ta,
y pues yo os di mi palabra…
INFANTA No prosigas, que te excusas
por hacerme una lisonja
de achacarte a tí una injuria;
ya no pienso ser tu esposa,
pues tu propio a ti te acusas;
¿Qué hará a quien no tiene amor
si a la que quiere repudia?
(Sale EL MAESTRE.)
MAESTRE Y yo también he alcanzado
parte desta ofensa suya,
pues siendo yo quien la traje
a mí con ella me injurias;
y a no ser Rey y mi hermano,
vive esa campaña pura
donde son flores hermosas
los luceros que la ilustran,
que hiciera…
REY Tened, Infante.
DOÑA LEONOR ¿Qué niebla los rayos turba
adonde el sol del amor
tantos imperios alumbra?
VASCO Quien a la tórtola dulce
que con su esposa se arrulla
en nido…
REY Callad, don Vasco;
¿Vuestra lengua aún articula
contra los decretos míos
inadvertencias caducas?
¡Vive el cielo!… Y como vos
decid. (Al Maestre.)
MAESTRE Señor, si es disculpa…
REY A las alas de mi especie
sabré yo cortar las plumas.
(Salen JUAN LORENZO, DON CLAUDIO Y BARRETO.)
DON CLAUDIO Juan Lorenzo está en la sala.
JUAN Y el que a tus plantas consulta
con el labio, que es el voto
de una obediencia tan justa.
REY Vos seáis muy bien venido:
alzad, Acuña, del suelo.
DOÑA LEONOR (Ap.) ¡Viva estatua soy de hielo!
JUAN Ya el mal está prevenido.
VASCO ¡Hay acción más rigurosa!
JUAN A que me mandéis espero.
REY Pues lo que mandaros quiero
es que os llevéis vuestra esposa.
(Túrbase JUAN LORENZO.)
JUAN ¿Pues quién es mi esposa aquí
si es Reina doña Leonor?
Porque la Infanta, Señor,
no es esposa para mí.
En tan grandes intereses
declarad el premio ya:
¿Quién la mano me dará?
REY Doña Leonor de Meneses.
JUAN ¿Esa es la que he de aceptar?
REY Así mi poder lo advierte.
JUAN Pues, Señor, dadme la muerte
que no la pienso llevar.
REY Ea, dad la mano vos.
DOÑA LEONOR (Ap.) ¡Que esta injuria sufra el cielo!
JUAN De vuestra sentencia apelo
para el tribunal de Dios.
REY Juan de Acuña, esto ha de ser.
BARRETO Ahora la espada empuña.
JUAN ¿Por qué me llamáis Acuña
si os tengo de obedecer?
REY Dadla la mano, y callad.
JUAN Pues advierta vuestra alteza,
que turbando mi nobleza
eclipsa su majestad;
porque en mis afectos hallo
que es mal consultada ley
que mano que fue de un Rey
lo baje a ser de un vasallo.
REY Honor vuestro viene a ser
como en mi poder se muestra,
que venga a ser mujer vuestra
la que ha sido mi mujer;
siendo vuestra, la admití
por Reina que el mundo vio;
pues no hacer lo que hice yo
es hacerme ofensa a mí.
Vuestra y mía fue en un día;
luego, aunque más me culpáis,
¿Qué mucho que la admitáis
después que ya ha sido mía?
JUAN Aunque es eso así, Señor,
vuestro disgusto os engaña,
lo que es en el rey hazaña,
es en el vasallo error.
Vos sois absoluto Rey
de vuestro imperio, y así
la ley que me obliga a mí
no os obliga como ley.
Pues reparad ¡oh Señor!
que así eclipsáis mi nobleza:
lo que es para vos grandeza,
es para mí deshonor.
REY Dejemos las digresiones
que esto ha de ser, vive el cielo.
JUAN Muerte hay para los rebeldes:
una vida sola os debo,
mas no el honor, vive Dios.
REY Fuera castigo pequeño
a inobediencia tan grande
vuestra vida, y así quiero
que le deis luego la mano
y daros la muerte luego.
JUAN Dejad que el acero arroje
que a vuestro acero dio aceros,
porque no le estará bien
tener tan cobarde dueño.
(Arroja la espada.)
REY Llegad vos, doña Leonor.
DOÑA LEONOR (Ap.) ¡Qué poco a mi pena debo
pues no me mata mi pena!
(Vase llegando DOÑA LEONOR poco a poco o darle la mano.)
JUAN ¡En fin, Señor, que con esto
le pagáis tantas victorias
como debéis a mi esfuerzo!
Veneno hay que beba yo
por los ojos; venga luego,
beba yo en él la ponzoña
y no de mis sentimientos.
¡Oh pese a mi que los sufro,
no fueran mi puñal mesmo!
(Empuña la espada contra LEONOR.)
¿Qué quieres, doña Leonor?
Leonor, en fin, ¿esto es cierto?
En fin, ¿la he de recibir?
¿Cómo lo digo y no muero?
¡Oh! La espada de la honra
¿Qué hace en la vaina del pecho?
¡Que he de recibirla!
REY Sí.
JUAN Pues, Señor, ya os obedezco
¡Que me acometa el dolor
y que no ejecute luego!
Sepa el mundo, España sepa,
que mi natural Rey mesmo
me ha dado muerte a la honra
dejándome vivo el cuerpo.
Luto se ponga a mi fama
por la muerte de mis hechos
hace bien el Rey, es Rey,
recibir mi esposa debo.
Ea, dame tú la mano,
dame con ella el veneno
de la confección de injurias
para que relaje el pecho.
(Arrímase a LEONOR y cógela la mano por fuerza.)
Dame la mano, Leonor;
pero si mi sentimiento…
si ahora… si yo… si aquí…
si mi vida…
(Cae de espaldas en una silla asido a la mano de LEONOR.)
REY ¿Qué es aquesto?
DON CLAUDIO Barajada la color,
la voz remisa en el pecho…
DOÑA LEONOR Suelta la mano, Señor.
(Tira de su mano LEONOR.)
DON CLAUDIO Ya la ha dejado, y ya veo
que para decir su agravio
no tuvo aliento su aliento.
VASCO Cadáver ya le distingo.
(Aparta EL REY a un lado a VASCO y hablan los dos.)
REY Oídme, don Vasco, ¡oh cielos!
¿Cómo aquesta muerte ha sido?
VASCO De vuestra ilusión me acuerdo
cuando le visteis en sombra
sin conocer vuestros yerros,
mandastes como cruel
y él como obediente ha hecho;
tal quedara con su vida
que de su muerte me alegro.
REY ¿Pues qué veneno ha bebido?
VASCO No es veneno el que le ha muerto,
y es veneno el que le mata;
todo es y no es a un tiempo,
que si el veneno ha faltado,
también la afrenta es veneno.
REY ¿Pues qué he de hacer?
VASCO Ya, Señor,
hoy mis consejos os niego,
que aunque vinieron temprano,
llegan tarde mis consejos.
REY Pues si no es para su vida,
para todo hallo remedio.
Doña Leonor de Meneses
ha de quedar por mi dueño,
porque quiero honrarme yo
con lo que a su esposo ha muerto;
y pues que la Infanta vino
por mi sangre, y yo la debo
darla mi propia persona,
otro como yo la entrego:
hoy de mi hermano en los brazos
goce el divino himeneo.
Y a ti, honor de Portugal,
escríbate en bronce el tiempo,
y para eterna memoria
queda en láminas impreso,
con el buril del dolor
también la afrenta es veneno.
PRIOR Y aquí tiene fin, Senado,
este caso verdadero
del Rey don Fernando el Nono,
hijo del cruel don Pedro.
VASCO Perdonadle como nobles.
PRIOR Aplaudidle como cuerdos.
TODOS Porque debamos el vítor
a quien el favor debemos.
Луис Велес де Гевара. А ведь обида - яд.
Luis Vélez de Guevara, Antonio Coello y Francisco de Rojas. También la afrenta es veneno



















Post a Comment