PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


22 898 views

mujer y suegra estaban en poder del tirano, y traia presos en una cadena
los dos soldados que digimos que se habian huido en la Borburata, que
eran Pedro Arias y Diego de Alarcon ; que el dicho Alcalde y su yerno se
dieron tan buena maña que los prendieron; y trayéndolos el dicho D. Julián

— i36 —

uno llamado Pedrárias de Almesto, y el otro Diego de

servir á Su Majestad, de salir al pueblo de la Bur-

por el camino, el Pedro Arias, ó porque se cansó, ó por probar si por
aquella vía le dejaban de llevar al tirano, temiendo la muerte que tenia
cercana, se sentó en el suelo y no se queria levantar; y el D. Julián le
dijo que anduviese, si nó, que con su cabeza haria pago al tirano; y el
Pedro Arias respondió que hiciese lo que quisiese, que él no podia más;
que le cortase la cabeza, que lo ternia'por mejor que no ir delante del tira-
no; sino que él tenia por bien de morir, por haber salido á servir á Dios
y al Rey. Y el D. Julián fué á él, y con una espada le comenzó á cortar la
cabeza por la garganta; y como el Pedro Arias vido que iba de veras, y se
sintió herido, le rogó al D. Julián le dejase, que no le matase; y ansí le
dejó, y comenzó á caminar con su herida en el pescuezo.
«Llegados á la Valencia, el tirano mandó hacer cuartos al Diego de
Alarcon, y le llevaron desde la posada del tirano al rollo de la plaza de la
Valencia por las calles, con un pregonero que decia: «Esta es la justicia
que manda hacer Lope de Aguirre, fuerte caudillo de la noble gente
marañona , á este hombre, por leal servidor del Rey de Castilla; mándale
hacer cuartos. Quien tal hizo, que tal pague.» Y ansí le cortaron la cabeza,
y hecho cuartos, los pusieron en palos por los caminos, y la cabeza en
el rollo. Y pasando el tirano por la plaza, viendo la cabeza en el rollo, dijo
á voces: «Allá estáis, amigo Alarcon; ¿cómo no viene el Rey de Castilla á
resucitaros?» É inspirando Dios en el dicho tirano, perdonó á Pedro Arias,
y le mandó curar de la herida de la garganta. Cosa, cierto, insólita (a),
y que hasta allí el dicho tirano no acostumbraba á hacer con nadie.
»Invió deste pueblo de la Valencia el dicho tirano á su capitán Cristóbal
García con gente á una laguna muy poderosa de agua dulce, etc.»

(a) Insólita, seguramente, y sin razonable explicación en el texto de este ejem-
plar, J. i36. La intervención de la hija del tirano, á que, como rumor solamente, y
con cierta pudorosa discreción, se alude en el manuscrito J. 142 , permite sospechar,
sin gran temeridad, alguna relación amorosa entre el perdonado y la caritativa y
hermosa mestiza. Si i esto se une el entrañable cariño que el padre la profesaba, pues
más adelante se dice «que se miraba en clla,« y el haberla asesinado en el momento en
qae vio huir, ya definitivamente, al Pedrárias, quedará satisfactoriamente explicado
el rasgo de piedad , nunca visto en el tirano. (N. del E.)

- i37 -
rey D. Felipe, nuestro señor; y así lo pusieron por
obra; y un dia, á medio dia, entraron en la plaza del
dicho pueblo de la Burburata, y poniéndose en medio
della los dichos dos soldados, comenzaron á dar voces
diciendo: «¡Quién está en este pueblo, salga á servir
al Rey, que á eso venimos; y álcese bandera por el
Rey, nuestro señor, que aquí nos juntaremos gente
para destruir á este perverso tirano!> Y acabado de
decir esto, salieron de sus casas siete ú ocho vecinos
y soldados, mostrando voluntad de hacer lo que el
dicho Pedrárias y Alarcon estaban diciendo. Y por
más asegurarlos, vienen el alcalde Chaves y D. Julián
de Mendoza, alguacil mayor del pueblo, con sus va-
ras, diciendo: «¡Caballeros, viva el Rey, que por él te-
nemos estas varas, y hacerse há como vuestras mer-
cedes lo dicen!» Y, como se vieron del dicho Pedrárias
y Alarcon, arremetieron con ellos los vecinos y al-
calde y alguacil mayor, con grandes voces, diciendo:
«¡Sed presos, traidores! ¡Viva el general Lope de
Aguirre!» Y el Pedrárias, como vido la traición, co-
menzóse á defender con su espada; y prendieron á
Diego de Alarcon; y al Pedrárias, viendo que se de-
fendía como podia, cargaron todos del Alarcon, y le
dejaron, y no le prendieron por entonces. Y luego
echaron muchas prisiones al dicho Alarcon, y el Pe-
drárias se tornó á huir al monte, adonde anduvo otros
cuatro dias; y como le aquejaba la hambre, hobo de
venir á buscar comida de noche, á una estancia en la
cual le tenian puestas espías; y á cabo deste tiempo, á
media noche, le tomaron dentro en un bohío, y allí le
prendieron el D. Julián con otros cuatro del pueblo,
y lo trujeron adonde estaba preso el Diego de Alar-

— i38 —

con, y les echaron dos colleras de hierro á cada uno,
y una cadena que, á ser de oro, habia bien para gas-
tar; y les contaron por qué lo hacían, y que era por-
que el tirano les habia llevado sus mujeres, y que las
querian rescatar á trueque de sus cabezas, pues el ti-
rano se las llevaba. Y porque Pedrárias preguntó al
alcalde Chaves que por qué tenia la vara del Rey en
la mano, siendo tan gran traidor, fué el Alcalde y tomó
una lanza que estaba allí, cabe él, y le tiró una lan-
zada, estando con la cadena y unas esposas a las ma-
nos. Y viendo el Alcalde la presa que habia hecho,
dio luego aviso por la posta al perverso tirano, para
que enviase gente por ellos; y 'como vido que tarda-
ban, apercibió la gente del pueblo y les mandó, de
parte de Su Majestad, que llevasen los dichos dos
soldados y los entregasen al dicho tirano Lope de
Aguirre. Y ehPedrarias y Alarcon pidieron confesión
á un clérigo que se habia hallado allí á aquella sazón,
el cual rehusaba de hacerlo por miedo del tirano, y
en fin, confesó á los dichos dos soldados; y luego la
gente que estaba apercibida para ir en guarda destos
dos soldados, y con ellos el alguacil mayor D. Julián
de Mendoza, á media noche, hicieron que comenzasen
á caminar el Alarcon y Pedrárias, y los llevaron en
una cadena, y cada uno con dos collares al pescuezo;
y después de haber caminado como seis leguas aque-
lla noche y el dia siguiente, estando ya como tres le-
guas ó cuatro de la Valencia, donde estaba ya el ti-
rano alojado, el uno dellos, llamado Pedrárias, llamó
al D. Julián para que le pusiese bien la cadena, con
propósito de le quitar la espada y darle con ella, ó
soltarse de las prisiones, y habíale sucedido bien, sino

— 139 —

que su compañero se estaba quedo y decia: «¿para
qué es eso, sino morir como cristianos?» Y el dicho
Pedrárias, como vido que no habia podido salir con lo
que quiso hacer, se echó en el suelo y les rogó muy
encarecidamente que le cortasen allí la cabeza, por-
que con ella cumplirían, y les darían sus mujeres, por-
que no determinaba de ir á dar aquel contento á Lope
de Aguirre y á otros traidores; que por mayor pena
tenia aquello, aunque no lo hobiesen de matar, que
no morir antes de llegar allá. Y viendo los que lo lle-
vaban que no queria caminar, sino morir allí, acorda-
ron entre todos de cortarle la cabeza; y así le dieron
á escoger que dijese cómo queria que lo matasen, y
él respondió que para hacer más presto, que amola-
sen un cuchillo ó una espada, y que lo degollasen con
ella; y así lo pusieron por obra, que el D. Julián de
Mendoza tomó una espada ancha que llevaba, y la
amoló en una piedra junto á un arroyo que allí es-
taba, y se vino al dicho Pedrárias y le tornó á rogar
que caminase, y que quizá podría ser en aquel come-
dio hobiese remedio; y el Pedrárias le respondió que
lo soltase, pues él habia venido á servir al Rey, y que
aquello que hacían era gran traición; y el D. Julián
respondió que más queria su mujer, que después, á
Roma por todo. Y así dijo el Pedrárias: «Pues hace
lo que habéis de hacer, que yo soy muy contento; que
yo muero por lo que estamos obligados, que es por
servir á Dios y al Rey.» Y el D. Julián le tomó por la
barba diciendo que dijese el credo; y respondió: «Creo
en Dios y que sois un gran traidor.» Y diciendo esto,
pasó los filos de la espada dos ó tres veces por la gar-
ganta, y como la sangre saltó, el D. Julián se cortó

— HO —

y turbó, y no hizo más; y el dicho Pedrárias se quedó
desangrando con una grande herida en el pescuezo, y
así, creyendo que lo habia degollado, lo dejaron estar
toda aquella noche, hasta que amanesció; y como fué
Dios servido que no pasasen los filos el gasnate,
quedó vivo; y viendo que estaba de aquella manera,
tornáronle á rogar que llegase adonde el tirano estaba,
y aunque no queria, sino que le acabasen de matar, á
ruego de todos, caminó y llegaron adonde el tirano
estaba, al cual hubo algunos de sus amigos que, como
supieron la llegada destos dos soldados, le pidieron

PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.
Tagged on:                                                                                                                                                                                         

Залишити відповідь

Цей сайт використовує Akismet для зменшення спаму. Дізнайтеся, як обробляються ваші дані коментарів.

13 visitors online now
13 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 51 at 09:27 am UTC
This month: 221 at 08-03-2018 02:49 pm UTC
This year: 254 at 02-02-2018 01:06 am UTC
Read previous post:
INFORMACIONES DE DON FRANCISCO DE TOLEDO, VIREY DEL PERÚ. 1570—1572. Сообщения Дона Франсиско де Толедо, вице-короля Перу

Сообщения Дона Франсиско де Толедо, вице-короля Перу, 1570—1572. INFORMACIONES ACERCA DEL SEÑORÍO Y GOBIERNO DE LOS INGAS HECHAS POR MANDADO...

GABRIEL DE OVIEDO. A NARRATIVE OF THE VICE-ROYAL EMBASSY TO VILCABAMBA, 1571. Габриель де Овьедо. Сообщение о Посольстве Вице-короля в Вилькабамбу

Габриель де Овьедо. Сообщение о Посольстве Вице-короля в Вилькабамбу, 1571 год. GABRIEL DE OVIEDO. A NARRATIVE OF THE VICE-ROYAL EMBASSY...

Close