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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Часть вторая. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. DISCURSO Y REFLEXIONES POLITICAS SOBRE EL ESTADO PRESENTE DE LA MARINA EN LOS REINOS DEL PERU


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5. El ministerio del veedor es, como lo da a entender el mismo nombre, [el] de intervenir en todo lo que entra y sale de los almacenes, para lo cual tiene una llave: [el de] saber los fines en que se distribuyen, y [el de] llevar una individual razón de todo. De modo que viene a ser el que hace cabeza en el arsenal, porque además de la omnímoda intervención, es el primero que recibe las órdenes del virrey, y, en su consecuencia, toma la razón de ellas y manda que se cumplan, con cuya circunstancia se recibe y sale de los almacenes [lo] que se ordena, correspondiendo sus funciones y autoridad a las de los intendentes de departamento.

6. Es del cargo del proveedor general el comprar todos los efectos que se necesitan para los navíos, hacer los ajustes y tenerlos prontos para cuando sean menester. Las órdenes que expide el virrey, después de recibidas por el veedor y tomada la razón por él, y en la Contaduría del Sueldo (que así se nombra la de Marina) pasan al proveedor, que es el que las pone en ejecución, y tiene la segunda llave de los almacenes, como que dentro de ellos se ha de ir poniendo todo lo que se compra para el servicio del rey, o lo que se retira de los navíos cuando se desarman.

7. A los dos antecedentes sigue el pagador general, el cual, por los libramientos que da el proveedor con intervención del veedor, satisface a los sujetos a quienes se les ha comprado alguna cosa. Este pagador recibe de las Cajas Reales las cantidades que libra el virrey, después que se ha tomado razón de ellas por el veedor y por el contador mayor, y después las distribuye en la forma expresada.

8. El tenedor de bastimentos y utensilios toma razón de todo lo que entra y sale en los almacenes, de que tiene la tercera llave, porque hecho cargo de ellos, es responsable en caso de falta.

9. Ultimamente, el contador mayor tiene el cargo de llevar la razón de todos los despachos y órdenes que expiden los virreyes, y de tenerlos archivados para la formalidad de ministerio, y para que conste siempre todo lo que es de cargo y data a los que obtienen los demás empleos; este contador tiene un oficial mayor en quien descarga el peso de su ministerio, que es el que, a imitación de los tenientes que nombran los de otros empleos, asiste al despacho de aquellas oficinas. Los sueldos de los que tienen estos empleos en propiedad son bien crecidos, y proporcionados los de sus tenientes. Además de estos empleos hay un fiel balanzario, cuya obligación es asistir al peso y medida de todo lo que entra y sale en los almacenes; dos ayudantes para las diligencias del servicio del rey que se ofreciesen en el arsenal, y otros empleos de menor consideración, que son correspondientes al manejo de lo que allí se guarda.

10. Ya se ha visto que los que obtienen los tres empleos principales de veedor, proveedor y pagador generales descargan todo lo que les es correspondiente en los tenientes que nombran, y que son éstos los que corren con lo que pertenece a arsenales, porque ellos reciben los utensilios de los navíos cuando se desarman, compran pertrechos y víveres cuando se necesitan para aprestar a los navíos que deben salir a navegar, y hacen la entrega de ellos, disponiéndolo todo con entera libertad; y del mismo modo lo practican cuando están en carena. Y en ésta y en aquéllos no es corto el desorden de su conducta, porque unidos entre sí todos los que manejan estos empleos, se hacen los fraudes con grandísima desenvoltura, propensión muy común en aquellos países, pues como se ha dicho en las sesiones donde se trata de su gobierno y estado presente, es flaqueza a que están sujetos todos los que disfrutan empleos, creyendo que la autoridad les da arbitrio para ello; y no debe mirarse como cosa extraña que concurran en el mismo extravío los ministros de Marina, ni causar escándalo una culpa que se viste con el título de costumbre.

11. Es muy regular en aquel arsenal el desaparecerse, al cabo de seis meses de haberse desarmado un navío, lo que se sacó de él y [se] depositó en los almacenes, particularmente si son cosas nuevas, como jarcias, lonas y otros utensilios, siendo preciso, para volverlos a armar, reponerlo todo, comprándolo todo de nuevo por cuenta del rey. A este respecto se experimentaba lo mismo con los víveres, y unos y otros se despachan disimuladamente entre los particulares dueños de navío, de modo que la mayor parte de los desarmes de los navíos se convertía en beneficio de los que manejaban el arsenal. Las ventas se hacían (aunque se ha dicho que disimuladamente) con tanta publicidad que era testigo de ellas todo El Callao. Lo mismo sucedía con los armamentos, porque así en las compras como en la distribución de jornales de los trabajadores se cometían iguales fraudes, de modo que un armamento costaba sumas muy excesivas. Y con todo esto se hacía tan mal [el apresto], que cuando salían del puerto los navíos empezaban a echar [de] menos lo que se decía que llevaban en abundancia, por ser [éstos] los renglones que embebían las sumas que [teóricamente] se habían librado.

12. El fraude de aquellos arsenales en los armamentos se hacía de dos modos: el uno, en la cantidad, y el otro, en la calidad de los efectos. En la cantidad, aumentando el número de lo que se compraba, y esto era general en víveres, utensilios y jornales; y en cuanto a la calidad, comprando lo peor que se encontraba, y poniéndolo después al precio que tenía el mismo género siendo bueno. Si eran víveres los que se compraban, hacían el perjuicio a las tripulaciones, y siendo pertrechos para carena o para viaje, recaía todo el gravamen que resultaba de la mala compra o del acrecentamiento de la cantidad incierta contra la Real Hacienda y en perjuicio del servicio de S. M., pues las lonas malas y la jarcia de mala calidad no aguantan tanto como la buena; la falta de alquitrán pierde las jarcias, y las que habían de servir dos o tres campañas no pueden aguantar ni una; la falta de respetos, suponiéndose suministrados los regulares sin ser así, precisan a que se compren después en otro puerto y a que se haga segundo desembolso. Y siendo a este modo lo demás, resulta que por precisión serán duplicados los costos de una campaña, y que debiéndose suministrar a los navíos todo aquello que se sabe que es preciso en ellos, según lo ha determinado la práctica, tanto cuanto falta de esto [recaerá] en perjuicio del navío y de su destino, o será forzoso reemplazarlo. Y todo en menoscabo de la Real Hacienda y contra el bien del Estado.

13. No pretendemos dar a entender que sólo en el arsenal del Callao había el desorden, y falta de fidelidad en los que lo tenían a su cargo, pues suele ser éste un achaque de que adolecen también a veces los arsenales de España, y aun los de todas las demás naciones, a lo menos en alguno de los individuos que los componen, porque ninguno hay en donde sus dependientes sean tan uniformes que todos corresponden a las obligaciones de sus ministerios con un mismo desinterés y honor. Pero lo que se puede asegurar del arsenal del Callao, sin reparo, es que la corrupción de los sujetos llegaba ya a tal extremo que todos los que estaban comprendidos en su manejo lo eran igualmente en el fraude, sin distinción de carácter ni de graduación, y que se cometía esto con tanto desahogo que ya no era necesario cautelarse para vender lo que se sustraía de los almacenes, ni buscar pretextos para aprovecharse de todo cuanto les venía a bien.

14. Con el motivo de habérsenos ofrecido la ocasión de mandar navíos en aquella mar, pudimos más bien conocer el punto adonde llegaba el fraude que se cometía en aquellos arsenales, y en dos renglones, que fueron el vino y el aceite, se descubrió que faltaba algo más que el tercio, aunque menos que la mitad de la cantidad, de suerte que lo que le entregaban al maestre por una arroba sólo era poco más de media. Y esto lo practicaban aun en el pleno conocimiento de que no se les disimularía nada, porque desde los principios se les había prevenido que todo había de ir en justicia, pero nada bastó a evitar que hiciesen tentativa en estas dos especies, pareciéndoles que en ellas podría disimularse mejor el hurto, por estar en botijas cerradas; pero con el recelo de que lo pudiera haber, se hicieron abrir en presencia de ellos mismos, y padecieron el bochorno de ser testigos de su extravío y reos convencidos de la falta de legalidad.

15. Los modos o arbitrios de que usaban para hacer el fraude más a su salvo eran de este modo: si era en carena de embarcación, aumentaba el número de oficiales que trabajaban, así de carpintería como de calafatería, y por este medio quedaba a beneficio de cada uno de los sujetos que tenían los arsenales a su cargo, el importe de cuatro o seis jornales, que siendo crecidos allí y continuos ínterin que hay que armar los navíos de guerra, llegan a sumas muy considerables, como se deja comprender. Estas cantidades eran las que se consideraban como seguras o fijas, y a ellas después se agregaban las contingentes o casuales, que consistían en la brea, alquitrán, estopa, hierro y madera que se compraba para el servicio de la embarcación que estaba en carena; en cuyos efectos, la diferencia del precio y la alteración de la cantidad los dejaba una segunda y no poco crecida utilidad.

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