PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


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reino de Granada, y de allí al Pirú, aunque también
le salió esta cuenta mala, como la otra primera, como
adelante se dirá. Las sillas que de aquí sacó eran para
muchos caballos que pensaba tomar en la gobernación
de Venezuela.
Salió el tirano, como habernos dicho, de la isla
Margarita *, un domingo, postrero dia de Agosto, con
la gente y armas y municiones 2 que habernos conta-
do, y llevaba toda su gente repartida en cuatro navios,
los tres barcos pequeños, y el uno grande, que era el
que habia acabado de hacer en la Margarita; y en cada
uno destos navios repartió la gente de quien él más se
fiaba, á quien encomendó la guardia dellos; y los 3
otros pequeños seguían al en que él iba, que era
mayor y más ligero. Antes de llegar á la Burburata,
tuvieron muchas calmas y vientos muy contrarios, por
manera, que tardó 4 en llegar á la Burburata, desde la
dicha isla Margarita, ocho dias, que es camino que
comunmente se anda en dos ó tres dias. En todo el
viaje 5 no acaesció caso de muertes, más de que el
perverso tirano y sus amigos traidores, como no tenian
el tiempo como ellos querian, blasfemaban de Dios y
de sus Santos, y de los tiempos y vientos. Decia unas
veces el tirano, enojado desto, que no creia en Dios
i dejándola asolada y destruida, un domingo, etc.
2 en el año de i56r. Llevó toda su gente repartida, etc.
3 y los tres seguían, etc.
4 que tardaron.
5 En todo el viaje que de contar sea (sic) mas de sólo las blasfemias
del tirano y sus amigos, etc.

— 122 —

si Dios no era bandolero; que hasta allí habia sido de
su bando, y que entonces se habia pasado á sus con-
trarios. Amenazaba de muerte á los pilotos y hombres
de la mar que llevaba en los navios: pensaba que le
llevaban engañado, que en ellos estaba la falta del
tiempo, y enojado con ellos, decia, que si Dios habia
hecho el cielo para tan ruin y civil gente, que no que-
ria él ir allá. Y otras veces, alzando los ojos hacia el
cielo, decia: «Dios, si algún bien me has de hacer,
agora lo quiero, y la gloria guárdala para tus Santos».
Y diciendo estas y otras blasfemias y herejías, llegó á
la Burburata, un domingo, á los siete de Setiembre
deste año; y en el puerto halló un navio de merca-
derías, que sus dueños, viendo venir al tirano, lo
echaron á fondo con parte de la carga, que no pudie-
ron sacar, y el tirano le mandó poner fuego y se
quemó hasta el agua
2 Este mismo dia que llegó, hizo desembarcar toda
la gente, y se alojaron en la playa, donde estuvieron
aquella noche; y otro dia, de mañana, envió algunos
de sus amigos al pueblo, que estaba media legua del
puerto, los cuales hallaron el pueblo sin gente, yermo,
que toda la gente estaba huida por temor de los dichos
tiranos; y hallaron en el pueblo un soldado de los ma-
rañones que se habian pasado al fraile con Monguía,
llamado Francisco Martin, piloto, el cual les dijo que se
volvia á la compañía del dicho tirano Lope de Aguir-

i y s. q. hasta la gavia.
2 LLEGADA DEL TIRANO Á BORBURATA.
Domingo, siete de Septiembre del año de mil y quinientos y sesenta y
uno, llegó el tirano Lope de Aguirre y sus marañones al puerto de la Bur-
burata , en la gobernación de Venezuela; y este mismo dia que llegó, etc.

— 123 —

re, y luego se lo llevaron á la mar, y el tirano le hizo
muchas caricias, y le preguntó por el suceso de Pedro
de Monguía \ y Artiaga, y Alonso Gutiérrez los ha-
bia engañado á todos, y uno á uno los habian desar-
mado ; y desque los tuvieron ansí, apellidando la voz
del Rey, se hicieron con el fraile; y que él y los
demás no habian podido hacer otra cosa, por estar sin
armas; y que él, sabido que venia 2, vino á buscarle
y servirle; y que algunos de sus compañeros, que an-
daban por allí muertos de hambre y desnudos, tenian
el mismo deseo que él; y que, sabida su venida, tenia
por cierto que lo vernian á servir. Y luego el tirano 3
le dio de vestir á este soldado, y escribió con él una
carta muy amorosa para los que él decia, y le mandó
que los fuese á buscar, y les diese la carta y se los tra-
jese; y él fué y anduvo por allá dos 4 ó tres dias, y se
volvió diciendo que no los habia hallado. Este mismo
dia, antes que el tirano fuese en la Burburata, mandó
matar un portugués, llamado Farias, que era de los
que en la Margarita se le habian llegado. La causa que
para le matar tuvo, dijeron que no fué otra sino haber
preguntado este soldado si aquella tierra en que esta-
ban, si era isla ó tierra firme. Este dia mandó el tirano
ir toda la gente al pueblo, y él se quedó el postrero
de todos, haciendo quemar los navios que allí habia
traído; y llegado al pueblo, aposentó en él su gente,

i y él le dijo que Munguía y Artiaga y Alonso Gutiérrez, los habian
engañado á todos, etc.
2 á aquel puerto, le vino á buscar y le aguardó allí; que si otra cosa
fuera, tiempo habia tenido para se esconder; y que algunos compañe-
ros, etc.
3 le dio crédito á todo lo que dijo, y le dio de vestir, etc.
4 dos dias.

— I24 —

y él vivía más recatado que hasta allí, y con más
guardia en su persona; y mandó juntar y recoger en
el dicho pueblo, y á la redonda del, todas las cabalga-
duras que se pudiesen haber, que serian como hasta
veinticinco ó treinta, y las más, yeguas por domar; y
ciertos soldados de los que fueron á buscar las cabal-
gaduras, vinieron empuyados !, de lo cual se enojó
tanto el tirano, que mandó pregonar guerra á sangre
y fuego contra el Rey de Castilla y sus vasallos, sal-
vo aquellos que se quisiesen pasar á ellos, que los
aseguraba, y á los demás, todos, que los matasen, so
pena que el soldado de los suyos que no matase á los
que topase, le matasen á él por ello. Prendieron 2 á un
Alcalde del dicho pueblo, llamado Chaves, que le halla-
ron en un hato suyo, cuatro leguas del pueblo 3, y él,
dicen que se lo quiso, por ver si podría granjear alguna
cosa. Detúvose aquí diez y ocho dias, domando las ca-
balgaduras, para llevar en ellas la munición y hato 4; y
viendo que tenia necesidad de más para poderlo llevar
todo, escribió una carta á los vecinos de la Nueva Va-
lencia, que estarían diez ó doce leguas de allí5, la tierra
adentro, diciéndoles que él determinaba 6 de ir por su
pueblo, y sino por otro camino derecho, á Barchicimeto
i Es decir, con heridas en los pies, causadas por las puyas, ó pun-
tas de hierro ó de madera, clavadas en los caminos para impedir la
marcha. [N. del E.)
2 este dia á un Alcalde ordinario, etc.
3 c. 1. del pueblo. Detúvose aquí, etc.
4 y el tiempo que aquí se detuvo, escribió una carta para S. M. del
Rey D. Felipe, etc.
(Sigue después la carta que más adelante hallará el lector; y, termi-
nada, continúa como en el texto). (N. del E.)
5 nueve ó diez leguas, etc.
6* que no determinaba ir por su pueblo, sino por otro camino derecho
á Barequicimeto y al Tocuyo, etc.

— 1^5 —

y al Tocuyo, y que, para aviarse, tenia necesidad de
que cada vecino del pueblo le enviase un caballo, y que
se lo pagaria muy bien en joyas de oro y plata; y que
enviasen con los caballos personas de fiar T; donde nó,
que no podia dejar de irse á ver con ellos, y les haria
todo el daño que pudiese; pero los vecinos de la Va-
lencia no respondieron. Mató en este pueblo de la
Burburata un mercader que habia tomado en el monte,
llamado Pero Nuñez, porque se quejó que un soldado
de los marañones le habia tomado una barreta de oro
de sesenta pesos, que tenia dentro de una botija de
aceitunas enterrada, y que el soldado habia desenter-
rado la botija y llevádosela con el oro. Y llamando el
tirano al soldado, le preguntó por el oro, y él negó,
diciendo que la botija no tenia tal cosa dentro; y que-
riéndolo el tirano averiguar, preguntó al Pero Nuñez,
mercader: «¿qué señas tiene la botija?» y él dijo que
una tapadera 2 con yeso; y el tirano dijo al mercader,
que quien en aquello mentia, también se presumia que
mentiria en lo demás; y le mandó dar luego garrote por
mentiroso. Y la principal cosa por que le hizo matar
fué, que cuando trujeron á este mercader preso del
monte donde estaba escondido, el tirano le habló bien,
y le preguntó por qué se huia, y le respondió que de
miedo; y replicó el tirano, y le dijo que le dijese qué
decian del por allá; y el Pero Nuñez rehusó, y dijo
que no nada: y el tirano le dijo que dijese todo lo que
del decian, y el mercader respondió 3: «Dicen, señor,

í que recibiesen la paga, etc.
2 tapadera breada; y el soldado trujo una tapadera con yeso; y el ti-
rano dijo al mercader, etc.
3 «Dicen es Vm. y los que con él vienen, luteranos, malos y crueles.»

— 126 —

muchas cosas que.....> «Decidlas y no tengáis miedo,
que yo os aseguro mi palabra que no se os hará mal
ninguno.» Y luego, el mercader comenzó á decir:

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