el más elegante estilo,
ni el ingenio a imaginarlas,
ni a sumarlas el guarismo.
JUAN: Ni es el asunto muy necio,
ni es muy bobo don Domingo
que pienso que, si pudieran,
hicieran todos lo mismo.
Pero las llaves tomad.
Ved la casa; que imagino
que le ha de agradar, si acaso
no le descontenta el sitio.
NUÑO: Antes, por ser retirado,
es conforme a sus designios.
Vase [NUÑO]
JUAN: ¡Ah, vil Fortuna! ¡Con otros
tan liberal y conmigo
tan [avara]! Pues, por Dios
que he de ver si mi artificio
puede vencer tus rigores
pues estoy ya tan perdido
que ni me espantan los [daños]
ni me enfrenan los peligros.
¿Qué tenemos?
Sale BELTRÁN
BELTRÁN: Nada.
JUAN: ¿Cómo?
BELTRÁN: Ni Leonor ha parecido,
ni Inés, ni doña Costanza.
JUAN: No importa; que agora aspiro
a otro intento a que pudiera
ser estorbo habernos visto.
Tú, retírate Beltrán;
que conviene que conmigo
no te vean.
BELTRÁN: ¿Hay tramoya?
JUAN: Y tan buena que imagino
que estas fiestas me ha de ver
en la plaza tan lucido
Leonor, que como hoy favores
le merezca desatinos.
BELTRÁN: Si no ruedas.
JUAN: No por eso
el mérito habré perdido.
Antes importarme puede;
porque si sólo el peligro
es medio para obligar,
más obliga el daño mismo.
Pero vete ya; que importa.
A este zaguán me retiro.
Vase [BELTRÁN]. Salen LEONOR e INÉS a la celosía.
LEONOR: ¿Que está don Juan en la calle?
INÉS: Tus ojos te lo dirán.
LEONOR: ¡Qué cuidadoso galán!
Inés, ¡quién pudiera hablalle.
INÉS: De esta espesa celosía
puede, con verle, tu amor
descansar; que mi señor
está en casa, y no sería
delito que perdonara,
pues su condición crüel
conoces ya, si con él
hablando acaso te hallara.
LEONOR: De sujección tan penosa,
¿cuándo libre me veré?
INÉS: Cuando la mano te dé.
LEONOR: Nunca seré tan dichosa.
Sale NUÑO con las llaves y dáselas a don JUAN.
NUÑO: La casa he visto, y no creo
que puede hallarla mejor
don Domingo, mi señor.
JUAN: Pues si iguala su deseo,
el efecto importaría
abreviar, porque a Zamora
llegó con su gente agora
el príncipe don García,
y perderá la ocasión
si de ésta gozar desea.
NUÑO: Hasta que con él me vea
y le haga relación
de la casa, solamente
la dilación puede ser,
y de la que le he de hacer
no dudo que le contente.
JUAN: ¿Dónde vive?
LEONOR: ¿Si ha comprado
don Juan esta casa, Inés?
JUAN: La posada sé, y después
que la noche haya ocultado
al sol, porque las regiones
gocen su luz del ocaso,
le buscaré; y por si acaso
no dan mis ocupaciones
lugar, irá un escribano
de quien mis negocios fío
y que tiene poder mío
y correrá por su mano
el concierto y la escritura,
y se le podrá entregar
el dinero.
NUÑO: ¿Ha de llevar
señas?
JUAN: Persona es segura.
Pero lo que entre los dos
hemos tratado será
lo que por señas dará.
NUÑO: Así queda.
JUAN: Adiós.
NUÑO: Adiós.
Vanse [los dos]
INÉS: Bien se ha visto en el concierto
que es suya.
LEONOR: Sin duda es
más rico don Juan, Inés,
que [cuenta] la fama.
INÉS: Es cierto,
[pues después] que al viento ha dado
tantas libreas y galas,
dorando al amor las alas
con que vuela a tu cuidado,
posesión de tal valor
ha comprado, que pudiera
para que a gusto viviera,
estimarla un gran señor.
LEONOR: Yo, en efecto, si a don Juan
doy la mano, soy dichosa.
INÉS: Claro está; que, siendo esposa,
de hombre tan rico y galán,
noble y que te quiere bien,
la ventura de tu empleo
excederá a tu deseo,
y más, gozando de quien
tan enamorada estás.
LEONOR: Ese es el punto mejor;
porque, si falta el amor,
sobra todo lo demás.
Vanse. Salen el PRÍNCIPE y RAMIRO
PRÍNCIPE: La Reina, mi madre, ha sido
quien me ha puesto esta intención,
y para la ejecución
su favor me ha prometido;
que mi padre le ha obligado,
con su condición esquiva,
a fabricar vengativa
esta mudanza de estado.
Demás de que en mis intentos
tendré el favor popular
de mi parte, por estar
de mi [padre] descontentos
por tantas imposiciones
como a pagar les obliga.
Y para la oculta liga
previene sus escuadrones
Nuño Fernández, el Conde
de Castilla, suegro mío.
Y así, pues de vos me fío,
si vuestra fe corresponde,
como suele, a la afición
y amistad que me debéis,
presto en mis sienes veréis
la corona de León.
RAMIRO: (¡Cielos! ¡Esta tempestad Aparte
de inquietudes y cuidados
a los términos cansados
les faltaba de mi edad!
Mas, ¿qué he de hacer? Hoy García
[es] sol que empieza a nacer,
y el Rey se ve ya esconder
en el sepulcro del día.
Poder y resolución
tiene el Príncipe, y si quiero
resistirle, considero
mi muerte en su indignación.
Del rey don Alfonso estoy
mal satisfecho; y García,
pues que de mí tanto fía
y tan su privado soy,
pondrá en mi mano el gobierno
del reino y, con su poder
y mi industria, podré hacer
mi casa y mi nombre eterno.
Pues, ¿qué tiene que dudar
quien aspira a tanto bien?
Aventure mucho quien
mucho pretender ganar.)
Quien reconoce deberos
lo que yo, siendo obediente
y callando solamente,
señor, ha de responderos.
Sólo os advierto fïel
que tengo de plata y oro
acumulado un tesoro
si importa serviros de él.
PRÍNCIPE: No es el saberme obligar
en vuestra fineza nuevo.
RAMIRO: Ofreceros lo que os debo
no es obligar, sí es pagar.
PRÍNCIPE: Pues, Ramiro, una memoria
con cuidado habéis de hacer,
de cuantos me puedan ser
para alcanzar la victoria.
Importante es. No olvidéis
hombre que por principal
o por su mucho caudal
poderoso imaginéis.
Y a estos tales, porque quiero,
para poder confïarles
mis pensamientos, ganarles
las voluntades primero,
los convidad de mi parte
para estas fiestas que agora
tengo de hacer en Zamora;
que la estimación es arte
de obligar, y de este modo,
pues yo entro en ellas, obligo,
igualándolos conmigo,
los nobles y al pueblo todo.


















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