108. La entrada principal de la bahía tiene treinta brazas de agua, y, a proporción que se entra, se va disminuyendo hasta el medio de ella, en que sólo hay doce brazas, once y diez, y ésta se conserva hasta cosa de una milla distante de la playa que hace frente a la entrada. La otra entrada, aunque parece tan escabrosa que casi hace increíble el que se pueda entrar por ella, tiene canal que empieza por treinta brazas a un cuarto de legua distante de la punta de Talcaguano, y después sigue por veinticinco, veinticuatro y once brazas en toda ella, hasta estar dentro de la bahía. Este canal está a medio fredo de la que hacen las dos tierras, e igualmente a la mitad de la distancia que dejan los escollos que salen de la de Talcaguano, y se avanzan hacia La Quiriquina, casi un cuarto de legua entre sí y esta isla. Algunos años atrás, hallándose un navío del Perú corriendo con un fuerte temporal de Norte sobre este puerto, y propasado ya de la entrada regular de la bahía, viéndose perdido, se aventuró a entrar por esta boca con ánimo de hacer menos sensible la desgracia si lograba varar en algún paraje de La Quiriquina, en donde pudiese escapar la gente, a cuya parte se aplicó porque no vio en ella los escollos que en la de Talcaguano; y sin saber que hubiese canal de bastante agua para su embarcación, antes bien, creyendo que todo era escollos y bajos por ser así el común sentir de los demás pilotos, se dejó ir, y fue entrando insensiblemente hasta que se halló en el puerto de Talcaguano, lo cual se atribuyó entonces a milagro, porque ninguno se persuadía que pudiese haber entrada por allí, y siempre han estado en esta falsa credulidad por defecto de su especulación, y no haberse dedicado a averiguar el modo con que pudo entrar aquel navío sin peligrar en las piedras que registra la vista, y [que] a larga distancia la empeñan, [haciendo] parecer que cierran el paso.
109. Aunque se puede dar fondo en cualquier parte de esta bahía, porque es limpia, y de buen tenedero, que es todo él de lama, hay en ella tres puertos que son los más proporcionados para este fin; el uno, llamado Puerto Tomé, está al Esueste de la punta del Norte de la Quiriquina, contra la costa de la tierra firme, donde, distantes de ella como media legua, se da fondo en doce brazas de agua; pero este puerto sólo sirve para fondear de noche, hasta que el día dé lugar a que, bordeando, se gane alguno de los puertos restantes.
110. El puerto principal de toda la bahía, que es el de Talcaguano, es una ensenada, la cual corresponde al Sursudeste de la punta del Sur de La Quiriquina, y en ésta es donde dan fondo todos los navíos, y pueden estar con seguridad, porque el tenedero es bueno, y hay algún abrigo para los Nortes, lo que no sucede en el puerto de Cerrillo Verde, inmediato a La Concepción, porque en él están los navíos descubiertos enteramente a los Nortes, y aun a los Sures, a causa de que, siendo la tierra baja, pasan los vientos por encima de ella con toda libertad, a que se agrega que, siendo el fondo de lama suelta, garrean los navíos muchas veces, y así están expuestos al peligro de perderse en la costa. Por cuyos inconvenientes es poco frecuentado aquel puerto, yendo solamente a él en el rigor del verano, cuando no hay peligro de Nortes, y lo ejecutan los navíos marchantes cuando quieren cargar, porque están más a mano para ello, y se detienen poco tiempo.
111. Además de estos puertos que están dentro de la bahía de La Concepción, hay fuera de ella otro, que corresponde al Sudoeste del de Talcaguano, y se nombra San Vicente, y dista de aquél poco más de una milla, que es la distancia que tiene la tierra que los separa. Su entrada es bien conocida por los dos cerros que nombran las Tetas de Biobío, al Norte de las cuales está el puerto, entre ellos y la tierra alta de Talcaguano. Este puerto, que forma una figura circular cuya boca corresponde al Oeste, tiene de diámetro una legua, cuya distancia es igual por todas partes, y dentro de él están las embarcaciones al abrigo de los Nortes, fondeando cerca de la playa del Norte y arrimadas contra la tierra alta de Talcaguano, la cual los resguarda de la fuerza de ellos. Allí pueden invernar navíos y carenar, siendo tanta su comodidad que ha facilitado la de que se fabrique uno o dos navíos con maderas cortadas en aquellos montes de La Concepción y de Talcaguano; pero padece la incomodidad de no tener agua dulce y ser preciso el conducirla de Talcaguano.
112. La bahía de La Concepción tiene dos ríos que desaguan en ella; el uno es [el] de La Concepción, que atraviesa la ciudad, y el otro el de San Pedro. Los navíos que dan fondo en Cerrillo Verde hacen la aguada en la ciudad, pero todos los que se mantienen en Talcaguano se sirven de varios arroyos que bajan de las mismas alturas de Talcaguano, y en ellos hacen su provisión, porque es muy buena.
113. Este puerto es de los más cómodos que se pueden imaginar para navíos de guerra, porque además de la buena aguada logran en él la abundancia de leña y de buena calidad; los víveres muy buenos y baratos, mediante que una vaca cebada, que casi no puede comerse su carne de gorda, cuesta cuatro pesos y a veces menos; una ternera, también cebada, un peso, o diez reales cuando más, moneda del Perú, a cuyo respecto son los precios de todo lo demás. Es muy proveído de toda suerte de víveres y verduras, pescados y de marisco. Tiene maderas bastantes para poder carenar, aunque no de la calidad de las de Guayaquil, y si tuviera el abrigo necesario contra los Nortes sería muy propio para que en tiempo de guerra invernasen allí los navíos que estuviesen haciendo el corso en aquellas costas.
114. Todo el territorio de Talcaguano, hasta la punta del mismo nombre, pertenece a un sujeto principal de La Concepción, y éste, como dueño del país, lo es de la granjería que causen las carnes que consumen los navíos que están en aquel puerto, porque no permite que por sus tierras pueda pasar ninguno otro con ganados para el puerto y con este motivo tiene reservado en sí el derecho de proveer a los navíos de estos víveres; pero no por esto son más caros los que se compran de lo que queda dicho, y pudieran ser mucho más baratas las reses si tuvieran libertad todos los dueños de ganados de vender a los navíos las que tienen en sus hatos.
115. Los navíos que intentan entrar en la bahía de La Concepción procuran recalar en la isla de Santa María; después que la tienen reconocida, la costean haciendo resguardo a una laja que se aparta de la punta del Norte de la isla hacia el Noroeste tres leguas, la cual no se descubre en pleamar, ni hay reventazón en ella cuando la mar está bonancible, pero en bajamar se descubre, y estando la mar hinchada, revienta en ella. Entre ésta y la isla de Santa María, a la mitad de la distancia, hay un mogote, todo él escarpado y guarnecido en su circunferencia de peñascos a flor de agua, donde hace reventazón la mar. Por el espacio que deja este mogote entre sí y la laja, que es corta diferencia de legua y media, puede pasar cualquier navío, pues tiene de agua el canal cincuenta y sesenta brazas; pero lo regular es pasar por fuera, por evitar el peligro cuando no hay necesidad de exponerse a él, y haciendo el resguardo suficiente a la laja, se sigue el camino a una proporcionada distancia de la costa, guardándose únicamente de las peñas y arrecifes que se vieren contra ella, porque no hay otra cosa de peligro.
116. De la punta de Talcaguano, a cuyo sitio se dirige la derrota desde la isla de Santa María en adelante, sale al mar, como media legua apartado de ella, un mogote pequeño que llaman [Quiebra Ollas], el cual está guarnecido de arrecifes que conviene evitar haciéndoles algún resguardo, como será el pasar como a la distancia de un cable apartados del mogote. De éste se dirige el camino directamente a la punta del Norte de la Quiriquina, de donde se alargan a la mar dos mogotes, y el que más dista de tierra está como un cuarto de legua de ella; yo pasé tan cerca de ellos que se puede tirar desde el navío una piedra, y se ven muy cubiertos de lobos marinos; no hay peligro en acercarse a ellos, porque en su pie hay mucho fondo, y conviene hacerlo así para no perder barlovento. Después de haberlos montado se prosigue navegando lo más [cerca] que es posible de la isla, y se van costeando otras piedras que hay contiguas a ella.
117. Como regularmente se suele entrar bordeando en esta bahía, no obstante el que toda ella es limpia y de bastante fondo, conviene acercarse mucho a la isla de la Quiriquina, porque tanto cuanto es fondable por la parte del Noroeste y Norte, es de poca agua la del Este y punta del Sur, y de ésta en particular sale un bajo al cual se debe hacer resguardo.
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