PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


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juntó el barco 2 que venia sobre mano derecha, que
habíamos dejado arriba. Vimos asimismo por aquí, so-
bre mano izquierda, otra cordillera de cabanas 3 y tier-
ras peladas; aunque por allí no nos pareció que habria
poblaciones como en la mano derecha. Estas dos cor-
dilleras, una de una banda y otra de la otra, hacen
por aquí recoger algo el rio, aunque no tanto que no
sea incomparable su anchura y grandeza. A cabo deste
tiempo dimos en un pueblo grande de indios, que
está sobre mano derecha en una barranca muy alta del
rio. Son estos indios desnudos y flecheros; son cari-
bes; llamánse los Arnaquinas 4; son bien dispuestos:
tienen yerba muy mala, y casas de adoratorio 5 para sus
ritos y sacrificios; y á la puerta de cada casa destos
hay dos sacrificaderos, adonde nos pareció que deben
de degollar los indios que sacrifican. En el-uno está
pintado en una tabla un sol y figura de hombre, á los
hombres 6; y en el otro que tiene pintada la luna y
una figura de mujer á las mujeres. Están todos lle-
i Aquí vimos algunas poblaciones en islas de indios desnudos y fle-
cheros , etc.
2 el brazo que venia, etc.
3 ^abanas y sierras peladas, etc.
4 Arnaquinas.
5 c. d. adoración para sus ritos y idolatrías, etc.
6 Así en los dos ejemplares. ■ A*, del E.)
7 en el otro tienen pintada una luna y una figura de mujer. Están
todos llenos, etc.

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nos de sangre humana, á nuestro parescer, y esto sa-
camos por congeturas; que no tuvimos á quien lo pre-
guntar, por falta de lengua. Hallamos en este pueblo
pedazos de una guarnición de espada, y clavos y
otras cosillas de hierro. A la llegada deste pueblo, en-
vió el tirano más de treinta hombres delante, en ca-
noas y piraguas, y los indios esperaron á la orilla del
rio con sus armas. Dijeron que esperaban de paz,
porque no hicieron muestra de pelear; mas los de las
canoas 1 les tiraron muchos arcabuzazos, hirieron y
mataron algunos, y ellos se huyeron sin pelear ni tirar
flecha, y dejaron el pueblo con todo lo que en él te-
nian, que no sacaron cosa de sus casas. No se pudo
tomar más de un indio y una india, y al indio hirieron
con una de sus propias flechas 2, para saber si era la
yerba ponzoñosa; y otro dia, á aquella hora, murió,
sin haberle dado más heridas de cuanto sacó sangre.
Después que los indios hubieron puesto todas sus
mujeres é hijos en cobro, venian cada dia á la re-
donda del pueblo, pero no nos osaron acometer; y
después se tomó otro indio, y le dio el tirano una ó
dos hachas ó machetes y otras cosillas; y por señas le
envió á que hablase á sus compañeros que viniesen
de paz y que no se les haria mal. Enviáronnos los
indios dos mensajeros, el uno cojo de un pié, y el
otro contrahecho de un lado, y traian sendos papaga-
yos y un poco de pescado, y por señas nos dijeron
que los indios vernian luego todos de paz; pero luego
nos fuimos sin esperar más. Tienen estos indios tierra
i mas los cristianos que iban en las canoas, etc.
2 y al indio le hirió Juan González, sargento mayor, con una de sus
propias Hechas, etc.

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alta y llana, no ahogadiza, é cabanas 1 entre una mon-
taña muy rala de alcornocales. Este pueblo está en la
tierra firme de mano derecha.
Hallóse en este pueblo gran cantidad de maíz,
colgada en manojos 2, y mucha yuca brava en las se-
menteras, y en las casas mucha cantidad de hamacas
de red, y muchas redes de caza, y otros muchos cor-
deles y sogas, de que hicimos la jarcia. Hallamos
muchos palos cortados para mástiles y entenas, y mu-
chos cántaros y tinajas para el aguada 3 cuando salié-
semos á la mar, y todo en harta abundancia; y lucié-
ronse en este pueblo las velas de los navios, de man-
tas y sábanas de Rúan y otras cosas de lienzo, que se
recogieron entre los españoles é indios del campo. En
este pueblo reconoscimos la marea que sube hasta él,
y aun se creyó que mucho más arriba antes deste
pueblo, que serán más de docientas leguas antes de
llegar al mar. Cuando llegamos á este pueblo, se nos
huyeron las guías que traíamos desde el Pirú, que
eran ciertos indios brasiles, de los que se ha dicho que
subieron por este rio; por donde nos paresció que los
dichos indios deste pueblo sean de los dichos brasiles,
que debe de estar cerca dellos, porque de otra ma-
nera no se osaran huir las dichas guías entre indios
que comen carne humana. Detuvímonos 4 en este pue-
blo quince dias haciendo la jarcia y enmastilando los
navios. En este tiempo mató el tirano á un Monte-
i tierra llana anegadiza, y cabanas e. u. m., etc.
2 colgada en las casas en manojos, y m. y. b. e. 1. s. y ñame, y en las
casas, etc.
3 y tinajas para el agua. Hiciéronse en este pueblo las velas de mantas
de algodón y sábanas de Rúan, etc.
4 Detuviéronse e. e. p. doce dias, h. 1. j., etc.

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verde, flamenco, porque le paresció que andaba tibio
en la guerra !, y amanesció un dia muerto, y puesto un
rótulo en el pecho que decia: por amotinadorcilio. Y
después algunos quisieron decir que Monteverde era
luterano. Mató, al tiempo de la partida deste pueblo,
á un Juan de Cabanas 2, y mató asimismo á un capitán,
Diego Trujillo, y á Juan González, sargento mayor,
á los cuales habia dado los cargos cuando mató á su
Príncipe. La causa, según dijeron, de su muerte, fué
porque llegaban amigos, y el tirano se temió dellos,
aunque echó mano que le querian matar. Muertos
los dichos, hizo su Capitán, en lugar del Diego Tru-
jillo, á un Cristóbal García, calafate, y Sargento ma-
yor á un Juan Tello. Todo el tiempo que se detu-
vieron en este pueblo estuvieron los tiranos sin salir
de los bergantines, con su guardia y amigos; en el
uno su Maestre de campo, y en el otro el tirano
Lope de Aguirre, y no dejaban dormir ni estar den-
tro á ninguno de los sospechosos. Al salir de aquí,
desarmó toda la gente que le paresció sospechosa,
quitándoles las espadas 3 y arcabuces; y todos sus ami-
gos y los de su guardia iban armados; y las armas
que aquí tomó, las llevaba liadas con muchas sogas en
un alcazarete que habia en la popa del navio 4, donde
no consentían llegar á ninguno que no fuese de la
guardia, ó muy grande amigo de los dichos tiranos.
Aquí, por consentimiento del tirano y voluntad, y
i y se temió que no le seguiría; y a. u. d. m., etc.
2 que fué de los tres que se habian declarado y dicho que no querian
seguir los tiranos, y no firmaron, como se ha dicho. Mató ansimismo al
capitán Diego Trujillo y á J. G., etc.
3 espadas, dagas y arcabuces, etc.
4 que habia en la popa de cada bergantín, donde no consentía, etc.

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con su licencia, hirió á traición un fulano Madrigal á
un fulano López Cerrato r, alguacil mayor que habia
sido de D. Fernando, porque mucho antes desto,
dicen que el Juan López habia afrentado al dicho
Madrigal; y dióle con un lanzon cuatro ó cinco he-
ridas por detras, al bajar que bajaba del bergantín
donde estaba el tirano, y delante del; y el tirano hizo
cierto ademan de prender al dicho Madrigal, porque
paresciese que no lo habia mandado, y luego le soltó;
y estando el Juan López Cerrato casi sano de las he-
ridas, los que le curaban, por mandado del tirano, le
echaron cosas con que se pasmó y murió.
Partidos deste pueblo que nosotros llamamos de
la Xarcia, fuimos por el rio abajo cinco ó seis dias, y
yendo navegando, mandó este tirano á un su Sar-
gento, llamado Antón Llamoso, que matase al co-
mendador Juan de Guevara. La causa fué, porque
dijo que era también en el motin con Diego Trujillo
y Juan González, al cual Comendador el dicho Lla-
moso le dio con una daga tres ó cuatro puñaladas,
estando descuidado al bordo del navio, y lo tomó por
la horcajadura y lo echó al rio, y murió ahogado, pi-
diendo á voces confesión; y el tirano lo miraba con
mucho placer, y en juntándose con el bergantín, lo
contó á la gente del2. Llegamos á unas casas fuertes
que por allí tienen los indios, hechas de barbacoa, al-
tas y cercadas de tablas de palma; y en lo alto tienen
troneras para flechar; y desde allí nos hirieron los
indios cuatro ó cinco españoles, de veinte que se

i á Juan López Cerrato, a. m., etc.
2 y en juntándose con el otro bergantín, lo contó á la gente del, que no
lo habia visto, por gran hazaña.

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habian adelantado con un caudillo, y los hicieron re-
tirar 1; y cuando llegó el armada á esta casa, ya los in-
dios se habian huido. No hallamos comida alguna ni
en las casas, ni sementeras: á lo que nos paresció, es-
tos indios se sustentan con sólo pescado, ó que con
ello rescatan la demás comida. Entre otro, hallamos
aquí sal cocida, que fué la primera que vimos en todo
el reino 2 desde los Caperuzos hasta aquí, que serán
mil y trecientas leguas, que ni los indios la conoscen
ni comen. En esta casa nos detuvimos tres dias, ar-
reglando algunas cosas que faltaban á los bergantines.

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