Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Немой симулянт. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. EL DESDICHADO EN FINGIR
Uncategorized October 3rd, 2006
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por Ardenia, y la retiras
de donde la pueda ver.
PERSIO: Ya, Tristán, a Arnesto escrito
tengo, en nombre de su padre,
que estarse en Roma le cuadre;
con que esos lances evito:
demás de que pienso dar
muy presto fin a este enredo,
Porque ya sufrir no puedo
tanto mudo desear.
no puedo abstenerme ya
del agua estando sediento;
que es tanto más el tormento
cuando el bien más cerca está.
Mil veces he acometido,
con la licencia de hermano,
sólo a tocarle la mano
y ninguna me he atrevido.
Así mis glorias limita,
Tristán, el amor crüel,
y aquella licencia que él
me debiera dar, me quita.
Así estoy de amor y miedo
como al que soñar sucede
con el toro, que ni puede
moverse ni estarse quedo.
Pues descubrirle quien soy
y mi afición, es perderme;
que es forzoso aborrecerme,
pues causa a sus penas doy.
TRISTÁN: Tiempo, lugar y ventura
muchos hay que la han tenido,
pero pocos han sabido
gozar de la coyuntura.
Quien el dolor que padece
ha dicho a su dama bella,
si una Ocasión se le ofrece
y no se atreve a cogella,
no tener otra merece;
mas quien, como tú, procura
mover una peña dura
que ha de extrañar tu intención,
aguarde con la Ocasión
tiempo, lugar y ventura.
Regálala francamente;
que con la más rica es
el dar un medio valiente,
en requebrarla cortés,
en servilla diligente;
y después que le hayas sido
amante, galán, marido
mejor que hermano, has de usar
de una traza que en amar
muchos hay que la han tenido.
Cuéntale una y otra historia
de Amor, que lleve encubierta
su dulzura, gusto y gloria;
que el apetito despierta
de estos bienes la memoria.
De este modo entra Cupido;
a esta traza has de ir asido.
Muchos alcanzar pudieran,
si el orden guardar supieran;
pero pocos han sabido.
Tras de la historia de amor
meterás la deshonesta,
que le dé un lascivo ardor;
que en la materia dispuesta
entra la forma mejor.
Y si en la plática dura,
detenida en su dulzura,
por más que a lo honesto excedes,
¡allí es Troya! Entonces puedes
gozar de la coyuntura.
PERSIO: Diestro estás: por Dios, que invidio
Lo que de arte de amar sabes.
TRISTÁN: Ni me invidies ni me alabes,
Sino al ingenioso Ovidio,
de quien lo dicho aprendí;
que, aunque en servir he parado,
mi latincillo he estudiado.
Mas Ardenia viene aquí.
PERSIO: Escóndete donde veas
si sigo bien tu lición;
que hoy tendrá fin mi pasión.
TRISTÁN: Mira que prudente seas;
que entrar su padre podría,
y fuere un trance crüel.
PERSIO: Si entrare, en este papel
Muéstrale uno
fundo la disculpa mía.
Vanse y escóndanse detrás de una
cortina. Sale ARDENIA
ARDENIA: (Quien tiene amor mal sosiega, Aparte
y menos quien da en celar,
y menos quien a tocar,
cual yo, un desengaño llega.)
PERSIO: Señora. . . Ardenia. . . ¿Qué es esto?
Háblala turbado sin llegar a ella
(¿Qué dudo? ¿Qué hay que temer? Aparte
¿No soy hombre? ¿No es mujer?
¿No me tiene por Arnesto?
¿Qué hay que esperar?)
ARDENIA: ( Ay, Arseno, Aparte
cuán injusta pena llevo!)
A TRISTÁN
PERSIO: ¿No es bueno que no me atrevo
a llegar, Tristán?
TRISTÁN: No es bueno.
¿Eres potro de Gaeta
más cobarde cada día?
PERSIO: Crece más la cobardía
cuanto más amor me inquieta.
A ella
Hermosa hermana, ¿qué hacéis?
ARDENIA: ¿Yo? Nada.
PERSIO: ¿En que imagináis?
ARDENIA: En nada.
PERSIO: Pienso que estáis
triste, hermana.
ARDENIA: ¿En qué lo veis?
PERSIO: En esas cortas respuestas
y ese semblante severo;
y aunque os doy lugar primero
entre las damas honestas,
casi llego a sospechar
que os da pena este tirano
de Amor.
ARDENIA: ¿Es celarme, hermano?
PERSIO: Es sentir vuestro pesar,
bella Ardenia, hermana mía,
porque no sé qué otra cosa
a una dama tan hermosa
puede dar melancolía;
porque si cosas queréis
que el dinero alcanzar pueda
nada en gozallas os veda,
pues por vuestro me tenéis.
pues de sangre, de belleza,
de gracia y de discreción,
cosas que debidas son
sólo a la naturaleza,
no sois tan pobre, que en nada
invidiosa de otra estéis;
antes pienso que podéis
ser de todas invidiada.
Y así saco, Ardenia hermosa,
por forzosa consecuencia
que es de amor esa dolencia.
ARDENIA: No me faltaba otra cosa.
PERSIO: Si ésa te falta, imagina
que serás discreta mal;
que es fuego Amor, que el metal
dél entendimiento afina.
Conmigo es el argumento
que tiene fuerza mayor,
que quien tiene mucho amor
tiene mucho entendimiento.
¿Qué sutilezas no enseña
el Amor, qué discreciones,
qué agudezas, qué invenciones,
a un rudo, a un bruto, a una peña?
¿Quién en fiestas y torneos
entre todos se señala,
sino el amante que iguala
las obras con los deseos?
En los brutos animales,
si en ello adviertes, verás
de lo que oyéndome estás
mil evidentes señales.
TRISTÁN: (¡Qué bien sigue mis licíones!) Aparte
PERSIO: ¿Dónde hay más dulces despojos
que un mirarse, y por los ojos
leerse los corazones?
¿Dónde hay el bien de un favor
en recibirse y en darse?
¿Un celar, un enojarse,
un reñir de puro amor?
Tómale la mano
¿Un juntar palma con palma
y los dedos entre sí
trabados, decirse así
dos mil requiebros del alma?
¡Dulce bien, grata alegría!
¡Oh! ¡Quién con términos claros
pudiera significaros
lo que siente el alma mía!
Que como esta mano veis
que está en vuestra mano bella,
viérades mi alma en ella,
pues en ella la tenéis,
viérades cómo en el pecho
secreto me martiriza
tanto fuego, que en ceniza
me tiene todo deshecho.
Pues no será sinrazón
que con la nieve que toco
tiemble por la boca un poco
el fuego del corazón.
Bésale la mano
ARDENIA: ¡Jesús! ¿Son veras?
PERSIO: ¿Por qué
no lo han de ser? Veras hablo.
ARDENIA: ¡Ay, Dios!, ¿si le tienta el diablo?
TRISTÁN: (Más sabe que le enseñé.) Aparte
ARDENIA: Suelta la mano.
PERSIO: Sería
de jüicio poco sano,
teniendo el bien en la mano,
soltarlo, señora mía.
ARDENIA: ¿Estás loco?
PERSIO: Loco estoy.
ARDENIA: ¿Qué intentas?
PERSIO: Dame esos brazos.
ARDENIA: Primero me harás pedazos.










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