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Луис Велес де Гевара. А ведь обида - яд. Luis Vélez de Guevara. También la afrenta es veneno


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honrando al Maestre, quiero
que vais a Aragón, pariente,
porque con él juntamente
seáis mi casamentero;
y este retrato que os dio,
Conde, en mi cámara enojo,
le llevaréis por despojo
que vuestro valor venció;
bandera es que os intimó
guerra al honor arrogante,
vaya arrastrando delante
y del fuego triunfo sea,
porque la beldad no vea
otra a Leonor semejante;
decidle que queda aquí
en ausencia vuestra un rey
que cumplirá con la ley
del que soy, no del que fui,
por vos, por ella y por mí;
y decidle, finalmente,
que vais, si veis que lo siente,
de mi amor por un olvido,
porque con este partido
llevará el veros ausente.
Y con esto a Dios que os dé
buen viaje, y de Aragón
os vuelva a la dulce unión
de tan invencible fe.
JUAN Ni al Rey entiendo, ni sé
qué intenta, ni dónde voy.
(Mirando el REY el retrato.)
REY Leonor, de otra Leonor soy,
rindiose mi sufrimiento.
(Mirando JUAN LORENZO DE ACUÑA el retrato.)
JUAN Leonor, pues de vos me ausento,
y sois mujer… ¡Loco estoy!

Jornada segunda
(De don Antonio Coello.)

Aparece EL REY, sentado en un trono, y a un lado EL PRIOR, y sale DON CLAUDIO.

REY Cuando he mandado, Prior,
que se junte todo el reino,
cuando convoco este día
hidalgos y caballeros,
cuando a Cortes hoy los llamo
para proponer, resuelto,
la más atrevida hazaña
que intentó en humano pecho
el amor; y en fin, don Claudio,
cuando en el real asiento,
con majestad y decoro
y asentado los espero,
ningún vasallo ha llegado,
a ningún hidalgo veo,
ningún portugués me asiste:
¿Qué estilo es este tan nuevo?
¿Cómo tardan todos? ¿cuándo
mis portugueses tuvieron
perezosa la obediencia?
PRIOR Extrañeza es en los pechos
de portugueses hidalgos
tardar del Rey al precepto;
mas, Señor, como tu amor
está nivelando el tiempo
con impaciencia amorosa,
de cada instante habrá hecho
una eternidad prolija
la cólera del deseo;
no es mucho, pues, gran Fernando,
que tarden, si estás midiendo
con los siglos de tu amor
de su omisión los momentos;
y así, Señor, no les culpes,
pues su tardanza es efecto
más de la impaciencia en ti,
que de la pereza en ellos.
REY No los disculpéis, Prior,
que aunque amor dilata el tiempo,
siempre en los nobles vasallos,
por ley y justicia es bueno
que la obediencia madrugue
aún mucho más que el precepto;
ya, Leonor, ya dueño mío,
divino error que apetezco,
primero viviente hechizo,
segundo animado cielo,
que está más vecina al humo
que en el altar de mi pecho,
víctima invisible el alma
brota en callados incendios,
ya aquestas idolatrías
de mi amor tienen por premio
interesado su vista;
hoy pondré quietud al miedo,
hoy daré el postrer indicio,
hoy haré el último extremo
de mi amor: hoy será mía
Leonor, sirena del Tejo.
¿Pues cómo en festivas voces,
profetas de mi contento,
no celebra el reino todo
esta dicha? ¿cómo el viento
no suena en ruidoso aplauso,
y con festivos estruendos
por las calles de Lisboa
(Tocan atabales roncos y sordinas.)
inundados… ¡Mas qué es esto!
¿Qué triste clarín, don Claudio,
es éste, que con los ecos
del parche se mezcla ronco
en destemplados acentos?
PRIOR La causa ignoro, y admiro
la novedad; mas ya veo
el origen deste enigma,
aunque la ocasión no entiendo,
que al son de los ecos roncos,
con los semblantes severos,
todo tristezas el traje,
vienen los nobles del reino
entrando por el Palacio,
y detrás de todos ellos
Vasco de Almeida, tu ayo.
REY ¿Pues qué proporción tuvieron
esos tristes aparatos
con mis dichosos intentos,
cuando yo a Cortes los llamo
para el más alegre empeño?
¿Cómo en día de tal dicha
viven en tristeza envueltos?
PRIOR Algún motivo ocasiona
tal demostración; mas ellos
llegan ya, y podrán sacarte
de aquesta duda bien presto.
UNO (Dentro.) Ninguno pase adelante.
OTRO (Dentro.) Sólo ha de entrar allá dentro
Vasco de Almeida.
TODOS (Dentro.) Hable al Rey
Vasco de Almeida.
REY ¿Qué es esto?
PRIOR Que hable a vuestra majestad
Vasco de Almeida primero,
pide el reino, antes de entrar
en las Cortes.
REY Entre luego;
dadle licencia, Prior;
alguna inquietud recelo.
¿Mas qué importa, si me hallo
para cualquiera suceso
como Rey con bizarrías,
como portugués sin miedo?
(Sale VASCO DE ALMEIDA.)
VASCO Fernando, de nuestros reyes
el Noveno, que dilates
al Oriente los confines
de Portugal y el Algarbe;
si el Rey tiene dos oídos
equivocamente iguales
para escuchar los servicios
que al premio le persuaden,
y para atender las quejas
que por la justicia clamen,
dame el uno de ellos, Rey,
permíteme que te hable,
y porque no se equivoquen
tu atención y mis verdades,
disponte para la queja,
porque acaso no te halle
premiador, cuando te busco
justiciero, que es desaire
hasta el dar, si son los reyes
ciegamente liberales;
justicia vengo a pedirte.
REY Esperad; antes de hablarme,
sabed que estas dos virtudes
en el hombre, aunque le hacen
liberal o justiciero,
como él medirse no sabe
en el medio hacia el extremo,
suelen siempre destemplarse;
mas como son atributos
en el rey, como es imagen
de Dios, no tienen peligro
las virtudes de estragarse;
y así no temáis que trueque
el uso de ellas, habladme,
que aunque en los otros afectos
pueda como hombre olvidarme,
en lo que con Dios convengo
no es posible que se halle
que liberal me destemple
ni justiciero me estrague.
VASCO Pues con esa confianza,
justicia os pido.
REY ¿De quién?
VASCO Del Rey.
REY ¿Del Rey?
VASCO Perdonadme.
REY ¿De mí?
VASCO De vos no, del Rey.
REY ¿Pues qué diferencia hallasteis
entre mí y el Rey?
VASCO Señor,
como vos en este lance
sois el juez a quien me quejo
y de quien vengo a quejarme,
aunque sois uno de industria,
no quiero dello acordarme;
porque en mí, al pedir castigo,
las quejas no se acobarden,
ni en vos, al hacer justicia,
la pasión propia os ablande,
para que con este olvido
con mayor despecho os hablen
mis razones de vos mismo,
pensando que no lo saben;
y vos con más entereza,
hagáis justicia tan grave,
que parezca que sois otro,
o que entonces lo pensasteis.
REY Pues decid; pero primero
mirad muy bien, escuchadme,
que justifiquéis las quejas,
que los cargos sean verdades,
que los delitos sean ciertos,
no sea que el juez se canse,
y amparando la inocencia
del que acusaron en balde,
los hilos de la justicia
se vuelvan hacia otra parte.
VASCO Pluguiera a Dios que las quejas,
que a ti del Rey quiero darte,
fueran escrúpulos sólo;
mas quiere el Rey que se pasen
a públicas evidencias,
en quien es menor ultraje,
ofender como delitos
que animar como ejemplares;
vuestra majestad, Señor,
por consejos de su padre,
por aciertos de su gusto,
por igualdad de su sangre,
por conveniencias del reino,
determinó de casarse
con la infanta de Aragón,
doña Leonor, que Dios guarde;
divirtiose deste afecto
con algunas mocedades,
que yo le culpaba viejo
y no extrañaba galante;
hasta que más corregidos
aquellos ciegos desmanes,
(Si no es que hipócrita el Etna
nieve ostente y fuego guarde)
determinó, que el efecto
tan pretendido llegase
destas bodas, que, remisas,
daban sospecha a don Jaime.
Para este fin a Aragón
fue por la Reina el Infante,
y Juan Lorenzo de Acuña,
porque el paso asegurase,
de Castilla con sus gentes
tendió las quinas al aire;
y entre tanto vos, Señor,
en vez de esperar constante
vuestra esposa, en vez de dar
premio a servicios tan grandes
a doña Leonor su esposa
públicamente robasteis
de su casa, y la tenéis,
a pesar de su linaje,
en vuestro mismo Palacio,
siendo escollo que se sale
con ser burla de las ondas
y padrastro de los aires.
Nueve reyes ha tenido
Portugal, y todos tales,
que con lo amado regían,
sin llegar a aprovecharse
de lo temido y el yugo
de su imperio, por suave,
les costó a los portugueses
poco trabajo el llevarle.
¡Oh dichoso rey mil veces,
que gobierna con tal arte,
que no les cuesta a los suyos
diligencia el ser leales!
No deis ocasión, Señor,
de que vuestro imperio extrañe
los vasallos, y pues sois
más que los otros en partes,
sed como los otros reyes
vuestros ascendientes grandes
en la templanza y justicia;
y mirad que hay ejemplares,
porque a don Sancho Capella
que amante, remiso y fácil
con doña Mencía de Haro
se casó contra el dictamen
de su reino, éste supo
por conveniencia quitarle
a su mujer con ser propia
y no su dama ni amante.
Vuestra majestad se sirva
de medirse, de templarse
o de enmendarse: bien digo.
Ayo vuestro soy, tomarme
esta licencia he podido;
mirad que afrentáis un noble,
y en nombre suyo, el ultraje
sentimos todos los nobles
de una sinrazón tan grande.
Todo el reino está quejoso,
y en demostraciones graves
los nobles de aquesta injuria
dan indicio hasta en los trajes:
los hidalgos lo murmuran,

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