PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


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(Diego García de Paredes y Relación breve de su tiempo , por Don
Tomás Tamayo de Vargas, folio i3q vuelto.) (N. del E.)

— I3I —

sando hacer el tirano alguna presa, caminando un
poco adelante hacia una sierra, ya que se vido en-
cubierto de la vista de la mar, paró é hizo alojar allí
su campo; y siendo de noche, el mismo tirano tomó
consigo veinticinco ó treinta arcabuceros, y volvió al
dicho pueblo, y dividiendo la gente que llevaba, unos
por una parte y otros por otra, mandó buscar las
casas del pueblo, y que prendiesen á cuantos hallasen;
y él solo se puso también á buscar por su parte, y no
hallaron á nadie. Y, ciertamente, los que aquella noche
fueron con él, no sé yo cómo se pueden excusar de
culpa, porque nunca hasta allí habia habido mejor co-
yuntura para le matar, si los que allí iban desearan el
servicio de Su Majestad, y principalmente el de Dios;
porque el tirano se quedó solo buscando las casas,
y con el abundancia de vino que habia, se emborrachó,
y cualquiera con facilidad lo pudiera matar allí, que
estaba fuera de la guardia de sus amigos; pero ellos
no quisieron ó no se atrevieron. Pudo ser que no
cayesen en ello, ó que Dios no fuese servido que por
entonces muriese. Y desta vuelta que hizo á la Burbu-
rata se le huyeron 1 otros tres soldados de sus mara-
ñones, llamados Rosales, Acosta, Jorge de Rojas 2;
y con el mucho vino que llevaban en el cuerpo, el
tirano y sus compañeros, no los echaron de menos
hasta la mañana.
En el entretanto que el tirano volvió á la Burbu-
rata , hubo en su campo algún alboroto y revueltas, y
la causa fué ésta. En el lugar del alojamiento habia
falta de agua, y fuéronla á buscar á unas quebradas
i se le huyeron tres soldados, etc.
2 Jorge de Rodas.

de montañas lejos de allí, adonde ciertos indios del
servicio de los dichos tiranos hallaron en el monte
cierta ranchería de gente que estaba por allí escondida,
los cuales se huyeron, sintiendo la gente que buscaba
el agua. En esta ranchería hallaron cierto hato y cosas
que los que allí estaban, con la prisa de huir, se habian
dejado, y entre estas cosas, una capa conoscida de un
Rodrigo Gutiérrez, marañon, que habernos dicho que
se pasó al fraile con Monguía, y una probanza de
abono que habia hecho ante la justicia de la Burbu-
rata; y en esta probanza habia sido testigo el Fran-
cisco Martin, piloto, que habernos dicho también que
era de los de Monguía y se habia vuelto á servir al
tirano á la Burburata; y como se leyese la probanza
y se viese en ella el dicho de Francisco Martin, que
abonaba mucho al Rodrigo Gutiérrez, un 1 mayor-
domo del tirano Lope de Aguirre, y á quien él habia
dejado el cargo del campo cuando el tirano volvió á la
Burburata, enojado del dicho Francisco Martin, pilo-
to, por lo que habia dicho 2 Rodrigo Gutiérrez, le dio
de puñaladas, y acudiendo otros'amigos del tirano, lo
acabaron; y un soldado, llamado Arana, de los amigos
y paniaguados del tirano, le tiró un arcabuzazo, y
errando al dicho Francisco Martin, dio á otro soldado
que estaba cabe él, preso, que decian que se habia
querido huir aquella noche, que se llamaba Antón
García, y le mató; y ansimismo murieron ambos á
dos. Algunos, y los más del campo, tuvieron por
muy cierto que el dicho Arana quiso matar al dicho
Antón García, so color de que tiraba al otro; y así, al
i un Juan de Aguirre, mayordomo, etc.
2 por lo que habia dicho en abono del Gutiérrez, etc.

— i33 —

dicho Arana no se le dio nada, y dicen que dijo que
se fuese el que él mató á su cuenta, que el General,
su señor, lo ternia por bien; y á esta causa hubo los
alborotos, porque unos loaban lo hecho y otros lo
vituperaban; pero el dicho Arana, como buen amigo
y servidor del tirano, fué á muy gran priesa á la Bur-
burata y avisó al tirano de lo que pasaba en su
campo, y él se volvió allá con toda brevedad, y se
holgó de lo hecho. Otro dia, por la mañana, partió
de allí, prosiguiendo su viaje para la Nueva Valencia,
adonde, por el mal camino y aspereza de la tierra, los
soldados dejaron en ella la mayor parte del hato que
llevaban á cuestas; y asimismo se quedaron allí ciertos
tiros de artillería de hierro que no los pudieron subir
las cabalgaduras que llevaban. Trabajaron mucho el
tirano y sus secuaces y amigos en subir la munición,
cargándola y descargándola muchas veces, y aliviando
las cargas á las cabalgaduras que se les cansaban, y
repartían entre sí las cargas y ellos las llevaban á
cuestas; y el mismo Lope de Aguirre iba cargado
también con harto peso de la dicha munición; y tra-
bajó aquí tanto, que cayó malo, y tanto, que el dia que
llegó á la Valencia, se apeó de un caballo en que iba,
no se pudiendo tener en la silla, y se tendió en el
suelo como muerto, y algunos soldados que con él se
hallaron lo llevaron ellos mismos á cuestas, y otros le
hacían sombra á manera de palio con una bandera;
cosa, cierto, vergonzosa y mala, y de que no se
pueden escapar 1 de que tenian mucha culpa, porque
i y de que no se pueden excusar de la culpa, pues tuvieron la ocasión
en la mano, porque no llevaba guardia; fuera más fácil de matar que un
pollo, porque como estaba malo, etc.

— i34 —

entonces llevaba muy poca guardia, y fuera cosa muy
fácil matarle, porque como él estaba malo, habia
enviado adelante á la Valencia todos sus amigos para
que tomasen el pueblo; y aun dicen que el dicho
tirano, fatigado con su enfermedad, les decia á veces:
«¡matarme, matarme!» que tampoco podia ir en la
hamaca 1; y en viendo alguna sombra, se arrojaba en
ella y se tendia en el suelo; y así le llevaron á cuestas
más de media legua, y algunos de los que agora bla-
sonan y se publican por muy servidores de Su Ma-
jestad 2. Y esto no lo vide yo, porque andaba en los
montes huido con mi compañero Diego de Alarcon 3,
porque hasta que me prendieron y volvieron al tirano,
no supe nada desto, como adelante se contará. Y desde
á pocos dias, el tirano convalesció y quedó bueno de
su enfermedad. Hallaron este pueblo de la Valencia
también despoblado como el de la Burburata, y á la
redonda del se hallaron ciertas yeguas y potros. Aquí
se estuvieron veinte dias ó más 4, domando las cabal-

i « ¡matarme, matarme, que tampoco puedo ir en la hamaca! »>
2 Y hasta que vinieron algunos negros que habian enviado á llamar. Y
ansí llegó desde la Borburata hasta Valencia, en seis dias, que serán
nueve ó diez leguas, donde ansimismo estuvo muy malo algunos dias; y
sus capitanes y los de su guardia y amigos andaban por de fuera enten-
diendo en cosas que les mandaba; y él estaba en la cama, y muchas veces
se quedó con solos dos arcabuceros de guardia; y todos los que querian
entraban en su aposento á verle, sin que á nadie pusiese estorbo. Y el
tirano estaba casi muerto, y no hubo ninguno que le acabase. Y desde á
pocos dias, el tirano convalesció, etc.
3 Habiendo dicho antes (pág. 127), que el soldado que huyó con Diego
de Alarcon se llamaba Pedrárias de Almesto, y hablando ahora en pri-
mera persona al citar al compañero de Diego de Alarcon, claro está que
aparece como autor de la Relación el Pedrárias. Advertimos de paso, que
en el J. 136 están suprimidas estas cuatro líneas. (N. del E.)
4 quince dias ó más, etc.

— i35 —

gaduras, que todas eran cerreras, para llevar su ar-
tillería y munición, y para encabalgar algunos de
sus capitanes y amigos. Y como viese el tirano que
toda la gente de los pueblos por donde hasta allí
habia venido se huían, y ninguno se venia á él, como
pensaba, blasfemaba, y renegando, decia muchas veces
que no creia en tal, si la gente de aquella tierra no
eran peores que bárbaros, y pusilánimos y cobardes; y
que ¿cómo era posible que nadie hasta allí se les
hubiese pasado, y que aquestos solos rehusasen la
guerra, que desde el principio del mundo los hombres
la habian amado y seguido, y aun en el cielo la habia
habido entre los ángeles cuando echaron del á Lucifer?
Y ansí se quejaba desto este tirano, como si él fuera
bueno y llevara alguna impresa justa y santa.
En este pueblo de la Valencia mandó ahorcar un
soldado de sus marañones, llamado Gonzalo Pagador,
porque salió un tiro de arcabuz del pueblo á coger
cierta fruta que llaman papayas, porque habia man-
dado que nadie saliese sin su licencia J, y mandólo col-
gar del mismo árbol que habia cogido la fruta.
Pasado esto 3, los soldados que atrás digimos que
se huyeron de la Burburata, de los dos primeros, el

i .....sin su licencia.
Pasado esto, etc.
2 Hé aquí como describe el manuscrito J. i36 este hecho que, por re-
ferirse al soldado Pedrárias, presunto autor de la Relación, y por las
muchas variantes que contiene, transcribimos por entero:
«Desde á pocos dias vinot'dc la Borburata á la dicha Valencia su yerno
del alcalde déla Borburata, Chaves, llamado D. Julián de Mendoza, cuya

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