Estrada, Francisco de Bascones, Cristóbal Martín, fueron los que subieron; luego, el dicho Teniente mandó a Joan de Contreras, alférez de su campo y por ausencia de su hermano Francisco Salgado, subiese a lo alto, juntamente los trompeteros tocando las trompetas, señal de alegría y vitoria; y visto el pueblo que este cuartel estaba ganado de los nuestros, no pareció persona emproviso en todas las azoteas; y a este tiempo, el dicho Teniente de Gobernador y Capitán General, con algunos compañeros, entró por las plazas del dicho pueblo e calles; e las gentes que en él había en este tiempo se asomaban todos a los corredores que tenían hechos de maderas, por todos las calles, plazas, cuarteles; e todos se mandan por ellos de unas casas a otras, y algunas puentes de maderas que tenían en los altos de las azoteas, de una a otra, donde había calle en medio; y así se mandaban por todas partes con mucha seguridad, aunque de los nuestros no se les hizo más daño de lo dicho; porque el dicho Teniente de Gobernador querrá llevar más por amistad que no por guerra; y este daño que se les hizo le pesó en extremo, respeto de que no pudo hacerse de otra suerte para seguridad de los nuestros, tanto que de antes desto se pegó fuego en un corredorcillo, de manera, y el dicho Teniente, visto pegado el dicho fuego, mandó con mucha instancia que se apagase; el cual acudió a ello con mucha diligencia, Diego de Viruega, como los suele tener en otras muchas cosas; y así lo apagó, de que el dicho Teniente se holgó mucho, diciendo que pues éramos cristianos, habíamos de usar de cristiandad como lo debemos hacer en todas cosas tocante al servicio de Dios e del Rey; y a este tiempo, andando el dicho Teniente con algunos compañeros por de dentro del pueblo, no hubo indio que más tirase piedra ni flecha, mas antes todos procuraban por señas de querer nuestra amistad, y haciendo la cruz con sus manos, diciendo: «Amigos, amigos, amigos», que es la señal que para nuestra amistad muestran; y así andando en esto, el Teniente de Gobernador fue a una plaza donde estaba el Capitán del dicho pueblo, y salió el dicho Capitán al corredor y estuvo hablando con el dicho Teniente; estaba a este tiempo; con él Diego de Viruega, el cual subió a los altos para querer hablar con el Capitán y apagarle; y subido que fue, los indios se iban huyendo dél; salió un viejo que quedó por donde había entrado, que le abrazó, y así se tornó a abajar; y el dicho Teniente por señas dijo al Capitán y otros muchos, que en aquel corredor estaban, que él no venía a hacerles mal ninguno, y que no tuviesen miedo; y ellos lo entendieron claramente, e le trujeron muchas cosillas de comer luego, e se las echaron de los corredores, porque ninguno quiso abajar abajo, y un indio se determinó a querer bajar, y otros pagaron dél y así no bajó; y el dicho Teniente pidió al Capitán las armas y sillas y arcabuces, e toda la demás ropa que habían quitado al dicho Maese de Campo y sus compañeros; y él les respondió que las sillas todas las habían quemado, y los arcabuces y las guarniciones de las espadas, y toda la ropa repartida y llevada a otro pueblo; de modo que dio a entender claramente que no había nada ya, salvo algunas hojas sin guarniciones. Mandó el dicho Teniente algunos de sus compañeros que en aquel cuartel, donde había la mucha fuerza y no teníamos ganado, procurasen, si podían, prender a algunos indios para que dellos se supiese de las armas e ropa; y así lo pusieron por obra, e mandó que no se les hiciese daño ninguno, e se volvió adonde dejaba al Capitán del pueblo diciéndole que no tuviese miedo, porque no se les haría ningún daño; y ellos lo entendieron claramente, y mostraron querer nuestra amistad; subiose el dicho Capitán sobre unas azoteas, de a allí hizo un parlamento a su gente e pueblo a voces altas; luego vimos salir mucha gente por todos los corredores mostrando alegría, mostrando señales de buena amistad; mas con todo esto, ninguno quiso bajar a las plazas y calles; e tornando el dicho Teniente al dicho Capitán hiciese parecer e traer a su gente lo que habían quitado, tornole a responder que no había nada, y eso que hubiese se lo haría traer; y así luego hizo traer dos hojas de espadas sin guarniciones, una escarcela, unos pedazos de jerga y algunas cosillas de poco momento, y a esto era ya tarde, y le dijo el dicho Teniente que hiciese buscar y juntar todo, y que al otro día lo daría; y así se fue a su alojamiento a ver si habían sus compañeros tomado o prendido algunos indios, e le respondieron que no fueron poderosos a ello, porque eran tantas las portiñuelas y escutillones que en el dicho cuartel había minas e contraminas por debajo de tierra, que era un laberinto de ver; y así, por ser ya noche, lo dejaron. Mandó el Teniente al Maese de Campo que en aquel cuartel e las azoteas dél pusiese vela e guarda bastante, para que los indios e gente no saliese de allí, para que el otro se pusiese a sacarlos, para que entendiesen no se les hacía ni queríamos hacerles ningún mal ni daño; y así el dicho Maese de Campo mandó al capitán Alonso Xaimez se percibiese para la dicha vela e guarda, como lo mandaba el dicho Teniente, y tuviese consigo para el efeto gentes bastantes, la que a él le pareciese; y así llevó consigo a Joan de Estrada, Joan Rodríguez Nieto, Joan de Contreras, Francisco de Mancha, Diego Díez de Berlanga, Francisco de Bascones; y así mandó el dicho Teniente al dicho Maese de Campo pusiese guarda e vela de a caballo a la redonda del pueblo, para que la gente no se saliese dél; lo cual lo mandó e fueron de la dicha guarda del pueblo Martín de Salazar, Francisco López de Ricalde, Joan de Carvajal, Hernán Ponce de León, Joan Sánchez Joancho, Cristóbal Martín, Joan Rodríguez de Ávalos, Blas Núñez de Mederos, Joan López, Diego de Viruega; y puestas estas dichas guardas e velas quedó todo sosegado este día, e con vela, en el cuerpo de guardia.
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, piezaRelated posts
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33












About



Leave a Comment
You must be logged in to post a comment.