;
pero volviéndola el rostro,
si hoy a la sombra la dejas,
arderá como razón
la que encendió como queja.
REY La valona.
DOÑA LEONOR ¡Que esto sufro!
¡Que esto los cielos consientan!
¡No basta una tiranía,
sino también una ofensa!
¿Este es amor, o es recelo?
¿Es despego, o es violencia?
¿Es cuidado, o es temor?
Si celos, ¿qué te recelas?
Oye este ejemplo, Señor,
y aviso a tus ojos sea
para que con mi lealtad
se asegure tu grandeza.
La rosa, joya del prado,
a quien el alba alimenta,
y sumiller de sí misma
se recoge y se desprecia,
bello maridaje hacía
con el jazmín en la selva:
velos de plata gozaba,
que ella en púrpura conserva,
llegó mano poderosa
y sacó la raíz mesma
de la rosa, y en el prado
junto al clavel la conserva,
que como rey de las flores
despreciaba las violetas.
Cuando la rosa arrancaron,
con llanto de coral vieras,
que amante sintió rigores,
que antes adoraba tierna.
Pero viendo que es su esposo
el clavel, y que, en fin, reina,
segunda vez enrojece
su púrpura macilenta;
olvida al jazmín su esposo,
al clavel su rey aprueba,
que a veces vence el poder
lo que el amor no pudiera;
y así…
REY Ya estás entendida:
el ferreruelo.
(Pónese el ferreruelo, y salen JUAN y BARRETO.)
BARRETO ¿Así te entras
sin hablar una palabra
hasta el cuarto de su alteza?
¿Qué intentas hacer?
JUAN Pedirle
para partirme licencia
a Castilla, donde intento
que Portugal todo sepa,
que diga… ¡Qué torpe estoy!
Es el dolor y la pena
escalón desconcertado
donde tropieza la lengua.
Tú, Barreto, vete a casa.
BARRETO Tu precepto es mi obediencia. (Vase.)
DOÑA LEONOR En fin, Señor, ¿qué a mi voz
atajas desta manera?
¿Al desprecio te consientes,
cuando yo soy roca opuesta
a un amor, que ya olvidado,
olas de llamas le inquietan?
¡Vive el cielo cristalino,
bello espejo de la tierra,
que a mi venganza mi voz
ha de ser mi espada mesma!
Rey, señor, esposo, amante,
dueño, luz…
JUAN ¡Oh pena fiera!
¡No me bastaba saberlo,
sino que a escucharlo venga!
¡Oh pésele a mi dolor!
¡Oh mi cuidado lo sienta!
El uno en coral lo llore
y otro en valor lo divierta.
DOÑA LEONOR ¿A mi voz no te enterneces,
que como a mi propia lengua,
áspid del cuerpo no muerde
el abrigo de sus venas;
cual tronco a los verdes lazos
de la cariñosa hiedra,
que en vez de blandos halagos,
le sacudió la corteza?
¿No me respondes, en fin?
Pues óyeme esta indecencia,
por mi honor sólo te llamo,
no lo hago porque me quieras,
cruel, tirano poderoso,
ingrato, desleal.
JUAN ¡Qué ofensa!
DOÑA LEONOR Monstruo que ha abortado el odio,
padre que hizo la violencia.
REY Dame el espejo.
(Toma el espejo JUAN, y llévasele al REY; túrbase este y DOÑA LEONOR.)
JUAN Aquí tienes
el espejo, donde puedas
mirar tu propio semblante;
mas con esta diferencia,
que aunque le queda el acero,
perdió su virtud secreta,
porque se empañó el cristal
con el borrón de la afrenta.
REY ¿Aquí estabais?
JUAN Sí, Señor:
vengo a pedirte licencia
para partirme a Castilla,
porque no quiero que tengas
siempre delante de ti
quien con la vista te ofenda.
REY ¡Antes me he holgado de veros,
que esta noche os vi en mi idea
muerta imagen de la vida,
vivo cuerpo en sombra muerta!
De vuestra vida me alegro,
debedme aquesta fineza.
JUAN No os engañasteis, Señor,
ni fue fantasía vuestra:
murió mi honor a las manos
de vuestra propia violencia;
él es alma de la vida
y quedó el cuerpo sin ella,
pues como murió el honor
que el cuerpo y vida alimenta,
lo que era luz de la vida
es ya sombra de la idea.
REY Basta ya, que, vive Dios,
que al que intente…
(Empuña EL REY la daga, y va tras él.)
DONA LEONOR Vuestra alteza…
REY Hacer misterios de honor
los blasones que le esperan
que con mi acero…
DOÑA LEONOR Tened.
(Detiene LEONOR al REY, y JUAN se retira poco a poco.)
REY Su propio ministro sea.
Y vos quién sois para que…
JUAN Yo, Señor, hechura vuestra.
REY ¡Ay del tiempo en que los reyes
a tan mal estado llegan
que no escuchan lo que escuchan!
¡Oh cielos, y quien pudiera
no ser el mismo que soy,
siendo el mismo que quisiera!
DOÑA LEONOR Yo soy doña Leonor Téllez…
JUAN Y yo soy quien en la guerra…
REY Venid, venid. (Vase.)
VASCO ¡Qué impiedad!
DOÑA LEONOR Cuya heredada nobleza…
JUAN Os ha dado más victorias…
DOÑA LEONOR Yo a Portugal más grandeza…
JUAN Pero si faltan oídos,
¿Adonde aspiran las quejas?
DOÑA LEONOR ¡Que esto sufra mi dolor!
JUAN ¡Que el cielo no se enternezca!
DOÑA LEONOR Vasallo (¡qué mal he dicho!),
esposo (¡qué voz tan tierna!),
Señor (¡qué poco cariño!),
mi dueño (¡detente, ofensa!),
no acierto a hablarle vasallo,
ni sé corregirme reina;
pero entre afectos tan grandes
del honor y la terneza,
me llevo más del amor,
y divertida la lengua,
como sabe aquel camino,
el otro que gusta deja.
JUAN ¡Ay de mí, que llego a tiempo
en que es mi blasón ofensa!
¡Que esté mirando a mi esposa,
y con ser mi esposa mesma
en decirla mis cuidados
al que me ha ofendido ofenda;
y que en él sea pundonor
tiranizarme mi prenda,
y en mí, que la adoro amante,
sea declararme bajeza!
¡Oh leyes instituidas
contra la naturaleza!
¡Que reyes humanos pongan
leyes a las almas nuestras,
cuando aun Dios no las castiga
hasta que los cuerpos dejan!
DOÑA LEONOR Salga a mi labio la voz.
JUAN Reprimamos esta pena.
DOÑA LEONOR Sean mis propios impulsos
descargo de mi inocencia,
y del proceso del alma
sea el relator la lengua.
JUAN ¡Que ya no tenga remedio
esta pérdida, esta fuerza,
pues ya en las leyes de honor
admitirla es más afrenta,
y en los de mi voluntad
será mi muerte perderla!
DOÑA LEONOR (Ap. Con él he de hablar ahora,
mi disculpa en mí se advierta:
como que me quejo al Rey,
le he de declarar mis quejas.)
(Habla mirando al vestuario, como que se lo dice al REY.)
Rey, si mi llanto no escuchas,
no me niegues las orejas,
que son las puertas mejores
por donde se entra a la enmienda:
bien sabes que resistí
como amante esta violencia,
porque no reina en los cuerpos
quien en las almas no reina.
¿Que cetro como el contento?
Si es el amor quien gobierna
el arco de las bonanzas,
tiró al corazón su flecha;
yo he querido a Juan Lorenzo,
tú me haces que no le quiera,
por ser reina me reprimo,
no le hablo, porque soy reina.
¡Juan Lorenzo, Juan Lorenzo!
JUAN ¿Qué me manda vuestra alteza?
DOÑA LEONOR No hablaba con vos ahora.
(Ap. Tente, amor, que me despeñas)
JUAN (Ap. Tente, ofensa, que me matas:
satisfacción, ¡qué aprovechas!
¡que he de callar y sentir!)
El Rey se salió allá fuera.
DOÑA LEONOR Pues si él se fue, yo me voy.
(Ap. ¡Oh cielos, y quién pudiera
no hablarle como quien soy
y amarle como quien era!)
JUAN (Ap.) ¡Quién pudiera, oh pena mía,
si no es más de una mi pena,
que esta ofensa, si la hablara,
hacer que no fuera ofensa!
DOÑA LEONOR (Ap.) Pero aquí de mi valor.
JUAN (Ap.) Ahora de mi nobleza:
aunque el Rey la repudiara,
no era posible quererla.
DOÑA LEONOR (Ap.) Ya, aunque me olvidara el Rey,
no era bien que él me quisiera.
JUAN (Ap.) Pues a llorar, sentimientos.
DOÑA LEONOR (Ap.) Lágrimas, a tierra, a tierra:
centro hay para los dolores.
JUAN (Ap.) Muerte hay para las violencias.
DOÑA LEONOR (Ap.) Que, en fin, perdí… No lo digo.
JUAN (Ap.) En fin, yo lloro… es bajeza.
DOÑA LEONOR (Ap.) ¡Que otro esposo tengo en vida
JUAN (Ap.) ¡Que sin su muerte la pierda!
DOÑA LEONOR (Ap.) ¡Que, en fin, le he perdido ya!
JUAN (Ap.) ¡Que, en fin, es fuerza perderla!
DOÑA LEONOR Quedaos con Dios, Juan Lorenzo.
(Vase DOÑA LEONOR.)
JUAN Guarde el cielo a vuestra alteza. (Vase.)
(Sale BARRETO.)
BARRETO Cierto, que soy desdichado,
mas soy, criado, en efeto:
¡Que siendo yo tan discreto
sirva a un amo tan menguado!
Señores, no puedo ver,
aunque la estime y adore,
que haya marido que llore
porque perdió a su mujer;
y no, que con la congoja,
portugués de más valor,
derretido de su amor
lágrimas de sebo arroja.
Mas si conmigo lo hicieran,
llorara, aunque me agraviaran,
no que a mí me la quitaran,
sino que a mí me la dieran.
Yo confieso nu pecado:
si adoro a una dama bella,
quisiera parlar con ella
en la punta de un tejado;
pues en vez de su trabajo
la pagara mi interés
con arrojarla después
desde el caballete abajo.
Señores, hablemos claro
(esto quisiera saber)
¿Hay quien quiera a su mujer?
Que será raro, y muy raro.
Señoras, respuesta pido
a todos los pareceres,
con haber tqntas mujeres
¿Hay quien quiera a su marido?
El marido a la mujer,
bien que viven disfrazados,
-
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