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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Часть вторая. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. DISCURSO Y REFLEXIONES POLITICAS SOBRE EL ESTADO PRESENTE DE LA MARINA EN LOS REINOS DEL PERU


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32. Aunque son los capitanes los que forman las tripulaciones de los navíos que mandan, se asientan las plazas en la contaduría del sueldo y en la veeduría. Pero el régimen que se tenia era que, en virtud de una papeleta que el capitán daba a cada artillero, ocurría con ella adonde se le debía sentar la plaza; y no se podía hacer de otra forma, porque para dar las plazas es necesario tener conocimiento de los que las solicitan, y saber si son a propósito para ello, lo cual no es regular que se sepa en la Contaduría de Marina ni en la Veeduría, y sí muy propio del capitán, el cual, informándose de los oficiales de mar cuando él por sí no conozca la gente, sabe cuáles son buenos para una cosa y cuáles para otra.

33. Las tripulaciones que llevaron los dos navíos, “Belén” y “La Rosa”, fueron tan buenas e iguales que, al sentir de todos, no había sacado otras semejantes ningunos navíos de los que se armaron en El Callao. Aunque toda ella, o la mayor parte, había navegado en navíos de guerra, estaba no obstante tan ignorante de lo que a cada uno le correspondía por su obligación, que no se encontraba ni oficial, ni artillero de mar, ni marinero, que supiese lo que debía hacer en caso de combate, ni lo que era de su obligación navegando, o estando en puerto, porque unos y otros estaban totalmente faltos de disciplina; y, en fin, aun en aquel régimen económico que debían guardar entre sí, no acertaban a entenderse. De suerte que fue preciso instruirles en todo, como si siempre hubiesen navegado en navíos marchantes, en que se conoció bien el mal orden que tenían los de guerra de aquella armada.

34. Habiendo concluido con lo perteneciente al cuerpo de marina, tripulaciones y modo de hacer el servicio en campaña, concluiremos este con la noticia de las raciones de armada que se suministran al capitán, a los oficiales y a todas las tripulaciones, y las de las especies que se embarcan para este fin.

35. Tiene, en el mar del Sur, el capitán de navío, según el antiguo reglamento que se ha seguido, ocho raciones diarias; una cada oficial, y una cada persona de la tripulación, hasta los pajes inclusive. Estas raciones son lo mismo que las que se dan en España a la armada en cuanto a la cantidad, y por lo que mira a la calidad hay alguna diferencia, como explicaremos.

36. Las especies que se suministran en las raciones de armada consisten en carne salada y fresca, bizcocho, tocino, arroz, menestras, aceite, vinagre y, en lugar de tocino y del aceite, se [da] grasa, que es la manteca de vacas. Además de éstas se da vino con las raciones de algunos sujetos, en esta forma: al capitán del navío, cinco botijas de vino al mes; una a cada oficial militar de marina, y una a cada oficial de mar primero, [que son] el primer piloto, el primer contramaestre [y] el primer condestable; al maestre de navío, al cirujano, y al capellán, otra, pero ni el carpintero primero, ni el calafate, ni los otros oficiales de mar tienen ración de vino. Y por esto es casi indispensable el que a bordo de los navíos haya taberna, porque acostumbrada toda aquella gente de mar a la bebida del aguardiente, tan común en todas las Indias, que aun los más arreglados suelen estar comprendidos en su uso, si no se les permitiera en los navíos la libertad de tenerlo y poderse proveer de él como en tierra, lo tomarían de las dietas, o del que cada particular llevase para su uso, de que podría resultar mucho mayor perjuicio y desorden, por no ser posible el que todos lleven provisión para sí suficiente a la que necesitan en todo el viaje. El único medio que podría aplicarse sería el disponer que se le diese [a cada uno] ración de aguardiente, como se practica en los navíos ingleses y en los franceses cuando van a las colonias de las Indias, y para ello hacerles descuento de lo que importase la ración de aguardiente, de la soldada. Y con esta providencia correría sin inconvenientes la prohibición de las tabernas en aquellos navíos.

37. La provisión de la carne salada para el consumo de la armada, cuando es en El Callao, se hace de una de las dos partes [siguientes]: o de la serranía o del reino de Chile; y ésta se prefiere a la otra, porque, sin tener tanta sal, es más gustosa y de más aguante, y su precio en El Callao no es grande.

38. El bizcocho, que se hace [parte] en Lima y parte en El Callao, es de las harinas y trigo que baja de Chile; y aunque es de buena calidad, es de poco aguante, porque lo hacen en costra, y con facilidad le entra la polilla, lo cual no sucedería si lo hiciesen en galletas.

39. El tocino se lleva al Callao de la serranía en hojas bien curadas. De éste se da ración a las tripulaciones hasta que llegan a Chile o a la costa de Panamá; pero después que continúan los navíos en uno u otro destino, y que están consumidos los víveres que sacaron del Callao, se da otra cosa en su lugar, por no haber este género en aquellos parajes.

40. El arroz se lleva de Guayaquil y es muy bueno; las menestras van de la sierra, y el vino y el aceite, de Pisco y Nasca.

41. Cuando los navíos de guerra hacen campaña a las costas de Chile, les provee el país abundantemente de todo lo necesario, porque a excepción del tocino, aceite y azúcar para las dietas, porque no lo produce el país, hay en él con suma abundancia de todo lo demás, porque es la tierra del trigo, de las carnes, de las semillas, y la que produce vinos más exquisitos que otro ninguno terreno del Perú. Y de estos géneros es correspondiente a la abundancia, la baratura.

42. Luego que los navíos de la armada llegan a algún puerto de Chile, se da carne fresca a las tripulaciones; y como su baratura es tanta que, aun comprada ya de tercera mano, no excede cada vaca de cuatro pesos, y baja de aquí alguna cosa, y es tan gorda que toda ella es manteca, no se da la carne por ración, sino que, matándose diariamente una o dos vacas en cada navío, según la tripulación que tiene, se les deja que tomen a discreción cuanta carne quieran. Y aunque hacen tres comidas de carnes al día, no se les reparte menestra ni otra cosa más que bizcocho.

43. Aunque en Chile hay escasez de tocino y de aceite, [lo] suple [la] mucha abundancia de grasa, y se da a las tripulaciones ración de esta especie para componer la menestra; y entonces toman diariamente ración de carne salada.

44. En el bizcocho que se hace en Chile para el servicio de los navíos de guerra hay un abuso en que se perjudica bastantemente la Real Hacienda. Y consiste en tener establecido que el bizcocho para el servicio de los navíos de guerra lo hagan entre los particulares del vecindario, pagándoseles a cuatro pesos cada quintal, no obstante que la fanega de trigo, del que llaman blanquillo en aquel reino, que es de la mejor calidad, constando de seis arrobas y seis libras, no tiene de valor más de que cinco a seis reales cuando más; desde este precio hasta el de cuatro pesos por el quintal de bizcocho, se ve el exceso, y más cuando ni la leña, ni los jornales para trabajarlo son subidos. Para ocurrir a este desorden convendría disponer que cuando vayan navíos de guerra a hacer campaña en aquellas costas, que lleven un panadero, y que tomando un horno arrendado por el tiempo que fuese necesario, o fabricándolo por cuenta del rey para que sirviese cuando se ofreciese, se hiciese en él bizcocho. En cuya forma saldría por un costo tan moderado que no llegaría ni aun a la mitad del que hoy tiene, con mermas y todo; pero sería necesario, para que sucediese así, que los que manejasen esta fábrica lo hiciesen con toda legalidad, porque faltando ésta, sería aún más costoso que el que ahora se compra por los cuatro pesos.

45. Otra pérdida sufre el rey en este asunto del bizcocho, también algo crecida, y consiste en que, luego que las tripulaciones llegan a Chile, suelen, con el motivo de ser bizcocho antiguo el que van gastando los navíos, aunque no tiene más tiempo que el que pasa desde que salen del Callao hasta que llegan a aquellos puertos, decir que está dañado, y precisan tan vez a que se eche al agua una crecida porción, parte porque en realidad empieza a picarse y parte porque, en llegando a aquel reino, se les hace cosa ardua el comer bizcocho del Callao, por cuya razón conviene que los navíos no lleven más que aquella porción que se juzga precisa para el viaje hasta llegar allá, y la que prudentemente deben tener asimismo por reserva; lo mismo sucede con la carne salada, y por eso conviene ejecutar con ella lo mismo.

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