decid, ¿por qué os espantáis
de ver que el color perdí?
PERSIO: Con favor tan excesivo,
casi me he llegado a holgar
de daros este pesar
por la gloria que recibo;
que tanto dais en subirme,
Que he venido a conseguir
Más bien con querer partir
Que alcanzara con partirme.
A un negocio me partía
que a mi padre le importaba;
pero el lugar que dejaba,
Príncipe, no lo sabía.
Ya lo sé: ya no me voy;
que nada puede importarme
tanto como no apartarme
de la presencia en que estoy.
PRÍNCIPE: No, Arnesto; partid, amigo,
partid. ¿Cuándo volveréis?
PERSIO: Con que licencia me deis,
que no he de partirme digo.
(No temo yo que la dé: Aparte
que ver sola a Ardenia quiere.)
PRÍNCIPE: ¿Y si licencia no os diere?
PERSIO: Lo que mandarais haré.
PRÍNCIPE: Partid; mas con condición
os mando partir, Arnesto,
que habéis de volveros presto.
PERSIO: (¡Qué bien fingida afición!) Aparte
PRÍNCIPE: Y mientras dura el camino,
ya os doy de la hacienda mía
cien escudos cada día.
(Con esta traza imagino Aparte
hacerle que por gozar
más la renta, más se tarde.)
PERSIO: Mil años el cielo os guarde.
PRÍNCIPE: Con eso os quiero obligar
A daros priesa a volver,
porque no me empobrezcáis.
PERSIO: Cuanto vos, Señor, me dais
Se queda en vuestro poder.
Vase
PRÍNCIPE: ¿Qué os parece? ¿Es éste el muerto?
¿Burlaisos de mí? Estoy loco.
¡Que me tengáis en tan poco,
que mintáis al descubierto!
CLAUDIO: Oye, señor.
PRÍNCIPE: ¡Vive Dios,
desleales!
CLAUDIO: De otra suerte
nos trata, y oye, o la muerte
nos da, Prínpice, a los dos.
Sé que lo que yo conté
es verdad. Eslo tan pura
Como ser la noche oscura;
Lo demás yo no lo sé.
Él, de cobarde y turbado,
se nos fingió muerto allí.
La herida que le di
lo cogió muy bien armado.
Por arte del demonio
tan presto de ella sanó,
o otro que ser él fingió
pagó el falso testimonio.
0 algún demonio tomó
cuerpo y nombre y voz de Arnesto
para hacerme que con esto
pierda la paciencia yo.
Pero no hay mucho perdido,
ni tú sin remedio estás
porque haya una noche más,
por yerro, Arnesto vivido.
PRÍNCIPE: Vuelve. ¿Dónde vas?
CLAUDIO: Librarme
de esta obligación querría
antes que se pase el día,
porque no pueda engañarme.
PRÍNCIPE: Bueno está: ya yo te creo.
Basta; que ya se pasó
la ocasión, y él se ausentó
que es lo mismo que deseo.
Sale JUSTINO
JUSTINO: Déme los pies vuestra alteza.
PRÍNCIPE: ¡Oh Justino amigo!, alzad.
¿Qué hay por acá? ¿Hay novedad?
JUSTINO: ¡Hay tanta!
PRÍNCIPE: ¿Qué es la tristeza?
¿Tiene salud vuestra hija?
JUSTINO: Tiénela al servicio vuestro.
PRÍNCIPE: Cuando tan vuestro me muestro,
¿cosa ha de haber que os aflija?
Hablad, Justíno, ¿qué es esto?
JUSTINO: Es, señor, mi desventura.
Oíd.
Háblale bajo
ROBERTO: (Cualque travesura Aparte
será de su hijo Arnesto.
PRÍNCIPE: ¿Qué decís?
JUSTINO: Información
tengo muy bastante de eso.
A su mozo tengo preso,
que hizo llana confesión;
y de Celia, una mujer
con quien él antes trató,
me informé muy largo yo
antes que os viniese a ver.
PRÍNCIPE: ¿Hay tan gran atrevimiento?
(Y más si acaso sabía Aparte
que yo a Ardenia pretendía.)
De ira y enojo reviento.
A Arnesto me has de prender,
Roberto: alcánzalo luego;
que me abraso en vivo fuego.
JUSTINO: Partid hacia Cutember,
donde él nació; que allá va.
PRÍNCIPE: Revienten por los ijares
los caballos que llevares.
ROBERTO: No temas que se me irá.
Vase
JUSTINO: Sólo resta que le deis
libertad a mi hijo preso,
a quien por falto de seso
entre los locos tenéis.
PRÍNCIPE: Justíno, yo no querría
que ése fuese otro traidor.
JUSTINO: ¡Jesús! Arnesto es, señor,
como es claro el sol y el día.
PRÍNCIPE: Hágase lo que queréis;
que cuando Arnesto no fuera,
quitaros yo no pudiera
que por hijo lo adoptéis.
Claudio, con Justino id,
y haced que a Arnesto le den
luego libertad.
JUSTINO: Con bien,
años sin cuento vivid.
Vanse JUSTINO y CLAUDIO. Sale un PAJE
PAJE: Licencia aguarda que des
un correo.
PRÍNCIPE: Siempre la tiene
el que con mensajes viene.
Sale un CORREO con un pliego
CORREO: Dadme, señor, vuestros pies.
Ésta os envía el cardenal
Julio Coloma, y conmigo
salud y paz.
PRÍNCIPE: Es mi amigo.
CORREO: Es vuestro siervo leal.
Lee
PRÍNCIPE: “La noticia que en todos los reinos
hay del justiciero valor de vuestra
alteza, me da confianza para suplicarle
me haga justicia. Arnesto, hijo de
Justino, cortesano de vuestra alteza,
dio muerte a un sobrino mío, de lo
cual lleva el portador los recados.
Prospere Dios los años de vuestra alteza,
etc.”
PRÍNCIPE: (La nueva que en esta leo Aparte
da gran fuerza a mi esperanza,
da principio a mi venganza,
y fin dará a mi deseo;
que hoy en Ardenia he de ver
mudanza de su rigor,
si a su hermano tiene amor.)
Ven, sabrás lo que has de hacer.
Vanse. Salen JUSTINO, ARSENO, con banda de
herído, y SANCHO
JUSTINO: Volvedme a abrazar, Arnesto.
ARSENO: Al cielo mil gracias doy.
JUSTINO: Llamad a Ardenia.
Salen ARDENIA e INÉS
ARDENIA: Aquí estoy,
dulce hermano… Mas ¿qué es esto?
¿Estáis herido?
ARSENO: No es nada.
ARDENIA: No me parece a mí poco.
SANCHO: Por tirar a otro, un loco
le dio acaso una pedrada.
ARSENO: Mas ya, hermana, que me toca
vuestra mano, en su virtud
Tengo cierta la salud.
SANCHO: (Si guardaremos la boca.) Aparte
Sale CLAUDIO, con guardas y un papel
CLAUDIO: Dios os guarde.
JUSTINO: Claudio amigo,
¿Qué hay pues?
CLAUDIO: A decirlo voy.
¿Sois vos Arnesto?
ARSENO: Yo soy.
CLAUDIO: Sed preso y venid conmigo.
ARSENO: ¡Preso! ¿Por qué?
CLAUDIO: No lo sé:
Mándalo el Príncipe así
por éste suyo.
ARDENIA: ¡Ay de mí!
¿Cuándo libre te veré?
ARSENO: Obedecer es razón.
Vamos. Padre, hermana mía,
quedaos a Dios.
JUSTINO: ¿No podría
saber por qué es la prisión?
CLAUDIO: No lo sé.
JUSTINO: ¿En qué habéis pecado,
hijo?
ARSENO: Pues que preso voy,
sin duda culpado soy.
JUSTINO: Sólo en nacer desdichado.
Vanse ARSENO, CLAUDIO y los guardas
ARDENIA: Pues, señor, ¿cómo os quedáis?
Id a saber la ocasión
de este rigor y prisión.


















Post a Comment