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Тадео Ксавьер Энис. Исторический дневник восстания и войны племен гуарани. Tadeo Xavier Henis


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rodeos, por provincias desiertas, hasta una fortaleza
portuguesa, situada en el rio Yacuy; la cual poco antes no tenia
nombre, y ahora, por la invasion que se les frustró á los
indios, la llaman (pero mal) el Fuerte de la Victoria: y que
finalmente, unidas las fuerzas, habian de caminar al pueblo de
San Angel. Así se determinó en el Consejo de ambas naciones, y
aunque estas determinaciones parecian á los baqueanos ó peritos
de los caminos muy violentas, y casi impracticables en la
ejecucion, con todo se tuvo por conveniente proveer todas las
cosas, y prevenirse contra los insensatos conatos ó esfuerzos de
los Portugueses. No debalde se juntaron los capitanes, corriendo
ya Enero, y aunque no se sentia movimiento alguno del enemigo,
determinaron no obstante muy de antemano, que toda la gente de
los pueblos vecinos se juntase y viniese al socorro. Y despues
despacharon cartas y un correo á los de la Concepcion y de Santo
Tomé, las que estos debian despachar mas adelante á los otros
pueblos, para que se acercasen mas, y pusiesen exploradores por
todas partes, y principalmente porque en los yerbales no sé que
hacian los enemigos: sospecho que los fuegos que se habian visto
no fuese que maquinasen alguna irrupcion, ó que componian los
caminos. Luego al punto se destinaron diez Juanistas, y casi
otros tantos de San Angel, para que fuesen hácia los montes,
adonde se haria alto; y del pueblo de San Miguel, un capitan del
campo que estaba de guardia en Santa Tecla, para que avisase á
los suyos el estado en que estaban las cosas: porque se decia
que por aquella parte amagaban los enemigos, y que ya habia dos
meses que caminaban, á saber, desde el 5 de Diciembre.

80. Cuando por este tiempo todo este aparato parecia se quedaba
en pareceres ó disposiciones, y por otra parte se confirmaba la
venida del enemigo con cuotidianos correos, y los curas se
estaban durmiendo ó en inaccion, hubo quien empezó á mover el
negocio, exponiendo que no se debia andar con negligencia, y que
se debian juntar tropas, ponerlas listas y despacharlas á los
términos de la jurisdiccion, para que no entrase el enemigo á
los campos remotos de las estancias ó crias, destrozándolas y
matando, sin ser castigado, y no estorbándoselo nadie. Con
dificultad se consiguió esto, despues de muchas razones que se
expusieron: es á saber, que llegaria tarde el ejército para
salir al encuentro desde casi 100 leguas de distancia, si
entonces se empezaban á juntar tropas, cuando ya el enemigo
acometiese: que el enemigo podia andarlo todo, y los reales
portugueses se andarían camino recto, por medio de las estancias
que destruirian: que cerrarian la comunicacion á los indios, y
les quitarian la comida, cuya falta ya se empezaba á sentir; y
finalmente que siempre es mejor atacar primero al enemigo que no
ser atacado de él. Por estas razones al fin se consiguió que se
despachasen nueve correos ó postas, los que por todas partes
avisáran y movieren á los confederados. Tambien el capitan de la
Concepcion estaba ya con una partida de 150 hombres en sus
estancias que confinan con las de San Miguel, y para completar
dicha partida se enriaron otros 60 del pueblo. Pusieron en
movimiento á los escuadrones auxiliares, que debian venir de los
pueblos de Santana, del de San Carlos y de los Angeles, 60, del
de los Mártires, 60, del de San Javier, y de Santa María, 30.
Arregladas de repente por aquella parte las cosas, repuesto el
capitan que poco antes lo habian quitado, habièndose vuelto á
sus casas sus gentes, que andaban esparcidas por diversos
pueblos, se creia que el Consejo doméstico habia obrado esta
mudanza, la que luego surtió buen efecto.

81. En los demas pueblos del Uruguay, como avisase el posta que
poco antes habia enviado y ya estaba de vuelta, que no habia
rumor, ni se sentia el enemigo, se daban prisa para esperarlo
los escuadrones de los otros pueblos. Mas, á 20 de Enero llegó
un correo impensadamente, que avisó que el dia 16 del mismo mes,
en las cabeceras del rio Negro, por aquella parte en que hay una
angosta entrada, entre los rios Negro y Yacuy, en las tierras de
San Miguel, la cual entrada ó puerta de la tierra llaman los
indios _Ibiroqué_, habia aparecido el ejército de los españoles
cuando menos se pensaba: que habiéndolo visto cinco
exploradores, les habian confesado que venian 2,000 españoles á
esperar á los portugueses. Marchaban formados en cuatro líneas
sencillas y no apretadas, formando un cuadro, en cuyo centro iba
una innumerable porcion de caballos, bueyes, carretas, y los
bagages de los Gobernadores, y tambien de los capitanes, con
órden. Muy cuidadosos estuvieron en preguntar á los cinco
exploradores, si por ventura algunos PP. Jesuitas estaban en el
ejército de los indios, y de qué número se componia? Les fué
respondido que aun no habian venido los PP., pero que vendrian:
que el ejército por entonces no pasaba el número de 2,000 (así
pareció á los indios engañar al enemigo, siendo apenas 100, y si
se incorporaban los Concepcionistas que estaban cerca, serian
300), pero que habian de llegar á 5,000, luego que se
juntasen todos.

82. Apenas llegó esta noticia cierta al pueblo, que volaron los
correos, y se dió aviso á todos los pueblos, los cuales, ya
parecia que querian salir á campaña, ya que no querian: mas, se
juzgó no tardarian. El dia 21, habiendo hecho primeramente en la
capilla de Loreto una procesion de penitencia, y cantada en el
mismo lugar una misa solemne y votiva _pro gravi necessitate_,
salieron del pueblo de San Miguel 350 soldados, todos de
caballeria, los que pasarian del número de 400 en uniéndose con
aquellos que ya estaban de guardia. El mismo dia salieron de San
Angel 200, de San Lorenzo 50: el dia antes habian salido de San
Luis 150, de San Nicolas 200: el dia siguiente salieron de San
Juan 150, y de la Concepcion 200.

83. No obstante, todas las cartas que venian de las ciudades de
los Españoles anunciaban que habia grandísima esperanza: que por
dias se esperaba de Europa un navio de guerra que habia de
desbaratar todo el tratado; que todo el bienestar de los indios,
en este intermedio que se aguardaban las providencias, consistia
en la constante oposicion á los Ministros reales que estaban en
estas partes, los cuales trabajaban con ahinco en la ejecucion
del tratado, para que antes que viniese de la Corte el consuelo
á los pobres, las cosas estuviesen en tal estado que no
admitiesen remedio, estando una vez tomados algunos pueblos: y
por tanto, protestaban á los indios que harian al Monarca un
gran servicio, si se defendian, oponian y resistian con todas
sus fuerzas, mientras llegaba de Europa la providencia que se
esperaba. ¿Quien creyera esto? que las cosas de los indios esten
en tal estado, y se hallen en tal situacion que para servir al
Rey y prestarle fidelidad, sea necesario tomar contra el mismo
Rey las armas.

84. Marchaban ya sobre el enemigo las sobredichas tropas, pero
con paso tan remiso, como acostumbran para todas las cosas los
indios, que podia el enemigo ocupar facilmente todas las tierras
de la otra banda del Monte Grande. Pero como este tenia
necesidad de buscar los portugueses auxiliares, é irles al
encuentro, marchó hasta Santa Tecla por unos largos rodeos, y
así dió lugar á los indios para que 100 Miguelistas, que iban
con pasos mas acelerados con su capitan José Tiararú, se les
pusiesen á la vista.

85. Los primeros á quien este capitan acometió fueron 16
españoles con su alferez, los cuales fueron á reconocer las
tierras de San Agustin. Habiendo con sus soldados atacado á
estos, facilmente los desbarató, y los despedazó todos, como si
fuera uno solo. A otros 20 no lejos de los Cerros Calvos, que
los indios llaman _Mbatobí_ con la misma fortuna los acabó,
excepto uno que se escapó huyendo: con estas dos matanzas se
hicieron los españoles mas cautos, y así despues escudrinaban ó
exploraban las tierras con tropas mas crecidas: y á la verdad á
fines de Enero, habiendo salido un numeroso escuadron, enviaron
adelante cinco exploradores, á los que, habiendo el capitan José
acometido con poquitos de los suyos, como no hicieren
resistencia, los persiguió y mató á cuatro: mas el quinto,
escapándose por la ligereza del caballo, llegó corriendo á los
españoles, que estaban emboscados detras de las cabeceras llenas
de bosque del Rio Vacacay, y esto, acometiendo con un numeroso
escuadron al sobredicho capitan, y á pocos de los suyos, como
por defecto del caballo cayese en una fosa que habian hecho los
toros, le rodearon ó cercaron, y tambien á algunos indios que
iban corriendo al socorro del capitan; á quien primero con una
lanza, y despues con una pistola, mataron. Y habiéndole muerto,
sus subditos, aunque cercados, rompieron á fuerza los
escuadrones del enemigo, y se pusieron en salvo, quedando muerto
uno, si no me engaño, y otro herido: arrojaron el cuerpo ya
despojado de todo, y como algunos dicen, lo quemaron con

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