FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ

FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ.

MEMORIAS
ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS
DEL PERÚ,
POR EL LICENCIADO
D. FERNANDO MONTESINOS,
hechas por mandado de
D. FRANCISCO DE TOLEDO,
VIREY DEL PERÚ.

MADRID
IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA
calle de Campomanes, 8
1882

ADVERTENCIA.

Por segunda ve% figura en esta
Colección el nombre del entendido bi-
bliófilo y sabio americanista, Don
Marcos Jimenej de la Espada, quien
da á luf en el presente volumen dos
curiosísimas obras sobre el Perú: las
MEMORIAS ANTIGUAS DEL LICENCIADO MON-
TESINOS,^ las INFORMACIONES ACERCA DEL
SEÑORÍO Y GOBIERNO DE LOS INCAS, hechas
por mandado del Virey D. Francisco
de Toledo en los años de iSyo al i5?2;
ambas muy importantes para el estu-
dio de la historia antigua de aquella
parte de América.
Esperamos pues, 6, mejor dicho, te-

VI

ADVERTENCIA.

netnos la casi seguridad9 de que nues-
tros constantes favorecedores agrade*
cerón tanto, por lo menos, este tomo,
como el publicado anteriormente por
nuestro querido amigo, de las Andanzas
c viajes de Pero Tafur, cuya edición
se agotó hace ya tiempo.

F. DEL V.

J. S. R.

Al Btno. Sr. D. Cesáreo Fernandez
Duro.

H ÓNREME Vd., amigo mió, admitiendo
la dedicatoria de este trabajo.
No es una gran cosa, como Vd. verá.
En limpio, y descartadas las» Informa-
ciones con que finaliza y se completa
el volumen—, viene á reducirse á la
primera edición castellana de el Libro
segundo de las Memorias antiguas
historiales^ políticas del Pirú, escrito
por el licenciado don Fernando Monte-
sinos, y que, vertido al francés, publicó
en el año de 1840 M. Ternaux-Com-
pans, con el título de Mémoires histo-
riques sur Vanclen Pérou; obra curio-
sísima, verdaderamente singular,—y
muy sospechosa también en aquella
parte que la constituye en una especie
de Antiguo Testamento peruano.

VIII

DEDICATORIA.

Pero á pesar de esta grave circuns-
tancia, no hay americanista que al en-
trarse por las oscuras y remotas edades
anteriores al imperio de Tahuantin-
suyu, no la cite ó comente ó aduzca al-
guno de sus conceptos ó pasajes con tan-
ta seguridad como si se tratara de las de
Cieza, Garcilaso ó el licenciado Polo.
Y puesto que, por unánime acuerdo
y común parecer, la encontramos en
tan autorizada compañía,—de la cual
no seria enteramente justo divorciarla,
pues, en h«ior de la verdad, Montesinos
discurre sobre las cosas de los Incas por
el estilo de los otros autores—, conven-
drá Vd. conmigo en que vale más, si es
posible, conocerla y tenerla cual es y se
hizo, que no seguir ateniéndonos á un
texto impreso en lengua extraña á la
del autor, donde, ya por esa facilidad
característica de los paisanos de Mr. Ter-
naux, ya porque éste no conociera sufi-
cientemente nuestra habla del siglo xvn,
han podido deslizarse errores que aña-
dan tal vez á un aserto estupendo de los
que Montesinos acostumbra, algo más
estupendo y raro todavía; como de

DEDICATORIA •

IX

cierto así es y resulta del cotejo de la
edición francesa con su original caste-
llano, hoy existente en la Academia de
la Historia, tomo A—155 de la copiosa
colección de D. Juan Bautista Muñoz.
Parece que á mi propósito bastaba
reproducir fielmente dicho original;
mas, luego que conozca Vd. su histo-
ria,—ignorada del editor francés—opi-
nará como yo: que acaso no lo hubiera
conseguido.
Registrando Muñoz las bibliotecas
de Sevilla en busca de documentos para
su Historia del Nuevo Mundo, tropezó
en la del convento de San José de Mer-
cedarios Descalzos con tres volúmenes
manuscritos en folio de la grande obra
del licenciado Montesinos, compren-
diendo uno de ellos los libros i.° y 2/ de
las Memorias antiguas del Perú y los
otros dos los libros 1/ y 2.0 de los Ana-
les del Perú. Ignoro los motivos que
tuvo para no mandarlos copiar—según
su costumbre,—á alguno de sus escri-
bientes;—por ventura se brindaron los
frailes á esta tarea; quizás les estaba
prohibido facilitar los códices sin orden

X

DEDICATORIA.

superior—; solo sé que en el expediente
que lleva el nombre de nuestro último
cosmógrafo de Indias, y acompañando
al original castellano de la versión de
Mr. Ternaux, obran las comunicacio-
nes siguientes:
«Excmo. Sr. D. Josef de Galvez (mi-
nistro que era entonces de la Corona.)
«Excmo. Señor:—Mi mucho desvelo
en examinar papeles curiosos ha llegado
á colmar los deseos que tenia de servir
á V. E., ofreciendo y poniendo en su
excelente mano la primera y segunda
parte de la Historia del Perú, que es-
cribió el licenciado don Fernando de
Montesinos. Su estilo y sus caracteres
me han añadido nuevo trabajo, que he
llevado con gusto, por el que sé tie-
ne V. E. á cargo de su excelente mérito.
Dándome V. E. su beneplácito, remitiré
dichas dos partes por ahora, y después
los Ármales de dicho licenciado Mon-
tesinos, que principian desde el año 1498
y finalizan el de 1642; obra toda que
fué formando de los escritos y testimo-
nios que halló en los archivos de aquel
vasto imperio, y por tanto, la más ver-

DEDICATORIA.

XI

dadera. Las muchas repeticiones que
tiene sobre una misma cosa, me han
hecho mudarles de estilo, sin faltar d
cuanto dice ni añadir cosas volunta*
rías, á fin de que no fastidien y se
haga más apreciable. Remitiré asimis-
mo algunas otras curiosidades á V. E.t
con las que confio en Dios tendrá algún
placer, y yo el mayor en recibir pre-
ceptos de V. E. en que ejercitarme,
mientras pido á la Divina Majestad
prospere la vida de V. E. muchos
años.—De éste del Señor San Josef de
la ciudad de Sevilla, á 19 de setiembre
de 1785.—Fr. Josef de San Antonio
Abad.»
Apresuróse el ministro Galvez á ma-
nifestar á Fr. Josef cuánto agradecia su
obsequio, y recelando sin duda, por el
estilo de Su Paternidad, que no iba á
quedar muy bien parado el del autor
que pretendía corregir, le anadia en
carta de San Ildefonso y 28 del mismo
setiembre:
«En lo que toca al estilo que dice
Vuestra Paternidad ha mudado por qui-
tar algunas repeticiones molestas, hu-

XII

DEDICATORIA.

biera sido más acertado no tocar á él;
así porque la obra estuviese como salió
de las manos del autor y pudiese for-
marse juicio de su método y modo de
escribir, como porque cualquier cosa
que necesitase reformarse poSria hacerse
después con más tiempo y premedita-
ción que el que permite la aceleración
de copiar; en caso que se pensase darle
al público.»
Desgraciadamente estas atinadas ad-
vertencias no dieron el resultado que
era de esperar. Allá al cabo de un año,
al remitir Fr. José las copias al minis-
tro, le decia:
«La retardación de la de V. E., que
acabo de recibir con fecha de 28 de se-
tiembre de 85, no ha sido bastante á
suspender el trabajo que me habia to-
mado en obsequio de V. E. Con este
motivo remito á V. E. el «Libro primero
y segundo de las Memorias antiguas
historiales del Perú,» sin quitar nada
substancial ni añadir á lo que el li-
cenciado don Fernando Montesinos es-
cribió. Va esta segunda parte ó segundo
libro ya copiado y puesto en claro, que

DEDICATORIA.

XIII

es para lo que he tenido algún lugar.—
Remito asimismo á V. E. casi todo el
primer tomo de los Anuales, é* iré tra-
bajando hasta finalizarlo y finalizar asi-
mismo el segundo tomo, que también
remitiré á V. E., y contiene hasta el año
de 1642.—Por lo que dije á V. E. en
mi antecedente, lo he puesto todo en ese
estilo; pero yo no dudo que dicho señor
licenciado fué hombre muy capaz y ver-
dadero. He hecho examen de sus citas
y las he hallado conformes. Yo deseo
á V. E. toda prosperidad y que Dios lo
prospere en su mayor grandeza. Sevi-
lla 29 de setiembre de 86.—B. L. M.
de V.' E. su capellán,—Lector Fr. Josef
de San Antonio Abad.»
En resolución, que las Memorias
antiguas historiales y políticas del
Pirú llegaron á manos del ministro
Galvez aderezadas á gusto del P. José, y
en este estado pasaron á las de Muñoz,
que agregó el manuscrito á sus papeles
históricos tal y como lo habia recibido.
Y ¿quién averigua hoy hasta dónde
trascienden las mejoras del escrupuloso
lector mercedario? Porque excuso decir

XIV

DEDICATORIA.

á Vd. que los originales que mejoró no
parecen ni se sabe más de ellos.
Así, pues, con la publicación del que
tuvo á la vista Mr. Ternaux sólo alcan-
zaba poner de manifiesto los errores y
descuidos que cometió al traducirlo, no
el texto verdadero de Montesinos; y
únicamente á falta de otro menos sos-
pechoso, me hubiera quedado con el del
P. José.
Mi necesidad, sin embargo, no ha
llegado á ese extremo, gracias al viaje
que de orden del Sr. Ministro de Fo-
mento hicieron algunos códices de la
Biblioteca universitaria de Sevilla á la
Exposición americanista de Madrid,
entre los cuales se encontraba un tomo
en 4.0 de 215 folios sin numerar, con
más la portada y dedicatoria, y su títu-
lo—suprimiendo cifras y abreviaturas—
como sigue:
K I OPHIR DE ESPAÑA | MEMORIAS HIS-
TORIALES I POLÍ I TICAS DEL PIRV * VA-
TICINIOS DE SV DESC I VBRIMIENTO I CON-
VERSIÓN POR LO I S REIES CHATOLICOS I
SINGVLARES E | PITETOS QVE POR ELLO SE
LES DA EN LA I SAGRADA ESCRITURA | AL

DEDICATORIA.

XV

REÍ. N. S. PHILIPO. IV. EL GRA I NDE MO-
NARCA DE ANBOS MUNDOS | AVTOR EL LI-
ZENCIADO D. FERNANDO MONTESINOS PRES-
BÍTERO I NATURAL DE OSUNA | Ira. P™.
La portada, grabada en cobre, ofrece
bastante complicación y es de pésimo
gusto. Un arco abierto por arriba y di-
vidido horizontalmente en dos regiones;
la superior representa á la Santísima
Trinidad sobre nubes, teniendo en su
parte más baja el globo terráqueo, que
muestra el hemisferio Hamericano, ha-
cia el cual dirigen respectivamente el
Padre, el Espíritu Santo y el Hijo estas
tres leyendas: Deus Hispanice regibus
dedit; Amoris divini felus dilatat;
Xptus per suum vicarium benedixit.
En lo más bajo del compartimiento, á
la derecha, los Reyes Católicos, y á la
izquierda el Papa Alejandro vi con la
célebre Bula en la mano siniestra y ben-
diciendo con la diestra. En el comparti-
miento inferior un marco ovalado con
el título ya dicho, sostenido á la dere-
cha por la Justicia y á la izquierda por
la Fortaleza, descansando la primera
en un escalón á modo de basa con esta

XVI

DEDICATORIA.

letra: Conservat; y la segunda de igual
modo con esta letra: Svstinet. Debajo
del marco ovalado otro globo con el he-
misferio americano dentro de una co-
rona ducal, timbre del escudo del Con-
sejo de Indias, con esta leyenda alrede-
dor del globo: Supremus Indiarum
senatus; y á un lado y á otro del escu-
do, sobre el escalón que sostiene á la
Justicia y á la Fortaleza: Portat # Non
cadet. Sobre el marco del título una
cinta con este lema: Ivs divinum est a
posterior i * Altiorem titulum ne que-
ras. Por último, en el ángulo derecho
de la portada, debajo del escalón de la
Justicia, la cifra del grabador (Rivera?)
y el año 1644.
La dedicatoria—que yo no puedo
leer con la seriedad que quisiera—dice
á la letra:
«SEÑOR:—Es la Hamerica el tesoro
de Dios que reservó su poder para des-
empeño de sus obras. Depositóla en el
rey de Tiro por poco tiempo y fué el
Ofir que lo hizo famoso en todo el
mundo. Pasó su señorío á los reyes de
Hierusalem con sus riquezas: pudo Da-

DEDICATORIA.

xvn

vid sustentar guerras y Salomón hacer
el celebrado templo de su nombre.
Cortóse el hilo á este favor en Iosafad,
por tratar compañía en tan divino em-
pleo con un rey idólatra. Al cabo de
dos mili quinientos y cuarenta y dos
años de silencio, ó de litigio, determi-
nó Dios se continuase esta gracia para
el mayor lucimiento de su Iglesia, en
los Reyes Católicos, quinto-abuelos
de V. M.; derecho de la Divina Justi-
cia volver post liminum temporis, des-
pués de largos siglos, á V. M., por rey
de Hierusalem celoso, lo que quitó por
tibio á Iosafad! Reservó, pues, en sí
Dios el dar la sentencia como esta rica
tierra en su tesoro, por ser el descubri-
miento y conversión su más grande
obra, después de la Creación y Re-
dempcion del mundo, y V. M., mayor
monarca del, la parte interesada. Se-
cretario desta causa es el Espíritu San-
to; los que han dado testimonio della,
los Profetas. Declaran sus vaticinios el
suceso, y el Libro tercero desta parte
singulares epítetos que á V. M. dan por
esta admirable conversión. Mi deseo los

XVIII

DEDICATORIA*

engastó en esta Historia; su novedad
asegura mi desvelo, y el ajustamiento á
las Divinas letras, como desempeña mi
afecto, desvanecerá los efectos de la in-
vidia, dejando admirados émulos los
que antes eran ponzoñosos contrarios
al misterioso derecho de la posesión
que V. M. tiene de los Imperios. Guar-
de Dios su católica persona para to-
marla de todos los del mundo.»
Esta Primera parte del Ophir de
España divídese en tres libros, denomi-
nados respectivamente: Libro i.°, 2.0
y 3.° de las Memorias antiguas, isto-
riales i políticas del Pirú.—El primero
ocupa 76 fol., y es casi todo de mano
del autor; pero está sin acabar, pues ter-
mina bruscamente con los dos primeros
renglones del cap. 36, titulado: De los
cuatro rios famosos que salen de la
tierra del Pirú. El segundo tiene 65
folios, es de dos letras, bastante ma-
las, ninguna del autor, que se limitó
á ligeras correcciones. Está completo.
El tercero consta de 74 fol., y está in-
completo, concluyendo con el epí-
grafe del cap. 3o: Dícense otros suce-

DEDICATORIA.

XIX

sos prodigiosos en prueba del intento.
Dicho Segundo Libro, que corres-
ponde exactamente en el número y
asunto de sus capítulos con el traduci-
do por Mr. Ternaux-Compans, es el
que doy á luz con preferencia al origi-
nal de la versión francesa, atendiendo,
en primer lugar, á que permanece tal
cual su autor lo dejó, y, además, á que
el frontis grabado parece indicar que
era la forma en que habia de imprimir-
se, seguido de un tercer libro, que se
cita al ñnal del capítulo XXVIII y no
se encuentra en el manuscrito del con-
vento de Mercedarios.
Este indicio, sin embargo, no es
para mí de gran fuerza por varias razo-
nes; entre ellas, que hay muchos años,
edades y nombres en claro (justamente
los 'mismos que no se expresan en la
copia arreglada por Fray José); que
falta un suceso que se promete contar
en el capítulo XXI á seguida del pár-
rafo segundo; que está sin corregir el
pasaje á que se refiere la nota del capí-
tulo X, pág. 59; y por último, que
Montesinos anduvo cierto tiempo (no sé
b

XX

DEDICATORIA.

cuánto) dudoso en el título, plan y dis-
tribución de la obra general donde se
incluyen las memorias de los reyes y
emperadores peruanos. En el manus-
crito del convento de San José constaba
de dos partes; la primera, intitulada Me-
morias antiguas historiales del Perú,
dividida en dos libros, y el primero de
éstos en 32 capítulos; la segunda, Anua-
les del Perú: ambas sin portada ni de-
dicatoria, y con sólo una Advertencia
al frente de las Memorias. Ya ha vis-
to Vd. el título que tiene en nuestro có-
dice,—que encierra nada más que la pri-
mera parte,—del cual se deduce, al pare-
cer, que los Anuales del otro habian de
formar la segunda del Ophir de Espa-
ña, nombre de toda la obra. En él dicha
primera parte va aumentada con un
tercer libro, y el primero tiene 36 Capí-
tulos en vez de 32, y no se sabe si aca-
ba en ese número. Pues todavía conoz-
co otro texto, casi todo de letra de Mon-
tesinos (i), en que el libro tercero (cabal)
(i) Fué de la librería de don Serafín Estévanez Cal-
derón, y hoy está en la Bibl. Nacional.—Ms. J—189, en
folio.

DEDICATORIA.

XXI

de la primera parte, cuenta 27 capítulos
y no 3o, como el manuscrito de la Uni-
versidad de Sevilla, y los Anuales,
aunque en bprrador, completos y hasta
el mismo año de los del texto del con-
vento de Mercedarios, llevan esta por-
tada de mano:
Memorias \ Antiguas i Nvebas del
I Pirv I Dicese, la introducion de la
Religión, christiana en el Pi- \ ru,
hechos memorables de los españoles, y
sus guerras \ ciuiles. La erecion de la
primera Iglesia y de las de \ mas. con
lo tocante á lo ecclesiastico. Las ima-
ge I nes milagrosas y sus santuarios.
Refierense las per | sonas ilustres en
santidad y letras; Los varo \ nes emi-
nentes en minerales (así) de oro y pla-
ta I y piedras preciosas. Fundaciones
de las I ciudades, conventos, y hospi-
tales. En I tradas d los indios de guer-
ra y I todos los sucesos memo | ra-
bies. I Allll.™ S.r Don Fray—Pedro
de Oviedo Arco \ bispo Primado de—
Indias. Obispo del\ Quito—del Conse\
jode—sumag.d \ Grande en ti—naje,
mayor \ en letras—Máximo en \ türtu-

XXIf

DMHGATOftU.

des—docto como A \ gustim, %e—loso
como A m | brosio, li—bcral como Pmm ¡
Uno, trata—ble como Borro—meo, y
amigo—de hacer bien como [ S. Tko-
man de— Villanveva \ Amo de—1642.
La dirección al obispo quítense se
halla repartida, en la forma que indican
los guiones, á uno y otro lado de un
escudo oval grabado en cobre, recorta-
do y pegado con alquitira, en cuyo
centro hay una corona con una cifra
(VIDEO)? y encima de ella una faja
con este lema: DvmAlii Dormiwti. Al
respaldo de la portada va la dedicatoria,
y el tratado principia con este epígrafe:
¡Abro f.° de los Annales del Piru,
llenando los folios 107 á 273 inclusive.
I)c todos modos, y aunque el graba-
do del frontis no establezca una prefe-
rencia A favor del de nuestro texto en
cuanto a* la fecha, siempre resultará que
este aventaja al del P. José en la pureza
de los nombres de personas y lugares,
mal leidos por el buen reverendo, no
muy ducho, á mi juicio, en materia de
antiguallas peruanas; mérito precioso si
consideramos las deducciones á que

DEDICATORIA.

XXIII

suelen entregarse y los sistemas que se
atreven á levantar sobre aquella clase
de nombres algunos filólogos y etimo-
logistas extranjeros, sin cerciorarse an-
tes de la autenticidad del vocablo, á ve-
ces sabiendo menos castellano que de
lenguas americanas, y con frecuencia
conociendo apenas nuestra antigua or-
tografía.
Vaya por ejemplo:
Trátase en el capítulo XV de un rey
llamado Arantial, cuyos subditos, afli-
gidos de continuas pestes y reducidos á
escasísimo número, huyeron á los An-
des y á Xauxa, dejándole poco menos
que solo en sus Estados. Y dice con
este motivo Montesinos: «Comenzó á
reinar Arantial cassi sin vasallos, etc.»
(pág. 88). Pues bien, el P. José, creyen-
do que cassi (6 casi) era apellido, se lo
endosó á su majestad peruana, sin ad-
vertir que por ello le colocaha en la di-
ficilísima situación de reinar en despo-
blado y sobre nadie (i).

(i) Mr. Ternaux-Compans repite la especie, si bien
procurando atenuarla con un pour ainsi diré.

XXIV

DEDICATORIA.

Por cierto que el tal adverbio está
de mala suerte en las historias del an-
tiguo Perú. Arantial Casi me recuerda
que Mr. Markham, en el índice de vo-
ces quichuas de su Narratives of the
rites and laws of the Incas ( Hakluyt
society, 1873), traduce Caci Caci, po-
niendo un guión enmedio, que no exis-
te en el original, por Commandments,
precepts. Also afast, acor din to Gar-
rí laso de la Vega. Y añade debajo:
Cacicta.—Acusative form of the abo-
ve. Y sabe Vd. lo que es aquel caci
caci y radical supuesta de cacicta?
Pues simplemente la duplicación del
mismo casi escrito á la criolla ó á la
indiana, en cuya pronunciación y or-
tografía con frecuencia se emplean la
c, c 6 % por la s, ó viceversa. El texto
donde se halla corresponde á la Rela-
ción de antigüedades deste reyno del
Pirú (An account of the antiquities of
Perú, de Markham), escrita por el in-
dio don Juan de Santa Cruz Pachacuti,
y dice así: «Este barón [Tonapa] dizen
que llegó al pueblo de vn cacique lla-
mado Apotampo, cuyo sujeto fué el

DEDICATORIA*

XXV

pueblo, y dicen que llegó muy cansado
en vna fiesta, quando estaban en las
bodas, y assi por el Apotampo fueron
oydos sus razonamientos con amor, y
los indios del sujetos los oyeron malas
ganas; al fin por aquel dia fué huésped
el perigrino, el cual dizen que dio vn
palo de su bordón al dicho Apotampo,
reprehendiéndoles con amor afable, y
por el dicho Apotampo les oyieron con
atención, rebebiéndole el dicho palo de
su mano, de modo que en vn palo los
recebieron lo que les predicaua, seña-
lándoles y rayándoles cada capítulo de
las razones. Los viejos modernos del
tiempo de mi padre, don Diego Felipe,
suelen decir que ca< ;i ca$i era lo man- damiento de Dios, principalmente los siete preceptos, etc.» Convengo en que el señor Pacha- cutí no se expresaba en castellano con entera propiedad, pero tampoco se ne- cesita hacer un gran esfuerzo de análi- sis para deducir de sus incorrectas fra- ses, que la predicación de Tonapa, se- ñalada y rayada por capítulos en el bordón que le entregó á Aputampu, era XXVI DEDICATORIA. casi casi (poco más ó menos, presque, almost, fastj los mandamientos de la ley de Dios. Por lo demás, ni el fast (ayuno) de Garcilaso se escribe caci- caci, sino caci ó %a%iy, sin duplicación; ni cacicta es acusativo de caci ni de nada que signifique precepto ó manda- miento, sino de ccasi, paz, tranquili- dad, sosiego. Pero no es esto lo peor. Fiado en la autoridad de Markham, un americanis- ta tan noticioso y concienzudo como el señor Bastían, ha confirmado el quid pro quo del bibliógrafo inglés al anotar en su erudito artículo Aus der Ethno- logischen Sammlung des Koniglichen Museums fu Berlin (Zeitschriff für Ethn.—1877), el pasaje donde trata de las varias clases de escrituras ó sistemas de signos representativos que usaron los antiguos pueblos del Perú y Quito. (Curiosa peregrinación de una hu- milde palabreja por idiomas y textos propios y extraños, ora con honores reales, ora semi-divinos! ¡Y cuánto hay de esto y de mucho más grave en las versiones, ilustrado- DEDICATORIA. XX VII nes, notas y comentarios de las obras y documentos castellanos sobre América! Tanto, que el espurgo é incompleta res- tauración de las Memorias antiguas del Perú, representa una mínima parte del trabajo crítico por que necesitan pasar aquellos materiales, si es que han de aprovecharse como es debido. Más que por otra cosa, por no que- brar la costumbre generalmente obser- vada entre editores de libros ajenos, he de poner aquí lo poco que se sabe del licenciado Montesinos, y aun eso poco es del tiempo que estuvo en Indias, y entresacado de sus propios escritos. Pasó al Perú en la misma flota que conducia al virey don Jerónimo Fer- nandez de Cabrera, conde de Chinchón, el cual, después de tocar en Cartagena indiana el dia 19 de junio de 1628, y en Portobello el i5 de julio inmediato, entraba solemnemente en Lima el 14 de enero de 1629. Residió en aquel virei- nato quince años, con casa en Los Re- yes, si bien el cargo de visitador que ejerció dos veces y sus aficiones favori- XXVIII DEDICATORIA. tas, le llevaban con frecuencia de un lado para otro, de Quito hasta Potosí. Mil y quinientas leguas dice que andu- vo, consultando sobre antiguallas, re- gistrando libros de Cabildo, copiando documentos históricos, y haciendo en- sayos metalúrgicos, particularmente en Potosí, donde vivió algún tiempo, asis- tiendo en la parroquia de Santa Bárba- ra. Así acopió los materiales de su Ophir de España ó Memorias antiguas y nuevas del Perú, de su Directorio de beneficiadores de metales y arte de ellos, en cuya tercera parte trató tía descripción de todos los asientos de mi- nas del Perú y sucesos particulares de aquellos tiempos,» y de su obrilla sobre la Conservación del azogue que se pierde sobreaguado entre lamas y re- laves; y así adquirió la reputación de experto y entendido metalurgista, no menos que la de muy versado en la Historia y Geografía antigua y moder- na y en las cosas naturales de aquel Imperio. En varios lugares de su Ophir habla de ensayos de metales que hizo por sí mismo, y en el cap. 16 del libro i.°, DEDICATORIA. XXIX que el año de i638 el virey le consultó acerca del viaje del rio de las Amazonas de Pedro Texeira, habiendo declarado Montesinos algunas cosas que venían en la relación de dicha jornada, á la verdad, repugnantes, y formado unas noticias, derrotero y mapa. Tengo para mí que las investigacio- nes históricas y operaciones metalúrgi- cas no era lo único que entretenía la gran actividad del licenciado osonense. El haber escrito una Historia del Pai- titi, y creído en las riquezas de Cande- rió el Dorado de los Moxos, son prue- bas de que su imaginación se hallaba harto entretenida y preocupada con ellas; pero, en mi concepto, trató ade- más de tocarlas con la mano. Al cap. 7.0 del libro i.° de su Ophir ó Memorias antiguas, dice: «El año de 1637 entró por orden mia mi primo don Francisco Montesinos por Tarama. Sacó de allí seis indios principales que hospedé en mi casa, en Lima; estuvie- ron regalados, estimados y protegidos del virey, arzobispo, Audiencia real, Tribunal del Santo Oficio y de todos XXX DEDICATORIA. los caballeros de la ciudad y lustre; vis- tióles el virey de finas sedas; diéronles otros algunas preciosidades. Volvióles por orden del virey á sus tierras don Francisco, tratándoles con el mayor cuidado que pudo poner tan cuerdo ca- ballero; mas pagáronle todo el favor con la muerte suya, de dos Padres francis- canos y de la compañía que llevaban, sin más motivo que su furor bárba- ro.» (i) Ahora es de saber que Tarama ó Tarma era una de las puertas del fan- tástico Paititi, cuyos umbrales no po- dian traspasarse en la forma que lo hizo (i) Debe referirse á esta misma entrada lo que dice Montesinos en el cap. 19 del citado libro i/>: «Tomé
informe de si el carbunclo es piedra que lleva algún
animal en la frente, de un sargento de Monterey que
entró el año 1637 por Tarama á aquellos gentiles, los
trató bien y hizo vocabulario de sus nombres más or-
dinarios en sus lenguas, y no pudo añadir otra cosa.
Aseguróme, si, que aquellos gentiles bailan todas las
noches alrededor de grandes fuegos que hacen por imi-
tar á sus vecinos de la tierra adentro, si bien destoa los
principales se visten, para bailar, las piernas de piedras
muy resplandecientes y preciosas. ¿Quién creerá que
las dichas luces vagas son otra cosa que moscas, como
se ven en Italia y otras partes?»

DEDICATORIA.

XXXI

don Francisco Montesinos, es decir, en
son de descubrimiento y conquista, sin
convenio ó permiso del virey ó de S. M.;
y cuando el licenciado pudo ordenár-
selo á su primo, es que estaba segura-
mente autorizado para ello. Y no es de
olvidar que por ese tiempo tenían los
tesoros del Paititi levantada de cascos
á la gente novelera y sensata del Perú
(incluso el mismo virey), merced á las
invenciones y supercherías del que fué,
años después, Huallpa Inca en los Cal-
chaquíes, el famoso don Pedro Bohor-
ques Girón.
Si á todo esto se unen las menuden-
cias de haber leido una de las causas en
el auto de fe celebrado en Lima en 1639
y publicado en este año una Relación
acerca de él y antes otros opúsculos de
poca monta, como consta en los preli-
minares de dicha Relación, tendrá Vd.
cabal idea de lo averiguado y conocido
del autor de las Memorias antiguas
historiales del Perú y de sus hechos y
obras. Acerca de las cuales le diré á Vd.
francamente, que la que juzgo más útil,
es la titulada Anales 6 Memorias nue-

XXXII DEDICATORIA.

vas del Perú, en especial si se publi-
can por el manuscrito ológrafo de la
Biblioteca Nacional, donde constan pu-
ramente los datos fidedignos que iba
tapiando ó extractando el autor, orde-
nados por años, sin meterse todavía
en las apreciaciones, comentarios ó re-
flexiones de propia cosecha, en que no
siempre discernía con la cordura y
acierto de un historiador imparcial y
despreocupado.
Y aquí hago punto, porque para
billete nuncupatorio (no me atrevo á
llamarlo epístola), me parece que basta
con lo dicho.
De Vd. afectísimo y consecuente
amigo,
M. JIMÉNEZ DE LA ESPADA.

MEMORIAS ANTIGUAS
HISTORIALES Y POLÍTICAS
DEL PERÚ,
F01IL LICIICIAW
D. FERNANDO MONTESINOS,
NATURAL DE OSUNA.

■t

CAPÍTULO PRIMERO.

Del modo con que al principio se introdujo
el señorío y mando entre los indios
del Pirú.
D ESPUÉS de haber Ophir poblado la
Hamérica, instruyó á sus hijos y
nietos en el temor de Dios y obser-
vancia de la Ley natural. Vivieron en ella
muchos años, comunicándose de padres
á hijos el respeto al Criador de todas las
cosas, por los beneficios recibidos, en es-
pecial por el del Diluvio, de que libró á
sus progenitores. Duraron en este bien
muchos años: y según el cómputo del ma-
nuscrito citado (i), serían quinientos, con-

(i) Por primera vez en el siguiente pasaje del capi-
tulo IV del libro i.° de estas Memorias:
«Ya me es forzoso referir otra noticia de la anti-
güedad de este nombre Pirú, que hallé en un libro ma-
nuscrito. Cómprelo en una almoneda en la ciudad de
Lima y le guardo con estimación y cuidado. Trata del
i

2

MEMORIAS ANTIGUAS

tando los del libro, aunque por la cuenta
de los amautas é historiadores peruanos,
fué al segundo sol después de la Creación
del mundo; que computando el tiempo
por los años comunes, vienen á ser dos
mil años, dado que fuese el último del
segundo sol; y porque no eran cumplidos
estos dos soles cuando sucedió el Diluvio,
porque faltaban para su cumplimiento
trescientos cuarenta años, según nuestra
cuenta más común, viene, en opinión
destos amautas, á ser esta edad ó tiempo

Pirú y de sus Emperadores; y comunicando en Quito
con un sujeto curioso sus materias, me certificó ser el
que lo compuso un hombre verbosísimo de aquella ciu-
dad, muy antiguo en ella y ayudado de las verbales no-
ticias que el Santo Obispo D. Fray Luis López [de
So lis] le daba y del examen que el mismo señor Obispo
de los indios hacía. Este, pues, tratando de la etimolo-
gía del nombre Pirú, dice en el Discurso /, cap. 9,
que los indios usaban en muchos nombres de grandes
metáforas, que por no entenderlos los autores, así por
la antigüedad como por ignorar las derivaciones, no
acertaron en las significaciones propias. En comproba-
ción desto trae algunas curiosidades de que me valgo
en este libro. Sea una de ellas, que uno de los reyes
peruanos que poblaron la ciudad del Cuzco, se llamó
Pirua Pacari Manco, según una de las aclamaciones
con que sus vasallos le invocan, habiendo sido su pro-
pio nombre Topa [Tupac] Aiar Uchú Manco, como se
verá adelante cuando del tratemos.»
Trata de él en efecto en este primero capítulo, hacia
el fin.

DEL PEltf.

3

de los dichos trescientos cuarenta años.
Pero erráronse, porque Ophir, nieto
de Noé, dado caso que cuando pobló la
Hamérica (i) fuese después de trescientos
cuarenta años del Diluvio, los ciento se-
senta restantes fueron los que vivieron
sus hijos y descientes en temor y amor
de Dios y del prójimo, con toda paz, sin
mayorías nv disensiones. Duró ésto poco
en el Pirú, porque sus habitadores, de
que habia ya copioso número, comenza-
ron á tener discordias entre sí sobre las
aguas y pastos. Para la defensa elegían
caudillos los ayllos y.familias, conforme
las ocasiones de guerra y paz que se les
ofrecía; y con el tiempo, algunos hombres
que con fuerza y maña se aventajaban á
los demás, comenzaron á enseñorearse; y
así, poco á poco, fueron prevaleciendo
unos más que otros.
A este tiempo, que según lo que he
podido averiguar sería á los seiscientos
años después del Diluvio, se llenaron todas
estas provincias de moradores; muchos
vinieron por la vía de Chile, otros por los
Andes, otros por la Tierra Firme y Mar

(i) Montesinos escribe siempre América con H,
porque según él es misterioso anagrama deHee María.
la Madre de Cristo, no derivado de Amérigo.

4

MEMORIAS ANTIGUAS

del Sur, con que se poblaron las costas
del desde la isla de Santa Elena y Puerto
Viejo hasta Chile: esto se colije de las
poesías y cantares antiguos de los indios,
y es conforme á lo que dicen graves auto-
res , que á los ciento cincuenta años des-
pués del Diluvio, fueron tantas las gentes
que crecieron y multiplicaron en aquellas
tierras de Armenia, que viendo el Pa-
triarca Noé tanto número de personas,
movido de la urgente necesidad y del pre-
cepto divino que tenían los hombres de
de Dios para henchir el mundo, mandó á
sus hijos y nietos, que con sus familias
fuesen á buscar tierras que poblar; y no
falta quien diga que el mismo Patriarca
Noé fué á mostrar y repartir las tierras,
y que dio vuelta á todo el mundo. Y así
esta vez salieron de Armenia los primeros
pobladores, y otros muchos en otras oca-
siones, unos partiendo por el derrotero
dicho, y otros por mar, como dicen Ce-
dreno y Philon en sus Antigüedades, según
lo cual no será dificultoso creer que Noé ,
estuviese en el Pirú.
Llegaron los primeros cerca del paraje
que hoy es el Cuzco, en tropa y forma
de familia, y según la cuenta de los
amautas eran de cuatro hermanos, llama-
dos Ayar Manco Tupac, Ayar Cachi Tu-

DEL PERÚ.

5

pac, (i) Ayar Auca Tu pac, Ayar Uchú; y
' de cuatro hermanas, cuyos nombres eran:
Mama Cora, Hipa Huacum, Mama Hua-
cum, Pilco Huacum. El hermano mayor
subió á un cerro llamado Huana Cauri, y
desliando la honda de la cabeza, tiró con
ella cuatro piedras, señalando las cuatro
partes del mundo, y diciendo á voces que
con aquella acción tomaba posesión de la
tierra por sí y en nombre de sus hermanos
y mujeres. A los cerros que señaló con las
piedras, á uno llamó Antisuyo, hacia el
Oriente; al de Poniente llamó Contisuyo;
al de Medio [dia] Colla [suyo] (2). Cuando
aclamaban á los reyes decían Tahuantin
suyo CapaCj como si dijeran, Señor de las
cuatro partes del mundo.
Mucho sintieron los tres hermanos ver
tan adelante en el gobierno y superioridad
al primero, presumiendo de lo que había
hecho que quería ser su cabeza; quien
más advirtió el intento del hermano ma-
yor fué el menor, y como hombre vivo y

(j) Chachi, dice en el original, pero tengo en cuenta
que el autor solía usar la Ch con sonido á la italiana, ó
en equivalencia de la c, y supongo que su intención seria
nombrar á Ayar Cachi, como todos los demás escrito-
res que refieren la leyenda de los cuatro hermanos.
(2) Le faltó indicar Chincha suyo, ó el rumbo del
Norte.

6

MEMORIAS ANTIGUAS

caviloso, propuso hacer de modo que,
quedando él solo, nadie le impidiese el
mando; y dejando varias ficciones poéticas
que los indios refieren sobre este caso, lo
más cierto es, que él dio esta traza para
librarse de sus hermanos. Al primero le
dijo que entrase en una cueva y pidiese al
Illa ti ci (i) Huirá Cocha le diese semillas de
su mano y su bendición para la fecundi-
dad dellas; creyólo el hermano, entró en
la cueva, y el menor puso en la boca una
piedra grande y otras pequeñas, con que
la cueva quedó cerrada y el miserable
enterrado. Al hermano segundo le llevó
Tupac Ayar Uchú entre unas altas peñas,
con achaque de buscar al mayor, y dellas
lo despeñó, é hizo creer á las mujeres y al
hermano tercero que el Illatici Huirá Co-
cha lo habia convertido en piedra, para que
en su compañía rogase por la sucesión
de todos; y la piedra que fingió el Tupac
Ayar Uchú, la llevaron después al Cuzco.
£1 hermano que quedaba, concep-
tuando mal destos sucesos, se huyó á
otras provincias, y el Tupac Ayar Uchú les
dijo á sus hermanas cómo se había subido
al cielo, para desde allí tomar á su cargo

(i) Con frecuencia se escribe este nombre en el ori-
ginal Itatici.

DEL FfiRÓ.

7

todos los montes, llanos, fuentes y ríos,
para defenderlos de las heladas, rayos,
relámpagos y nublados, y ser patrón y
abogado del gobierno que habia de tener
de todo el mundo, como hijo del sol, y
que le habia puesto Pirua Pacari Manco,
porque habia de ser como Dios de la
tierra.
Viéndose ya Tupac Ayar Uchú, comun-
mente llamado Pirua Pacari Manco, libre
desús hermanos, caminó hasta el lugar
donde hoy es el Cuzco con sus hermanas
y mujeres, á las cuales dio á entender el
favor grande que habian de tener en sus
tres hermanos, y que así habia de edificar
una ciudad y ser señor de los vivientes,
y que para entablar en ellos verdadero
respeto, se le tuviesen ellas muy grande
y hablasen con toda humildad, como hijo
único del sol. Pareció bien el lugar á la
hermana mayor, y di jóle á su hermano
que edificase allí la ciudad diciendo: «en
esos cu feos», como si dijera, «en ese sitio
donde están esas piedras que parecen
amontonamientos»; y de aquí dicen algu-
nos que se llamó aquella primera ciudad
Cuzco; y otros dicen que el sitio donde se
fundó estaba cercado de cerros, y tenía
algunos peñoles que fué necesario alla-
narlo con tierra, y este término de alia- 1

8 MEMORIAS ANTIGUAS

nar se dice por este verbo cozcoani, cozco-
ckanqui ó chanssi (0, y que de aquí se
llamó Cuzco.
El Pirua juntó á los de su familia,
que eran muchos y le servían como cria-
dos ó vasallos, con el ejemplo que les daba
la hermana, que lo hacía con todo gusto,
por tener en ella los hijos que más
quería el Pirua. Juntos, pues, mandó-
les amontonar piedras y allanar el sitio
referido con mucha tierra, donde fundó
muchas casillas en que vivían á modo de
ciudadanos. Tenían éstos entre sí, sobre
las sementeras y ganados y sobre el agua,
algunas rencillas, y con cada una parecían
los litigantes ante él, y hacía que su hijo
primogénito, á quien él quería más que á
los otros, los compusiese, diciendo que
así lo mandaba el Illatici Huirá Cocha. Era
tanto el respeto que tenían al padre y al
hijo, que sus palabras y mandatos eran
obedecidos como leyes inviolables y sin
que ninguno osase á replicar á ellas. De
ordinario estaba el Pirua retirado en su
casa, respetado por el hijo del sol, no solo

(i) Así en el orignal. Los verbos á que Montesinos
se refiere son: cu¡cachani, allanar, emparejar lo des-
igual; y cu^quini, arrancar terrones, romper la tierra
nueva, roturar.

DEL PERÚ.

9

ya de las cuatro familias suyas, sino de los
comarcanos, que á la traza suya se habian
reducido á poblaciones de chozuelas á los
alrededores del Cuzco.
Dicen los indios que este Pirua Manco
se convirtió en piedra como ios demás
hermanos, y que su hijo Manco Capac y
los demás le depositaron con ellos hasta
hacerles templos; pero la verdad, sacada
en limpio, es que Pirua Manco fué el pri-
mero que reinó en el Cuzco, y no era
idólatra, sino que adoraba al Dios del Pa-
triarca Noé y de sus descendientes, ni
hubo otro Dios sino el Criador del mundo,
llamándole Illatici Huirá Cocha. Vino este
príncipe al Cuzco..., (i) y habiendo vivido
muchos años después del Diluvio, reinó
más de sesenta, y murió de ciento y más
años comunes, y dejó por heredero y suce-
sor á Manco Capac.

(i) Falta sin dada designar el año ó época en que
vino.

10

MEMORIAS ANTIGUAS

CAPÍTULO II.
De cómo las familias del Cuzco levan-
taron por Señor á Manco Capac, y
de una embajada que le inviaron
otros Señores.
Luego que murió el Pirua Manco, las
cuatro familias que le reconocían por
hijo del sol y á su hijo Manco Capac que
les dejó mandado obedeciesen por tal y
Señor suyo, le levantaron por príncipe y
Señor de todos los comarcanos con gran-
des aclamaciones y ñestas y bailes y ban-
quetes. Los Señores que vivían alrededor
del Cuzco tomaron cuidado desto, y con
desvelo trataban del principio y origen de
Manco Capac y de su padre, sospechando
que siendo hijo del sol, producto de la
tierra, sin padre humano, podría causar
algunas novedades, mayormente con lo
que divulgaban sus familias y vasallos de
que el Illatici hablaba en abono suyo,
aprobando sus acciones, y ellas le aclama-
ban por hijo del sol y criatura más que
humana; con que ya esta opinión era váli-
da en toda la comarca. Sospechando,
pues, que con esto se les podría desvane-

DEL PKttf.

II

cer su mando y señorío, sí no se prevenía
á los principios, juntaron estos Señores á
los viejos y más prudentes, y consultaron
entre sí la dificultad que tendría si el hijo
del sol intentara algunas novedades pre-
tendiendo hacerse de mayor autoridad, re-
solviéndose con el mayor acuerdo de que
los a riólos, aurispicios y hechiceros (que
los habia de todas suertes), convocasen al
Fuego, que era la primera deidad que te-
nían, en primer lugar, y á la Madre Tierra,
y que le pidiesen respuesta del intento
que tenían. Para esto se previnieron con
muchos ayunos y sacrificios de ovejas y
corderos, que consumieron en la deidad
del Fuego al pié del ídolo de piedra que le
representaba, y fuéles respondido por él
estas palabras: «Pirua Manco y Manco Ca-
pac, reyes del Cuzco y sus descendientes,
prevalecerán contra la adversa fortuna,
y se le sujetarán los habitadores de toda
esta tierra, porque son hijos del sol, en
cuya virtud tienen la dicha felicidad, y yo
he visto á este primer Señor medir á pasos
toda la tierra, y así, sin falta, sus descen-
dientes serán favorecidos de la dichosa
fortuna, sin que dellos se aparte jamás,
porque tendrán á la adversa fortuna pos-
trada á sus pies.»
Mucho les estorbó á los Señores esta

12 MEMORIAS ANTIGUAS

respuesta, y trataron por algunos días
entre ellos diversas cosas: unos decian que
antes que Manco Capac tuviese más fuer-
zas y pláticas de guerra, se la hiciesen
con todo cuidado, á fuego y sangre, hasta
destruirle y echarle del Cuzco, ó por lo
menos de sus contornos, ó ponerle en su-
jeción y vasallaje; otros decian que era
mejor confederarse con él por vía de
amistad y parentesco, por ser este vínculo
inviolable entre gente ilustre como era
Manco y ellos, y que esto era lo más con-
veniente según el oráculo. Esta últi-
ma resolución fué aprobada de todos, y
en confirmación hicieron grandes sacrifi-
cios, y entre ellos de un cordero grande,
ofreciéndole á sus ídolos, para que por las
entrañas deste cordero se conociese su vo-
luntad, en pronóstico de bueno ó mal su-
ceso de lo que habían elegido. Después del
sacrificio abrieron el cordero, y en sus
entrañas hallaron pronóstico de buen su-
ceso; con ésto, inviaron estos Señores
embajadores de los más advertidos de sus
vasallos, con ricos dones y preseas de va-
jillas de oro y plata y muchos vestidos de
lana finísima á Manco Capac, ofreciéndole
paz y perpetua amistad, y que en confir-
mación della, pretendían vincularla ofre-
ciéndole en casamiento una hija de el

DEL PERÚ.

*3

más principal de los Señores que allí habia.
Estaba el gran Manco Capac en el
Cuzco cuando llegaron los embajadores,
y postrados por el suelo, con palabras blan-
das y humildes, le propusieron su emba-
jada. El rey los recibió con rostro amoro-
so, y les dio audiencia; y hécholes algunas
preguntas, y satisfecho de algunas cosas
que deseaba saber, les dijo que se habia
holgado que hubiesen venido á su casa y
corte, y mandó á sus vasallos les diesen
posada muy principal, dándoles á enten-
der que en breve los despacharía. Estuvie-
ron muy regalados en la corte del rey
Manco muchos días, y habiendo precedi-
do muchos sacrificios en ellos, el gran
Manco Capac, con acuerdo de los ancia-
nos y de su consejo, hizo parecer ante sí
á los embajadores, y estando sentado en
su tiaña real, públicamente, con rostro
alegre, dijo así á los embajadores: «Elllla-
tici Huirá Cocha, y el sol, mi padre, en
sus ocultos juicios, tienen determinado mi
sucesión y los discursos venturosos por
donde han de caminar los de mi linaje, á
cuya causa, me es fuerza abrazar lo que
ellos tienen ordenado y determinado, y
haciendo lo contrario será cortar el hilo
á mis venturosos hados; y así, determino,
con el parecer de los míos, hacer lo que

14 MEMORIAS ANTIGUAS

me habéis pedido, recibiendo á vuestros
Señores por amigos y hermanos, aceptan-
do sus hijas en prendas de su voluntad y
de la mia.» Los embajadores, viendo tan
deseada respuesta, se postraron por el
suelo, y estuvieron así gran rato, confir-
mando con aquel silencio y humildad el
consentimiento de tan crecida merced.
Los del rey Manco levantaron á los em-
bajadores, y dende aquel punto les die-
ron mejores y más eminentes puestos y
asientos, y los festejaron por muchos dias,
presentándoles ricos vestidos, hechos de
varios colores, joyas y preseas de oro y
plata. El rey, pareciéndole tiempo, les
despachó, enviando con* ellos otros em-
bajadores que propusiesen la embajada á
los Señores y dijesen la aceptación de
Manco, su Señor, prometiéndoles, de su
parte, perpetua amistad y parentesco con
el vínculo del matrimonio de sus hijas, á
los cuales los embajadores de Manco Ca-
pac presentaron las preseas que traían,
haciéndoles muy grandes reverencias.
Los Señores dieron orden cómo llevar
á sus hijas para efectuar lo que tanto de-
seaban, y con parecer de todos, juntaron
todos sus vasallos, y en forma de un bien
ordenado ejército, hicieron algunas rese-
ñas para entrar por el Cuzco con toda

DBL PEB&

autoridad, y dar á entender á los habita-
dores de ella su poderío y fuerzas, con
ánimo también, que si el rey Manco in-
tentase alguna novedad, se hallasen aper-
cibidos para la resistencia. De todo tuvo
aviso Manco Capac por ocultas espías que
por todas partes tenia, y así, sabiendo la
¡unta de aquellos Señores, dio orden á
sus capitanes, que con todo el recato es-
tuviesen prevenidos, por si fuese necesario
guerrear á los que les irritasen. Para ésto
se fortificaron algunos lugares altos, den-
tro y fuera de la ciudad del Cuzco, po-
niendo presidios y guarnición de los hom-
bres más animosos. Con estos recelos y
cuidados se estuvieron los unos y los otros
previniendo; y lo esencial era para las
fiestas y regocijos del nuevo casamiento,
que perturbó, estando ya á punto de ha-
cerse, un caso extraño, que sobrevino de
repente.

l6 MEMORIAS ANTICUAS

CAPÍTULO III.
De un caso raro que sucedió en el Curco,
estando el rey Manco Capac y los
Señores del contorno apercibién-
. dose para las fiestas del
casamiento.
Ya se dijo arriba cómo por estos tiem-
pos eran infinitas las gentes que salían de
Armenia á poblar el mundo, suceso que
sirve para la claridad del siguiente y otros
semejantes, porque del origen destas
gentes y aun de las extrañas fin jen los
poetas indios notables poesías, á la traza
de los griegos y latinos; pero siendo de
fe que estos hombres proceden de Adán
y no fueron criados de por sí en esta tier-
ra, como dicen las poesías antiguas, hemos
de decir que los que vinieron á ellas fué
de Armenia y buscando tierras en que
vivir, como de otros se pudieran traer
muchos ejemplos, si no fuera por la bre-
vedad que sigo.
Los sucesos, pues, destas familias que
salieron de Armenia en diversas veces, ora
sean de los habitadores de Chile ó del
Tucuman, ó que viniesen de nuevo, es

T

DEL mf. ¿7
cierto que les movió el llegar al Pirú el
buscar tierras donde vivir. Estando, pues,
el rey del Cuzco y los Señores, sus suegros,
apercibiéndose para el casamiento, llega-
ron grandes tropas de gentes sin orden de
guerra ni de campo formado, y se pusie-
ron sobre la ciudad del Cuzco. La vista
de tanta gente puso en gran turbación al
Manco Capac y á sus suegros y á los que
con ellos estaban, y lo que más le admi-
raba era que por los Andes, y de hacia
la provincia de los Collas, que entonces
habia en ella poca gente, saliese tanto
número della. Manco mostró en esta oca-
sión su generoso y valiente corazón; dis-
puso su gente con buen orden, y la re-
partió en puestos fuertes y preeminentes,
dándoles órdenes á los capitanes cuáles
habían de acometer primero y cuáles en
segundo y tercero lugar, dejando á otros
para acudir á la mayor necesidad. Admi-
rados quedaron los Señores de ver al rey
tan animoso y diligente, y siempre le
acompañaron á todas las facciones. Mucho
más admiración causó en las tropas de
gentes de ver aquellas prevenciones, y
habiendo entendido el intento, los más
principales dellos fueron á donde estaba
el rey, y le dijeron que ellos no venían
á hacer guerra ni mal alguno, sino sola-

l8 MRIIORJAS ANTIGUAS

mente á buscar tierras buenas á donde
vivir y sembrar y criar ganados; y los cor-
redores y espías que Manco Capac habia
enviado, dijeron lo mismo; con que se
enteró de lo cierto, y les señaló hacia el
Norte lugares, y hacia el Mediodía, y así
se esparcieron aquellas gentes por diversas
partes, sin hacer daño en persona alguna,
aunque con la hambre que traían destru-
yeros las sementeras y llevaron las ovejas
que hallaron; y tardaron en pasar seis ó
siete días.
Prendieron los del Cuzco á muchos
destos, y otros se quedaron de su volun-
tad á servir al Manco Capac; especialmente
se aficionaron al rey algunos obreros que
venían entre estas gentes; eran hombres
muy altos y de fornidos miembros. Otros
se ofrecieron al rey para labrarle las tier-
ras y campos, y son los atutnrunas, que
hasta hoy tienen en el Pirú nombre de
gente común y humilde y que su empleo
es solo en labranza (i); los demás pasaron
adelante y se fueron quedando en Poma-
cocha, Quínoa y Huáitara, los Llanos y

(j) Más razonable me parece la común opinión de los
escritores de antigüedades peruanas, que dan á la pala-
bra hatun-runa el significado de hombres grandes, he-
chos, de edad á prepósito páralos trabajos y ocupacio-
nes del campo y oficios del sexo varonil.

DSL PB1Ú.

19

Chachapoyas, y muchos dellos, no se sabe
con qué fin, hicieron canoas y se embar-
caron por el rio de Apurima, llamado Ma-
rañon , como afirman los amautas, para
irse por el rio abajo en sus balsas.
Por tradición antiquísima dicen los
indios del distrito de la Audiencia de
Quito, que por la banda del Mediodía ó
Sur, y por la del Septentrión, vinieron
diversas veces grandes tropas de gentes,
así por tierra como por mar, y poblaron
las costas del mar Océano, y entraron
por la tierra firme adentro; con que se
llenaron estos esparcidos reinos que lla-
mamos Pirú; el cómo dije en el capí-
tulo C (1) del Libro primero.
Con la novedad y alboroto de la venida
de tantas gentes bárbaras al Cuzco, los
Señores que habían venido á las fiestas se
retiraron á sus provincias, y en ellas re-

(1) Equivocadamente por 6.°, cuyo título es: De ios
primeros pobladores de Pirú y de sus progresos.
Allí dice Montesinos sobre el particular:
«Bienconsideradas las cosas del Pirú, consultadas
con indios antiguos y personas prácticas en provincias
y lenguas, y habiéndome asimismo valido de papeles
de todo crédito, é inspecciona dolo todo con atención
cariosa; hablando con la modestia que debo en materia
que laSanctaEscriptura ocultó, y hasta nuestro siglo por
tan largo tiempo estuvo desconocida; digo, que el Pirú
y lo demás de la Hamérica, lo poblaron Ophir, nieto de

20

MMOIIAS AHTMUAJ

cogieron muchos de los advenedizos, dán-
doles tierras. Pasóse en esto mucho tiem-
po, y en él murieron estos Señores, y el
gran Manco Capac, sin haber dado reso-
lución á lo prometido de su casamiento,
murió de cincuenta años, á los treinta de
su reinado, con mucho sentimiento de
sus vasallos. Sucedióle su hijo y heredero
Huanacaui Pirua, primero deste nombre
y tercero rey peruano; el cuál ordenó
ciertas confecciones para preservar de
corrupción el cuerpo de su padre, ya di-
funto, dedicándole templo particular,
como en depósito, hasta hacer el templo
suntuoso del sol que éste comenzó y des-
pués acabaron sus sucesores en la plaza
de Coricancha, por oráculo particular que
para ello tuvieron.

Noé, y sus descendientes. Estos vinieron desde el
Oriente haciendo sus poblaciones hasta el Pirú, última
tierra del mundo respecto del viaje que traían. Aquí,
viendo sus riquezas de oro, plata, piedras preciosísimas,
perlas, maderas, animales y aves hermosas que habia,
atendiendo á la memoria de su padre Ophir, le dieron su
nombre y fundaron sus mayores ciudades. Los sucesos
de los tiempos llevaron después allá otras varias gentes;
tiros, fenices, y otras diversas naciones que estos lleva-
ban en sus armadas, poblaron casi del todo aquellas
extendidas provincias.»

DBL ?nti.

21

CAPÍTULO IV.
Cómo por las muertes de Manco Capac
y de los Señores comarcanos sucedieron
grandes guerras entre sus sucesores, y
del fin dellas por suceso particular.
Luego que tornó el gobierno Huanacaui
Pirua, procuró dar asiento en todo su esta-
do, confederándose con sus vecinos y pro-
curadores que solicitaban la paz y amistad.
Los sucesores de aquellos Señores, con la
dilación de tantos años, se habian olvi-
dado de lo que sus padres habian tratado
con Manco Capac, así por la ambición
que tenían á los prósperos sucesos de su
hij,o, como por que se interpusieron malos
terceros} con que poco á poco fué preva-
leciendo la pasión, y della guerras muy
reñidas, en cuyo discurso tuvo diversos
sucesos.
-Sucedió, pues, que en una alborada
que dieron á los hijos del sol (así llama?
ban á los del Cuzco), prendieron, entre
otros muchos prisioneros, un niño peque-
ño* hijo de Huanacaui Pirua; lleváronlo
con gran triunfo con su ama y tuviéronle
algunos diás á buen recaudo. Deseaban
en él ejecutar la muerte, y detuviéronse

22

MEMORIAS ANTIGUAS

por causa de obligar coa ella y su sacri-
ficio á todo el ejército, ocasionándole,
con este espectáculo, tener prenda me-
tida para no tener jamás amistad con
los hijos del sol. Estando, pues, todos
juntos, mandaron sacar á esté niño (ño
habia cesado de llorar desde su prisión
de día ni de noche) desnudito, para ser
sacrificado. Puesto en el lugar de el holo-
causto, comenzó á llorar lágrimas de san-
gre, que puso admiración á todos, causa
de que no le sacrificaran, antes con mucha
veneración le volvieron á su ama; y con-
sultado este caso con los ariolos y astrólo-
gos, reparando en este prodigio jamás oido
ni visto, respondieron que convenia resti-
tuir el prodigioso niño á sus padres, por-
que desto se les seguiria paz con ellos, y
de lo contrario serían perseguidos de la
adversa fortuna, teniendo al sol por con-
trario. Con esta amenaza trataron de
volver el niño á su padre: enviáronselo
con muchos dones, pidiéndole á Huana-
caui que los tuviese de allí adelante por
amigos. Recibió el rey del Cuzco este
mensaje con todo gusto, y en prendas de
las paces que le pedían, mandó hacer
grandes fiestas y regocijos, grandes ban-
quetes y danzas, á que asistió el capitán
general de los Señores comarcanos. Y al-

DEL PERÚ.

*3

gunos de estos tenían ya entre sí muchas
discordias, que el mando sufre mal las
mayorías, y el rey (i) se ponía como
arbitro á componerlos, quedándoles los
unos y los otros muy obligados, sirvién-
dole de allí adelante con toda fidelidad.
Quedó esto más fortalecido, porque
Huanacaui casó con una hija del Señor
de un pueblo llamado Hillaca, en el valle
de Yucay; llamábase esta señora Mama
Micay, de la cual tuvo muchos hijos.
Ya por este tiempo, el primer hijo de
Huanacaui, llamado Sinchi Cosque, era
mozo de buena edad y hermosa disposi-
ción, y era querido y amado de todos los
subditos de su padre. Dicen los amautas
que sabían las cosas de estos tiempos por
tradiciones de los antiquísimos, comuni-
cadas de mano en mano, que cuando este
príncipe reinaba, habia letras y hombres
doctos en ellas, que llaman amautas, y
estos enseñaban á leer y escribir; la prin-
cipal ciencia era la astrología; á lo que
he podido alcanzar, escribían en hojas de
plátanos; secábanlas y luego escribían en
ellas, de donde vino á Juan Coctovito en
su Itinerario Hierosolimitano y Siriano
(lib. I, cap. 14, fol. 92), que los antiguos

(1) el rey Manco, dice equivocadamente el original.

24 MBM01M8 ANTIGUAS

escribían en estas hojas, y que las líneas
de que hoy se usa en los pergaminos
en Italia, se debió de tomar de aquí. Y
en Chile, cuando á D. Alonso de Arcila
le faltó papel para su Araucana, un indio
le suplió la necesidad con hojas de plá-
tano, y en ellas escribió muy grandes pe-
dazos, como dice el padre Acosta. Tam-
bién escribían en piedras: hallóse un
español en los edificios de Quínoa, tres
leguas de Guamanga, una piedra con
ufaos caracteres que no hubo persona que
los entendiese; y pensando que allí estaba
la memoria de la guaca escrita, guardó
la piedra para mejor entendida. Estas
letras se perdieron á los peruanos por un
suceso que acaeció en tiempo de Pacha-
cuti sexto, como veremos en su lugar.
Llegó Huanacaui á la edad decrepita,.
y llegándose la hora de su muerte, llamó
á todos sus hijos é hijas, y con llanto de
todos se despidió, dejándoles encargado
que obedeciesen por su rey y Señor á su
hermano mayor Sinchi Cozque. Murió
Huanacaui de noventa años, habiendo
reinado los cincuenta, y hízole especial
entierro su hijo Sinchi Cozque, depositán-
dolo en su templo particular hasta que se
hiciese el del sol, que ya trataba de co-
menzar, junto con los edificios suntuosos

DEL MIÓ. 25
dé la ciudad del Cuzco. Estorbóle la obra
la envidia que se apoderó de los Señores
comárcanos, los cuales, viéndole mozo y
que no era hijo de Mama Micay, su deuda,
mujer de Huanacaui, su padre, menos-
preciando el consejo de los viejos, trata-
ron de hacerle guerra. Entraron con ma-
no armada hasta el Cuzco; el rey les
salió á recibir con todo ánimo; sus ene-
migos blasonaban que lo habian de hacer
tributario y quitarle el señorío; el rey
confiaba mucho en su justicia más que
en sus fuerzas, porque la prisa, ni le dio
lugar para juntarlos ni para disponerlos
á uso militar, y dio batalla á sus ene-
migos, que fué muy sangrienta, junto á
un pueblo llamado Muhina, cerca de una
laguna, hasta donde el enemigo se habia
retirado. Rindiólo, y matando á muchos,
reservó con vida á los principales, y des-
pués, en pago de sus demasías, les quitó
no sólo los señoríos, pero las vidas. Con
este hecho tan valeroso, aumentó Sinchi
Cozque su reino y opinión, y se hizo muy
temido de todos sus comarcanos.
Volvió al Cuzco muy triunfante y
trató luego de fundarlo. Mandó hacer las
casas de piedra, que se sacaba del mismo
sitio, llenando el vacío de tierra y piedras
menudas; también traían las piedas gran-

26

MINORÍAS ANTIGUAS

des de otras partes que no se ha podido
averiguar de dónde; labrábanlas con picos
y hachas de piedras de ríos, afilándolas
como si fueran de acero; unos oficiales
acudían á labrar los instrumentos, otros
las piedras, otros los edificios. Para subir
las piedras no tenían grúas, pero usaban
de esta traza: terraplenaban á media cor-
riente la pared hasta la última hilera de
piedras, y á fuerza de gente llevaban otra
hilera, volcando la piedra, por grande
que fuese, y la ajustaban con la de la
pared muy despacio y á nivel. Y por esto
dicen que se llamó esta ciudad del Cuzco,
tomando nombre del rey que la empezó.
Vivió Sinchi Cozque más de cien años,
reinando más de los sesenta; dicen que
fué muy sabio y que enseñó á labrar las
tierras con los arados que hasta hoy usan,
llamados tacllas (i). Y en este tiempo di-
cen que se cumplieron mil años después
de el Diluvio, y por esta razón le llama-
ron Pachacutí, y fué el primero que usó
de este nombre. Tuvo este rey muchos
hijos, por haberse servido de muchas mu-
jeres; y estando muy decrépito, sucedió
un alboroto en el Cuzco, que le puso en
confusión.

de su mismo
nombre; y luego llamaron al mes de junio
CitocRaymiy como si dijéramos, solsticio
mayor y menor (1).
Porque á imitación del rey Huarma
Huirá Cocha, primero deste nombre, cada
nación nombraba á sus dioses é ídolos
Huirá Cocha, y aun algunos Señores prin-
cipales, con algún atrevimiento, nombra-
ban á sus hijos con este nombre, mandó
que sólo el gran dios antiguo, en quien
sus antecesores adoraban, se nombrase de
hoy. adelante Illatici Huirá Cocha, y esto
se observó hasta que entró el Santo Evan-
gelio. También mandó que ninguno lla-
mase á su hijo Huirá Cocha, lo cual,
aunque se guardó, algunos tiempos des-
pués se quebrantó también. Permitió que
(1) Especies ambas aventuradas, y en noestro con-
cepto poco exactas, que dejamos á la responsabilidad
de Montesinos. El citoc parece el cittuc ó acitua de
otros autores, que significa brillante, resplandeciente.

7*

MBM0MA8 ANTIGUAS

los labradores contasen el año por lunas,
y armó y dio señales á los nobles para
que se diferenciasen de la gente común.
Murió con mucho sentimiento de sus
vasallos, habiendo vivido muchos años,
que no se sabe cuántos fueron. Dejó por
su heredero á Illa Tupac, el cual murió
á los treinta años de su edad y reinó
solo tres. Dejó por su heredero á Tupac
Amauta (i), segundo deste nombre; murió
de treinta años: dejó por su heredero y su-
cesor á Huanacauri, segundo deste nom-
bre, y murió á los cuatro años de su rei-
nado. Sucedióle Toca Corea Apu Capac,
que fué cuadragésimo rey peruano. Fué
éste muy sabio y gran astrólogo; halló los
equinoccios, que los indios llaman illa-
"ti (2), y por su causa llaman al mes de
mayo Quilla Toca Corea; como si dijéra-
mos, equinoccio vernal; y al de setiem-
bre Camay Tupac Corea, que es equi-
noccio autumnal. Asimismo partió el año
común en cuatro partes y tiempos, con-
forme á los cuatro puntos de los solsti-
cios y equinoccios.
Fundó en el Cuzco una célebre Uni-
versidad entre ellos, respeto de su poca
(1) Quizás Amaru.
(2) De illarini, resplandecer. (?) En el original
iglales.

DHL VKñti.

73

policía; y en su tiempo, según dicen los
indios, habia letras y caracteres en per-
gamino y hojas de árboles, hasta que todo
se perdió de ahí á cuatrocientos años,
como veremos luego. Reinó cuarenta y
cinco años, con mucha satisfacción de
todos, y así sintieron su muerte y la llo-
raron por treinta dias. Sucedióle su hijo
Huampar Sairi Tupac; no se cuenta del
cosa memorable; reinó treinta y dos años,
y dejó por sucesor y heredero á Hinac
Huilla Amauta Pachacuti, que fué el
cuadragésimosegundo rey peruano.
A los cinco años de este rey Hinac y
su reinado, se cumplieron dos mil qui-
nientos años desde el Diluvio, y por esto
llamaron á este rey Pachacuti. Reinó
treinta y cinco años, y murió dejando
por su heredero y sucesor á Capac Yu-
panqui Amauta; reinó treinta y cinco
años; dejó por su heredero á Huampar
Sairi Tupac; no se dice del cosa alguna.
Dejó por su heredero á Cayo Manco
Auqui, segundo deste nombre, que reinó
trece años, y murió muy viejo; dejó por
su heredero á Hinac Huilla, primero deste
nombre (i), el cual reinó treinta años y

(i) Poco antes, sin embargo, nombra á un Hinac
Huilla Amauta Pachacuti.

74 MiMOIIAS ANTICUAS

dejó por su heredero á Inti Capac Amau-
ta, que reinó más de treinta años y dejó
por heredero á Ayar Manco Capac, se-
gundo deste nombre.
En tiempo deste rey hubo grandes al-
borotos en los Andes, donde fué como
componedor, y con su prudencia, no sólo
los hizo amigos pero tributarios á su se-
ñorío. Sucedióle Yahuar Húquíz, primero
deste nombre; reinó treinta años á toda
satisfacción de sus vasallos; fué gran as-
trólogo y dio. la buena traza de cómo se
habian de contar los dias intercalares ó
bisiestos cada cuatro años. Mandó que
para la buena cuenta de los tiempos ve-
nideros, en cada cuatrocientos años se
intercalase un año ó se excusase para los
bisiestos, porque según los amautas y as-
trólogos, con quienes tuvo grandes jun-
tas, averiguó el rey que desta manera
venian las cuentas de los años al justó;
y los viejos, en memoria deste rey y su-
ceso, llamaron al bisiesto htíquiz, que
antes se llamaba allca allia (i); y también
en memoria deste rey llamaron al mes de
mayo Yahuar Húquiz. Murió muy viejo y
dejó por sucesor y heredero á Capac Titu
Yupanqui, quincuagésimo rey peruano.

(i) AllcacanquU los llama al fin del capitulo XL

DEL PEltf.

75

En tiempo deste hubo en el Cuzco y
todo el reino gran peste de viruelas y
murió con ellas, habiendo reinado vein-
titrés años y teniendo más de ciento de
edad. Sucedióle Tupac Curi Amauta, se-
gundo deste nombre. Este príncipe dio
orden de que los equinoccios y solsticios
se celebrasen con grandes fiestas y rego-
cijos, representándose en ellas los cursos
del sol. Reinó treinta y nueve años, cum-
pliendo más de ochenta de edad, y no sé
cuentan otras cosas memorables deste rey.

CAPÍTULO XIII.
De los sucesos y sucesiones de algunos
reyes del Pirú.
Dejó Tupac Curi por sucesor á Tupac
Curi Amauta, su hijo (i); fué sapientísimo;
gobernó cuarenta años; dejó muchos hijos,
y por heredero á Huillcanota Amauta.
En tiempo deste rey vinieron muchas tro-
pas de gentes por el Tucuman, y sus go-

(i) ¿Sería la intención de Montesinos decir: Dejó
Tupac Curi Amauta por sucesor á Tupac Curi, su
hijo?

7*

MIM0BI48 ANTIGUAS

bernadores se vinieron retirando al Cuzco.
Hizo junta de sus gentes y puso á punto
un grueso ejército; envió espías á saber el
modo que los enemigos traían; supo que
venían dos ejércitos y la gente divisa;
hizo alto con su gente en una sierra alta
y llena de nieve que está del Cuzco veinte
leguas, llamada Huillcanota; esperó allí
fortificado á los enemigos; dio la batalla
á los del primer ejército, que venció fácil-
mente por venir divididos. Los del segun-
do, sabiendo la nueva, vinieron muy sin
orden al socorro, y también lo fueron.
Entró el rey en el Cuzco triunfante, lle-
vando delante los vencidos maneatados
y desnudos. Deste suceso llamaron á este
rey los antiguos Huillcanota.
También por este tiempo vinieron por
los Andes mucho número de gentes y se
rindieron con partido de que se les diese
tierras para sembrar, y dijeron que ellos
no venían á guerrear, si no es huyendo de
unos hombres muy altos de cuerpo que
los habian echado de sus tierras; por cuya
causa habian venido á buscar adonde vi-
vir. Dieron noticia que habiendo pasado
los llanos donde habitaban, tierra muy
regalada y rica, habian pasado, para venir
allí, por muy grandes pantanos y arbole-
das espesas, llenas de fieros animales, y

DIL tlltf.

77

que sin saber dónde iban, habian llegado
á aquellas partes.
Después de haber apaciguado el reino
y vivido más de noventa años y reinado
los sesenta, dejó muchos hijos, y muerto,
dejó por heredero á Tupac Yupanqui, se-
gundo deste nombre y el quincuagésimo-
cuarto rey peruano. Fué muy sabio; tuvo
muy granjeadas las voluntades de todos
los vecinos y comarcanos, y le enviaban
dones y preseas, y él se las correspondía.
Ocupó los muchos hijos que tuvo en los
gobiernos; dióles consejeros, parientes
suyos, viejos y experimentados. Murió de
noventa años; reinó los cuarenta y tres.
Sucedióle Illa Tupac Capac, que reinó
cuatro años y dejó por su heredero á Titu
Raymi Cozque. Reinó treinta y un años;
dejó por su heredero á Huqui Nina Auqui.
Reinó cuarenta y tres años; sucedióle
Manco Capac, tercero deste nombre ó
cuarto deste nombre (asi).
Dicen los amautas, que al segundo año
del reinado de Manco Capac se cumplió
el cuarto sol de la Creación, que son
cuatro mil años, poco menos, y dos mil
novecientos y tantos después del Diluvio
general, y contando año por año, viene á
ser el primero del nacimiento de Cristo,
Señor nuestro. Tuvo este rey Manco por

78 MBM01IA8 AHTIGUAS

este tiempo la mayor potencia que tuvo
el reino peruano jamás antes de aquel
tiempo. Según la cuenta destos peruanos,
faltaban cuarenta y tres años para el en-
tero cumplimiento de los cuatro soles, y
viene, no sin admiración, con la cuenta
de los Setenta intérpretes y con la que
sigue la Iglesia Romana, que dice que
nació el Verbo Divino de las entrañas de
la Virgen á los dos mil novecientos cin-
cuenta años después del Diluvio. Reinó
Manco veintitrés años con los dos referi-
dos , habiendo vivido muchos. Dejó por
su heredero á Cayo Manco Capac, cuarto
deste nombre. Reinó veinte años. Suce-
dióle su hijo Sinchi Ayar Manco, que
murió habiendo reinado siete años. Su-
cedióle Huaman Tacco Amauta, que fué
el sexagésimoprimero rey peruano. En
tiempo deste rey se vieron muchos come-
tas y otras señales prodigiosas, grandes
temblores de tierra, que duraron mu-
chos meses; fueron tan notables, que los
habitadores andaban confusos, é hicieron
grandes sacrificios al Illatici Huirá Cocha
y á la madre Tierra, que llamaban Pa-
chamama, pidiéndoles que tantas seña-
les y tan prodigiosas se convirtiesen en
bien. Reinó este príncipe solo cinco años;
dejó por su heredero y sucesor á Titu

\

DEL PERÚ.

79

Yupanqui Pachacuti, que es el sexto deste
nombre y el sexagésimosegundo rey pe-
ruano. Llamáronle Pachacuti porque se
cumplieron en su tiempo tres mil años
desde el Diluvio, y con ellos el cuarto sol
de la Creación del mundo, que son cuatro
mil años. Y porque en su tiempo vinieron
grandes ejércitos de gentes ferocísimas,
así por los Andes como por el Brasil y
por hacia Tierra Firme, hicieron grandes
guerras, y con ellas se perdieron las letras.
que hasta este tiempo duraran.
CAPÍTULO XIV.
De la turbación que causó en el Cuzco la
entrada de gentes extrañas en el Pirú,
á cuya causa se perdieron las letras.
Era tan grande la turbación que por
estos tiempos tuvieron los habitadores del
Cuzco y todas las provincias del reino,.
así por las señales prodigiosas que cada
dia parecían en el cielo con tanta varie-
dad de cometas y continuo temblor de
la tierra y destrucción de los edificios,
como por la multitud de gentes que por
todas partes venia publicando la destruc-
ción y expulsión de los habitadores del

80 MEM0HA8 ANTIGUAS

reino, que el rey Titu Yupanqui Pacha-
cuti , lleno de congojas y melancolías, no
atendía sino á hacer sacrificios á los dio-
ses. Aumentábasele la tristeza, porque
los ariolos, tarpuntaes, alcahuizas y otros
hechiceros y sacerdotes, le dijeron que
en las entrañas de los animales habia muy
malos pronósticos y malos sucesos en
todo, y que el chiqui, que así llamaban á
la adversa fortuna, predominaba en todas
las cosas tocantes al rey. Con todo, este
rey Titu mandó apercibir á todos sus go-
bernadores y á los capitanes, é hizo pre-
venciones y defensas, fortificando los
presidios y fortalezas, mandando que to-
dos estuviesen en vela, y que las espías
se multiplicasen por todas partes. Estando
en esta prevención, tuvo aviso que mu-
chas tropas de gentes venian marchando
por la vía del Collao, y que los hombres
feroces que por los Andes venian, se iban
acercando, y que entre ellos habia algu-
nos de color prieto; y lo mismo los de los
Llanos; y todos habian ordenado gruesos
ejércitos, y venian talando los campos y
apoderándose de los pueblos y ciudades.
Los gobernadores de las tierras por donde
pasaban, no habian podido resistirles; y
así determinó el rey juntar su poder para
oponerse á esta gente. Contra los del Co-

DiL Piatf. 81
llao envió algunos capitanes, y otros
para que se opusiesen á los de los Andes
en los pasos peligrosos de los puentes y
ríos. Titu Yupanqui, con la mayor gruesa
de su ejército, llegó á los cerros altos,
que llaman de Pucará, hizo á la redonda
muchos andenes, cavas y tríncheas, con
sola una entrada angosta en el primer
cerro y otra al través en la segunda en-
trada del segundo anden, y desta manera
en los demás, hasta llegar á lo más alto,
donde el rey tenía sus tiendas y las vi-
tuallas necesarias; de manera que todo
era una pina, y todo el ejército estaba
dentro de los andenes y entre ambas for-
talezas. Estando así fortalecido el rey,
tuvo nueva de que el enemigo venia cerca,
y contra el parecer de los suyos, salió á
dar la batalla, que fué muy reñida. Dié-
ronle al rey Titu Yupanqui, que andaba
en sus andas de oro por todas partes
alentando su gente, un flechazo, y como
los que llevaban las andas vieron tanta
sangre y el cuerpo del rey tendido en
ellas, dieron voces y alaridos con grande
turbación, y de mano en mano corrió la
voz de la muerte del rey por su ejército;
con que todos los soldados, perdidos de
ánimo, se retiraron á las fortalezas con
el cuerpo de su rey difunto.
6

82

MEMORIAS ANTIGUAS

Siguieron los enemigos el alcance, y
en él murieron muchos capitanes de am-
bas partes. Los de Titu Yupanqui, se-
cretamente, llevaron su cuerpo y lo pu-
sieron como en depósito en Tamputocco;
después enviaron á los contrarios, que
con grandes banquetes celebraban la vic-
toria, embajadores para que diesen licen-
cia de enterrar los cuerpos; no la dieron,
y en breve tiempo se corrompieron é in-
ficionaron los aires, de manera que de
ambos ejércitos murieron casi todos. Di-
cen los amautas, que de los contrarios
quedarían quinientos soldados vivos; los
cuales se retiraron á los Andes, dejando
muchos enfermos. Los del ejército del
rey los mataron todos, y destos, los que
quedaron vivos, se fueron á Tamputocco,
donde no llegó la peste. Las provincias
del reino, sabida la muerte del rey, se al-
zaron todas, y los de Tamputocco tuvie-
ron muchas disensiones sobre elegir rey.
Con esto se perdió el gobierno de la
monarquía peruana, y en más de cuatro-
cientos años no volvió en sí, y se perdie-
ron las letras. En cada provincia eligieron
su rey, á que dio lugar ser el heredero de
Titu, llamado Titu Huaman Quicho, muy
niño. Los leales eran pocos y no podían
contrastar á los demás; fuéronse á Tam-

DBL FM&

»3

putocco, y allí le alzaron por rey, porque
con las revueltas no habia quien viviese
en el Cuzco, por ser todo confusión; y
como poco á poco se viniesen los hombres
á vivir á Tamputocco á la sombra del rey,
quedó el Cuzco casi desierto; sólo queda-
ron en él los ministros del templo.
Estaban con gusto en Tamputocco con
el rey niño los fíeles vasallos, porque
allí está la cueva tan celebrada donde
dicen las poesías de los amautas que tu-
vieron origen los indios, afirmando por
cosa cierta, que jamás se han visto allí
terremotos, pestilencias ni temblores; y
porque si la fortuna persiguiese al niño
rey, le pudiesen depositar y esconder en
esta cueva como en sagrado. Llegó á edad
el rey, vivió con mucha moderación mu-
chos años; llamóse rey de Tamputocco,
y no del Cuzco, si bien iba á adorar en el
templo algunos dias. Dejó por heredero á
Cozque Huaman Titu, que vivió veinti-
cinco años. Deste y de los demás sucesores
no se cuenta cosa memorable hasta la re-
formación del Cuzco.
A Cozque Huaman Titu sucedió Cuyo
Manco [Cuis Manco?]; reinó cincuenta
años. A éste sucedió Huillca Titu; reinó
treinta. Sucedióle Sairi Tupac; reinó cua-
renta. Sucedióle Tupac Yupanqui, pri-

84

ARMAS

mero deste nombre; reinó veinticinco.
Sucedióle Huayna Tupac, tercero deste
nombre; quiso reformar la dudad del
Cuzco, y por consejo de los arlólos lo dejó;
reinó treinta y siete años; dejó por su
heredero á Guanacaurí, que reinó diez
años, y dejó por su heredero á Huillca
Huaman; reinó sesenta años y dejó por
heredero á Huaman Capac; reinó éste
cuarenta años, y sucedióle Paullu Ray-
an (i); reinó diez y nueve, y dejó por he-
redero á Manco Capac Amauta, y éste á
Auqui Atau Huillca, que reinó treinta y
cinco años. Juntó éste mucha gente contra
los rebeldes, y atajóle la muerte sus in-
tentos. Sucedióle Manco Titu Capac, que
reinó setenta y dos años, y dejó por he-
redero á Huayna Tupac, tercero deste
nombre, que reinó cincuenta, y dejó por
heredero á Tupac Cauri, cuarto deste
nombre, á quien llamaron después Pacha-
cuti, que fué sétimo deste nombre, por lo
que veremos en el capitulo siguiente.

(i) Paulio Taymi, en el original.

DIL Fgftti.

85

CAPÍTULO XV.
De los sucesos en tiempo de Tupac Cauri
Pachacuti sétimo, y de otros reyes
peruanos.
A los nueve años del reinado de Tupac
Cauri Pachacuti sétimo, se cumplieron
tres mil quinientos años después del Di-
luvio. Este rey comenzó á alzar cabeza
y cobrar algunas ciudades y provincias;
pero obedecíanle los naturales con mu-
chos conques, y estaban tan extragados en
materia de religión y costumbres, que
alzó mano de conquistallos; porque decia,
que si aquella gente comunicaba con la
suya, la inficionaría en grandes vicios, en
especial de la idolatría y sodomía, á que
como bestias desenfrenadas se habian
dado. Con todo, suavemente envió men-
sajeros por todas partes, pidiendo á las
cabezas quitasen la adoración ó supersti-
ción de tantos dioses y animales como
adoraban, y no usasen unos hombres de
otros contra el derecho natural 5 y lo que
resultó desto fué poca enmienda en lo
uno y otro, y matar los embajadores.
Disimuló por entonces el rey é hizo

86 MEMORIAS ANTICUAS

grandes sacrificios y consultas al Illatici
Huirá Cocha. Una respuesta fué, que la
causa de la pestilencia habian sido las
letras, que nadie las usase ni resucitase,
porque de su uso le habia de venir el ma-
yor daño. Con esto, Tupac Cauri mandó
por ley, que, so pena de la vida, ninguno
tratase de quilcas, que eran pergaminos y
ciertas hojas de árboles en que escribían,
ni usasen de ninguna manera de letras.
Este oráculo lo guardaron con tanta pun-
tualidad, que después de esta pérdida,
jamás los peruanos usaron de letras. Y
porque tiempos después un sabio amauta
inventó unos caracteres, lo quemaron vivo.
Y así, desde este tiempo, usaron de hilos
y quipos, con la distinción que veremos.
Hizo también en Pacarictampu un
modo de Universidad, donde los nobles
atendían á los ejercicios de la milicia, y á
los muchachos se les enseñaba el modo de
contar por los quipos, añadiendo diversos
colores, que sirvieron de letras, con lo
cuál fué ennobleciendo su pequeña repú-
blica. Estando bien fundada la milicia y
la lealtad de su gente, trató de conquistar
los rebeldes. Al punto se pusieron todos
en arma; pero cesó el acometimiento,
porque hubo notables temblores de tierra
que arruinaron muchos edificios de toda

DEL PElti.

87

la comarca del Cuzco, los ríos salieron de
madre, y por quebradas secas, por donde
nunca corrió agua, se vieron grandes
avenidas della por muchos dias, y destru-
yeron muchos pueblos. Después desto so-
brevino una pestilencia, con que murie-
ron infinitas gentes; y dicen los amautas
que solo en Tamputocco no hobo ni se vido
tal pestilencia: experiencia que le movió
á Manco Capac á llevar allí su corte. Con
esta peste falleció Tupac Cauri de más
de ochenta años, dejando muchos hijos,
habidos en diferentes mujeres. Quedó por
heredero Arantial (1) que es el septuagési-
monono rey peruano.
Este príncipe hizo las obsequias á su
padre con toda suntuosidad, y con él se
enterraron la mujer legítima y otras con-
cubinas, las más queridas; y si así no lo
hacian las tenían por adúlteras. Algunos
escritores ancianos, como Betanzos, dicen
que se enterraban con los reyes del Pirú
mili niños, y cuando recibía la borla, que
se introdujo después, sacrificaban dos-
cientos niños, traídos de todo el reino.
Lo que he podido averiguar es que no era
costumbre, sino que algunos reyes lo hi-
cieron tal vez. El modo con que enterró

.(l) i Probsbkmcnte corrupción de Ranti Alli.

88 MINORÍAS ANTIGUAS

á su padre fué que le sacó el hígado y el
corazón y lo enterró con la vajilla de oro
y plata, y el cuerpo, embalsamado con
ciertas confecciones aromáticas, le pre-
servaban de corrupción; de donde los In-
gas , que después sucedieron en esta mo-
narquía , tomaron esta costumbre.
Comenzó á reinar Arantial casi sin
vasallos, porque las grandes pestes ha-
bian dejado las provincias exhaustas de
gente, y de los pocos que quedaron, unos
se fueron á los Andes y otros hacia Xauja,
donde estuvieron muchos años, hasta que
con la mejora de los tiempos y buen go-
bierno de los Ingas se redujeron al Cuzco,
como se dirá adelante. Vivió más de se-
tenta años; dejó por heredero á Huari
Titu Capac. No se cuenta del cosa memo-
rable; solo se dice que vivió más de
ochenta años. Dejó por sucesor á Huispa
Titu Auqui, que murió de edad de más
de setenta años y reinó solos diez y ocho,
y dejó por su heredero á Toco Cozque,
que es el octogésimosegundo del Pirú.
En tiempo de este rey entraron gran-
des bandas de gentes por Panamá y por
los Andes, y llegaron al Cuzco y otros
pueblos de aquellas provincias, y hicieron
asiento en ellas. Vivían como bestias,
muy dados á la sodomía, sin policía ni

DBL PIRÚ.

89

gobierno, y comían carne humana. Y des-
tos que vinieron por el puerto de Buena-
ventura procedieron los Pijaos y Pae-
ces (1). El rey se estaba retirado con su
pequeña familia, y cuando iban de estos
bárbaros, los recibían con agasajo y pasa-
ban mezclados con ellos, evitando casi
todos los vicios é idolatrías. Murió de
ochenta años; dejó por heredero á Ayar
Manco, que vivió muchos años y reinó
veintidós, dejando por su heredero á
Condoroca (2). Fué muy sabio; portóse
con mucha prudencia con los bárbaros que
habian llenado el reino, si bien era go-
bierno de cortesía, no de obediencia.
Estando para morir, juntó á sus hijos
y les dijo como aquellos vicios de sodo-
mía y comer carne humana era contra
las leyes antiguas, y que el Illatici Huirá
Cocha los habia castigado siempre, y los
castigaría á ellos si no iban poco á poco
excusándolos. Murió de ochenta años; no
se dice lo que reinó: dejó por heredero á
Amaro, que es el octogésimotercero. Este
dejó por sucesor á Chinchiroca [Sinchi
Roca], que reinó cuarenta y un años. Este

(1) Naciones del Nuevo Reino de Granada.
(2) Asi en el original. Puede ser Cuntur Auca ó
Cuntur Roca.

90 MIMOaiAS 111X10018

rey, viendo la muchedumbre de hijos y
nietos y biznietos de sus antepasados,
fundó la familia que llaman fluicaquirau.
Y desde este tiempo comenzaron á usar
ídolos de oro. Murió de más de setenta
años, dejando por heredero al primogéni-
to, llamado Illa Toca, que reinó setenta y
dos años y dejó por su heredero á Lluqui
Yupanqui, que reinó cuarenta y cinco
años. Quedó por rey Roca Titu, que reinó
veinticinco años; dejó por su heredero á
Inti Maita Capac. A los veintisiete años del
reinado deste se cumplieron cuatro mil
años después del Diluvio y el quinto sol
de la creación del mundo; y por esto se
llamó Pachacuti, octavo deste nombre, en
cuyo tiempo acabó el vicio de corromper
las buenas costumbres, y ya la sodomía
era pecado político. No habia obediencia;
vivían los hombres en behetría y como
bestias, lo cual duró algunos años, hasta
que los Ingas se introdujeron en esta mo-
narquía por el modo que veremos en el
capítulo siguiente.

DEL FBBÚ.

9*

CAPÍTULO XVI.
Del origen de los reyes Ingas, y modo
con que se introdujeron en el
Gobierno.
Cada dia iban las cosas del Pirú en
peor estado, y los reyes del Cuzco sólo lo
eran de nombre, porque los vicios total-
mente les habian alzado la obediencia;
con que la policía se habia acabado, é in-
troducido la behetría. El capital de todos
era la bestialidad, origen de todas las des-
dichas que pasaban en el reino. Duró este
pecado, desde los años del Diluvio hasta
el de.... (1) nuestra Redención, por más
de.... (2) continuos. Quien más sentía esta
desdicha eran las mujeres, por ver que á
la naturaleza se la defraudaban aumentos
y á ellas gustos. En sus juntas no trata-
ban otra cosa sino del miserable estado de
poca estimación á que habian llegado;
ardíanse en celos, viendo entre los hom-
bres comunicados los favores y halagos á
ellas solamente debidos; daban y toma-

(1) Claro en el original.
(2) Otro claro.

INFORMACIONES
ACERCA DEL
SEÑORÍO Y GOBIERNO DE LOS INGAS
HECHAS POR MANDADO DE
DON FRANCISCO DE TOLEDO
VIREY DEL PERÚ.
I57O—1572.

12

ENTRE los actos más notables reali-
zados por el virey del Perú Don
Francisco de Toledo, durante su
célebre visita de aquel reino, deben
contarse las informaciones sobre el ori-
gen de los Incas y sus derechos á la
soberanía y posesión de la tierra con-
quistada después por los españoles, y de
su religión v gobierno y costumbres. De
ellas resultaron unos veinte -documen-
tos, que, agrupados en expediente de
crecido volumen, remitió Dv Francisco
á S. M. en su Consejo de las Indias,
precedidos de una carta, donde los re-
sume por orden y á modo dé sustan-
cioso memorial acerca del asunto de
sus informaciones y del objeto que con
ellas se propuso.

I8I

de mitos y leyendas, que, á mi juicio,
constituyen un adelanto positivo y se-
guro en la historia de los primeros años
dé la era de Manco Capac, y en la etno-
grafía de la comarca donde asentó la
capital de su imperio.
Antes de proceder á la inserción de
los expresados documentos, me parece
oportuno dar una idea del manuscrito
de donde los tomamos, y que existe
original en el Archivo de Indias.
Es un tomo en folio de 2i3 folios
útiles.—Por título:
« Esta es la información y probanza
que por mandado de S. E. se hizo del
origen y descendencia de la tiranía de
los Ingas de este Reino, y del hecho
verdadero de cómo antes y después de
esta tiranía no hubo Señores naturales
en esta tierra; la cual información se
cita en el cuaderno del Gobierno, y es
sobre el derecho de los cacicazgos.»
Lleva primero la
• Relación sumaria de lo que se con-
tiene en la información de la tiranía de

efe

los Ingas; y que se cita en él cuaderno
del Gobierno.»
Después;
Carta original del virey al Consejo
de Indias, fecha en el Cuzco á i.# de
marzo de 1572, sobre una Historia que
remite, y
•La fé y testimonio que va puesta
(así) en los cuatro paños de la verifica-
ción que se hizo con los indios de la
pintura é historia dellos.»
Vienen luego las siguientes infor-
maciones, hechas en
La Concepción de Xauxa, á 20 de
noviembre de 1570.
La ciudad de Guamanga, á 14 de
diciembre de 1570.
Entre Guamanga y el Cuzco, en
El Tambo de Vilcas, á 27 de enero
de 1571.
El Tambo de Pincos (?), á 3i de
enero de i5ji.
Limatambo [Rimac Tampu], á 6
y 7 de febrero de iSyj.
El Tambo de Mayo (Valle de Xa-

i83

xahuana), á 10 de febrero de iSji.
Cuatro en
El Cuzco, á i3 de marzo de 1571, 4
y 14 de enero y 22 de febrero de 1572.
Y, por fin,
Cuatro testimonios tomados en el
valle de Yucay, á 19 de marzo de i5jt.
M. J. DE LA E.

■I.
J :
I ■

RELACIÓN SUMARIA
DE LO QUE SE CONTIENE EN LA INFORMACIÓN
DE LA TIRANÍA DE LOS INGAS.

S. C R. M.
E NTENDIENDO lo que importa al servi-
cio de V. M., orden y asiento y con-
servación destos reinos del Pirú, y
para que con más facilidad se pueda plan-
tar la dotrina cristiana y luz evangélica
en los naturales dellos, y para la buena
gobernación de sus repúblicas y mirar la
orden que se podría dar, así en esto como
para que fuesen mantenidos en paz y jus-
ticia y se excusasen las vejaciones y mo-
lestias que se ha entendido questos natu-
rales han recibido y cada dia van reci-
biendo de sus caciques y mayores, que son
muchas y dignas de remedio; demás de ir
proveyendo el que para esto ha sido ne-
cesario en esta visita general que voy

i86

INFOiMAClONBJ

haciendo en todas las provincias del hasta
llegar á la ciudad del Cuzco, mandé hacer
y se ha hecho una Información con nú-
mero de cien testigos des tos naturales,
de los más viejos y ancianos y de mejor
entendimiento que se han podido ha-
llar, de los cuales muchos son caciques y
principales, y otros de la decendencia de
los Ingas que hubo en esta tierra, y los
demás indios viejos de quien se entendió
que con más claridad y razón la podrían
dar para los efectos arriba dichos; la cual
se envia á V. M. en su Real Consejo de
las Indias; y para que V. R. M., siendo ser-
vido, la pueda mandar ver, por ser cosa
tan importante á Vuestro Real servicio,
me ha parecido enviar una Relación suma-
ria de lo que en ella se prueba, que es lo
siguiente:
Que hasta Topa Inga Yupanqui, que
tuvo y sujetó tiránicamente estos reinos,
los dichos naturales no tenian ni tuvieron
ningún Señor ni cacique que les mandase
ni gobernase en tiempo de paz, ni á quien
tuviesen ninguna sujeción, y eran como
behetrías, sin que hubiese entre ellos nin-
gún género de gobierno, sino que cada
uno gozaba de lo que tenia, y vivía como
quería.
Pruébase, que entrestos naturales ha-

ACERCA DK LOS INGAS. 187

bia de ordinario guerras y diferencias de
unos pueblos con otros sobre sus chácaras
y pastos y otras cosas, fundando su ene-
mistad ó pasión como querían; y cuando
entrellos salia algún indio que se señala-
ba más que los otros en la guerra, iba
éste delante, al cual seguian todos, sin que
hubiese otra manera de elección para que
fuese su capitán y los mandase; y á este
tal llamaban Suanche [así, por Sinchi ó
Cinchi, fuerte, valiente, esforzado] que
quiere decir entrellos [en quichua] «éste
es agora valiente:» y durante la guerra le
respetaban en las cosas della, y si otro se
señalaba más que él, le dejaban y siempre
seguian al que más se señalaba; y no le
daban ningún tributo en aquella sazón
ni después, más de tenerle algún recono-
cimiento porque los ayudaba y favorescia
contra sus enemigos en estas guerras; y,
acabadas, eran como los otros indios; por
lo cual se verifica, demás de lo que arriba
está dicho, que no tenian ningunos Seño-
res ni caciques que los mandasen ni gober-
nasen, sino que cada uno era señor de su
casa.
Estando la tierra en este estado, se
prueba con estos testigos que el dicho
Topa Inga Yupanqui, padre de Huaina
Capac, fué el primero que conquistó y

i88

sujetó uránicamente á todos los naturales
destos reinos, desde esta ciudad de Cuzco
hasta las provincias de Chile, y de aquí
para abajo hasta la provincia de Quito,
haciéndoles muy cruda guerra y matán-
dolos y asolando las tierras é indios que
no se le querían sujetar y reconocerle por
Señor, y otras muchas crueldades; y mu-
dando á unos indios de sus tierras á otras
para asegurarlos, porque no se tornasen á
levantar contra él; y asi tiránicamente su-
jetó y puso debajo de su obediencia todo
lo que está dicho.
Pruébase que este Topa Inga Yupanqui
fué el primero que instituyó la manera de
gobierno que agora tienen, proveyendo
los curacas, caciques y principales que los
mandan y gobiernan y tienen señorío
sobrellos, porque de antes del no los ha-
bia, como está dicho, porque eran behe-
trías; y que ponía en los dichos cargos á
quien quería, así de sus capitanes y cría-
dos, como de los indios que le servían en
la guerra y á otros naturales, buscando
siempre los que le parecía de mejor en-
tendimiento para gobernar y mandar los
indios que les encargaba, y que proveía á
unos de una provincia en otra.
Ansimismo se prueba que quitaba los
dichos cargos á los que quería y ponía á

ACEMA. DE LOS INGAS. 189

otros en su lugar que le parecia que te-
nían más habilidad para gobernar; y cuan-
do se moría alguno destos curacas, caci-
ques ó principales, cuando no dejaban hi-
jos que tuviesen habilidad para gobernar,
y aún dicen muchos testigos que aunque
los tuviesen, proveía el dicho Inga á otro
indio, cual le parecia de más buen enten-
dimiento, en este cargo, y éste se quedaba
en él y mandaba como el pasado, hasta
que al Inga le pareciese otra cosa, sin que
ningún hijo ni pariente del muerto lo
contradijese.
Pruébase ansimismo, que cuando habia
algún hijo del tal curaca, ó cacique ó
principal muerto que tuviese habilidad
y entendimiento para gobernar, el dicho
Inga le proveía en el dicho cargo sin te-
ner consideración á que fuese el mayor ó
el menor, sino á el que tuviese más habi-
lidad; y que siempre estuvo en costumbre
de quitar y poner estos curacas y caci-
ques como le parecia y en quien quería,
sin tener respeto á decendencias ni suce-
siones, ni á otra cosa, y no habia ninguna
contradicion en ello.
Todo esto dicen los testigos que oye-
ron á sus padres y pasados y á viejos, y
quellos se lo contaban y decían, para que
tuviesen memoria deilo y lo dijesen así

INFORMACIONES

á sus hijos, como aún agora se hace en-
trellos.
Pruébase que Huaina Capac, hijo de
Topa Inga Yupanqui, que fué el que su-
cedió [en todo lo] que su padre sujetó y
tuvotiránicamente, guardó la misma orden
en el tiempo que señoreó esta tierra, acer-
ca del proveer los dichos oficios y cargos,
sin que adquiriesen en ellos otro señorío;
y que este Huaina Capac murió ocho ó
diez años antes que los españoles entrasen
en esta tierra y la conquistasen.
Huáscar Inga y Atagualpa, hijos de
Huaina Capac, tuvieron guerras entre sí
cerca del señorío desta tierra. El Huáscar
Inga estaba en esta ciudad, y el Atagual-
pa en Quito, donde dicen que murió Huai-
na Capac, su padre. Los capitanes de
Atahualpa prendieron á Huáscar. Y dicen
los testigos, que tuvieron la misma orden
de gobierno, y que el dicho Atahualpa,
después de preso Huáscar, hizo matar
toda su generación para quedarse él con
la tierra; y teniéndolo preso, entraron los
españoles en ella.
Otra información se hizo, S. M., por
mi mandado, en esta visita general que
voy haciendo, de otros hechos que, á mi
parecer, son muy importantes al servicio
de V. M. y acrecentamiento de Vuestra

ACERCA DR L08 INGAS. JQI

Real Hacienda, con otros cien testigos di-
ferentes de los primeros, para saber y
averiguar la orden y costumbre que los
Ingas y curacas y otros indios tenian en
tiempo de su gentilidad é idolatrías de
enterrarse, y qué riquezas llevaban consi-
go á sus sepulturas, é para qué efecto, é á
qué dioses é ídolos adoraban, y qué les
ofrecían á ellos y á los Ingas muertos, y qué
orden y recaudo se tenia en la guarda
desto, y qué cosas tenian dedicadas para
ello y los sacriñcios que les hacían de ni-
ños y niñas; y ansimismo sobre las cos-
tumbres que los naturales tenian destos»
reinos antes que entrasen los españoles en
ellos, y qué modo tenian los Ingas para
los gobernar, aplicándolos al trabajo por-
que no se hiciesen ociosos, y si comían
carne humana y en qué provincia, y cómo*
eran castigados en los delitos que hacían;>
y parece que con el dicho número de cien
testigos, que algunos dellos son de la cas-
ta y decendencia de los Ingas, y otros
caciques y principales, y los demás indios-
todos viejos y ancianos, que se buscaron
de los que pareció que podrían tener más
noticia de las cosas pasadas en tiempo que
fueron gobernados por los Ingas, se pro-
veyó y averiguó lo siguiente:
Pruébase, que antes que los españoles.

IHP01IIACI0MB8

entrasen en esta tierra, en tiempo de su
infidelidad, los Ingas que los gobernaban
y los curacas y caciques y otros indios ri-
cos se hacian enterrar con mucho secreto
y en partes muy escondidas, y llevaban
consigo á sus sepulturas mucha parte de
sus tesoros y riquezas de oro, plata y otras
cosas que ellos más estimaban; y para que
se hiciese con mayor secreto, no lo fiaban
sino de algún privado ó amigo suyo, ó de
las mujeres ó amigas que más querían, ó
de quien tenian más confianza, porque no
se pudiese saber ni entender dónde esta-
ban los dichos entierros y tesoros ni en-
contrarse con estas riquezas. Y dicen mu-
chos testigos, que demás de lo haber oído
decir así á sus padres y pasados, y tenerse
por cosa muy cierta y acostumbrada en-
tre ellos, y haberlo visto así en tiempo de
Huaina Capac Inga, que ellos vieron y
entendieron que antes y después que los
españoles conquistasen esta tierra, los ca-
ciques y otros indios ricos y sus padres de
los dichos testigos tenian la dicha orden
de enterrarse con sus tesoros y haciendas,
y que muchas veces los han hallado desta
manera los clérigos que están en sus do-
trinas.
Pruébase que tenian entendido todos
los Ingas é indios que habian de resucitar

ACERCA. DE LOS INGAS. IOJ

en cuerpo y en ánima, porque habia de
venir un Viracocha que revolviese la tie-
rra, y que por esta causa mandaban en-
terrar consigo los dichos tesoros escondi-
damente, para hallarlos allí cuando resu-
citasen y no vivir con pobreza; y que así
se lo decían los dichos sus padres y pasa-
dos, para que tuviesen memoria dello y
se enterrasen por la dicha orden. Y algu-
nos testigos dicen que les decían que la
dicha resurrección habia de ser para esta
vida, y otros, que ahora entienden, por lo
que les enseñan y predican en la dotrína,
que esta resurrección no ha de ser para
esta vida sino para la otra.
Pruébase que los cuerpos de los Ingas
muertos tenian servicio situado de indios,
chácaras y ganados para su comida, como
si fueran vivos, y que los sacaban y da-
ban de comer y beber á manera de cere-
monia que se usaba entre ellos, y que de
la misma manera que se lo ofrecían en
vida, se lo tenian guardado después de
muerto; y habia depósitos para esto antes
que los españoles entrasen en esta tierra;
y que ellos lo vieron y oyeron decir así á
sus padres y pasados.

i3

i98

iNFOtkuciomss

taquillas muy pequeñas, y que cuando los
Ingas querían hacer algún gran regalo á
los curacas grandes y criados suyos que
más querían, les daban unas bolsillas
della, y que la demás gente común no la
tenia ni la alcanzaba; y que la estimación
que tenia esta coca era porque decian los
Ingas, que entretanto que la tenian en la
boca les aplacaba la sed y la hambre; y
otros testigos dicen que no se podrían sus-
tentar con ella si no comiesen otra cosa.
Y cerca del origen que tuvo, dicen todos
que no lo saben, excepto seis testigos que
dicen que entre los naturales se trataba
que la dicha coca, antes que estuviese
como ahora está, en árboles, era mujer
muy hermosa, y que por ser mala de su
cuerpo la mataron y la partieron por
medio, y della habia nacido un árbol,
el cual llamaron Mama Coca ó Coca
Mama, y que desde allí la comenzaron á
comer; y que se decia que la traían en
una bolsa y que ésta no se podía abrir
para comerla, si no era después de haber
tenido cópula con mujer en memoria de
aquella; y que muchas/?a//¿i$ ha habido y
hay que por esta causa se llamaron Coca;
y que esto lo oyen decir á sus pasados,
los cuales contaban esta fábula y decian
que era el origen de la dicha coca.

ACEMA DE LOS INGAS. IQQ
Pruébase que los Ingas hacian labrar
todas las minas de oro y plata é ysma
\ichma], que es el llimpi del azogue, que
se descubrían en esta tierra, y enviaban
los indios de la labor de las dichas minas
donde quiera que los hubiese.
Pruébase con muchos testigos, que los
curacas y caciques daban encada un año al
Inga oro en polvo y tejuelos de oro y plata,
y algunos testigos dicen que les daban vasos
de oro, y que por obligación tenian á sus
hijos mayores en la corte del Inga, y con
ellos embajadores para dar cuenta al Inga
de lo que quería saber de cada provincia,
los cuales también tenian por obligación.
Asimismo se averigua que Topa Inga
Yupangui murió viejo, y lo mismo Guai-
na Capac, su hijo; y algunos dicen que
sería de 6b ó 70 años; y que Pachacuti Inga
murió también viejo; no declaran parti-
cularmente la edad que podrían tener
Topa Inga Yupangui y el dicho Pachacuti
Inga, su padre.
Pruébase que los indios de los Andes y
Chunchos comían carne humana.
Asimismo se prueba de oídas que en
la provincia del Collao habia algunos in-
dios que cometían el pecado nefando, y que,
para usar deste pecado, se vestían como
mujeres y se afeitaban; algunos testigos

ano

mmmuaomB

dicen que los castigaban, y otros que nó.
(Yo Alvaro Rmiz de Navamuel, secre-
tario de S. E.y de la gobernación y visi-
ta general destas reinos, y escribano
de F. M.y hice sacar y saqué esta relación
sumaria de los hechos que van probados
em las dos probanzas á que me refiero, y
/Efe aquí mi signo en testimonio de ver-
dad.—ALVARO RUIS DE NAVAMUEL.)
El motivo que se ha tenido de enviar
la averiguación destos hechos, es ver cuan
mal se ha tratado en todas estas Indias y
en España de los derechos de V. M. en es-
tos reinos, asi en la jurisdicción y liber-
tad de gobierno, como en lo que toca á la
Real Hacienda de V. M.; y ver cuan sin
razón y con cuánto daño suyo en lo espi-
ritual y temporal se les atribuia á estos
Ingas y caciques el verdadero señorío des-
tos reinos y estados; y porque viendo
vuestro Real Consejo los hechos verdade-
ros de las cosas, acierten mejor á determi-
nar y deñnir los derechos, y dellos sacar
el gobierno más conveniente para la paci-
ficación destas tierras y salvación destas
almas y aprovechamiento de la Hacienda
Real; y lo que yo, como lego, puedo de-
cir de lo que entiendo desta Información,
dejando la determinación á cuya es, y es-
perando lo que en esto V. M. me mandare,

ACERCA. DE LOS INGAS. 201

es, que de todos estos fundamentos y he-
chos probados que V. M. mandará ver, se
puede claramente inferir todas estas cosas
y otras muchas que letrados sacarán como
conclusión de sus verdaderos principios:
Lo primero: que V. M. es legítimo Se-
ñor des tos reinos y los Ingas y curacas ti-
ranos y, como tales, intrusos en el gobier-
no dellos.
Lo segundo: que V. M. puede proveer
á su voluntad estos cacicazgos en los in-
dios que mejor le pareciere, temporal ó
perpetuamente, con jurisdicción ó sin ella,
sin tener respeto á sujeciones; y esto seria
una de las cosas de mayor importancia
para el gobierno espiritual y temporal de
estos indios, porque siempre serán lo que

fueren sus caciques y curacas, así en vir-
tud como en vicios.
Lo tercero: que presupuesto el verda-
dero dominio que V. M. tiene en estos
reinos, pareciendo que conviene á el buen
gobierno, puede V. M. dar y repartir en
esta tierra temporal ó perpetuamente á los
españoles, sin los escrúpulos que hasta
aquí se ponían, afirmando livianamente
que estos Ingas eran legítimos reyes y los
caciques Señores naturales, siendo todo
falso, como por esta probanza consta.
Lo cuarto: que teniendo V. M. el ver-

202

IHFOMUCIONKS

dadero señorío destos reinos, como le tie-
ne, y no habiendo, como no hay, legíti-
mos sucesores de los tiranos Ingas, todas
las minas y minerales y todos los bienes
del sol é ídolos, y todos los tesoros de se-
pulturas, y tierras y ganados que están
dedicados para servicio de los cuerpos
de los Ingas, en que no haya poseedores
particulares con buen título, pertenecen
á V. M., como á Rey y Señor, como bie-
nes vacos, mostrencos y que están pro de
relictos (así).
Lo quinto: que siendo V. M. tal Señor
y legítimo Rey, le toca la tutela y defen-
sión de los indios naturales deste reino, y
como su tutor, mediante su flaqueza de
razón y poco entendimiento, puede V. M.
ordenarles leyes para su buena conserva-
ción y hacérselas cumplir, aunque las
contradigan y parezcan contra su libertad,
como seria quitarles que no estén ociosos
y ocupados en cosas que á ellos les estén
bien y á la república, y gobernarlos con
algún temor, porque de otra manera no
harán nada, como se ve y ellos lo con-
fiesan en la probanza destos hechos; qui-
tarlos que no traigan pleitos y que no
puedan enajenar sus bienes, si no fuere
con autoridad de justicia y de su curaca.
Y otras muchas cosas podrían inferir le-

ACERCA DS LOS INGAS. 2O3

trados, que yo no entiendo, por no ser mi
profesión; mas éslo verificar todos los he-
chos que por experiencia entiendo ser
necesarios para el servicio de Dios y
de V. M. en este ministerio que me ha
mandado, para que con más facilidad y
claridad V. M. sea servido de sus minis-
tros y estos naturales aprovechados en
todo lo espiritual y temporal que les con-
viniere, y cese tanta variedad de opinio-
nes en cosas de tan grande importancia,
por no estar los hechos destos reinos cla-
ros, sino fingirlos cada uno como se le
antoja, para fundar los derechos que de-
sea, con tanta confusión y turbación de
conciencias, asi de la de V. M. como de
la de sus ministros y moradores destas
provincias, tan escrupulizadas, que cual-
quiera ignorante ha osado hasta aquí po-
ner la boca en el cielo.
Y asimismo parece se puede inferir,
que los caciques y principales, en su géne-
ro y manera, no dejaban de tributar.
Nuestro Señor la S. C. R. persona de
V. M. guarde con acrecentamiento de ma-
yores estados y señoríos como yo deseo. Del
Cuzco primero de marzo de mil y quinien-
tos y setenta y dos años.—S. C. R. M.—
Criado de V. M.—Don Fran." de TV

INFORMACIÓN
MKKIIX LA CONCEPCIÓN DE ZAUXA
t»M SBOTtKMBRE DE I57O.

Ito de 1« testigos es don Alonso Po-
M GtMfau Iftjode Guamachi Guala y nie-
t*de Xaxatataaian, caciques que fueron
«Mataado* por el Inga que conquistó la
átrau de edad de os ó 93 años, natural
de Ttoaa ta k*s Lurinhuancas, sujeto de
ds» Cartas Lima Illa % cacique principal
del D^vtrñaxteato.
Resfvosi* 4 la décima pregunta: «Que
v>v\> decir ^ue el primero de los Ingas que
cvxfc^trittvS y señoreó esta tierra [Xauxa] fué Topa ln$a Yupanqui, y que éste era
hijo Je Pachacuti Inga Yupanqui, y que
el dicho Pjchacuú Inga. padre del dicho
Topa In$a» estaba en el Cuzco, porque
era viejo, y envió desde allá á Capa Yu-
panque, su hijo mayor, y hermano de
Topa Inga Yupanque, á que conquistase
hasta Vi leas.... y que no pasase de allí; y

porque supo que habia pasado adelante,

ACERCA. DB LOS INGAS. 205

envió al otro su hijo Topa Inga á que le
matase por aquella desobediencia; el cual
le mató y pasó adelante conquistando y
señoreando toda esta tierra hasta Quito. Y
que dicho Pachacuti Inga no era Señor de
esta tierra. Y que éste [Pachacuti] era hi-
jo de Mango Capac, que salió de una cue-
va que ellos llaman Tuco, y que era Señor
de un pueblo que estaba cabe aquella
cueva, donde decian que habia salido. Y
que este Mango Capac fué el primero de
los Ingas que salió de dicho agujero.»
A la oncena contestó: «Que oyó decir
á su padre y abuelo, que cuando vino el
dicho Inga á conquistar y señorear esta
tierra,se puso en un cerro, en este repar-
timiento, con la gente que traía, que se-
rian diez mili indios de guerra, que en su
lengua se llama este número uno. Y que
allí se fué su bisabuelo del testigo, que
se llamaba Apo Guala, el cual le dio la
obediencia y le mochó. Y que habia lle-
vado consigo diez indios soldados, porque
él era uno de los cincheconas deste valle;
y habia dicho á los indios, que le respe-
taban por ser su cinchecona, que se estu-
viesen escondidos, porque él quería ver si
el Inga le hacia algún mal tratamiento ó
le mataba. Y que así oyó decir á los que
dicho tiene, que el dicho su bisagüelo llegó

206 WF01M4CKMI8
á hablar al dicho Inga y á sujetársele, y
que los demás indios que llevaba consigo,
llegaron con él, y los otros se quedaron
escondidos; y el dicho Topa Inga, oyó
decir este testigo que habia dado al dicho
su bisaguelo unas camisetas y mantas ga-
lanas y unos vasos en que bebiese, que lla-
man entre ellos aquilla. Y que con esto
habia vuelto á los indios que estaban es-
condidos, los cuales se habian holgado
mucho de ver lo que el Inga habia dado á
su bisdgüelo; y que cuando le vieron venir,
entendieron que era el Inga que los venia
á matar, y cuando le conocieron que era
su cinchecona,se holgaron mucho. Y como
les halló comiendo [con miedo], les dijo
que no temiesen y que fuesen con él á
darle obediencia al Inga, porque le habia
preguntado por ellos; y así el dicho cin-
checona, su bisagüelo de este testigo, llevó
consigo todos sus indios al dicho Inga, y le
dijo qué quería que hiciese de ellos; y el
Inga les dijo que fuesen con él hasta Quito.
Y que oyó decir que allí le dieron la obe-
diencia, y que á otros que no le obede-
cían ni le venian á mochar, les hacia guer-
ra y los sujetaba, matando á algunos de
ellos y tomándoles sus tierras, etc.»
Contestando á la duodécima, dice: Que
el primer Inca fué Manco Capac; el se-

ACERCA DE LOS INGAS. 207

gundo, su hijo Pachacuti Inca Yupanqui;
el tercero, Tupac Inca Yupanqui, hijo del
anterior; cuarto, Capac Yupanqui, á quien
mató Tupac Inca, su hermano; quinto,.
Huayna Capac, hijo de Tupac Inca; y
sexto, Huáscar, hijo del precedente.
Otro testigo es don Diego Lucana, prin-
cipal de lds mitimaes Cañaris y Chachapo-
yas y Llaguas, que están en el repartí*
miento de los Lurinhuancas, en la Purifi-
cación de Huacho, hijo de Huami Lucana
y nieto de Puyu Lucana, de edad de 85
años. Confirma todo lo anteriormente di-
cho, y añade que Manco Capac habia sali-
do de una peña de plomo; que Tupac Inca
conquistó hasta los Cañares de Quito; que
Capac Yupanqui era el hijo mayor de
Pachacuti.
Don Francisco Poma Cao, principal de
la pachaca de Santa Ana de Lurinhuan-
cas, de 95 años, hijo de Lila Icho y nieto
de Pome [asi). Confirma lo que el antece-
dente, y dice que Manco Capac era Señor
del pueblo donde nació, y que fué poco á
poco conquistando hasta lo del Cuzco;
pero no sabe, ni se acuerda, ni oyó decir
qué pueblo era el de Manco.
Don Hernando Apachua [ó Apachin],
cacique de Santa Cruz de Lurinhuancas,
de 94 años. Confirma lo que el anteceden-

ao8 DCFOSMACIOHES
te; pero dice que Manco Capac (que no
sabe dónde nació), fué el primer Inga y
el segundo Viracocha Inga Pachacuti.
Alonso Cama, natural de Matahuasi,
de los Lurinhuancas, hijo de Uulo, de 83
años. Confirma lo que los antecedentes y
dice que Manco Capac era hijo del sol,
según le dijo su padre, y que solamente
tenia lo del Cuzco.

ACERCA DI LOS INGAS. 2O0,

INFORMACIÓN
HECHA EN GUAMANGA Á 14 DE DICIEMBRE
DE I57O.

Es de nottr el dicho de don Antonio Guarnan Cocho,
cacique principal del pueblo de Chirua, hijo de Paucar
Asto, y nieto de Asto Guarnan, según el cual, Tupac
Inga Yupanqui envió á conquistar desde el Cuzco á Ca-
pac Yupanqui, su hermano, y que por haber pasado éste
más allá, volviendo al Cuzco, le mataron en el valle de
Vilcaconga. Que Viracocha Inga habia salido del agu-
jero de Tampu Tocco.
Otro testigo, don Baltasar Guarnan Llamoca, hijo del
cacique principal de los Soras, confirma la muerte de
Capac Yupanqui, aunque no expresa dónde se la dieron;
y dice que Pachacuti fué hijo de Manco Capac, pero no
sabe si fueron Señores de algunos pueblos ni de dónde
vinieron.

14

210

INPOMUGIONCS

INFORMACIÓN
HECHA EN EL CUZCO Á 13 DE MARZO DE I57I.

Es curiosa la lista de testigos, no sólo por sos nom-
bres, cargos, naturalezas y descendencia, sino también
por las ptrsonas qoe citan en apoyo de sos dichos.
Don Francisco Antigualpa, goberna-
dor de los Andesuyos, término de la ciu-
dad del Cuzco y cordillera de los Andes,
el cual cita en su apoyo á Acos Topa y
Chalco Yupanqui, servidores de Tupac
Inca Yupanqui, y á Purun Hualpa Suczo,
abuelo del testigo.
Don Juan Llamoca, principal de los
Anansoras.
DonJuan Caquia, principal de los Hu-
rinsoras, que cita áGuacralla, cacique que
fué de los Soras, y á Sura Marca y Yauri
Paucar, indios antiguos.
Lucas Chico, cacique de Urcos.
Bautista Huallpa Rucana, curaca de
Cachee, en Yucay.
Lope Martin Cunti Mayta, curaca en
Yucay.
Don Pedro Calcac Pina.

ACERCA DE LOS INGAS. 211

Don Juan Patanoco, curaca principal
de los Chumbivilcas.
Juan Pizarro Ninantahua, principal de
VUlilli.
Don Alonso Cóndor, principal de Cu-
yo, en los Andes.
Don Diego Tupac, del linaje de los
Incas, cacique del repartimiento de Cac-
ya-xahuana.
Juan Huallpa, de casta de Ingas, que
en tiempo de Guayna Capac fué «veedor
de su ropa, y cotejador si la dicha ropa se
hacia del largo y medida que era menester
para el vestido del dicho Inga.»
Don Francisco Tucha Suyro, cacique
de Yucay, de la encomienda de don Carlos
Inca.
Don García Calla Amu Huchu, de cas-
ta de Incas de Urincuzco, y cacique de
Mará Sayllo.
Don Diego Guarnan Yanqui, orejón y
cacique del repartimiento de Tambo, de
la encomienda de Pero Vázquez.
Don Martin Cuxi Poma, curaca de
Quilliscachi, que «era escucha puesto por
Guayna Capac; y estando el dicho Guayna
Capac en Tomebamba, le fué á dar nue-
vas de lo que por acá pasaba.»
Don Diego Ira Yucana, curaca de Paca.
Don Juan Zuay Tumba, cañar, de

212

edad de 77 a 76 anos, principal de los Ca-
óarís 7 descendiente de otros de esta sais-
ma nación que trajo de kdkia Qñto i es-
tos términos del Cuzco, Tupac Inga Yu-
panqui, según le Ajo su padre.
Don Diego Chico Marta, de la casta de
Manco Capac y cacique de BímhiHa,
Don Felipe Chanca, cacique principal
del repartimiento de Alonso de I ¿paisa.
Don Martin Nacqm Yupanqui, de 82
años, capitán que fué de Guayna Capac
Don Juan Cunti Mayta, cacique de
A eos.
Don Gonzalo Guacanqui, de la casta
de Capac Yupanqui.
Don Francisco Coca Mayta, cacique de
los mitimaes de Alonso de Loaisa.
Felipe Uxca Mayta Inca, de la casta de
Mayta Capac Inga.

Don Juan de la Concha Yupanqui, ca-
cique de Calla Cacha.
Don Martin Vilca, chachapoya, de más
de 80 años; que dijo «que Guayna Capac
lo trajo de los Chachapoyas á estos tér-
minos del Cuzco.»
Don Felipe Guarcaya, cacique de Po-
matambo.
Don Diego Llagua, cacique del pueblo
de Canta.
Don Francisco Auca Nucho (ó Micho),

ACERCA DE L08 INGAS. 213
del linaje de los Incas de Urincuzco, del
ayllo Sutic.
Don Francisco Chumbi Atoe, curaca
de Runtu Ganqui Guar.
Don Juan Auca Puri, curaca de Huaro.
Don Baltasar Huahua Cóndor, curaca
de Chicacupi.
Don Juan Atau Yupangui, de linaje de
Incas y curaca del pueblo de Corcura.
Don García Puranti, de sangre de In-
cas y curaca de Carapa.
Don Juan Chalqui Yupanqui, descen-
diente de Incas.
Don Alonso Chuyo, curaca de los
Yamparaes.
Don Martin Illa, curaca de la enco-
mienda de Palomino.
Don Hernando Vilca Rimac, natural
del valle de Huáilas c hijo de un indio
que Tupac Yupanqui trajo á los términos
del Cuzco.
Don Francisco Zaran Nauta Chuche,
cacique en el valle de Yucay.
Don Pedro Cochachi, natural de Chu-
quipata.
Cristóbal Curimay, de casta de Incas.
Domingo Achimec, curaca de Checo,
en el valle de Yucay.

214

INFORMACIONES

INFORMACIÓN
HECHA EN EL VALLE DE YUCAY
A 19 DE MARZO DE I57I.

Tiene el mismo interés que la anterior, y la lista de
testigos es como sigue:
Hernando Atahuallpa, hijo de Auqui
Pullo, curaca de Huarocondor, que fué
quipocamayoc de Guayna Capac, al cual
conoció reinando.
Francisco Guarnan Atao, cacique de
Ne (?).
Don Francisco Comisaca, cañar, caci-
que del pueblo de Tuayma.
Don Diego Huallpa, de casta de Incas
y cacique de Poma Huanca.
Don Juan Cusi Pina, orejón, hijo de
orejones criados que fueron de Guayna
Capac, y es de los que entienden en las
obras públicas del pueblo de Ahuacha
Huarocondor.
Diego Chullo Yucra, curaca de Lango.
Don Alonso Cóndor, natural de los So-
ras, hijo de otro que trajo de aquí Inga
Yupanqui y le hizo curaca de Pomahuam-

ACERCA DE LOS INGAS. 215

pa; fué paje de Guayna Capac, y «estando
este Inca en Quito, el dicho su padre
cuando se quería'morir, le fué encomen-
dado que tuviese cuenta y mirase por él
al dicho Guayna Capac; y así, después de
muerto su padre, se le dio el cacicazgo.»
Don Gaspar Caña, natural de Atún
Caña, á cuyo padre trajo de este pueblo
Inga Yupanqui, cuando conquistó este rei-
no y le hizo mitimac de Lacrama, en el
valle de Xaxahuana, porque era valiente,
para que no se*alzase.
Martin Capta, natural de Cache, en
Yucay, cuyo padre fué cachicamayoc
(salinero) de Guayna Capac.
Pedro Astaco, natural de Cachee, de
80 años, cuyo padre fué criado de Tupac
Inga Yupanqui y se llamaba Llacta Cha-
pen , y el Inca le hizo curaca de Huallpa,
término del Cuzco, en Yucay; y después,
Guayna Capac, habiendo consultado con
sus dioses y con el sol, estos le dijeron
que no con venia que su padre ni ninguno
de sus parientes fuesen curacas, y le quitó
el cargo.
Marcos Hampire, natural de Huaro,
nieto del curaca de este pueblo Cristóbal
Unci (ó Una) Paucar, natural del pueblo
de Casca Huaro Cóndor.
Don Diego Poma Chagua, del pueblo

IKTOIHACIOIflS

de Lango, del valle de Xaxahuana, cuyos
abuelos fueron de la guardia de Tupac
Inga Yupanqui.
Alonso Cuxi Illa, del pueblo de Lango,
nieto del curaca de dicho pueblo Juan
Ucha Pilleo, natural del pueblo de Yacos,
«hijo de soldado que seguía á Capac, que
entre ellos llamaban guaynaconas.»
Alonso Anca, natural del pueblo de
Chauca, en Yucay, hijo de soldado de
Inca.
Marcos Chayo Huallpa, natural del
pueblo de Chauca, hijo de un chacra-
camayoCy criado de la casa de Guaina
Capac.
Hernando Conchuy, natural de Chau-
ca; su padre y abuelos fueron veedores
del Inca.
Martin Atau Curi, natural de Cache,
hijo de soldado del Inca.
Don Antonio Pacrotrica, natural del
pueblo de Anta, hijo de Ata Huaranga, el
cual tenia á su cargo guardar los depósitos
de maíz de Guaina Capac, en Xaxahuana.
Don Francisco Chachin, natural de
Huáillas y residente en Chinchaipuc-
quio, de 90 años; «su padre fué curaca
grande de Huáillas, puesto por Tupac
Inga Yupanqui en la conquista que hizo,
y después que murió Guaina Capac en

▲CERCA DE LOS INGAS. 21J

Quito, Raua Ocllo, mujer del dicho Guai-
na Capac, le trujo á él y á cincuenta in-
dios, de los cuales le hizo curaca en Chin-
chaipucquio é les dio tierras en que
vivir.»
Tomás Pilpe, natural de Ayahuillca,
de 90 años; «cuyo padre fué llevado
de su tierra para soldado por Tupac Inga
Yupanqui, para ir guardando las tierras
que iba ganando; y cuando Tupac volvió
de Quito, dejó al padre del testigo por
guarda de un hijo que le nació en Quito,
que fué Guaina Capac; y después trujo á
este testigo desde Quito un capitán que
fué de Atahuallpa, que se llamó Quiz-
quiz.»
Antón Siguan, natural de Ayavillay
[Ayahuillca?], «cuyo padre mandaba y go-
bernaba en el Collao los pueblos de Asán-
garo, Oruro é Asillo, por mandado de
Tupac Inga Yupanqui.»
Antón Tito, natural de Ayavillay, hijo
de un criado de Tupac Inga Yupanqui,
á quien éste hizo gobernador del pueblo
de Parinacocha.
Juan Huanaco, natural de Chinchaipuc-
quio, «á cuyo abuelo trajo Tupac Inga Yu-
panqui para que fuese cantero de Auqui
Marca, que es en Chinchasuyo, términos
de Guánuco.»

INFOtHACIONKS

Domingo Malma, natural de Usno,
de 90 años; «su padre fué criado de Guai-
na Capac, y en su casa le servia de guar-
da de una maza de armas que nombraba
huamanchaui, y que en las ñestas que el
Inga hacia y bebia, era también guarda
de las huaracas que el Inca traia en la
cabeza.»
Gómez Condón, natural de los Colla-
huas, residente en Chinchaipucquio, cuyo
padre fué traido á este lugar por criado
del Inca Amaro Topa Inca, hermano de
Topa Inca Yupanqui.
Don Francisco Paucar Cuxi, curaca
del pueblo de Mayo, hijo de Cactaua Pau-
car Cuxi, y nieto de un capitán de Tupac
Inga Yupanqui.
Don Diego Auca Ule, descendiente de
Yahuar Huacac Inga y de Huirá Cocha
Inga, vecino de Carhuanca, en Xaxahua-
man, hijo y nieto de gobernador puesto
por el Inca.
Pedro Pongo Xiuc (?) Paucar, natural
del pueblo de Anta, «cuyo abuelo fué tio
de Pachacuti Inga Yupanqui, hijo de
Huirá Cocha, porque la hermana del dicho
su abuelo fué mujer del dicho Huirá Co-
cha y madre del dicho Pachacuti Inga.»
Domingo Xuxso, natural de Chihuaco,
donde su padre fué mandón de diez in-

ACERCA DB LOS INGAS. 219

dios; cargo que el testigo no heredó, por
ser de poca habilidad.
Don Jerónimo Chumpiri, natural de
Ayahuillca, cuyos padres, así como los
demás del dicho pueblo, eran indios de la
cámara del Inga.
Juan Tarumaguia, natural de Lurin-
huanca, residente en el pueblo de Chiu-
chis, de 90 años; hijo del cumbicamayoc
[jefe de los tejedores ó roperos] de ese
pueblo, puesto por Guaina Capac.
Pedro Ichoc, natural de Chiuchis. «Sus
abuelos fueron traidos de Ucros, términos
de Huánuco, por Tupac Inga Yupanqui,
para mandar é gobernar los indios oveje-
ros que tenia el Inga en Chiuchis.»
Simón Pariapoma, natural de Chiu-
chis. «Sus abuelos y padre fueron camare-
ros y roperos de Tupac Inga Yupanqui y
de Guaina Capac.»
Juan Cóndor Capcha, natural de Chiu-
chis, de 90 años. «Su padre fué traido
desde los Chupachos, términos de Huá-
nuco, para que fuese mandón de los in-
dios que tenian á cargo el sembrar el maíz
del Inga.»
Don Alonso Pango Pina, natural del
pueblo de Choco, hijo de un soldado de
Guaina Capac.
Don Diego Mayna (ó Moyna) Yupan-

220

INFOSMACIONII

qui, de ioo años, descendiente de Huirá
Cocha y de Pachacuti. «En su mocedad
mandaba el pueblo de Anquichua, donde
le puso Guaina Capac. Su padre se llama-
ba Moyna Yupanqui, y regia el ayllo de
los Incas que se decia Inaca Panaca.
Ahora es vecino del pueblo de Pomata.»

ACERCA DI LOS INGAS. 217

Quito, Raua Ocllo, mujer del dicho Guai-
na Capac, le trujo á él y á cincuenta in-
dios, de los cuales le hizo curaca en Chin-
chaipucquio é les dio tierras en que
vivir.»
Tomás Pilpe, natural de Ayahuillca,
de 90 años; «cuyo padre fué llevado
de su tierra para soldado por Tupac Inga
Yupanqui, para ir guardando las tierras
que iba ganando; y cuando Tupac volvió
de Quito, dejó al padre del testigo por
guarda de un hijo que le nació en Quito,
que fué Guaina Capac; y después trujo á
este testigo desde Quito un capitán que
fué de Atahuallpa, que se llamó Quiz-
quiz.»
Antón Siguan, natural de Ayavillay
[Ayahuillca?], «cuyo padre mandaba y go-
bernaba en el Collao los pueblos de Asán-
garo, Oruro é Asillo, por mandado de
Tupac Inga Yupanqui.»
Antón Tito, natural de Ayavillay, hijo
de un criado de Tupac Inga Yupanqui,
á quien éste hizo gobernador del pueblo
de Parinacocha.
Juan Huanaco, natural de Chinchaipuc-
quio, «á cuyo abuelo trajo Tupac Inga Yu-
panqui para que fuese cantero de Auqui
Marca, que es en Chinchasuyo, términos
de Guánuco.»

221

OmfJUCXMBS

dijo: esta es la cabeza de un hermano mió
ame venia A la guerra contra mi, y habia
dicho ame habia de beber con mi cabeza, y
mátele yo d él y bebo con su cabeza. Y
nandóla hinchir de chicha y bebió delan-
te de todos con ella.»

ACERCA DE LOS INGAS. 22$

%
INFORMACIÓN
HECHA EN EL CUZCO A 4 DE ENERO DE 1$J2*

Va íntegra.
«En la ciudad del Cuzco, á cuatro dias
del mes de enero del año de mili y qui-
nientos y setenta y dos años, el Muy Ex-
celente Señor Don Francisco de Toledo,
Mayordomo de S. M., su Visorey, Gober-
nador y Capitán general destos reinos y
provincias del Pirú y Tierra Firme; Presi-
dente de la Audiencia Real que reside en
la ciudad de Los Reyes, etc., etc., dijo:
Que por cuanto demás de los hechos que
están probados sobre la tiranía con que
los Ingas sujetaron esta tierra, su Excelen-
cia está informado de los primeros indios
que sujetaron tiránicamente en tiempo
que eran behetrías é no tenian Señores
sino Zinches [Sinchis ó Sinchicuná], fue-
ron indios que habia donde agora está po-
blada esta dicha ciudad y en lo que está
muy comarcano y sujeto á ella, los cua-
les, aunque por fuerza sufrieron su seño-
río, nunca por su voluntad los reconocie-

224

nrroEMAOoins

ron por Señores, antes siempre les hicie-
ron contradicción y procuraron su liber-
tad; y porque de descendencia destos in-
dios hay á el presente diez ayllos, y con-
viene al servicio de S. M. que se averigüe
esto y lo que sobre ello pasó; por ende,
que mandaba y mandó al doctor Gabriel
de Loarte, alcalde de corte de S. M., que
con indios de los dichos ayllos, de los más
viejos é ancianos y de autoridad y que
mejor puedan saber del caso, haga la di-
cha averiguación ante Alvaro Ruis de
Navamuel, secretario de Su Excelencia
y de la gobernación y visita general destos
reinos, tomando por lengua á Gonzalo
Gómez Ximenez, intérprete, y examinan-
do los testigos por las preguntas si-
guientes:
Primeramente se les ha de preguntar
cómo se llaman y la edad y calidad que
tienen, y de qué ayllos son y dónde vivie-
ron sus antepasados en tiempos antiguos.
ítem, si es verdad que son de los di-
chos ayllos desde el tiempo que eran be-
hetrías, que es antes de los Ingas y cuan-
do no habia sino Cinchiconas.
Si es verdad que el primero Inga, que
se llamaba Mango Gapac, tiránicamente y
por fuerza de armas sujetó y quitó sus
tierras á los indios que estaban poblados

ACERCA DE LOS MOAS. 22$
en el sitio desta ciudad del Cuzco, matán-
dolos y haciéndoles guerras y malos tra-
tamientos, y lo mismo hicieron los demás
Ingas hasta el cuarto, que los acabó de su-
jetar, que fué Maita Capac.
Si es verdad que este Maita Capac,
cuarto Inga, por fuerza de armas los su-
jetó y tiranizó usurpándoles sus tierras y
desterrando dellas á sus antepasados, y
matando mucha gente, los hizo tributarios
y los desterró á donde agora están dester-
rados desde aquel tiempo, junto á la ciu-
dad del Cuzco, poco más de un tiro de
arcabuz.
Si es verdad que después sus antepasa-
dos que fueron de los dichos ayllos, se
quisieron libertar desta tiranía como gen-
te opresa y que contra voluntad le servían,
y cuántas veces intentaron libertarse.
Si es verdad que nunca de su voluntad
tuvieron ni reconocieron á estos Ingas ni
á sus sucesores por Señores, sino que de
miedo losobedecianpor las grandes cruel-
dades que contra ellos y los otros hacían.
ítem, si es verdad que nunca ellos ni
sus antepasados les eligieron por Ingas y
por Señores, sino que ellos mismos se
sustentaban en su tiranía por fuerza de
armas ó poniéndoles miedo y haciéndoles
violencia y fuerza.
15

222

INTOIMACfONtS

dijo: esta es la cabefa de un hermano mió
que venia á la guerra contra mt9y habia
dicho que habia de beber con mi cabera,y
mátele yo d él y bebo con su cabera. Y
mandóla hinchir de chicha y bebió delan-
te de todos con ella.»

ACERCA 01 LOS INGAS. 227

y año dichos, el ilustre señor doctor Gra-
biel de Loarte, alcalde de Corte por S. M.,
hizo parecer ante sí á catorce indios, de
los cuales, habiendo dicho que son cristia-
nos, fué tomado y recibido juramento en
forma de derecho por la dicha lengua por
Dios Nuestro Señor y por un señal de %
que hicieron con sus manos, de decir ver-
dad, y siendo tomados sus dichos y depusi-
ciones, y preguntándoles á todos juntos y
particularmente á cada uno de todos ellos
lo que saben del caso por que son toma-
dos por testigos, dijeron y declararon lo
siguiente:
A la primera pregunta que les fué he-
cha y declarada por la dicha lengua, dije-
ron llamarse de los nombres y tener las
edades y cualidades y ser de los ayllos si-
guientes:
Ayllo de Sauasiray.
Un indio que dijo llamarse Martin
Maita Sauasiray, de 65 años.
Otro indio que dijo llamarse Juan
Chalco Maita, de edad de 30 años.
Otro indio que dijo llamarse Lúeas
Huyba Maita, de 45 años.
Otro que dijo llamarse Alonso Carras-
co Sucso, de edad de 31 años.

228

INFORMACIONES

Otro que dijo llamarse Francisco Vil-
cas, de edad de 18 ó 20 años.
Los cuales dijeron que eran del ayllo
de Sauasiray, y que este Sauasiray fué un
indio cinche que vino de Sutictoco, que
será siete leguas de la ciudad del Cuzco,
y que este Sauarisay (as() vino por cinche
de otros indios que consigo traía, y descu-
brió un sitio en el asiento donde agora
está la ciudad del Cuzco, que se decia en
tiempos antiguos Quiumti-Cancha y Chum-
bi-Cancha, que es donde agora está funda-
do el monasterio de Santo Domingo, que
después Pachacuti Inga le puso por nom-
bre á aquel asiento Curícancha; é que en
el sitio desta ciudad del Cuzco, cuando
vino á poblar en ella el dicho Sauasiray,
no habia otra gente ninguna sino en cer-
canía della, hacia donde sale el sol, á la
ladera de la cuesta, los indios Guallas. Y
así hizo el dicho asiento donde dicho tie-
nen , y fué el primero indio que allí
pobló. Y que lo que dicho tienen lo saben
porque así lo dijeron sus pasados é ante-
pasados, y que ellos lo habían oido decir
á los suyos y se lo iban diciendo, para
que entendiesen el ayllo y decendencia
que tenian por la orden que habia hecho
los dichos ayllos Pachacuti Inga Yupan-
gui, porque de antes no los habia.

ACERCA DE LOS INGAS. 229

Ayllo Antasayac.
Otro indio que dijo llamarse don Pe-
dro Ancaillo, de edad de 8o años.
Otro que dice llamarse Alonso Gua-
crao, de edad de 40 años.
Otro que dijo llamarse Juan Auca Pu-
ri, de 31 años.
Otro que dijo llamarse Juan Usca
Mancoy, de edad de 31 años.
Otro que dijo llamarse Mateo Ullan-
tay, de edad de 23 años.
Todos los cuales dijeron ser de la des-
cendencia de Quizco Cinchi é del ayllo de
Antasayac, y que á sus padres y antepa-
sados oyeron decir que el dicho Quizco
habia venido al sitio donde agora está fun-
dada esta ciudad, como cinche de los in-
dios que traia consigo, é hizo su asiento
en la parte donde está el monasterio de
monjas de Santa Clara, y de allí hacia
arriba hasta las casas de Paulo Inga, y puso
por nombre al lugar Cuzco; é que ansi-
mismo le dijeron los dichos sus padres é
antepasados, que estando el dicho Quizco
en el dicho asiento de Quinticancha, es-
taba el dicho Sauasiray y los indios que
habia traido consigo, y que hacia las di-
chas laderas de este Cuzco, hacia donde
sale el sol, estaban poblados, antes que el

WFOMACIONM

dicho Sauasiray y el dicho Quizco vivie-
sen, unos indios que se llamaban Guallas.
Y esto saben de esta pregunta.
Ayllo de Arayucko (asi).
Otro indio que dijo llamarse Juan Pi-
zarro Yupangui, de edad de 79 años.
Otro id. id. Sebastian Yupangui, de
85 años.
Otro id. id. don Francisco Quispey, de
80 años.
Otro id. id. don Diego Yupangui, de 94
años.
Que todos los dichos cuatro indios di-
jeron ser de la descendencia de Ayaru-
cho, y que oyeron decir á sus padres y
pasados, que el dicho Arayucho (asi) ha-
bia hecho asiento en el sitio donde agora
está esta ciudad, donde decian Pucamar-
ca, y allí está la casa de doña Isabel de Bo-
badilla, y agora se llaman del ayllo que
los Ingas pusieron por nombre Alcauizas,
porque así se lo dijeron sus antepasados;
y que el dicho Arayucho (asi) vino al dicho
asiento y halló en el dicho sitio donde
agora está fundada esta ciudad, armadas
algunas chozas de Sauasiray y de Quizco
y los indios Guallas que dicen los dos
ayllos arriba referidos; y los unos y los
otros se venieron á conformar y declarar

ACERCA M LOS INGAS. 231
. lo que todos han dicho y declarado, por-
que dijeron que ansí lo habian oído decir á
sus antepasados.
A la segunda pregunta dijeron los in-
dios de los dos primeros ayllos de Saua-
siray y Quizco, que son de los dichos
ayllos desde el tiempo que no habia Seño-
res entrellos, sino cinches, á quien tu-
vieron por sus capitanes, é que por esto
se llaman de su ayllo, porque tomaron el
nombre ó ayllo de su capitán; é que este
nombre de ayllos lo puso Pachacuti Inga
Yupangui y Topa Inga Yupangui; porque
antes de estos Ingas vivía cada uno con lo
que tenia, sin tener á quién obedescer ni
respetar, ni ellos respetaban á nadie.
É los del dicho tercero ayllo de Aya-
rucho, que por otro nombre se llaman
Alcauizas, dijeron que tuvieron por su
cinche [á] Apomayta, después de haberse
convertido en piedra Ayarucho, y Cul-
coychima después que pobló Arayucho
(asi) ; y que el dicho Ayarucho no tuvo
guerras con los que en esta ciudad habian
poblado. Y todos los indios de los dichos
tres ayllos dijeron que lo que tienen dicho
y declarado es lo que saben de esta pre-
gunta, porque ansí lo oyeron decir á sus
padres y pasados, para el efecto que dicho
tienen antes desto; y que entonces no

232

MrOMUClONES

habia ningún Señor á quien respetar ge-
neralmente los unos ni los otros como á
Inga, sino que cada uno vivia en su sitio
como queria con su parentela.
A la tercera pregunta dijeron todos
juntos y cada uno dellos, que á los di-
chos sus padres y antepasados oyeron de-
cir que el primero Inga, qué se llamó Man-
go Capac, entró con mañas donde los di-
chos tres ayllos estaban y tenian sus asien-
tos, halagándolos con palabras, y con
gente que iba trayendo de otras partes é
metiéndola de noche, se les iba entrando
por fuerza en las tierras que tenian; y en
diciéndole los dichos indios que no se les
entrase en sus tierras, les respondía que
callasen, que todos eran hermanos; y co-
mo los dichos indios lo iban resistiendo,
el dicho Mango Capac y su gente comen-
zó á matar de noche secretamente é á
traición; é habia pendencias entrellos
sobre sus tierras; y el dicho Mango Capac
y su gente se les entraban en ellas, é cada
dia iba trayendo gente é iban hurtando á
los indios del ayllo de Alcauizas para ma-
tallos, como los mataban, de noche, por-
que les resistían sus tierras; porque nin-
guno de los dichos tres ayllos le recono-
cieron ni tuvieron por Señor, ni le respe-
taron. É que de la misma manera se les

ACERCA DS LOS INGAS. 233

iban entrando después de muerto el dicho
Mango Capac los demás Ingas, sus suce-
sores, hasta Mayta Capac. Y que Mama
Huaco, en tiempo del dicho Mango Capac,
vino al asiento de Sauasiray, Mama Hua-
co (sic), la cual comenzó á hacer grandes
crueldades con los indios con una huin-
cha (1) en que tenia un pedazo de oro
atado, con que mataba los indios; y que el
dicho Sauasiray, viendo las dichas cruel-
dades y la ferocidad y valentia que hacia
esta mujer, se fué huyendo á los desiertos.
Y que esto es lo que oyeron decir de lo
conteñido en esta pregunta.
A la cuarta pregunta dijeron los di-
chos Alcauizas, que á los dichos sus pa-
dres y antepasados oyeron que el dicho
Mayta Capac, cuarto Inga, por fuerza de
armas los sujetó y tiranizó, tomándoles
sus tierras é desterrando de ellas á sus
antepasados, é mató mucha gente dellos y
prendió á Apomaita y á Culloy [ó Culcoy] Chima, que eran cinches de los dichos

(1) Con unayuinto, dice el original. Yo interpre-
to huincha ó sea cinta en castellano; con la cual y la
bola de oro, se formaba ana especie de aillo, arma ar-
rojadiza en uso hoy todavía entre algunos indios. De un
aillo dice Juan de Betanzos que se sirvió Mama Huaco
para sus muertes; aunque el P. Moma afirma que fué un
escardillo ó rauccana.

«34

nrramcioffu

Alcauizas, é los tuvo presos en una cárcel,
que llamaban Sanzahuaci (asi), donde se
daba mucho tormento á los que en ella en-
traban, y los mataban; la cual enemistad
tomó el dicho Mayta Capac con los dichos
Alcauizas por les haber defendido sus an-
tepasados las dichas sus tierras. É quen-
tendiendo el Inga questos eran indios
que se les resistian y que podían llegar á
ser más quél, los mataban y acababan,
como dicho tienen, y los hacia tributar y
que le respetasen por fuerza; y que como
indios temerosos de las crueldades que el
dicho Inga les hacia, cumplian lo que el
dicho Inga les mandaba, contra su volun-
tad; y los desterró donde agora están es-
tos dichos testigos del ayllo de los dichos
Alcauizas y Ayarucho, que es un tiro de
arcabuz, poco más ó menos, del asiento
que habian tomado; y los otros indios de
los dichos dos ayllos dijeron, que lo mis-
mo que han dicho los dichos Alcauizas,
les dijeron é lo oyeron decir á sus ante-
pasados. Y que en aquel tiempo, los indios
de sus ayllos, viendo las crueldades y
muertes que el dicho Mayta Capac hacia
en los dichos Alcauizas, aunque el dicho
Mayta Capac y su gente se les iban en-
trando en sus tierras y tomándoles sus
aguas, no osaban resistirlo de miedo,

▲CERCA DI LOS INGAS. 2$$

porque veían que además de lo susodicho,
á las mujeres de los dichos A lea u izas las
abrían por la barriga y les sacaban las
criaturas muertas del cuerpo; y que ansí,
contra su voluntad, y por la fuerza que los
hacían, les dejaban entrar en las dichas
sus tierras. Y todos dijeron que nunca re-
conocieron ni tuvieron al dicho Mayta Ca-
pac por Señor; y que esto es lo que saben
de esta pregunta, por lo haber oido decir,
como dicho tienen, á los dichos sus padres.
A la quinta pregunta dijeron todos
juntos y cada uno dellos, que oyeron de-
cir á los dichos sus antepasados, que en
tiempo desdicho Mango Capac, é después
de él en tiempo de otros Ingas, siempre
sus pasados procuraban de libertarse de
esta tiranía, por estar tan opresos como
los tenian, é que aunque lo trataban en-
tre sí, no osaban hacerlo, porque no los
acabasen de matar, y porque el dicho
Mayta Capac y sus sucesores siempre te-
nian mucha guarda y espías sobre todos
ellos, y que siempre desearon vengarse de
los dichos Ingas y de las muertes que en
ellos habian hecho; é que cuando los es-
pañoles entraron en esta tierra, se holga-
ron, y Gualpa Roca, que era de la decen-
dencia de los Alcauizas, hermano de Juan
Pizarro, indio, hizo sacar de sus huacas é

256 INFORMACIONES
depósitos y escondrijos que tenian, el oro
y plata que pudieron, para dar á los es-
pañoles, para que les ayudasen contra los
Ingas, de quien tanto mal habian recibi-
do, y los libertasen dellos y los hiciesen
devolver las tierras que eran de sus ante-
pasados ; y el dicho Juan Pizarro Yupan-
gui dijo que él habia llevado el dicho oro
y plata con otros muchos indios, junta-
mente con la contribución general que se
hizo por los españoles después de preso
Atabalipa; pero que lo llevaba por man-
dado del dicho capitán para el dicho efec-
to , y lo dio al marqués don Francisco Pi-
zarro, lo cual vinieron á entender los In-
gas descendientes de Guayna Capac, y que
estaban muy mal con ellos; y que si los
españoles no tomaran y señorearan esta
tierra, entienden que los acabaran de ma-
tar á todos por esta traición; y que aun
hasta agora los descendientes de los dichos
Ingas les tienen mala voluntad, porque
estos testigos les dicen que les tienen to-
madas sus tierras contra su voluntad, y
que son advenedizos, y sus antepasados y
ellos son naturales de este sitio y valle del
Cuzco. Y que esto osan decir, porque hay
españoles, porque antes no lo osaran decir.
A la sexta pregunta dijeron todos jun-
tos y cada uno dellos, que dicen lo que

ACERCA DI LOS INGAS. 237

dicho tienen y que á los dichos sus pasa-
dos oyeron decir, que los mismos antepa-
sados nunca de su voluntad tuvieron ni
reconocieron á ninguno de los Ingas por
Señores, sino por miedo y contra su vo-
luntad, por las grandes crueldades que
contra ellos y los demás hacian, los obe-
decían; y los dichos Juan Pizarro y Se-
bastian Yupangui, y don Francisco Quispi,
y don Diego Yupangui, y don Pedro Leoh
Piaucari, dijeron quellos conocieron á
Guayna Capac y á Guascar Inga, su hijo, y
que nunca los reconocieron por Señores de
su voluntad, sino de miedo que les tenian,
porque no los matasen; é todos sus ante-
pasados les habian tributado y obedecido
contra su voluntad, como dicho tienen.
A la sétima pregunta dijeron, que los
dichos sus antepasados oyeron decir, que
nunca ellos ni los que antes dellos ha-
bian sido, eligeron á los dichos Ingas por
Ingas y Señores, sino que con las fuerzas
que tenian se sustentaban en su tiranía,
por las grandes muertes y crueldades que
hacian, é con los miedos que los ponían y
haciendo á los indios les obedeciesen, co-
mo tienen dicho y declarado; y que así lo
tienen por cosa cierta y averiguada entre-
llos; y que todo lo que tienen dicho y
declarado es lo que saben y oyeron decir

238 IUFOIMACIONIS
á los dichos sus antepasados, etc. Y los
antiguos de los dichos testigos dicen que
lo vieron y entendieron en sus tiempos, y
los dichos sus padres y pasados también
se lo dijeron á todos, para que tuviesen
memoria dello y ellos lo dijesen á sus
hijos; y siempre va de edad en edad, por-
que no se olvide entreiios. Y todos dije-
ron que no sabian escribir; lo cual todo
dijeron y declararon por la dicha lengua,
que dijo que lo que estaba escrito era y
es lo que los dichos indios y cada uno de-
llos habia declarado de lo que les habia
sido preguntado. Y firmólo G. Gómez
Ximenez.—El doctor Loarte.—Ante mí,
Alvaro Ruiz de Navamuel.
Y después de lo susodicho, en la dicha
ciudad del Cuzco, á veinte é un dias del
mes de enero de mili y quinientos y se-
tenta é dos años, el dicho señor doctor Gra-
bielde Loarte, alcalde de Corte porS.M.,
hizo parecer ante sí á quince indios, de
los cuales, habiendo dicho que son cris-
tianos, fué tomado é recibido juramento
en forma de derecho por la dicha lengua,
por Dios Nuestro Señor é por un señal de
cruz que hicieron con los dedos de sus
manos, etc., etc., dijeron y declararon lo
siguiente:
A la primera pregunta que les fué hecha

▲CERCA DI LOS INGAS. 239

y declarada por la dicha lengua, dije-
ron llamarse de los nombres y tener las
edades y calidades y ser de los ayllos si-
guientes:
Don Baltasar Caua, de edad de 45 años,
curaca principal del pueblo de Vicos, en
el valle de Gualca, de la encomienda de
la menor del Inga.
Otro indio, que dijo llamarse Sebas-
tian Say, de edad de 34 años.
Otro id, id. id. don Alonso Say, de 45
años.
Otro id. id. id. Pedro Ayy [ó £ayy],
de 32 años.
Otro id. id. id. Baltasar Maquia, de 52
años.
Otro id. id. id. don Luis Uiba, de más
de 70 años.
Otro id. id. id. Sebastian Chun, de 34
años.
Otro id. id. id. Luis Maquia, de 73 años.
Otro id. id. id. Baltasar Guambo, de 60
años.
Otro id. id. id. Alonso Aymarás, de 45
años.
Otro id. id. id. Juan Mazin, de 41 años.
Otro id. id. id. García Tilanto, de 55
años.
Otro id. id. id. Gaspar Pacra, del pue-
blo de Pisa, de edad de 34 años.

INVOftMACIOlfBf

Otro id. id. id. Antón Manchi, de 6o
años.
Otro id. id. id. Antón Utca, de 70 años.
Todos los cuales tres curacas é indios
que de suso van declarados, dijeron por
la dicha lengua, que son de la decenden-
cia y origen de los indios Guallas del pue-
blo de Payatusan, que es á las espaldas de
San Blas, en esta ciudad, hacia donde sa-
le el sol, por la acera de los andenes que
salen de San Blas hacia las Salinas; y que
han oido decir á sus padres y antepasa-
dos y á muchos indios viejos, que los di-
chos indios Guallas, de donde ellos de-
cienden, estaban poblados en el dicho si-
tio antes que viniese ningún Inga al sitio
donde agora está la ciudad del Cuzco,
cerca del cual ellos vivian, é que no te-
nian ningún Señor á quien respetar ni
obedescer, sino que se gobernaban ellos
entre sí, salvo un indio que se llamaba
Apoquiauo, que era valiente entre ellos.
Y que los susodichos indios Guallas habia
mucho tiempo que estaban en el dicho si-
tio antes que viniesen los dichos Ingas á
residir á este sitio del Cuzco. Y que esto
es lo que saben y oyeron decir á los que
dicho tienen; los cuales se lo dijeron,
porque tuviesen memoria de dónde de-
cendian é á dónde estuvieron y vivieron al

ACERCA DI LOS IlfSAS. 241
principio sus pasados, é que lo dijesen á
sus hijos; y ansí lo van diciendo los unos
á los otros, de generación en generación.
Y que esto es lo que responden á lo que
toca á la primera y segunda preguntas.
A la tercera pregunta dijeron todos
juntos, y cada uno dellos, que lo que
oyeron decir á sus padres y pasados de lo
en ella contenido es, que Manco Capac,
después de haber muchos años que los
dichos indios Guallas estaban poblados
donde dicho tienen, vino de Tambotoco
y pobló en este sitio del Cuzco, y dende
á poco tiempo fué metiendo dos veces
gente, y con ella comenzó á matar mu-
chos de los indios Guallas y de otros in-
dios que habian venido antes del dicho
Manco Capac á poblar en el dicho sitio
del Cuzco, y que de miedo de las cruelda-
des y muertes que él y su gente hacian, se
fueron huyendo con su cinche Apocaua
[así y antes digo Apoquiauo] á buscar
nuevas tierras donde poblar, y poblaron
donde agora están, que serán veinte le-
guas desta ciudad, y que allí se queda-
ron; y que llamaron al pueblo donde ago-
ra están Guallas, como ellos se llamaban
de antes. Y que el dicho Mango Capac les
tomó sus tierras, y lo mismo hicieron los
demás Ingas y el dicho Mango Capac con
16

242

INFORMACIONES

los demás indios que habian venido á po-
blar en el dicho sitio. Y questo es lo que
saben de lo contenido en la tercera y
cuarta preguntas, etc.
A la quinta pregunta dijeron todos
juntos, y cada uno dellos, que á los que
dicho y declarado tienen oyeron decir,
que sus antepasados tributaron siempre
de mala voluntad á los dichos Ingas y á
los que después dellos hubo, que si osa-
ran y tuvieran gente, se levantaran contra
ellos, por habelles tomado sus tierras y
muerto les indios dellos, como dicho
tienen; porque estaban como gente me-
drosa y tiranizada de los dichos Ingas y
con gran miedo de ver las crueldades que
hacian; y que nunca de su voluntad tuvie-
ron á los dichos Ingas ni á ninguno dellos
por Señores, sino que, como dicho tienen,
de miedo los obedecian; y ellos se susten-
taban siempre en su tiranía por fuerza de
armas, poniéndoles miedo y haciéndoles
tributar por fuerza é contra su voluntad;
y que nunca de su voluntad les tuvieron
por Señores ni jamás los reconocieron
por tales; é siempre desearon volverse á
sus tierras, é no osaban, de miedo; é que
nunca elegieron por Ingas ni Señores á
los dichos Ingas, sino que ellos se susten-
taban en su Señorío por fuerza y contra

ACERCA DI LOS INGAS. 243

su voluntad. Que después que se huyeron
del dicho sitio donde al principio estaban
sus antepasados, ni de antes, nunca tuvie-
ron Señores ni fueron sujetos á nadie,
hasta que Topa Inga Yupangui los tornó
á sujetar en aquella parte á donde se fue-
ron á vivir, por fuerza de armas y por las
crueldades que hacia, é que á los que no
le obedecían les mataba. Y que esto es lo
que saben y oyeron decir de lo contenido
en la dicha pregunta é de las demás del
dicho interrogatorio, y se trata por cosa
muy cierta y averiguada entrellos; y no
saben ni han oído ni entendido otra cosa
en contrarío ni entienden que hay; é que
para los efectos que tienen dicho lo oye-
ron decir á los dichos sus padres y pasa-
dos, y ellos lo van diciendo agora á sus
hijos, porque tengan memoria dello; y
que visto que algunos de la decendencia
de los Ingas les tienen al presente sus tier-
ras en el dicho sitio del Cuzco, donde es-
taban los indios de cuya decendencia
vienen, han pretendido pedírselas muchas
veces. Y questa es la verdad para el ju-
ramento, etc., etc.
(Sigue la autorización del doctor Loar-
te, y después la del escribano Alv. R. de
Navamuel.)

«44

INFORMACIONES

CARTA
DE DON FRANCISCO DE TOLEDO AL CONSEJO
DE INDIAS, FECHA EN EL CUZCO A I.° DE MARZO
DE I572, SOBRE UNA HISTORIA QUE REMITE
CON LA AVERIGUACIÓN QUE ACERCA DE
ELLA SE HIZO.

M. A. Y M. P. S.
Por haberse hecho la verificación desta
Historia con tanta examinacion del hecho
de la verdad della y haber habido, ansí
en estos reinos como en esos y fuera de
ellos, oposiciones tan falsas y con tan poca
examinacion y fundamento, donde han
resultado tantos daños, y parece que seria
reparo del saneamiento dello y de la jus-
tificación mayor del título que S. M. tiene
á estas provincias, que la verdad de esta
Historia anduviese impresa, como lo han
andado otros libros de mentiras y falsas
relaciones en partes que han hecho el
daño que vemos, para confutallos y des-
engañar, no solamente á nuestra nación,
sino á las otras, V. A. lo mandará ver y

▲CBRGl DI LOS INGAS. 245

proveer lo que más convenga á V. R. ser-
vicio en lo que se pretende. Y guarde
Nuestro Señor la muy alta y poderosa
persona de V. A. con el acrecentamiento
de más reinos y señoríos, como los cría-
dos de V. A. deseamos. Del Cuzco á i.° de
marzo de 1572.
Las demás partes desta Historia que
en ella se prometen, parece que no im-
portará tanto para lo que toca al desenga-
ño de lo que la gente tenia recibido y ma-
yor crédito del derecho de S. M., como
ésta que aquí vá con tanta verificación
y autoridad, para poderse imprimir.
Muy Alto y Muy Poderoso Señor, besa las
Reales manos de V. A., su servidor don
Fran." de TV
LA FE Y TESTIMONIO QUE VA PUESTA EN LOS
CUATRO PAÑOS, DE LA VERIFICACIÓN QUE SE
HIZO CON LOS INDIOS, DE LA PINTURA É HIS-
TORIA DELLOS.
Vá íntegra.
En la ciudad del Cuzco, á catorce dias
del mes de enero de mili y quinientos y
setenta y dos años, el Muy Excelente Se-
ñor Don Francisco de Toledo, mayordomo
de S. M., etc.; para saber y averiguar

246

IHPORM ACI0N18

si lo que está escrito y pintado en estos
cuatro paños, que están fechos para en-
viar á S. M., de la decedencia é origen
de los Ingas, y de cómo tiránicamente
sujetaron á los naturales destos reinos,
mandó que ante el doctor Grabiel de
Loarte, alcalde de Corte por S. M., que
asiste con Su Excelencia y por su man-
dado á la visita general de los dichos
reinos, y en presencia de mí, Alvaro Ruiz
de Navamuel, secretario de Su Exce-
lencia, etc., se llamasen los indios prin-
cipales de los ayllos y decendencias de
los dichos Ingas, de los más viejos y an-
cianos y que más noticia pudiesen tener
de los fechos y sucesión y historia referi-
da en los paños, y así juntos, se les leyese
y refiriese todo lo que en ellos vá escrito
y pintado, para que dijesen y declarasen
si era aquello la verdad ó si habia alguna
cosa que no lo fuese conforme á lo que
ellos tienen entendido de sus antepasados,
para comprobación de todo ello; y ansi-
mesmo mandó Su Excelencia que, para la
dicha comprobación, se llamasen los pri-
meros Conquistadores antiguos deste rei-
no y al licenciado Polo Ondegardo, corre-
gidor desta dicha ciudad, por la curiosi-
dad que está informado que ha tenido
en averiguar esta historia y fechos anti-

ACERCA DR LOS INGAS. 247

guos de los Ingas, para que asimesmo de-
claren lo que han oido y averiguado y se
ponga por testimonio; y así lo proveyó y
firmólo.—Don Fran.~ de T/—Ante mí,
Alvaro Ruiz de Navamuel.
Y luego este dia, mes y año susodicho,
ante el Ilustre Señor Doctor Grabiel de
Loarte, alcalde de Corte por S. M., y en
presencia de mí el dicho secretario, pare-
cieron presentes los indios, que, por len-
gua de Gonzalo Gómez Jiménez, lengua é
intérprete de Su Excelencia, de quien se
tomó y recibió juramento en forma de
derecho y juró que declararía é impetraría
(así, por interpretaría) la verdad, dijeron
ser [de] los nombres é ayllos siguientes:
De la decendencia é ayllo de Mango
Capac.
Domingo Checo, de 70 años de edad.
Ayllo de Cinchi Roca.
Joan Apanga, de 80.
Don Alonso Puscon, de 45.
Don Diego Quispe, de 60.
Ayllo de Lloque Yupangui.
Don Diego Cayo Huallpa, de 70.
Don Felipe Ticce Conde Mayta, de 41.
Don Agustín Conde Mayta, de 45.

248 urroftMACioftKS
Ayllo de Mayta Capac.
Don Johan Tambo Usca Mayta, de 6b.
Don Phelipe Coca Mayta, de 70.
Ayllo de Capac Yupangui.
Don Francisco Coca Zaca, de yo.
Don Francisco Gusi Gu[a]man, de 45.
Don Francisco Quihua, de 55.
Johan Pizarro, de 85.
Ayllo de Inga Roca.
Don Joan Guaca Mayta, de 67.
Don Francisco Guarnan Rimachi,de 54.
Ayllo de Yaguar Guacac.
Don Joan Cocha Yupangui, de 60.
Don Martin Tito Yupangui, de 30.
Don Gonzalo Paucar Aucaylli, de 40.
Ayllo de Viracocha Inga.
Amaro Tito, de 70.
Don Francisco Chalco Yupangui, de45.
Don García Atao Yupangui, de 40.
Don Francisco Andi Huallpa, de 89.
Ayllo de Pachacuti Inga Yupangui.
Don Johan Cuzco, de 40.
Don Gaspar, de 53.
Don Diego Cayo, de 65.

ACERCA DE LOS INGAS. 249

Don Joan lilac, de 26.
Don Domingo, de 99.
Ayllo de Topa Inga Yupangui.
Don Andrés Topa Yupanqui, de 40.
Don Cristóbal Pisac Topa, de 50.
Don García Topa, de 28.
Don García Vilca, de 50.
Don García Pilco, de 40.
Hierónimo Tito, de 26.
Ayllo de Guayna Capac.
Don Diego Viracocha Inga, de 39.
Don Francisco Sayre, de 28.
Ayllo de Guascar.
Don Alonso Tito Atauchi, de 40.
Y demás destos, don Hernando Urco
Guaranga, de 85.
É juntos, el dicho señor alcalde de
Corte, por la dicha lengua é intérprete,
tomó é recibió dellos juramento en for-
ma, por Dios y por un señal de que
hicieron con sus manos, de que declara-
rían la verdad de lo que supiesen y les
fuese preguntado; y fecho el dicho jura-
mento, se les leyó á los dichos indios todo
lo que estaba escripto y pintado en los di-
chos cuatro paños, así de los bultos de los
Ingas, como de las medallas de sus muje-

250 INFORMACIONES

resé ayllos, é la historia de las cenefas de
lo que sucedió en tiempo de cada uno de
los Ingas, y la fábula y notables que van
puestos en el primer paño, quellos dicen
de TambotocOy y las fábulas de las crea-
ciones del Viracocha que van en la cenefa
del primer paño por fundamento y prin-
cipio de la Historia, cada cosa por sí dis-
tintamente,¡como está escripto y señalado
de la rúbrica de mí el presente secretario,
ecepto lo ques declaración y prevención
para inteligencia de la Historia y los rum-
bos y vientos para la demarcación de los
sitios de los pueblos, ques puesto por
el capitán Pedro Sarmiento, que no se
les leyó, porque no lo entienden los
indios. É yéndoselos leyendo, se les de-
claraba cada cosa por sí particularmente
á los dichos indios, y á cada uno de los di-
chos ayllos por sí y á todos juntos, mos-
trándoles por vista de ojos todo lo que en
ios dichos cuatro paños está pintado y el
escripto, y declarándoles lo que era cada
cosa por la dicha lengua; por lo cual, to-
dos y cada uno dellos dijeron que todo lo
que está escripto y pintado en los dichos
cuatro paños, así en los bultos de los In-
gas como en las medallas de sus mujeres
é ayllos é historias de las cenefas, ecep-
to lo que no se les leyó, ques lo dicho y

ACERCA DE LOS INGAS. 251

era y es la verdad realmente, y lo que en-
trellos está averiguado y se trata y siempre
[se] ha tratado por cosa muy cierta; y ellos
lo saben porque así se lo dijeron sus pa-
dres, abuelos y otros sus antepasados, que
decian quellos lo habian oido á los su-
yos porque tuviesen memoria dello y lo
fuesen diciendo á sus hijos y decendien-
tes; y que por la mesma orden lo van tra-
tando ellos ahora con sus hijos, para que
puedan dar razón de sí cuando se lo pre-
guntaren; y que no saben ni han entendi-
do otra cosa en contrario. É questa es
la verdad, y questa escritura y las rela-
ciones de las historias y fábulas que en
ella van puestas, conforman en todo con
lo questos saben por relación de sus pa-
dres y con los que algunos dellos han di-
cho en sus dichos en la información que
se ha fecho antel dicho secretario por el
dicho alcalde de Corte, y conforme á la
Historia general que de los dichos Ingas
el capitán Pedro Sarmiento ha fecho por
las memorias, informaciones y relaciones
destos dichos testigos y otros muchos
indios principales; y quellos han visto
otros muchos cuadernos fechos por dife-
rentes personas, desta misma Historia, y
que ésta es la más verdadera, y que lo que
en contrario se ha dicho ó dijere, no en-

INFORMACIONES

tienden ques la verdad. Y la dicha len-
gua dijo, que lo que está escrito es la
verdad de lo que se leyó y refirió á los di-
chos indios en su lengua, y lo quellos
declararon; y los que de los dichos indios
sabian firmar, lo firmaron, é asimesmo la
dicha lengua. Y el dicho señor alcalde de
Corte dijo que ponia é interpuso su au-
toridad y decreto judicial y firmólo.—El
doctor Loarte.—Don Agustin Tito Conde
Mayta.—Don Alonso Tito Atauchi Inga.—
Don Juan Illa Topa.—Don Francisco Say-
re Topa Inga. — Gonzalo Gómez Jimé-
nez.—Ante mí, Alvaro Ruiz de Navamuel.
É después de lo susodicho, diez y siete
dias del dicho mes é año, el dicho señor
alcalde de Corte, ante mí el dicho secre-
tario, en cumplimiento de lo proveído y
mandado por Su Excelencia, hizo parecer
ante sí al dicho licenciado Polo, corregi-
dor en esta dicha ciudad, y á Alonso de
Mesa, y á Mancio Serra, y á Joan de Pan-
corbo, y á Pedro Alonso Carrasco, veci-
nos desta dicha ciudad del Cuzco, á los
cuales, habiéndoles mostrado los dichos
paños y todas las pinturas y escritos de
ellos, y habiendo jurado en forma de de-
recho por Dios Nuestro Señor y por una
señal de >3< que dirían lo que alcanza- sen y supiesen de lo que les fuere pre- ACERCA DE LOS INGAS. 253 guntado, siendo preguntados por el dicho señor alcalde si tienen noticia del origen é historia de los Ingas que fueron en este reino y en estos paños están pintados, y si conforme á lo que han entendido y oido de los antiguos deste reino é trato é co- municación que con los naturales del han tenido, saben que el primero de los Ingas que tiranizó estos reinos del Pirú y salió de los límites del Cuzco, sujetándo- los por fuerza de armas y recobrando lo que su padre Pachacuti Inga habia subje- tado, que se le habian rebelado, fué Topa Inga Yupangui, y que el postrero en que se acabó la subcesion por línia ligítima, conforme á sus costumbres, fué Guascar Inga, á quien hizo matar Atagualpa, su hermano bastardo, con toda su genera- ción; y que este Atagualpa fué el que pren- dió don Francisco Pizarro en Caxamar- ca; y si las pinturas y anotaciones que es- tán en los dichos paños son verdaderas y ansí lo han entendido y oido y parte dello vieron por vista de ojos. Y estando juntos delante de Su Exce- lencia y en presencia del dicho señor al- calde de Corte, habiendo jurado, según dicho es, dijeron que ellos han visto la pintura de los dichos cuatro paños, y que lo que cerca de la pintura é historia *54 INFORMACIONES dellos pueden decir es, que lo que siempre han oido decir á indios antiguos del lina- je de los Ingas y á otros es, que desde el primero de los Ingas hasta Guascar, que fué el postrero, fueron doce, y que los fe- chos particulares de cada uno y la corónica dellos y si la pintura conforma con ellos, podrán decir los indios, que podrán tener más particular noticia; y que en cuanto toca á la tiranta, han oido decir á los in- dios que Topa Inga Yupangui, padre de Guayna Capac, fué el primero que por fuerza de armas se enseñoreó de todo el Pirú, desde Chile hasta Pasto, recobrando algunas provincias comarcanas al Cuzco que su padre Pachacuti Inga habia con- quistado, que se le habian rebelado; por- que hasta entonces todo el Pirú se gober- naba por behetrías; y que Guayna Capac, su hijo, continuó su señorío y conquistó algunas tierras, mas que por muerte deste subcedió Guascar, su hijo legítimo; y que estando en guerras el reino entre Guascar y Atagualpa, su hermano bastar- do, vino á estos reinos por orden de S. M. el marqués don Francisco Pizarro y con él los dichos Alonso de Mesa, y Mali- cio Serra, y Pedro Alonso Carrasco, y Joan de Pancorbo; y que habiendo fe- cho cierta población, fueron á la provin- ACERCA DE LOS INGAS. 255 cía de Caxamarca, donde estaba el dicho Atagualpa con su gente de guerra, y le prendieron, y que teniéndole preso, en- tendieron que el dicho Atagualpa, por sus capitanes Chalco Chima y Quizquiz, hi- zo prender y matar al dicho Guascar con toda su generación y decendencia; de manera que ningún subcesor le quedó y se acabó en él la decendencia legítima de los Ingas; y después, el dicho marqués Pizarro, por causas que le movieron, hizo matar al dicho Atagualpa; y que confor- me á esto les parece que la pintura estaba buena y verdadera y conforme á los fe- chos que han entendido y oido de lo anti- guo y vieron después que entraron en esta tierra. Y el dicho licenciado Polo, demás de lo susodicho, dijo que él muchos años há trata de la genealogía destos indios y la tiene escripta por averiguación de todos los más viejos, para diferentes efectos, así para lo que toca á la religión, como para el gobierno, y pasa según y cómo está pintado en los dichos cuatro paños, por los dichos y dipusiciones de todos los subce- sores; y entendido la gran veneración en que tuvieron los cuerpos de todos los contenidos en esta dicha pintura, y los muchos sacrificios que hacian para su conservación, así de criaturas como de- *$6 INTORMiClONES otras cosas, que era notable inconvenien- te y estorbo para su conversión, estando á cargo deste testigo el gobierno destas provincias, doce 6 trece años há, pro- curó con mucha diligencia y por diferen- tes medios descubrir los dichos cuerpos, para atajar el daño, y en efecto halló la mayor parte, así del ayllo de Hanan Cuz- co como de Urin Cuzco, y algunos dellos embalsamados y tan frescos como cuando murieron; y cuatro dellos, que fueron el de Guayna Capac y Amaro Topa Inga y Pachacuti Inga [y] Yupangui Inga, y á la madre de Guayna Capac, que se llamó Mama Ocllo, y los demás, halló enjaulados en unas jaulas de cobre, los cuales hizo enterrar secretamente; y con ellos descu- brió las cenizas del cuerpo de Topa Inga Yupangui, conservadas en una tinajuela envuelta en ropa rica y con sus insignias; porque este cuerpo habia quemado Joan Pizarro, según oyó, por cierto tesoro que decian que estaba con él; el cual asimesmo enterró, con lo que cesaron grandísimos daños, muertes, idolatrías y supersticiones que con los dichos cuerpos se hacian; allende de hallar con los dichos cuerpos las guacas é ídolos principales de las pro- vincias que cada uno habia conquistado, las cuales eran asimesmo notable estorbo ACUCA DX LOS INGAS. 257 de la conversión destos naturales, y otras cosas que más á la larga constaron por su dicho y depusicion en la información que sobre esto se hace [así). Finalmente, que la genealogía é historia le parece á este testigo verdadera, según lo que tiene averiguado, en todo lo cual no se acuerda haber oido cosa en contrario. Y esto es lo que sabe.—El doctor Loarte.—El licen- ciado Polo.—Alonso de Mesa.—Mancio Serra.—Pero Alonso Carrasco.—Joan de Pancorbo.—Ante mí, Alvaro Ruiz de Na- vamuel.=Yo, el dicho Alvaro Ruiz de Navamuel, secretario de Su Excelencia y de la gobernación y visita general des- tos reinos y escribano de S. M., hice sacar este treslado del original, con el cual se corrigió y concertó por manda- do de Su Excelencia; y fice aquí mi signo en testimonio de verdad.—Alvaro Ruiz de Navamuel. Recordaré aquí para más noticia en es- te asunto de la historia de los cuatro pa- ños ó lienzos, lo que don Francisco de To- ledo escribía á S. M. desde el Cuzco con fecha de i.# de marzo de 1572: «S. C. R. M —En el despacho primero de Lima escribí á V. M. que entre las 17 »58 urmiiciONis pesadumbres de negocios desta tierra, inviaria la entretenencia de muestras de particulares della que hobiese; y en el que escribí después desde el valle de Yu- cay, invié la muestra de la traza de la des- cendencia y genealogía donde vinieron y procedieron los Ingas, tiranos que fueron de estos reinos, con una probanza de la averiguación deste negocio que iba ha- ciendo, [y] prometí de inviar esta pro- banza más extendida con la Historia, también autenticada, juntamente con ios paños de la pintura autorizados, que agora se llevan; y por concurrir en esto curiosidad de que V. M. gustará de ver y entender importancia tan grande de la verificación deste hecho, he querido en la mejor forma que acá, conforme á las ofi- ciales de la tierra se podia poder, enviar á V. M. esos cuatro paños, de que, sien- do V. M. servido, se podrian mandar más en forma en Flándes en alguna tapicería, que con más perpetuidad quedase la ver- dad que en ellos va.....Memoria sumada del inteligencia dellos lleva el portador [Jerónimo Pacheco, su criado], con el li- bro de la Historia y probanza; y es cierto que aunque los indios pintores no tienen la curiosidad de los de allá, que por la fle- ma y poca pesadumbre de su naturaleza, ▲CERCA DI LOS INGAS. 259 creo que gustaría V. M. de tener algu- nos en las casas de Aran juez y el Bosque y el Pardo, no los he osado inviar sin licencia, que no es gente con quien es menester hacer más asiento que dalles la comida y la manta con que se cubren.» (Archivo de Indias.)

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