sotros…»
-XIV-
¡Grito doloroso e impotente, digno de la altivez y rebeldía del representante de una raza desgraciada y muerta, sólo redimida por él de la potestad del Santo Oficio; pero grito que resuena bien en estos instantes en que toda la Nación hace la apoteosis de los que iniciaron nuestra independencia!
Luis González Obregón.
México, Septiembre de 1910.
Proceso criminal contra don Carlos, indio principal de Tezcuco
I.- Auto cabeza de proceso
En la iglesia de Santiago de Tatelulco de esta cibdad de México, Domingo veinte e dos días del mes de Junio, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e treinta e nueve años, ante el Reverendísimo Señor Don Fray Juan de Zumárraga, por la gracia de Dios e de la Santa Iglesia de Roma, Primer Obispo de esta dicha cibdad de México, del Consejo de Su Majestad y Inquisidor Apostólico contra la herética pravedad e apostasía en esta dicha cibdad y en todo su obispado, y en presencia de mí Miguel López de Legazpi, Secretario del Santo Oficio de la Inquisición, paresció presente, Francisco, indio, natural de Chiconabtla, siendo intérpretes el Padre Fray Antonio de Cibdad Rodrigo, Provincial de la orden del Sr. Sant Francisco en esta Nueva España, e su compañero Fray Alonso de Molina, e Fray Bernardino, letor del Colegio de Santiago, por lengua de los cuales dijo: que viene a denunciar y a decir lo que sabe de Don Carlos, principal e vecino de Tezcuco, casado, que por otro nombre se dice Chichimecatecotl, y es que puede haber veinte días, poco más o menos, que haciendo ciertas procesiones e rogativas e disciplinas en el pueblo de Chiconabtla, por consejo del Padre Provincial, por el agua, y porque moría mucha gente, -2- el dicho Don Carlos fue al dicho pueblo de Chiconabtla, a ver a su hermana, que es mujer del Cacique del dicho pueblo; e como el dicho Don Carlos, vido hacer las dichas procesiones, e que en aquellos días no comían sino pescado, murmuró de ello diciendo que para qué hacían aquello; y después de pasadas las procesiones, el dicho Don Carlos llamó a éste que declara diciendo que le quería hablar, y ido adonde él estaba, el dicho Don Carlos, delante de Don Alonso su cuñado y Don Cristóbal, y de otros dos principales de Tezcuco, que iban con el dicho Don Carlos, le dijo a éste que declara, reprendiéndolo mucho: «pobre de ti, en que andas con estos indios, e qué es esto que haces, piensas que es algo lo que haces» -dándole a entender que era inorante e simple, y que no sabía lo que se hacía- «quieres tú hacer creer a estos lo que los padres predican e dicen, engañado andas, que eso que los frailes hacen, es su oficio de ellos hacer eso, pero no es nada; ¿qué son las cosas de Dios? No son nada: por ventura hallamos lo que tenemos, lo escripto de nuestros antepasados: pues hágote saber que mi padre e mi agüelo fueron grandes profetas, e dijeron muchas cosas pasadas y por venir, y ninguna dijeron cosa ninguna de esto, y si algo fuera cierto esto que vos e otros decís de esta dotrina, ellos lo dijeran, como dijeron otras muchas cosas, y eso de la dotrina cristiana no es nada, ni en lo que los frailes dicen no hay cosa perfecta: más hay que eso, que eso que el visorey y el obispo y los frailes dicen, todo importa poco y no es nada, sino que vos e otros lo encarecéis y autorizáis y multiplicáis (con) muchas palabras, y esto que te digo yo lo sé mejor que tú porque eres mochacho; por eso déjate de esas cosas que es vanidad, y esto dígote, como de tío a sobrino, y no cures de andar en eso ni andar haciendo creer a los indios lo que los frailes dicen, que ellos hacen su oficio, pero no porque sea verdad lo que dicen; por eso quítate de eso y no cures de ello, sino mira por tu casa y entiende en tu hacienda:» y otras muchas cosas, y reprensiones y palabras -3- contra nuestra santa fe católica le dijo el dicho Don Carlos; las cuales dichas pláticas éste que declara dará por escripto, como pasó; a las cuales dichas pláticas el dicho Don Alonso, Cacique de Chiconabtla, respondió muy desabrido, diciendo al dicho Don Carlos que no se hablase más de ello, porque no era bien hecho; y éste que depone, respondió al dicho Don Carlos: «cómo dices eso, no sabes que estas cosas son de Dios y son santas y no conoces ni te acuerdas de lo que el Padre Provincial nos ha dotrinado y predicado, que es Padre nuestro, y nos ha criado a todos ¿por ventura es pecado lo que el visorey y el obispo nos mandan?, pues yo tengo e creo lo que la iglesia tiene y cree, porque es santo e bueno,» y otras muchas cosas; y todos los que estuvieron presentes a las dichas pláticas, quedaron escandalizados de lo que el dicho Don Carlos decía; y que después el dicho Don Carlos se apartó con Don Alonso su cuñado y tuvo cierta plática; y después tomó asimismo aparte el dicho Don Carlos a su hermana, mujer del dicho Don Alonso, y estuvo platicando con ella y que no sabe lo que pasaron, más de que después el dicho Don Alonso y su mujer, dijeron a éste que depone, que el dicho Don Carlos les había dicho que debían de matar a éste que declara y otros dos hijos del dicho Don Alonso, porque estaban muy adelante en las cosas de Dios, y que se guardasen de él, y que lo que más pasaron, ellos lo saben y lo dirán; y juró ser así verdad todo lo suso dicho, y que no lo dice de malicia ni por odio ni enemistad que tenga al dicho Don Carlos, sino porque pasó así en hecho de verdad, y por descargo de su conciencia, e porque le paresció muy mal lo que el dicho Don Carlos decía, por ser como es contra Dios e contra nuestra santa fe católica; todo lo cual dijeron los dichos intérpretes, que lo dice el dicho Francisco, indio, y lo firmaron y asimismo firmó el dicho Francisco. -Fr. Antonio Civitatencis. Provincialis. mr. Fray Alonso de Molina. -Fray Bernardino de Sahagún. -Francisco Maldonado. -(Rúbricas).
-4-
II.- Prisión de Don Carlos
E luego su Señoría Reverendísima, vista la dicha información, mandó dar su mandamiento para prender al dicho Don Carlos, el cual se dio en forma, dirigido al nuncio e alcaide del Santo Oficio.
III.- Declaración de Cristóbal, indio de Chiconabtla
E después de lo susodicho, en el pueblo de Chiconabtla, dos días del mes de Julio del dicho año de mil e quinientos e treinta e nueve años, su Señoría Reverendísima, por ante mí el dicho Secretario, hizo parescer a Cristóbal, indio, natural e vecino del dicho pueblo de Chiconabtla, del cual fue tomado e rescebido juramento, segund forma de derecho, y él lo hizo e prometió de decir verdad, so cargo del cual le fueron hechas ciertas preguntas por lengua del Padre Juan González, clérigo, intérprete, e visitador de su Señoría, del cual asimismo fue tomado juramento en forma, e so cargo de él prometió de interpretar e declarar bien e fielmente en todo lo que pudiese e se le entendiese; e lo que se le preguntó e dijo e respondió por lengua del dicho intérprete, es lo siguiente:
Preguntado cómo se llama, dijo que Cristóbal y que es natural de Chiconabtla, y casado en el dicho pueblo;
preguntado, si conosce a Don Carlos, el de Tezcuco, que por otro nombre se dice Chichimecatecotl: dijo, que sí (lo) conosce;
preguntado, si es verdad que en el dicho pueblo de Chiconabtla, hicieron ciertas procesiones e disciplinas, dijo que sí, que es verdad, que puede haber veinte e un días, poco más o menos, que en el dicho pueblo hicieron ciertas procesiones, ayunos e disciplinas, por agua;
preguntado, si es verdad que en los días que hicieron las dichas procesiones vino al dicho pueblo de Chiconabtla -5- y estuvo en él, el dicho Don Carlos de Tezcuco: dijo, que sí vino y estuvo en el dicho pueblo cuando se hicieron las dichas procesi



















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