Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Немой симулянт. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. EL DESDICHADO EN FINGIR
Uncategorized October 3rd, 2006
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Vanse. Sale ARSENO, a una reja, con saco de loco.
Después SANCHO, [tambié con saco de loco]
ARSENO: Bien se echa de ver, fortuna,
Cuán ciega tus dones das,
pues al que merece más
te muestras más importuna.
Bien se echa de ver, Amor,
tu niñez y seso poco,
pues que castigas por loco
a quien te sirve mejor.
SANCHO: Triste vida es la de un loco,
que está todo el día holgando,
solamente imaginando.
ARSENO: ¿Trabájase en eso poco?
SANCHO: Solamente revolver
pensamientos en su oficio,
que al que tenga más jüicio
bastarán a enloquecer.
Y tú ¿qué piensas, señor?
Mas puesto que loco estás,
mis locuras pensarás.
ARSENO: Sí; que pienso en el amor.
SANCHO: Lleve el diablo el cieguecillo,
hijo de vil ramera.
¿Tiénete de esta manera,
y porfías en seguirlo?
Al demonio es parecido
el que vive enamorado,
más perdido y más penado,
y menos arrepentido.
ARSENO: ¿Qué me importa ya olvidar
la causa, si el daño siento?
SANCHO: No dar a la causa aumento;
que crece de imaginar.
Da en pensar en otra cosa;
y pues que locos estamos,
una locura escojamos
más útil y más gustosa.
¿Sabes qué tema sospecho
que hará olvidar cualquier mal?
ARSENO: ¿Qué tema? Di.
SANCHO: Decir mal
de todo cristiano a hecho;
que puede un discreto dar
mil jüicios, por tener
licencia para poder
hartarse de murmurar.
Por el Príncipe empecemos;
que, pues por locos nos dio,
de su mano nos firmó
la licencia que tenemos.
Tras él su padre ha de ir,
luego todos los humanos;
sólo de los escríbanos
no me atreveré a decir.
ARSENO: ¡Ay, Sancho, que de mi mal
divertirme en vano quieres!
SANCHO: ¡Lleve el diablo a las mujeres. . .
y aun a quien las quiere mal!
Salen ARDENIA e INÉS, con manto
INÉS: ¿Veslo?
ARDENIA: Sí, y no me está bien
tan presto, Inés, encontrase;
que es muy cerca de la calle,
y cuantos pasan lo ven.
INÉS: Fácil lo remediarás
con el administrador.
SANCHO: Pues yo también tuve amor
a Inés. . .
INÉS: (¿Tuve amor no más?) Aparte
SANCHO: Y vive Dios, que después
que padezco esta mancilla,
si no es para maldecilla,
no me he acordado de Inés.
INÉS: (¿Así, traidor? Pues callad, Aparte
que vos me la pagaréis.)
ARSENO: Ojos, ¿qué es esto que veis?
Alma, decid la verdad.
ARDENIA: ¿Tan poco en mi fe te fías,
que dudas de esta fineza?
ARSENO: No dudo por tu firmeza,
mas por las desdichas mías.
ARDENIA: Todas las puedes creer,
y no que te falte yo,
ARSENO: Pues para mí, si esa no,
¿qué desdicha hay que temer?
ARDENIA: Ésta que pasando estás.
ARSENO: Ésta es gloria para mí;
que los tormentos por ti
deseo, mi bien, no más.
ARDENIA: ¡Ay, señor! que desta suerte
causártelos no querría;
mas es tal la dicha mía…
ARSENO: Di que es el no merecerte.
ARDENIA: El no haberme ya alcanzado
prueba tu merecimiento.
ARSENO: Con ese mismo argumento
no merecerte he probado,
pues alcanzo el bien de verte;
y es llano, porque ¿quién fuera
tan dichoso que te viera,
habiendo de merecerte?
ARDENIA: Tú, que para más pesar,
a ambas cosas has llegado,
porque de esta suerte el hado
te tiene más que quitar.ARSENO: Atormente, alargue, impida,
quite, condéneme a loco;
que todo, mi Ardenia, es poco
si duran tu fe y tu vida.
ARDENIA: Infórmente mis intentos
de mi fe, mas no los casos;
que mi desdicha los pasos
impide a mis pensamientos.
Mi vida no es muy segura;
que como solo el morir
de ti me ha de dividir,
témolo de mi ventura.
Demás de que el verte así
es insufrible tormento.
ARSENO: Mi bien, si así estoy contento,
¿Por qué te dueles de mí?
ARDENIA: ¿Cómo no ha de atormentarme
El caso de Arnesto?
ARSENO: En eso
no te quejes del suceso,
pues que pudiste avisarme.
ARDENIA: ¿Cómo, si yo no sabía
tu casa, que por tu mal
me has callado desleal?
ARSENO: Estar pudiera en espía
a tu puerta o tu ventana
quien me diera aviso de ello.
ARDENIA: Inés sola pudo hacello,
y ésa desde la mañana
hasta que entraste aguardó;
llamóla entonces Arnesto,
y aunque quiso volver presto,
antes el mal sucedió.
Al fin la desdicha mía
todo lo supo ordenar,
pues que pudo hacer llegar
a Arnesto en tan fuerte día.
ARSENO: No te aflijas; que no mucho,
Pues te veo, se ha perdido.
ARDENIA: En eso mi fe ha podido
más que el hado con quien lucho.
ARSENO: ¿Cómo aquí a venir te atreves
estando tan fresco el caso?
¿De tu hermano no haces caso?
ARDENIA: Eso y más e mi fe debes.
Mi padre a misa salió,
tras él a besar la mano
al príncipe fue mi hermano,
y tras él a verte yo;
Aunque el tormento que saco
de verte así es de tal suerte,
que más quisiera no verte.
¡Tantos hierros, tanto saco!
SANCHO: Pues, Inés, ¿no nos hablamos?
¿De qué nace la hinchazón?
¿No te ha dado comezón
el oír a nuestros amos?
Que yo te juro que a mí
me la ha dado de manera,
que a un loco amores dijera,
si no te tuviera aquí.
Inés, ¿qué es esto? Después
que de este modo me tienes,
¡Me lo pagas con desdenes
y con berrinches, Inés!
¿No te dueles de este saco
que me han vestido por ti?
¿Todavía estás así?
¡Oh, lleve el diablo al bellaco
que por tu amor se arresgó,
y de esta suerte se ve!
También yo enojarme sé.
Aguarde que la hable yo.
ARDENIA: Con el administrador
alcanzallo todo espero;
que si algo puede el dinero,
yo lo tengo, y tengo amor.
Saldrás con la noche oscura
a verme; pero de día
tu vida importa y la mía
que prosigas tu locura.
Aquí estarás regalado. . .
¿No lo has sido estos dos días?
Y en cuenta dos joyas mías
al mayordomo he envïado.
ARSENO: Bien se ha portado conmigo.
ARDENIA: Así te habrás de pasar
aasta que a más dé lugar
el Príncipe mi enemigo.
SANCHO: Pues ¿no me ruegas? ¿Qué es esto?
mas ya, Inés, ya te entendí.
El mozo anda por ahí
del recién venido Amesto.
CELIA, con manto, tapada; y PEREA
PEREA: ¿Veislo ya, señora?
CELIA: Sí,
¡y ojalá que no lo viera!
¡Ah traidor!
PEREA: Mas ¿si no fuera
esta locura de ti?
A INÉS
ARDENIA: Cúbrete; que tiende el paso
hacia acá esta rebozada.
A ARSENO
SANCHO: Celía es ésta.
ARSENO: Importa nada;
que ya sabe Ardenia el caso.










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