la mano a la Reina, Acuña;
haced lo que todos hacen.
JUAN ¿Casado vos?
REY Juan Lorenzo,
hoy me casé; ¿que dudasteis?
Besad su mano.
JUAN Señor,
ciegos somos los leales:
yo obedezco vuestro gusto
sin disputar el desaire.
REY Llegad, que allí está la Reina.
JUAN Yo llego. ¡El cielo me ampare!
¿Estoy soñando? ¿estoy loco?
Si no me mata el dolor
mucho le debo al valor,
y a mis sentimientos poco.
Si es verdad esto que toco,
honor, no te pido aliento;
si yo, estatua al sentimiento,
me quedé inmoble, por dar
desagravios al pesar
y vanidad al tormento;
honor… Pero él no lo sabe,
que es fiscal y no testigo,
es verdad; pero ¿qué digo?
Esto en la verdad no cabe;
una sinrazón tan grave
sólo fue sueño o quimera;
mas ¡ojalá que lo fuera,
porque si ahora soñara,
alguna vez despertara
de una deshonra tan fiera!
Mas yo llego; ¡es devaneo!
Leonor no debió de ser
mi mujer, o esta mujer
no fue Leonor, esto creo;
vuestra alteza (¡qué rodeo!)
Leonor, esposa, un vasallo…
Cierto es mi mal, no hay dudallo,
pues por uso, aunque me riño,
hallo el nombre del cariño
y el del respeto no hallo.
REY ¿Qué os detiene? ¿qué os suspende?
Llegad; ¿qué os ha suspendido?
JUAN Un mal que el alma ha sabido
y que ignorarle pretende:
una duda que se entiende
y una ilusión que comienza
a formarse y se avergüenza:
y una verdad muy desnuda,
que la cubro con la duda
porque no esté a la vergüenza:
un agravio que se ve.
REY Cerrad, Juan Lorenzo, el labio:
yo no os ofendo ni agravio;
Leonor vuestra esposa fue;
yo primero me casé
con ella, el cielo es testigo
en mi intención, y así digo
que en el amor de los dos,
más que yo ofensor con vos,
fuisteis vos traidor conmigo.
Vuestra fue, tenéis razón;
mas ya el matrimonio ha sido
inválido y dirimido
por faltar dispensación,
y porque para esta unión
de su padre fue forzada;
ya está con un rey casada,
y así no hay más que entender
que para vos llegó a ser
sueño, ilusión, sombra o nada.
JUAN ¡Esta ingratitud escucho!
¡Tú forzada, dueño mío!
LEONOR ¡Con qué de penas porfío!
JUAN ¡Con qué de pesares lucho!
LEONOR Quién dijera (¡dolor mucho!)
mas temo al Rey su fiereza.
JUAN ¿Yo violenté tu belleza?
LEONOR Señor Juan Lorenzo, sí.
REY ¿Qué hacéis, Juan Lorenzo, así?
JUAN Besar la mano a su alteza.
REY Bien hacéis; yo os di licencia
para que beséis su mano;
pero al cielo más profano
debe guardar reverencia.
Ya en Leonor hay diferencia
del ser que antes ha tenido,
y así, borrad advertido
cuanta memoria profana
dijere que hoy es humana
en fe de que ayer lo ha sido.
Tiene un escultor labrada
la imagen, y antes de estar
colocada en el altar,
la toca con mano osada,
mas si ya está colocada
fuera error profano y feo.
Escultor fuisteis grosero,
mas ya colocada está,
ved que es sacrilegio ya
tratarla como primero.
Volved, pues desto avisado
y pues sabéis mi afición
a la Infanta de Aragón…
VASCO Señor, la Infanta ha llegado.
REY Pues decid…
VASCO ¡Lance apretado!
JUAN Deste agravio apelo a Dios;
¿Qué responderé a los dos?
REY Juan Lorenzo, en pena tanta,
despedid vos a la Infanta,
pues que la trujisteis vos.
(Tocando clarín y cajas, se van entrando EL REY y su acompañamiento por una puerta, quedando solo JUAN LORENZO, y por la otra van saliendo LA INFANTA, EL MAESTRE y acompañamiento.)
MAESTRE Cesad, no se queje el parche,
no giman más las trompetas,
haced que enmudezca el bronce,
reprima el metal sus quejas,
pues entrando por Lisboa,
y llegando con la Reina,
ni en la ciudad, ni en Palacio
hay un indicio, una seña
de salir a recibirme.
INFANTA Hasta las cuadras primeras
del Palacio hemos llegado,
y confusas y suspensas
discurren las gentes todas,
sin que la ocasión se entienda.
Buen agasajo, Maestre:
¿Así recibe a sus reinas
Portugal?
MAESTRE La causa ignoro,
aunque es fuerza que la tengan.
Confuso estoy, y aun corrido:
todo es confusión y penas.
Juan Lorenzo, honor de Acuña,
gloria ilustre portuguesa…
INFANTA Descubrid vos este enigma.
MAESTRE A vos mis dudas apelan.
INFANTA ¿Quién causa estas novedades?
MAESTRE ¿Por qué los nobles me dejan?
INFANTA ¿Cómo el Rey no me recibe?
MAESTRE ¿Cómo el reino no hace fiestas?
INFANTA ¿Sabe el Rey que yo he llegado?
MAESTRE ¿Saben que está aquí la Reina?
INFANTA ¿No respondéis?
MAESTRE ¿Estáis mudo?
INFANTA ¿Vos suspiros?
MAESTRE ¿Vos ternezas?
INFANTA Grande desdicha adivino.
MAESTRE Gran pesar el alma espera.
INFANTA ¿Es vivo el Rey, mi señor?
MAESTRE ¿Es muerto mi hermano? Apriesa,
decid.
JUAN No es muerto, el Rey vive,
que menos desdicha fuera:
mi honor es el muerto, Infante.
MAESTRE Juan Lorenzo, ¿habláis de veras?
JUAN El Rey fue…
MAESTRE Que ya adivino
la ocasión de aquesas quejas:
ya sé su intento; mas tú,
profeta de tus ofensas,
te anticipaste sin duda
tu agravio con imprudencia.
Tu esposa habrá procedido
como noble en esta ausencia;
el Rey sólo tendrá culpa.
Pero ya viene su alteza,
que sabrá quietar al Rey,
pues es Reina.
JUAN ¿Quien es Reina?
MAESTRE ¿Eso preguntas?
JUAN Señor,
si lo dices por su alteza
la Infanta, ya, pues, tu hermano
me ha mandado que la vuelva;
casado está el Rey, Infante.
INFANTA Juan Lorenzo, ¿hablas o sueñas?
MAESTRE ¿Casado? di, ¿estás soñando?
JUAN Pluguiera a Dios lo estuviera;
el Rey se ha casado, Infante,
con… Digámoslo de priesa,
con mi espo… Pero ¿qué digo?
La infame voz retroceda,
y hacia el secreto del alma
den los ecos de mi afrenta;
no digamos más, honor,
éstas basten para señas:
más dije que yo pensaba,
pero menos que pudiera.
Esto baste, no me obligues
a que desnuda se vea
en lo escueto de las voces
mi deshonra a la vergüenza.
Llórelo yo, y no lo diga,
pues de ocasión como aquesta
sacó que llorar mi honor
y no que decir mi lengua.
INFANTA Juan Lorenzo, espera, aguarda;
no es tiempo ahora de quejas,
que nunca son del agravio,
medicina las ternezas.
Yo, que del desaire mío
miro un retrato en tu ofensa,
recetaré para entrambos,
médico de mis afrentas,
medicinas de venganzas
que sólo al honor remedian.
Volved a Aragón, amigos,
marchad otra vez la vuelta
de Castilla: bese el aire,
en sutiles obediencias
las barras que mi venganza
ha de volver más sangrientas.
Borrad esos nuevos timbres,
desgarrad de mis banderas
las aragonesas barras
y las quinas portuguesas.
Sepa el mundo…
MAESTRE Gran señora,
no es menester que tú seas
quien dé venganzas divinas
a tan humanas ofensas;
a mí ha sido este desaire,
que a la faz del sol no llega
vil impresión peregrina
que acá en el aire le queda.
Por mi corre esta venganza,
este agravio está a mi cuenta,
y sabrá desempeñarle
mi razón cuando convenga.
No anticipéis el desaire,
vamos a que el Rey nos vea,
podrá ser que cara a cara
le obligue a más reverencia
lo material de los ojos
que la fe de las orejas;
y cuando a deidad tan alta
profano ignore, y no crea,
a pesar de sus antojos,
de su amor o de sus penas,
vencido de mis razones,
de mis voces, de mis quejas,
vos habéis de ser su esposa;
y si no bastaren ellas,
sabré yo, contra mí mismo
y contra mi sangre mesma,
inundar la Europa en sangre,
que soy en cualquier empresa
don Juan, maestre de Avís,
de quien dicen las estrellas
que ha de ser rey; teme, hermano,
que en esta ocasión no sea.
INFANTA Pues, Maestre, ¿qué aguardamos?
MAESTRE Pues, Juan Lorenzo, ¿qué esperas?
INFANTA Brille tu espada ofendida.
MAESTRE Sígueme a mí y a la Reina.
INFANTA Que si tú mi ofensa amparas…
MAESTRE Si tú conmigo te empeñas…
INFANTA El fuerte escudo en el brazo…
MAESTRE El freno herrado en la diestra…
INFANTA Yo haré a Portugal cenizas.
MAESTRE Yo haré que Europa me tema.
INFANTA ¿Qué respondes?
MAESTRE ¿Qué nos dices?
JUAN Que entre la duda y la afrenta,
la lealtad y la venganza,
solamente me consuela
que antes que elija en mis dichas
vengarlas o padecerlas,
sabré morirme de honrado,
que aunque la muerte no quiera,
también la afrenta es veneno,
y me matará mi afrenta.
Jornada tercera
(De don Francisco de Rojas.)
Sale EL REY alborotado, y medio desnudo, con una luz en la mano y la espada desenvainada.
REY Fantasía de los ojos,
bulto aparente a los míos,
ni bien sombra de lo que eres,
ni cuerpo de lo que has sido:
estatua móvil de hielo,
ente de razón preciso,
pues al fingirte corpóreo,
no eres aquél que te finjo;
don Juan Lorenzo de Acuña,
pregúntote yo a ti mismo:
si cuerpo, ¿cómo tan muerto?



















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