Skip to content

Луис Велес де Гевара. А ведь обида - яд. Luis Vélez de Guevara. También la afrenta es veneno


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (17 votes, average: 3.06 out of 5)
Loading ... Loading ...



Si sombra, ¿cómo tan vivo?
Retóricamente mudo
examinas mis delitos;
pregúntame con palabras,
no me hables con suspiros.
Esta noche vivo estabas
y va cadáver te miro;
ayer eras tú tu ejemplo,
y hoy eres ejemplo mío.
¿La mano derecha alargas,
cuando yo la espada vibro?
Dígame tu voz primero
si es lealtad o es sacrificio.
¿También la afrenta es veneno
decís, airado conmigo?
Pues no lo será la afrenta;
mi acero será el castigo
hoy a su impulso… ¿qué es esto?
(Tira cuchilladas al aire, y quédase como turbado.)
Bronce helado me corrijo,
apenas puedo moverme.
Juan Lorenzo (¡estoy perdido!)
Vasallos… (No he de llamarlos.)
Espera (¡Mortal me indigno!),
aguarda.
(Al irse a entrar el Rey, sale por la misma parte VASCO DE ALMEIDA, y le detiene.)
VASCO Señor, ¿qué es esto?
¿Vos, Señor, tan vengativo?
¿Contra quién vuestra pasión
indigna el acero limpio?
¿Contra quién estáis airado
que no se rinde vencido?
¿Y cómo ya vuestro acero
no está en rojo coral tinto?
Porque no ha de verse en blanco
el acero de un rey vivo,
o la vaina ha de ocultarlo
o la sangre ha de teñirlo;
¿Vos a estas horas en pie?
REY ¿Habéis visto…
VASCO A nadie he visto.
REY A Juan Lorenzo de Acuña,
que muerto, pálido y frío,
con la mano por espada,
y con la razón por filo,
salió por esa antesala?
VASCO Que es ilusión averiguo,
porque yo en su propia casa
lo dejé anoche.
REY Ha podido
tanto mi injusticia en mí,
que ella propia me ha vestido,
viendo que desnudo estaba,
del color de mi delito.
VASCO Señor, decidme el suceso,
que me hallo tan indeciso…
REY Que, ¿no es verdad?
VASCO Que soy yo
la enigma de este prodigio.
REY Estadme, don Vasco, atento.
VASCO Decid, rey Fernando.
REY Digo.
Iba a descansar el sol
en el lecho cristalino,
y le mulleron sirenas
los transportines de vidrio,
cuando con doña Leonor
el tálamo solicito,
y a sus desdenes constantes
llamé con blandos cariños.
Apenas en mi retrete
con mi esposa me retiro
(si de quien es rey cruel
el nombre de esposo es digno),
cuando por sus bellos ojos
desangrados hilo a hilo,
dos arroyos desatados
salieron tan encendidos,
que abrasaban sus mejillas;
pero a poco espacio miro
que aunque reventaron fuego
se quejaron en granizo.
Vencí, sin vencerla, en fin,
el alma de su albedrío;
mas no busca conveniencias
quien quiere por apetito.
Pero prosiguiendo el llanto,
sin saber que ella lo dijo,
oigo, siendo yo su esposo:
«¡Ay don Juan de Acuña mío!»
Yo, viendo que es ya mi esposa,
la venganza solicito,
al repudio me propongo,
la excepción del Rey publico,
descasarme otra vez quiero,
volverla a su dueño admito;
sentilo como señor,
llorélo como ofendido,
véngome como cruel,
y como noble me indigno.
Conoció Leonor sus yerros
y que habló lo que no quiso;
mas como escribió el dolor
en su corazón divino
su amor con pluma de agravio
y tinta de color tibio.
Como estaba abierto entonces
el papel de sus delitos,
leyeron la lengua y ojos
lo que el dolor había escrito.
Pensaba yo en repudiarla,
el blando lecho despido,
cuando volviendo los ojos
hacia esa otra , miro
a Juan Lorenzo de Acuña,
el rostro sin color vivo,
todo sombra, asombro todo,
el enigma de sí mismo.
La mano siniestra puso
sobre el acero bruñido
y la diestra me alargaba,
u de obediente u de altivo;
mas neutral mi confusión,
como miro a un tiempo mismo
en clausura de una funda
tapiado el acero limpio,
y que su mano derecha
era su mismo castigo,
lo mismo que me indignaba
aquello me satisfizo.
Con todo, aunque tan leal,
como sombra le distingo,
mi espada encargo a mi brazo,
cólera y valor irrito,
con palabras le provoco,
con el acero le obligo;
y sólo dio a mis enojos
la respuesta por delito,
también la afrenta es veneno.
Más me enoja, más le sigo,
él se aparta, yo me templo,
y a este tiempo el cielo quiso
que a tu espada me suspendo
y a tu razón me apaciguo.
Leonor no ha de ser mi esposa,
aunque es mi esposa, que he visto,
que el amor que fue primero,
arde en las cenizas tibio;
yo no he de vivir celoso
aunque viva mal querido:
los celos son para amantes,
pero no para maridos.
Hoy a su primer esposo
reducirla determino.
Del imperio he de valerme,
puesto que ofensa no ha sido
que la goce como esposo
quien la dejó como indigno;
así admitiré a la Infanta,
evitaré los peligros
que amenazan a mi imperio
por ser con razón precisos;
corregirá mi recato
lo que supo errar el vicio,
borraré aquesta ilusión
que confunde mis sentidos:
deberé a su celo premios,
a su efecto beneficios.
Esto es lo que me ha pasado,
esto lo que determino;
esto ha de ser, vive Dios,
esto en mi reino publico.
Vos sois quien ha de ayudarlo,
de solo vos me confío,
ya habéis sido mi maestro,
ahora os negocio amigo.
VASCO Con lágrimas de amor siento
(¡Oh Rey, invicto señor!)
que vendáis por pundonor
lo que es aborrecimiento.
Con nombre de esposo veo
que habéis gozado a Leonor:
cansado se ha vuestro amor,
no era amor, era deseo;
y hoy conoce mi verdad,
que con fingidos desvelos
achacáis a vuestros celos
lo que erró vuestra crueldad.
Leonor fue esposa la también
de Juan Lorenzo, Señor:
si era discreta Leonor,
¿no había de quererle bien?
Y ya, en caso semejante
conozco vuestro despego,
que si amor estuvo ciego
no pudo estar ignorante;
y pues visteis la pasión
de dos almas siempre unidas,
¿por qué han de pagar dos vidas
lo que erró una sinrazón?
REY En fin, repudiarla quiero
y otra vez la ha de llevar.
VASCO Si le queréis castigar
mejor es con vuestro acero:
ved que ira tan sangrienta
dais al rigor más rigor:
basta una ofensa, Señor,
sin que la hagáis otra afrenta.
REY Si porque mi intento os muestro
tan contra mi gusto os hallo…
VASCO Aunque soy vuestro vasallo,
he sido vuestro maestro.
REY Ahora no se ha mostrado.
VASCO Decís bien, que entre los dos,
nadie juzgará, por Dios,
que soy quien os ha enseñado.
Copia el discipulo es fiel
del maestro que ha tenido:
¡Qué distintos hemos sido!
Yo piadoso, y vos cruel.
REY Cruel mi padre vivió,
su fama lo contará
así: ¿qué mucho será,
que imite sus pasos yo?
VASCO Aunque cruel vino a ser
(esto se ha de reparar),
fuelo para castigar,
mas no para cometer.
REY Padezca, o sufra rigores,
que he de volvérsela digo.
VASCO Y yo, como vuestro amigo,
lloraré vuestros errores.
REY ¡Qué cansado!
VASCO Soy leal.
REY Vasco, dejadme.
VASCO Ya os dejo.
REY ¡Qué de consejos!
VASCO Soy viejo.
REY Y muy viejo.
VASCO Estoy mortal.
REY ¡Hola!
(Sale DON CLAUDIO.)
DON CLAUDIO Señor, ¿qué me ordenas?
REY Dadme luego de vestir.
VASCO Dejadme, penas, sentir.
REY No estorbéis mis glorias, penas.
DON CLAUDIO ¿Tan presto está el Rey vestido?
No su intención comprehendo:
Obedecerle pretendo. (Vase.)
REY Ya pienso que ha amanecido;
oíd, Vasco. Esta ilusión,
esto que he visto aparente,
lo estoy juzgando presente,
y sola aquella razón
me tiene de dudas lleno,
que aunque muerto le he dudado,
parece que le he escuchado
también la afrenta es veneno.
VASCO Cuando es muy grande un exceso
si le viste la malicia,
parece que la injusticia
está anunciando el suceso.
Vos con la afrenta, Señor,
con castigo tan ajeno,
le haréis que beba el veneno
de su propio deshonor.
Si le bebe, morirá,
y como ha de obedecer
lo que en la muerte ha de ser
lo previene en vida ya;
y así por mayor blasón
por dejaros satisfecho,
está prevenido en hecho
lo que sólo es ilusión.
Esto si vasallo ha sido,
bien que ahora os ha asombrado,
pues lo que no habéis pensado
en sombra has obedecido.
Y como ha de morir lleno
de afrenta y de sinrazón,
hoy os dice en ilusión
también la afrenta es veneno.
REY La interpretación, don Vasco,
ha salido como vuestra.
(Sale DON CLAUDIO con vestidos en una fuente y espejo.)
DON CLAUDIO Ya, Señor, puedes vestirte,
que ya vestida su alteza
sale a esta también.
REY ¿Quién se ha vestido?
DON CLAUDIO La Reina.
REY Doña Leonor de Meneses
es sólo.
(Sale DOÑA LEONOR.)
DOÑA LEONOR Criada vuestra.
REY Dadme de vestir, don Claudio.
(Vuelve EL REY el rostro hacia otra parte, y vístese sin mirar a DOÑA LEONOR.)
DOÑA LEONOR ¿Qué es, Señor, lo que me ordenas?
(Ap. Finjamos, penas, finjamos:
¡Ay amor lo que me cuestas!)
Leonor, tu esposa, a tus brazos
con alas de blanda cera,
mariposa racional,
a tu ardiente amor se entrega.
¿No me respondes, Señor?
¿No te merezco respuesta?
¿El rostro vuelves airado?
¿La luz a mis ojos niegas?
No haces bien, que mi razón
puesta a tu luz no luciera

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , ,

Related posts

Post a Comment

You must be logged in to post a comment.