Vanse. Salen PERSIO y TRISTÁN, de camino, y
JUSTINO. Después, ARDENIA e INéS
JUSTINO: Vengáis muy enhorabuena,
hijo de mi corazón;
que llegáis con ocasión
que aliviáis mucho mi pena.
La muerte de vuestro tío,
mi hermano, en el alma siento;
pero vuélvela en contento
el gozaros, hijo mío.
Sale ARDENIA
ARDENIA: ¿Que vino mi hermano Arnesto?
Al cielo mil gracias doy.
PERSIO: (¡Cuán otro que piensa, soy!) Aparte
TRISTÁN: (¡Aquí es Troya!) Aparte
ARDENIA: Mas ¿qué es esto?
JUSTINO: Dale a tu hermana los brazos.
PERSIO: Hermana del alma mía,
¿posible es que llegó el día
de gozar de estos abrazos?
ARDENIA: (¡Cuán otros los esperaba!) Aparte
Sale INÉS
INÉS: ¿Que vino ya mi señor?
TRISTÁN: (Ya yo también tengo amor.) Aparte
INéS: (Mas no es el que yo pensaba.)
¿Qué es esto, señora?
ARDENIA: Es
lo que mi suerte ha ordenado.
Mí hermano, que hoy ha llegado
porque hoy me dañaba, Inés,
menester es dar aviso
a Arseno de lo que pasa.
INÉS: ¿Cómo o dónde, si su casa
jamás declararnos quiso?
TRISTÁN: (Todo el mundo se entristece.) Aparte
INÉS: Si él tardara más de un día
otro hospedaje hallaría.
ARDENIA: Dios lo quiere así.
PERSIO: Parece
que os habéis entristecido.
Si es porque mal talle tengo,
a ser vuestro hermano vengo,
que no vengo a ser marido.
Hasta aquí mí condición,
hermana, no la sabéis,
en sabiéndola, veréis
que alegraros es razón.
En mí no es de esa manera;
que tal me habéis parecido,
que mejor a ser marido
que a ser hermano viniera.
JUSTINO: No te espantes, hijo Arnesto
de lo que en tu hermana ves;
que es condición, y en un mes
no le veo alegre el gesto.
Entra agora a descansar,
y mientras otra se aliña,
mi cama o la de esa niña
reposo te pueden dar.
PERSIO: En vuestra cama será;
que si no me da mi hermana
la vista de buena gana,
menos la cama dará.
Vase JJUSTINO
INÉS: Háblale; que algún indicio
cobrará contra tu fama.
ARDENIA: Ardenia, su vista y cama
están a vuestro servicio;
y no os espante si así,
con ser mi hermano, me extraño;
porque para mí es extraño
lo que en mi vida no vi.
Vase
PERSIO: Bien lo entiendo.
TRISTÁN: ¡Bueno va!
¡Vive Dios que la han tragado!
PERSIO: ¿Ves como el haber hallado
ventura en buscarla está?
Vase
TRISTÁN: ¿Oye, señora doncella?
en mi amo a su señora
le vino un hermano agora;
en mí, ¿ qué le viene a ella?
INÉS: Paréceme que me viene. . .
TRISTÁN: ¿Qué le viene?
INÉS: Un majadero.
TRISTÁN: Por ser eso lo primero
que me habla, perdón tiene,
porque de los desposados
la primera es necedad.
INÉS: ¡Desposados! En verdad
que estábamos remediados.
¿No ven qué honrado marido?
TRISTÁN: ¿Oye? En tocándome en eso,
saldré de medida y seso.
mas yo la culpa he tenido;
que si yo no me abatiera
y a una vil mozuela hablara,
ni se me desvergonzara,
ni el respeto me perdiera.
Mas no sabe quién yo soy.
INÉS: ¿Qué más que un crïado eres?
TRISTÁN: Poco sabéis las mujeres.
Mas por ser crïado, ¿estoy
de la estimación privado?
INÉS: ¿Qué la quita si es o no?
TRISTÁN: Y el que a todos honra dio,
que fue Adán, ¿no fue crïado?
INÉS: ¡Qué gracioso desvarío!
TRISTÁN: Pero dejando esto, dama,
¿tenéis aliñada cama
al cansado cuerpo mío?
INÉS: Una os tengo acomodada.
TRISTÁN: Si es la vuestra, sí será.
INÉS: A tal señor mal vendrá
la cama de una crïada;
mas yo por fiadora salgo
de que os ha de venir bien
ésta que os prevengo.
TRISTÁN: ¿Quién
dormir suele en ella?
INÉS: Un galgo.
Vanse. Salen ARSENO y SANCHO, de camino
SANCHO: Al fin ello se ha de hacer.
ARSENO: Echada la suerte está.
SANCHO: A la puerta estamos ya.
Alto; toco a acometer.
ARSENO: ¡Nombre de Dios! Imagino,
por las señas, que es aquí.
Sale TRISTÁN
TRISTÁN: ¿Quién llama? ¿Quién está ahí?
ARSENO: ¿Vive aquí el señr Justino?
TRISTÁN: Aquí vive.
ARSENO: ¡Gloria a Dios!
¡Oh casa, que lego a verte!
TRISTÁN: ¿Quién sois, que entráis de esa suerte?
SANCHO: Quien os puede echar a vos.
TRISTÁN: ¿Echar a mí?
Sale JUSTINO
JUSTINO: Pues, ¿qué es esto?
ARSENO: ¡Padre y señor de mi vida!
Dadme es mano querida.
JUSTINO: ¿Quién sois vos?
ARSENO: Vuestro hijo Arnesto.
JUSTINO: ¿Cómo?
TRISTÁN: (Trístán, ¿qué aguardáis? Aparte
Quiero avisar a mi amo.)
Vase
ARSENO: ¿Cómo, cuando padre os llamo,
de esta suerte os extrañáis?
Si os enojáis, padre mío,
porque sin licencia vengo,
llana la disculpa tengo
con la muerte de mi tío.
Murió Roberto, y por eso. . .
JUSTINO: ¿Estáis loco?
ARSENO: ¿Ya debiera
un hijo de esta manera
recebido. . .
JUSTINO: Pierdo el seso.
Salen PERSIO y TRISTÁN
PERSIO: ¿Sois vos, señor, por ventura,
Arnesto el recién venido?
ARSENO: Yo soy.
PERSIO: ¿Y qué os ha movido
a emprender tan gran locura?
ARSENO: ¿Quién sois vos, que de esa suerte
me habláis en mí casa a mí?
PERSIO: Arnesto soy, que nací,
traidor, para daros muerte.
ARSENO: Vos mentís, y en este acero
veréis qué sangre lo mueve.
Sacan las espadas y
acuchíllanse
JUSTINO: Hijo, tente.
PERSIO: ¡A tal se atreve
un embaidor embustero!
Salen ARDENIA e INéS
ARDENIA: ¡Ay triste de mí! ¿Que es esto?
ARSENO: Si mi padre no estuviera
de por medio, yo os dijera
si soy embaidor o Arnesto.
JUSTINO: ¡Es el Príncipe!
Salen el PRÍNCIPE, CLAUDIO, y
criados
PRÍNCIPE: El rüido,
pasando yo por ahí,
me llamó. ¡Espadas aquí!
¡Desvergonzado! ¡Atrevido!
Ya que a ésta cana cabeza
el decoro le perdéis,
viles, ¿no respetaréis
esta divina belleza?
Dad las armas. Viejo honrado,
¿esto pasa en vuestra casa?
JUSTINO: Esto, gran príncipe, pasa
en casa de un desdichado.
Oye y el cuento sabrás.
Habla el PRÍNCIPE aparte a [JUSTINO]
SANCHO: Señor, ¿qué habemos de hacer?
ARSENO: Ya se erró, no hay que escoger.
Lo que el caso enseñe harás.
ARDENIA: Llégate a mí Arseno, Inés,
Y con recato le di
que ya que sucedió así,
sufra y no diga quién es;
que todo cuanto suceda,
como él con vida quede,
al fin remediarse puede
si a mí la vida que queda.


















Post a Comment