145. En esta isla hay ganado cabrío, el cual, según sentir de algunos, fue puesto allí por los corsarios y piratas que pasaron a aquellos mares antiguamente, para que hiciesen cría y se aumentasen, a fin de hallar carnes, por ser lo único que falta en ella para refrescar una larga navegación; otros son de sentir que son reses que hubo siempre en la isla. De cualquier modo que sea, ellas se han acrecentado, y para extinguirlas, considerando inconveniente de que las hubiese, con orden de los virreyes de Lima, mandaron los presidentes de Chile poner perros que las matasen y [las] fuesen comiendo. Pero no se consiguió el intento, porque siendo los sitios por donde las cabras andan sumamente escarpados y escabrosos, están libres en ellos de la persecución de los cazadores o de la diligencia de los perros, y no hallando éstos ningún recurso en ellas, lo tienen en los lobos marinos, y éstos son su ordinario manjar, sobre lo cual podrá verse lo que decimos en la segunda parte de nuestro viaje, donde hacemos la descripción de la isla.
146. La abundancia de pescados de especies distintas que hay en todas las costas de estas islas, es con extremo; y entre las que más sobresalen por la cantidad tiene su lugar el bacalao, cuya especie sólo se encuentra allí, y no en otra parte de aquellos mares. Su abundancia es tanta que, sin mucho trabajo, se pueden mantener por largo tiempo las tripulaciones de cuatro o cinco navíos sin sustentarse de otra cosa [más] que de la pesca; así lo podemos inferir por lo que experimentamos, ínterin nos mantuvimos fondeados en aquel puerto, a principios del año de 1743. A proporción que el pescado comestible abunda con tanto exceso, no es menos el que hay en los lobos marinos, cuyas especies son tres; de todas ellas están continuamente tan llenas las playas y los peñascos que no es posible el que la gente ande sin que procure primero apartarlos para que dejen algún camino.
147. La isla de Afuera de Juan Fernández, que [es] la que dista más de la costa de Chile por estar al Occidente de la de Tierra cosa de veinticinco leguas, es toda muy alta, y tan escabrosa que no tiene paraje en donde se pueda desembarcar, por cuya razón, y la de no tener puerto alguno, no pasan a ella las embarcaciones enemigas que entran en la mar del Sur.
[DEFENSA DE LOS PUERTOS DEL MAR DEL SUR]
148. Además de todos estos puertos que se han nombrado como principales, y por lo tal se han dado todas sus noticias, hay otros menores adonde también llegan embarcaciones y se hace algún comercio. Pero como sería largo el describirlos todos, y de ninguna importancia para el asunto, nos ha parecido que podemos omitir la prolijidad de sus noticias, contentándonos solamente con decir que a proporción de éstos [dichos] están todos los demás, y que unos y otros son abiertos, y con tal disposición que la mayor parte no puede ser defendida por medio de fortalezas, aunque se quisiera, porque toda la vez que con éstas no se puede guardar la entrada, y que los fondeaderos son iguales en toda la capacidad de las ensenadas, es indiferente para cualquier embarcación enemiga el ponerse en un lugar o en otro, cuando puede conseguir igualmente su fin desde todos. Y así somos de sentir que la defensa principal de aquellas oblaciones que enteramente no pueden estar comprendidas en el recinto de una fortificación proporcionada, consiste en que los vecindarios tengan armas para defenderse y para oponerse a cualquier desembarco cuando los enemigos lo intenten, formando cuerpos formales de milicias en todos los puertos, de cuyas compañías no se exceptúe ningún vecino o forastero que se detenga allí, como se practica en las colonias de Francia y de Inglaterra; de modo que, sin que lo gaste la Real Hacienda y lo padezca el Estado, están defendidos los países con sus mismos habitadores, como si tuvieran tropa reglada, lo cual nace de que estas milicias están en un buen pie, y disciplinadas como la tropa.
149. No nos oponemos por esto a que haya algunas fortalezas en los puertos, porque antes somos de sentir que debe haberlas, y así lo damos a entender hablando de Guayaquil, porque [aun] cuando éstas no sirvan de otra cosa que de tener los habitadores un lugar seguro en donde retirarse para combatir con ventaja, cuando conozcan que sin este recurso son más fuertes que ellos los enemigos, es bastante motivo para que las deba haber. Y para que sean de la mayor utilidad que fuera dable, conviene examinar primero todas las circunstancias necesarias, a fin de que con pocas fortificaciones queden resguardadas las poblaciones, pues el hacer varios fuertes o una fortificación grande para guardar un sitio, es dividir las fuerzas de los defensores y hacerlas más endebles de lo que ellos en sí son, con que se debe evitar su aumento y atender únicamente a que se consiga el fin con el menos costo y obras que sean dables, que es el modo de que subsistan.
PUNTO SEGUNDO
Trátase de los astilleros que hay en las costas del mar del Sur, y con particularidad del de Guayaquil, que es el principal,
donde se fabrican y carenan casi todos los navíos que navegan en aquellos mares
1. Varios son los parajes en las costas del mar del Sur en donde se han fabricado embarcaciones grandes de gavias, pero, como entre todos el que por muchos títulos debe gozar la primacía es el de Guayaquil, así porque la calidad de sus maderas excede con mucho a la de los otros, como porque su abundancia no es comparable a la de otras montañas, daremos principio a nuestra relación tratando de lo que allí, con admirable disposición, depositó la naturaleza, dando, con la comodidad de un apacible río de bastante profundidad, la conveniencia de maderas exquisitas para hacer fábricas que, flotando entre las olas, faciliten el comercio de unas provincias con otras en cuanto se extienden aquellas costas, desde Acapulco, en el reino de Nueva España, hasta Chiloé, que es lo más austral del reino de Chile, dentro de cuyos límites están comprendas todas las navegaciones que se hacen en aquella mar.
2. Hállase el astillero de Guayaquil mil toesas al Sur de la ciudad, que viene a ser siguiendo el curso del río hacia abajo. Y como el río tiene agua suficiente por aquella parte, y es espacioso el ámbito de la orilla que goza esta comodidad, se construyen a un mismo tiempo varios navíos sin estorbarse los unos a los otros. Este astillero es la cosa [más] digna de estimación que tiene aquel río, entre las muchas que lo hacen apreciable, porque además de las conveniencias que allí se logran para la fábrica, hay las de la madera, cuya abundancia y calidades no se encuentran, no sólo en otro algún país de aquella América, pero ni en algunos otros de los que reconocen sujeción a los reyes de España, ni de los que son dependientes de otros monarcas, como se [verá] por lo que se irá diciendo tocante a este asunto.
3. Es tanta la abundancia de las maderas, que la mayor parte del país que corresponde a la jurisdicción de Guayaquil, siendo bien espacioso, se compone de espesos bosques donde el mayor costo [para obtener madera] es el que se ocasiona en los peones que la cortan y desbastan para bajarla a Guayaquil; y así, el que quiere fabricar allí, hace que con tiempo se corte la madera que necesita para emprender su obra. A la mucha abundancia se agrega la comodidad para su conducción, que se hace por el río con el auxilio de los esteros o caños que se comunican con él e internan en las tierras, por las cuales se introducen largas distancias, muy cómodas y llanas.
4. Las principales especies de maderas de que allí se sirven para la construcción de los navíos, son: guachapeli, roble, amarillo, maría, canelo, mangle, bálsamo y laurel. Todas estas maderas, que son distintas entre sí por sus cualidades, se emplean en la fábrica de navíos, aprovechando las de cada especie en aquellos fines para que son más a propósito.
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