DIEGO DE EGUILUZ. HISTORIA DE LA MISION DE MOJOS EN LA REPÚBLICA BE BOLIVIA

DIEGO DE EGUILUZ. HISTORIA DE LA MISION DE MOJOS EN LA REPÚBLICA BE BOLIVIA

ESCRITA EN 1696

POR EL P. DIEGO DE EGUILUZ.

PUBLICADA

con varias documentos inédito: referentes á esa misión, biografías y notas

por

Enrique Torres Saldamando

LIMA

IMPRENTA DEL UNIVERSO, DE C. PRINCE

CALLE DE LA VERACRUZ, N. 71

1834

P. DIEGO DE EGUILÜZ.

T.

Cuando á mediados del siglo XVI parecían inútiles los esfuer-

zos de los buenos católicos para contener Jos adelantos del pro-

testantismo, un noble o ilustre capitán español, que en el

campo de batalla, como leal vasallo, y con valor extraordina-

rio, había sostenido los derechos de su soberano, se pre-

senta al Pontífice, con ocho compañeros, no ya como solda-

dos de un monarca, sino como ministros del Altísimo, ofre-

ciéndose para combatir en favor de las prerrogativas y doctri-

nas de la Iglesia, a, cuya defensa habían resuelto dedicarse.

La empresa era ardua; pero les sobraba el valor, el entusiasmo,

el arrojo, la perseverancia y la fe necesarias para acometerla.

El Papa Paulo III, conocido el plan de combate que se pro-

ponian seguir, y satisfecho con el éxito favorable que empeza-

an á obtener loa trabajos que aquellos habían emprendido,

aun antea de presentarse á él, aceptó los ofrecimientos de sus

nuevos campeones, y autorizó y confirmó, por bula de 27 de Se-

tiembre de 1540, la existencia do un ejercito religioso, con el ti-

tulo de COMPANÍA DE JESÚS. A Ignacio Ha Loyola, que era el ca-

pitán, ya sacerdote, toco Ja dirección de la Compañía que ha-

da fundado, y en ella vio muy en breve á una multitud de no-

bles personajes y de jóvenes ilustres, agruparse alrededor del

estandarte que á nombre do la fé había levantado, prontos ti

sucumbir en su defensa.

Desde entonces empezó una lucha tenaz y constante entre

la Compañía de Jesús y los enemigos de la Iglesia, lucha que

dura hasta hoy, sin que el predominio que en el desarrollo de

las ideas ejerce la filosofía moderna, ni la autoridad de los so-

beranos, ni las maquinaciones empleadas por hombros y aso-

ciaciones influyentos en la política de los pueblos, ha-

yan conseguido destruir ese ejercito formidable, ni éste hu-

biese logrado veucer por completo á sus contrarios. Es cier-

to que llegó una epoca parala Compañía en que so ruina

se presentaba inevitable; pero el tiempo de * tribulaciones y de

angustias que en esa ocasión se la hizo sufrir, solo sirvió para

darla nuevo vigor y hacer que renaciera tan inerte y poderosa

como Labia sido antes.

Esa vida casi sobre natural y prodijiosa, que desde su fun-

dación hasta hoy disfruta la Compañía, está sólidamente

afíanzada en la fiel observancia do las disposiciones de su ins-

tituto, y en la pronta ejecución de los mandatos de sus supe-

riores. Hay en ella el convencimiento de que el orden, con-

cierto y armonía, indispensables para el buen gobierno, esta-

bilidad y adelanto de las sociedades y los pueblos, no pueden

conseguirse si depende de la voluntad de loa gobernados el

cumplimiento de las leyes que los rigen, y de lo que ordenan

sus lejítimas autoridades en eji-rcicio del poder que, con ar-

reglo á esas leyes, se les tiene conferido.

Haber contenido los adelantos del protestantismo en Euro-

Í)a, sostenido, por mucho tiempo, inquebrantable ol poder de

08 Papas, la conquista de muchos paísos salvajes de Améri-

ca, la predicación del evangelio en Asia y África, la explora-

ción de caminos y de rios, la educación católica do la juventud

en todas partes, el cultivo de las ciencias, la protección al tra-

bajo y á la industria, el ejercicio constante do la caridad, la

práctica de la virtud, y la escritura de considerable número de

obras do indiscutible mérito científico y literario, más la ejecu-

ción de mil acciones portentosas en servicio do la humanidad,

son el fruto de la obediencia en la Compañía de Jesús. Por ella

vá el jesuita á donde le manda el superior: poco importan el lu-

gar, ni los trabajos y sufrimientos que le esperen; ullí practica

cuanto se le ordena, sin escusar ni aún el sacrificio de su exis-

toncia, si éste ha de ser provechoso para la salvación de cual-

quiera de sus semejantes; su vida debe ser toda abnegación,

su patria el mundo, todos los hombres sus hermanos.

En el número de esos obedientes soldados de la Compañía,

se contaron muchos distinguidos peruanos, de quienes, en su

mayor parte, no so conserva hoy ni aun el recuerdo de su nom-

bre, sin embargo de que prestaron á su patria y a la Iglesia,

servicios importantes, tanto en el ejercicio de las primeras

dignidades do su orden, como en el cumplimiento do sus de-

beres sacerdotales, ó como misioneros, catedráticos y escrito-

res. Uno de los pocos cuya memoria no se ha perdido por

completo, es el Padre DIEGO DE Eguiluz.

II

11.

Al concluir DIEGO DE Eguiluz en 1647 el curso de jurispru-

dencia, como alumno del colegio real de San Martín, para ro-

cibir el doctorado do la Universidad de San Marcos; renun-

ciando los honores, dignidades y empleos que se le esperaban

Sor su ilustre nacimiento, la elevada posisian social y consi-

derablo fortuna de su familia, su vasta inteligencia, y por los

rápidos progresos que había conseguido en sus estudios, pues

sólo contaba 21 años de edad, formó parto de los jesuítas de

la Provincia del Peru, en cuyo número lo admitió el Pro-

vincial P. Francisco Lupercio de Zurbano. Era entonces

maestro dB novicios, el eminente y célebrB teólogo P.Leo

nardo de Peñaficl, distinguido peruano bajo ouya dirección

consiguió Eguiluz tantos adelantos de virtud, como antes ha-

bía tenido Bn sus estudios. Xo fueron menores los que alcan-

zó, después del noviciado, al estudiar la teología en el colegio

máximo de San P;iblo, saliendo á su torminación tan consu-

mado maestro, que el P. IrJsarrí en la vida del Venerable Allo-

za lo llama 'Varón sapientísimo en ambos derechos y en la teo-

logía escolástica)).

Ordenado Bguiluz de sacerdote, y hecha su tercera proba-

ción en las misiones de ínflelos, uo quiso la Compañía privar por

muulio tiempo á sus discípulos dB la enseñanza de tan esclareci-

do maestro; por lo que, desde entonces, librándole genoralmen-

te de los cuidados quo trae el gobierno de los colegios, lo de-

dicó, en especial, á la dirección de las cátedras. Enseñó en Sai

Pablo y en el real de San Martín, filosofía, teología moral y

escolástica, sagrada escritura, prima de teología y cánones.

De sus aulas salieron muchos hombres eminentes, qne ocupa-

ron las primeras dignidades del Estado y de la Iglesia, no só-

lo en el pais sino en España, sin contar otros tantos que se

afiliaron en diversas órdenes religiosas, y que en la Compañía,

con sus luces é inteligencia, contribuyeron á aumentar la re-

putación que de sabios disfrutaron sus miembros.

£1 noviciado de Lima, la Universidad del Cuzco, el real de

San Martín y el seminario de Caciques del Cercado, fueron

los únicos colegios que, en ¿"pocas distintas, tuvo Eguiluz bajo

su dirección como Rector, Fue" además Prefecto de estudios

mayores en San Pablo, Consultor do Provincia y Califica-

dor, Consultor y Juez ordinario de la Inquisición. Por algún

tiempo estuvo también de Consultor del Viroy Conde do la

Monclova, á la voz que el muy reputado y notables teólogo je-

suíta, el limeño P. José Mudarra de la Sema,

ni-

En 1692 terminó su provincialato el P. Francisco Javier

do Crijalva; pero como no so hubiese recibido de Poma el

nombramiento de sucesor, quo debía haber* expedido el Geue-

ral do la urden, que residía allí, fué necesario abrir el pliego re-

servado por el que se designaba á quien tocaba ocupar ese em-

pleo en caso de vacante ó por impedimento de Crijalva. Los

Generales estendían siempre patentas secretas por las que nom-

braban las personas que debían encargarse do las dignidades

do lu orden, quo no podían dasomptíñar loa designados en la*

públicas; pal entes qno se destruían sin abrir cnando llegaba á

tiempo la pública de sucesores de los primeros.

En la patento secreta que conservaba Grijalva para el tiem-

po de su gobierno, se señalaba para Provincial al P. Juan de

Arroyo; pero como yn éste había fallecido al terminarse el de

aquel, se encargó do la Provincia como Vice-Provincial el P.

Jnan Vanea que ora Eector de fian P;ibIo. Este empleo tenía

anexo aquel título, por lo que el qua lo ejercía ora sucesor legal

de los primeros nombrados,cuando faltaba también ei segundo.

Eguiluz fué Socio y Secretario de Yañez durantosu gobier-

no, dosde el íí de Noviembre del referido ano de lti'Jm2t hasta

el 1." tle Enero de ltiüo, en cuyo día le sucedió como Provin-

cial, por haberse recibido entonces cartas del General, por las

que participaba al P. Yanca, de cuyo gobierno tenía ya cono-

cimiento, quo desde el 12 do Abril de 1698 había nombrado á

Eguiluz para sucesor da Grijalva. Las patentes expedidas en

ese año, no se recibieron en el Perú porque el navio que las

conducía fué apresado por los piratas al aproximarse á Car-

ta] ena.

IV

El General P. Tirso González, en la misma fecha que eligió

para Provincial del Perú al 1*. Eguiluz, lo comunicó á e'ate en

carta especial, de la que, por haber sido apresada, remitió un

duplicudo cuando avisó al P. Yañez, que aquel era el sucesor

designado al P. Grijalva.

En r.an carta dice el General á Eguiluz: "Las noticias que

tengo de la mucha religión, celo, prudencia y experiencia de

V. E, y la satisfacción que ha dado en los varios empleos que

ha tenido en esa Provincia, me han movido á ponerla toda i

su gobierno y cuidado, nominando a V. B. Provincial de ella

y sucesor dol P. Francisco Javier; esperando, con mucha se-

guridad, quo cumplirá con su obligación y con la mía; fomen-

tará cu toda olla la religiosa observancia, ol empico apostóli-

co de las misiones, el concertado y puntual orden de los estu-

dios, y todu lo que conduce al enmplimionto de nuestras obli-

gaciones religiosas y mayor perfección de la Provincia. Así lo

espero, y ruogo á 1S. S. que asista á V. li., para que con muy

feliz y acertalo gobierno, vea logradas las buenas esperanzas

que á esta elección me han movido-"

Eguiluz satisfizo cumplidamente los deseos de su General,

procurando aumentar la estimación y crédito de que disfruta

üa ia Provincia. Fomentó la observancia religiosa con el ejem-

plo de una virtud acrisolada, y con repetidas circulares. El

fervor de los ministerios alcanzó mayor fuerza; pues tanto el

Provincial, como I03 que le obedecían, acudieron siempre uon

forvionte caridad y misericordia en socorro de los necesi-

tados y moribundos que solicitaron sus auxilios; con ewpe-

cial solicitad y empeño, visitaron las cárceles y los hospita-

les, llevando allí los consuelos do la religión; predicaban cons-

tantemente en sus templos y en aquellos en donde so solicitó

que lo hicieran; se ocuparon en continuas misiones por loa

puoblus, enseñando la verdadera doctrina; y tuvo el Provin-

cial especial vigilancia, severidad y cuidado, para evitar que

él ó alguno de sus subordinados se desviasen un solo punto

del cumplimiento de los deberes de su estado y empleo. El

ejercicio apostólico de las misiones i'ué fomentado en cnanto

lo permitió el número de los religiosos déla Provincia, aten-

didas las muchas y delicadas atenciones que pesaban sobre ca-

da uno de ellos; en Mojos so fundaron los pueblos de SÍIH Luis y

San José, y so envió allí fervorosos y entusiastas operarios, quo

aumentaron las conquistas de la Compañía en esas naciones de

infieles; enlas misiones de Juli adelantaron mucho los apostóli-

cos trabajos de los Padres qua allí residían; y anualmente,

durante el tiempo de vacaciones, salieron de todos los cole-

gios, según era costumbre < ¿n la Provincia, predicadores á los pueblos comarcanos, y se emprendieron varias excursiones en- tre los salvajes. El concertado y puntual orden de los estu- dios, fué también cuidadosamente observado, saliendo al fin de ellos, aventajados discípulos, que acreditaron lo importante que era para la juvculud, que en educación se encargase ú los jesuítas; fñudmente, cuanto conducía al cumplimiento do las obligaciones religiosas y mayor perfección do la Provincia, se procuró por Eguiluz con esmerada solicitud. Su obligación y la del General fueron, puu's, üolmente cumplidas* V. ' .oíwjtu') f*> na nóiyí,• .1,

Cnando Eguiluz se pososionó del provincialato, los alumnos

del real de San Martín, dirijido por los jesuítas desde 1582

qne so fundó para la educación de los nobles del país, lucían

en los claustros de la Universidad de San Marcos en crecido

número de doctores en todas facultades. Algunos de olios ha-

bían sido Rectores de tan distinguido cuerpo, y muchos regen-

taran casi todas las cátedras do libre oposición, compitiendo

para conseguirlo con notables alumnos de los colegies de San

Felipe y Santo Toribio. El crédito que por este motivo go-

zaba aquel colegio , influyó en el ánimo del Virey Conde de

la Monclova, para fundar una cátedra del maestro de las sen-

tencias, que seria servida por los. martinianus. Esto tuvo lu-

gar en 1093, en cuyo año Eguiluz, en representación de la Pro-

vincia, aceptó la distinción que el Virey concedía á uno de sos

principales colegios, como era el favorecido con la institu-

ción de la cátedra, Sometióse su provisión a concurso y en

este obtuvo su regencia el Dr. D. Pedro Jiménez de Laro,

alumno distinguido do aquel célebre colegio. Era entonces

Rector de la Universidad el Dr. D. Nicolás Diez da San Mi-

guel y Solier, reputado jurisconsulto, condiscípulo que había

sido del Provincial y de] nuevo catedrático.

El colegio de Panamá que, desde Ió84 qne se fundó, había

pertenecido á la Provincia peruana, se agregó en lfi9(í á la del

Nuevo Reino, por orden del Visitador de esta Provincia P.

Diego Francisco Altamirano, en cumplimiento de disposicio-

nes del Gen&ral, Las dificultades que presentaba para ser

visitado cportunamemte por el Provincial del Perú, fue' la cau-

sa que se tuvo en cuenta para hacer esta segregación. Eguiluz

había visitado ya este colegio cuando se verificó.

La torcera probación,qne esun segundo noviciado que durante

un año hacen los jesuítas después de terminados los estudios y

recibidas las ordenes sacerdotales, eon el objeto de prepararse

para la incorporación ó profesión qne les acuerde el General, se-

gún BU inteligencia y el grado de virtud en que se encuentran,

se hacía en los colegios dol Cuzco y de Huamanga, ó en la re-

sidencia de Julí, cuando Eguiluz ascendió á Provincial. En su

gobierno se estableció permanentemente ese noviciado en el

cologio del Cercado de Lima, por haberlo dispuesto así el Ge-

neral en carta de igual fecha en que nombró á Eguiluz. En

esta carta dice el P. Tirso: *'La tercera probación se ha de po-

ner sin falta en el Cercado, sacándola ó quitándola de los cole-

gios del Cuaco y de Huamanga. Tengo previstas y premiditadas

tudas las conveniencias de esta disposición, como tambiem los

inconvoniontes que consigo puede traer; y habiendo pesado to-

do, he juagado convenir al mayor bien de la Provincia; y así

esta disposición no la dejo á consulta sino que quiero que sin

falta alguna se ejecute, poniendo todos los Padres de tercera

probación en el Cercado."

VT

vi.

Hasta el 11 de Febrero de 1696 no touia el General otra no-

ticia do la Provincia del Perú, que la do estar de Vice-Provin-

cial el P. Yañez; y deseando que la marcha de ésta fuese con la

posible regularidad, expidió en aquella fecha nuevos nombra-

mientos para su gobierno. En éstos vino dosignado Eguiluz

para Rector del colegio máximo de San Pablo.

El General creía qne cuando se recibieran estos nombra-

mientos estuviese ya en la Provincia el P. Diego Francisco

AJtamirano, nombrado en 26 do Marzo de 1695 Visitador y

Viaft-Provincial de ella, para después qne terminase la visita y

• üvbjion en que desde lbStí se ocupaba en la del Nuevo Reino

por orden del mismo General.

So había ordenado á Altamirano que si á su llegada al Pe-

rú eBtuviese dirigido aún por el P. Yañez, empezara á gober-

nar como Visitador y Yice-Trovincial; pero quo si eucontraba

de Provincial a! P. Eguilne, y no hubiese cumplido el trienio

acostumbrado, completara éste ese tiempo, siendo Altamirano,

dorante él, únicamente Visitador, y ásu terminación Visitador

y Vico-Provincial. Eguilua empezó su gobierno el 1,° de Ene-

ro de 1695, como antes se ha dicho, y Altamirano llegó al Pe-

rú en 1697, on cuyo año en l." de Marzo fue recibido como Vi-

sitador, por no haber llenado Eguiluz el trienio designado;

tampoco Lo había cumplido cuando recibió su nombramiento

de Rector de San Pablo, por cuya razón continuó siéndolo,

hasta terminar el gobierno do aquel, el P. Juan de Sotomayor

que entonces lo era.

Eguiluz en compañia del Visitador, del Secretario de éste, el

P. Nicolás de Figueroa, y del de Provincia P. Luis Sotello, la

visitó por tercera vez, dejando á Altamirano plenamente satisfe-

cho por el buen estado en qne la encontraba.

Terminada la visita y llegado en 1.° de Enero de IGD8 el

tiempo en que Altamirano tlebía comenzar á ser Vice-Provin-

oial ;i más de Visitador, le entregó Eguiluz la dirección de la

Provincia que por tres anos había gobernado. En ese día pa-

só do Rector al colegio dol Cercado, en donde cuidó de la en-

señanza que allí se daba á los hijos de los caciques, dirigió á

los Padres de tercera probación, y tuvo á su cuidado la parub-

quia del pueblo.

Este rectorado lo desempeñó con estricta sujeción á las dis-

posiciones del instituto de la Compañía, hasta 1702 que volvió al

colegio máximo, cargado de años y de merecimientos, y sin

otras obligaciones que la de Consultor de Provincia y las in-

dispensables de su carácter religioso.

Falleció tan venerable jesaita en el colegio mencionado á

los dos años de residir en él, el lfl de Octubre de 1701. Se

le hizo suntuosos funerales en el templo del eolegio, y A

ellos asistió lo mas ilustre y notable de la ciadad, testificando

la estimación, consideraciones y respetos que le habían conquis-

tado sus sobresalientes prendas de ilustración v de virtud. El

Obispo de Areqnipa, de donde era natural Eguiluz, le concedió

iguales honores en su catedral, encargando de la oración fúne-

bre al P. Hernando Colmenero, Rector entonces del eolegio de

la Compañía en aquella ciudad. Esta Qracvmfúnebre y 1* Carta

óV edificación que escribió el P. Diego Francisco Altamirano,

como Rector de San Pablo, no me ha sido posible consultarlas.

En ellas so encontrarán, indudablemente, míís detalladas no-

ticias de Eguiluz, que las que se vén en esta biografía, sin

embargo del interés he tomado para ofrecerlas tan com-

pletas como convenía, tratándose de un Un^a-s personaje.

VTT

Al visitar la Provincia, puso Eguiluz particular cuidado en

cuanto se refería á las ínísiónos de infieles, y aun en ando en

las Curto» annuat so ocupó par extenso de sus necesidades y

do los medios que debían emplearse para conseguir su ade-

lanto, escribió, por separado, una relación referente á las de

los mojos. Esta relación, que autógrafa se conserva ou el ar-

chivo nacional de Lima, en el legajo 1163, y que se cita por los

bibliógrafos y escritores notables oornrt obra de suma impor-

tancia, es la que publico en ol presente folleto,

Eguiluz para escribirla tuvo á 3a vista las que diriiierou. los

misioneros á los Provinciales, dándoles cuenta de sus traba-

jos. En la primera parte reproduce, casi literalmente, la qne

en 18 de Febrero de 1GÍ>7 remitió el fervoroso y apostólico

P.Antonio de Orellana al Provincial P. Martin de Jáuregiii.

El estilo empicado por Eguiluz es generalmente de mal

gusto; poro si m relación carece de mérito literario, es do valor

inestimable para et estudio histórico y goográlico de aquella

parto de la actual República de liolivia. El reputado Alcidi-s

d'Orbigny, no pudo dejar de recurrir á- ella,por considerarla una

do las mejores fuentes, para el arreglo de su interesante obra

JL>€iGTÍP< :iún hixf.ijriüa. t/etij/rtí/icii g eytadUlií'a dt JBalivia, qne pu- blicó en París en l8iÓ. En efeoto, liguiluz dá allí noticias que difícilmente ae en- cuentran en otros autores de su ¿poca. Relaciona las costum- bres civiles y políticas de las diversas naciónos de salvajes, que habitaban esos lugares, sus creencias y prácticas religio- sas, los trabajos de la Compañía pura conseguir sn conquista y reducción, la fundación y traslación de los pueblos de unos lugares á otros, y, finalmente, cuantos datos son indispensables para formarse tiua opinión acortada respecto de las épocas de quo se ocupa. Eguiliiü escribió algunas Qtirtat de edificañóii, como Rector de los colegios que tuvo bajo su gobierno. Entro ellas mere- cen mencionarle Jan referentes á los Padres Juan de Üoycoe- «hea, Nicolás de Mira bal, Juan Bautista Calderón y Juan Aln- ri y la del tíermauo Ignacio Conde. En todas ellas dá á co- nocer el autor el grado eminente de perfección religiosa quo había alcanzado hasta ese tiempo la Compañía. Todus esas cartas, que se oncuentrau inéditas on el archivo nacional de Lima, están plagadas de citas y de textos sagrados y profanos, qne comprueban la ilustración de aquel Padre. También escribió Eguiluz la censura de varias obras. En ellas, signiendo la costumbre du la época, no se limitó á emi- tir su juicio sobre si la obra sometida á su oxnmen, reunía ó no las condiciones que las leyes civiles y eclesiásticas esigian , para quo pudiera publicarse, sino que desciende n hacer el elogio do los antorea, presentándoles como portentos de ilus- tración e inteligencia, aunque la obra censurada prohase lo contrario. En esas aprobacióuos, que son panegíricos y no censuras, emplea, casi siempro, Eguiluz nn estilo ampuloso é insopor- table, lleno de hipérboles y de retruécanos, y de multitud de citas históricas, mitológicas y sagradas. Parece que los censo- res en aquel tiempo aprovechaban la oportunidad de emitir su opinión sobre una obra cualquiera, para lucir en ella cuan- to sabiau. Las censuras escritas por Eguiluz, entre otras, son: 1." En Marzo de 1672 para que se publicara un panegírico, que en 24 de Marzo de 1009 pronunció Fray Bernardo de Her- rera en las fiestas dol primer octavario celebrado en Lima en honor de Santa llosa. 2—En 5 de Agos do 1675 aprobando un panegírico de San Ig- nacio, predicado en 31 de Julio de eso año, en el templo de San Pablo por Fray Bernardo Medina, y que so publico entonces. 3—En So de Febrero de lfiSS, en Lima, juzgando un ser- món predicado en Quito en G de Diciembre del año anterior, sexto día del novenario de rogativas que dispuso la Real Au- diencia á causa dol terremoto que arruinó á Liin i el 20 Sé Oc- tubre de aquel año. El orador fué el P. Pedro de Pojas, je- suíta, catedrático de prima y Prefecto de estudios mayores en el colegio de aquella ciudad, y Calificador de la Inquisición, Se imprimió el sermón en 1089, on Lima. 4—En 14 do Mayo de 1690 censuró la obra do Fray Antonio José Pastrana, titulada: Empeños del yoder y amur de Dios, que se publicó en Madrid en 1(590 en un vol. fol. 5—En 27 de Abril do 1697 aprobó la oración fúnebre qne dijo ol Chantre del coro de Lima I). D. Diego José do Sal azar, en las exequias de la l'eina Doña Mariana do Austria. Esta aprobación se publicó en 10 páginas, juuto con las otras cen- suras recaídas en ella, en la relación que de esas honras fú- nebres escribió el D. D. Bernardo Romero do Yillaloboa.y que en 104 folios se imprimió en Lima en el mencionado año de 1687. 6—En 26 do Octubre de 1701 censuró la oración fúnebre del R.ey Carlos II ¡pronunciada en la catedral de Lima por Fray Rodrigo de Castro, do la orden de la Merced. Tiene esa cen- sura G páginas y está publicada eon la oración á que se refiere y las demás censuras en ella recaídas, al fiu de la relación do Jos funerales de aquel Rey, escrita por el P. Joíé de Buendía jesuíta, con el título de Parentación real. Igualmente fué autor Eguiluz de varias circularos referentes í¡ -puntos tío gobierna y do edificación, y He las Carian nnvvn* que, como Provincial, estaba obligado á remitir al General dándole cuenta circunstanciada déla marcha do la Provincia. IX. Casi veinte años después de haber escrito el P. Eguiluz la Relación de la m¡'*¿iit de Jtftw-os,y en cuyo tiempo fie habían fun- dado diez pueblos más de los que en ella so mencionan, visitó las misiones el Provincial P. Antonio Garriga. Al practicar la visita señaló los linderos hasta donde debía extenderse la jurisdicción de cada pueblo. El documento en que esto se de- termina, qae puede considerarse como complementario de la relación del P. Eguiluí:, y que publico á continuación de ella, es do gran ínteres geográfico, donde tiue aquellos límites son los qne hoy separan los distritos á que esos pueblos pertenecen. El P. Eguiluz al ocuparse de la misión de Mojos, lo hace tam- bién de la de Chiquitos. El estado floreciente de estas misiones al tiempo del extrañamiento de la Compañía en 1767, se ma- nifiesta en un iuforme de su Superior P. José' Rodríguez. Eso informe lo publico también, consíganos otras documentos re- ferentes al extrañamiento, y varias resoluciones de gobier- no dictadas para Mojos por el P, Gurriga; sintiendo no podor hacerlo de una relación, eserita^at mismo tiempo quo la de Rodríguez, por el Superior P. Juan de Boiugolea, porque no se encuentra en el archivo nacional. Esta falta la subsanaré en parte, con un informe del Gobernador de Santa Cruz de la Sierra remitido al Rey en 173?, y con otro del que se encar- gó de las misiones despue's de la expulsión. Para completar en cuanto me sea posible la liistoiiade aque- llos pueblos, hago en todos los documentos mensionados, al- gunas anotaciones, tanto históricas como geográficas, como también las uqe son nece sañas para dar á conocer á los apos- tólicos misioneros que en ellos trabajaron, loa adelantos qne alcanzó la Compañía durante el tiempo que las tuvo á su cargo, y las variaciones qne posteriormente han experimentado. Lima. Julio 1.° de 1884. EXRTQCE ToiiRES SALO AMANDO. RELACIÓN EN ESTA PROVINCIA DEL PEKÚ ■ Qrü BE SUTE A N. M. lí. P. GENERAL THYRSO GONZÁLEZ DE XA COMPAÑÍA DE JESÚS EL P. DIEGO DE EGUILUZ PROVINCIAL DE DICHA rBoVIKCU,. O DE KiUO, Y.QVJÍ.A'Ú'A IMPRENTA. DEL UKlVEIÍSO DE C. TIUNCE l:. DE LA VRBACI1UZ, Mtu. 71, RELACIÓN DE 1A MISIÓN DE MOXOS ■ POU EL I*. J>li;< ¿<> 1 ? I : Et-ÍTJILIJSS

HE LA COMPAÑÍA II14 JESÚS.

___________

I.

Habiendo deseado ardieutísimamente esta santa Pro-

vincia del Perú, desde los principios de su fundacion, abril-

puerta por donde desahogar el fervoroso celo do su santo

espíritu en la conversión de loa gentiles, de qne está ro-

deado todo este reino por la parte de los Andes, que con-

finan continuamente por todo él con sus sierras, no ha

dejado en diferentes tiempos de solicitarlo con incansable

fatiga de sus hijos y crecidísimos gastos de hacienda, aco-

metiendo á tan gloriosa empresa por diversas partes, con-

forme ha ofrecido el tiempo; pero en todas logró solamen-

te, por mas de cien años, esta santa Provincia, las misio-

nes del Paraguay á que dieron principio y ser sus hijos;

de lo demás no perdió el mérito aunque no cojió el desea-

do fruto; cuya experiencia tan dilatada pudiera desani-

marla, á no ser tan apostólico é incansable el espíritu de

sus misioneros; pero como el de Dios que la gobierna no

desmaya, aunque muchos se le pierdan, en poner nuevos

medios para la conversión del pecador que se resiste, así

esta santa Provincia ha repetido en muchas partes sus

apostólicas diligencias para la reducción de los bárbaros

gentiles. 1

2 RELACIÓN

Donde con mas santa porfía insistió por muchos afiofl,

fué en la provincia de los Moxos, indios bárbaros que, por

por su inculta ferocidad y natural esquivez, no solo tenían

cerradas las puertas á las luces del Evangelio, que mas

ha de sesenta años intentó introducirles el padre Geróni-

mo Andion, * sino también á todo humano comercio, por

estar atemorizados de algunos daños que recibieron sus pa-

dres de los españoles de la ciudad de San Lorenzo de la

Barranca en la provincia de Santa Cruz de la Sierra, veci-

nos á estos infieles, qne faltos de algunas herramientas

necesarias para la labor de sus chacras, de que totalmente

carecen por no llevar sus tierras bajías y faltas de cerros

ningún género de metal ni aún piedras, emprendieron al-

gún comercio con la nación de indios Chiriguanas, y pasan-

do en demanda de ellos, inevitablemente se encontraron

en el rio con algunos españoles de buenos términos, que

los agasajaron y liberalícente rescataron los géneros que

llevaban de plumas, algodón, etc, covidándolos con ma-

yor abundancia de rescate que podrían hacer en la ciudad

de San Lorenzo; con lo que perdieron parte de su miedo, y

para otro año concurrieron muchos al nuevo comercio,

que corrió en buena amistad por largo tiempo; de lo que co-

braron tan santa satisfacción, que quisieron valerse de ella

contra los pueblos de los Cañacurces, indios gentiles, lla-

mando al español en su aynda.

Recibieron los vecinos de San Lorenzo con mucho gusto

la noticia, por el interés de sacar gente y cautivarla para

BU servicio; y, disponiendo luego la jornada, les pareció

conveniente pedir á nuestro Padre Rector de nuestra resi-

dencia de Santa Cruz, qne mandase ir con ellos al Herma-

no Juan de Soto,3 que entendia bastantemente de curar

una herida, para que los socorriesen en las que esperaban

recibir de laa flechas de los bárbaros. La petición se hizo

de parte del Gobernador y cabildo de aquella ciudad, por lo

tjue no se pudo negar, á que se añadió el motivo de soli-

citar si los indioB querían Padres que los doctrinasen, en lo

que puso el Hermano Juan su principal mira; y así procu-

ró, en cuanto pudo, agasajar á estos Moxos, á quienes hizo

la oferta, y propuso si gustarían qne volviese con otros

PadreB el año siguiente. Yo qne. prendados de su mucha ca-

ridad y buenas obras, admitieron. Luego que volvió el

Hermano dio noticias de estas esperanzas al Padre Pro-

DE LOS MOXOB 8

vinoial Luis Jacinto de Contreras, quien laa recibió con

grande gozo y publicó con alegria de toda la Provincia, se-

ñalando desde luego para explorar esta nación al Padre

José Tihlini lili con dicho Hermauo Juan de Soto entre

tanto que se disponía el Padre Julián de Aller. *

Entraron los dichos por Setiembre de 1668, y al siguien^

te ol Padre Julián, que todo se gastó en adquirir alguna

corta noticia de su lengua;5 y entre tanto eran agasajados

do los indios, que todavía no penetraban el intento de los

misioneros hasta qne con la llegada del Padre Julián se

les procuró dar á entender; pero ellos concibieron tan mal,

que luego empezaron á formar discursos bárbaros de te-

mor. Pensaban que el juntarlos á la doctrina cristiana,

era disponerlos para entregarlos, en siendo tiempo, al es-

pañol; que el tratar de reducirlos á mayores pueblos era

asegurar la presa para que esparcida no se les perdiese.

Estos temores, nacidos de alguna experiencia antigua y

principalmente del demonio por medio de los hechiceros,

les hizo empezar á declarar su desabrimiento y á irse

apartando poco á poco de la doctrina. Apretábales el Pa-

dre Julián, y al mismo paso su rebeldía y temor, hasta

que en una borrachera que hicieron para este intento,

consultaron al demonio lo quo debían hacer; la respuesta

fué como suya: que matasen á los Padres. Y lo hubieran

ejecutado sino hubiesen sido amonestados antes, como

ellos dijeron al Hermano Juan de Soto, por una seño-

ra muy hermosa y tres gallardos mancebos: que no hicie-

sen daño á unos Padres que habían de ir á solicitar su re-

medio.

Así defendió el Señor la vida de los misioneros, a que

ayudó el gran miedo que tienen al español, á quien poco

antes vieron castigar al Cañaeurce, con facilidad y sin

peligro; pues, ¿cuánto mas, decían, harán con nosotros si

nos desmandamos con personas á quienes ellos estiman y

nos tienen tan recomendadas ? Con esto mudaron de medio

yexijieron, por mejor decir, á los Padres que se fuesen por-

que ellos no querían ser cristianos. Pero en todo no dejaba

de instar el celo de los misioneros, conforme la doctrina

del Apóstol:insta opporínni impportuni, <6.,ni ellos de resistir-

le; y, por otra parte, el temor de volver á la ciudad de San

Lorenzo á los Padres á donde pudieran ser castigados por

el engaño de haberlos pedido y hecho ir en vano con tan

1

RELACIÓN

crecidos gastos y trabajos, Y así volvieron á enredarse en

el mismo peligro que pretendieron huir, determinándose á

Hovar A los Padres hasta los despoblados, donde í'nera cierto

el perecer. En esta resolución ostaban, y tenia noticia de

ella et Pudro Julián y flus compañeros sin mas esperanza de

remedio que el recurso de Nuestro Señor; y ñando en su

Divina Providencia, determinó el viaje, convocando la gen-

te de los pueblos, é quienes obligó con agasajos y premios

para que les sirviesen con sus canoas, como lo hicieron,

mudándoles Dios insensiblemente los corazones y la de-

terminación de desamparar á los misioneros, á quienes lle-

varon hasta el puerto, aunque con tan mal temporal que

los ornamentos y cuanto llevaban, por Las muchas aguas

ae les pudrió. 5

Ya con ésto, ¿quién no juzgaría inconquistable la ter-

quedad de aquellos indios? Pues no lo pensaba asi ol in-

vencible celo de los apostólicos varones de esta santa Pro-

vincia; antes, por dos veces, se enviaron nuevos sujetos de

las mas lucidas prendas, que no dudaron dejar las cáte-

dras que ocupaban por este santo aunque trabajoso em-

pleo, que es la sabiduría del Cíelo y la ciencia principal

de nuestro sagrado instituto;poro ambas se frustraron sus

intentos, ya puestos paTa embarcarse en el puerto, burlán-

doles dn noche los indios, retirándolo de secreto con sus

canoas, de miedo, como ahora dicen, que al amanecer los

apresasen los que acompañaban á los Padres; bien que

otros echasen la culpa á malos consejos de algunos solda-

dos, que, por disposición del Excmo. Sr. Conde de Lemos

Virey de estos reinos, habían de ir para escolta de los mi-

sioneros, pagados ya por cuenta de Su Majestad. Lo cier-

to es que estos gastos, y otros que se habían hecho hasta

entóneos, se perdieron; aunque mas se sentía el perder las

esperanzas de la conversión de estos miserables infelicea.

Con este dolor y desconsuelo dieron la vuelta los misione-

ros hasta que llegase el tiempo destinado por Dios para

su remedio.

Éste parece que empezó á cumplirse el ano 1671, en

que nuevamente, y al parecer con inútil porfía, se nombra-

ron cuarta vez misioneros que diesen cnarto asalto al de-

monio, que tan fortificado estaba en las débiles trinchera^

del miedo de estos bárbaros; pero antes procuraron dárse-

le primero al valor alentado de los soldados de Cristo, sus

DE LOE MOSOS 5

misioneros, en la ciudad de San Lorenzo, donde todos ca-

lificaban de inútil su empresa y de infructífera por la am-

eba y repetida esperieneia de gentes que tantas voces nos

habían burlado, y do quo solo se podia esperar el postrar la

salud de los sujetos, ya que tuviesen fortuna de escapar la

vida de tan destemplado clima. Esta opinión concibieron

del temple de esta tierra, por los accidentes que contraje-

ron los Padres y los demás que los acompañaron Jos años

antecedentes. I

Con todo eso se animó el Hermano José del Castillo ft

entrar entonces solo, y convocar á los indios que viniesen

con suficientes canoas en que conducir á los Padres. Y,

sazonándoles las voluntades con algunas dádivas de las

que ellos apetecen, y con la esperanza de otras mejores,

con facilidad lo consiguió, trayendo bastante gente, y ca-

canoas en que se embarcaron los Padres Pedro Marban,

Cipriano Barrace y dicho Hermano José del Castillo,7 dia

del Señor San Pedro; felicísimo anuncio de que se habia

de establecer y arraigar la fé de Jesucristo, teniendo por

tutelar y patrón á la piedra fundamental de su Iglesia.

Grande fué el gozo y consuelo que tuvieron los misio-

neros luego que llegaron á sus tierras, al verse tan bien

recibidos de los indios con el agasajo y regalo de sus fri-

tas y comidas, correspondióndoles, luego de contado, los

Padres con el retorno de aquellos géneros que mas esti-

man, como son: chaquiras, cascabeles, agujas, ahileres,

anzuelos, cuchillos, etc. Asi se entabló desde el principio

no recibirles cosa alguna de balde, para que nuestro des-

interés les sirviese de argumento que era mny sagrado el

fin que los conducía á buscarlos con tanta diligencia en

BUS tierras. Hízose luego visita general de toda la provin-

cia, significándoles, por medio de intérprete, el fin de su

venida, á que lucieron por entonces buen semblante, ó por

curiosidad, ó por el interés de los doneeíllos, que por todos

participaban, para que con este medio pudieran ganarlos

a todos.

Visitada y reconocida la gente se retiraron los Padres á

un rancho del pueblecillo donde los habían recibido, á

empezar el noviciado de la paciencia, ya tocado uno de

graves calenturas que no lo dejaron en mas de un año.

Luego visitó el Señor á los demás misioneros con el mismo

regalo, qne fué su primera probación y nó la menor prue-

fl RELACIÓN

ba do BU sufrimiento. La habitación, el pueblo, el tiein*

po y todas las demás circunstancias, se conjuraron á au-

mentar la materia del mérito; con las ardientes fiebres,

sin médicos, medicinas, ni mas consuelo que el que les

podia dar el Cielo; ol pueblo era de doce casas, metido

en un espeso bosque, impenetrable á los aires que podían

refrescarle; la habitación era una estrechísima casa ó ran-

cho de paja y oafias, y en tan mal sitio, que en lloviendo

se les entraba el agua debajo de las camas; los ardientes

y ordinarios calores de aquel clima, acompañados de in-

numerables mosquitos y zancudos, sobre el ardor de las

calenturas, hacían de la casa un pequeño infierno, y pare-

cía de veras casa del demonio, pues en la verdad lo habia

sido porque en ella le brindaban su bebida; y la dedicaron

los indios para casa de los Padres, cómo despojando de sn

habitación á sua dioses y dando, desde luego, posesión de

ella á los ministros de Jesucristo, á quien debían dar des-

pués la de sus almas.

Entre estos ejercicios de paciencia y aprender la lengua

se pasaron dos años sin poder dar paso en la predicación del

Evangelio. 9 Contentándose con ir enseñando á los ten-

chachos la doctrina cristiana, y con beneficios, les iban ga-

nando las voluntades para cautivarles los entendimientos en

obsequio de la fé. Informábanse de sus costumbres, iban

reconociendo las dificultades con que el demonio habia de

procurar embarazar la conversión de tantas almas. La

primera estaba de parte de la multitud de pueblos y ran-

cherías en que era imposible cateqnizarlos. Pocas mas se-

rian de cuatro mil almas las de esta provincia de Moxos,

esparcidas á mucha distancia en mas de cincuenta pueblos,

unos á las riberas del rio, otros en las lagunas, otros en

las campañas y pampas, y todos independientes unos de

otros en las campañas por no haber una cabeza univer-

sal á quien se sujetasen, ni particular la tenia ningún pue-

blo; y aunque en cada uno reconocían un cacique, era con

tan poca subordinación que ninguno juzgaba estar obli-

gado á obedecerle, sino era en lo qne le estaba bien ó tenia

gasto, y oslo mismo no se atrevía el cacique á mandarlo,

sino por modo de ruego ó consejo; ni la mujer al marido, ni

los hijos en sus padres reconocían sujeción; con qne si se

trataba de juntarlos á mayores pueblos como era conve-

niente, se había de hacer la guerra á cada uno de por si,

DE LOS MOXOS

y así ee había de pelear con una hidra de tantas cabezas

cuantos eran IOB indios; punto de gravísima dificultad por-

que cada uno vivia tan enamorado de su querencia, que

la miraba como patria propia; A qne ayudaba una falsa

creencia, que entendían que el oríjen de sus antepasados

y suyo, era en la cercania de BU habitación, ya en una la-

guna de donde sacó Dios antiguamente los primeros hom-

bres de donde descendian los de aquel pueblo, ó ya en tal

monte ó pampa donde creó los otros; de suerte que cada

pueblo era un campo damaseno en qne hizo Dios á sus

primeros ascendientes, distintos é independientes de los

otros pueblos. Con esta persuacion miraban aquellos pues-

tos como sagrados, con un nativo amor que dificultaba

mucho el asunto de sacarlos de ellos.

Adoraban en cada pueblo de éstos muchos dioses; unos

particulares de ellos, otros comunes á todos; unos casa-

dos, otros solteros: cada uno con diferente empleo y mi-

nisterio; cual presidente del agua y sus peces, cual de las

nubes y rayos, algunos de los sombrados, otros de la guer-

ra, otros de los tigres. Estos eran los que tenían mas cul-

to exterior por el gran miedo y peligro con que vivian de

estas fieras, de qne hay abundancia en los montes y pam-

pas, á donde continuamente los llevaba la necesidad de

comer, en busca de la caza, durmiendo siempre en el sue-

lo sin resguardo ni centinela, y así eran muchas veces

acometidos y aún mordidos de los tigres; y como es tan

horrorosa su furia, el que habiendo caido en ella se libraba

desús garras, lo miraban como especialmenteescojido y am-

parado de sus dioses, siendo la señal que dejaban los dien-

tes del tigre como un sacramental carácter con que lo se-

ñalaba y segregaba de los demás para su ministro, dando,

con el nuevo estado, potestad para sanar algunas enfer-

medades y noticia universal de los nombres de los tigres.

Recibían la nneva dignidad con largos ayunos de uno y

dos nfios, en que se abstenían observantísimos de comer

pescado, ají y de toda mujer aunque fuese la propia, pena

de ser mordidos ó muertos del tigre. A ellos acndian to-

dos los que mataban ó flechaban algunos para que les re-

velasen el nombre del flechado ó muerto, el cual cojian pa-

ra sí, llamándose en adelante con aquel nombre, y por ól

eran mas conocidos que por el que les pusieron cuando

niños sus padres. Celebraban el tigre muerto con grandea

RELACIÓN

ceremonias para tenor propicio en todas ocasiones al dios

de estos animales; dedicábanle la cabeza en los bebede-

ros; ayunaban por espacio de un año, puntualmente; cor-

tábanse parte del cabello; estaban algunos dias en el bebe-

dero, si entrar en su casa, y hacían cincha abundante pa-

ra brindar á su dios y á todo el pueblo, y su particular

hechicero hacia el brindis para el que tenían especiales ma-

tes dedicados á sus dioses. Decían que los aceptaba aquel

dios, de noche, en un rincón del bebedero, dando el mate.

por detrás, sin dejarse ver de nadie. Así enredaban otros

disparates de que erau ministros los hechiceros; los cuales

eran de dos suertes, unos los ya dichos, que se llamaban

CoituH'uis y otros Tiharautfitiz, que es lo mismo que el de

la vista clara, como los judíos llamaban ridninhis i sus pro-

fetas. Estos Xihanuiqai2 eran loa mas venerados, escoji-

dos para este ministerio por aparición de alguno de sus

dioses, que se hacia con demostraciones exteriores de ac-

cidentes gravísimos, que los privaba de sentido y ponían

á peligro de muerte. s

Entre estos Tiharauquiz y los Comocois se urdían los

engaños del demonio como sus principales ministros. Ellos

conservaban los dogmas de sus sectas, que solían ser en-

contradas en algunos pueblos, contentos todos con la suya

sin que ninguno tratase de impugnar la otra, ni buscar

razón de ella; ni hallaran fácilmente quien se la diese,

porque á cualquier disputa, á la primera dificultad, apela-

ban á sus antepasados, viéndose convencidos, para que

respondiesen por ellos, diciendo: que ellos sabrían res-

ponder, < ') que quizá fué disparate suyo. Esto basta cnanto á la creencia de sus falsos dioses y sus ministros, en que tenían muchos errores, semejantes á las fábulas de los gentiles, y sola se diferenciaban de ellos en dejarse fácilmente convencer; por esto no dieron mu- cho en qué entender á los misioneros en los principios de BU predicación viendo escarnecidos á sus dioses; pero bien reconocieron la grave dificultad en desarraigar otro géne- ro de sectas que tocaban á las costumbres y en que tenían mas parte las pasiones; estas fueron Las que hicieron ma- yor guerra á recibir la fe de Jesu-Cristo. La mayor ha sido la facilidad de dejar las propias mu- jeres, si es que se han de llamar propias las primeras; quo lio ha faltado qnien sienta que entre estos indios no DE LOS MOXOS hubo verdadero matrimonio según Ja ley natural; pero ni las primeras ni las últimas podían llamarse propias por falta de dominio, pues no reconocían superior las mujeres á sus maridos; y así por leves ocasiones los dejaban, ó ellos á su» mujeres; con una diferencia: que siendo la causa por algún adulterio las dejaban después de muchos castigos, á que no solo concurría el marido, sino los parientes de ella; porque todos hacían presunción de que fuesen honradas las mujeres que les tocaban por cualquiera dependencia; y si el adulterio era en ausencia del marido, los parientes de él y de ella salían á la venganza; éstos por el honor, y aquellos porque creían que el adulterio en ausencia del marido era cansa bastante para que le mordiesen la víbo- ra ó el tigre á él ó á sus compañeros, ó les sucediese otra grave desgracia, o\ á buen librar, que no hallasen que cazar y traer ¡i sus casas para su sustento. Y siendo tan fácil de suceder algo de esto, venían luego á inquirir quien había tenido la culpa, y muchas veces, sin ella, da- ban contra alguna inocente, y si libraba con vida era in- dispensable el apartamiento ó divorcio. Otras veces, solo por una palabra mala, por un desabrimiento, por no res- ponder la mujer al marido cuando la hablaba, por no aceptar el marido la comida ó bebida qne le daba la mu- jer, ó por otras muchísimas 6 levísimas cansas, se divor- ciaban para buscar cada uno con quien casarse, porque entre ellos se tenia por gran trabajo el celibato, y así ape- nas hallaron los Padres indio de alguna edad que estu- viera casado con su primera mujer; materia de gravísimo desconsuelo y suma dificultad. No fué pequeña ni de menor consecuencia la de la po- ligamia, aunque no tan universal, por providencia de Dios, que diapuso en esta gente que fuese menor el nñ- niero di; las mujeres, que así muy pocos conseguían te- ner dos ó tres, cuando otro? no alcanzaban una, y esto sin respeto al parentesco de afinidad. Nada de esto cansaba tanto horror como la abominable costumbre de enterrar vivos á los propios hijos, con bien leves ocasiones, á veces por librarse del trabajo de criar- los ó por ser enfermos o llorones. Hasta aqui podia lle- gar la barbaridad de estos gentiles, que ni ano en los brutos, por naturaleza amantes de sus hijos, hallo com- paración: y si una mujer, por accidente, ó por otra causa, BRLACION abortaba, infaliblemente la arrojaban á que pereciese én el rio, conspirando á esto todo el pueblo BÍ ella no se ponia antes en salvo acudiendo áotro pueblo donde la de- fendiesen. Fundaban esta tan injusta costumbre en un error con que los tenia engañados el demonio; de que el aborto de una habia de ser causa, si no la mataban, de que todos enfermasen de disentería. La embriaguez, tan universa] entre los indios, aquí te- nia su principal lugar por dos circunstancian: la una por ser costumbre asentada que si uno hacia chicha, babia de ser para convidar á todo el pueblo, y á veces también á otros: porque entre ellos no era estilo beber cbicha que pudiera embriagar sino en comunidad; otra que esto era muy ordinario; y aunque su bebida no es tan fuerte co- mo la de los indios del Peni; pero la cantidad suplía la fortaleza, y para estas ocasiones guardaban las penden- cias; porque no acostumbraban jamás reñir, aunque es- tuviese la cólera ardiendo, si no le daba un herbor mas la chicha. Por esta selva inculta de abrojos y espinas se habia de hacer paso á la ley santa de Dios; pero como se temió que después que á fuerza de sudores se hubiese abierto el camino, no pudiese conservarse limpio sin que por instantes brotasen de nuevo cambrones y malezas, cuan- do la demasiada separación de los indios no habia de dar lugar ¡i la continua asistencia del labrador, esta dificul- tad movió, y no sin razón, á algunos de los misioneros á representar. á loa superiores imposible la conversión de aquellos infieles; y el conocer todos el poco aliento con que estaban para reducirse á mayores pueblos, hizo á los Padres poner luego nuevo esfuerzo en procurarla mu- danza y reducción, haciéndoles amenazo de dejarlos, y Otras diligencias suaves y eficaces para este fin, querien- do Dios que tuvieran muy buen efecto, porque luego ha- llaron dócües á muchos y prometieron juntarse en un solo pueblo con lus Padres, con tal que se escojiese sitio capaz para su chacras y habitación, Informáronse para esto los misioneros, de los mismos indios como mas prácticos en la tierra, que los dirijieron á un paraje que para entonces pareció muy bueno pava fundar el pueblo, comparado con el que dejaban, eu que hubo mucho engaño por la falca de esperiencht, que obligó después á mudarle. Fueron los DE LOS UUX08 15 Padres convocando y reoojiendo á este sitio á los indiofl, para que viniesen primero A rozar y disponer sus cha- cras, para tener que comer en haciendo sus casas; pre. vención qne observan siempre, porque su principal comi- da que es la yuca, no sufre estar mucho tiempo cojida y así han de estar las chacras cerca del pueblo, para poder cojer conforme se vá comiendo, y siendo tan pesada no es para acarrearla de lejos.11 Consigióse gloriosamente la mudanza del pueblo, á que dieron principio los Padres, haciéndoles los indios una suficiente y acomodada casa con una ramada ó galpón que sirviera de iglesia para decir misa y hacer la doctri- na cristiana; y vieron, con grande júbilo y gozo de sus almas, los misioneros, un bastante pueblo de mas de seis- cientas almas; y fué mayor el consuelo al ver como, á sn ejemplo, se iba haciendo la misma agregación en otros con menos dificultad; porque para esta gente tiene muy eficaz persuasiva el ejemplo de los mismos de su nación mas que el de otra alguna. Pasaron luego á separarlos de la pluralidad de sus mujeres, y 3e redujeron á quedarse con una sola, para lo cual se les sazonaba la voluntad con el premio de un cuchillo, ó con otra dádiva, con lo que se fueron mostrando mas obedientes y dóciles. Entendiendo el Venerable Padre Provincial Francisco del Cuadro, la diversidad de pareceres que babia aún entre los nuestros, sobre si era conveniente continuar la misión, con gentes, al parecer, incapaces de subjecion y obediencia, envió por Visitador al P. Luis Sotello, con orden de que sacase los misioneros si propuestos algu- nos puntos no prometiesen su puntual obediencia los indios. Hizoseles saber en una plática el fin del Visita- dor; y como ya con sus beneficios y asistencias caritati- vas en sus achaques y enfermedades tenian amor á los Padres, temiendo grandemente se los quitasen, se ofre- cieron prontos á obedecer cuanto les mandasen. Acudie- ron, desde luego, con mayor puntualidad, á la doctrina cristiana, en que halló muchos aprovechados; no rehusa- ron que los Padres azotasen á sus hijos, en siendo pere- zosos para ella, antes los acusaban ellos mismos y se mostraban humildes en cualquier corrección de manos de sus misioneros por sus delitos. Viendo, pues, dicho padre Visitador tan admirables 12 ítEtAClON principios, se determinó á proseguir la misión," por ser mucha gloria de Dios y provecho de aquella gentilidad, y dando cuenta á dicho Venerable P. Provincial, del buen estado en que la hallaba y del deseo que, con tan particula- res demostraciones, manifestaron los indios del satito bau- tismo, mandó Be les confiriese en llegando nuevos sujetos que tenían ya señalados para esta misión, en que enton- ces se hallaban sólo el Padre Pedro If arban y el Hermano José del Castillo, por haber sacado su poca salud a los otros Padres á Santa Cruz, donde habiendo mejora- do los embarcaron para la misión de los infieles Chirigua- ñas que entonces pidieron sacerdotes de los nuestros con grandes esperanzas que se desvanecieron después de muchos gastos y singulares diligencias que hicieron di- chos Padrea y otros, que gloriosamente se consagraron á esta empresa; algunos desde el colegio del Cuzco y otros desde este de Lima, como el Padre Juan de Soto- mayor que dejó, con admirable ejemplo y edificación de todos, la cátedra de teología, que estaba leyendo en este colegio máximo de San Pablo, donde se haya Eector al presente.13 Entretanto que llegaban los nuevos ministros del Evan- gelio, se fueron perfeccionando los indios en el catecis- mo y doctrina cristiana; hízoles visita general el Padre Pedro Marban en todos sus pueblos, en la que pidió á los hechiceros todas las alhajas consagradas al demonio y sus falsos dioses, de que se hicieron públicas hogueras." Entre algunos mates en que bebía el demonio, se supo que tenia un hechicero, dedicado á este fin, una copa de un cáliz que quitaron antiguamente A un religioso de San Francisco.1" Pidíósela,y la entregó con la patena que era gala de su dios, con harto dolor de los misioneros que vieron profanado, en tan inmundo ministerio, un va- so sagrado en que se ofreció muchas veces la sangre de nuestro Dios. También quitó en los demás pueblos los bebederos públicos, que eran sus diabólicos templos, y de ellos muchas calaveras humanas de los que habían muer- to en sus guerras, que allí se consagraban al dios presi- dente de ellas. Lo mismo hacían con las eabezas de los tigres, adornando las cabelleras de algodón: de todo se le despojó al demonio, que, según algunos dijeron, brama- ba por los montes y daba queja de los suyos en otros DS LOS MOXOS 13 pueblos donde no habia, llegado la palabra divina, dicien- do: se iba allí desterrado do los Padres y sentido de los indios, que después de tantos años de posesión le deja- ban; lo cual se supo en particular por un hechicero, dis- tante de nuestros pueblos, que vino á visitar á los indios; á loque le respondieron: que en volviéndose aquejar, no le oyesen ni le diesen de beber; que ellos estaban muy contentos con haberlo desterrado, porque era un engaña- dor y nó, como decia, hermano de Dioa, sino su enemigo, desterrado por rebelde de su gloria. De esta suerte da- ban los demonios otras quejas, que servían de suave mú- sica que confortaba los corazones de nuestros misione, ros, por conocer que ya empezaban los buenos efectos de la divina palabra. Llegó, pues, el tiempo tan deseado y pretendido, des- pués de mas de siete anos de trabajos, fatigas y dili- gencias que se hicieron para ponerlos en tan buen es- tado y disposición; y á tiempo tan oportuno, el Padre Antonio de Orellana1* desde la ciudad del Cuzco, y des- pués el P. José de Vega, con los quo el año de 1682, se pudo dar gloriosísimo principio á los bautismos el día de la Encarnación del Verbo Divino; feliz pronóstico, por haber estado desde sus principios dedicada aquella reduc- ción á la Santísima Virgen y haberse conseguido el pri- mero y mejor triunfo, el dia del primer misterio de nuestra redención qne se celebró en la santa casa de Lo- reto, y así se le dio al pueblo esta advocación. Bautizá- ronse este día mas de quinientas almas y el año siguien- te, por Enero de 1683, se bautizaron tres pueblos que pasaron de setecientas almas, con singular alborozo de los Padres y mucho consuelo de los indios, quienes des- de luego principiaron á deponer sus gentílicas costum- bres y entablarse á las cristianas en que han ido cre- ciendo mas cada dia; y se hubiera aumeutado, desde lue- go, el número do los cristianos, si las continuas mudan- zas de tantos pueblos no hubiera detenido los pasos por la instabilidad é inundaciones del rio, que se les retiraba demasiado, ó se les llegaba tanto que le3 robaba las ca- sas y las chacras; con que andaban, de necesidad, en un continuo movimiento, sin poder asistir de propósito á- la doctrina, ni otra disposición de cristianos. Esta razón movió á considerar que era conveniente 14 BELACION* qtie toda la gente que pertenecía Á esta reducción estu- viese en un solo pueblo, don le viviesen con ellos los Padres. Pidiéronle á Nuestro Señor que les depara- Be sitio al propósito, y lo hizo S. M. como quien le agradaba el asunto; y viéndolo, reconocido, y hallado en él las circunstancias necesarias para la conveniencia y estabilidad de un pueblo, se les propuso á los indios, que, aunque conocieron su bondad, le miraron con sobresalto y horror, por ser paraje donde hizo dormida el español viniendo con su campo por estas provincias, pareciendo- Íes que era para entregarlos como esclavos. Vencieron estas dificultades los indios, en que mostraron mucha docilidad y subjecion á los Padres; y luego, con toda prontitud y eficacia,, trataron de hacer sus casas. Los Padres se resolvieron de ir á vivir sin ella, para que á su ejemplo se animasen los nuevos cristianos, que no venían con mucho gusto. Asi lo ejecutaron, desamparando, des- de luego, la casa que tenían en el pueblo que dejaban: y movido de esto un honrado cacique, dio prisa en acabar su casa, haciéndola mas capaz de lo que solia, para que viviesen los Padres hasta que hiciesen de propósito la suya, que en mas de un añonóla tuvieron, sino con mu- cha incomodidad y estrechez, por querer fuese la ultima la suya, hasta ver acomodada la gente y perfeccionado el pueblo; pues solo aspiraban los misioneros á que el fue- go y agua por donde pasaban los llevasen al eterno re- frigerio. • -- ■ ■ II. ■ PRIMERA REDUCCIÓN. ■ NUESTRA SEÑORA DE LGRETO, *J Dll'ii . ■---r Si en alguna parte pueden decir ios nuestros con el Apóstol; per omne tempus servims Domino, es en están re- ducciones de los Moxos, cuyos miníatenos son tatito mas preciosos, cuanto mas seguros de vanidad y Aplauso, ha- biéndose de ejercitar con gente tan bárbara y de solas cosas necesarias A la salvación de sus almas, en el silen- cio y retiro de unos pobres ranchos, con notable desam- paro; asi parece lia correspondido tan colmado el fruto, a proporción de los trabajos- Imitando, pues, al evange- lista Sm Juan, que, tan de propósito, en su Apocalipcis, traslada el nnmero de laa tribus, y de los que de ellas gozaban la Compañía, (

se estaba solicitando con ansias descubrirle por esta di-

rección de Cochabamba, por donde el de 88 le fué á ex-

plorar el Hermano José del Castillo, en tao mala ocasión

de aguas que ¡ni se supo mu- de ó!, y ii:.-ne }>■< )• cierto que pereció con un cacique Ranche en el rio de Aglial.87 Asi mismo amistó el Padre Antonio con muchos pueblos, dejando puerta abierta para la correspondencia, que es el primer paso y nías difícil para su conversión; por lo cual temen estos bárbaros el comercio con otros que no sean sus parientes, por la fama que no deja de Hogar de los misioneros, de muy lejos llevada en lenguas de infieles, que los conciben monstruos horrorosos, Andando el Padre en estas correrías, ganó para Dios estas naciones de Pnnuanas y Cahacurces, donde fundó su reducción, y ;isí mismo pacificó i los Casabeonos con otros seis pueblos, de los cuales algunos hablan la leu- DK LOS MOXOS 2!) fíua. de los Moxos. y otros en diversas lenguas, pitra Jo cual siempre se buscan intérpretes; también penetró has- ta el valle de 13eni, población de Morochionos; y en todos con los doneoillos y agasajos quo tas hizo el Padie, se mostraron aquello.-* bárbaros obsequiosos y rendidos, sin que dejasen demostraciones de las que caben en su pobre- za que no hiciesen. Propúsoles ol Padre Antonio el fin de buscarlos en sus tierras para predicarles la palabra de Dios y desterrar la falsa creencia del demonio. Respon- dieron que deseaban oir de propósito nuestra doctrina, para conocui si oran engaños los de sus antepasados y seguir en todo la verdad. Viéndolos el Pao1 re tan dóci- les, les pidió, en señal de su ingenuidad, qne 1c entrega- sen los matea en que daban que beber al demonio, y las demás alhajas que les pertunecian, sobre que les persua- dió largo rato por el miedo que turnen de que enojados sus dioses les hagan daño en la salud y aún en la vida. Rindiéronse por último y entregaron unos nía Ur cilios, ador- nados á su modo, algunas gargantillas de caracoles y mas de cincuenta cabezas de tigres, que es entre ellos casi la única idolatría exterior; porque en matando uu tigre, el que lo mata le quita la cabeza y después la adorna con una cabellera de algodón de varios colores y la cuelga en el bebedero por triunfo del dios que le ayudó; al cual se lo hace luego chicha y se le adereza un mate en quo le dan de beber por mano del hechicero, el cual dice: quo admitió su dios y que bebió en pública borrachera; pero siempre de noche para no ser visto. Hizo el Padre Antonio ana hoguera en presencia de ellos, y quemó todos estos idolillos, haciéndoles primero una plática en que les alabó su docilidad, y cómo por ella los habia de premiar Dios. Trató con ellos que se habían de recojor todos en forma de pueblos en el paraje que les pareciese mas conveniente, á que se convinieron h-s prin- cipales caciques y quedaron de avisarlo á su tiempo en determinándolo entre ellos; como se espera de la miseri- cordia de Dios que en todas partes vá ofreciendo, á ma- nos llenas, los triunfos para sn mayor gloria. Y cómo han sido sin interrupción tan admirables con las noticias que han dado de esto los misioneros, han solicitado mu- chos sujetos y pedido continuamente, despreciando las esperanzas muy bien fundadas en sus aventajadas pren- - 30 R ELACIÓN das, consagrarse á tari apostólico empleo, como el nías glorioso de nuestro sagrado instituto Y la atenta vigi- lancia de los Superiores no se ha descuidado en nombrar i su úempo lo* operarios que se han pedido, sin reparar en los crecidísimos gastos de tantos años, y en los empe- ños que padece esta Provincia en tiempos tan calamito- sos: puüfí luego que díó cuenta el Padre Superior de la misión, de cómo se empezaba á fundar esta tercera re- ducción de N. P. San Ignacio, y de que habia mucha míos para otras, se señalaron á los Padres Francisco de Borju, Ignacio de Sotomayor, Félix de Pórres, Francisco Javier Granados y Lorenzo Legarda, quienes, en alas do sus fervorosos deseos, volaron, hasta llegar con felicidad al término de sus ansias y dilatada peregrinación, para salud y remedio de aquel miserable gentilismo.28 ■ : ■ V. CUARTA REDUCCIÓN. SAN FRANCISCO JAVIER. ■ -- ■ Bien se conoce que han sirio llamados y escojidos del Señor, no por que hayan sido pocos los misioneros que se han aplicado á cultivarle esta viña, sino por las veras y eficacia con que, todos los que en varios tiempos han ido entrando, han trabajado fervorosamente para aumento de aquella nueva cristiandad, aplicándose á los mayores tra- bajos é incomodidades por limpiarla de los abrojos y espinas, dedicándose al mismo tiempo, desde luego, á es- tudiar la lengua;que en uno y otro parecía no admitir igua- les los primeros obreros,y hoy juzgo que se puede entender de todos lo que de los sagrados Apóstoles: repleti aunt omnes Spirítu Sancto; pues con notable brevedad se ha verificado de los más el: aperunt loqui variis linguis. Con qué se han podido ir acompañando de nuevo los misioneros, en- tresacando los mas aprovechados, que eran compañeros, para fundar nuevas reducciones, según la disposición de las provincias. Asi pudo disponerse otra nueva reducción, que es la cuarta, con la advocación y título del glorioso Apóstol del Oriente San Francisco Javier, fundándose sobre el rio Grande, Guapay, de la banda del Poniente, entre las bo- cas por donde desaguan en dicho rio Grande los de Tia- mucho y el de Apercé, ocho leguas el rio abajo hacia el Norte, distante de la seguida reducción de la Santísima Trinidad. Fundáronla los Padres Cipriano Barrace, Jnan de Montenegro y Agustín Zapata, á 26 de Mayo de 1691, y luego la quedó sirviendo dicho Padre Agustín con el 4 9 CELACION Padre Lorenzo Legarda.los que hasta hoy no han cesado, con singular aplicación y ejemplo, de adelantaría mucho. Visitóla en í2 de Agosto del mismo ano, el dicho Go- bernador y Capitán General, quo numeró y empadro- nó 237 L almas avecindadas en" el pueIdo, y dos*lo dicha visita hasta este tiempo, pasan ya de mas do 8000; y fue- ran mncii¡simas si los bajíos de lao tierras dieran lugar ú mas sementeras y continuada población.33 Los que han merecido el agua del bautismo son 1"P56, que acuden todos los dias á ks doctrinas, y en los de fiesta á la misa y explicación del Evangelio con gran puntualidad. Así mismo frecuentan muchos, por su devoción, los Sacramentos de la Iglesia, y todos los piden con grande instancia y fé en sus enfermedades, en que es raro el indio que así que se siente enfermo no pida confesarse. Poco después de haberlos bautizado, se entabló cantar todos los sábados la misa de Nuestra Señora, á que acu- dieron todos,desde luego,con tanta puntualidad como los dias de obligación. Así que oyen tocar la campana, salen de su casa diciendo á voces por las callos hasta llegar á la iglesia: vamos á oír misa de nuestra madre. La uncían los muchachos del pueblo, con tanta destreza y gracia que bausa admiración oiría. Después entona otro coro de indiesitas un romance al Santísimo Sacramento, á que se sigue el acto de contrición en verso, todo en su ien- gua, con el alabado cantado en castellano por no tener vocablos la otra lengua. Luego se aplicó el Padre Agustín Zapata, con notable desvelo, á hacer su iglesia, también de adobes y de tres naves, muy bien dispuesta, de noventa pasos y treinta de ancho, los techos de tumbadillo, y asi mismo la oasa bas- tantemente capaz y religiosa, en forma de claustro. Tu- vo ii dicha y especial providencia, el que entrase un car- pintero del Perú que le hizo un sagrario grande y her- moso, de cedro curiosamente labrado, en que se colocó luego el Santísimo Sacramento; así mismo dispuso unos bancos con sus molduras airosamente voladas, paira el altar mayor, colaterales al mismo sagrario, sobre el cual se puso un nicho grande en que está un bulto peregrino del el Apóstol San Krauoisco Javier, quo asi mismo tiene sus andas muy curiosas y pintadas, para sacjirlo en procesión. DE LOS MOXOS Tiene también la iglesia tres puertas de cedro, labradas, un pulpito muy curioso y sus escaños, con más un cajón da sacristía de cuatro varas de largo, para guardar con docencia y aseo los ornamentos y alhajas necesarias al servicio y adorno de la iglesia, en que también ha tenido el Padre Agustín singular esmero, y cada dia se espera ha de obrar runcho más en todo, seguu su celo y devoción. Tiene esta reducción de San Francisco Javier tres pro- vincias muy grandes de gentiles, que a caria una se le si- guen infinitas; por el Norte están los Canisics, por el Po- niente los Chirignas y por el Oliente los Yitumuanas, to- dos de diversas lenguas; y aunque muchos de los que componen el pueblo lo son, se vá haciendo ya común en- tre todos la lengfia de los ML>XOS, en lo que se tiene cuida-

do; y para los qne son mas tardos, ó empiezan, hay in-

térpretes do laa suyas, como consta que sucedía con loa

Apostóles San Podro, San Pablo y San Francisco Javier,

no siendo continuo el don de lenguas. Así, pues, vieno

siendo esta santa reducción frontera de todas estas nacio-

nes bárbaras, por lo cual ha sido preciso que salga el Pa-

dre Agustin, uua ó dos voces cada año, á pacificar y redu-

cir nuevas naciones de laa que la rodean.

El año pasado de 161*3 salió el Padre á hacer misión por

la dilatada provincia de los Oanisianas, que está, rio abajo

hacia el Norte, veinticuatro leguas distante de su reducción,

adonde pocos meses antes habían ido de guerra y mueito

algunos para su sustento, dejando en señal de triunfo las

tripas de los difuntos enredadas en unas ramas á las ori-

llas del rio, donde fuesen vistas de sua enemigos.

Habiendo estado en cuarenta y ocho pueblos de estos

Canisianas. que poco antes hacían tales atrocidades, vinie-

ron á visitar al Padre de otros muchos pueblos distantes y

retirados del rio; y contando los caciques de cada pueblo

con los que había visto, ajustaron el número de setenta y

dos pueblos, qne pagarán de cuatro á cinco mil almas.

Amistólos á todos y los redujo, obligándolos con algunos

de los donecillos do los que ellos usan y gustan y que es

preciso llevar prevenidos siempre que hacen los misione-

ros estas visitas y correrías.30

Estos Canisianas dieron noticia de mucha gente dis-

tante,más abajo del mismo rio, enemigos mortales suyos,

llamados los Oayubabas, á los cuales no pudo ir á visitar

Sí RELACIÓN

entonces el Padre hasta después que entraron las aguas,

como lo hizo; y linbiéndolos bullado rebeldes y puestos

en armas eon las flechas ajustadas á sus arcos, se rindie-

ron con las dádivas que el Padre Agustín les hizo de cu-

chillos, chaquiras, y á los principales hachas ó machetes,

con lo que quedaron muy contentos, y retornaron alegres

con sus pobres comidas de maní, yuca y inaiz. La gente es

muellísima, y sólo en uno de los pueblos hay más de dos

mil almas, y los demaB tendrán mil ochocientos, poco

más ó menos. El cacique principal de estos siete pue-

blos, era un viejo venerable, con una barba cana y muy

larga, llamado Paiüti,!1á quien en particular regaló el Pa-

dre Agustín, y en retorno le dio un lancen de chonta con

una pauta de hueso, que tenia en la mano, matizado to-

do de muy vistosas plumas,en señal de amistad;pues pa-

ra entablaría usan estos bárbaros el dar sus armas.

Después de dos dias que gastó el Padre con estos Ca-

yubabas, se volvió á su reducción, de donde, pasadas las

aguas, repitió salir por tierra á visitar otras naciones de

que tenia noticia que habitan entre el Norte y Poniente.

Y habiendo, á costa de muchos trabajos, ganado con felici-

dad y pacificado tres provincias düiutLde-s llamados Du-

cnicumas, Cunignanas y Candiónos, quedaron aplazados

y convenidos en fundar pueblos en la barranca de un

hermoso rio llamado Apcrcé; de suerte que para sólo es-

to descubierto y conquistado, se necesitan de catorce su-

getos con los que se pudieran fundar siete reducciones

en los tAr minos de ésta, pertenecientes á San Francisco

Javier.**

Asi mismo, saboreado con la mies tan copiosa que el

año antecedente le ofreció el Señor, salió el Padre Agustin

el año pfisado de 1694 pata las pampas á visitar y reco-

nocer otras dilatadísimas y retiradas naciones de genti-

les, que jamás habían visto Padres; que aunque á los

priucipiod se resistieron con sus armas, juzgando les iban

á hacer daño, después se desengañaron y quedaron muy

amigos, gozosísimos de verse regalados con los doneci-

llüs con que los obligó el Padre, á que correspondieron

abundantemente con sus ordinarias comidas. Las nacio-

nes son: Morochinas, Cayapimas, Saruguanas, Paririnas,

Barisinas, Caririnas y otras, que por todas llegaron á

siete mil almas, muy tratables y que admitían con buena

DE LOS MOXOS 35

voluntad en su compañía al Padre. Señalóles un hermo-

so paraje en la barranca del rio Apercé para que se jun-

tasen cuando Nuestro Señor les baga el beneficio de

viarles predicadores evangélicos, que pues es srya la v'

suyos han de ser los obreros.K

A fines del año pasado de 169,0, mandó el P i I

Marban, Superior de aquella misión, ai Fm< ; Zapata que saliese,éoita) los años anteced-r ■ nes Antes que acabasen las aguas, por ios h.n' que esperaba y tenia esperi mentados; y ha*iie] > .

do dia y medio por el rio abajo, se encontró impeíiBtítla-

mente en una hermosísima pampa con toda la nación de

los Ganisianas que se habían juntado á hacer un pue-

blo grande en ella cómo para obligar á los nuestros fue-

sen á enseñarles la doctrina cristiana y que les labasen

la cabeza, que con e3tos términos explican el sacramen-

to del bautismo: determinación admirable del cielo qne

con sus piadosas laces ilumina los entendimientos de

aquella ciega gentilidad; pues, uno de los mayores traba-

jos que hay en fundar nuevas reducciones es sacar á los

bárbaros de sus pueblos y querencias; y éstos que esta-

ban distantes cuatro dias de camino se han acercado tan-

to para obligar y conseguir su remedio, el enal les asegu-

ró el Padre Agustín con la esperanza de nuevos misio-

neros, y consolándolos, en cuanto pudo, prosigió su em-

presa hasta los Oayubabas á quienes había amistado el

año antecedente. Habiendo llegado á eilos le dieron más

ciertas noticias que la vez pasada de la infinidad de gente

que habitaba la tierra adentro,y asi prosiguió costeando la

misma falda de la serranía de los dichos Oayubabas hasta

llegar á ver y visitar muchos y muy numerosos pueblos

de más de quinientas almas cada uno, en otro temple dis-

tinto y mejor; y habiendo entrado en un pueblo muy

grande, puesto en forma, con plaza y calles, halló á toda

la gente de él junto á la puerta de un templo dedicado al

demonio, á quien actualmente estaban ofreciendo sacrifi-

cios, puestos sus dioses todos en, la puerta del templo,

vestidos muy curiosamente de plumas, con unas mantas

vistosas, todas labradas, como las que usan de gala los

indios de nuestro Perú, y delante de ellos muchos cuar-

tos de carne de cierros, venados, conejos y avestruces

puestos en sus palanganas, con una hoguera de fuego en

HliL ACIÓN

el medio, que continuamente arden de día y de noche, y

todo el pueblo alrededor del sacrificio.

Así que vieron entrar al Padre con los indios que le

acompañaban, sin desamparar el holocausto, mandaron

los principales caciques a alguuos de sus indios que fuesen

á recibir y asistir al huésped hasta que acabasen con su

función. Vinieron después todos, y el Padre procuró

agradarlos con variedad de donecillos y en especial al ca-

cique principal que le dio un machete y uu poco de esta-

ño, ó que mostró su agradecimiento con la liberalidad de

comidas que ellos usan. Y por ser de estraña lengua no

les pudo hablar el Padre, ni hallar intérprete, y asi le pi-

dió por señas el Padre Aguslin, un muchacho que le

dieron luego con buena voluntad, y se lo llevó para ense-

ñarle la lengua moxa, con ánimo de volver á ellos con es-

te intérprete en habiendo bastante número de misioneros,

y persuadirles los medios de su salvación.

La gente es muchísima, dócil y muy obsequiosa; tanto

que se pueden hacer muchas reducciones de á más de

diez ó doce mil almas, porque no son tierras anegadizas

como ias que al presente ocupan los Padres, sino muy

hermosas y todas capaces de sementeras. Causa gr an do-

lor ver tanto número de almas en tan bien dispuestos

cuerpos, hechos templos de Satanás y rendirle adoración

los que podían ser sagrarios del Espíritn Santo, por la

gracia del bautismo.34

Al volverse el Padre Agustin á su reducción con su

nuevo cautivo, glorioso en sus trabajos de tan admirable

triunfo, lo coronó el Señor con otro más excelente; pues

halló la población de los Cautsianas, que encontró al pa-

sar en aquella pampa, más numerosa de casas y gente, los

cu dea no le querían dejar volver pidiéndole con instancia

se quedase con ellos y les señalase sitio para hacer la ca-

sa de Dios; porque querían ser también cristianos como

los indios que le aompañaban; por lo cual se detuvo un

dia con ellos el Padre á consolarlos, aunque no lo que-

daron, pnes, sin saberlo, se fueron tras de él y le siguie-

ron todos los caciques y principales hasta entrar el dia si-

guiente que llegó el Padre á su reducción; de donde di-

jeron quo no se habían de ir si no llevaban consigo, por lo

menos, un misionero que les enseñase la doctrina y los

hiciese cristianos; lo cual no se lea pudo conceder con

DE LOS MOXOS 87

gran dolor y desconsuelo de los dos misioneros qne sir-

ven aquella reducción, por lo mucho que hay que atender

y trabajar en ella, y aún en la^ fundadas y bien entabla-

das, donde cuatro y seis sujetos tuvieran bastantemente

que hacer. En esta misión, y en las que de ordinario ha-

cen los Padres, se ganaron muchos angelitos para el cie-

lo, que hallándolos en los últimos alientos de la vida, en

varios pueblos, volaron dichosos á gozar de una eternidad

de gloria, por medio de nuestros misioneros.36

_

,--

VI.

QUINTA REDUCCIÓN.

SEÑOR SAN JOSÉ.

Verdaderamente so pueden llainar vasos escojidos del

-Señor, los misioneros apostólicosé hijos verdaderos del gran

eolo y espíritu de nuestro Padre y Patriarca San Ignacio,

que, á costa de tantas fatigas, peligros, hambres y glorio-

sísimos trabajos lian llevado el nombre sagrado de Jesús

y asentado el estandarte de nuestra católica fé en los

corazones do los bárbaros gentiles por lodo aquel nuevo

mundo, con evidente riesgo de la vida, siendo estímulo lí-

bralos el Señor de unos para esponerse á otros más arduos

por su mayor gloria y amor; pnes el fruto copiosísimos de

almas qne se habia cojido para Dios en las cuatro funda-

das reducciones, empeñó y alentó más vivamente á los

Padres Antonio de Orellana y José de Vega á otra nue-

va reducción en la provincia que pertenece a la de nues-

tro Padre San Ignacio, y qne por espacio de dos años la

estuvo antes disponiendo la predicación y celo de dichos

Padres, y es la del Señor San José de los Maharenos, la

cual está fundada en los llanos del Norte, al pié de la cor-

dillera general que divide nuestro Perú, distante ú la par-

te del Poniente diez y seis leguas de la reducción de nues-

tro Santo Padre, y sesenta 6 setenta leguas cuando más

de la villa de Oropesa y valle de Cochabamba.

Erigióla el Padre Juan de Espejo, ácuyo cargo y fomento

se conserva con la asistencia del hermano Bernabé Domín-

guez, k G de Junio del año de 1691. En la visita general

que el Gobernador de aquellas provincias hizo á fines de

Agosto de dicho año, numeró y empadronó 2.03ÍJ perso-

RELACIÓN

ñas, que al presente pasan ya de 4,UU0, y promete ma-

yor aumento por las infinitas naciones que infatigable-

mente lia pacificado y visitado el Pudre Juan, de quie-

nes ha adquirido mayores noticias, cuyas partes por la

dirección al Norte están lastradas de mucho gentío con

buenas salidas al Perú, por las naciones de Gumapalcas,

y Yocomanes.36

Conocióse, desde luego, la inmensa capacidad para obrar

mucho en esta reducción, y que pedia operarios que cou

te-^on insesante no dejasen el arado de las manos para cul-

tivar y romper nuestras tierras; y así se asignó por com-

pañero del Padre Juan al Padre Félix do Por res, en quien

concurrían todos los talentos que pudiéramos desear para

un perfecto religioso y misionero, como lo manifestó el

tiempo que le mereció aquella santa misión con sus singu-

lares trabajos y rara aplicación, donde se puede entender

ciertamente que in breai repleñt témpora inulto, y qne nos

lo quitó Dios para darle el premio de sus ejemplares vir-

tudes y ardieiitísimo celo en la conversión do las almas, en

lomas florido de sus años, dejando á toda esta Provincia

muy edificada y sentida cun su pérdida, y más al Padre

•Juan que, después do su felicísima muerte, ha cargado so-

lo el yugo, doblando las tareas, aunque siempre lia traba-

jado por muchos en la conversión de infieles y se le ha

logrado en éstos, de que tiene ya reducidos por el agua

dnl bautismo á nuestra santa femás de 1,200 entre pár-

bulos."

Compónese esta reducción, que es la horizonte, de len-

gua diversa, á que se ha aplicado el Padre para instruir-

los en los misterios de la te. Los demás de que se com-

pone el pueblo son Churimas, que pasarán de 3,IJ00 al-

mas de otra lengua, que con poca diferencia es la misma

que hablan en la reducción de San Francisco de Borja,

para los cuales ha tenido el Padre bastantes intérpretes, y

ya no sólo catequiza, conliesa y predica, sino que ha dis-

puesto un arte muy perfecto con su catecismo y oracio-

nes; porque es eminente y facilísimo en varias lenguas

oumidiendo con el Padre Juan el Dóminos rfedit mihi lin-

gaain eruditaan do quo se gloriaba Isaías. Así mismo tie-

ne amistada la nación de los Merohionos, que ya so han

reducido á pueblo y se van agregando cada dia con las di-

ligencias y agasajos con que el Padre les gana la volun-

40 DE LOS MOJOS.

tad, ayudándoles en persona á traer por horrorosos panta-

nos y ardientísimos soles, de partes muy lejanas sus alha-

jas, cargado do sus hijuelos; y aunque también son de di-

versa lengua y pide nuevo trabajo y estudio, á nada se ha

negado el Padr.i, pues ya la entiende y empieza á hablar

con perfección/''

E¿te afán tan prolijo da aplicarse á tanta variedad de

lenguas para las coutíuuas misiones que todos los años

se hacen por acuellas dilatadas provincias y fragosas ser-

ranías, y el haberse perdido el trabajo de una iglesia que

casi tenia a::abnda, con la inundación de las aguas, le han

retardado el gozo y consuelo hasta año de 1695 de estre-

narla, lia quedado muy bien dispuesta, de cincuenta va-

ras de largo y doce de ancho, con dos capillas grandes

en el crucero, toda de adobe muy fuerte, y su techo de ti-

jera, bien defendido de las aguas; eu cuyo trabajo y des-

velo mostraron los indios su piedad y devoción y el gran

amor que tienen á su Padre; quien mandando en una oca-

cional cacique del pueblo que dejase de trabajar por algu-

nos dias y fuese á buscar que comer para sus hijos con la

pesca ó caza, de que gustan mucho, le respondió al Padre:

que Dios les daría de comer. Y lo ordinario era oir á

los indios, mucho antes de amanecer, llamar á sus compa-

ñeros para que trabajasen en la iglesia, dioiéndoles: go-

zemos de la claridad do la luua para que acabemos bre-

ve la casa de Dios que nos socorre y favorecerá en nues-

tras necesidades.

Colocóse en el retablo del altar mayor, en cí nicho del

medio, un bulto de cuerpo entero del glorioso Patriarca

San José, que para que fuese del mejor arte y perfección

se le remitió del Perú; y en las dos capillas unos lienzos

de pinturas primorosas del Cuzco, adornados con sus mar-

cos y airosas molduras de cedro muy hermosas. La sa-

cristía se ha enriquecido de buenos ornamentos: capa, pa-

lio, guión, cruz alta, almaisales y otros aseos qne tiene

para la mayor veneración con que se alientan los indios á

la devoción, tanto que desean el dia de fiesta por oir mi-

sa y asistir á la doctrina, y todos los dias ordinarios pa-

san de cien almas que voluntariamente la oyon; y aunque

haya tres misas, hay siempre varias personas que la oi-

gan, especialmente las mujeres, que tienen guardados sus

tipoyes nuevos, que es el nombre de sus trajes ó vestidos,

DE LOS MOXOS.

para ir con toda decencia á la iglesia, especialmente los

sábados, para oir cantar la misa de Nuestra Señora y com-

poner su imagen, y, á porfia, las muchachas van á hacer

ramos de flores, de albahacas, margaritas, siemprevivas

y flores de Panamá, de que hacen unas cruces muy visto-

sas. Tienen grandísima inclinación á cantar, para lo que

fte les ha dispuesto varios romances en su lengua: el acto

de contrición para los viernes, un romance al Santísimo,

para cuando alian, otro á San José y á Nuestra Señora.

En todo están tan bien enseñados como si fuese una

primitiva cristiandad.

Luego que llega huésped, si es Padre acude todo el

pueblo y lo primero que le dice es: tata; si le piden algo es

por amor de Dios; si reciben dicen: Dios se lo pague-, al

entrar en la iglesia dicen todos:alabado sea el Santísimo

Sacramento y la Virgen Santísima etc.,luego se persignan

y toman agua bendita cou todas las ceremonias de cristia-

nos y inmediatamente se ponen á rezar algo al santo de

su nombre, de lo que se precian mucho, y en cuya devo-

ción doctrinan y enseñan ellos mismos á sus hijos.

Una mnchachita de siete años fué en una ocasión muy

enojada y le dijo ai Padre Juan: tata, no sabes nada, qne

me gritaron ahora Buzi, (nombre suyo antes del bautis-

mo) yo me enojé mucho y le dije que no me llamo Buzi,

sino Polonia y vengo á ver á U santa de mi nombre ¿dón-

.de está? que quiero ver si es linda. Y es el caso que había

puesto el Padre Félix de Pórres, que Dios haya, unas vi-

telas de santas vírgenes eu el altar y gustaban mucho de

ir á ver sus santas, en cuyos dias se hincan de rodillas pa-

ra que les echen un Evangelio.

El año pasado hicieron mi nacimiento la noche de Na-

vidad, muy curioso y con muchas flores. Velaron muchos

al Sant> Ñiño, con gran regocijo de candeladas, y salió el

Padre Juan con el Padr3 Lorenzo Lsgai'da, quo le habia

ido á asistir por haber estado enfermo, con ol Niño Je-

sús á despertar la gente por la plaza con caja, pífano, so-

naja y repiques; noche alegrísiina para aquellos pobres, y

más páralos que acompañaban álos Padres, al ver lo tur-

bado con que se levantaban algunos á adorar al Niño, y

otros casi dormidos. Juntáronse luógo todos en la iglesia

donde se cantó la misa con regocijo y variedad de músi-

cas, para que se habían ensayado con gran desvelo y apli-

6

42 RELACIÓN

eacion, cuyos descompasados ecos parecerían primores del

arte á los Padres, y á Dios gustosísima música de su sen-

cillo afecto.

Éntrelas apostólicas misiones quo hace el Padre Juan

por aquellas tierras de infieles, fué muy importante la que

hizo el año de ItüJ-l un compañía del Padre Lorenzo por

la provincia de Coserremonos y Chucucupeonos, enemi-

gos mortales de los nuestros; á quienes, ganadas las volun-

tades con donecillos y agasajos, dieron á entender los mi-

sioneros que iban á sacarlos de la esclavitud y cautiverio

de Satanás, de quienes eran esclavos por el pecado, y dar-

les á conocer el verdadero Dios. Movidos de la plática y

exhortación, pidieron muchos el corto término de algunos

dias para avisarse y poderse ir en compañía de los Padres,

que lo concedieron con mucho gusto; y llegado el plazo,

antes de amanecer, olios mismos de su voluntad despeda-

zaron y quemaron todo aquello que les podia ser de atrac-

tivo ó querencia; con lo qué cuando fué de dia se hallaron

todos dispuestos para el viaje, y lo más admirable fué ver

una india vieja, paralítica do un pié, resucita á seguir las

tropas ayudada de dos muletas; determinación que en-

terneció y alentó mucho á los misioneros, viendo á una

india pobre, con tanta incomodidad y trabajo solicitar su

salvación, y más cuando sabia que todo el camino se com-

ponía de sicnegas, pantanos peligrosos y rios, la frecuen-

cia de llover, los ardientes soles, el eainino despoblado to-

do^ el sustento, como se deja entender, que cada uno car-

gaba á hombros, el que podia para mas de seis dias de ca-

mino; y así,en una barbacoa, á modo de andas,la hicieron

cargarlos Padres, y á su ejemplo no quedó persona en los

pueblos, por muy anciana que fuese, que no viniera con los

misioneros. Pusiéronse en un parajo vecino á la reducción

donde se van disponiendo para que se funde otra ó hacer

un anexo á ésta en habiendo providencia de medios y co-

pia de misioneros.

VIL

SEXTA REDUCCIÓN.

SAN FRANCISCO DE BORJA.

La sexta y última reducción que hasta hoy han fundado

los apostólicos y fervorosos misioneros en aquellas pro-

vincias, es la de San Francisco de Borja. do Churirna-

nas, provincia numerosísima, la cual debe mucho al celo

del Padre Juan de Espejo, que la solicitó y redujo en

una de sus misiones, pasando el rio Maniquí, habiéndolos

amistado entonces, puesto cruces, y bautizado más de

doscientos chiquillos. Fundóse por el mes de Diciembre

del año 1693, junto al dicho rio Maniquí en la falda de

la cordillera general, doce leguas distante de la reducción

del Señor San José. Dieron principio it ella los Padres,

Francisco de Borja é Ignacio de Sotoina-yor, Compelie-

se de dos lenguas: la principal es la de Churimanas muy

general para infinidad de gentes y facilísima de percibir; la

cual empezaron con brevedad á saber los Padres, ayuda-

dos de los interpretes, para el edificio espiritnal en que co-

menzaron á obrar desde luego; la otra es la de Moporou-

boconos que es diversa, y aquí no hay ni una alma quo se-

pa la de los Moxos. La gente es buena y muy dócil, hALI-

se juntado más de 3000 almas, de las cuales no se sabe

el número determinado de bautizados, por ser tan moder-

na la fundación y haber salido el Padre Ignacio de Soto-

mayor al Perú obligado de sus muchos y continuos acha-

ques que desde el principio que entró á la misión contra-

jo, sin que por ellos dejase de trabajar en cuanto pudo,

y más de lo que sus fuerzas débiles alcanzaron.36

En algunas salidas que ha hecho el Padre Francisco

_

-14 RELACIÓN

-

di Borja á pacificar las naciones vecinas, ha adquirido

noticias del gentío grande que habita en aquellas serra-

nías que sirven de puerta á inmensas pampas del Norte y

de innumerables naciones hacia ol Poniente, y de cómo se

sale siempre por poblaciones hasta Apolobamba; todo lo

cual no ha podido visitar y reconocer personalmente el

dicho Padre por no hacer íalta al principal empleo de es-

ta nueva reducción, á la que es preciso asistir más de con-

tinuo con el cuidado de estar tan modernos en la fé y de

disponer perfectamente los muchos catecúmenos que tie-

ne pava et sacramento del bautismo, obrando en formar

á un mismo tiempo la iglesia con la perfección y hermo-

sura que ias otras, que hasta ahora lo ha sido un galpón

ó eapüla que para este ministerio se hizo con la decencia

posible; á cuya fábrica y perfección podrán atender, co-

mo también ai aumento-y progreso de esta santa reduc-

ción, los Padres Francisco de TJgarra, Juan de Ascanio,,

Pedro Mallavia y Juan José de Biensa, que á fines del

año pasado de 1695 salieron de este santo colegio pa-

ra aquella gloriosa misión, donde servirán de alivio en la

mayor necesidad que en todo tiempo han procurado so-

correr los Superiores.

>

f

VIII.

MISIÓN APOSTÓLICA

EN LA PROVINCIA DE CHIQUITOS.

A estas seis reducciones que en estas provincias de los

Moxos tiene fundada la santa y fervorosa Provincia del

Perú, se llega otra muy principal y de grandísima impor-

tancia en la provincia de los Chiquitos, indios gentiles

de formidable valor y braveza en la guerra, á quienes ge-

neralmente temen y respetan las demás naciones de bár-

baros; pero muy dóciles y de excelente natural en el trato,

asentada la amistad; la cual con especiales luces del cie-

lo solicitaron dios mismos, sin reparar en el horror y no-

table desafecto con quo han mirado siempre al español,

particularmente á sus vecinos inmediatos los de la ciudad

de Santa Cruz de la Sierra, donde salieron voluntaria-

mente á buscar y pedir Padres que los doctrinasen y dis-

pusiesen al bautismo; de que avisados los Superiores se-

ñalaron al Padre Juan de Montenegro, que salió de la

misión de los Moxos á ésta, por ser el único que como

natural de aquella provincia sabia su lengua; y después

al Padre losó de Vargas, que noticioso y movido de las

instancias que los indios hacían para merecer el remedio

de sus almas, y de no tener el dicho Padre Juan compa-

ñero, pidió con eficacia á los Superiores, desde este máxi-

mo colegio, le nombrasen para aquella espiritual empre-

sa; á que dieron principio con notable felicidad los dos

dichos Padres y con más ventura que los misioneros de

Moxos; pues á poca diligencia se hallan hoy con 6,000

almas, recogidas en parajes muy altos, benignos y más

cómodos que los de los Moxos.

« RELACIÓN

Habíondo hecho una misión, entre otras, el Padre Juan

de Montenegro por la provincia de los Pnrácis, vecinos á

estos Chiquitos, pacificó y redujo á nuestro comercio y

disposición más de tres mil familias con notables ansias y

deseos de hacerse cristianos, que segun buena razón ha-

cen mas de 12,000 almas sin Jas 6,000 con quo empeza-

ron, con que se hallan con mas de 18,000 almas en capa-

císimos y bien formados pueblos donde se va cogiendo

mucho fruto, así de los que han empezado á bautizarse,

como de los catecúmenos que se disponen y aumentarán

en habiendo providencia de misioneros, sin las innumera-

bles aliñas de los párbuios que por el agua del bautismo

han plisado dichosos al cielo; cuidado y solicitud que sus

mismos padres tienen aunque sean bárbaros y estén mu-

chas leguas distantes del pueblo principal, el cnal dista

cinco días de camino por pampas de nuestra residencia

de Santa Cruz, y de las reducciones de los Moxos diez

ó doce dias, cuando más, por rios y pampas qne pueden

facilitar el comercio.

Por esta espaciosa puerta que tienen nuestros misione-

ros en esta provincia de Chiquitos, han querido entrarse

los Padres de nuestra santa Provincia del Paraguay, y no

habiendo reconocido resistencia en nosotros, pusieron al

Padre Diego Centeno en uno de los pueblos de estos in-

dios ; y mirando á un mismo fin que los otros no se ha que-

rido embarazar el fruto qne pueden hacer aunque se ha-

yan entrado en los términos de esta nuestra Provincia del

Perú, hasta que el Señor dé los medios que se necesitan

y los obreros que requiero tan copiosísima mies; pues por

todas partes nos la ofrece su infinita providencia para que

se logre el fin de su eterna predestinación.

Y es cierto que admira a todos lo que Dios, por su infi-

nita piedad y misericordia, ha obrado desde los principios,

y cómo liberalísiinaineiite prosigue franqueando bis puer-

tas con raros y admirables prodijios con qué en todos tiem-

pos se ha dignado acreditar entre esta gentilidad la secre-

ta y verdadeja eficacia de la fé.

En la estimación y juicio de aquellos pobres bárbaros,

ha sido milagro de la palabra divina y claro argumento de

la divinidad, como les predican los Padres, el haber enfre-

nado la furia de aquel rio encerrándolo dentro de sus már-

genes, leyem pQnebat af/uis, sin que se atreva á romperlos

PE LOS MOXOS

corno lo hacia antes que abrazase la ley de Jesucristo;

pues oyeron los Padres al principio decir á un indio anti-

guo; que de una sola vez se acordaba, en más de setenta

años, que se hubiese pasado cinco sin qne el rio saliese

de madre; porque lo ordinario era cada un año y cuando

más cada dos, como lo espcrimentaron los primeros mi-

sioneros los dos anos antes de empezar á predicarles el

evangelio; que parece quiso Dios hacerlos testigos de vis-

ta de las calamidades que en estas inundaciones pade-

cían los indios para que después supiesen estimar el favor

y hacerlo reconocer á aquellos gentiles. Era pues para

ellos el origen y ocasión de toda miseria; porque en sa-

liéndose de sus términos el rio,lo inundaba todo, entrába-

seles en las chacras, y en bañándolas se les podria Ja yuca,

quo es para ellos toda calamidad, porque, aunque abun-

den de todo, si les falta este su pan, y bebida que hacen

de ella, y es su más connatural sustento, se afligen en-

teramente. Ksta aflicción dura más de un año, porque

hasta abajar las aguas no pueden sembrar de nuevo, y

plantadas se han de pasar ocho meses para sazonarse

bien la yuca; y si repite á salir el rio el año siguiente,

como sucede de ordinario, son intolerables los daños y

los perjuicios muchos.

Entrábaseles también en los pueblos hasta anegarles

las casas, y se veían obhgados á vivir de dia y de noche

sobre unas barbacoas, encima del agua, de donde no po-

dían salir sino con canoas. Faltábales la leña, y sólo

podían haberla trepando por los árboles en busca de ra-

mas secas que, á fuerza de brazos, quebraban, por care-

cer de herramientas; y aunque entonces era abundante

la pezca lograban poco de ella, pudriéndoseles lo más,

por falta de leña con que asarlo, que es el modo que han

tenido de preservarlo de corrupción, por carecer de sal.

Estas calamidades no sólo eran para aquellos misera-

bles indios; pues se estendia también á los animales, que

no hallaban donde dormir anegados los montes y cam-

pos. Por esta cansa se recrecía á los inüeles otro grave

daño: que pasadas las aguas perecían muchísimos de los

ciervos, venados, jabalíes y otras carnes de qne ellos vi-

ven; y de aquí se les aumentaba el hambre, á que se se-

guía su inseparable compañera, la peste, ayudada de La

corrupción del aire por tanta podredumbre.

íb relación

Estos y otros muellísimos niales Íes acarreaba Ir inun-

dación del rio, de que se ven, por la misericordia de

Dios, ordinariamente libres después de tantos años; pues

non tan contados los que lian esperimentado este rigor,

que ya casi no temen al entrar las aguas la inundación(

atribuyéndolo su buena f'é a la que han recibido de

Dios, y asegurando su confiansta,y la nuestra, en el mis-

mo Señor, que les ha de continuar este anual beneficio:

que no es ajeno de la amorosa Providencia divina, ha-

cerlos tales á los nuevamente convertidos para crédito

de su by.

De Roma gentil, refiere el Padre Eusebío, que fué muy

frecuentemente inundada del Tíber, y atribuyese con ra-

zien á milagro de la fé, con cuanto respeto la ha mirado

después de cristiano; como se tiene por especial castigo

de Dios cuando alguna vez padece sus inundaciones. Y

de los mares de la India, dice el Padre Lueena, que es yá

como naturaleza, por milagro de la gracia, que no los al-

teren los sifones horrorosos de que eran infestados antes

que se oyese la divina palabra, con que los desterró nues-

tro Grande Apóstol San Francisco Javier. Semejantes

huracanes en las Filipinas, cesaron luego que entró en

ellas el santo Evangelio, por medio de la Compañía; por-

que no quiere Dios, qne el agua que dá materia al Banto

bautismo, ni el aire en que se articulan las voces con qne

se promulga y profesa la divina ley, sean más nocivas á

los que las reciben. Otros semejantes, como connatura-

les milagros de la palabra divina, pondera el Padre En-

sebio, eficaces no sólo para mejorar las almas, sino tam-

bién para alterar de mal en bien la naturaleza toda: y así

no debemos dejar de esperar que esperimentará lo mismo

en adelante esta tierra, ni atribuirlo sino á milagro, á ex-

traordinaria amorosa Providencia de Dios, para crédito

de su fé, y más cuando hasta los mismos bárbaros, mal

entendidos en referir los buenos sucesos, le reconocen en,

éste por piadosísimo autor que les quiere premiar la obe-

diencia de su verdadera ley.

Otros muchos y providentísimos acasos suceden muy

de continuo, en que ha resplandecido la piedad inlmita

de Dios con espiritual consuelo de sus misioneros. !Xo es

menor á cerca de los tigres, que siendo tantos á los que

mordían y mataban de estos bárbaros, como dije a! prin-

DE LOS MOXOS.

cípio, de los bautizados en seis aííos no se supo mordie*

sen á iiiujpiiio, y hasta hoy ha sido muy raro, y se ha te-

nido por castigo del ciclo el que ha padecido este traba-

jo, aún de loa catecúmenos, y ellos atribuyen á especial

patrocinio de la santa cruz; y así es singularísima la de-

voción que le tienen. Traenla colgada al cuello y las po-

nen en sus Gasas; pero en donde más cuidado tienen con

ellas es en los campos y montes y cuando salen á cazar

ciervos, jabalíes y venados de que se sustentan; y en sus

dormidas ponen luego por atalaya la Santa cruz, que di-

cen loa defiende, y duermen seguros; y así se valen de

ella en todos los peligros y ocasiones que ocurren, esperi-

mentándose maravillosos efectos cada dia.

El mismo amor y devoción tienen á las medallas que

todos traen consigo, y no se atreven á salir al campo sin

ellas; y apenas nacen las criaturas, cuando se las ponen

sus padres al cuello, y así claman por ellas y les han

puesto el nombre de biranabí, que quiere decir nuestro

asilo y confianza. Muchísimas veces ha sucedido con los

Padres Pedro Marban y Juan de Espejo, venir corriendo

los indios á pedirles una medalla, que se han descuidado

de ponérsela á BUS hijos, y que quizá por eso se estaban

muriendo, y el dia siguiente á la tarde, preguntarles ¿có-

mo se sentían las criaturas ?y responderles: que ya estaban

buenas. Dióle el Padre Antonio de Orellana á un indio de

su mismo nombre una medalla de San Antonio, y á pocos

dias le dijo: Padre, el de nuestro nombre me libró do una

víbora de cascabel, inadvertido en la pampa donde, como

en los montes y pajonales, hay muchas y no me mordió.

Quien supiere que aun sin pisarlas embisten a morder,

dirá si tuvo razón este buen indio en atribuirlo á supe-

rior auxilio, que no le mordiese pisada. Son de tan fu-

rioso veneno, que luego basen arrojar sangre por los po-

ros deí cuerpo y matan infaliblemente si no se acude á

tiempo con el remedio.

Otros muchos caaos admirables se pudieran referir

de la divina misericordia, que piadosa concurre al so-

corro de las mayores necesidades de estos pobres. En

los partos recios y peligrosos, acuden á los Padres lue-

go, á pedir la medalla de nuestro santísimo Padre San

Ignacio, por la esperiencia bien acreditada que tienen

de su favor, tanto entre aquellos como en todas partes,

rr

í

50 RELACIÓN

con muchísimos sucesos favorables que fuera largo re-

ferirlos.

No es menos admirable ver sujetos á voluntad agena

unos bárbaros, áuf es tan terribles y libres que no recono-

cian sujeción ni aún al cacique los indios, ni al marido

la mujer, ni los hijos á BUS padres les obedecían. Son los

Padres jueces arbitros de sus pleitos,y de ellos se valen los

maridos para la sujeción de las mujeres, y los padres de

sus hijos, y unos y otros se sujetan al castigo cuando

Lo merecen, y aun ellos mismos io vienen á pedir cuando

han excedido en algún delito ó cometido alguna falta. Y

en virtud de este respeto que guardan á los Padres tie-

nen ya los caciques brío para prenderlos y meterlos en

un cepo y azotarlos, sin que por ésto se haga después

duelo. Esto os muy ordinario y corriente; porque lo»

que delinquen gravemente los acusan luúgo, y algunos

con buon celo de que se enmienden y xto sean malos; y

por este medio se han remediado muchos desórdenes, y

se tiene miedo al delito, aun en las mas racionales repú-

blicas. En ésta ea efecto de la gracia y manifiesto in-

flujo divino, el que se ha conseguido, así por la suma li-

bertad con que siempre vinieron, cuanto por no haber

precedido para introducirlo el rigor de laa armas, ni más

iraedio humano que unos pobres religiosos ayudados del

brazo divino.

Ca^os infinitos se pudieran referir de los que á cada

instante experimentan los Padres comunmente, y por

homogéneos y ordinarios ya no &e admiran. Un indio

agigantado, que aún no tra cristiano, faltó á la doctrina y

envióle á decir el Padre: que viniese por la pena de su

culpa. Vino á la oración, y así que vio al fiscal dijo:

tata, yo no lie de llevar azotea de manos Ae ésto, sino de

la tuya; y se hincó de rodillas en la puerta de la iglesia,

y ae quitó la camiseta para recibirlos. Otro buen indio

en quien parecía se representaba el Patriarca Abraham,

fué con su hijo, de sdlo nueve años, muy man30 y humil-

de, y le dijo al Padre: tata, azota á iVaucisco, mi hijo,

que el domingo no le echaste menos en la miia y no la

oyó, que se fué á ver la trampa que puso en la pampa á

los pescados, y no quiero que Dios me lo castigue; y quie-

to el chiquillo de rodillas, estuvo aguardando sus azotes,

como el santo Isaac, muy humilde. De repente en mu-

DE LOá MOXOS. Gl

chas ocasiones se entran los indios á las viviendas de los

Padres o en la iglesia donde están, y se hincan de rodi-

llas á pedir azotes por haber cometido alguna falta.

Huyéronse dos mocetones con sus tropiezos al monte;

súpolo el Padre Superior y envió que los trajesen; res-

pondieron: ya conocemos nuestra culpa y que merecemos

castigo, mas rogad á nuestro Padre deje pasar este sur,

que es terrible el frío y duelen muchísimo los azotes,

que asi que vuelva á calentar el sol iremos allá. Así que

acabó el sur, fueron los cuatro pecadores muy humil-

des, y reconocidos metiéronlos en el cepo y llevaron sus

azotes, con lo que quedaron enmendados.

Si los maridos cogen ó recelan algún delito de sus

mujeres, acuden á los Padres con inexplicable ecnfumza

y amor para que las castiguen. Pueron dos indios á acu-

sar á sus mujeres que eran unas locas inmodestas, para

que las metiesen en el cepo;y averiguando el delito se re-

dujo á que pasando un indiccillo á caballo, les dio gana

de subir en las ancas en presencia de muchos; travesu-

ras ordinarias de muchachas; mas, viéndolos tan escande-

cidos y que las acusaban de que no temían á Dios, las

hizo castigar el Padre con los fiscalizadores, que eran su

mismo padre y entio. Otro indio de presunción y brios,

quiso castigar ó matar á su mujer, por no sé qué sospe-

cha y acusación qne tuvo contra ella: la cual no halló

mas defensa que amenazar al marido con el Padre y el

castigo merecido, y que así se lo diese; y por sosegarlo le

mandó el Padre al mismo marido que la azotase, quien res-

pondió: tata, no es bien que yo haga tal estando tú aquí;

un criado tuyo será mejor que la azote. Acabado el casti-

go, que ella sufrió con mucho silencio, comenzó á llorar

y decir: ahora me matarás tii y lastimarás, ó te aparta-

ras de mí; á que respondió el marido muy cariñoso: no di-

gas eso ¿soy algún loco, que habiéndote reñido nuestro

Padre, me habia de atrever á ponerte la mano? Nó, no te-

mas que te respeto mucho; ya se acabó: de todo me he ol-

xidado yá. Besaron ambos muy humildes la mano del

Padre y se fueron en buena paz.

Y por que se conozca que en todo ha obrado Dios con

especial amor y providencia, diré algo de la moderación

y reforma de los vicios de aquellos.

Conocida es en todas partes que la embriaguez e3 el

62 RELACIÓN

vicio más universal entre los indios, y k que naturalmente

se inclinan. Tosieron los misioneros todo cuidado en

moderarles este exceso, que arranca otros incoo.venientes

mayores que privarlos de juicio. Al principio se fué con

tiento afeándoles este vicio, y viendo que ora bien recibi-

da la doctrina y que se iba abrazando, se cobró ánimo

para ponerles ley de que el que viniese de hacer chicha

avisase primero á los Padres, para que le tasase la canti-

dad, segim el número de la parcialidad que la hubiese de

beber. No usan los más de aquellos indios beber de la

chicha que embriaga, sino en sus convites, y les dicen

los Padres el número de cántaros que han de hacer; de

suerte que cuando ellos gastaban doce ó catorce cantaros

en una parcialidad, con dos solos tienen hpy suficientes

para su festejo; y si alguna vez, que es rarísima, exce-

den á escondidas, so les quiebran los cántaros; y ha su-

cedido, y no pocas veces, y aún en los años primeros, no

conocerse el exceso hasta que no lo publicaban las pen-

dencias quo levanta el calor de*la chic ha. Entóneos avi-

san á los Padres para que pongan paz, y es lo más ad-

mirable, que tanto se alaba de los indios de Juli, que su-

cediendo de eastigar allí i los culpados y quebrarle, por

el exceso, los cántaros, jamás ha h:ibido indio que fal-

te el respeto al Padre, ni se descomponga aun de pala-

bras. Su remedio es huir, y aun estando borrachos, en

oyendo que vá el Padre, se «cojen á la fuga par» librarse

de los azotes ó el cepo; y si las circunstancias dictan que

no conviene por entonces dejarlo sin castigo, se manda

que lo sigan aquellos mismos que lo acompañaban en

beber, y algunas veces son sns mismos parientes, y van

luego y lo traen. Con esto se ha conseguido tanta tem-

planza en el beber, que parecerá increíble. Indios hay

que se les pasan los años sin probar esta chicha, y mu-

chísimos que ní una vez sola se han embriagado después

que son cristianos; parcialidades enteras, y las mayores,

en más de dos años han hecho un solo convite de éstos.

Entiéndese que es de la chicha que embriaga, que es di-

ferente de la de su bebida ordinaria, la cual por mucho

qne beban no inmuta nada. Aseguran los Padres que

son muy pocos los qne se confiesan de este vicio, y el

continuo trato con ellos, y la esperieneía do los sujetos,

dan total satisfacción de que ño callan este punto en la

DK LOS MOXOS. SS

confesión. Y va necesitan los Padres decirles muchas ve-

ees que no es malo el beber, como sea con templanza, y de

dia por evitar los inconvenientes de estas juntas de no-

che; en que también se le ha quitado al demonio buena

cosecha de culpas, y está ya tan asentado, que á ninguno

se le ofrece lo contrario.

En su gentilidad las borracheras llenaban el dia y la

noche, y á veces se continuaban muchos dias. Reduccio-

nes hay donde en más de tres aiios no se ha visto un so-

lo borracho, que es muy de admirar, y en una que se ha-

lle) uno, lo hizo sacar el Padre á la vergüenza. Vinieron

luego sus deudos con un Capitán, avergonzados del deli-

to, y le dijeron al Padre: tata, perdona á este loco, déja-

lo llevar á su casa adormir, que mañana te lo traeremos

á que lo castigues. Eutregóseles y luego, el dia siguiente,

lo volvieron su hermano y sus deudos, muy triste y reco-

nocido de su culpa. Lujo el Padre que le aguardase á de-

eir misa para llevar sus azotes, y qué, mientras, se enco-

mendase á Dios que lo tenia muy enojado. Oyó misa y le

dieron siete azotes hincado de rodillas; besó la mano al

Padre, y se fué muy consolado de que ya habia purgado

su delito. Y una de las cosas en que más se conoce la ma-

no de Dios, es esta sujeción á los Padres, mediante la

cual los pueden castigar; que para una gente que no re-

conoce jueces en la tierra, ni sabia qne lo hubiera en el

cielo, no ha sido poca sujeción, sin que por ella cobren

mala voluntad á los Padres, porque ya saben quo en es-

to miran ú su bien.

No es menor consuelo ver y esporimentar cómo total-

mente tiene el demonio perdida su antigua estimación,

de suerte que ya no se siente asomo ni mal olor de ido-

latría. La ordinaria respuesta de los indios cuando se les

pregunta en las confesiones si creen todavia en el demo-

nio, es una palabra de desprecio en su lengua, que en nues-

tro castellano corresponde á esta: á ese maldito, habia yo

de creer? Unas veces se ríen, otras se atufan y lo más

ordinario es responder como enfadados de las preguntas:

ea, miren á quien habia yo de creer ¿eso preguntas, tata ?

Y esto lo dicen ordinariamente tan bien sentido que en el

modo so conoce que les sale del corazón. Muchas veces se

les oye hacer mofa y burla de sus creencias antiguas, y

aunque se han hecho muchas diligencias secretas, extra-

1 /

54 RELACIÓN

judiciales, por averiguar si algunos usan de las supersticio-

nes antiguas, no se ha podido hallar noticia ninguna de los

bautizados, aunque por los mismos medios se ha sabido

de algunos catecúmenos; y así se cree, sin sospecha de lo

contrario, que ya en esta parte estft el demonio vencido.

El principal cacique de la reducción de San José ha si-

do el mas célebre brujo entre aquellas naciones: el que

en las lunas nuevas se encerraba á ayunar y se disponía

para las revelaciones del demonio, que venia de noche y

le pedia de beber, y aunque no le veian, le oían todos.

Concurrían juutus á la bebida y gastaban muchos dias en

el cortejo ¡I su dios,que,bebido un mate de chicha, los de-

jaba en su embriaguez. Este, pues, era el principal sacer-

dote del demonio y el que ordenaba á otros, y hoy es ad-

miración vedo que en más do cuatro años no ha dado la

menor ocasión de que lo riñan, qne es el mejor cristiano,

el mas puntual á las cosas de devoción, el primero á mi-

sa y la doctrina, el que riñe y corrige á los mozos, y ol

que más murmura del demonio. A gritos le suele decir á

los de su parcialidad: Hijos, ¿ qué tuvimos antes de co-

nocer á Dios? ¿Qué nos daba el demonio? Mucho de

dios y beber chicha y no darnos nada. Sí nos quisiera nos

regalara y no, que después que conocemos á Dios, no vi-

vimos como brutos, vemos en nnedtra tierra vacas, caba-

llos, machetes, cuchillos, agujas, huaicas, anzuelos, cas-

cabeles, vestidos, monteras; nos hacen estos Padres gen-

te, nos riñen, aconsejan y no nos piden nada sino nues-

tro bien y provecho; seamos, pues, agradecidos á Dios y

á uuestros Padres.—Así oyen de ordinario á éste que ayer

era intérprete del demonio y hoy como Apóstol de Jesu-

cristo.

Otro principal cacique de un pueblo, con irónicas carca-

jadas de risas, se puso á celebrar y reír de los demonios

despreciando la barbaridad de haberlos tenido por dioses,

diciendo: «buenos dioses, muy amibos de chicha para

nuestra perdición y no nos daban nada, y nuestro Padre

Dios, que nos ha enviado á nuestros Padres á enseñar-

nos, y tenemos herramientas, y nuestras mujeres gargan-

tillas, y no tememos los daños de estos españoles porque

nos defenderán nuestros Padres. Muy bueno es nuestro

Dios.

Con todo eso, se les previene continuamente con las

DE LOS MOXOS.

consideraciones que pueden confirmarlos contra el demo-

nio, en la doctrina á que acuden muy bien, luego que se

les toca la campana; y los caciques salen á recojer la gen-

te de sus parcialidades para que este cuidado no les en-

tibie el que han mostrado tener.

En todo se procura con gran desvelo y diligencia de

todos los Padres, entablar bien las costumbres cristia-

nas, moviéndolos á ellas, ya con suavidad ó ya con rigor,

según parece mas conveniente, así á la asistencia de la

divina palabra, como á la observancia de las fiestas en

que, como ya dije, son puntualísimos y muy raros los

que faltan a'm lejítima causa; pues, ha sucedido varias

veces encontrar indios enfermos con actual calentura que

van á rezar á la iglesia ó á misa y mandarles volver á

recogerse á sus'easas, y los días de trabajo no faltan mas

de cien personas á misa. Los sábados se juntan todos á

la salve, ietanía y rosario, distribución asentada en to-

das las reducciones. A esto parece que ha contribuido

Dios con algunos castigos de que han sacado escarmien-

to, reconociendo elloB mismos, sin necesidad de intér-

prete, que fué castigo del cielo.

Fué el Padre Superior Pedro Marban, rio arriba do su

reducción, á un pueblo cercano al principio de su funda-

ción, á predicarles la doctrina y decir misa; amonestóles

á la asistencia de este santo sacrificio, reprendiendo á al-

gunos que no acudían, de los cuales se fueron por la ma-

ñana á cazar antes de misa, y persiguiendo uno de éstos

á un ciervo, encontró con un tigre que le quitó la vida á

vista de sus compañeros que no lo pudieron defender. De

otras semejantes se ha valido el Señor para crédito de

observancia de las fiesta» y devoción de la misa.

Amonestóse nn sábado al pueblo la obligación que te-

nia de oírla el dia siguiente; hicieron poco caso de esto

aviso dos indios, y, antes de amanecer, se fueron á pescar

con red á unas lagunas; ambos volvieron al medio dia,

mordidos gravemente las piernas de palometas, peces que

tienen por dientes unas sierras agudísimas; cayeron lue-

go ellos y los demaa en la cuenta de que era castigo del

cielo por su inobediencia, que les costó más de un mes de

cura sin poderse, mover con lo que compraron á propia cos-

ta el escarmiento. Otro, de la misma suerte, viéndole algu-

nos que se iba al campo, le amonestaron que oyese misa,

«ELACIÓN

porgue no le sucediese, como á los dichos, alguna desgra-

cia. Xo hizo caso del aviso, y, á poco rato, le mordió en el

mismo camino una ponzoñosa víbora que le tuvo á la

muerte. A otro que.pareciéndole que tardaba la miaa, no

quiso aguardar, se le levantó en el rio una tormenta que

le volcó de la canoa con su mujer c hijos, que por po-

co perecieron; pero valióles la piedad de Dios, que sólo

pretendía el darles luz. á él y á los demás, con estos y se-

mejantes casos; que todos se han hecho misteriosos entre

los indios, por haber precedido siempre especial aviso,

que les han hecho los Padres con la amenaza del castigo;

y así están vijilantes y advertidos que aun faltando con

bastante cansa, piden al Padre penitencia temerosos de

algún castigo divino.

Un domingo de ramos fué un indio muy medroso

que faltó á misa, y sin culpa suya, á pedir azotes; no qui-

zo azotarle el Padre, porque informado de la falta cono-

ció su inocencia; más el lunes santo por la mañana se le

halló de rodillas en la puerta de la iglesia diciéndolc al

Padre; tata, azótame, que más quiero que tu me azotes

y no Dios, que anoche no castigaste mi pecado y Dios me

dio calentura. Y finalmente todos los mas al confesarse,

no tienen de que acusarse en este precepto de la Iglesia.

El de la confesión lo han abrazado tan bien, que

aunque el oír en él á gente tan ruda es de mucho trabajo;

en el mismo les dá Nuestro Señor n sus piadosos misio-

neros el alivio, por lo bien que se confiesan sus indios:

que aseguran parecen cristianos muy antiguo?, repitiendo

una, dos y tres veces en la cuaresma este sacramento

mientras hallan nueva materia de que acusarse; y dicen

no están contentos hasta que se confiesan de lo que se

habían olvidado, que A veces es tan lijero, que apenas

puede ser suficiente materia de absolución: y no es de me-

nos consuelo encontrar muchos en quienes apenas se ha -

lian pecados veuiales, y examinados en los mandamientos,

en los mas fáciles de tropezar no tienen más que decir

que eso obraban cuando, como locos, seguían al demonio;

pero que después que son cristianos y oyen la palabra de

Dios los detiene su temor: esto es muy de ordinario, y

principalmente en las mugeres solicitadas á pecar. Al-

gunas hay tan temerosas de Dios, que sólo la solicitación

las desconsuela y acuden luego á confesarse de ella como

DE LOS MOXOS 67

si fuera un gravo pecado, habiéndole servido de ocasión

de mucho mérito.

Es de notable edificación la variedad do casos que .cuen-

tan nuestros misioneros. Referiré algunos para el ejemplo:

Solicitó un mozo, qne no estaba bautizado, a una muchacha

de poco más de diez y seis años, encontrándose con ella

á solas; respondióle, mas negra que un carbón: á mí nue

soy ya cristiana? Apártate de mí y déjame si no quieres

que te acuse á los Padres y seas castigado. Esto bastó

para que la dejase, avergonzado. Uno se confesó que se

habia puesto á pecar con una mujer; pero qne no pecó

porque aunque habia prorumpido á la ejecución, acordán-

dose, ó reparando, en el mayor fervor de su pasión, que

la india era gentil la habia dejado con horror.

En todas las misiones,entre año, hay frecuencia de los

sacramentos, que repiten muchos voluntariamente en los

dias más festivos, y con tales circunstancias, que dejan

seguridad de qne son fructuosas sus confesiones: porque

de unas á otras se reconoce enmienda y que obra el san-

to temor de Dios. De un muchacho de muy buena dispO'

cisión, que apenas tenia veintidós años, supo uno de los

misioneros algunas flaquezas propias de su edad; llamóle

amorosamente á un aposento á darle buenos consejos, y

éstos prendieron tan bien en su dócil razón, que confesán-

dose después con el mismo Padre, qne eatrañando que no le

daba tanta materia, como otras veces, le hizo algunas pre-

guntas y exhortó á que no callase pecados: á qne respondió

el penitente: Padre, esperiencia tiene de que yo no oculto

nada cuando me confieso, ni tengo vergüenza; pero des-

pués de tus consejos me lia dado Dios entendimiento y

huyo las ocasiones sin olvidarme de tus palabras, y por

eso no tongo más pecados que otras veces.

De otro mozo que tendrá veinticinco años, afirma uno

de los misioneros, que tiene la certidumbre que cabe en

la prudencia humana, de que después que lo bautizó no

ha pecado camalmcnte. Y es de advertir, y de grandísimo

consuelo, que no ha habido jamás recelo de que se con-

fiesen mal: y se reconoce en la sencillez con que dicen

aun las cosas que les pudiera causar empacho,no por sim-

plicidad ó ignorancia; pues están tan ladinos y bien infor-

mados que si los Padres les hacen cargo de algún pecado

dicen: yo diré la verdad, tata; mas ha de ser en confe-

ti

ra

liELACION

sion, sabiendo el secreto inviolable que su debe guardar

en este sacramento.

Lo mismo es llegar un misionero nuevo ó pasar de una

reducción á otra que confesarse muchos con el Padre y

decir sus oulpas con gran consuelo, como quien dice: ésto

no me conoce ó no es de mi pueblo, y así no hay de quo

tener empacho; y algunos hay que fingiendo negocios na-

vegan mas de treinta ó cuarenta leguas á los pueblos de

otros Padres, sólo por confesarse á su gusto: argumento

infalible de cuan bien se confiesan y de no querer ocultar

pecado, Si han de hacer algún viaje ó jornada á pacificar

algun,pueblo.pideu primero confesarse, con tanta edifica-

ción, que si acaso ha cojido alguno de otro hurtándole al-

guna cosa se la restituye indubitablemente. En una oca-

sión, flegó, un indio á confesarse de unas huaicas qne ha-

bia hurtado, y preguntándole por ellas, respondió: tata,

no me atreviera á venirme á confesar sin haberlas resti-

tuido primero, y así lo hice esta mañana volviéndolas á

su dueño. Más admirable es ir una muebacha á confesar-

se qne habia hurtado un ovillito de hilo que posaria me-

dia onza, con mucho escrúpulo,y llevarlo para que el Pa-

dre lo restituyese á su dueño. Ésto nace así por que sa-

ben la obligación grave de restituir, para que sea buena

la confesión, como también porque naturalmente son es-

tremados en la fidelidad. Sus casas y cuanto tienen que-

da sin cerradura, y aunque se ausenten muchos dias de

su pueblo, cuando vuelven no les falta cosa ninguna; y

más es que si en los montes ó en el campo dejó alguno

por olvido la camiseta, el machete ó el cuchillo, que son

sus mas estimables alhajas, aunque otros las encuentran,

ahí la dejan, y lo hallan en volviendo su dueño. Hallarse

una medalla, rosario ó gargantilla y luego traerlo á la pi-

la de agua bendita es ya como costumbre.

De la Santísima Virgen son amantisimos y nunca la

nombran sino diciendo: Nuestra Madre. Ya dije la asis-

tencia particular de los sábados á sus iglesias á toque de

campana á la salvo, letanía y después á rezar á coro su

Santísimo líos ario, invocándola en sus necesidades con

grande fé. Y si cuando andan cazándoles amenaza el agua,

principalmente del sur, que es viento á que mucho temen

por ser en aquella región muy frío y destemplado, llaman

luego ala Virgen á voces y espermioutau cada dia que em-

DE 1.0S MOXOS

Si

pe2ando á caer el agua, deshacerse á sus voces las nubes, ó

retirarse á descargar á otra parte. Con tanta sencillez van

antes de salir á cazar á despedirse en la iglesia de su San-

tísima imagen, y en voz alta con su mal limada retórica,

representar con notable confianza su» necesidades y traba-

jos, pidiéndole ayuda y que disponga que encuentren algo

que pescar y qne traer á su casa para su sustento y el de

su familia; y favorece muy de ordinario esta benignísi-

ma Señora su sencillez y esperanza, como ellos lo recono-

cen. Aun no siendo cristianos se les oye en sus trabajos

y desgracias los nombres de Jesús, María y José, porque

están hechos á oir á los bautizados estos dulcísimos nom-

bres, en las tempestades en el rio y tierra, y en todas las

ocasiones de su mayor aflicción. Y fes cierto que causa ad-

miración y asombro ver cuánto han podido obrar, con la

gracia de Dios, aquellos fervorosos misioneros en gente

tan ruda y bárbara, desterrando de ellos aun la memoria

de los vicios y costumbres de su ciega gentilidad, introdu-

ciéndoles la religión y observancia de los mandamientos

divinos como en la república más cristiana; de cuya devo-

ción y ejemplos de virtud se pudiera hacer una larga re-

lación.

Y para hacer concepto del estado en que se halla esta

nueva cristiandad espiritual, baste decir el modo y estilo

que ban tenido desde el primer año do bautizados en ce-

lebrar la Semana Santa, por lo cual se conocerá lo que

florece en tedo acto de piedad y devoción. Después de

confesados todos los del pueblo, aun los muchachos, por

que los traen sus padres para que se vayan enseñando, y

comulgados los más, lo que principia desdo el primer Do-

mingo de cuaresma, se disponen los monumentos muy

decentes y procesión el Jueves Santo para el encierro del

Señor, y el Viernes Santo, después del sermón de pasión

en que se dan muchas bofetadas y golpes de pecho, se

hace la adoración de la Santa Cruz, que todos adoran con

mucha compostura y devoción, llevando los padres y las

madres á sus hijos pequeños á adorar al Señor; cuidado

muy singular que tienen para criarlos y acostumbrarlos

á cosas de devoción. Luego se ordena la procesión por la

plaza y calles principales, llevando en unas andas la ima-

gen de bulto de Cristo Crucifijado y en otra la déla San-

tísima Virgen, también de bulto, con más do doscientas

90

RELACIÓN

luces, en un silencio y compostura tan grandes qne no se

oye una palabra sino es los azotes de un crecido número

de penitentes de sangre, arrastrando sogas y palos pesa-

dos, y otros, vestidos de nazarenos, aspados con cruces A

los hombros, y las voces de coros que van cantando el

miserere y en endechas tristes la pasión de N. S. Jesu-

cristo. Acabada la procesión persevera la Iglesia llena

de gente, porque saben, alternando, varios coros que

cantan lamentaciones tristes mientras duran los peniten-

tes que van pasando delante del monumento, haciendo re-

verencia y más recia la disciplina á vista de la imagen

de Cristo crucificado. Preguntándole en una oeasion do

éstas un Padro á un moecton, por qué se habia azotado

más fuerte quo los otros sus compañeros, respondió: que

los otros no pensaban como él en sus pecados, y ni me-

ditaban en la PASIÓN de M. S. y en el infierno que merecía

por sus culpas, y asi arreciaba Ja mano. El sábado san-

to al entrar la Gloria, entran varios géneros de danzas a

la iglesia, por ser dia de mucha alegría y regocijo para

todo el pueblo, que acude á la misa cantada; la misma so-

lemnidad hay el domingo do Pascua.

En tiempo Je peste ó enfermedades, es admiración ver

cómo se mueve todo el pueblo á particulares devociones

de ayunos y penitencias. Júntase á un novenario en que

cada noche hay plática, acto de contrición, y se vún si-

guiendo las parcialidades á hacer su disciplina, y si al-

gunos por viejos, ó por la novedad del ejercicio, se dan

despaciosos oyentes se enojan y les exigen que aprieten

la mano. Si enferma alguno de los catecúmenos, pide

con gran instancia ser bautizado, y algunos han diebo.-

tata, conozco que no son buenos los demonios; bautíza-

me, que quiero ir á ver ¿nuestro Dios y Padre.

Ordinariamente los qne mueren dejan ciertas señales

de su predestinación, por lo bien que se disponen y cuan-

to hacen de su parte. Dn esta posta general de saram-

pión, entre otras, murió una muchacha de buena edad,

como pudiera la señora más cristiana, continuamente cla-

mando; Jesús, María, doleos de mí, yo soy vuestra hija,

líbrame del demonio, llévame al ciólo; pues, para eso me

hiciste cristiana. Otros con fervorosos y repetidos actos

de caridad, pidiendo los más, se les repita la recomenda-

ción del alma; porque aquellas palabras les causan alien-

DE LOS MOXOS.

to y consuelo; sin permitir, si posible es, que no se les

aparten los Padres; ni los dejen un ponto; porque tam-

bién los curan por sus mismas manos, y hacen los mas

humildes oücios de un caritativo enfermero. Y cierto

que premia Dios esta caridad en gravísimos achaques,

de que suelen sanar por la asistencia de los Padres, co-

mo lo confiesan ellos algunas veces. Dicen que los me-

dicamentos no les aprovechan, si los Padres no se ios

dan, aunque sean ayudas, ventosas ó- purgas. Una de

qne ordinariamente usan para la calentura es de piñones;

y por esperimentar los eficaces para quitarlas, si se dan

al principio, han cuidado los Padres que los haya en to-

dos los pueblos. Sucede, pues, ir á visitarlos y hallarlos

con calentura de algunos días; preguntarles por qué no

han comido los piñones, y responden: que varias veces

lo han hecho, y no les aprovechan, y dándoselos los Pa-

dres, quitárseles luego: disposición divina, quizá, para que

cobren amor á los misioneros, y con facilidad se dejen go-

bernar en el camino del cielo.

Con lo quo más han experimentado prodijiosos efectos,

ha sido con la tierra de San Pablo, para remedio de males

de sangre de que padecen de continuo aquellos indios; y

es achaque á que tienen grande miedo por la esperiencia

que tienen de los pocos qite libran la vida, y han sido

muchísimos los que han sanado dándosela á beber en

ayunas y haciéndoles invocar el favor del santo Apóstol

de las gentes. Entre ellas fué una india de un pueblo,

diatante del principal tres leguas. Vino á avisar aú

marido en ocasión que estaban los dos Padres gravemen-

te enfermos; y no pudiendo acompañarlo, le dieron la

tierra de San Pablo, dicióndole lo que habia de hacer,

tuvo tan buen efecto, que hiégó sanó. Oyó otro indio y

cuyo hijo padecía del mismo achaque, y pidiéndole un poco

de la tierra que habia llevado á la enferma, se la dio á su

hijo, el cual aquella noche oyó ó soñó que lo fué á visi-

tar el Padre y le decía ¿qué haces ahí? levántate, qne ya

estás bueno; y á la mañana sanó.*"

Este es en suma el glorioso estado en que se halla

aquella apostólica misión de los Moxos, desde el año de

KÍ7J- hasta el presente de lliOfi, de que pudieran ser más

individuales y difusas las rjotícias de ana admirables pro-

gresos. Cuántos trabajos hayan costado a los misioneros

que fueron á la hora de prima á dilatar el nombre de

Dios en acuella nación de Moxos y la multitud de almas

que han ido recojiendo los demás obreros que se han se-

guido á todas lloras, por las infinitas naciones de tan bár-

baras provincias, al rebaño de Jesucristo y gremio de sn

Iglesia, sólo Dios lo sabe, que por su mayor gloria se han

padecido. Bien que los admirables principios y felices pro-

gresos nos lo dan claramente á entender; pues quien su-

piere que en este número de años se han pacificado y re-

ducido á pueblos de cristianos y catecúmenos I9,7ñíí

personas, con el ejercicio cotidiano de la doctrina cristia-

na, y bantizádose de éstas, desde el ano de IfjSü hasta el

presente, más de 10,31!) almas, reducidas á los sacra-

mentos de la Iglesia y virtudes de unos primitivos cris-

tianos, sin un sinnúmero de millares de angelitos que por

medio del bautismo han ido dichosos al cielo; conocerá

por lo obrado que ha sido á mucha costa de sudores, fa-

tigas, incomodidades, y caminando á pié, de ordinario

uno y dos meses cuteros," por ciénegas y pantanos hasta

la rodilla con ardientísimos soles, saneudos y mosquitos,

sustentándose de raices de árboles, y cuándo más regala-

dos con maíz y unos plátanos, durmiendo por las playas,

arrojados en el suelo, y por montes, vestidos con una

hamaca, entre indios bárbaros que se sustentan de gente,

aprendiendo cada dia nuevas lenguas; más alegres y con-

tentos por ir acarreando pueblos de gentiles, que solda-

dos con los despojos de un copiosísimo saco; rasgadas las

sotanas, heridos los pies, rasguñadas las caras y las ma-

nos de montanas espesísimas. Así empezaron los prime-

DE LOS MOXOS

68

ros Padres Pedro Hartan y Cipriano Barraco, así vie-

ron con asombro y veneración al fervoroso Padre Anto-

nio de Orellana, los Taires misioneros de la religión do

Predicadores y el Gobernador de aquellas conquistas D.

Benito de Ribera y Quiroga, cuando emprendió el Padre

la níision por el camino de Cochabamba y consiguió

abrir gloriosamente este nuevo camino tan deseado; y

así lo ejecutan con emulación sagrada los apostólicos Pa-

dres -José de Vega, Joan de Espejo, Agustin Zapata,

Francisco Javier Granados, Lorenzo Lagarda, Francisco

de Borja y todo3 los demás misioneros qus han ido de

nuevo, que por todas son veintitrés; señalándose singu-

larmente el Hermano Alvaro de Mendoza, entre los cua-

tro Hermanos Coadjutores que tiene aquella misiónT en

los ejercicios de virtud y caridad con que lia asistido á

los Padres y servido á los indios con raro ejemplo de hu-

mildad.*1

A estos admirables y apostólicos trabajos, se deben te-

ner conquistadas y pacificadas tanta diversidad de nacio-

nes y variedad de nuevas provincias; pues pasarán de

setenta mil indios, los que tienen amistados, y han pro-

metido reducirse á pueblos para recibir el sacramento

del bautismo y vivir como cristianos luego que se le se-

ñalen Padres, que de propósito les asistan á instruirlos,

en los misterios divinos de nuestra santa fé.

Y no es de menor gloria de Dios, ni menos prodigioso

el aumento de seis iglesias en que es Dios alabado, servi-

do y adorado; pues personalmente las han hecho los mi-

sioneros sirviendo do arbañiles, peones, carpinteros, y de

sastres, barberos y zapateros, para todo cuanto se ha

ofrecido en utilidad aquella nueva cristiandad; de suerte

que puede cada uno decir en su redención para gloria de

Dios, con el Apóstol: quoniam ad ta quae milti optis eraití

el his qui tneum stait m'unsírave.riint manus iste, sin perdonar

á ningún empleo, por humilde y desagradable que sea á

la naturaleza, y puede conducir á ganarlos la voluntad á

los indios; aplicándose por esto á curarlos en sus enfer-

medades, aun las mas asquerosas y de contajio, abrién-

doles las apostemas y aprendiendo á sangrar, y ejecután-

dolo, ordinariamente, á los pies de un indio, porque él

esté con mayor comodidad, hasta hacerles las unturas por

sus manos, y regalándolos con aquello que necesitan pa-

HELACION

ta su sustento, quitándoselo, como dicen, í la boca, para

socorrer y aliviar á los desgraciados iudíos; premiando

Dios e*ta caridad y humddad con aciertos raros, dignos

de los mejores médicos y cimjanod, en .ocasiones en que

desesperaban de su vida de que se pu ieran referir mu-

chos casos prodigiosos.

Rste empleo y cuidado de asistirlos en sus enfermeda-

des, ha sido un grande motivo para abrazar la fú de Jesu-

cristo, por ver á unos hombres, estimados del español,

que es á quien sólo conocen y temen, en tan humilde

empleo, sin mas intenis que cL de la caridad» que predi-

can y ensenan su ley. Quiera Dios arraigarla entera-

mente en sus corazones y dilatarla por todo aquel nuovo

mundo para gloria suya y crédito grande de esta santa

Provincia.

Colegio máximo de San Pablo de Lima y Diciembre

tres del año de nuestro Señor de mil y seiscientos y no-

venta y seÍ6,diadel glorioso Apóstol San Francisco Javier.

4

Jhs.

DIEGO DE EGUILUZ S. J,

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