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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Часть вторая. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. DISCURSO Y REFLEXIONES POLITICAS SOBRE EL ESTADO PRESENTE DE LA MARINA EN LOS REINOS DEL PERU


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otros].

9. Puéblanla monstruosos tiburones y son perjudiciales a la gente del mar, pues acometen a los hombres estando en el agua, y se los comen. La marinería de los navíos que hacen alguna demora allí dentro, tienen su diversión en pescarlos con muy gruesos anzuelos encadenados; pero, después que logran cogerlos y destrozarlos, no se aprovechan de ellos, porque toda su masa se reduce a grasa. Hay algunos a quienes se les ha descubierto hasta cuatro andanas de dientes molares; pero los que no son muy viejos sólo tienen dos. Sus buches o estómagos son depósito de cuantas inmundicias se desperdician de los navíos y lleva la mar; hemos visto en el de uno toda la osamenta entera de un perro, de quien sólo había digerido hasta entonces las partes más moles. Los naturales del país aseguran haber visto algunos caimanes o lagartos; pero si es cierto que los hay, serán muy pocos, porque este animal es propio del río.

10. En las campañas que hacen inmediación a la bahía hay mucha abundancia de maderas, y todas de buena calidad, como cedros blancos y colorados, caobas, guayacanes, manzanillo, marías y otras. Los navíos que tienen precisión de carenar, no hacen más que enviar al monte de su propia gente y carpinteros, para que corten a discreción la madera que necesitan.

11. En la bahía y en sus cercanías no se encuentra arroyo ninguno de agua dulce y los navíos que llegan a ella se proveen de unas cacimbas, o pozos, que hay para este fin en el arrabal de Cartagena, nombrado Getsemaní, aunque es agua muy gruesa.

12. A esta bahía llegan las armadas de galeones y se mantienen en ella hasta que la del Perú se halla en Panamá, que con esta noticia pasan a Portobelo, y concluida la feria se vuelven a ella; reciben los víveres que necesitan para su regreso y, sin detenerse mucho, se hacen a la vela para La Habana. Con su ausencia queda solitaria la bahía, porque las embarcaciones del país, balandras y goletas, son en corto número, y no se detienen más que lo muy preciso para carenar y aprestarse para continuar los viajes, que se les proporcionan según el trato que tiene aquella ciudad.

[Portobelo]

13. El segundo puerto de aquella América por donde hicimos viaje, situado en el mar del Norte, es el del Portobelo, cuyo nombre descifra bastantemente su bondad para toda suerte de embarcaciones, grandes y pequeñas. Aunque su boca es bien ancha, no [lo es] tanto que dejara [de cubrirla] ventajosamente con su artillería la fortaleza de San Felipe de Todo Fierro, que estaba situada en la punta de la costa del Norte que forma la entrada; ésta es solamente de seiscientas toesas, algo menos que un cuarto de legua. Y siendo la costa del Sur peligrosa e intraficable, a causa de las piedras y arrecifes que salen de ella hacia fuera, aunque no es mucho lo que se apartan de ella, siempre es forzoso arrimarse más a la del Norte, por ser más [fondeable]. La verdadera canal está a medio fredo de la entrada, en cuya forma continúa hasta dentro desde 15 hasta 10 brazas de agua, y el fondo es lama pegajosa, y greda con alguna arena.

14. En la costa del Sur, dentro del puerto, y haciendo frente a todo el fondeadero de los navíos, estaba otra fortaleza muy capaz, que tenía el nombre de Santiago de la Gloria, y al Este de ésta, cosa de 100 toesas apartada de él, empieza la población de la ciudad. Delante de ella, en una punta de tierra que se avanza al puerto, estaba situada otra pequeña fortaleza, que tenía el nombre de San Jerónimo, y distaba de las casas como diez toesas. Todas estas fortalezas fueron arruinadas y demolidas por el almirante Wernon en el año de [1739], cuando se apoderó de este puerto con una crecida armada, logrando este trofeo no tanto porque fuese regularmente fácil el rendirlo, como porque lo halló sin prevención. La mayor parte de la artillería estaba desmontada, y con particularidad la del castillo de Todo Fierro, donde lo estaba casi toda por falta de cureñas. Las municiones de guerra eran muy pocas y malas, su guarnición tan corta que ni aun la que le está asignada en tiempo de paz se hallaba completa; el gobernador de la ciudad, que entonces lo era don Bernardo Gutiérrez Bocanegra, se hallaba ausente en Panamá, donde permanecía por orden de la Audiencia, dando los descargos de algunos delitos que se le habían acumulado. Y no hallando resistencia la armada inglesa, no tuvo dificultad en conseguir la empresa, y la ciudad se entregó por capitulación. Todas estas ventajas hubo menester aquella nación para apoderarse entonces de Portobelo.

15. El fondeadero de los navíos grandes es al Noroeste del Castillo de la Gloria, en cuyo paraje quedan ocupando la medianía del puerto; pero como las embarcaciones pequeñas se acercan más a tierra, y entran asimismo hacia dentro, es menester tener cuidado de que no se pongan sobre un bajo de arena, que está ciento cincuenta toesas distante del fuerte o punta de San Jerónimo, al Oeste cuarta al Noroeste de él, porque sólo tiene dos brazas, o una y media de agua.

16. A la parte del Noroeste de la ciudad se halla una ensenada que llaman la Caldera, que tiene cuatro brazas y media de agua. Es muy propia y acomodada para carenar navíos y toda suerte de embarcaciones, llevando lo necesario para este fin, porque, además de tener el fondo dicho, está abrigada de todos vientos. Para entrar en ella es menester arrimarse a la costa del Oeste y pasar como al tercio de ancho de la boca, donde hay cinco brazas de agua, porque al otro tercio de la parte del Este no hay más que tres o dos pies de agua; pero una vez dentro, pueden estar las embarcaciones a cuatro amarras Este-Oeste, [en] otra ensenada pequeña que hay en la misma Caldera de la parte del Oeste, a cuyo lado se deben acercar siempre.

17. Al Nordeste de la ciudad desemboca un río que llaman del Cascajal. No se toma su agua dulce hasta un cuarto de legua más arriba de su boca, pero no hace falta para la provisión de los navíos, porque en toda la costa del sur del puerto corren, contiguos a la ciudad y atravesándola, varios arroyos de agua muy delicada y buena, de donde los navíos recogen la que necesitan. Este río del Cascajal tiene algunos lagartos o caimanes, pero no tantos como otros de aquella América.

18. Las mareas guardan poca regularidad, y así en esto como en los vientos no difiere este puerto de la bahía de Cartagena, a excepción de que, por lo regular, siempre necesitan los navíos espiarse para entrar, porque o son calmas, o vientos por la proa los que se experimentan desde la boca del puerto hacia dentro.

19. Por varias observaciones que se hicieron, así de la estrella Polar como por el acimuth del Sol, se concluyó que varía la aguja en aquel puerto ocho grados y cuarenta minutos al Nordeste.

20. Este puerto es no menos abastecido de maderas de varias especies que el de Cartagena, pero en lo restante es muy incómodo para las embarcaciones, pues la falta de víveres de todas especies que se padece allí, es general en todos tiempos y por esto no pueden detenerse en él. Las pensiones del temperamento y las incomodidades que les son correspondientes le hacen poco apetecido y casi inhabitable; y por esta razón, aunque pasan a él las armadas de galeones a celebrar la feria entre los dos comercios de España y el Perú, se detienen muy poco tiempo, por no experimentar la plaga de enfermedades y mortandad que suele ser regular cuando hacen la demora algo larga. Y por lo mismo, aunque los ingleses se apoderaron de este puerto, no se atrevieron a mantenerlo, recelosos de quedar todos allí sepultados, como ha sucedido con los españoles después que se pobló. Y así, la mayor defensa que tiene contra los enemigos es su temperamento, el cual es igualmente nocivo a los mismos españoles criollos.

[PUERTOS DEL MAR DEL SUR]

21. Pasando a la mar del Sur se nos descubrirán, entre los puertos que debemos mirar como principales, el de Panamá, en Tierra Firme; en el Perú, los de Guayaquil, Paita, El Callao, Ilo, Arica y Cobija, y en el reino de Chile, los de Copiapó, Coquimbo, Valparaíso, La Concepción, Valdivia, Cacao, en la isla de Chiloé, fuera de los cuales hay otros menores. Y siendo forzoso, para la mejor comprensión, tratar de ellos en particular, lo haremos formando una descripción de cada uno, en que se especificarán todas sus circunstancias.

Puerto de Perico, en Panamá

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