Alfonso
de Meneses, que sirviendo
a vuestra alteza murió,
habrá un año, en el Gobierno
de Ceuta.
REY (Ap.) ¡Celos, qué escucho!
¡Si no es sombra, si no es sueño,
cielos, perderé el sentido
a las manos de mis celos!
JUAN Ha días que con las almas
los dos nos correspondemos,
y para unirlas en una
fue bisagra el casamiento.
REY ¿Cómo sin licencia mía,
siendo en Portugal precepto
tan inviolable en los nobles
pedirla a su Rey primero
para casarse, tuvistes
tan notable atrevimiento,
tan extraño desacato
que sin ella lo habéis hecho?
JUAN Por yerro de amor podrá,
pues son dorados sus yerros,
vuestra alteza perdonarlo;
que este lance, este suceso,
a publicar que lo estaba
me obligó con tanto extremo
a vuestra alteza la culpa
licenciosa, no advirtiendo
de no habérosla pedido.
REY Delitos, que en el respeto
tocan de la majestad
Real con tan grande exceso,
demostración igual piden
en el castigo: tres Pedros
hubo en Portugal, Castilla
y Aragón a un mismo tiempo,
todos tres primos hermanos,
y a todos tres nombres dieron
de Crueles; yo soy hijo
del de Portugal, y tengo
de mostrar que soy retrato
de original tan perfecto
en esta ocasión.
VASCO Señor,
merezcan algún descuento
en esta culpa los muchos
servicios de Juan Lorenzo;
vuestra alteza…
REY No me habléis
más, Vasco de Almeida, en eso,
que es cansaros y cansarme.
MAESTRE La piedad siempre en los pechos
Reales, como en Dios, luce
más que el rigor.
REY Yo deseo,
Maestre, dar a entender
a mis vasallos, que heredo
de nuestro padre el valor
que en Portugal será eterno,
que soy su propio traslado,
que soy Fernando el primero,
que soy virey de Dios mismo,
que soy teniente del cielo.
(Ap. Que soy de Leonor amante
Y que de celos me muero;
¡posible es que (¡loco estoy!)
goza a Leonor Juan Lorenzo,
y un Rey de Portugal no!)
JUAN (Ap.) Mas es este sentimiento
de amante, honor, que de Rey
nunca mienten los efectos;
y esta música le daba
el Rey a Leonor. ¡Ah cielos!
¡Y ay celos de mujer propia
y de un Rey! ¡Perderé el seso!.
VASCO (Ap.) A Juan Lorenzo de Acuña
notable inclinación tengo,
y me pesa deste lance,
y si con Fernando puedo
he de hacer por él prodigios,
que la amistad sabe hacerlos.
REY (Ap. ¡Ay Leonor! ¡Ay Leonor mía!
¡Ay tiranizado duelo!)
Vamos, Maestre y Prior,
vamos; sin alma en el pecho
voy y veneno espumando;
matarele, vive el cielo,
y aún no estaré con su muerte
de mis celos satisfecho.
VASCO Seguid, Juan Lorenzo, al Rey
de rodillas por el suelo,
que es deidad humana y quiere
ser rogada.
JUAN Ya lo intento:
Señor, Señor, vuestra alteza…
REY Quedaos, quedaos, Juan Lorenzo,
que me habéis dado el pesar
mayor, el susto más nuevo
que vasallo a rey dar pudo.
JUAN (Ap.) ¿Qué más claro, qué más cierto
puede estar, cielos, mi agravio?
REY Los que son vasallos buenos
han de ser, en casos tales,
linces de los pensamientos
de los reyes, y los que obran
en todo el contrario de esto,
son atrevidos, son falsos,
son ingratos, son soberbios,
son aleves, son tiranos,
son traidores y groseros,
y vos lo sois todo junto
pues habéis sido uno de ellos.
(Vase el REY y los suyos, y queda JUAN LORENZO y BARRETO.)
BARRETO (Ap.) Con duro espigón, adonde
suelen decir los plebeyos,
a Juan Lorenzo ha dejado
el Rey, no puede ser menos,
sino que haya aquí un gran paso
de comedia de lo acedo,
de lo apretado que llaman,
de lo de echar el sombrero,
de lo de arrojar la capa.
JUAN ¿Estoy soñando? ¿qué es esto?
BARRETO Entre el amor y el honor
bravo soliloquio espero.
JUAN ¿Qué esto que por mí pasa?
¿Para cuándo es mejor tiempo
de morir un desdichado
que cuando llega a saberlo?
BARRETO Jamás fue bueno morir,
porque no hay cosa en el suelo
más infame que un difunto,
mas desairada que un muerto;
lo que deja hacer de sí,
lo que sufre, lo que siendo
antes treinta papagayos,
se acredita de secreto.
Luego le echan de su casa
huyendo de su aposento
donde ha estado; todos tienen
de sólo nombrarle miedo,
que me espanto, vive Dios,
como en el libro del duelo,
entre las cinco palabras
por la mayor no la han puesto,
que para cargar a un hombre
que hubiera muerto a mi abuelo,
mientes como difuntillo
fuera el oprobio postrero.
JUAN Ni lo que dices escucho,
ni estoy conmigo, ni entiendo
adónde pongo las plantas,
ni sé si vivo o si muero.
BARRETO El zaguán hemos pasado
de casa, y sale recelo
a recibirte Guiomar
con una luz.
JUAN Otra veo
en los abismos que surco,
(Sale GUIOMAR con una luz, y detrás de ella DOÑA LEONOR DE MENESES, y pone GUIOMAR la vela sobre un bufete.)
que más me alumbra, Barreto;
pluguiera a Dios que el engaño
entre los oscuros velos
de sus aparentes sombras
mi honor hubiera encubierto.
BARRETO ¿Mi señora?
JUAN ¿Leonor?
BARRETO Sí,
de su amor haciendo alarde.
DOÑA LEONOR. Pues, señor mío, tan tarde…
JUAN Bien temprano es para mí.
DOÑA LEONOR ¿Cómo temprano?
JUAN No soy
quien habla en mí, lo que digo.
DOÑA LEONOR Pues ¿cómo estando conmigo?
JUAN Como conmigo no estoy.
DONA LEONOR ¿Con vos no estáis?
JUAN Claro está,
si estoy en vos, Leonor mía.
DOÑA LEONOR Siempre mi amor desconfía.
JUAN ¿Y el mío, Leonor, qué hará?
DOÑA LEONOR Fiar inmortalidades
del mío, que ha de vencer
al tiempo, y siempre ha de ser
alma de estas dos mitades,
una sola que es la vida
inmóvil; un corazón
que amor vinculó esta unión
desde el venturoso día
que os di el alma, dueño mío,
y el corazón con la mano,
despojo que intenta en vano
todo el humano albedrío,
todo el imperio, el poder
de la tierra, contrastar
esta roca opuesta al mar
que se ha mentido mujer.
Este monte, coronado
de robles, que toca al cielo,
que algún tirano desvelo
humano le ha imaginado,
nada mi pecho importuna;
que tan heroica mujer
no tiene un mundo poder,
el tiempo ni la fortuna;
que soy, venciendo intereses
de reinos, con valor godo,
roca, monte, y sobre todo
doña Leonor de Meneses.
JUAN Guárdete el cielo, Leonor,
los siglos de mi deseo,
que de tan dichoso empleo
puede estar vano mi amor.
Yo satisfacción ninguna
del tuyo no he menester,
que sé que eres mi mujer,
y en Portugal otra alguna
no te puede aventajar
en sangre ni obligaciones;
mas tráenme mis pretensiones
tan cansado de cansar
ministros y consejeros,
que no sé cómo venía
cuando llegué, Leonor mía,
a adorar tus dos luceros;
y como fuera de mí
no supe (perdone amor)
como me hablaste, Leonor,
ni como te respondí;
que de tu amor verdadero
seguro está mi cuidado:
quien ama, es desconfiado,
quien es dichoso, es grosero.
Dame tus manos, pondré
en sus cristales la boca,
monte de mi honor y roca
de mi amor y de mi fe.
BARRETO (Ap.) Gracias a Dios que parece
que se ha satisfecho ya.
GUIOMAR (Ap.) En obstinado el Rey da,
pero Leonor le aborrece.
BARRETO Hasta ahora no sabía
que estaba con él casada,
y hubo una brava ensalada
en la calle, Guiomar mía.
GUIOMAR ¿Mía? Esa es llaneza rara
muy para novios y primos;
¿En qué bodegón comimos?
BARRETO En el de tu hermosa cara.
GUIOMAR No van a ese bodegón
Lacayos, que pico más
alto.
BARRETO Guiomar, estarás
(claro está) en esta ocasión
del Rey cascabeleada
con bostezos palaciegos;
¿Mas qué traes desasosiegos
de una llave pavonada?
¿Mas qué te sueñas, Señora,
de coche? ¿Mas qué te pintas
llena de rosas y cintas
camarera de la Aurora?
Pues acuérdate, Guiomar
que eres humilde mujer,
Y en Guiomar te has de volver
y en fregona has de parar,
y que has de ser, en efeto,
pues tal vanidad te atiza,
como los hay de ceniza
el miércoles de Barreto.
GUIOMAR Pícaro de bajas prendas,
¿Qué no ves las que hay en mí?
Yo pienso ser para ti
martes de Carnestolendas.
(Tocan guitarras, y dice dentro el REY.)
REY Cantad, cantad hasta el día,
que mi amor no me da espacio
para volverme a Palacio.
GUIOMAR (Ap.) El Rey vuelve a su porfía.
MÚSICOS (Cantan.) Sale Estela Dalva,
amañese obeim,
recordai mi ñalma,
naom durmais meu beim.
JUAN (Ap.) El Rey ha vuelto a la calle;
¡Ah sospechas! ¡Bien teméis
su temeridad tirana
en el dominio del Rey!
Esto es tomar la paciencia
de un vasallo de mi fe,
con sangre y honor de Acuña
y celos de portugués.
MÚSICOS (Cantan.) Vida de mi ñalma,
naom vos posse ver,
esta naom he vida
para se sufrer.
JUAN Ni esto se puede tampoco
sufrir; estoy por hacer,
por intentar, aunque arriesgue
mil vidas, y el interés
de tanto blasón, ganado
a costa de tanta fe,
sangre noble, un desatino
que fama inmortal me dé.
Castigarme en el honor
una omisión, por no haber
pedido licencia para
mi casamiento, es cruel
recompensa, es tiranía,
es bárbaro proceder,
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