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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Часть вторая. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. DISCURSO Y REFLEXIONES POLITICAS SOBRE EL ESTADO PRESENTE DE LA MARINA EN LOS REINOS DEL PERU


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4. Además de los almacenes, de que queda hecha mención, para pertrechos, para víveres y para municiones de guerra, había también en El Callao atarazanas grandes, cerradas, donde se recogían las maderas y otras cosas voluminosas pertenecientes a los navíos de guerra como palos, vergas, anclas y maderas sin trabajar, que se llevan de Guayaquil para cuando fuese necesario servirse de ellas. En este almacén no se experimentaba menos desorden que en los otros, porque a correspondencia del fraude que se hacía en aquéllos, era el que se practicaba con lo que se recogía en éste, y con tanto exceso que se resolvió no tener respuestos algunos, ni comprar más que aquello que instaba, para evitar el extravío. Y de esta falta de legalidad resultaba también el grave perjuicio a la Real Hacienda de que, pudiendo tener las cosas por precios cómodos, era preciso pagarlas por los más subidos, por no ser posible aprovecharse de las ocasiones en que costaban menos, ni tenerlos reservados en los almacenes para cuando llegase el caso de ser preciso gastarlos.

5. El astillero del Callao se surte, como el de Guayaquil, del hierro que se lleva de España; la brea y alquitrán se conduce de los puertos de El Realejo y Sonsonate, en la costa de Nueva España; las lonas, de Cajamarca y Chachapoyas, en la sierra; la jarcia, de Chile, y asimismo el sebo; las maderas para carenas se llevaban, en la mayor parte, de Guayaquil, y otras de Valdivia y del golfo de Chiloé. Siendo, pues, estos materiales los que hacen cara, o barata, la carena y el armamento de un navío, fácilmente haremos ver que su costo podría reducirse, con corta diferencia, a la mitad del que tienen ahora, si el temor del extravío no obligase a perder las ocasiones de tenerlos a los más acomodados precios.

6. Cómpranse todos los materiales para las carenas y armamentos dentro del puerto del Callao, o en Lima, que es donde sus precios son los más altos que pueden tener en todo el mar del Sur, por ser ya la última venta; de modo que todos estos géneros pudieran tenerse de primera mano, y con ella el ahorro que se deja comprender. En cuanto al alquitrán y brea, no hay embarazo para [que] cuando pase a la costa de Nueva España alguno de los navíos de guerra, como sucede algunas veces con varios motivos, cargue en ellas de estos géneros, y los conduzca al Callao, en lugar de volverse de vacío, como sucede. Y por este medio, no sólo tendría el rey con baratura todo lo que necesitase de los dos géneros para el servicio de sus navíos, sino que le sobraría mucho, que podría vender a los particulares si pareciese conveniente, en cuyo caso vendría a costarle muy poco lo que se consumiese en los navíos de guerra.

7. Los navíos de guerra bajan a Guayaquil a carenar, cuando se considera que tienen obra grande en la tablazón de sus fondos y costados, porque aunque la madera sea incorruptible, a fuerza de limpiarlos y de apretarles la estopa, se les gastan los cantos a los tablones y no pueden mantener las últimas estopas de la costura; lo mismo sucede por la parte de adentro, con el continuo choque del lastre, que las descantilla igualmente; y junto con la continuación del reclavado, pone de tal calidad las tablazones que se hace preciso mudar los fondos, o parte de ellos, cuya obra, por ser muy costosa en El Callao, obliga a enviar los navíos a Guayaquil. Y habiendo carenado allí, vuelven al Callao de vacío, pudiendo retornar cargados de madera, como lo practican todos los marchantes que salen de aquel río, y entonces tendría madera aquel arsenal al mismo costo que se vende en la ribera de Guayaquil, y se minorarían unos gastos tan crecidos como los que se ocasionan de comprarla en El Callao, dejando las ganancias de su mayor valor al particular, siendo más propio que se aprovecharse de ellas la Real Hacienda.

8. Lo mismo se debería hacer con la jarcia y el sebo que baja de Chile al Callao. El quintal de jarcia comprado en Valparaíso, siendo de la mejor calidad, cuesta de catorce a dieciséis pesos, y vendido en El Callao vale veintiocho y treinta pesos, que es el doble, y aún excede cuando hay escasez de ella. Los navíos de guerra van a Chile a hacer sus campañas, o a llevar los situados en tiempo de paz, y se vuelven de vacío; con que sin hacer viaje determinadamente para este fin, ni atraso a su principal destino, sería muy conveniente que llevasen jarcia de todas menas, y sebo, con lo cual sucede lo mismo que con la jarcia, y de esta forma habría todo lo necesario de una y otra especie a precios bajos. Y podía ordenarse que se vendiese al público, por precios corrientes, lo que cargasen de más los navíos y no se necesitase en los arsenales, pues así, estando provistos de una porción de efectos correspondientes al consumo regular, no debería conservarse más cantidad para evitar que se echase a perder; sobre cuyo particular deberían informar al virrey, mensualmente, el capitán de maestranza, el veedor, proveedor, y los demás a cuyo cargo está el arsenal, de lo que hubiese existente en los almacenes, y [de] lo que considerasen en ellos con exceso o escasez, para que en su inteligencia pudiese disponer la venta de lo que estuviese por demás en los almacenes, y que se repusiese lo que faltase.

9. Pero en aquel país es impracticable esta providencia, sin que precedan otras tales que contengan el fraude; porque lo que resultaría de ella sería mayor atraso contra la Real Hacienda y nuevo motivo de ingreso para los que manejasen el arsenal. Asimismo nos lo dio a entender el virrey marqués de Villagarcía, cuando el año de 1742 nos ordenó que pasásemos [al] mando de dos navíos de guerra a hacer el corso en las costas de Chile, pues con el motivo de haberse embarcado 10.000 pesos en plata en cada uno de ellos para sufragar los gastos de la campaña en lo que se ofreciese de pertrechos y víveres para los navíos, y con el de habernos dado, por particular confianza que le merecimos, la intervención en el dinero y en su distribución, previendo nosotros que podría sobrar bastante cantidad de él, se le propuso si gustaba que se emplease en jarcia y sebo para el servicio de los navíos, el cual traerían los mismos navíos cuando llegase el caso de restituirse al Callao; y no convino en ello con el fundamento de que si las velas, los palos, vergas, toda suerte de pertrechos, de municiones y de víveres que se recogían en los almacenes al desarmo de los navíos, se desaparecían en ellos, con cuanta más razón sucedería lo mismo con la jarcia en pieza, y en blanco, y con el sebo enzurronado. Y así se le volvió a traer al Callao el dinero que sobró en plata, siendo ésta la única vez en que se experimentó la sobra, porque en iguales campañas no habían bastado las sumas que se les daban a prevención (aun no siendo menores) para completar los gastos de ella, y en esta ocasión, habiendo sido más crecida la tripulación y mantenídonos ocho meses en la campaña, volvieron los navíos al Callao con poco menos de la mitad del dinero que se les asignó, con porción de víveres que sobraron de los que se tomaron en Chile, y con todo lo perteneciente a su aparejo, respetos y armamentos completos, aunque envejecido lo que había servido, y consumido lo que debía serlo. Cuyo ejemplar causó admiración a todos en El Callao y en Lima, porque hasta entonces no habían oído cosa semejante, ni en esta ocasión se hubiera experimentado sin la nueva providencia que dio el virrey y otras que se tomaron después para evitar el extravío del dinero.

10. Sólo el hierro y las lonas son los dos géneros en que no se puede hacer ahorro. Porque el hierro se lleva de España y su valor es conforme a la ocasión, [y] algunas veces sube a cien pesos el quintal, como sucedió cuando se armaron [en 1742] los dos navíos [Belén] y La Rosa, que fueron los que mandamos, y el precio ínfimo era noventa pesos; pero cuando está barato no baja de treinta a cuarenta pesos, y hasta cincuenta. Estando pues, [en aquel subido precio] al tiempo que se hizo el armamento de estos dos navíos marchantes [para convertirlos en] dos de guerra, en lo cual y en su carena entró mucho hierro, y no habiendo hasta entonces salido del Callao dos navíos tan bien armados y proveídos de todo como éstos, su armamento llegó apenas a la mitad del que habían costado los antecedentes, cuyo milagro, y el de la sobra del dinero de vuelta de la campaña, dio a conocer el crecido fraude que en todo recibía la Real Hacienda.

11. Las lonas se compran en Lima a los mercaderes de las dos provincias de Chachapoyas y Cajamarca, y no puede hacerse ahorro en su costo, pues aunque se comprasen en las mismas fábricas, conducidas después al Callao, llegaría con poca diferencia su valor al mismo en que las venden los comerciantes.

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