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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Часть вторая. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. DISCURSO Y REFLEXIONES POLITICAS SOBRE EL ESTADO PRESENTE DE LA MARINA EN LOS REINOS DEL PERU


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47. Para que Guayaquil estuviese guardado [sería conveniente] que tuviese un gobernador [que fuese] militar, y que éste fuese hombre de conducta y experiencia acreditada para que, cuando llegase la ocasión, supiese portarse como buen soldado, disponiendo la defensa de aquella ciudad con la formalidad que se requiere; asimismo convendría hacer presidio a Guayaquil y, aunque en la disposición que está no puede cerrarse de murallas, disponer que los fuertes que la defienden estuviesen en el mejor estado y situación que fuese posible y conviniese; que todos los que componen su vecindario, y los que habitan en las campañas de su pertenencia, estuviesen alistados y obligados a presentarse en la ciudad siempre que se ofreciese novedad; que hubiese armas para que toda esta gente pudiese hacer oposición a los enemigos, y que de tres distintas avenidas que tiene, y son una por el Estero Salado, que corresponde a las espaldas de la ciudad, otra por el brazo del Santay, que desemboca enfrente de ella, y la principal del río, se cerrasen las dos primeras, para que, quedando únicamente esta última, hubiesen de vencer los enemigos, antes de entrar en la ciudad, las fuerzas que se les opusiesen. Y para que por el río encontrasen las bastantes a hacerlos desistir de cualquier empresa, es conveniente que, además de los fuertes que son precisos para guardarlas, tenga asimismo el recurso de dos o cuatro galeras, para que éstas hagan oposición a las embarcaciones menores cuando intenten entrar por el río, como más ampliamente se dice en las sesiones en donde se trató del gobierno y estado presente de los reinos del Perú.

48. Una de las providencias más convenientes para la defensa de Guayaquil, y que sería muy importante en aquellas partes, es la de que así el gobernador de esta ciudad, como los de las demás plazas marítimas, fuesen sujetos marítimos. Y esta idea se halla apoyada con razones muy poderosas, entre las cuales puede mirarse como la principal la de que los gobernadores que no tienen las luces necesarias de la marina, no conocen las partes por donde peligran las ciudades de puerto de mar, ni las providencias que convienen mejor para su defensa. Y así, en Guayaquil, donde la defensa principal se debe hacer con embarcaciones menores y pequeñas, de tantos corregidores como ha tenido, ninguno había discurrido en ello, hasta que el año de 1741 bajamos en su socorro por disposición de la Audiencia de Quito, e hicimos patente que toda la defensa que se podía hacer consistía, entre otras cosas [en lo siguiente]: lo primero, en cerrar las dos avenidas que quedan dichas; lo segundo, en formar unas baterías flotantes sobre las mismas balsas que hay en el río; y lo tercero, en fabricar dos galeras para que éstas recibiesen a los enemigos en su entrada precisa por el río, porque no pueden desembarcar en otro paraje si no es en la misma ciudad. Y en esto consiste el que aquellas providencias puedan ser útiles.

49. En Lima sucedió lo contrario, pues deseando el virrey dar providencia para estorbar cualquier desembarco que intentasen los enemigos, falto de experiencia, consultó a la Audiencia, y después al General de las Armas del Perú y Gobernador del Callao, y con otros militares terrestres que había allí, y, últimamente, con parecer de unos y otros determinó hacer unas galeotas, sin prever que las fuerzas de éstas no eran capaces para oponerse a empresa alguna que intentasen los enemigos. Pero habiendo llegado nosotros a Lima, y pedídonos nuestro parecer sobre este particular, hicimos ver claramente el engaño, y que no servirían las galeras para embarazar [el] desembarco en esta cosa marítima; pero ya entonces no tenía remedio, porque estaba hecho el desembolso y ellas fabricadas.

50. A este tenor son las más de las providencias que dan los oficiales de tierra en las plazas de armas marítimas, y por esto convendría, siguiendo el ejemplo de todas las naciones marítimas, que los gobernadores de las ciudades o plazas puertos de mar, fuesen personas criadas en la marina, para que así supiesen disponer su defensa con la inteligencia y conocimiento que se requiere. Los franceses nos enseñan esta política en todas sus colonias, y los ingleses lo confirman con el ejemplo de lo que practican en las suyas, y de unas y de otras está acreditado el acierto por el adelantamiento que tienen y el buen pie en que las mantienen.

51. Guayaquil necesita, además de las providencias que quedan expresadas, el tener una fortaleza que cubra la ciudad por la parte de la avenida del río, a fin de que, si los enemigos, sabidores de que los esperan con fuerzas superiores a las de sus lanchas y botes, intentan subir el río con fragatas para que, al abrigo de éstas, no peligren las demás embarcaciones pequeñas, no lo puedan hacer sin sujetarse a pasar por los fuegos del fuerte, los cuales no les será fácil vencer estando éstos en tal disposición que guarden la ciudad, cubran el fondeadero, y estorben el paso hacia ella.

52. Debe, pues, considerarse la defensa de Guayaquil en dos maneras: la una, por medio de la fortaleza, para que [su artillería] juegue contra las embarcaciones mayores, y [la otra] la de las galeras, para que se empleen contra las pequeñas, a causa de que éstas pueden entrar por la avenida del río hasta el mismo Guayaquil, sin que la fortaleza las pueda ofender, con sólo la diligencia de arrimarse a la orilla del río opuesta a la ciudad, y de navegar, por junto a ella, al favor de la oscuridad y al abrigo de los mangles, que se avanzan al agua lo bastante para ocultarlas.

53. Estando Guayaquil prevenido en esta forma y teniendo un gobernador militar que discipline las milicias de toda la jurisdicción y que, desde el tiempo de paz, esté prevenido para defender su ciudad en el de guerra, no será fácil su sorpresa, ni que los enemigos de la corona logren apoderarse de este puerto, aunque lo intenten, porque su jurisdicción encierra mucha gente, y toda ella de mucho espíritu y de buena disposición para portarse en cualquiera función que se ofrezca, con el mayor lucimiento.

54. Desde que se empieza a entrar por el río de Guayaquil, yendo de la costa de Tumbez adelante, es menester llevar práctico, por los muchos bajos que tiene el río; y ya sea en embarcaciones chicas o grandes, siempre es preciso entrar con mareas. Esto contribuye también a que cuando los enemigos lleguen a ponerse enfrente de Guayaquil, hayan tenido suficiente tiempo en esta ciudad para prevenirse a la defensa, y para pasar aviso a las campañas de su inmediación, a fin de que acudan a su socorro. Con que, tanto cuando es ahora fácil la toma de aquella ciudad, estando bien proveída de lo necesario, es difícil, y todo lo que los enemigos no consiguiesen a la primera embestida, no lo lograrán después, por no ser posible el poner sitio a la fortaleza que se hiciere para guardar la ciudad, porque el terreno no lo permite, ni que se mantengan en tierra los enemigos, si no es poniéndose en las inmediaciones de ella, puesto que todo lo restante es pantano, donde ni el racional, ni la bestia, puede estar sin sumergirse en el lodo, y por esto, precisamente, han de acercarse a ella cuando intentan invadirla.

Puerto de Paita

55. El puerto de Paita viene a ser una rada abierta con buen fondeadero, y abrigada de los vientos sures. Los navíos grandes quedan como un cuarto de legua apartados de la población, porque más adentro no tienen fondo suficiente, y la rada es de bastante capacidad.

56. A este puerto llegan todos los navíos que hacen viaje de Panamá a El Callao, o ya sea en [tiempo de] armada de galeones, o en cualquiera otro tiempo. Allí descargan todo lo que consiste en mercancías que pueden averiarse en la mar, para que vayan por tierra a Lima, y sólo lo voluminoso y muy pesado conservan a bordo para llevarlo en los mismos navíos al Callao.

57. La población de Paita consiste en una calle algo larga, la cual se forma de ranchos de cañas que hay del uno y del otro lado, y en ellos habitan indios y mestizos, y algunos mulatos. Antes que Anson la destruyese [en 1741], sólo tenía una casa formal hecha de cantería, donde asistía alternativamente uno de los oficiales reales de Piura, a cuyo corregimiento pertenece Paita, y un fortecillo muy pequeño, donde se montaban seis o siete cañones de un corto calibre. Esta población carece enteramente de agua dulce, y le facilita la provisión necesaria otro pueblo, nombrado Colán, que está en la misma ensenada, a cuatro leguas de Paita, situado en la desembocadura del río de la Chira, que es el que hace curso por el pueblo de Amotape. Los indios vecinos de este pueblo de Colán están obligados a llevar a Paita, todos los días, una balsa cargada de agua, y, teniendo el vecindario hecha asignación de una porción de ella, se le reparte a cada uno la que le toca, pagando un tanto por botija, según está arreglado. Los navíos que necesitan reemplazar su aguada hacen ajuste con los indios de Colán para que les provean de la que necesitan.

58. La falta de agua en Paita para poder regar, y la singularidad de no llover allí nunca, o rara vez, por ser ya país de valles, es causa de que su territorio sea árido y estéril, y que se provea, así como de agua, de verduras y carnes del mismo pueblo de Colán o del de Amotape.

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