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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Часть вторая. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. DISCURSO Y REFLEXIONES POLITICAS SOBRE EL ESTADO PRESENTE DE LA MARINA EN LOS REINOS DEL PERU


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100. Desde que empiezan a ventar los nortes en aquella costa, que es por los meses de abril y mayo, experimentan toda su fuerza las embarcaciones que se hallan en el puerto de Valparaíso, porque es viento de travesía en él, y así están expuestos a toda la fuerza del viento y de la mar, que entra a romper en la misma playa. La seguridad de los navíos consiste únicamente en el ancla y cable del Nornordeste, el cual se ayuda con otro para evitar el peligro, pues si llegara a faltar aquel cable, todo socorro sería inútil, y no bastaría a evitar que el navío fuese a chocar contra las peñas de la playa. Lo único que tiene de favorable es que el tenedero del fondo es muy bueno, como se ha dicho, y que como éste va siguiendo en pendiente hacia la playa, en lugar de garrar se afirma el ancla cada vez más, con que todo el peligro recae sobre la flaqueza del cable.

101. Entre dos quebradas, que se nombran de Los Angeles y de Juan Gómez, sale una punta que nombran de La Barranca, porque efectivamente es un sitio bien alto y escarpado; encima de éste hay un torreón que sirve de vigía y tiene algunos cañones pequeños. Al pie de este cerro, en un terrero algo levantado de la playa, hay una batería pequeña, que fue la primera fortaleza que tuvo este puerto para defender la población y cubrir el fondeadero, por cuya razón es conocida por el nombre del Castillo Viejo. Pero como todas sus fuerzas consistían en una reducida batería sencilla y con pocos cañones, pareció conveniente aumentar las fuerzas del puerto, y entre las dos quebradas de San Francisco y San Agustín (en cuyos fondos está casi toda la población), sobre una eminencia que forma el terreno que media entre ellas, se construyó, a los fines del siglo pasado, un fuerte de bastante capacidad, pero tan irregular en su figura que no tiene defensas algunas para resguardar sus propias obras y fuegos, a causa de que la desproporción del terreno no da lugar a mayor formalidad; y lo que más le perjudica es que está dominado por las alturas que lo circundan por la parte de tierra. Las dos quebradas que ciñen este fuerte, cuya profundidad es de veinticinco toesas a corta diferencia, le sirven de fosos por los costados, y por la parte de la marina lo es el escarpe del mismo cerro sobre que está fundado, porque naturalmente se halla éste cortado perpendicularmente; mas por las espaldas se prolonga el terreno haciendo cuesta, y por ésta es por donde tiene más peligro, puesto que todas las obras interiores quedan descubiertas enteramente a los que estuvieren afuera. Y aunque es cierto que este fuerte tiene bastantes fuegos para defender el fondeadero ordinario, que es el que está delante de la población, no puede hacer igual efecto en todo lo que el puerto se extiende, porque fondeando los navíos al Este de esta fortaleza, junto a la playa del Almendral, en dieciséis o dieciocho brazas de agua, quedarán distantes de ella tres cuartos de legua largos, donde será poco el efecto que podrá hacer su artillería, y de ninguna manera capaz de estorbar al desembarco que intenten hacer los que entraren en el puerto.

102. Este fuerte se arruinó, en la mayor parte, con un temblor de los muchos que ha experimentado aquel reino, y siendo Presidente en Chile en estos próximos años el Teniente General de los Reales Ejércitos don José Manso, reparó y levantó lo que se había destruido, añadiendo algunas obras.

103. Además de la población que está en las dos quebradas de San Francisco y San Agustín, se extienden, desde esta última hacia el Oriente, almacenes para encerrar el trigo y demás efectos que bajan de Santiago, y casas, hacia la quebrada que llaman de Elías, cuyas fábricas están contiguas a la playa, y respaldadas de un cerro alto y escarpado, el cual estorba la extensión de la población, por el limitado espacio que deja allí para ello; y de la quebrada de San Francisco hacia el Castillo Viejo corren, asimismo, algunas casas de indios y gente pobre, que vive del ejercicio de la mar, por cuya razón llaman a este sitio el barrio de los pescadores.

104. Por la quebrada de San Francisco baja un pequeño arroyo, el cual, haciendo cañería desde arriba, conduce a lo interior del fuerte la [agua] necesaria para la guarnición, y de la restante se provee el vecindario. Algunos navíos hacen su aguada en este sitio cuando baja en abundancia, y otros en un arroyo que corre al Sueste de la población, por donde empieza el llano del Almendral; pero aún por éste suele correr el agua tan escasamente, por lo regular, que es preciso hacer hoyos en la cañada que sirve de madre al arroyo, para recoger el agua que se junta en ellos y se filtra por entre la tierra. Al fin del Almendral hay otro arroyo que no corre sino en tiempo de invierno, porque nace allí mismo de las humedades que destilan las eminencias circunvecinas. A una legua y tres cuartos al Esnordeste de la población, desemboca al mar el río de Chile, llamado también de Margamarga, el cual es grande y en todos tiempos lleva bastante agua.

105. Como se ha dado noticia de la capacidad de esta población de Valparaíso en el segundo tomo de la de nuestro viaje, de su vecindario y comercio, se omite el repetir aquí [lo ya dicho], y así nos contentaremos con decir que, siendo este puerto el principal del comercio de aquel reino de Chile, porque la inmediación que tiene a Santiago proporciona mejor que en otro la comodidad de transportar a él los frutos y géneros que producen aquellos países, es a correspondencia el más frecuentado de los navíos de aquella mar, los cuales no cesan de hacer viajes a él durante el verano, que es el tiempo en que, sin peligro, se puede hacer aquella navegación y tomar el puerto con seguridad; porque en el invierno, además de ser arriesgada la navegación por causa de los nortes, es muy peligroso el puerto, tanto para tomarlo, por la cerrazón que es común entonces en todas aquellas costas, como para mantenerse dentro en el total desabrigo que hay para aguantar estos temporales, como se ha dicho.

106. Los navíos de guerra frecuentan poco este puerto en tiempo de paz, y lo regular es que vaya uno cuando lo pide la ocasión, bien sea con el fin de dejar el situado de Valdivia, y pasar después reconociendo aquellos puertos dejando en ellos las municiones de guerra que se envían de Lima para aquellas plazas de Chile, o con otro motivo equivalente. En tiempo de guerras lo frecuentan anualmente, porque siendo aquellas costas donde deben hacer el corso para recibir las embarcaciones enemigas que pasan a aquel mar, mientras se mantienen en este destino, que es todo lo que dura el verano, entran unas veces en Valparaíso y otras en La Concepción con el fin de reemplazar la aguada y proveerse de víveres, por ser los dos puertos propios para este fin; pero ninguno de ellos lo es para que puedan invernar, que no es pequeña falta en aquellas costas tan distantes de las de Lima, y tan expuestas a insultos de los enemigos en tiempo de guerra.

Puerto de la bahía de La Concepción

107. La ciudad de La Concepción, también llamada Penco, nombre antiguo de los indios, cuya situación es en la costa de Chile en treinta y seis grados cuarenta y tres un cuarto minutos de latitud austral, tiene una bahía tan espaciosa y de tan buen fondo que no hay otra de su igual en todas aquellas costas, desde Tierra Firme hasta el Perú y Chile. Corre Norte y Sur, desde la punta de Quiriquina hasta el fondo, tres leguas y media, con muy corta diferencia, y de Este Oeste, desde el puerto de Talcaguano hasta el del Cerrillo Verde, en cuya inmediación está la ciudad, se ensancha tres leguas, la cual anchura conserva hasta que la isla de La Quiriquina, ocupando parte de la boca de la bahía, forma dos [bocas]: la que cae al Oriente, que es la [boca] principal, por donde entra toda suerte de embarcaciones, tiene de ancho dos millas; la del Occidente, formada entre la isla de La Quiriquina y la punta de Talcaguano, tiene poco menos que media legua de ancho.

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