PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


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albricias al tirano por su venida; que todo lo que se
va diciendo es bien público, y por probanzas pares-
cerá más bastantemente declarado. Así que, llegados á
la Valencia, mandó el tirano á parte de sus amigos, y
á otros que no lo eran tanto, para que metiesen prenda,
que antes de llegar adonde estaba, les diesen de agu-
jazos y los hiciesen pedazos; y así, salieron ciertos,
que no se dicen sus nombres, y comenzaron á decir
á los dos soldados: «¿Pues cómo en poder de nuestros
enemigos nos dejábades y os íbades al Rey? ¿Qué pen-
sábades?» Y el Pedrárias respondió, ya más fuera de
juicio: «Y pues que hayamos de morir, ya está hecho;
¿qué remedio?» Y estando en esto, llegó nueva del ti-
rano Lope de Aguirre que los llevasen delante del,
que les queria hablar; y así, aquestos sus ministros,
no tuvieron lugar de ejecutar sus intenciones ruines,
y lleváronlos delante el tirano, el cual les dijo: «¿Pues
qué es lo que habéis hecho? Pues, por vida de Dios,
que venís á buen tiempo, que yo tenia prometido de
dos marañones de sus pellejos hacer un atambor, y
agora se cumplirá; y veremos si el rey D. Felipe, á

— I4I —

quien fuistes á servir, si os resucitará; que, por vida
de Dios, que ni da vidas ni sana heridas.» Y luego se
entró en el aposento adonde estaba su hija, á poner
una cota y celada; y quieren decir que fué, cierto, la
hija la que le rogó que no matase á Pedrárias, y que
por su ruego lo hizo. Y así, cuando salió de su apo-
sento, contó cierto 1 que en todos los romanos, del
cual nunca se acuerda ninguno de qué manera fué,
porque unos estaban con gran pesar de ver á los dos
soldados en el paso tan peligroso, y otros que se cree
que de gozo no cabían por ver en qué entender; y
en fin, acabado su cuento, arremetió con el dicho Pe-
drárias y lo abrazó diciendo: «A éste quiero dejar
vivo, y á ese otro hacedlo luego pedazos.» Y luego al
Diego de Alarcon lo tomaron entre aquellos crueles
sayones, y un Carrion, mestizo, alguacil mayor del
campo, y le llevaron desde la posada del tirano por
las calles, y entre los toldos del campo con un prego-
nero que decia en alta voz: «Esta es la justicia que
manda hacer Lope de Aguirre, fuerte caudillo de la
gente marañona, á este hombre, por servidor del Rey
de Castilla. Mándale hacer cuartos. Quien tal hizo
que tal pague.» Y así, le cortaron la cabeza, y hecho
cuartos lo pusieron en palos en una manera de plaza,
y la cabeza en el medio en el rollo; y decia á voces el
tirano, con muchos soldados alrededor de la cabeza
del Diego de Alarcon: «¡Ah, caballeros soldados, que
nescio quedara Pedrárias si estuviera como su com-
pañero, que no viene el Rey de Castilla á resucitarle!»
Y al Pedrárias le decia que abriese el ojo, que ni el
i ¿Diría acaso el original:.....cierto cuento que pasó entre los romanos?
(Nota del Editor.)

— I42 —

Rey le diera la vida, ni le sanaría la herida. Y luego
mandó curar al dicho Pedrárias de Almesto, y le per-
donó, echándole cargo que mirase lo que habia hecho
por él, que, cierto, fué cosa de gran milagro que Dios
habia inspirado en el tirano para no usar de su gran
crueldad; y cosa que es insólita, y que hasta allí el
dicho tirano no habia usado con otro ninguno; y luego
le dieron seis puntos en la herida al dicho Pedrárias
de Almesto, de la cual se pensó muriera.
Envió deste pueblo 1 el dicho tirano á su capitán,
Cristóbal García, con gente á una laguna muy pode-
rosa 2 que estaba cerca de la Valencia 3, y llámase esta
laguna Carigua; que hay en ella muchas islas pobladas
de indios, que le habian dicho al tirano que algunos
vecinos de la Valencia estaban allí escondidos, y que
tenian consigo la mayor parte de la ropa y hacienda
de todo el pueblo, y les mandó que en todo caso pro-
curasen de entrar dentro, y prendiese á los que halla-
se, y trújese la ropa; y fué Dios servido que no
hubiese efecto, porque ciertas balsas de caña que
hicieron no pudieron sustentar peso sobre el agua,
que luego se sumian é iban al fondo en entrando en
ellas, y así se volvieron sin hacer nada.
Luego vino nueva que el alcalde Chaves, de la
Burburata, envió á decir al tirano que tenia preso al
Rodrigo Gutiérrez. Este soldado es de los que pasa-
ron con Monguía al fraile. Y también decia el alcalde
Chaves que enviase por él 4, el cual prendió el traidor

i de la Valencia, etc.
2 de agua dulce.
3 poco más de una legua, que se llama Acarigua.
4 al cual el dicho Alcalde prendió en la iglesia, etc.

— i43 —

del Alcalde en la iglesia de la Burburata, que el dicho
Diego Gutiérrez se habia huido á ella y metídose
dentro; y allí fué el dicho Alcalde y le echó prisiones,
y lo tenia á recaudo esperando á que el tirano enviase
por él; el cual, como lo supo, envió luego á gran priesa
y placer á Francisco de Carrion, su Alguacil mayor,
con doce soldados, para que se lo trajesen; pero el
dicho Gutiérrez 1 se dio buena maña á cohechar un
negro que lo guardaba, que se soltó de las prisiones
antes que llegasen los que iban por él; que le valió no
menos que la vida; y los dichos soldados se volvieron
sin él, de que el tirano rescibió mucha pena, y riñó
mucho al dicho su Alguacil mayor y soldados, porque
no habian muerto al dicho alcalde Chaves, pensando
que él lo habia soltado. Y desde á pocos dias, según se
dijo, el alcalde Chaves envió á avisar al tirano por una
carta suya como 2 los vecinos de la gobernación de Ve-
nezuela se juntaban contra él, y habian alzado estan-
darte Real, y que convocaban toda la tierra comarcana,
pidiendo socorro hasta el Nuevo reino de Granada 3,
por lo cual el tirano apresuró su partida.
i se dio tan buena maña, que se soltó de las prisiones antes que lle-
gase el Alguacil y los demás que iban , etc.
2 el gobernador Pablo Collado y el mariscal Gutierre de la Peña, ve-
cino del Tocuyo , y otros caballeros de la tierra adentro, daban orden de
juntar gente para desbaratar al dicho tirano, que habia de pasar de fuerza
por sus pueblos; y para esto, habia el Gobernador nombrado por Capitán
general del campo del Rey al dicho mariscal Gutierre de la Peña, y al ca-
pitán Diego García de Paredes por Maese de campo, y ansí nombró
demás capitanes ; y se habia alzado el estandarte Real, etc.
3 que fué caso mal hecho para un alcalde del Rey.
Sabida del tirano esta nueva , apresuró luego su partida, y la noche
antes que se partiese, mandó que toda la gente fuese á dormir á un cer-
cado de bahareques, etc.
(Sigue como en la pág. i53, porque en el manuscrito J. i36, la carta
dirigida al Rey está algunos folios antes). (N. del E.)

—. —
En el tiempo que en este pueblo de la Valencia se
detuvo, escribió este perverso tirano una carta para
Su Majestad del rey D. Felipe, nuestro señor, tan
mala y desvergonzada como él, la cual envió desde la
Valencia con el padre Contreras, tomando del seguri-
dad, conjuramento, que enviaria la dicha carta á la
Audiencia real de Santo Domingo, para que de allí
fuese á Su Majestad, y le dio licencia al padre Con-
treras para que de allí volviese á la isla Margarita. El
llevó la dicha carta y la envió á Santo Domingo,
como habia prometido, y la carta dice desta manera:
«Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos,
invencible:
>Lope de Aguirre, tu mínimo vasallo, cristiano
viejo, de medianos padres, hijo-dalgo, natural vascon-
gado, en el reino de España, en la villa de Oñate ve-
cino, en mi mocedad pasé el mar Océano á las partes
del Pirú, por valer más con la lanza en la mano, y por
cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien; y
así, en veinte y cuatro años, te he hecho muchos servi-
cios en el Pirú en conquistas de indios, y en poblar
pueblos en tu servicio, especialmente en bataUas y
reencuentros que ha habido en tu nombre, siempre
conforme á mis fuerzas y posibilidad, sin importunar
á tus oficiales por paga, como parescerá por tus reales
libros.
>Bien creo, excelentísimo Rey y Señor, aunque
para mí y mis compañeros no has sido tal, sino cruel
é ingrato á tan buenos servicios como has recibido de
nosotros; aunque también bien creo que te deben de
engañar los que te escriben desta tierra, como están
lejos. Avisóte, Rey español, adonde cumple haya toda

- i4S -
justicia y rectitud, para tan buenos vasallos como en
estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir
más las crueldades que usan estos tus oidores,
Visorey y gobernadores, he salido de hecho con mis
compañeros, cuyos nombres después diré, de tu obe-
diencia, y desnaturándonos de nuestras tierras, que es
España, y hacerte en estas partes la más cruda guerra
que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir; y
esto, cree, Rey y Señor, nos ha hecho hacer el no poder
sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos
que nos dan estos tus ministros que, por remediar á

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