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que hagamos?», tornaron a decir que los sacudiesen por mal, que por bien no había de hacer buenos amigos dellos; el dicho Teniente le respondió: «Paréceme, señores compañeros, que es ya tarde para ponernos a hacer este negocio como vuestras mercedes lo dicen»; ellos respondieron que si de Dios estaba tener nosotros vitoria, nada de sobrar tiempo; sería esto a las dos de la tarde, todos entendimos que el dicho Teniente hacía esto por alargar el tiempo a los dichos indios; y visto el parecer de todos, mandó al Maese de Campo enviase a dos compañeros a poner en un alto a las espaldas del pueblo donde se descubría todo, para que viesen si salía gente dél; y al efeto envió a Joan de Carvajal y a Blas Martínez de Mederos fuesen al dicho alto; y así fueron; y el dicho Teniente se volvió al pueblo a tornarlos a llamar y a halagar, y no quisieron; mas antes, una india salió a un corredor de las dichas casas, que son de a cuatro y cinco sobrados, e le echó una poca de ceniza, y a esto dieron grande alarido, y él se volvió e mandó que todos se apercibiesen e tomasen sus caballos, los que tenían armas; y mandó a Joan Rodríguez Nieto disparase uno de los tiros por alto, y así se disparó, e con él la arcabucería, a ver si con esto tomaban temor; e se fueron allegando al dicho pueblo, y ellos tirando mucha piedra con hondas y a mano, y mucha flechería; y el dicho Teniente, con todo esto, los llamaba, y ellos hacían más burla, a tanto que las mujeres mostraban terrible ánimo e iban subiendo mucha piedra a los altos; y así mandó el dicho Teniente al Maese de Campo mandase con todo rigor batir el dicho pueblo; y para más seguridad nuestra se fue el dicho Teniente y el Maese de Campo a un lado del pueblo, a un cuartel que allí estaba sin gente, y hizo subir a lo alto a Diego de Viruega, Francisco de Mancha, Diego Díaz de Berlanga, a Joan Rodríguez Nieto, con una de las dichas piezas de artillería; y así subieron aunque con mucho trabajo, porque los indios le daban mucha guerra de detrás de una manga e trincheras; para poder mejor subir el dicho Teniente arremetió aquella parte donde los indios estaban, e los hizo retirar; y subiendo arriba, a lo alto, el dicho Teniente les dijo, diciéndoles que de allí arcabuceasen a la parte que más necesario fuese; y así se volvió adonde quedaba el dicho Maese de Campo con los demás compañeros, donde había gran fuerza de gente, que era la mayor que en todo el pueblo había; y así por ser la más fuerte, se procuró combatir con mucha arcabucería; y visto los indios lo mucho que les apretábamos, ellos no hacían menos; y con todo esto, no había ningunos que dejasen sus cuarteles ni trincheras, mas antes, cada uno procuraba defender lo que era a su cargo sin hacer mudanza, cosa no creída que bárbaros tal astucia tengan; a este tiempo, estando muy cerca deste dicho cuartel un indio criado del dicho Teniente llamado Thomás, con un arco y flechas, empezó de tirarles; y otro indio llamado Miguel hizo lo propio; e visto por los dichos indios que los nuestros le tiraban flechas se espantaban e mostraban más temor, que no la arcabucería; y así mandó el dicho Teniente que les apuntasen por todas partes; y así se hizo; y el dicho indio entró en un aposento y, juntamente con él, Domingo Fernández, portugués; e los demás en sus puestos, disparando su arcabucería; y visto los indios lo mucho que les apretaban iban dejando algunos alojamientos; y visto por el dicho Teniente que ya podrían entrar seguramente; y en esta parte, mandó que subiesen algunos compañeros a tomar el alto de aquella fuerza; e para el efeto mandó a algunos compañeros que subiesen, e se fue al cuartel adonde estaba Viruega, Mancha, Diego Díaz, Joan Rodríguez, e les preguntó lo que había; ellos le respondieron que estaban dos dellos heridos, mas que la gente de aquella fuerza que pretendíamos ganar se retiraba la mayor parte della; y un indio que allí andaba entre los demás, que mostraba muy grandísimo ánimo, iba reforzando con gente la dicha fuerza, le había a este punto derribado Diego Díaz de Berlanga de un arcabuzazo, cosa no creída por ser muy lejos; y viendo caído este los de aquel cuartel, que era el más fuerte y el que se pretendía ganar, había desamparado la fuerza la mayor parte della; y así se fue el dicho Teniente e dejó a los dichos, visto que estaban en sus puestos como muy valerosos soldados como allí lo mostraron y en todo lo demás, y les dijo que no disparasen arcabuz ninguno, ni se hiciese de allí más da

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