JUSTINO: Voy a saberlo.
Sale el CORREO
CORREO: No vais;
que yo la causa os diré,
y si el remedio queréis,
de mi mano lo tendréis.
JUSTINO: Yo vuestro esclavo seré.
CORREO: Yo, señor Justino, he sido
quien hasta aquí desde Roma
por el cardenal Coloma
a este negocio he venido.
y es el caso que tenía
el Cardenal un sobrino
y una sobrina, imagino
que más hermosa que el día.
Arnesto dio en requebrarla,
en oír la dama bella;
celoso el hermano de ella,
hablando una vez los halla.
El mozo, airado y crüel,
a Arnesto quiso dar muerte,,
pero trocóse la suerte,
y diósela Arnesto a él.
Arnesto huyendo escapó,
y sentido el Cardenal
de una desventura tal,
mil espías despachó.
Al fin vino a su noticia
que estaba en Bohemia Arnesto,
y con los recados de esto
me envió a pedir justicia.
Éste, pues, señor Justino,
es el caso.
JUSTINO: Y mi ventura.
CORREO: No es vuestra suerte muy dura,
puesta pena imagino
que ha de parar en contento.
JUSTINO: Lo que empezó con azar,
¿cómo en bien puede parar?
CORREO: Si parare en casamiento;
Que yo aquí traigo poder
de la hermana del difunto,
y con él lo traigo junto
del Cardenal, para hacer
el perdón, si da la mano
vuestro hijo a la doncella.
JUSTINO: Arnesto, amigo, en tenella
por mujer, gana y yo gano.
Vamos al punto a tratallo.
Hija, encomiéndalo a Dios.
ARDENIA: Dios vaya, padre, con vos.
Vanse JUSTINO y el CORREO
ARDENIA: Inés, confusa me hallo.
Ves aquí que es ya forzoso
descubrirse de esta suerte
Arseno, o sufrir la muerte,
o ser de esta dama esposo.
INÉS: Muchos engaños requiere
el sustentar un engaño.
SANCHO: De todos el menor daño
será si la mano diere.
Salga agora de prisión;
que después se tratará
del remedio.
ARDENIA: Bien está.
SANCHO: Hecho una vez el perdón
por parte del Cardenal,
se descubrirá tu hermano;
que estar escondido es llano,
y dará remedio al mal,
ratificando lo hecho
por Arseno mi señor,
pues a Julia tiene amor,
que con mi dueño sospecho
que es ninguno el casamiento.
ARDENIA: Vamos de rebozo presto,
Inés, a ver qué hay en esto;
que se acaba el sufrimiento.
SANCHO: Lástima tengo de ti.
Vanse. Sale ARNESTO, de peregrino
ARNESTO: Ya se cumplió mi deseo.
Gracias al cielo que veo
la casa donde nací.
Antes de entrar saber quiero
en qué estado están las cosas.
Sale SANCHO
SANCHO: ¡Ah mujeres perniciosas!
ARNESTO: Haced limosna a un romero.
SANCHO: Perdonad.
ARNESTO: Hanme informado
que el dueño de aquesta casa
no tiene la mano escasa,
y que es muy rico y honrado.
SANCHO: No está para eso agora.
ARNESTO: ¿Por qué no está para eso?
SANCHO: Lleváronle agora preso
su hijo Arnesto, y lo adora,
y allá fue loco por ver
si acaso puede librallo.
ARNESTO: (¿Qué es esto? ¿Otro Arnesto hallo?) Aparte
¿Y vísteislo vos prender?
SANCHO: Por mi desdicha lo vi.
Vos pudistes encontralle,
si venis por esa calle.
ARNESTO: ¿Y sabéis la causa?
SANCHO: Sí.
Dicen que porque allá en Roma
dio muerte a cierto sobrino
de un cardenal, que imagino
que se llama tal Coloma.
ARNESTO: Y al fin, decidme, ¿en qué punto
está el caso?
SANCHO: En remediallo,
dicen, que con desposado
con la hermana del difunto;
porque la moza ha envïado
poder aquí para ello.
Vanse. Salen ARNESTO, SANCHO, por un lado y por
otro, el PRÍNCIPE, JUSTINO, CLAUDIO y el CORREO
ARNESTO: Y el Arnesto ¿quiere hacello?
SANCHO: A palacio hemos llegado
donde lo sabremos presto;
mas claro está que querrá,
pues enamorado está.
ARNESTO: (Callaré, y veré el fin de esto; Aparte
que estoy confuso y perdido.)
SANCHO: A buen tiempo hemos llegado.
PRÍNCIPE: ¿Arnesto hase conformado
en eso?
JUSTINO: Señor, ha sido
grande su exceso en amar
a Julia, hermana del muerto.
Está loco del contento.
Hablan aparte CLAUDIO y el PRÍNCIPE
PRÍNCIPE: (¡Que no me pude vengar Aparte
de este honrado que celaba
tanto su hermana de mí!)
CLAUDIO: (Quizá se ocultaba así
hasta ver en qué paraba.)
PRÍNCIPE: (Crecerá de mi crüel
Ardenia la resistencia.)
Venga luego a mí presencia
Arnesto.
CLAUDIO: Yo voy por él.
Vase. Salen CELIA, con manto, y PEREA
CELIA: Gran príncipe de Bohemia,
poderoso, noble, sabio,
de agraviados vengador,
defensor de desdichados,
Celia soy, de ilustre sangre,
como de infelices hados;
que la desdicha y nobleza
nacen al mundo de un parto.
Quedé huérfana de padres,
doncella de aquellos años
que bastaran a obligar
a que procurase estado;
cuando un Arnesto, un traidor
fingido, engañoso y falso,
hijo de ese noble viejo
que atento me está escuchando
mudándose el propio nombre,
y fingiendo ser extraño
de esta corte, dio en hablarme.
Y yo, necia, en escuchallo.
Al fin, de ser mi marido
me dio palabra, y debajo
de ella, señor, le entregué
lo que de vergüenza callo
cansóse de mí, y dejóme
sin honor y sin amparo.
Justo castigo de quien
fió lo que vale tanto.
PRÍNCIPE: ¡Hay tal desvergüenza!
CELIA: Hoy
sé que a prenderle has mandado,
y por las causas que digo
vengo a ti, de ti me valgo.
PRÍNCIPE: ¿Qué dices de esto, Justíno?
JUSTINO: Que todo lo que ha contado
me consta a mí que es verdad,
y más se espera de un falso.
PRÍNCIPE: Pues si vos, que parte sois,
así lo habéis confesado,
no es menester más probanza.
JUSTINO: Yo en esto ¿qué parte alcanzo?
PRÍNCIPE: Mocedades son, Justino.
No os enojéis con él tanto.
JUSTINO: Ved, señor, que no es mi hijo
de quien está Celia hablando,
sino del que fingió serlo.
CELIA: Yo de vuestro hijo hablo.
Salen ARSENO, CLAUDIO, y ARDENIA e INÉS, con
mantos
CLAUDIO: Aquí está Arnesto.
ARSENO: Aquí estoy.
Sujeto a vuestro mandado.
CELIA: (¡Válgame Dios! Según esto Aparte
Persio es el Arnesto falso;
pero pues éste es Arnesto,
y también éste me ha dado
palabra, lo cierto escojo.)
ARDENIA: (Más mal hay del que pensamos.) Aparte
PRÍNCIPE: ¿Es éste, Celia, el mancebo
de quien habéis querellado?
CELIA: ¿Sois vos Arnesto?
ARSENO: Yo soy
Arnesto.
CELIA: Pues de vos hablo.
JUSTINO: ¡Hay mayor bellaquería!
por Dios, señor, que es engaño.
CELIA: Yo probaré lo que he dicho.
PRÍNCIPE: ¿Qué haremos en este caso,
Justino? Acá dio palabra,
allá dio muerte a un hermano;
allá no puede casarse
por estar acá obligado;

















Post a Comment