JUAN: Señor,
dadme esos pies.
REY: Al amor
que debo a vuestra lealtad
los brazos, don Juan, prevengo.
JUAN: Como rey, señor, me honráis.
REY: Las órdenes que me dais
he guardado, y así vengo
a apearme con secreto
en vuestra casa.
JUAN: Ha importado
no despertar el cuidado,
para impedir el efeto,
al príncipe, don García;
y del remedio dudara
si solamente tardara
vuestra Majestad un día.
REY: ¿Cómo?
JUAN: Sin número son
los castellanos que esconde
Zamora; que ayuda el Conde
en esta conspiración
a su Alteza, que hoy ha hecho
estas fiestas por ganar
el aplauso popular;
y así con razón sospecho
que, porque la dilación
no mitigue esta alegría,
ha de querer don García
abreviar la ejecución.
REY: ¡El mismo que yo engendré
es mi mayor enemigo!
Matarlo será el castigo
si culpa engendrarlo fue.
JUAN: Vamos; que ya de la oscura
noche el silencio, señor,
nos llama.
REY: Vuestro valor
el remedio me asegura.
JUAN: En casa de su privado,
Ramiro, le prenderéis
sin riesgo; que le hallaréis
sin defensa y descuidado;
que nunca el alba repite
lisonjas de su belleza
al mundo sin que su Alteza
en su casa le visite.
Y yo sin dificultad
os la haré franca, señor;
que los medios de mi amor
sirven hoy a mi lealtad.
REY: Tanto, don Juan, me obligáis,
que está mi poder cobarde
al premiaros.
JUAN: Dios os guarde.
Sólo os pido que advirtáis
que, adorando yo a Leonor,
puede vuestra Majestad
hacer que por mi lealtad
haga esta ofensa a su amor,
pues que de la alevosía
que a su padre ha de infamar,
la mancha la ha de alcanzar.
REY: Eso está por cuenta mía,
como lo demás, don Juan,
que os tocare.
BELTRÁN: Yo entro ahí.
REY: No me olvidaré de ti.
BELTRÁN: Mil siglos vivas.
JUAN: Beltrán,
advierte que has de llevar
una espada que le des
a don Domingo.
BELTRÁN: No es
su valor para olvidar.
JUAN: No temo, juntos los dos,
todo el resto de Zamora.
Hablando aparte con su amo
BELTRÁN: Contempla, señor, agora
la providencia de Dios.
¿Quién pensara que las llaves
que hicimos para robar
nos vinieran a importar
para negocios tan graves,
y que hubieran remediado
peligros de tanto peso
un hombre que es tan travieso
y otro tan acomodado?
JUAN: No hay suceso que no tenga
prevención en Dios, Beltrán.
BELTRÁN: Por eso dijo el refrán:
“No hay mal que por bien no venga.”
Vanse. Salen el PRÍNCIPE, RAMIRO, LEONOR y
CONSTANZA con luces.
PRÍNCIPE: Esto habéis de hacer por mí.
Ya sabéis que la persona
de don Domingo merece,
por su sangre generosa,
por su valor y sus partes,
pues como veis, las abona
vuestro padre, que le deis,
Leonor, la mano de esposa,
y advertid que es lo que os pido
lo que a todos nos importa
puesto que no conocemos
otro más rico en Zamora
en quien poder emplearos;
y porque a los dos nos consta
que os tiene amor, pretendemos
que tal prenda le disponga
a conformarse conmigo
en cierto intento que agora
sabréis, pues de publicarse
ya el peligro no lo estorba,
pues la ejecución aguarda
sólo la primera aurora.
LEONOR: Yo lo hiciera, mas Constanza
es con él más poderosa.
PRÍNCIPE: ¿Cómo?
LEONOR: Después que la vio,
a mí me olvida, y la adora.
Dilo, prima.
CONSTANZA: Si un papel
suyo verdades informa,
yo soy dueño de su amor.
PRÍNCIPE: Si es así, Constanza, goza
la ocasión, y nuestro intento
tu blanca mano disponga.
CONSTANZA: Si ha de obedecer el pecho,
no ha de responder la boca.
PRÍNCIPE: Llamadle, pues, don Ramiro.
Vase don RAMIRO
LEONOR: No pienso que es fácil cosa
hallarle; que ha algunos días
que su familia le llora
ausente o muerto.
PRÍNCIPE: Mi imperio
es, Leonor, quien le aprisiona
en tu casa.
Salen RAMIRO y don DOMINGO
DOMINGO: ¿Qué me manda
vuestra Alteza?
PRÍNCIPE: El alba hermosa
en mis sienes ha de hallar
de este reino la corona.
Para nada os puede ser
la obstinación provechosa.
En una balanza os pongo
la mano de la que adora
vuestro pecho y mi amistad,
y os pongo la muerte en otra.
Escoged y resolveos.
DOMINGO: No es la vez primera agora
que a mi lealtad amenazas
despreciadas acrisolan.
Constanza es premio que estimo,
y por la propuesta sola
obligado cuanto puedo,
pongo en vuestros pies la boca;
pero con tal condición,
ni me importó ni me importa;
que no vivirá con gusto
quien ha de vivir sin honra.
Ésta es mi resolución.
PRÍNCIPE: Y la mía que proponga
vuestra cabeza mañana
escarmientos a Zamora.
DOMINGO: Muriendo ha de sustentar
la voz de Alfonso mi boca.
Salen el REY y criados
REY: Y yo la vida de quien
con lealtad tan generosa
defiende a su rey.
RAMIRO: ¿Qué es esto?
PRÍNCIPE: ¡Perdido soy!
Salen don JUAN y BELTRÁN
BELTRÁN: ¡Aquí es Troya!
REY: Dadme esa espada, García.
PRÍNCIPE: Señor, yo…
REY: [Si me provoca]
vuestra obstinación, seré,
aunque sois mi sangre propia,
enemigo que se venga
y no padre que perdona.
JUAN: Don Domingo…
DOMINGO: Amigo mío.
JUAN: Tomad esta espada.
DOMINGO: Agora
llueva el cielo conjurados.
RAMIRO: (De una vez la vida y honra Aparte.
he perdido.)
PRÍNCIPE: ¿Qué he de hacer
sin defensa?
Da la espada el PRÍNCIPE
REY: No se logran,
Príncipe, intentos impíos
que el cielo y la tierra enojan.
Al castillo de Gauzón
llevad presa la persona
del Príncipe.
PRÍNCIPE: Si a morir
me lleváis, vuelen las horas;
que, a quien desdichado vive,
da la vida la muerte sola.
Llévanlo.
CONSTANZA: Temblando estoy.
LEONOR: Yo estoy muerta.
RAMIRO: Si a la mano poderosa
de un príncipe…
REY: Don Ramiro,
callad. No dañe la boca
con disculpas a quien sé
que no han culpado las obras;
que don Juan de la lealtad
de vuestro pecho me informa,
y que vos le descubristeis
del Príncipe la alevosa
intención, por él a mí
me avisara; y así agora,
porque dar premio a los dos
de este servicio me toca,
el de don Juan ha de ser
darle a Leonor por esposa,
y dos villas, las que él mismo
en todo mi reino escoja;
y el vuestro, daros por hijo
a quien mi privanza goza,
y a quien debéis mi amistad,


















Post a Comment