Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho


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Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо.
Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho

Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо.
Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho

ADVERTENCIA
Durante más de tres siglos la propiedad de la tierra y del ganado constituyen en el Río de la Plata dos de las mayores aspiraciones de su élite. Cincuenta, cien y hasta trescientas mil hectáreas en manos de un propietario; ro¬deos inmensos, campos sin árboles, sin construcciones estables, sin caminos ni poblaciones. Tal la situación de extensas áreas de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba, Banda Oriental. . . Para lograr esa realidad tan desmedida, perfectamente planeada, los componentes de la clase dominante emplearon métodos tradicionales de inspiración feudal, y, otros, posteriores, indispensables para sostener una estructura estática y con demasiada frecuencia autoritaria y arcaica.
La feracidad de los campos, sus ricos pastos natura¬les, el régimen de lluvias propicios, el mantillo de humus que cubre a todo el sistema pampeano constituyen algu¬nos de los elementos que coadyuvaron para una rápida reproducción del ganado vacuno que introducen los con¬quistadores españoles del siglo XVI. Mestizos, criollos marginados del sector dominante, pobladores del Inte¬rior que emigran al litoral, mulatos y negros libres, per¬manecen apartados por determinación de la clase social que controla la economía y el aparato político del esta¬do, de la posesión de la tierra y del ganado. Estos pobla¬dores presentan muchos puntos de contacto con otras sociedades, donde la vida cotidiana gira también alrede¬dor del ganado, del autoritarismo y del latifundio.
Como es bien sabido, protagonista del proceso social y económico de nuestro pasado, la imagen del gaucho ha trascendido el campo de la literatura, del folklore y del arte. Tal como en la realidad, su forzado nomadismo

salvó distancias y cruzó fronteras. Se han así "poetiza¬do", entre otros aspectos, su vivienda miserable, los ji¬rones que oficiaban de ropa, su monótono menú carní¬voro, su presunto donjuanismo. . . La distorsionada esti¬mación que resulta de algunos enfoques estéticos, no es en principio ajena a los intereses que antes lo expoliaran en vida y hoy siguen capitalizando para fines nada pro¬gresistas y de las más variadas tendencias ideológicas, el resultado de la aculturación inducida y la miseria de la sociedad arcaica. Y si bien no faltan quienes analizan de¬tenidamente sus usos y costumbres, quienes estudian el lenguaje y las manifestaciones del folklore musical, en contadas ocasiones se ahondó en el conocimiento de las relaciones sociales y de su dependencia. Los textos de historia, tanto elementales como superiores, no señalan su presencia y cuando lo hacen, sólo le dedican escasas líneas. Pocos, en fin, recuerdan los métodos de dominio, la estructura en algunos aspectos cuasi-feudal que impera a partir de la Conquista y hasta las últimas décadas del siglo pasado.
El autor de estas páginas las ofrece, en cambio, cual expresión documentada de una verdad que intencional-mente no ha querido rebasar el campo estricto de la his¬toria. Como hemos señalado en otra ocasión, no preten¬demos escribir una Historia bowlerizada, limpia de injus¬ticias, aséptica, según cierta idea inglesa que adjetiviza el apellido Bowler, un escritor, recuerda Luis Gillet, que cauta y victorianamente escondió al verdadero Shakes¬peare. Tampoco, y de manera especial, una Historia don¬de el hombre esté cosificado, cuantificado, propia de los ejecutivos de la inteligencia, técnicos en el análisis de em¬pirismos abstractos que, como diría Wright Mills, no se inquietan por los mundos sociales. Una tendencia, qué duda cabe, tan frecuente en los institutos donde la inves¬tigación social es sólo una carrera burocrática. Por cierto, los historiadores que critican duramente la denominada histoire évenementielle, neoagnóstica y sistemáticamente atomizadora de la realidad, suelen caer ellos mismos en una économie évenementielle neonominalista, paralizada por el temor a los análisis globales y las valorizaciones cualitativas.
La presente edición de la Historia social del gaucho,

reescrita y corregida sobre la base de nuevas investigacio¬nes y planteos teóricos, tiene como punto de partida el texto de 1968. En esa perspectiva, el autor ha modifica¬do en muchos aspectos la estructura inicial y añadido nuevos hechos. El primer capítulo resume en parte algu¬nas páginas de un libro en preparación sobre las relacio¬nes entre la economía y sociedad en ambas márgenes del Atlántico Sur en los siglos XVI y XVII. Debemos asi¬mismo dejar constancia que razones de espacio nos impi¬den incluir ahora y aquí los textos documentales y los dos capítulos que analizan, respectivamente, los castigos corporales de la sociedad represiva y la prédica —en últi¬ma instancia frustrada— de quienes trataron de corregir, sin apartarse del sistema, las injusticias del orden gana¬dero latifundista.
R.R.M.

"La campaña de Buenos Aires está dividida en tres clases de hombres: estancieros que residen en Buenos Aires, pequeños propietarios, y vagos. Véase la multitud de leyes y decretos sobre vagos que tiene nuestra legisla¬ción. ¿Qué es el vago en su tierra, en su patria? Es el por¬teño que ha nacido en la estancia de cuarenta leguas, que no tiene, andando un día a caballo, donde reclinar su ca¬beza; porque la tierra diez leguas a la redonda es de uno que la acumuló con capital, o con servicio y apoyó al ti¬rano, y el vago, el porteño, el hijo del país, puede hacer daño en las vacas que pacen, señoras tranquilas del de¬sierto, de donde se destierra al hombre".
Domingo Faustino Sarmiento, 1856
"En nuestro concepto, es necesario arreglar las cosas de manera que el gaucho pobre, padre de familia, y que el inmigrante extranjero deseoso de establecerse en estos países, trayendo del suyo limitados o ningunos recursos pecuniarios, encuentren acomodo, a la vez que una pro¬piedad en que puedan levantar techos y plantar árboles, cuyos abrigos sean suyos y constituyan la herencia de sus hijos".
Nicasio Oroño, 1869
"Ningún pueblo es rico si no se preocupa por ¡a suerte de sus pobres"
José Hernández, 1882
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LOS COMIENZOS: LOS HOMBRES, LA TIERRA Y EL ARCAÍSMO
"Con la carabela avisé a Vuestra Alteza cómo había sabido que había cierta cantidad de ganado caballuno, cerca de Buenos Aires, precedido de unas yeguas que que¬daron allí, en el tiempo de don Pedro (de Mendoza). . : se podrá venir a gozar de ello, aunque hasta agora, por ser la tierra tan rasa y llana, no hemos podido tomar ninguna ni hemos tenido posibilidad de hacer corrales".
Juan de Garay, 1582
"Hay mucha falta de plata y oro en todas estas pro¬vincias, tanto que en ninguna se halla plata sino es en este puerto por la comunicación del y toda es poca".
Diego Marín Negrón, 1611
"tanta mala fama ha cobrado aquella tierra (el Río de la Plata) que en mentándola escupen ".
Martín González, 1575
I - LOS METALES PRECIOSOS Y LA OCUPACIÓN DEL ESPACIO
El Río de la Plata y su hinterland están, por cierto, y más allá de lo que sugiere un nombre, asociados a los intereses generales del Nuevo Mundo: la apasionada y
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despiadada búsqueda y explotación de yacimientos de metales preciosos. El Imperio, no es una novedad, ha de girar durante más de dos siglos alrededor de la plata y el oro. "So color de religión/ van a buscar plata y oro/ del encubierto tesoro" poetiza Lope de Vega. Estaba asimis¬mo esa realidad, que nadie disimula, en la idea general de Colón e iba más allá cuando les decía a los reyes de Espa¬ña el 7 de julio de 1503 que "el oro es excelentísimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega a que echa las ánimas al pa¬raíso". Por cierto, una y otra vez, desde los más variados sectores, se expone el verdadero sentido de las conquis¬tas. Al finalizar el siglo XVI Joseph de Acosta, un jesui-ta teórico de los métodos de sumisión inducidos a que deben ser sometidos los indígenas, insiste en recordarlo. Cree, asociando en su argumento el interés económico a la prédica religiosa, que "la sabiduría del eterno Señor" había colocado abundantes minas en América para que así los hombres se interesaran en ocupar su territorio. Y agrega, seguidamente, que las regiones de las Indias más copiosas de tesoros "han sido las más cultivadas de la re¬ligión cristiana. . . aprovechándose el Señor de nuestras pretensiones". Se trata del "orden y policía" del indio que se integra al trabajo de los socavones. También nos dice: "Es llano, que ninguna gente de las Indias occiden¬tales ha sido, ni es más apta para el Evangelio, que los que han estado más sujetos a sus Señores, y la mayor carga han llevado, así de tributos y servicios, como de ritos y usos mortíferos"".

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