pueblo vencedor.
La revolución que acaba de triunfar, iniciada en Chihuahua por el invicto caudillo de la democracia C. Francisco I. Madero, que nosotros apoyamos con las armas en la mano lo mismo que el país entero, ha tenido por lema Sufragio efectivo. No reelección, ha tratado de imponer la justicia basada en la ley, pro-curando el restablecimiento de nuestros derechos y libertades conculcadas por nuestros opresores del círculo porfiriano, que en su acalorada fantasía aún conspiran por sus antiguos privilegios, por sus comedias y escamoteos electo-rales, por sus violaciones flagrantes de la ley. En los momentos de llevarse a cabo las elecciones para diputados a la legislatura del Estado, los enemigos de nuestras libertades, intrigando de una manera oprobiosa, me calumniaron a mí y al Ejército Libertador que representa nuestra causa, al grado de haberse mandado tropas federales a licenciarnos por la fuerza, porque los señores científicos así lo pidieron, para desarmarnos o exterminarnos en caso necesa-rio, a fin de lograr los fines que persiguen en contra de nuestras libertades e insituciones democráticas.
Un conflicto sangriento estuvo a punto de realizarse: nosotros, yo y mi ejército, pedimos el retiro de las fuerzas federales, por ser una amenaza para la paz pública y para nuestra soberanía, e hicimos una petición justa al Supremo Gobierno y al señor Madero que la prensa recta y juiciosa de la capital de la
República, comentó con su pluma en sabios conceptos en nuestro favor. Los científicos, como canes rabiosos, profirieron contra nosotros, vomitando inju-rias y calumnias, calificándonos de bandidos, de rebeldes al Supremo Gobier-no, cosa que ha sido desmentida por la opinión pública y por nuestra actitud pacífica y leal al Supremo Gobierno y al señor Madero. Los enemigos de la pa-tria y de las libertades de los pueblos, siempre han llamado bandidos a los que se sacrifican por las causas nobles. Así llamaron bandidos a Hidalgo, a Alva-rez, a Juárez, y al mismo Madero, que es la encarnación sublime de la demo-cracia y de las libertades del pueblo mexicano, y que ha sido el derrocador más formidable de la tiranía, que la patria saluda con himnos de gloria. El Je-fe de la Revolución, don Francisco I. Madero vino a Cuautla y entre delegados de pueblos y jefes de mi ejército se convino, en bien de los principios que hemos defendido y de la paz de nuestro Estado, en lo siguiente:
1° Licenciamiento de Ejército Libertador.
2° Que a la vez que se licenciaba al Ejército Libertador, se retirarían las fuer-zas federales del Estado;
3° Que la seguridad pública del Estado quedaría a cargo de fuerzas insurgen-tes de los Estados de Veracruz e Hidalgo;
4° Que el gobernador provisional de nuestro Estado sería el ingeniero Eduardo Hay;
5° Que el Jefe de las armas sería el Teniente Coronel Raúl Madero;
6° Que el sufragio de las próximas elecciones sería efectivo, sin amenazas y sin presión de bayonetas, y;
7° Que los jefes del Ejército Libertador tendrían toda clase de garantías para ponerse a cubierto de calumnias.
Estas fueron las promesas y convenios establecidos entre nosotros y el Jefe de la Revolución don Francisco I. Madero, quien expresó estar autorizado por el Supremo Gobierno para llevar a la vía de la realidad lo antes convenido. Si desgraciadamente no se cumple lo pactado, vosotros juzgaréis; nosotros tene-mos la fe en nuestra causa y confianza en el señor Madero; nuestra lealtad con él, con la patria y con el Supremo Gobierno ha sido inmensa, pues mis mayores deseos, lo mismo que los de mi ejército, son y han sido todo por el pueblo de Morelos, teniendo por base la justicia y la ley.
Villa de Ayala, agosto 27 de 1911
El General, Emiliano Zapata
Plan de Ayala
Plan libertador de los hijos del Estado de Morelos, afiliados al Ejército Insur-gente que defiende el cumplimiento del Plan de San Luis Potosí, con las refor-mas que ha creido conveniente aumentar em beneficio de la patria mexicana.
Los que suscribimos, constituidos en Junta revolucionaria, para sostener y llevar a cabo las promesas que hizo la revolución del 20 de noviembre de 1910, próximo pasado, declaramos solemnemente ante la faz del mundo civili-zado que nos juzga y ante la nación a que pertenecemos y amamos, los propó-sitos que hemos formulado para acabar con la tiranía que nos oprime y redi-mir a la patria de las dictaduras que se nos imponen, las cuales quedan de-terminadas en el siguiente plan:
1° Teniendo en consideración que el pueblo mexicano acaudillado por don Francisco I. Madero fue a derramar su sangre para reconquistar sus libertades y reivindicar sus derechos conculcados, y no para que un hombre se adueñara del poder, violando los sagrados principios que juró defender bajo el lema de Sufragio efectivo. No reelección, ultrajando así la fe, la causa, la justicia y las libertades del pueblo; teniendo en consideración que ese hombre a que nos referimos es don Francisco I. Madero, el mismo que inició la precipitada revo-lución, el cual impuso por norma su voluntad e influencia al gobierno provi-sional del ex-presidente de la República, licenciado don Francisco León de la Barra, por haberlo aclamado el pueblo su libertador, causando con este hecho reiterados derramamientos de sangre y multiplicadas desgracias a la patria de una manera solapada y ridícula, no teniendo otras miras que el satisfacer sus ambiciones personales, sus desmedidos instintos de tirano y su profundo des-acato al cumplimiento de las leyes preexistentes, emanadas del inmortal Códi-go de 57, escrito con la sangre de los revolucionarios de Ayutla.
Teniendo en consideración que el llamado Jefe de la Revolución Libertadora de México, don Francisco I. Madero, no llevó a felíz término la revolución que tan gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo, puesto que dejó en pie la mayoría de los poderes gubernativos y elementos corruptos de opresión del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz que no son ni pueden ser en manera algu-na la legítima representación de la Soberanía nacional, y que, por ser acérri-mos adversarios nuestros y de los principios que hasta hoy defendemos, están provocando el malestar del país y abriendo nuevas heridas al seno de la patria para darle a beber su propia sangre.
Teniendo en consideración que el supradicho señor Francisco I. Madero, ac-tual presidente de la República, trata de eludir el cumplimiento de las prome-sas que hizo a la nación en el Plan de San Luis Potosí, ciñiendo las precipita-das promesas a los Convenios de Ciudad Juárez, ya nulificando, encarcelan-do, persiguiendo o matando a los elementos revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de presidente de la República por medio de sus fal-sas promesas y numerosas intrigas a la nación.
Teniendo en consideración que el tantas veces repetido don Francisco I. Made-ro ha tratado de acallar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre a los pueblos que le piden, solicitan o exigen el cumplimiento de sus promesas a la revolución, llamándoles bandidos y rebeldes, condenándolos a
una guerra de exterminio sin concederles ni otorgarles ninguna de las garantí-as que prescriben la razón, la justicia y la ley.
Teniendo en consideración que el presidente de la República, señor don Fran-cisco I. Madero ha hecho del sufragio efectivo una sangrienta burla al pueblo, ya imponiendo contra la voluntad del mismo pueblo en la vicepresidencia de la República al licenciado José María Pino Suárez, ya a los gobernadores de los Estados designados por él, como el llamado General Anbrocio Figueroa, verdu-go y tirano del pueblo de Morelos, ya entrando en contubernio escandaloso con el Partido Científico, hacendados feudales y caciques opresores enemigos de la revolución proclamada por él, a fin de forjar nuevas cadenas y de seguir el molde de una nueva dictadura más oprobiosa y más terrible que la de Porfi-rio Díaz, pues ha sido claro y patente que ha ultrajado la soberanía de los Es-tados, conculcando las leyes sin ningún respeto a las vidas e intereses, como ha sucedido en el Estado de Morelos y otros, conduciéndonos a la más horro-rosa anarquía que registra la historia contemporánea.
Por esas consideraciones declaramos al susodicho Francisco I. Madero, inepto para realizar las promesas de la revolución de que fue autor, por haber trai-cionado los principios con los cuales burló la fe del pueblo y pudo escalar el poder; incapaz para gobernar por no tener ningún respeto a la ley y a la justi-cia de los pueblos y traidor a la patria por estar humillando a sangre y fuego a los mexicanos que desean sus libertades, por complacer a los científicos, hacendados y caciques que nos esclavizan, y desde luego hoy comenzamos a continuar la revolución principiada por él, hasta conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen.
2° Se desconoce como Jefe de la Revolución al C. Francisco I. Madero y como presidente de la República, por las razones que antes se expresan, procurán-dose el derrocamiento de este funcionario.
3° Se reconoce como Jefe de la Revolución Libertadora, al ilustre General Pas-cual Orozco, segundo del caudillo don Francisco I. Madero, y en caso de que no acepte este delicado puesto, se reconocerá, como Jefe de la Revolución al C. General Emilian
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