88. Aunque la población que tiene el nombre de Copiapó está en lo interior de la tierra, pues dista de la marina, por el camino regular, veinte leguas, se conoce bajo de este nombre el puerto que le dista menos, el cual se distingue mucho por un alto cerro que está en la misma inmediación de él, en figura de morro, porque, hallándose rodeado de una tierra baja y muy pareja por todas partes, cuando se mira de lejos, no pudiéndose descubrir la demás tierra que le acompaña, parece el morro como una isla situada en medio del mar. Este morro viene a formar la punta del Sur de la rada de Copiapó, dentro de la cual hay dos puertos; el más inmediato al morro no tiene tanto abrigo como el otro, ni tan buen fondeadero, pues en el paraje que regularmente lo es de los navíos, hay treinta y treinta y seis brazas de agua. El otro puerto, más apartado del morro, que está hacia el Nordeste de la punta que lo forma, es conocido por el nombre de puerto de La Caldera; está abrigado por todas partes, a excepción del Noroeste, de los vientos intermedios entre el Norte y el Oeste; el fondo es bueno y los navíos quedan arrimados a tierra en diez brazas de agua.
89. Este puerto, aun siendo el más acomodado de la rada, carece de todo lo que necesitan los navíos, y por esto no es frecuentado más que de la embarcación que hace viajes a los puertos intermedios. No tiene leña, si no es a cinco leguas de la marina, en las orillas del río Copiapó; el agua es salobre y poca, porque el río desagua en el mar como a cinco leguas al Sur del puerto de La Caldera, y la que pueden recoger los navíos es la que se destila en una concavidad inmediata al puerto. No hay más población en él que un cubierto, adonde descargan los navíos lo que han de dejar para que pase a Copiapó, y se deposita lo que de este pueblo se desea enviar a Lima.
Puerto de Coquimbo
90. Coquimbo es un puerto algo más regular y cómodo que los antecedentes; su figura es a la manera de una ensenada, y a la parte del Sur de toda ella está el fondeadero de los navíos, abrigados de todos vientos cerca de tierra, y con buen fondo de arena menuda negra y con bastante agua, pues los navíos quedan nadando sobre seis [y] hasta diez brazas, y de tanta serenidad que pueden carenar sin peligro. Esto no obstante, tiene de ancho la entrada de la bahía cuasi dos leguas, pero se procura dar fondo en el paraje donde, proyectadas o encubiertas entre sí las dos puntas que la forman, quede cerrada la vista a no ver la mar por parte alguna.
91. La punta de La Tortuga, que es la que se avanza a cerrar la bahía y forma el puerto por la parte del Sur, tiene dos peñones; el más exterior se adelanta al mar como un tercio de legua; y el otro cae al Sur de éste, dejando un estrecho paso entre él y la tierra firme, pero de bastante agua, pues tiene todo el canal de dieciséis a diecisiete brazas. Yendo por fuera de ambos, para tomar el puerto se ha de ir con toda precaución porque no falte el viento, a fin de que si es preciso dar fondo, no sea cerca del exterior, nombrado Pájaro Niño, porque pegado a él hay de cuarenta a cincuenta brazas de agua, y todo el fondo por aquella arte está lleno de peñas y ratoneras, donde, además de cortarse los cables en [el] corto tiempo que estén en el agua, es muy difícil y arduo sacar las anclas por los orinques, y una vez que están bien agarradas entre las peñas del fondo, lo regular es que se quedan abajo.
92. Dentro del puerto, y casi pegado a tierra, hay una peña que llaman La Tortuga, en la cual hay dos brazas de agua, y las embarcaciones medianas se arriman contra ella y carenan con toda comodidad.
93. En esta bahía o ensenada hay tres arroyos que desaguan en el mar; el más inmediato dista del fondeadero de los navíos como una legua, y en éste es donde hacen aguada las embarcaciones; el segundo está un cuarto de legua más retirado, y el tercero es el río de Coquimbo, que, aunque grande, puede vadearse casi siempre, pero nunca se seca como los de puertos anteriores. La ciudad de Coquimbo está situada a la parte del Sur de este río, muy poco distante de él, pero el [pueblo] dista dos leguas del fondeadero de los navíos.
94. Este puerto es el principal para el comercio entre todos los comprendidos en la denominación de intermedios, porque además del trigo que se coge en sus campañas con abundancia, produce mucho aceite y vino, uno y otro de superior calidad al que se coge en todas las costas de Chile y Perú. Pero lo más fuerte de su comercio consiste en el cobre, porque del que se saca de allí se surte todo el Perú; pero como este metal es un género que dura mucho, sólo van anualmente a cargarlo dos navíos, o tres que, además del cobre, cargan fruta y cueros, cordobanes y jarcia, que sacan de Chile.
95. La población de Coquimbo, nombrada también La Serena, es de bastante capacidad; su planta [es] muy hermosa, porque a la bella disposición se agrega la comodidad y ventajas del paraje en que está situada, el cual es agradable por todos respectos, pues al paso que predomina a las campañas y marina, no causa molestia su altura a los que habitan, ni irregularidad a la población, porque ocupa un sitio llano y toda ella está a un nivel. Su población no es correspondiente a la capacidad, porque la mayor parte del terreno la ocupan las casas, jardines y huertas.
Puerto de Valparaíso
96. El puerto de Valparaíso, cuya latitud es treinta y tres grados, dos y medio minutos austral, consiste en una ensenada cuya boca se extiende casi, del Nordeste al Sudoeste, la distancia de tres leguas, que son las que hay desde la punta de Concon a la punta del puerto de Valparaíso. Al Sueste de ésta está el puerto, el cual tiene de interioridad algo más de una legua; todo él es de buen fondo y consiste en lama fina, pegajosa y con bastante agua, pues a distancia de cable y medio de tierra tiene catorce y dieciséis brazas, y va aumentando hasta treinta y seis y cuarenta, que es la que tiene a menos de la media legua de tierra. Todo él es limpio, a excepción de una piedra que tiene al Nordeste de la quebrada de Los Angeles, cosa de cable y medio o dos apartado de ella, de la cual es menester guardarse, porque no vela, y tiene muy poca agua encima.
97. Para entrar en este puerto es menester arrimarse mucho a la tierra de la punta del puerto, y navegar costeándola a menos distancia de la playa que la de un cuarto de legua, por veinte, diez y ocho, y dieciséis brazas de agua; después es preciso, al paso que se va montando la punta del puerto, ir arrimándose a la tierra, de modo que se pase como un largo [de] navío distante de [la roca llamada] La Baja, porque es tan fondable que se puede pasar tocándola con el costado del navío, sin más peligro que el que se puede ocasionar de rascar contra ella. Hácese preciso el pasar tan cerca de esta Baja, la cual vela continuamente, porque siendo los vientos frecuentemente por el Sur, cuando no se tiene este cuidado, se sotaventan mucho las embarcaciones del fondeadero, y es trabajoso el cogerlo. Pero es necesario tener la precaución de que, si es de mañana cuando se intenta entrar en el puerto, no conviene entonces el arrimarse mucho contra dicha Baja, porque aunque afuera del puerto vienta bastante, calma desde ella hacia dentro, y sería peligroso el quedarse muy arrimados contra esta piedra y sin poder gobernar, o verse precisados a dar fondo en cincuenta brazas de agua, que son las que hay a poca distancia de ella. Para evadirse de estos dos inconvenientes, es lo más acertado el mantenerse afuera, bordeando hasta el mediodía o la una de la tarde, a cuya hora es regular que viente con igualdad hasta dentro del puerto, y entonces se puede entrar siguiéndose por el régimen de lo que queda dicho antes.
98. También se puede entrar en la ensenada, y dar fondo en el paraje que pareciese más cómodo, hasta el día siguiente de madrugada, para levarse y entrar con el terral, que llaman allí concon, el cual no deja de ventar, por lo regular, día alguno.
99. Los navíos se amarran con una ancla en tierra y otra en la mar; la de tierra se tiende de suerte que quede al Sursudoeste, y la de mar al Nornordeste, procurando que aquélla esté bien asegurada, porque los vientos del Sur y del Sudoeste, que son los generales, aunque corren por encima de la tierra, soplan con mucha fuerza, y por esto se hace indispensable la precaución de amarrarse en tierra, pues si no se hiciera así garrarían los navíos a cada momento a causa de la pendiente del fondo.
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