PEDRO DE ORSÚA. RELACIÓN DE LA JORNADA DE OMAGUA Y DORADO. Педро де Орсуа. Доклад о Походе в Омагуа и Эль Дорадо.


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cierto vecino rico que, llegados que seamos allí, yo
procuraré de hacer menos el tal vecino, y luego sea
su repartimiento mió y la mujer que tiene.» A esto res-
pondía Su Excelencia con poca vergüenza: «Hacerse
ha desa manera, y téngalo vuestra merced por suyo
desde agora.» Cosa, cierto, que paresce imposible que
haya en los hombres tantas desvergüenzas ó maneras
de lisonjas para tener ganada la voluntad á su Prín-
cipe de hongos, pues esto no podia suceder sino de de-
masiado temor ó bellaquería, que es más cierto, del que
tal ponia en plática. Y en todo este tiempo que digo,
no contaban suceso malo ni contrario que les pudiese
acaescer, ni consideraban el gran poder de Dios, que
aunque por algún tiempo permita los semejantes crue-
les tiranos para castigo de los pecados de los hombres,
al fin los castiga y da el pago que sus crueldades y ma-
las obras merecen; y menos se acordaban que, aun-

r El J. i36 suprime todo lo que sigue hasta las palabras: «Y en todo
este tiempo que digo, no contaban suceso malo....., etc.»

— 6o —

que Su Majestad el rey D. Felipe, nuestro señor,
esté con su persona lejos de estas partes de los indios,
tiene en ellas muchos y leales servidores y ministros,
y que por el nombre es y ha de ser acatado y reve-
renciado de los buenos y temido de los malos en todas
y en las más lejanas partes del mundo.
Partidos deste pueblo de los Bergantines, fueron
aquel dia á otro pueblo desta misma provincia, y desde
allí fué la armada por un brazo del rio que va sobre
mano izquierda, desviándonos de la tierra firme de
mano derecha, que siempre habíamos costeado; y esto
hizo el perverso traidor por nos apartar de la noticia
y poblazon de Omagua que, según teníamos relación,
estaba en la tierra firme de mano derecha; y esto hizo
el tirano Lope de Aguirre y otros de su opinión, pa-
resciéndoles que, si acaso tomásemos tierra buena, que
nos tomaría deseo de poblarla, y se estorbaría la mala
pretensión y propósito. Y á cabo de tres dias y una no-
che que caminamos por los brazos de mano izquierda,
todos despoblados, dimos en un pueblo de pocas casas
y muchos mosquitos. El pueblo es pequeño y tierra
anegadiza, y las casas cuadradas y grandes, por la ma-
yor parte, y cubiertas con paja de cabanas; hasta aquí
no las vimos !. La gente deste pueblo nos sintió y se
huyeron todos. Hallamos en este pueblo algún maíz y
cacabi y pescado asado en barbacoa, y se tomaba mu-
cho con anzuelos. Los indios vinieron á rescatar con
nosotros. Son desnudos, y tienen las mismas armas que
los de arriba. Y porque la gente venia fatigada de ham-
bre, y porque un Alonso de Montoya habia ido por

i aunque nosotros no las vimos las cabanas.

— 6i —

otro brazo á buscar comida con cierta gente en canoas,
y porque era Semana Santa, determinaron los tiranos
y su gente parar allí ocho dias, por esperar al dicho
capitán Montoya, y porque la gente se reformase de
la hambre pasada. En este pueblo tuvimos la Pascua de
Resurrección. Mató aquí el tirano Lope de Aguirre á
Pero Alonso Casco *, Alguacil mayor que habia sido
del gobernador Pedro de Orsúa, porque dijeron que,
enojado el dicho Pero Alonso porque los tiranos no
habian hecho caso del, ni héchole su Capitán, como á
otros, lo cual él deseaba, dijo, hablando con un Villa-
toro, asiéndose de las barbas, un verso latino que
dice: audaces fortuna juvat, timidosque repellit; que
quiere decir: «á los osados favorece la fortuna, y á los
temerosos abate», y no faltó quien lo oyó y se lo dijo
á Lope de Aguirre, é hízolo dar garrote al dicho
Pero Alonso, y asimismo al Villatoro; y sabido por
su príncipe D. Fernando, envió á mandar que no
los matasen; y así escapó el Villatoro, porque enton-
ces, cuando llegó el mandato de D. Fernando, ya el
Pero Alonso estaba ahogado. En este pueblo quita-
ron el cargo de alférez general á Alonso de Villena,
que habernos dicho que tenia este cargo desde que
mataron al buen general2 Pedro de Orsúa, poniendo
algunos objetos en la persona del dicho Villena, di-
ciendo que habia sido mozo de algunos en Pirú, y
que aquel era muy preeminente cargo, y que se habia
de dar á un hombre muy principal, y D. Fernando
hizo al dicho Villena su Maestresala, y por entonces
no se dio el dicho cargo de Alférez á ninguno.

i .....Casto.
2 al Gobernador, poniendo, etc.

— 62 —

Pasada la Pascua de Resurrección, partimos deste
pueblo y caminamos otro dia, y á la tarde dimos en
otro pueblo de indios, mayor que ninguno de los que
hasta aquí habíamos topado, porque tenia más de dos
leguas de largo; las casas en renglera una á una, pro-
longadas por la barranca del rio, y los indios se habian
huido del pueblo, y nos habian dejado las casas con
infinita comida de maíz. Estos indios andan desnu-
dos del todo; tienen las mismas armas de los de ar-
riba; sus casas son cuadradas y pequeñas, cubiertas de
hojas de caña En las espaldas deste pueblo, un tiro
de ballesta de la barranca del rio, hay una laguna ó
estero grande, de que asimismo va prolongado el pue-
blo por las espaldas, 2 de manera que este pueblo está
como en una muy larga y angosta isla. Es casi toda
la tierra anegadiza, sino solamente las casas y algunas
sementeras pequeñas junto á ellas. Hay aquí muchos
mosquitos zancudos, y mucha comida, y hay un gé-
nero de vino que los indios beben, confeccionado con
muchas cosas. Ponen los indios á madurar en tinajas
grandes, algunas de veinte arrobas y más, una ma-
nera de mazamorra espesa, y en estas tinajas hierve,
á manera de vino de España, hasta que está hecho:
entonces lo sacan y cuelan, echándolo alguna agua, y
beben dello. Es tan fuerte, que emborracha si no lo
templan con agua harta. Tenian los indios en este
pueblo grandes bodegas dello, y los españoles y ne-
gros é indios del campo se lo bebieron en pocos dias.
Todo es sabroso, y la color de vino aloque. Des-

i palma.
2 que ansí mismo va prolongando el pueblo, etc.

— 63 —

pues que nos aposentamos en este pueblo, nos vinie-
ron los indios de paz, y se nos mostraron muy fami-
liares, y rescataban con nosotros gran cantidad de
pescado, tortugas y puercos de monte, y algunos
manatres 1 y otras cosas; y aún se alquilaban para mo-
ler maíz y otras obras, y andaban sin ningún miedo
entre nosotros, y se metian en nuestros ranchos, y,
por mejor decir, en sus casas, adonde estábamos apo-
sentados. Eran subtilísimos ladrones, que de noche
nos hurtaban debajo de la cabeza la ropa y armas, y
otras muchas cosas. Estaban tan hechos al rescate,
que aunque los soldados, por causa de los hurtos que
hacian, los arcabuceaban y mataban y prendían algu-
nos, no por eso dejaban de venir á rescatar los que
dellos habian prendido los españoles, con manaves 2 y
comida. Habia en este pueblo mucha madera de gran-
des vigas, 3 que los indios tenian recogidas; era todo
cedros para hacer sus canoas. Aquí determinaron los
tiranos y su Príncipe de alzar y echar una cubierta á
los bergantines, por el buen aparejo que de comida y
madera hallaron, y porque pareció á la gente de la
mar que así convenia; lo uno, porque 4 ensanchaba al-
zando los bordos, y cabían más holgadamente la gente
toda, y lastrarlos, porque iban más seguros para la
navegación de la mar.
Alojóse aquí el campo muy dividido, y más por
causa de estar las casas del pueblo, como habernos di-
i manaties.
2 manaties.
3 de cedro, q. 1. i. t. r. de las que el rio trae de arriba en sus crecien-
tes, para dellas hacer sus canoas.
4 porque , alzando los barcos, ensanchaban, y cabia más holgada la
gente y lastre, y porque iban, etc.

- 64 -

cho, prolongadas de una en una por la barranca del
rio. Habia de un cabo á otro de lo que ocupaba el
campo más de un cuarto de legua el rio abajo. En los
postreros bohíos se aposentó su negro Príncipe 1 con
su casa y oficiales y gentiles-hombres, y cabe él los más
capitanes, y en el medio el tirano Lope de Aguirre,
maestre de campo, y junto á él los bergantines, para
hacer dar priesa á la obra, y de allí para adelante toda
la más gente. Empezóse la demás obra de los bergan-
tines con mucho cuidado 2. Trabajaban en ella los ofi-
ciales y negros y españoles, repartidos, como arriba se
ha dicho. Tardóse en hacer lo que á los dichos bergan-
tines faltaba un mes3. En este asiento, arrepentidos
ya D. Fernando y los más de sus capitanes de haber
muerto á su buen gobernador 4 Pedro de Orsúa, y
viendo el mal camino que llevaban, deseando ver si
podrían remediar su perdición, entraron un dia en con-
sulta, sin llamar á ella á Lope de Aguirre ni á nin-
guno de sus amigos, y acordaron segunda vez de
buscar la tierra y poblarla; y como para hacer esto el
mayor estorbo que tenian era Lope de Aguirre, y al-
gunos de sus amigos que deseaban la guerra del Pirú,
acordaron que debian matarlos, y fué opinión de los
más que fuese luego sin salir de allí, enviándolos á
llamar á aquella consulta, antes que lo sintiese; pero

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