Sandro Patrucco Núñez-Carvallo. CABELLO DE VALBOA Y LA MISCELANEA ANTARTICA


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Sandro Patrucco Núñez-Carvallo. CABELLO DE VALBOA Y LA MISCELANEA ANTARTICA

El tema de esta ponencia es un análisis de la importancia historiográfica de la obra de Miguel Cabello de Valboa.la Miscelánea Antártica, y sus implicancias para permi- • mos entender cómo un hombre del siglo XVI incluía dentro de su conciencia del mun¬do conocido la moderna realidad de América.

EL AUTOR
Miguel Cabello de Valboa,aunque de apellido gallego o portugués, nació en la villa de Archidona de la provincia de Málaga entre los años 1530 y 1535, donde vivirla -asta posiblemente el año 1555. Partió luego a las guerras de Flandes y de Francia, de :onde pasaría después a América, pues ya en 1566 estaba en Nueva Granada. En 1571 se ordenó sacerdote en Quito, y cinco años mas tarde, en 1576, empezó a escribir su Miscelánea Austral. Participó en la expedición de las Esmeraldas y luego pasó por "Jma,en donde el virrey Enríquez le concedió el Curato de San Juan Bautista de lea. Participó entre 1582 y 1583 en el Tercer Concilio Límense que presidía el Arzobispo Toribio de Mogrovejo. Terminó en lea su Miscelánea en 1586. En 1593 se trasladó al Alto Perú en donde participó de la expedición a los Chunchos. En 1604 tomó a su car¬go la parroquia de Larecaja, donde permaneció hasta su muerte ocurrida posiblemente hacia 1608.
Entre sus obras además de la Miscelánea Antártica, figuran La verdadera descripción de las Esmeraldas que es presentada en Trujillo al Corregidor en 1583, y en 1596 su Orden y traza para descubrir y poblar la tierra de los Chunchos y otras provincias.
EL SURGIMIENTO DEL TEMA DE LA MISCELÁNEA ANTARTICA
Es el mismo Cabello quien relata en su Miscelánea cómo surgió el motivo principal de su obra: el origen de los indios del Nuevo Mundo, tema que lo inquietaba desde tiempo atrás y que tomó cuerpo en las conversaciones que sostuvo con el Adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, hombre "docto y leído". Este personaje le recomendó la lectura de Fray Juan de Orozco, quien había tratado la materia. Estas y otras lecturas llevaron a Cabello a formular la tesis innovadora que sostenía la descendencia de estos indios del Patriarca Ophir, antiguo personaje bíblico nieto de Noé, al que Cabello atri¬buyó la paternidad de los pobladores americanos. El estudio y averiguaciones sobre estas complicadas materias lo llevó más adelante a discutirlo con su maestro el Obispo don Pedro de la Fteña y después con el Adelantado Juan de Salinas y Loyola, a los que finalmente convenció con la ayuda de un mapa, en el que dibujó la ruta de la inmigra¬ción. Fbr lo que se desprende de sus comentarios, la derrota graficada en el plano alu¬dido coincidía con modernas teorías del poblamiento americano.
Ponencia leída en el Coloquio Internacional "Historia, Cultura e Identidades Latinoamerica¬nas", organizado por el Vice-Rectorado de la Universidad de Lima. Lima, 3 de setiembre de 1993.
Posteriomente, estando en Lima pudo conversar con el Alcalde de Corte don Die¬go López de Zúñiga, quien le indicó que su argumento lo mencionaba en su Aparato a la Sacra Biblia Real el eminente erudito Benedicto Arias Montano. Si bien la hi¬pótesis formulada no era totalmente original, Cabello se decidió a conformar un libro con los apuntes que sobre el tema tenía, logrando de esta manera señalar sus propias apreciaciones. Por otro lado, cabe señalar que el polígrafo español Arias Montano no era tampoco innovador, pues antes que él habían tratado el asunto otros eruditos co¬mo fray Tomás de Maluendas y Juan de Pineda. El mismo Montano que publicaría en 1592 su obra Liber generationis Adam sue de historia generis humanis, pro¬fundísimo tratado donde se estudiaba el surgimiento y dispersión del género humano. Tampoco fueron los últimos en hacerlo, pues durante el siglo XVII el tema se converti¬ría en un verdadero best seller, pues lo tratarán investigadores como Manasseh Ben Is¬rael, Antonio de León Pinelo y Diego Andrés de la Rocha (García, 1981, XI). LAS FUENTES AMERICANAS
Resuelto Cabello de Valboa a convertir en libro sus anotaciones referidas a estas inquisiciones, consideró que la naturaleza del tema a tratar lo obligaba, en realidad, a escribir una historia donde se vinculara la historia de los pueblos andinos con el resto de la humanidad. Dentro de la mentalidad escolástica y los influjos del pensamiento platónico, sólo de esta manera se podía dar sentido a este intento, pues se concebía el Mundo como un Universo en el que todas las razas avanzaban de consuno rumbo a la Redención. Dentro de este ambicioso proyecto, el interés inicial, aunque quedando siempre como el hilo conductor, se convierte tan sólo en uno de los puntos de interés de los muchos que esta historia contiene. El resultado es una obra en la que se nos habla en un mismo tono de los más remotos antecedentes bíblicos, del avance turco sobre Europa, de las dinastías incaicas o de la falsedad de las idolatrías romanas.
La confección de una historia general andina, aparte del monumental apoyo bibliográ¬fico del repertorio clásico, necesitó de rigurosas informaciones sobre lo peruano, sobre todo teniendo en cuenta que en el momento en que se escribía había relativamente poca infor¬mación publicada sobre estos temas, por lo que tuvo que conversar, interrogar y averiguar con muchas personas para lograr tan importante cúmulo informativo.
Entre los personajes consultados que hemos podido encontrar destaca el Doctor Juan de Valboa, Canónigo de la Catedral de los Reyes, que él califica de "Cicerón de la lengua Quechua". Juan de Valboa fue "el primer graduado de la Universidad de San Marcos y ... fundador de la Cátedra de idioma Quecha" (Cabello de Valboa, 1951, XXV). Cabello le conoció durante el Tercer Concilio Limense, del cual ambos fueron integrantes, y durante su estadía en Lima pudo visitar la casa de Juan de Valboa, lugar donde se reunían los especialitas interesados en lenguas aborígenes. Allí, Cabello pudo enterarse de muchos datos interesantes, revisar documentos recogidos por este emi¬nente catedrático y, finalmente, consultar las anotaciones que éste había realizado so¬bre el mundo andino (IBID, XXVI).
Otro informante pudo ser Mateo Yupanqui Inca, indio noble quiteño que habría ayudado con datos sobre la última época de los incas, de los cuales tanto abunda la Miscelánea (IBID, XXV). Posiblemente a estas informaciones se deba el "quiteñismo" o parcialidad con Atahuallpa de la Miscelánea como tan categóricamente lo ha señala¬do Porras Barrenechea (Porras Barrenechea, 1964, 360).
En el norte probablemente se comunicó con Martín Farro Chumbi, hijo de don Pedro Cuzco Chumbi, descendiente de los señores de Chimor, como se puede deducir por la abundancia de datos y referencias menudas que se tienen sobre esta civilización, cuyo recuerdo a la llegada de los españoles procuraba ser el ocultado por el Tahuanti- suyo (Cabello de Valboa, 1951, XXVI11).
Porras anota que otro informante importante sería Cristóbal de Molina, a quien trató y con quien trabó amistad durante el III Concilio, y quien le habría permitido leer el manuscrito de su Historia de los Incas, hoy perdida, así como probablemente otros documentos por él recogidos. Señala también Porras que pudo consultar la His¬toria Indica de Sarmiento de Gamboa, con la que "coincide muchísimo, sobre todo, en la ultima época incaica" (Porras Barrenechea, 1964, 361).
Pudo también revisar los escritos de Polo de Ondegardo, a quien cita de nombre reiteradas veces, pero no pudo conocer puesto que había muerto antes de que Cabello llegara a Lima.
En su obra alude a otros investigadores del origen de los indios, con los cuales dis¬crepa:
"Otra opinion (acerca del origen de nuestros naturales) trae Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia General de estas Indias, y otra diferente sigue Francisco López de Gomara, y otra refiere Cieza, y otas otros que tratan de ellas, aquí importa poco pues sus libros andan impresos, y en ellos podrán ver los que fueron curiosos quan lexos van de lo que fue." (Cabello de Valboa, 1951, 104).
Señala también reiteradas veces a Pedro Mártir de Anglería y a Pigaffeta, a los que indudablemente conoce y utiliza.
Finalmente cabe suponer —como algunos autores piensan— que durante el Concilio pudo trabar conocimiento con otros integrantes, como José de Acosta o Blas Valera, aunque no hay indicios de que así fuera.
Aparte de todos estos autores, cuyos nombres conocemos por la posteridad re¬nombrada de su obras, Cabello menciona una larga serie de contemporáneos que lo ayudaron en sus pesquisas, pero a los que la posteridad no ha recibido, por lo que no podemos conocer en que pudieron ayudarlo. Por otro lado, la cantidad de datos nue¬vos que la Miscelánea conüene sobre costumbres indígenas nos hace presumir que el cronista recogió muchas veces de manera directa datos de los indígenas de los territo¬rios que recorría.

LAS FUENTES CLÁSICAS DE LA MISCELÁNEA

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