querías autorizadas deben realizarse entre enero y junio.
^ El subrayado nos pertenece. Cf. Recopilación de leyes de los reynos de Indias, Madrid, 1681.
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los había puesto a oficio.” Se trata, por cierto, de inte¬grantes que conforman las partidas de vaqueros, la gente de “baja esfera” de la sociedad bonaerense.
¿Es necesario recordarlo? Desde luego, en todos los casos vagabundos y ociosos son los desposeídos. Así, y no por curiosa paradoja, ya en los primeros momentos se decide someterlos compulsivamente al dominio de los propietarios e integrarlos al sistema productivo, expre¬sándoselo al gobernador Diego de Góngora el rey en 1619 (”y es cosa muy justa y conveniente procurar que la gente que hay, sea ella españoles y naturales, mestizos, negros y mulatos, que de éstas se dice es increíble la can¬tidad que hay, y todos viven ociosamente y sin ocupa¬ción, se aplicasen al trabajo de que se saque aprovecha-’ miento, os encargo miréis y os informéis muy atenta¬mente de las personas más inteligentes de esa tierra en cada ciudad y pueblo”*). De todos maneras, al igual que ocurre en el Antiguo régimen europeo, los sumisos, es decir aquellos que aceptan vivir en pobreza, los silencio¬sos, obtenían una seguridad relativa al integrarse al traba¬jo de los campos o al sumarse a las milicias .locales.
Por 1641 los denominan “criollos de la tierra ” y acla¬ran también que son muy pobres, proponiendo los ofi¬ciales de la Real Hacienda sean ocupados en las compa¬ñías de caballería (”por ser las personas que pueden ser¬vir estos cargos criollos de la tierra.. . la pobreza de los criollos de la tierra, que son lo que la puedan servir”c). Otras palabras para designarlos aluden a diversas aptitu¬des: domadores, vaqueros, cuereadores, etc.rf. En otros
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En Paraguay, informan en la época, entrego a los indios guaycurús vino envenenado a cambio de miel y martinetas. Cf.: Ricardo Rodríguez Molas, Esclavos indios y africanos, en Ibero AmerikanischesArchiv, Berlín, jg. 7. H.4, 1981, pp. 325-366.
* Real Cédula al gobernador del Río de la Plata don Diego de Góngora. . . Guadalupe, 1° de noviembre de 1619, en C.G.G.V., n° 4657
c Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colo¬nia, Sección Gobierno, Acuerdos de la Real Hacienda, S. 9, C. 13, A. 8, N° 8, f. 57 v.
Se emplean ya a fines del siglo XVI. 70
casos, los funcionarios españoles escriben “paisanos”, de¬finiendo en todos los casos a criollos adaptados al medio y aptos para las labores rurales. En esa perspectiva, la de la sociedad arcaica, encontramos en los documentos del siglo XVIII las siguientes designaciones características del ámbito: “animado”, “mozo español asalariado”, “in¬dio esclavo”, “indio conchabado”, “agregados y entena¬dos suyos”, “asistente de peón”, “agregado con su ran¬cho”, “peón conchabado, su ejercicio es cuidar ganados mayores”, “capataz”, “peón asalariado”, “gente de fae¬na”, “mozo de faena”, “domador criollo”, “peón ba¬queano”, “rastreador”. . .”. Paralelamente, en la Banda Oriental varían los términos para indicar genéricamente aptitudes, defectos (para funcionarios y estancieros) y otras características de los pobladores de la campaña: changadores, gauderios y gauchos. No vamos a entrar ahora aquí en la exposición del origen de las palabras changador y gauderio. Pero aún sin entrar en este punto, resulta claro que sus raíces, obviamente que no las filo¬lógicas, son idénticas. Ahora bien, gauderio se emplea con anterioridad a gaucho, dentro del proceso adver¬tido, y conocemos ya testimonios fechados en 1756 en el pago de las Víboras para señalar a “gente —así dicen— que vive como quiere, sin saber dónde viven o de qué se aumentan pues no trabajan”*. Se trata, como en tantos otros casos, del sistema jerárquico de trabajo que raciona¬liza el dominio y menosprecia a los insumisos. Tales son los gauderios: “vagos” y “malentretenidos” como señalan los documentos del siglo XVII, mozos “amigos de cosas nuevas”, peones de estancias, criollos y desocupados. Es-
” Cf.: -Facultad de Filosofía y Letras, Documentos para la Historia Argentina, t° X, Padrones de la ciudad y campaña de Buenos Aires, 1726-1810, Buenos Aires, Peuser, 1920-1955, pas-sim.
” Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Portugueses, Campo del Bloqueo, Banda Oriental, n° 1. En este legajo de do¬cumentos se encuentran numerosas referencias a robos de ganado y de quienes Bruno de Zabala dice ser vagos, mal entretenidos y gauderios. En carta del 13 de marzo de 1746 se informa de la de¬tención de Juan Fernández, autor de “varias travesuras”, “capaz de inventarlas nuevamente”.
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tos antecesores de los gauchos son portugueses, africa¬nos, indios, españoles criollos y, en no pocos casos, mes¬tizos que migran del interior. A mediados del siglo XVIII encontramos el término en Río Grande del Sur, Santa Fe, Misiones, Comentes y Entre Ríos. Gauderio se designa en Santa Fe, en 1768, a un criollo cuyo mayor delito con¬siste en estar amancebado: “amancebado con una prima suya que se le sacó de la cama estando con ella para traerlo preso” recuerda el policía de turno”. Represión social y represión sexual son términos y deseos que en ningún momento se excluyen.
En los campos fronterizos de la Banda Oriental, gru¬pos de gauchos trabajan para hacendados de Río Grande del Sur y Montevideo; realizan, por encargo, faenas en los rodeos cimarrones y conducen cueros y vacunos al dominio portugués. Como ocurre con los gauchos del si¬glo XIX, son acentuados los contrastes entre la pobreza de los más y la riqueza de los menos. Escuchemos como los ve un calificado testigo, en un testimonio carente de toda simpatía por lo primitivo o lo folklórico: “Mala ca¬misa y peor vestido procuran encubrir con uno o dos ponchos, del que hacen cama con los sudaderos del ca¬ballo, sirviéndoles de almohada la silla. Se hacen de una guitarrita, que aprenden a tocar muy mal y a cantar des-entonadamente varias coplas, que estropean, y muchas que sacan de su cabeza, que regularmente ruedan sobre sus amores””. Las armas e instrumentos de trabajo pre¬feridos son los cuchillos, lazos, desjarretaderas, maneas, boleadoras, botas de potro, espuelas. . . Pues bien, éste es el tipo humano —producto de un sistema social— y és¬tas son las costumbres y el estilo de vida -producto de la segregación y del sincretismo inducido— de los gauchos rioplatenses del siglo XVIII, antecesores de un símbolo que se opone a la evolución.
Ya por 1783, es decir una década después del testimo-
a Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Santa Fe, 1763-1770, legajo n° 5.
b Concolorcorvo, El lazarillo de ciegos caminantes hasta Lima, 1773, Edición de la Junta de Historia y Numismática Americana, Buenos Aires, 1908, p. 29.
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nio de Garrió de la Bandera, las autoridades emplean las palabras gaucho y gauderio para señalar a un mismo gru¬po humano. Podemos advertirlo, entre otros testimonios, en las expresiones de un hacendado que posee en su cam¬po “una casa de trato” frecuentada por gauchos y gaude¬rios, todos ellos peones de campo”. Pero obsérvese ade¬más que, en aquellos círculos, ambas denominaciones no sólo definen a cuatreros o contrabandistas de ganado va¬cuno por cuenta de los estancieros ricos, indica global-mente a un grupo humano de características similares-a las de sus antecesores del siglo XVII y a los posteriores; pobreza, superstición, irracionalismo inducido, depen¬dencia*.
III - “NO VIENE A CUENTA A NINGUNO QUE NO SEA RICO CRIAR UNA VACA”
Queda establecido, pues, que la voz gaucho recién se aplica en la segunda mitad del siglo XVIII para señalar a un grupo humano bien definido. El testimonio más anti¬guo está fechado en 1771 en la Banda Oriental asociado a insometidos que las autoridades persiguen y controlan. Otros, posteriores, insisten en señalar hechos y actitudes ya conocidos.
A medida que la propiedad se afianza, la represión es más estricta y más racionalizada en su violencia, en el
a En la primera edición de la. Historia social del gaucho (Bue¬nos Aires, Marú, 1968) se dan a conocer testimonios documenta¬les sobre esa identidad.
* Debemos advertir la lenta, en muchos casos prácticamente inadvertida, integración de las clases rurales desposeídas a los aportes de la civilización. Relatos del siglo XVIII coinciden en sus descripciones con otros de la segunda mitad del siguiente. De¬jando aparte sus intereses de grupo dominante, son de importan¬cia las consideraciones del anónimo redactor de la Narrative of a joumey from Santiago de Chile to Buenos Ayres in july and au-gust, London, Murray, 1824, p. 134. “They are (los gauch

















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