PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


22 897 views

dada historia, pues que acabado su cuento, arremetió
con el dicho Pedrárias y lo abrazó diciendo: «A éste
quiero dejar vivo y á ese otro hacedlo luego pedazos.»
Ahora bien, nosotros creemos que la primera y
más poderosa causa de tan inesperada predilección en

— XXXVII -

favor de Pedrárias, fué la intervención de la hermosa
mestiza, y aun también el deseo, natural y plausible
en un padre, de proporcionar á su hija un valeroso
protector ó un honrado marido, en momentos críticos
y arriesgados, en que era muy fácil que la enamorada
y linda joven quedase huérfana, sin amparo ni apoyo
entre una feroz y desenfrenada soldadesca; pero tam-
bién admitimos que el terco y cruel Aguirre, no que-
riendo mostrar á sus marañones el verdadero móvil de
su conducta y clemencia inconcebibles, pretendiera
desorientar á sus gentes, relatándoles á su modo un
bien elegido suceso de historia antigua, del cual re-
sultase hasta el extremo justificada la indulgencia que
usó para con Pedrárias, así como igualmente moti-
vado el rigor inexorable con que trató al infeliz Diego
de Alarcon, que al punto fué descuartizado.
Conviene tener presente que entre las múltiples,
encontradas y singulares dotes que distinguían al san-
guinario caudillo, debe contarse la astucia, que en él
era muy superior al esfuerzo y bravura, en que otros
seguramente le aventajaban; pero con aquella sola
cualidad conseguía seducir y dominar á los corazones
más valerosos y á los caracteres más resueltos, á la
vez que sabia ocultar sus designios bajo apariencias
más ó menos laudables.
Así, pues, no le seria difícil justificar su rigor y
fiereza para con Diego de Alarcon, acusándole tal vez
de tornadizo y desleal, supuesto que se habia desertado
de sus filas después de haber sido uno de sus más
entusiastas y decididos partidarios, llegando en su ad-
hesión hasta el extremo de ser uno de los ejecutores
del más horrendo crimen, ordenado por el mismo

— XXXVIII —

Lope de Aguirre. En efecto, Juan Castellanos dice 1
que el cruel caudillo, después de haber dado muerte
por su mano á Salduendo, supo que la desdichada
Doña Inés habia huido temerosa de su venganza, y
que entonces él envió á Alarcon y á Llamoso en busca
de la hermosa y triste dama, que pereció miserable-
mente á manos de los dos entre las malezas de un
bosque.
Bajo este concepto, la huida de Alarcon era y no
podia menos de ser una veleidad, una inconsecuencia,
una gran traición, tan inperdonable, como á la par
ofensiva para el suspicaz y rencoroso Aguirre, y desde
luego se comprende, atendida la fiereza de su carác-
ter, que procediese contra el culpado con la crueldad
y rigor que lo hizo. En cambiu, la deserción de Pe-
drárias de Almesto pudo Aguirre considerarla, no
como una deslealtad ó perfidia para con él, sino como
una consecuencia lógica de los antecedentes de aquel
soldado que, fiel á sus deberes, nunca se habia enten-
dido con los rebeldes, y por lo tanto", pudo muy bien
el caudillo disculpar su fuga, y aun alabarla en pre-
sencia de los otros marañones.
Por lo demás, ya sabemos, según nos dicen el
Bachiller Vázquez y el mismo Pedrárias, que Aguirre
no era inclinado á tratar mal, ó á lo menos con su
crueldad característica y acostumbrada, á los que desde
luego, abierta y noblemente se manifestaban sus ad-
versarios. Una objeccion, ó mejor dicho, una pregunta
se nos pudiera dirigir con este motivo, y nos anticipa-
mos á contestarla. ¿Cómo es, se dirá, que en nin-

j Elegías de Varones ilustres de Indias.—Colección de Rivadeneyra.

— XXXIX —

guno de los dos códices, bien que aparece Llamoso r,
no es citado Alarcon entre los que fueron á matar á
Doña Inés? Así es la verdad; pero á ésto pudiéramos
responder que en tiempos de revueltas y asonadas sue-
len tomar parte en ellas, por error ó pasión, algunos
hombres estimables, que más tarde se arrepienten ó
se apartan de aquella vía, cuando comprenden que
las cosas no van por el buen camino que ellos quisie-
ran; que los móviles que guian á sus jefes y compa-
ñeros son interesados é inicuos; que sus propias inten-
ciones y miras fueron muy diversas; y, por último,
que se han cometido crímenes que su conciencia re-
prueba, aun cuando tuviesen participación en ellos, y
acaso por ésto mismo.
Uno de esos hombres estimables por sus prendas
y sanas intenciones, bien que no exento de flaquezas,
pudo ser Alarcon, y en este caso, es muy posible que
el Bachiller Vázquez, teniendo en cuenta su arrepen-
timiento y hasta su trágica muerte, juzgase conve-
niente y aun equitativo el omitir su nombre como eje-
cutor de un acto deshonroso; pero al que concurrió
sin voluntad ó por fuerza.
Y estas mismas ó semejantes conjeturas pueden
aplicarse, todavía con más sólido fundamento, á Pe-
drárias, que siendo además su amigo, camarada y
compañero de infortunios y trabajos, no habia de ser
menos generoso que Vázquez. De todas maneras, es
lo cierto que sobre este punto no podemos pasar de
aquí, esto es, de meras conjeturas.

i Los manuscritos designan á Llamoso con el nombre de Antón, mien-
tras que Castellanos le llama Juan.

La suposición, ó, por mejor decir, la seguridad
de que Lope de Aguirre buscaba en Pedrárias de Al-
mesto un apoyo para su hermosa y desventurada hija,
nos aparece con indiscutible evidencia cuando llega
el solemne y terrible momento de su irremediable per-
dición y ruina. Entonces, viendo cómo los soldados,
ya sin reparo, se le huian, saltando los bahareques 1 del
fuerte, dirigióse al protegido de la hermosa mestiza y
le dijo: «Señor Pedrárias, estaos quedo y no salgáis
de aquí, que yo diré antes que muera quién y cuántos han
sido leales al rey de Castilla; que no piensen éstos, har-
tos de matar á gobernadores y frailes y clérigos y mu-
jeres, y robado los pueblos y quemádolos y asoládo-
los, y hecho pedazos las cajas reales, que agora han
de cumplir con pasarse á carrera de caballo y á tiro de
herrón al campo del Rey.»
Las precedentes palabras revelan, no ya odio, sino
afecto y aun vivo deseo de favorecer á Pedrárias, pues
que ellas contienen una especie de promesa, en virtud
de la cual, Aguirre se propone recomendar alas auto-
ridades del Rey la consecuencia y méritos de los leales,
y muy particularmente de Pedrárias de Almesto.
La naturaleza humana ofrece con frecuencia los
más singulares y extraños contrastes. Hay hombres
que son leones en su casa y corderos en la calle, ó tí-
midos en sociedad; mientras que otros, cuya energía
de acción en la vida exterior llega hasta la violencia ó
la fiereza, necesitan en el hogar doméstico la ternura
de los más delicados afectos, demostrándose de este
modo que la más ineludible de las leyes es la ley de las

i Pared hecha con palos hincados y entretejidos con cañas y barro.

compensaciones. Sólo así se comprende y se explica el
amor tan profundo y entrañable, que un hombre tan
feroz como Aguirre, profesaba á su hija.
El tirano conoce que su muerte está próxima y es
inevitable, su corazón paternal se conmueve al repre-
sentarse el abandono y orfandad de la hermosa y mal-
aventurada mestiza, recuerda que sólo á ella debe la
vida Pedrárias, y piensa en él para que sirva de am-
paro y escudo á su bienhechora, cuya vida y cuya
honra podrán verse muy pronto expuestas á los más
vergonzosos ultrajes. Este pensamiento del honor
mancillado de su hija y de su nombre, le aflige y acon-
goja tanto, que prefiriria verla muerta primero que
deshonrada; pero le sonríe la esperanza de que aquel
joven agradecido la salvará, y esta única esperanza le
llena de indecible consuelo y de una especie de alegría,
en medio de las angustias y desengaños de su com-
pleto desastre.
Pedrárias, entre tanto, aguarda pacientemente co-
yuntura favorable para huir al campo de los leales;
ármase de una lanza y se dirige á los centinelas del
fuerte dando voces: «¡Al Rey! ¡Al Rey!» Los que
estaban guardando la puerta, lejos de oponerse á la
salida de Pedrárias, le siguen también, y lo mismo
hicieron hasta los negros que acompañaban á su gene-
ral, los cuales salieron diciéndole á gritos al Pedrárias:
«Señor, llévanos al campo del Rey, porque no nos
maten en el camino.»
¡Qué decepción tan brusca y tan dolorosa para el
tirano! La ira, el amor de padre, la pena sin límites y,
sobre todo, el despecho por la fuga de Pedrárias y el
temor de que su hija se viese deshonrada y aun ge-

neralmente aborrecida por causa de su nombre, tur-
baron profundamente el alma y la razón del tirano
hasta el espantoso extremo de que tuvo por menos
mal darle muerte, que dejarla viva para que fuese la
burla y escarnio de todos El rasgo de piedad que
usó Aguirre con Pedrárias se explica tan perfectamente

PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.
Tagged on:                                                                                                                                                                                         

Залишити відповідь

Цей сайт використовує Akismet для зменшення спаму. Дізнайтеся, як обробляються ваші дані коментарів.

13 visitors online now
13 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 51 at 09:27 am UTC
This month: 221 at 08-03-2018 02:49 pm UTC
This year: 254 at 02-02-2018 01:06 am UTC
Read previous post:
INFORMACIONES DE DON FRANCISCO DE TOLEDO, VIREY DEL PERÚ. 1570—1572. Сообщения Дона Франсиско де Толедо, вице-короля Перу

Сообщения Дона Франсиско де Толедо, вице-короля Перу, 1570—1572. INFORMACIONES ACERCA DEL SEÑORÍO Y GOBIERNO DE LOS INGAS HECHAS POR MANDADO...

GABRIEL DE OVIEDO. A NARRATIVE OF THE VICE-ROYAL EMBASSY TO VILCABAMBA, 1571. Габриель де Овьедо. Сообщение о Посольстве Вице-короля в Вилькабамбу

Габриель де Овьедо. Сообщение о Посольстве Вице-короля в Вилькабамбу, 1571 год. GABRIEL DE OVIEDO. A NARRATIVE OF THE VICE-ROYAL EMBASSY...

Close