37. Dos cosas son las que imposibilitan a una nación extranjera el que mantenga los establecimientos en los territorios de otras. La una es cuando la nación acometida tiene fuerzas para desalojar a la que intenta establecerse en su país, y la otra cuando ni el país produce víveres en abundancia para la manutención de sus moradores, ni está en aptitud de poder ser socorrido con ellos por parte de la nación recién establecida, porque en este caso la necesidad obliga a abandonarlo. En Guayaquil no se verifica alguna de estas dos. No la primera, porque las fuerzas que los españoles tienen en toda su jurisdicción son ningunas; las que pueden esperar de la provincia de Quito no son capaces de desalojar de allí a la nación que se apodere de aquel [puerto] y las que se le pueden enviar del Perú por precisión han de consistir en navíos y, en el supuesto de que la nación extranjera que intente tal empresa no ha de ir a ella con fuerzas tan cortas que no pueda supeditar a las españolas de aquella mar, es forzoso concluir no ser bastantes las fuerzas del Perú a desalojar a los extranjeros de Guayaquil, cuando consigan apoderarse de esta ciudad. Y perdida por esta parte toda la esperanza, no queda otro recurso que la segunda: la falta de los víveres, la cual hemos de ver si es bastante para estorbar la permanencia de la nueva posesión.
38. Guayaquil se provee de harinas de la provincia de Quito, y de vinos, aguardientes, aceites y otros frutos de Lima. Las harinas de trigo se pueden excusar allí para la gente patricia, porque ésta se mantiene con los plátanos verdes asados, de tal suerte que los de mayor jerarquía prefieren al pan este alimento, y [también se mantienen] con el cazabe que se hace de la yuca y ñame, como también con el maíz y las masas que se hacen de su harina. El aguardiente y el vino son dos cosas inexcusables allí, aquél para los patricios y uno y otro para los extranjeros, porque a proporción que el temple de aquel país es cálido, se hacen más precisos en él estos dos licores, y con particularidad el aguardiente, y el vino puede excusarse, porque los criollos lo beben poco, y sólo le usan continuamente los europeos, del mismo modo que el pan de trigo.
39. Es evidente que ninguna nación extranjera podría subsistir en Guayaquil sin harinas de trigo, por no estar acostumbradas a ello; pero como suponemos que el apoderarse de Guayaquil sería después de tener establecida colonia en otra parte de aquella América, o bien que en ésta se produzca el trigo, como sucederá si lo formasen en la costa de Chile, o [bien] que por ella se haga corto el tráfico y se facilite el poderla conducir de la Jamaica, como sucedería si se apoderasen de Panamá, de un modo u otro tendrían modo de proveerse de las harinas necesarias, siendo de suponer que esta providencia sólo la necesitarían para los primeros años, porque después de establecidos, los mismos españoles de la provincia de Quito les llevarían tantas harinas cuantas fuesen menester, aunque hubiese grandes prohibiciones contra ello y penas correspondientes a los contraventores. Y así éste no es embarazo para que puedan mantenerla.
40. Hácese también más fácil el proveer a Guayaquil de harinas para los primeros años que se estableciesen allí extranjeros, por el poco consumo que hay de ellas; pues como los patricios no usan pan de trigo, los forasteros pierden la costumbre de comerlo en habiendo estado allí algún tiempo, porque la naturaleza de aquel temple corrompe las harinas a poco de estar en él, y no contribuyendo las aguas para amasar el pan, es tan malo el que se hace comúnmente que, luego que el paladar se habitúa al plátano verde, deja [el forastero] el pan de trigo enteramente.
41. En cuanto a los frutos, aún sería menos el embarazo, porque habiendo en toda aquella jurisdicción abundancia de caña de azúcar, fácilmente podrán fabricar aguardiente con su jugo, el cual es más usado entre las naciones extranjeras, en todas sus colonias de las Indias, que el de uvas, que casi no lo gastan, y los patricios se acomodarían a él fácilmente, y el vino sería solamente el que podría faltar. Pero sin él se pasarían unos y otros teniendo el aguardiente de cañas en abundancia, y aún de esta falta sólo sería, como la de las harinas para aquellos primeros años, pues después sacarían de Pisco y Nasca tanto vino y aguardiente cuanto les pareciese. Debiéndose también suponer que en este intermedio no carecerían de él enteramente, porque si la colonia principal que fundasen fuese en la costa de Chile, al paso que tendrían harinas de trigo, lograrían los vinos y aguardientes, siendo el país propio para uno y otro, y si la colonia estuviese en Panamá, harían transportar también por allí los vinos y aguardientes que hubiesen menester.
42. El puerto de Guayaquil es tan útil para cualquiera nación como que, poseyéndolo, estará siempre en postura de mantener armada, mediante que tendrá maderas y paraje adecuado para carenar los navíos y aun para fabricarlos; lo que no sucederá a la otra que carezca de este puerto. La primera podrá tener cuantos navíos marchantes quisiera para hacer su comercio, y la segunda no podrá tener más que los que aquélla quisiere consentirla y venderle. Y siendo dueña del mar, lo será igualmente de todo aquel comercio, y no se podrá ejecutar cosa alguna en aquellos reinos que no sea con su consentimiento.
43. Hasta el presente no ha pensado ninguna nación con formalidad en establecerse en las Indias [en la costa del Pacífico], ni lo puede hacer si se atiende a lo estipulado por los tratados de paces, en los cuales se hacen todas garantes recíprocamente a favor de España, para que ninguna pueda pretender nuevo establecimiento en las Indias. Pero ¿cómo se podrá asegurar que no lo ejecuten cuando, a cada paso, se les ofrecen tantos motivos para quebrantar los tratados con el más leve pretexto o sospecha de que se les falte a ellos en otras cosas? Y siendo toda el ansia de las naciones que las utilidades que producen las Indias pasen inmediatamente a ellas, para cuyo fin no se detienen en el modo, si llegan a traslucir en algún tiempo que la aplicación de los españoles procura adelantarse en el comercio y conservar en sí las utilidades del de sus Indias, ¿qué duda hay que procurarán también ellos aprovecharse de la ocasión y formar establecimientos en parajes en que puedan adelantar su comercio [y obtener] las utilidades que pretenden de las Indias? En este caso es en el que éstas peligran, y más aquellos puertos que son propios para el fin de establecer colonias, pues con éstos es bastante para que todas las Indias sean de los que los posean.
44. No carece de dificultad el que las potencias extrañas piensen en formar colonias en el Perú, porque, o bien lo han de ejecutar todas las naciones marítimas extrañas, o las unas se lo estorbarán a las otras, a fin de que ninguna sea privilegiada en ello y se observe el equilibrio del comercio. Pero ¿quién duda que puedan practicarlo siempre que se ofrezcan guerras contra alguna, y [quién duda] que mantendrán aquello de que se apoderaren con dos fines muy poderosos?; el uno, el de que su comercio no se detenga en las Indias por causa de las guerras; y el otro, el de sacar mejores partidos en los tratados de la paz. Pues siendo dueño de una colonia, y con ella de las utilidades, o consecuencias que pueda facilitarles, ¿qué condiciones no exigirán de la España a su favor? Y así, podrán hacer la guerra, siempre que ocurra, con mucha ventaja.
45. Séase con el fin de sacar condiciones favorables en los ajustes de paces, o con el de quedarse con los establecimientos que formasen en las costas del mar del Sur, como ha sucedido en todos los que han hecho en las del Norte, les es el puerto de Guayaquil muy útil.
46. Esto supuesto, parece impropio que un puerto de tanta consecuencia esté en un abandono tal que pueda ser del primero que lo solicite; pues aunque no fuese más que para que supiesen las naciones extrañas que se guardaba con cuidado, convendría que tuviese alguna defensa, a fin de que nunca puedan proyectar sobre él.
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