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Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Дон Доминго из Дон-Бласа. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. DON DOMINGO DE DON BLAS


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recelando que a seguirle
nos obligara su amor.
Nunca después de este caso
le vimos, ni de él halló
vivo o muerto un breve indicio
la diligencia mayor.
Y así, pues tantos convencen
a don Juan de que él le dio
la muerte, y de que el cadáver
oculta con intención
de ocultar el homicidio,
os suplicamos, señor,
que le obliguéis a sacarnos
de tan triste confusión.
PRÍNCIPE: Con lo que habéis escuchado
sólo os puedo decir yo
que os pongáis en mi lugar
y juzguéis vos mismo a vos.
Con indicios tan vehementes
que casi evidentes son
mal guardará la justicia
privilegios al amor;
y así, mientras la verdad
no se averigüe, en prisión
es fuerza, don Juan, que estéis.
JUAN: (¿Qué he de hacer? ¡Válgame Dios! Aparte.
Si callo y dejo prenderme
pongo a riesgo la ocasión
de librar al rey Alfonso;
si declaro que los dos
tienen preso a don Domingo,
por entendido me doy
de sus aleves intentos
y es el peligro mayor;
mas de la misma verdad
he de vestir la ficción.)
Como disteis un oído
a la culpa, dad, señor,
otro al descargo.
PRÍNCIPE: Decid;
que nada en esta ocasión,
según os estimo, puede
hacerme gusto mayor
que tenerla de mostraros
en mi piedad mi afición.
JUAN: Pues, preguntadle a Ramiro
por don Domingo, señor;
que él en su casa le oculta.
RAMIRO: ¿Qué decís?
PRÍNCIPE: ¡Válgame Dios!

Hablan a excusa de los criados
[el PRÍNCIPE y don RAMIRO]

RAMIRO: ¿Quién de caso tan secreto
noticia a don Juan le dio?
PRÍNCIPE: ¿Si sabe ya mis intentos?
JUAN: (Turbados están los dos.) Aparte.
PRÍNCIPE: Don Juan, ¿cómo lo sabéis?
JUAN: Lo que el crïado contó
es verdad mas remitimos
del caso la conclusión
para la noche siguiente,
porque aquélla lo estorbó
gente que a la calle vino.
Demás que cierta ocasión
que le importaba, me dijo
que aguardaba, y me pidió
don Domingo que cesase
por entonces la cuestión;
y más por averiguar
la sospecha que me dio
de que la ocasión sería
verse con doña Leonor
que por hacerle ese gusto
consentí la dilación.
Y así, apartándome de él,
tuvo, aunque es ciego el Amor,
tantos ojos como celos,
y en la oscura confusión
de la noche, oculto vi
que don Domingo llegó
y otro con él a la puerta
de don Ramiro, y los dos,
después de hacer una seña
que la puerta les abrió,
entraron dentro; y con esto
acrecentando el furor
de mis celos, como quien
el agravio averiguó,
a la venganza resuelto
le aguardaba; y de los dos
salió el que le acompañaba,
pero don Domingo no.
Aunque allí me halló esperando
del aurora el resplandor,
ni en cuantas vueltas al cielo
ha dado después el sol,
ha vuelto a pisar la calle;
que nunca de ella faltó
una centinela mía;
y así es llana presunción
supuesto que tal exceso
no es creíble de Leonor,
que don Ramiro le oculta,
temiendo la ejecución
de mi brazo vengativo;
que le toca este temor
como interesado en ello,
porque es más rico que yo
don Domingo, y lo querrá
para esposo de Leonor.
PRÍNCIPE: (Por su engaño y mi ventura Aparte
gracias a los cielos doy.)
Escuchad, Ramiro.
JUAN: (Bien Aparte.
disfracé con la invención
la Verdad, y el rostro feo
les hice ver del Temor.)

Habla aparte a RAMIRO el PRÍNCIPE

PRÍNCIPE: En albricias de que ignora
la causa de la prisi¢n
de don Domingo don Juan,
quiero, Ramiro, que vos
con su engaño os conforméis,
para evitar la ocasión
de apuntar esta materia.
RAMIRO: Mucho más caro, señor,
hubiera comprado el vernos
libres de esta confusión.

En voz alta

Don Juan ha dicho verdad.
PRÍNCIPE: Pues, sabiendo lo que yo
estimo a don Juan, Ramiro,
no habéis tenido razón
en no excusarme el disgusto
que el que yo le di me dio.
De veros libre de culpa,
don Juan, tan alegre estoy,
que el pesar que recibí
agradezco. Idos con Dios,
y advertid que son mañana
las fiestas.
JUAN: Pienso, señor,
que no podré entrar en ellas.
PRÍNCIPE: No han de hacerse sin vos;
no lo dejéis por dinero,
don Juan, pues lo tengo yo.
JUAN: (En vano obligarme intenta.) Aparte
Mil años os guarde Dios.
No es ése el impedimento.
PRÍNCIPE: ¿Pues cuál?
JUAN: Pensar con razón
que me culparéis vos mismo
si tan poco siento yo,
valiendo a Ramiro tanto,
haber perdido a Leonor.

Vase [don JUAN]
PRÍNCIPE: Sentido está de perder
vuestra hija.
RAMIRO: Culpas son
de sus costumbres.
NUÑO: ([¿Qué es esto?] Aparte
¿Cómo su Alteza dejó
ir libre a don Juan?)
PRÍNCIPE: Los pechos
podéis sosegar los dos,
que vuestro dueño está vivo
y seguro, y [tomo] yo
su vida y seguridad
por mi cuenta.
NUÑO: ¿Qué temor
podrá oponer sus tinieblas
a la luz que nos dais vos?

Vanse. Salen don JUAN y BELTRÁN con botas y
espuelas

JUAN: Vengas, amigo Beltrán,
mil veces en hora buena.
BELTRÁN: Hora que es fin de la pena
que da el ansioso batán
de una posta endemoniada,
buena se puede llamar.
JUAN: ¿Qué hay del Rey?
BELTRÁN: Ya en el lugar
estuviera, si la entrada
no le impidiera el rüido
y el alboroto que oyó,
que efecto lo receló
del rebelión prevenido;
y así vine por espía
perdida con un crïado
suyo, que volvió, informado
de que el estruendo nacía
de los toros, a avisarle,
y yo a ti, porque ya el sol
se esconde al suelo español
y podemos ya esperarle.
JUAN: Loco me tiene el contento.
BELTRÁN: ¡Oh, cómo tu obró!
Apenas la recibió
cuando en juvenil aliento
sus años vi renovarse.
Postas mandó prevenir,
y sólo tardó en partir
lo que ellas en ensillarse.
Todo el caso le conté,
y le dije que el quedarte
a prevenir por su parte
las cosas, la causa fue
de que tú mismo en persona
la nueva no hayas llevado;
y viene tan obligado
que te dará su corona.
JUAN: ¡Oh, qué gran gusto me has hecho,
y a qué buen tiempo ha venido!
Pero ya siento rüido
en el zaguán.
BELTRÁN: Yo sospecho
que llegó Su Majestad.

Salen el REY, con botas y espuelas, y dos criados

REY: ¡Don Juan, amigo!

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