Луис Эмилио Рекабаррен. Сочинения (LUIS EMILIO RECABARREN. Obras celecciones)
Uncategorized February 7th, 2006
Луис Эмилио Рекабаррен. "Сочинения"
LUIS EMILIO RECABARREN. Obras celecciones
(1876 - 1924)
LUIS EMILIO RECABARREN
Controversia con los anarquistas
Intervención en el
Congreso de Unificación de las Organizaciones Obreras
Buenos Aires, 28-31 de marzo de 1907*
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Redactado: Para el Congreso de Unificación de las Organizaciones Obreras, Buenos Aires, 28-31 de marzo de 1907.
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Al hacer uso de la palabra espero que la benevolencia de los congresales me permita analizar la orden del día que hemos presentado y probar como completa la declaración de principios del pacto ya aprobado. Para mayor claridad leeré cada párrafo, comentándolo enseguida.
El primer párrafo, dice: "Las sociedades gremiales de la República Argentina, reunidas en congreso, después de haber aceptado el principio de la unificación de las fuerzas obreras, declaran constituida la Confederación General del Trabajo."
Esta declaración no se opone al pacto y es necesaria porque establece la constitución del nuevo organismo.
El segundo párrafo, dice: "Esta institución regional será la agrupación de todos los proletarios que, fuera de toda escuela política, tiene entablada la lucha contra la clase capitalista, pregonando la desaparición del asalariado y de la clase patronal."
Hay aquí una afirmación de clase que es indispensable dejar establecida por un congreso que busca la unificación de los trabajadores como base indestructible en que apoyar "la desaparición del salariado y de la clase patronal", que debe traer como consecuencia la transformación inmediata del presente estado social. Esta afirmación revolucionaria es más amplia que todo el pacto en conjunto que no la contiene. Luego, en m¡ concepto, no veo que ella pueda contener la negación de la declaración ya aprobada y apelo a la conciencia de los hombres honrados para que reconozcan que esta declaración de la orden del día es necesario aprobarla. Pero yo veo que entre vosotros los delegados anarquistas, no existe un propósito fraternal y que al llegar aquí no habéis venido dispuestos a discutir y a producir en consorcio con todos los mejores frutos de este Congreso, en bien del proletariado que representamos. Yo tengo antecedentes para pensar que vuestro capricho es no aceptar lo que sea propuesto por los delegados socialistas por el hecho solo de partir de estas filas. Y permitidme que yo juzgue ese proceder como obra de vuestro espíritu. plagado aún, dominado todavía, por los prejuicios que condenáis en la sociedad burguesa.
Habéis confeccionado, hace años ya, una declaración de principios que ostenta en su frente la organización obrera. Hoy la traéis de nuevo aquí como una fruta virgen, queriendo conservarla así, intacta, íntegra, y con aspecto rebelde impedir que pueda ser estuprada. Es decir; sois conservadores, que queréis conservar la tradición, la propiedad hereditaria de esa pieza, revelando con ello que sois tan conservadores como los dogmáticos católicos, y que os oponéis hasta a las reformas naturales de la obra que los tiempos se encargan de producir.
Enseguida viene esta otra afirmación: "Reconoce por tanto la lucha de clases, que en el terreno económico los obreros oponen a toda explotación y opresión."
Ella tampoco está incluida en el pacto. Y si contiene una franca declaración en que los obreros establecen la lucha de clases, organizándose en el terreno gremial para poder luchar con ventaja contra la opresión autoritaria y la explotación capitalista, no veo en dónde pueda oponerse a vuestro pacto ni por qué no pueda serle agregada.
A continuación, dice: "Persigue en la obra cotidiana la elevación material y moral de la clase obrera, luchando por disminuir las ganancias capitalistas en provecho directo del proletariado, acortando también la jornada de trabajo."
¿Qué declaración más revolucionaria que ésta queréis? Ella especifica que los trabajadores buscarán, hoy por hoy, el aumento de salario, que contribuirá transitoriamente a mejorar nuestra situación y a proporcionarnos mayores recursos para poder disponer, cuanto antes, de todos los elementos útiles para la revolución social entablada; educación, conciencia y organización. La disminución de la jornada nos dejará más tiempo para el estudio y para la preocupación de nuestros propósitos de reconstrucción social. Aceptando la obra de la revolución como finalidad, todas estas mejoras transitorias son medios indispensables que nos acercarán a los nuevos horizontes.
Sin embargo, es triste reconocer que vosotros rechazáis esta afirmación, llamada a robustecer la organización, no porque la consideréis mala, sino porque ha nacido aquí, entre los socialistas. Esa no es obra de revolucionarios que se creen concientes.
¿ Por qué los anarquistas que pregonáis tan amplias libertades, queréis imponer la mordaza del silencio a los labios socialistas que impugnan noblemente vuestros ideales ?
Yo tengo el derecho de defender la orden del día que hemos presentado, porque en nuestra conciencia ella es de utilidad en la nueva organización.
El penúltimo párrafo, dice: "En el terreno moral prepara a los productores en la lucha que constantemente quedará entablada con los detentadores de la propiedad, demostrando las ventajas de la organización gremial, y capacitándola para la obra de la revolución social."
Afirmar que vamos a la sustitución de la propiedad privada por la propiedad común de todos, es una afirmación revolucionaria que no consta en la declaración de principios aprobada; declaración que es sólo un grupo de consideraciones ilusionistas de sentimientos líricos, de declaraciones inofensivas acerca de la situación pasada y presente de las clases que sufren hace ya más de dos mil años. Vosotros que sostenéis la abolición de la propiedad privada os negáis a hacer esta afirmación porque ha sido propuesta por nosotros. Que quienes estudien esta página que escribe la clase obrera en este Congreso, juzguen vuestra conducta.
Nosotros sostenemos aquí que la organización proletaria es la fuente fecunda donde los desheredados han de nutrir sus cerebros para capacitarse, para alistarse como afiliados concientes de la revolución social ya en marcha. No hay, en mi concepto, otro campo que la organización apropiada para alistar las huestes revolucionarias, que en posesión de una conciencia exacta sobre nuestra conducta deben marchar a la conquista de la felicidad futura.
Y finalmente, compañeros, el último párrafo, dice: "Para realizar los propósitos de inmediata y lejana actuación, el Congreso sostiene la mayor libertad de pensamiento para los afiliados a las corporaciones gremiales, pudiendo cada cual aceptar, fuera de la organización, los medios de lucha que estén de acuerdo con sus ideas filosóficas o políticas."
Yo convengo en que esta declaración merezca ser tachada por vosotros y que pueda también chocar con la integridad de vuestros principios. Pero ella va destinada a oponerse al propósito que tenéis de abandonar esta organización, de ponerle una etiqueta; la etiqueta del comunismo anárquico. Hacer esto, facturar la nueva organización, es no querer la unión de los obreros; es alejarnos a nosotros que no aceptamos, porque no estamos convencidos de su bondad, el comunismo anárquico; es alejarnos a nosotros de vuestra organización, donde podríais aprovechar nuestra presencia para propagarnos vuestras ideas; yo considero que con ese propósito no queréis ni aun robustecer vuestras filas; eso se llama obra de inconciencia.
Yo sostengo que si con vuestra intransigencia de declarar la organización comunista anárquica, nos alejáis a nosotros los socialistas, que constituimos un actor, pequeño o grande, pero útil y necesario, en el movimiento obrero, con mayor razón alejaréis a ese inmenso número de desgraciados obreros que todavía viven en la más grande ignorancia, que se niegan a organizarse por debilidad y degeneración, que por esa misma ignorancia huyen del socialismo, al que califican de antipatriótico, antirreligioso, antisocial, etc., y se horrorizan del anarquismo porque gasta en la difusión de sus ideas una violencia insipida, sin objeto, que los ahuyenta, engendrando en ellos el horror y el pánico.
Todos esos obreros que con una táctica más hábil y con mayor perseverancia, usada por todos nosotros; todos esos obreros que constituyen más del cincuenta por ciento de nuestra clase, no vienen a la organización, no por culpa nuestra, sino por vuestras intransigencias sectarias, que revelan quizás no querer la rehabilitación del proletariado.
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* En 1907, por acuerdo su IV Congreso, la Federación Obrera de la República Argentina (FORA) organizó un "Congreso de Unificación de las Organizaciones Obreras", que se celebró en Buenos Aires los días 28 al 31 de marzo, con la participación de 161 sindicatos y gremios representados por 186 delegados, entre los cuales, en representación de la Unión Gráfica, se encontraba Recabarren.
En el curso del Congreso el delegado Jacinto Oddone presentó un proyecto de unificación de las fuerzas obreras y favorable a la constitucion de una Confederación General del Trabajo (CGT) en la Argentina. Recabarren tomó uso de la palabra y pasó a analizar y criticar las propuestas de Oddone.
LUIS EMILIO RECABARREN
Ricos y pobres
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Escrito: Texto de una conferencia dictada en Rengo - Chile en la noche del 3 de septiembre de 1910, en ocasión del centenario de la independencia de Chile.
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ALGUNAS PALABRAS
Quiero trazar con expresiones sinceras los pensamientos que en mí se albergan sobre el siglo transcurrido bajo el régimen de la República, y procuraré que estas expresiones sean el retrato de la verdad, es decir, de la verdad como yo la comprendo, como yo la siento, ya que desgraciadamente existen diferencias para apreciar la verdad.
Esta conferencia que voy a desarrollar no es, ni puede ser, el fruto de expresiones antojadizas; es el resultado de reflexiones y de observaciones hechas durante cerca de un cuarto de siglo en medio de una vida llena de miserias y mirando en todos sus contornos miserias de todas clases.
No tengo valor moral para contrariar mis sentimientos y por esto yo no puedo bosquejar aquí otras cosas que expresiones de la vida vivida por el proletariado al cual pertenezco, comparándole a la vida vivida por la burguesía y hasta dónde es posible verla.
De sobra comprendo que mi conferencia, por ahora, va a encontrar muchos escollos, porque el modo de apreciar el desarrollo de la historia de un pueblo, es diferente, según sean las personas que le juzguen. Sin embargo, espero y confío en vuestra benevolencia, en vuestra cultura, en vuestro espíritu de observación y de estudio, que habréis de oír o de leer estas páginas tolerando bondadosamente la disconformidad que ellas arrojen con respecto a vuestro modo de pensar.
Hablar o escribir en sentido contrario a lo que parece pensar toda una nación o su mayoría, puede ser audacia y suele clasificarse de maldad. Mas, quien cree
sinceramente que vive en la verdad no debe sentirse cohibido ni esclavizado para decir a sus semejantes lo que siente, sobre todo cuando esto se hace dentro del debido respeto para todos. Yo miro y veo por todas partes, generales alegrías y entusiasmos al acercarse
cualquier ocasión de festividades, y yo en mi ser, en lo intimo de mi ser, no siento ni siquiera el contagio de esa alegría ni de ese entusiasmo. Más bien siento tristeza.
Y siento tristeza porque creo que aquellos que sienten alegrías viven en el mundo de las ilusiones, muy lejos de la verdad. Disculpadme si acaso hago mal en decir esto.
Hoy todo el mundo habla de grandezas y de progresos y les pondera y les ensalza considerando todo esto como propiedad común disfrutable por todos.
Yo quiero también hablar de esos progresos y de esas grandezas, pero me permitiréis que los coloque en el sitio que corresponde y que saque a la luz todas las miserias que están olvidadas u ocultas o que por ser ya demasiado comunes no nos preocupamos de ellas.
Esta conferencia va dividida en tres capítulos y un resumen para tratar por separado la situación del proletariado y la burguesía en el transcurso del siglo, en el orden social, político y económico.
Entremos, pues, en materia.
I
LA SITUACION MORAL Y SOCIAL DEL PROLETARIADO Y LA BURGUESIA
No es posible mirar a la nacionalidad chilena desde un solo punto de vista, porque toda observación resultaría incompleta. Es culpa común que existan dos clases sociales opuestas, y como si esto fuera poco, todavía tenemos una clase intermedia que complica más este mecanismo social de los pueblos.,
Reconocidas estas divisiones de la sociedad nos corresponde estudiar su desarrollo por separado, para deducir si ha habido progreso y qué valor puede tener este progreso.
La clase capitalista, o burguesa, como le llamamos, ha hecho evidentes progresos a partir de los últimos cincuenta años, pero muy notablemente después de la guerra de conquista de 1879 en que la clase gobernante de Chile se anexó a la región salitrera.
El progreso económico que ha conquistado la clase capitalista ha sido el medio más eficaz para su progreso social, no así para su perfección moral, pues aunque peque de pesimista, creo sinceramente que nuestra burguesía, se ha alejado de la perfección moral verdadera.
Sin tomar en cuenta los individuos, creo que la colectividad burguesa vive habituada ya en un ambiente vicioso e inmoral, que quizás en muchos casos no se note o se disculpe por no tener la noción suficiente para saber estimar íntegramente la verdadera moral. El espíritu de beatitud en cierta parte de esta sociedad no la ha detenido ni alejado de esta situación.
Cien años ha, cuando la población de este país vivía en el ambiente propio de una colonia europea, que le había inoculado sus usos y costumbres; parece que no se destacaba la nota inmoral y voluptuosa de la época presente. Se vivía en este país bajo el régimen de la sociedad feudal, algo atenuado si se quiere, pero con todas las formas de la esclavitud y con todos los prejuicios propios del feudalismo. El sometimiento demasiado servil de la clase esclava entregada en su mayor número a la vida pastoril y a la agricultura era tina circunstancia que no provocaba ninguna acción de la clase señorial, en que pudiera notarse como hoy, sus crueldades.
La ultima clase, como puede considerarse en la escala social, a los gañanes, jornaleros, peones de los campos, carretoneros, etc., vive hoy como vivió en 1810. Si fuera posible reproducir ahora la vida y costumbres de esta clase de aquella época y compararla con la de hoy día, podríamos ver fácilmente que no existe ni un solo progreso social. En cuanto a su situación moral podríamos afirmar que en los campos permanece estacionaria y que en las ciudades se ha desmoralizado más. Esta clase más pobre de la sociedad, más pobre en todo sentido material y moral- ha vivido tanto antes como ahora en un ambiente completamente católico y cristiano. Si afirmáramos que hoy vive más dominada por la Iglesia que antes, no haríamos una exageración. Sin embargo, antes se notaban en esta clase mejores costumbres que ahora. Con sobrada razón podríamos preguntarnos: ¿Por qué no ha progresado esta clase social que ha vivido siempre al amparo moral del catolicismo?
Es esta nueva pregunta para la cual cada persona debe buscar la respuesta con sus propios esfuerzos, porque es menester, para el desarrollo de las inteligencias, que se realice este ejercicio mental, a fin de que cada cual resuelva este problema social y procure cooperar a mejorar las cosas.
La última clase de la sociedad que constituye probablemente más de un tercio de la población del país, es decir, más de un millón de personas no ha adquirido ningún progreso evidente, en mi concepto digno de llamarse progreso. Se me dirá que el número de analfabetos es, en proporción, mucho menor que el de antes, pero con esta afirmación no se prueba nada que ponga en evidencia un progreso. Para esta última clase de la sociedad el saber leer y escribir, no es sino un medio de comunicación, que no le ha producido ningún bienestar social. El escasísimo ejercicio que de estos conocimientos hace esta parte del pueblo, le coloca en tal condición que casi es igual sí nada supiese, En las ciudades y en los campos, el saber escribir, o simplemente firmar, ha sido para los hombres un nuevo medio de corrupción, pues, la clase gobernante les ha degradado cívicamente enseñándoles a vender su conciencia, su voluntad, su soberanía.
El pueblo en su ingenua ignorancia aprecia en mucho saber escribir para vender su conciencia. ¿ Es esto un progreso? Haber aprendido a leer y a escribir pésimamente, como pasa con la generalidad del pueblo que vive en el extremo, opuesto de la comodidad, no significa en verdad el más leve átomo de progreso.
Muchos periodistas han afirmado en más de una ocasión que las conscripciones militares han aportado al pueblo un contingente visible de progreso porque han contribuido a desarrollar hábitos útiles desconocidos entre la llamada gente del pueblo. Se ha dicho que esta parte de las poblaciones ha aprendido hábitos de higiene, se ha educado, aprendido nociones elementales, etcétera. Estas afirmaciones son más ficticias que reales.
La pobreza, y la pobreza en grado excesivo sobre todo, impide todo progreso. Hay gentes que no tienen un tiesto para lavarse. La vida del cuartel, generalmente, ha producido hábitos innobles y ha fomentado o despertado malas costumbres en personas buenas y sencillas. Yo creo que produce más desastres que beneficios.
El movimiento judicial y penitenciario del país nos prueba de una manera evidente el desastre moral de nuestra sociedad, durante los cien años que han transcurrido para la vida de la República. La magistratura del país ha perdido todo el prestigio que debió conservar o de que debió rodearse. Yo no podría afirmar si los procedimientos judiciales estuvieran alguna vez dentro de la órbita de la moral. Pero lo que puedo decir es que debido al desarrollo intelectual natural del pueblo, éste ha llegado a convencerse de que la Justicia no existe o de que es parte integrante del sistema mercantil y opresor de la burguesía.
Yo he llegado a convencerme de que la organización judicial sólo existe para conservar y cuidar los privilegios de los capitalistas. ¡Ojalá, para felicidad social, estuviera equivocado! La organización judicial es el dique más seguro que la burguesía opone a los que aspiran a las transformaciones del actual orden social.
La literatura nacional tiene muchas expresiones, que son la más dura acusación a la inmoralidad social y a su administración de justicia, literatura que está basada en la verdad histórica. No puedo resistir el deseo de copiar aquí una página de un autor chileno que dice así:
La noche aquella, la oscura noche en la cual iba dejando mis harapos enredados en las piedras cortantes del camino, recliné mi cabeza cansada sobre el tronco de un árbol secular.
Me hizo dormir el peso de la Fatalidad que gravitaba sobre mi frente. Había clamado tantas veces por la equidad humana, que esta idea se había aferrado a mi cerebro como esas raíces añosas adheridas a la tierra difícil de arrancar. Y soñé...
Me hallé súbitamente en un erial cubierto de secas malezas, sin árboles, sin flores. Un letal vapor de sepulcro invadía las cosas existentes, y el campo fúnebre no tenía término, ni vereda alguna, ni salvación posible.
En un tajo abierto como una grieta profunda, mansión de cíclopes antiguos que habían partido los porfiados con sus formidables miembros, vivía un ser monstruoso, sin forma humana, sin perfiles de consciente. La mitad derecha del rostro reía como Quasimodo, sordo, incapaz, idiota; la izquierda era un conglomerado de contracciones faciales, hijas del llanto, del pesar, del furor y el despecho, difícil de bosquejar por la pluma más sagaz y maestra. El contraste formado por estas dos actitudes revelaba la monstruosidad en su carácter más completo; era aquello una fiera digna émula del Apocalipsis, con que suelen soñar los remordimientos humanos. Creía hallarme solo en aquel páramo desolado. Pero no lejos de allí se destacó un ujier armado hasta los dientes, inabordable, asegurado por todas partes.
-¿Cómo has llegado hasta aquí, mendigo? ¿ No sabes que este erial y esta grieta honda e inaccesible está destinada para un monstruo que debe vivir alejado para siempre de las sociedades cuya constitución está amparada por la más estrecha justicia? Te prohibo que asomes la cabeza en ese abismo . . . Los ojos del monstruo te atraerían y sucumbirías bajo el peso de su atracción diabólica.
-Ya lo he visto -respondí.
- ¡Desgraciado! ... ¿Y no sientes ya el hielo de la muerte en tus entrañas? ¿No has visto que sus pupilas relampagueaban como las de voraces reptiles ?
-¿Y cómo se llama esa bestia? -pregunté azorado.
-¡Prevaricato! -respondióme el bondadoso, ujier.
Y desperté ... y resolví entonces morir de vergüenza, de hastío y de dolor. Ya no existía la justicia. . .
El régimen carcelario es de lo peor que puede haber en este país. Yo creo no exagerar si afirmo que cada prisión es la "escuela práctica y profesional" más perfecta para el aprendizaje y progreso del estudio del crimen y del vicio. Oh monstruosidad humana! Todos los crímenes y todos los vicios se perfeccionan en las prisiones, sin que haya quien pretenda evitar este desarrollo!
Yo he vivido cuatro meses en la cárcel de Santiago, cuatro en la de Los Andes, cerca de tres en la de Valparaíso y ocho en la de Tocopilla. Yo he ocupado mí tiempo de reclusión estudiando la vida. carcelaria y me he convencido que la vida de la cárcel es lo más horripilante que cabe conocer. Allí se rinde fervoroso y público culto a los vicios solitarios ... La inversión sexual no es una novedad para los reos. Los delincuentes que principian la vida del delito, encontrarían en las cárceles los profesores y maestros para perfeccionar el arte de la delincuencia.
El personal de empleados de prisiones y sus anexos es bastante numeroso. Pero, a pesar de esto, yo no conozco un solo caso de alguno que haya estudiado o propuesto medios encaminados a buscar un perfeccionamiento en el sistema carcelario que contribuyera a proporcionar una verdadera regeneración entre tantos seres más desgraciados que delincuentes.
Y el personal de los juzgados, ¿habrá producido alguna idea en este sentido? Yo no conozco ninguna.
Yo creo que la prisión no es un sistema penal digno del hombre y propio para regenerarle. Hoy que se habla tanto de progresos y que se celebra como un gran acontecimiento el haber llegado a los cien años de vida libre, yo me pregunto, ¿ha progresado en la República el sistema penal? ¿Ha disminuido el número de delincuentes? ¿Cuántas cárceles se han cerrado a impulsos de la educación? ¿Ha mejorado o progresado siquiera la condición moral del personal carcelario o judicial que podría influir en la regeneración de los reos? Ninguna respuesta satisfactoria podría obtener.
Acerca de la crueldad moral que envuelve en sí la prisión escribe un autor chileno en un librito titulado Palabras de un Mendigo lo que sigue:
El mudo carcelero me introdujo dentro de una mazmorra helada, hizo rechinar la puerta del calabozo, y puso el férreo candado a la prisión a donde se me habla arrastrado.
Luego después no había más que intensa y espantosa sombra a mi rededor. Era aquello el abismo abierto a un hombre que buscaba la luz, pero a quien se le encerraba en un sepulcro insondable para evitar que los rayos vivificadores del astro rey llegaran hasta su pupila dilatada y profunda.
Yo no había pecado. A nadie había hecho mal. Mis vestidos se habían desgarrado en medio de los zarzales punzadores del camino, mi sangre había corrido a raudales. Llegué exánime a la prisión y caí desfallecido en brazos de los primeros sayones que me oprimieron.
¿ Por qué se me encerraba, oh Pueblo? Yo no había delinquido, ni robado, ni asesinado. Alguien murmuró a mis oídos cuando entré en el fúnebre recinto, al sitio de la perdición, al calabozo nauseabundo:
Otro bandido!
Yo en un rapto de sagrado entusiasmo había gritado: ¡MUERA LA Tiranía!
Y cuando el esbirro ensañado vació en mis oídos la bazofia brutal de su desvergüenza, sentí en mi ser algo así como la lava hirviente de un volcán que amenazaba estallar; y experimenté un agrupamiento de ideas enloquecidas, terribles, impetuosas ...
Era la indignación que saben experimentar las almas buenas, que todavía no han entregado su conciencia al odioso mercader que suele comprarla a precios bajos.
¡Cuánta amargura, cuánta ironía hay en todo esto! -í Pero sobre todo cuánta verdad! Son palabras candentes que abrazan todo el rostro de los privilegiados!
¿Veremos mejorarse el sistema carcelario y judicial ,en el sentido de producir una disminución en la delincuencia, por la, acción moral más que por la acción penal? El porvenir lo dirá.
La sociedad debe preocuparse de corregir la delincuencia, creando un ambiente de elevada moral, cuyo ejemplo abrace, pues el sistema penal debemos considerarlo ya un fracaso. Estimo que el sistema penal generalmente atemoriza, pero no corrige; detendrá la acción criminal, pero no la intención. La sociedad debe, por el propio interés de su perfección, convencerse que el principal factor de la delincuencia existe en la miseria moral y en la miseria material. Hacer desaparecer estas dos miserias es la misión social de la Humanidad que piensa y que ama a sus semejantes.
Comprobar fehacientemente el progreso que ha hecho el vicio, es bastante para poner a la luz del día la verdad. La verdad de que en cien años de vida republicana se constata el progreso paralelo de dos circunstancias:
El progreso económico de la burguesía. El progreso de los crímenes y de los vicios en toda la sociedad.
La vida del conventillo y de los suburbios no es menos degradada que la vida del presidio.
El conventillo y los suburbios son la escuela primaria obligada del vicio y del crimen. Los niños se deleitan en su iniciación viciosa empujados por el delictuoso ejemplo de sus padres cargados de vicios y de defectos. El conventillo y los suburbios son la antesala del prostíbulo y de la taberna.
Y si a los cien años de vida republicana, democrática y progresista como se le quiere llamar, existen estos antros de degeneración, ¿cómo se pretende asociar al pueblo a los regocijos del primer centenario?
El conventillo y los suburbios, han crecido quizás en mayor proporción que el desarrollo de la población. Y aun cuando se alegara que el aumento de los conventillos ha ido en relación con el aumento de la población, no sería este un argumento justificativo ni de razón. El conventillo es una ignominia. Su mantenimiento o su conservación constituyen un delito.
Sintamos pesar por los niños que allí crecen, rodeados de malos ejemplos, empujados al camino de la desgracia. Allí están, en abigarrado conjunto, dentro del conventillo, la virtud y el vicio, con su corolario natural de la miseria que quebranta todas las virtudes.
Si hubiera, habido progreso moral en la vida social, debió detener el aumento de los conventillos, como debe detenerlo en lo sucesivo, pero esto ya no se operará por iniciativa especial de la burguesía sino por la acción proletaria que empuja la acción de la sociedad. Es necesario transformar el sistema de habitación para contribuir a perfeccionar los hábitos del pueblo.
Poco después de escrita esta conferencia, algunos diarios emprendieron una débil cruzada contra los conventillos. Para reforzar mis argumentos he colocado al final de la conferencia algunas publicaciones hechas al respecto por los diarios.
La clase media que se recluta entre los obreros más preparados y los empleados, ¿habrá hecho progresos? ¡Recorramos su condición y convenzámonos! Esta clase es hoy mucho más numerosa que lo que lo era antes en proporción a cada época. Ha aumentado su número a expensas de los dos extremos sociales. A ella llegan los ricos que se empobrecen y que no pueden recuperar su condición y los que logran superarse en la última clase.
Esta clase ha ganado un poco en su aspecto social y es la que vive más esclavizada al qué dirán, a la vanidad y con fervientes aspiraciones a las grandezas superfluas y al brillo falso. Debido a estas circunstancias que le han servido de alimento, esta clase ha hecho progresos en sus comodidades y vestuario, ha mejorado sus hábitos sociales, pero a costa de mil sacrificios, en algunos casos; de hechos delictuosos en otros y poco delicados en la mayor parte de los casos.
Es en esta clase, la clase media, donde se encuentra el mayor número de los descontentos del actual orden de cosas y de donde salen los que luchan por una sociedad mejor que la presente.
Nuestro pueblo, religioso y fanático, no tiene hábitos Virtuosos y morales. Posee una religión sin moral.
Hechos: el matrimonio del pobre es especialmente consagrado por la Iglesia. Después de la ceremonia se entrega, en la miserable vivienda, a la borrachera desenfrenada y libertina llena de inmoralidades. El bautizo religioso de los niños ha sido siempre un motivo de borrachera con todo su natural cortejo de degradación.
El crimen ha sido muchas veces el epílogo doloroso de estos hechos del pueblo. Los pobladores de las cárceles son todos religiosos. Es un hecho entonces lo que afirmo, que nuestro pueblo posee una religión sin moral, y yo deduzco de aquí que la religión protegida por el Estado y la Sociedad con el fin de moralizar, no ha tenido la fuerza suficiente o la capacidad necesaria para moralizar y lo único que ha conseguido es hacer creyentes o fanáticos de una doctrina teórica, sin práctica moral.
La acción de los comerciantes, en general, es la acción de la inmoralidad. El progreso rápido del comercio, que es lo que busca el comerciante, está basado en la acción de la inmoralidad; en el engaño, en el fraude, en la falsificación, en el robo, en la explotación más desenfrenada del pobrerío que es la clientela más numerosa del comerciante inescrupuloso de los barrios pobres.
¿Y esto... también llamaremos progreso? Esto que ha progresado tanto en el transcurso de los últimos cien años, ¿también es digno de asociarle al entusiasmo de las festividades centenarias?
La clase rica no sufre por esto. Ella compra en sus grandes almacenes los frutos escogidos de la producción mundial. Se fabrica y se produce especialmente para ella. El monopolio de la producción en sus propias manos y la posesión de la riqueza le garantiza este privilegio. La clase pobre no puede gozar de estos privilegios. Ella es la escogida como víctima única de la voracidad inmoral de la clase comercial.
Una parte del pueblo, formada por obreros, los más aptos, por empleados, pequeños industriales salidos de la clase obrera y algunos profesionales, pero todos considerados dentro de la clase media, ha podido realizar algún progreso. Han constituido organismos nuevos: sociedades de socorro de ahorro, de resistencia a la explotación, de educación, de recreo y un partido popular llamado Partido Demócrata. Esta manifestación de la acción es el único progreso ostensible de la moral y de la inteligencia social del proletariado, pero es a la vez la acusación perenne a la maldad e indolencia común.
Para atenuar el hambre de su miseria en las horas crueles de la enfermedad, el proletariado fundó sus asociaciones de socorro. Para atenuar el hambre de su miseria en las horas tristes de la lucha por la vida y para detener un poco de feroz explotación capitalista, el proletariado funda sus sociedades y federaciones de Resistencia, sus mancomunales. Para ahuyentar las nubes de la amargura creó sus sociedades de recreo. Para impulsar su progreso moral, su capacidad intelectual, su educación, funda publicaciones, imprime folletos, crea escuelas, realiza conferencias educativas.
Mas, toda esta acción es obra propia del proletariado, impulsado por el espíritu de conservación, y es un progreso adquirido a expensas de sacrificios y privaciones.
¡Para este progreso no es tiempo aún de festejarle su centenario!
Se ha dicho muchas veces que uno de los más apreciables bienes de la República ha sido el progreso liberal del país, el cual no habría podido desarrollarse en la monarquía. Yo creo que esto es una exageración y tal vez una mistificación.
La mentalidad, la inteligencia, ha hecho mayores progresos en el proletariado español, bajo el régimen monárquico, durante los últimos cien anos, que en el proletariado chileno bajo el régimen de la llamada libertad republicana. Esto no prueba que la monarquía o la república sean o no superior la una a la otra, pero prueba que la forma o clase de régimen social no influye especialmente en el progreso moral, social o intelectual, ni le detiene.
En Rusia, a pesar del régimen de tiranía se ha desarrollado mucho la mentalidad moral del pueblo y su acción para la defensa de su progreso ha sido mucho más vigorosa que en otros países de más libertades.
La existencia de toda la organización proletaria de España, y sus grandiosos frutos: Casas del Pueblo, cooperativas, prensa, cte., nos prueba que ese proletariado ha podido desenvolverse y progresar en el seno de la monarquía en tales condiciones que aún no lo sueña el proletariado chileno. Esto nos prueba que la República no ha producido aquí aquel bien que se supone el proletariado.
Digamos la verdad: el bien inmenso que ha producido la República fue la creación y desarrollo de la burocracia chilena y fue también la posesión de la administración de los intereses- nacionales. La burocracia que goza de esta situación, ella sí que tiene motivo de regocijo justificado si mira egoístamente su situación. ¡Nosotros no!
II
LA SITUACION INTELECTUAL Y POLITICA DEL PROLETARIADO Y LA BURGUESIA
El desarrollo intelectual es una circunstancia natural de la especie humana. En general hay siempre progresos. Podrá encontrarse individuos que no progresen intelectualmente, pero con dificultad se encontrara una familia completa que no presente un caso de progreso. Pero en las sociedades que forman el género humano se ha constatado el progreso en una forma natural empujado a un tiempo por los individuos y por la sociedad.
Es el caso que un individuo alimenta a la sociedad y que ésta alimenta al individuo. El individuo se forma intelectualmente del ambiente de la sociedad. Pero el ambiente de la sociedad se ha formado del ambiente creado por los individuos.
La modificación de un ambiente social, es obra del individuo pero obra paulatina, lenta, gradual si se quiere. La modificación del ambiente individual es obra propia y social y puede ser rápido su progreso o su transformación.
Es pues, el progreso intelectual del país un hecho, y el regocijo que ello nos produce se equipara al regocijo que sentimos por el crecimiento y avance de la edad de nuestros hijos. El progreso intelectual está limitado a las esferas en que se desarrolla y los beneficios marchan en relación.
Para las altas clases sociales el progreso intelectual es un medio para conquistar mayor bienestar, porque poseen el dinero. Para las bajas clases sociales ese mismo progreso no alcanza a producir bienestar, porque no tienen dinero.
El progreso intelectual en esta época no es un progreso moral, pues, en muchos casos la mayor capacidad conduce al individuo, a la relajación. El progreso intelectual, creo decirlo sin pasión, se ha desarrollado notablemente en la clase media, y podría ser esto un motivo de alegría, pero la finalidad social que se busca como fruto del progreso intelectual dista mucho aún y la labor del proletariado inteligente prosigue vigorosamente su marcha. Cuando llegue a la meta entonces sí que habrá motivos de alegrías comunes.
En cuanto a la situación política, es menester detenerse con alguna calma para estudiarla, para contemplarla. Esta conferencia escrita con ocasión del primer centenario de lo que se llama emancipación política del pueblo, ha de dejar en sus páginas bien precisada la condición política del país.
La burguesía por el conducto de sus escritores nos habla siempre de "los grandes hombres que nos dieron patria y libertad" y esta frase ha pretendido grabarla en la mente del pueblo haciéndole creer que es propia para todos.
Yo mismo en torno mío. . . miro en torno de la gente de mi clase ... miro el pasado a través de mis treinticuatro años y no encuentro en toda mi vida una circunstancia que me convenza que he tenido patria y que he tenido libertad ...
¿Dónde está mi patria y dónde mi libertad? ¿La habré tenido allá en mi infancia cuando en vez de ir a la escuela hube de entrar al taller a vender al capitalista insaciable mis escasas fuerzas de niño? ¿La tendré hoy cuando todo el producto de mi trabajo lo absorbe el capital sin que yo disfrute un átomo de mi producción?
Yo estimo que la patria es el hogar satisfecho y completo, y la libertad sólo existe cuando existe este hogar. La enorme muchedumbre que puebla campos y ciudades, ¿tiene acaso hogar? No tiene hogar. . .! No tiene hogar ... ! Y el que no tiene hogar no tiene libertad! Todos los grandes creadores y fundadores de la economía política han afirmado este principio: "¡El que no tiene hogar no tiene libertad!"
A ver, ¿quién puede contradecirme?
Acaso los que vencieron al español en los campos de batalla, ¿pensaron alguna vez en la libertad del pueblo? Los que buscaron la nacionalidad propia, los que quisieron independizarse de la monarquía buscaban para sí esa independencia, no la buscaron para el pueblo.
¡Celebrar la emancipación política del pueblo! Yo considero un sarcasmo esta expresión. Es quizás una burla irónica. Es algo así como cuando nuestros burguesitos exclaman: El soberano pueblo...! cuando ven a hombres que visten andrajos, poncho y chupalla. Que se celebre la emancipación política de la clase capitalista, que disfruta de las riquezas nacionales, todo eso está muy puesto en razón.
Nosotros, que desde hace tiempo ya estamos convencidos que nada tenemos que ver con esta fecha que se llama el aniversario de la independencia nacional, creemos necesario indicar al pueblo el verdadero significado de esta fecha, que en nuestro concepto sólo tienen razón de conmemorarla los burgueses, porque ellos, sublevados en 1810 contra la corona de España, conquistaron esta patria para gozarla ellos y para aprovecharse de todas las ventajas que la independencia les proporcionaba; pero el pueblo, la clase trabajadora, que siempre ha vivido en la miseria, nada, pero absolutamente nada gana ni ha ganado con la independencia de este suelo de la dominación española. Tal es así que los llamados padres de la patria, aquellos cuyos nombres la burguesía pretende inmortalizar, aquellos que en los campos de batalla dirigieron al pueblo-soldado para pelear y desalojar al español de esta tierra, una vez terminada la guerra y consolidada la independencia, ni siquiera pensaron en dar al proletariado la misma libertad que ese proletariado conquistaba para los burgueses reservándose para sí la misma esclavitud en que vivía.
Esto que decimos, lo probamos con los dos siguientes decretos que hemos copiado en las páginas veintiocho y veintinueve de la colección de Leyes y Decretos del Gobierno de 1810 a 1823, edición ordenada por don Manuel Montt y revisada por don Domingo Santa María. He aquí los decretos:
Ha sabido el gobierno que a pesar de lo prevenido en auto del Supremo Congreso Nacional de 11 de octubre de 1811, en algunas parroquias subsiste todavía la costumbre de asentar en las partidas bautismales de los individuos que nacen de madres esclavas, la nota de esclavos; y teniendo presente que este abuso, ya provenga de malicia o de f alta de reflexión compromete la suerte de aquellos infelices y ofende la autoridad del gobierno, decreto: que respecto a que desde la fecha citada quedó por regla inalterable abolida la esclavitud en todos los que naciesen en lo sucesivo, todos los párrocos deban desde entonces poner la nota de esclavos en las partidas que se hubiesen asentado, omitiendo, ponerla en adelante. Este decreto se imprimirá, y teniéndose con esto por bastante circulado, los subalternos cuidarán de su cumplimiento y se transcribirá al Obispo gobernador para que quede archivado en su juzgado y uno de los principales puntos que deban examinar los Diocesanos en sus respectivas visitas para el cumplimiento de este auto.- PÉREZ -INFANTE.—EYZAGUIRRE.- AGUSTIN DIAZ, SECRETARIO.
ACTA DEL SUPREMO CONGRESO NACIONAL
Sesión del día 11 de octubre
Aunque la esclavitud, por opuesta al espíritu cristiano, a la humanidad y a las buenas costumbres, por inútil y aun contraria al servicio doméstico que ha sido el aparente motivo de su conservación, debería desaparecer de un suelo en que sus magistrados sólo tratan de extinguir la infelicidad en cuanto alcance sus últimos esfuerzos, con todo, conciliando estos sentimientos con las preocupaciones, y el interés de los actuales dueños de esta clase de miserable propiedad; acordó el Congreso que desde hoy en adelante no venga a Chile ningún esclavo y que los que transiten para países donde subsista esta dura ley, si se demoran por cualquier causa y permanecen seis meses en el reino queden libres por el mismo hecho. Que los (esclavos) que al presente se hallen en servidumbre, permanezcan en una condición, que se le hará tolerable la habitual, la idea de la dificultad de encontrar repentinamente recursos de que subsistir sin gravamen de la sociedad, el buen trato que generalmente reciben de sus amos, y sobre todo el consuelo de que sus hijos que nazcan desde hoy serán libres, COMO, expresamente se establece por regla inalterable. Para evitar los fraudes de la codicia, y que nos prive de estos beneficios, a las madres que sean vendidas para fuera del país, se declararán igualmente libres sus vientres y que deben serlo por consiguiente sus productos en cualquier parte y que así se anota por cláusula forzosa en las escrituras que se otorguen, y en los pases de la aduana, a cuyo f in, se hará extender a los escribanos y administradores. (Esta ley aparece en la colección entre las del año 1813, pero parece que es la ley a que se refiere el decreto de la cabeza, octubre 11 de 1811.)
Si leemos con detención los dos decretos anteriores podemos ver en ellos que la clase burguesa no abolió la esclavitud, ni siquiera para los esclavos que pelearon en calidad de soldados, obligados por sus amos. Todo lo que hizo esa burguesía triunfante fue abolir la esclavitud para los hijos que nacían de padres esclavos después de esa fecha, cosa que en rigor no tiene mérito, alguno ni expresa una acción generosa, siquiera a titula de premio para los que daban libertad.
En la expresión de esos decretos se ve claro el sentimiento que dominaba a la sociedad en aquella época y de ello se desprende claramente:
Que la esclavitud era ya considerada inútil en cuanto -a las ventajas económicas o sociales que pudieran esperarse. Que la esclavitud se aboliría entonces por estas circunstancias y no por espíritu de humanidad ni cristiano. Que la esclavitud no la abolía el nuevo Estado independiente porque consideraba herir los intereses de los amos y porque comprendía que lanzar a la calle en libertad a los esclavos que nada poseían era un peligro social que les amenazaba.
El espíritu de mezquindad y la falta de moral incapacitó, entonces, a la burguesía para darle a la República, que nacía por el esfuerzo de sus esclavos, el brillo de una verdadera grandeza que pudiera denotar a la vez que los fundadores de la patria eran grandes hombres. Qué pequeños les vemos hoy!
Hasta el año 1823, fecha en que Chile se dio la primera Constitución, no se encuentra ninguna ley que demuestre una acción generosa para el pueblo, que le reconozca algún derecho o que siquiera piense en él ,como personas dignas de figurar en la sociedad.
Todo lo que existe son esas leyes que acabo de citar. Eso en cuanto a los primeros actos de la independencia nacional. Y ahí se ve la parte que le tocó al pueblo en el triunfo de esa jornada revolucionaria que entregó a la burguesía la administración de la riqueza natural y social de esta región del planeta, dejando al pueblo sumido en su ya larga era de miseria.
Y si esto es la verdad, ¿qué cosa es lo que celebra el pueblo en este aniversario? Lo que en realidad hace el pueblo en esta fecha, estimulado por la burguesía, es gastar su dinero en torrentes de licor que la misma clase burguesa le vende para guardar el dinero en sus cajas insaciables.
Si los primeros pasos de la nación independiente nada reconocieron en el pueblo, mucho menos se hizo después, y en los primeros actos electorales se prescindió del pueblo, y aun podemos decir que los fraudes y la intervención oficial nacieron juntos con la república. Veamos lo que a este respecto decía el caudillo conservador M. J. Irarrázaval en el Senado, en la sesión del 11 de noviembre de 1889, cuando se discutía la ley de la comuna autónoma:
He aquí el primer acto de intervención oficial. No puedo menos que deplorar que haya iniciado O'Higgins esta serie de actos por demás reprobables. . . Aquella intervención que tenía, podría decirse, cierto aspecto de cortés, de vergonzante, se escondía, no quería de ningún modo hallarse comprometida, porque habría hecho perder su influencia al Director Supremo de la República.
Esto decía Irarrázaval comentando una carta de O'Higgins en que recomendaba la elección de algunos de sus amigos para diputados. Pero este mismo Irarrázaval, a quien se le atribuyen propósitos magníficos en favor del pueblo y de sus derechos, reclamaba en la sesión del Senado del 5 de agosto de 1874, cuando se discutía la ley de voto acumulativo, lo siguiente: "Advierta la Cámara que yo no digo ni sostengo que cualquiera minoría tiene derecho de hacerse representar."
Irarrázaval demostraba con esto que él no pensaba en el pueblo ni quería que se creyese que al defender el voto acumulativo pretendiera él defenderlo en beneficio de las clases populares. Irarrázaval pedía el voto acumulativo para que por medio de él se vieran representados en la Cámara todos los intereses sociales de la burguesía. Los intereses populares no se tomaban en cuenta.
Si éste ha sido el criterio dominante, expuesto en diversas ocasiones desde 1810 hasta la fecha, no vemos razón alguna para que la clase popular sienta regocijo por el advenimiento periódico de esta fecha.
La fecha gloriosa de la emancipación del pueblo no ha sonado aún. Las clases populares viven todavía esclavas, encadenadas en el orden económico, con la cadena del salario, que es su miseria; en el orden político, con la cadena del cohecho, del fraude y la intervención, que anula toda acción, toda expresión popular y en el orden social, con la cadena de su ignorancia y de sus vicios, que le anulan para ser consideradas útiles a la sociedad en que vivimos.
Un pueblo que vive así sometido a los caprichos de una sociedad injusta, inmoral y criminalmente organizada, ¿qué le corresponde celebrar en el 18 de Septiembre? Nada. El pueblo debe ausentarse, debe negar su concurso a las fiestas con que sus verdugos y tiranos celebran la independencia de la clase burguesa, que en ningún caso es la independencia del pueblo ni como :individuo ni como colectividad.
Hubo un tiempo en que las elecciones del Congreso, se hacían a balazos, poco después de la guerra de 1879, por ejemplo. El progreso desterró la barbarie — que era el corolario lógico de cada campaña electoral. Pero no puedo dejar de decir que todos aquellos actos de barbarie político-electoral realizados por los partidos en lucha, fueron realizados desde la infancia de la República.
Pero si hoy, cien años después, no tenemos el crimen sangriento en acción es porque ha nacido y se ha desarrollado otro crimen, que ya es adulto, el crimen de la venalidad, el crimen del cohecho, el crimen de la compraventa de la conciencia. ¡El mercado de votos! La prostitución política! ¿Cabe desmoralización mayor? Será esto lo que se llama emancipación política?
Esta independencia que posee el lector para vender su soberanía a quien le ofrece más dinero, ¿será lo que se invita a festejar en cada aniversario patrio? El criterio político del pueblo es lo más pervertido que hoy existe en Chile. El derecho de sufragio, la facultad de elegir, la acción popular para formar el Congreso Nacional y los Municipios del país, la soberanía del pueblo, ¿son, por ventura, realidades honrosas y concientes en Chile ?
Esta democracia pura creada por la ley, que da a la República su aureola de grandeza, de grandeza nacida en el seno mismo del pueblo, no es sino una ficción, una simple ilusión ... ¿Llamaremos emancipación política del pueblo el cúmulo de corrupciones electorales que hoy se realizan?
Si en un pueblo cualquiera se agrupan cien electores sanos, que no trafican con su voto, y este número es suficiente para obtener, por ejemplo, una representación municipal, le bastará a la burguesía comprar o suplantar ciento diez electores para anular esa agrupación de conciencias. Así tenemos que la venalidad vence a la pureza, y la pureza vencida por la venalidad ¿de qué podrá sentirse satisfecha?; ¿Podrá exclamar viva la libertad?
Las que podremos llamar clases inferiores de la sociedad, atrasadas, sin educación suficiente, sin moralidad, sin criterio, no saben comprender el valor de toda nuestra legislación política democrática. Las clases llamadas superiores, en posesión de una ilustración mediana, a lo menos, con completa conciencia de sus actos, legisladora y fundadora de la ley ¿ qué han hecho ?
Ah ¡cuánta tristeza siento cuando rememoro o cuando contemplo la obra de la burguesía de este país! ¡Ella es la que ha degradado al pueblo! ¡Ella, la que lo ha corrompido políticamente! Ella, la que ha destrozado su dignidad ciudadana y ha envilecido la soberanía. Ella ha sido la fundadora del comercio electoral y la que ha inducido al pueblo a este miserable comercio.
La burguesía de este país ha sido la que ha creado ¡a prostitución política, la trata de blancos! Para ella toda la responsabilidad. Para ella toda la condenación. ¿ Acaso alguno se atrevería a condenar al pueblo, que miserable, andrajoso y hambriento, corrompido y vicioso acepte tina moneda en cambio de esa soberanía que él no comprende, ni sabe para qué le sirve?
La burguesía ha sido siempre la misma. Su espíritu de clase privilegiada - aunque ella misma haya creado y apropiado el privilegio- le ha hecho mirar a los demás semejantes, a los demás hombres, como seres inferiores destinados por la naturaleza - y por Dios, según algunos- a su servicio. Para convencernos de esto, veamos los tres decretos o Bandos que siguen, porque ellos expresan el modo de ser de la burguesía en los comienzos de la República, que muy poco difiere a lo que es hoy:
Santiago, enero 16 de 1818.
Estando ordenado por punto general que todo individuo lleve un distintivo que descubra el cargo que ocupa en la sociedad, no puede la corporación del ilustre cabildo estar privada de esta divisa sin que sus individuos se expongan a ser privados de las distinciones que merecen por su alto empleo. Por este principio en lo sucesivo deberán llevar indispensablemente, aun fuera de las concurrencias del cuerpo, sombrero apuntado y bastón con borlas, la misma insignia que es marcada al Tribunal de Apelaciones.- Dios guarde a U. S. muchos años.- Luis de la Cruz.- SS. del Ilustre Cabildo.
Bando.- El gobierno ha visto con suma indignación que algunos individuos parece que se entretienen en andar inventando noticias funestas y especies terrosas con que afligen a los espíritus pusilánimes del pueblo. De hoy en adelante, se procederá al castigo de estos perturbadores de la tranquilidad pública con aquel rigor que merecen los malos efectos que causan con su imprudencia, o su malicia, aplicando a los autores de estas especies doscientos azotes si son gentes de baja esfera y extrañamiento de la Capital si pertenecen a otra clase más distinguida. Y para que llegue a noticia de todos, y ninguno alegue ignorancia, publíquese por bando, fijándose en los lugares públicos y acostumbrados e imprímase.
Hecho en la ciudad de Santiago de Chile a 23de marzo de 1814.-Antonio José de Irizarri.- Agustín Díaz, escribano de gobierno.
Bando.- Todo aquel que no siendo oficial anduviese con armas de noche sin tener licencia por escrito de esta intendencia para cargarlas, sufrirá la multa de veinticinco pesos por la primera vez, siendo persona distinguida y si no lo fuere sufrirá la pena de veinticinco azotes; reservándose este juzgado las (penas) que crea necesarias para los transgresores reincidentes.- Junio 16 de 1819.José María de Guzmán, de orden del señor Gobernador Intendente.- Jerónimo Araos, escribano público y de la guerra.
Nacía la República con ideas democráticas, con ideas humanas, pero ello era en el nombre, en la práctica supervivía el espíritu oligárquico, de superioridad y de clase.
En estos tres decretos que acabo de citar fechados entre 1814 y 1819 se ve claro que los gobernantes buscaban para ellos la decoración y la distinción y para el pueblo que hizo la República, ¡para el pueblo que venció a la monarquía, para ese pueblo ... los azotes! Los azotes, el castigo que más degrada la dignidad. ¡Los azotes para la gente de baja esfera! ¡La multa para la gente distinguida! Ya veis cómo nació la República. i Por esto yo no puedo asociarme a los entusiasmos de la llamada alta clase, porque mientras ella tiene motivo de alegría, yo no tengo sino motivos de tristeza!
Si la República ha llegado al más alto grado de la corrupción política, ya sea en el campo electoral con el cohecho y el fraude, ya sea en la administración de la cosa pública donde se procede en la forma más mezquina e irregular, es esto todo un motivo más que suficiente para sentirse apesadumbrado de que hayamos llegado a vivir en un ambiente tan dominado por la corrupción y por la falta de una verdadera dignidad. Tan arraigadas considero yo las raíces de la corrupción que no diviso cercano el tiempo en que podamos ver mejorarse esta situación. La clase burguesa no piensa detener esa ola podrida porque es para ella, hasta cierto punto, un gran beneficio. Toca pues, a los elementos luchadores del proletariado realizar esta misión.
¿Podremos regocijarnos de que a los cien años de vida republicana nos encontramos en estas condiciones tan indignas? Yo siento no poder participar con la opinión de muchos que se sienten satisfechos de esta caricatura de libertad política que poseemos, considerándola superior a cualquier estado anterior de régimen tiránico colectivo o personal.
Lo que más entristece es que la corrupción haya salido de la esfera de los individuos para asilarse en las corporaciones y sobre todo en las que tienen la misión de moralizar al pueblo con la acción de la ley. Así hemos constatado que en los últimos años la degradación cívica, la falta de dignidad política ha sentado sus reales en el Congreso de Chile. En cada calificación de elecciones la Cámara ha obrado en más de un caso indignamente, anulando elecciones legítimas y sin mancha y haciendo diputados a ciudadanos que no hablan recibido mandato popular.
Cuando estos vicios se han consolidado en las practicas políticas, ¿podremos afirmar que se han consolidado de una manera seria nuestras instituciones políticas de manera que merezcan el respeto público? No. Afirmarlo sería una indignidad.
III
LA SITUACION CIENTIFICA Y ECONOMICA DEL PROLETARIADO Y LA BURGUESIA
Las ciencias han adquirido apreciable desarrollo a pesar del espíritu conservador de nuestra sociedad, bastante refractaría a toda innovación, pero, por desgracia, las ventajas de las ciencias son un monopolio de clase que se aprovechan con el fin de utilizarlas al beneficio y preponderancia económica de la clase rica del país.
La última clase de la sociedad, aumentada enormemente por la ley ineludible del desarrollo de la población, no ha experimentado ni siquiera el más insignificante progreso económico. ¡Vive al día ... ! Vive con el fruto escaso de su trabajo diario. Su educación económica es hoy como cien años atrás. ¡TAN DEFICIE NTE! que no le ayuda en nada a bien vivir. El salario que gana esta parte de la sociedad es tan pequeño que no alcanza a costear la conservación de sus fuerzas productivas.
La mortalidad infantil ha sido desesperante y si ha sido doloroso ver cegarse en flor tanto futuro productor, en cambio ha sido un consuelo, ha sido una atenuación a la enorme miseria que se hubiera desarrollado con la ,ida de tanta criatura tronchada por las epidemias, por el hambre y por los vicios. En los últimos veinticinco años han muerto, no cabe duda, un porcentaje de niños muy superior a los setenticinco años anteriores juntos. Esto es debido al progreso de la situación antihigiénica de los barrios obreros, al progreso de la miseria, al progreso de los vicios.
Estos hechos que detallo, cuya evidencia nadie puede negar, ni atenuar, son la huella indestructible de la esclavitud que vive hasta hoy día, especialmente de la esclavitud moral y económica que narcotiza el movimiento regenerador de los pueblos. Estos hechos que viven hoy mejores que cien años atrás nos indican, nos dicen claramente, que esta parte del pueblo - la más numerosa desgraciadamente - nada tiene de qué regocijarse en el primer centenario de la República. Esa clase social ha vivido económicamente durante los cien años de la República, tal mal, como todas las épocas de la monarquía.
El proletariado español, tronco de nuestra descendencia, vive hoy en el seno de la monarquía en iguales condiciones económicas, si no mejores que el proletariado chileno en el seno de la República. Para no extenderme demasiado, citaré un solo hecho que prueba la superioridad económica e intelectual del proletariado español sobre el chileno.
En 1908 el proletariado español estableció su Casa del Pueblo en la cual invirtió la suma de medio millón de pesetas . . . i 500 000 pesetas salidas de los bolsillos proletarios! El gremio de albañiles de Madrid aportó la mitad: 250 000 pesetas; los cocheros 50 000 pesetas; los tipógrafos 10 000 pesetas, etc. Si el proletariado español ha podido invertir tanto dinero en obras sociales, prueba su mayor capacidad económica y moral sobre el proletariado chileno.
Me he esforzado en citar y señalar estos hechos para probar que los que afirman que Chile bajo el régimen español no habría adquirido el progreso de hoy, están equivocados en gran parte. Bajo la continuación del régimen español, en Chile, la riqueza habría tenido que repartirse entre burgueses españoles y chilenos, tocando la mayor parte a los españoles. Hoy en la República se prefieren los chilenos. Pero, ¿quién podrá negar que bajo la República se han enriquecido multitud de españoles?
Pero mientras la clase más pobre del país no puede acusar ningún progreso, no sucede lo mismo con la clase burguesa.
En 1890 - veinte años atrás- un peón ganaba $1.50 al día, a razón de veintidós peniques por peso obtenía treintitrés peniques al día. Hoy, en el año del centenario, 1910, ese mismo peón gana $3.00 al día - si los gana -, a razón de once peniques, obtiene un total de treintitrés peniques o sea el mismo salario de veinte años ha.
Si nos remontamos al año 1870, aun veinte años más atrás o sea cuarenta años atrás de hoy, con un cambio a 45% peniques, ganado un peón setenticinco centavos al día, obtendría siempre un salario mas o menos igual de treintitrés peniques al día.
El precio de la vida es hoy cuatro veces más caro que en 1870 y tres veces más caro que en 1890; luego, por esta misma razón el salario del peón, es hoy más bajo que antes. En regla general, la vida del proletariado, en su parte económica ha marchado regresivamente a medida que se deslizaban estos últimos cien años, paso a paso llevando progresos a la burguesía, paso a paso iban aumentando también las miserias del pueblo.
El alquiler de una pieza que quince o veinte años atrás era de seis a ocho pesos, hoy es, de quince a veinte, Tenemos que la habitación vale hoy el 200 por ciento más caro que antes, mientras el salario sólo habría subido para algunos gremios un veinte o treinta por ciento. Si hemos constatado que al pobre le cuesta hoy día el alquiler de su habitación un 200 por ciento más caro que veinte años atrás quiere decir que por esta parte la renta del propietario de esa habitación ha aumentado en igual proporción.
Por el hecho de que un diez por ciento de los obreros ganan salarios considerados altos, no ha faltado quien diga que la situación general del proletariado es magnifica. Así también se afirma que hay falta de brazos., lo que determina el alza de salarios. Yo creo y me atrevería a sostener que no hay falta de brazos; lo que hay es nivelación de ofertas y demandas y como la clase capitalista no puede formar una numerosa reserva de desocupados, se encuentra con obstáculos para determinar bajas de salarios, que en el estado económico actual sería demasiado irritante. Sin embargo, a pesar de la falta de brazos, el salario de los peones y de muchos obreros de fábricas y construcciones, fluctúa hoy mismo entre $2.50 y $3.00. ¡Y nuestra burguesía se atreve a exclamar que hay bienestar!
Todos los artículos de más indispensable consumo han subido en el último cuarto de siglo más de un ciento por ciento en su valor en el más simple de los casos, como puede verse en el cuadro que sigue:
QUE VALIA HOY VALE
el cajón de azúcar $7 a $8 $15 a $16
el litro de leche 5 a 10 ctv. 20 a 40 ctv.
el par de zapatos $10 $20
el pan 20 ctv. 40 ctv.
el litro de parafina 15 a 20 ctv. 35 a 40 ctv.
la carne 30 a 40 ctv. 80 ctv. a $1,00
el saco de papas $3 $12
Repito una vez más, el precio de la vida ha subido
en los últimos veinticinco años más del 100 por ciento, mientras el salario avaluado en peniques no ha llegado al cuarenta por ciento de aumento. La vida es entonces hoy más angustiosa que antes. ¿Podría decir el proletariado, ante esta evidencia, que está emancipado, que es libre e independiente?
Hay que tomar en cuenta también que en la clase media la situación es más precaria aún, pues, para esta clase, que ha progresado en cultura, esta misma circunstancias hace que tenga mayores compromisos, mayores gastos que sus rentas no alcanzan a soportar.
Término medio, el más alto salario de los obreros era en 1890 de cinco pesos al día, a veintidós peniques por peso obtenía ciento diez peniques diarios.
Término medio, el más alto salario de los obreros hoy día, en 1910, será de diez pesos al día - que no es, pero hagamos esta concesión a los capitalistas -; al cambio de once peniques obtiene hoy un salario de ciento diez peniques diarios. ¿Ganará hoy, el obrero, más que 20 años atrás. . . ?
El obrero pagaba en 1890 por el alquiler mensual de una pieza - término medio- siete pesos, o sea, ciento cincuenticuatro peniques; hoy paga dieciocho pesos, o sea, doscientos peniques, todo en números redondos. El saco de papas que se pagaba a tres pesos, o sea, sesentiséis peniques, hoy vale doce pesos, o sea, ciento treintidós peniques y en ciertos períodos del año a más de dieciséis pesos, o sea, a más de ciento setentiséis peniques. Así, en este orden, marcha todo. Todas las gentes que viven de salarios, de sueldos o de pequeñas y limitadas rentas, viven en un estado inferior al de antes. Pero, mírenlos bien; no ocurre lo mismo con la clase rica; ella ha multiplicado el valor de sus rentas. Ella es más rica, mucho más que antes. Por ejemplo si al principiar su vida la República, la riqueza social producía cien unidades, y de éstas, noventa unidades eran para la clase rica y diez para la clase pobre; hoy, cien años después podemos apreciar la riqueza social en mil unidades, debido al progreso natural de la producción; de estas mil unidades tendrán novecientas a los ricos y cien a los pobres. En el primer caso el rico estaría a noventa unidades de distancia del pobre. En el segundo caso está a novecientas unidades de distancia del pobre. Así la situación de la clase pobre es más miserable hoy que antes, colocada al frente de la imponderable riqueza de los poderosos.
Para justificar en parte los progresos de la riqueza leamos lo que dice don Julio Zegers en sus Estudios Económicos (página 6 y 7) :
La expansión de las industrias nacionales que comenzó en 1904, se ha producido desgraciadamente acompañada de una fiebre ciega de negocios.
Los grados de esa fiebre para organizar sociedades salitreras, mineras, ganaderas, bancarias, de seguros, de transportes y otros negocios, espantan en los últimos años.
Presento en globo un cuadro de ellos, reduciendo la moneda extranjera o nacional a razón de quince pesos por libra esterlina, de fracciones.
SOCIEDADES ANÓNIMAS
Año Capital suscrito
1900 37 millones
1901 23 "
1902 12 "
1903 20 "
1904 74 "
1905 342 "
1906 208 "
esto probará que la capacidad capitalista, en el espacio de esos seis años, se habría aumentado en condiciones demasiado asombrosas. Es decir, pudo comprometer en 1905 un capital más de once veces superior al de 1900.
Pero algo tan fabuloso como eso o quizás más, nos dice el mismo señor Zegers en sus páginas 308 y 309, dándonos los siguientes datos sobre la exportación del salitre, cuyos números sólo los tomo a partir del año 1880.
Años Quintales Españoles
1880 4 869 000
1885 9 478 000
1890 23 373 000
1900 31 989 000
1907 35 861 000
Sobre el año 1880 hay un 600 por ciento de aumento en la exportación del salitre que representa, en el peor de los casos un 600 por ciento más de aumento en las rentas sociales, pero bien sabemos que el precio del salitre subió mucho entre 1880 y 1907.
Don Eduardo Pérez Cangas, ilustrado comerciante español que ha residido muchos años en Chile, dio en Madrid una conferencia sobre Chile que fue publicada en El Diario Ilustrado, del 27 de julio de 1909, de la cual sacamos estos datos:
Que en 1850 el comercio produjo el siguiente movimiento:
exportación .. .. $ 25464925
importación $ 23324838
en 1908:
exportación $200000000
importación $138000000
El comercio de exportación significa la venta de los productos nacionales en el extranjero. Según los números citados, en el espacio de cincuentiocho años, ese comercio ha obtenido un desarrollo equivalente al setecientos por ciento de aumento.
Es decir, en palabras claras, la renta de la clase industrial y comercial, según esos números ha aumentado en cincuentiocho años siete veces la suma de su renta. El costo de vida de la clase rica habrá aumentado cuando, más un treinta por ciento, lo que nos demuestra que su renta disponible para placeres, vicios, o nuevos negocios, ha subido hasta hoy a un cuatrociento por ciento. Ya hemos probado que no se puede decir lo mismo, ni cosa parecida, de la clase obrera.
Dos circunstancias fatales determinan en alto grado la miseria permanente, progresiva y heredable de las masas: la imprevisión y los vicios. Estas circunstancias constituyen igualmente la característica de un pueblo.
La civilización, la verdadera civilización no existe - en mi concepto- en pueblos donde descuella y domina la imprevisión y el vicio. Un pueblo que no pueda llamarse civilizado, es un pueblo semisalvaje. En Chile desgraciadamente, creemos que domina la imprevisión y el vicio. Quien reconozca esta verdad que afirmo, debe contribuir a reparar este mal por todos los medios que estén a su alcance.
Fomentar la instrucción, en todos sus grados y en todas sus formas es el deber de toda persona que se estime civilizada. Fomentar la instrucción, así como queda dicho, es debilitar las bases de la imprevisión y del vicio; es iniciar su desaparición.
La imprevisión y el vicio cuentan con un fuerte apoyo entre la clase comerciante y usurera más relajada y más desprovista de moralidad, que vive y cifra el progreso de su fortuna a expensas de estos factores. De modo que el obstáculo es poderoso, pero no indestructible. Hagamos nacer entre el pueblo el amor por la instrucción. Estimulémosle a que lea, a que piense, a que analice. Hacer esto, conseguir de este modo atenuar los efectos de la imprevisión y del vicio, es encaminar al pueblo para que mejore sus condiciones de vida. El pueblo mas instruido será el pueblo más poderoso.
Por felicidad para el futuro triunfo de nuestras ideas, confiamos que llegará un momento en que el valor del dinero o el valor de los valores y su poder desaparecerán. No hace mucho se ha constatado que en New York había más de mil familias ricas que carecían de servidumbre, a pesar de todo su dinero. Así marchando con los progresos y haciendo marchar el progreso de la educación en las masas proletarias, que tanto sufren actualmente, se llegará un día, por fatal determinación de los inevitables fenómenos sociales, a la abolición absoluta de los actuales valores, a la desaparición de esa riqueza que se creó con fines de la más inmoral especulación.
La fiebre que hoy devora a la clase capitalista, la fiebre de amontonar millones y millones hará crisis y crisis honda para felicidad del bienestar futuro de la humanidad, sin que los poderosos ejércitos puedan intervenir en estos sucesos.
RESUMEN
No me parece muy sencillo poder resumir en una breve expresión todo lo expuesto anteriormente. Yo hubiera querido amenizar esta conferencia adornando sus pasajes. Pero la verdad, aunque árida, es grande en sí misma y no admite adornos, mucho menos cuando ella va destinada a buscar la solución del problema social que ha de poner término decoroso a la lucha fratricida de los seres humanos.
Hay progresos evidentes en el siglo transcurrido, ello no puede negarse. Pero esos progresos corresponden a la acción de toda la colectividad y en mayor proporción, si se quiere, a la clase proletaria que es el único agente de producción, de creación, de ejecución de las ideas y de los pensamientos.
Pero esos progresos ostensibles, son precisamente la causa de la miseria proletaria. El progreso está construido, pues, con cuotas de la miseria.
Pretenderá la burguesía destruir estos hechos pero - no conseguirá destruir la verdad. Ante estos hechos, ante estas verdades, ¿puede haber entusiasmo y motivo espontáneo y justificado para que el proletariado se asocie a las festividades centenarias? ¿Será sectarismo de nuestra parte cuando sostenemos este hecho? Exponer la verdad no es sectarismo. Deducir la consecuencia lógica de esa verdad no es sectarismo.
De lo expuesto en el transcurso de esta conferencia, se deduce que de todos los progresos, de que el país se ha beneficiado, al proletariado no le ha correspondido sino contribuir a él pero para que lo gocen sus adversarios.
En el progreso de la producción industrial, artística o científica, el proletariado no desempeña otro papel que el de instrumento o herramienta forjadora de ese progreso; pero el oro que se produce sabe guardarlo muy bien el capitalista solo.
En el progreso de la arquitectura y de la ornamentación y belleza de las ciudades y de sus edificios, el proletariado ha contribuido a él con su sudor y parte de su vida, entregando ese progreso y sus frutos al capitalista, mientras se reserva para si la cueva hedionda del pestilente conventillo, o el cuarto sobre las calles llenas de miasmas.
En el progreso del comercio, el proletariado ha contribuido entregando a la clase comercial toda aquella parte que pudo ahorrar, quedándose en la miseria y en la privación para proporcionar el progreso a los comerciantes de todas las especies.
Alguien podrá decir que el trabajador ha tocado su parte en la producción de esta riqueza, considerando tal el salario. Y lo niego terminantemente. El salario no es participación de la riqueza producida; es apenas el salario un medio para conservar algún tiempo la vida del productor y por lo tanto la fuerza productiva. El dinero invertido en conservar la fuerza productiva, es lo mismo que si fuera empleado en materiales; luego no puede llamarse el salario participación de la producción. El salario es para el obrero lo que es el aceite para las máquinas. El salario es el aceite de la máquina humana y nada más.
En el progreso moral es donde tiene su mejor parte el proletariado. Ha perdido la dignidad y la vergüenza. Cuando vende su soberanía incitado por el oro que le ofrece nuestra flamante burguesía; cuando juega su salario dejando sin pan a su familia; cuando en la taberna o en el prostíbulo consume su salario arrastrado por la ola de la corrupción; cuando ostenta sus vicios en el seno de sus hijos y los empuja a la corrupción., etcétera.
No me digáis que en estas frases, que en estas afirmaciones haya exageración o sectarismo. No hay en ellas, sino una real expresión de la verdad, de lo que ocurre en nuestra época actual, hoy, cuando la República libre cumple la edad de cien años. Excusadme si creéis que os hiero. Cuando yo encuentro esta verdad, cuando yo admiro esta verdad, pienso que es insensata la acción del proletariado que quiere participar en las festividades de homenaje a ese progreso que le ha producido solamente miserias y corrupciones.
Pero, decidme la verdad, ¿en qué consiste la participación del pueblo en todas las grandes festividades? ¡Ah!, ¡vaciláis para confesaros la verdad! La mayor cuota que el pueblo aporta en estas festividades consiste en embriagarse al compás del canto y en embriagarse hasta el embrutecimiento que los conduce a todas las locuras.
Pero esa embriaguez es un progreso. Si ella proporciona al pueblo abundancia de miserias en cambio a los productores de licor y a los intermediarios les produce torrentes de oro ganado a costa de la corrupción. ¡Verdad que todo esto es muy triste! Es por todo esto que he dicho que yo no siento entusiasmo espontáneo para festejar el centenario de la República que ningún bien de verdadero valor moral ha producido para nosotros. Que se regocijen y se entusiasmen los que han aprovechado y se aprovecharán del progreso y que sean siempre felices son mis votos.
Compañeros y compañeras: hagamos votos, y a la vez aportemos grandes esfuerzos, para que el segundo - siglo de vida de esta república sea una era sin interrupción, de verdaderos progresos morales que eleven grado a grado el valor y la dignidad de los seres que formamos esta comunidad hasta llegar a un estado tal de perfección donde haya desaparecido todo vestigio de inmoralidad, todo sedimento de injusticias, y sin dolorosas transiciones lleguemos a vivir en un verdadero y completo estado de felicidad y amor.
La felicidad reinará donde no haya injusticias. El amor reinará donde no haya desigualdades. Los imposibles se rinden ante el poder de la ciencia humana y ante el querer de la moral verdadera.
Hoy, cuando el hombre ha hecho hablar a los fierros (los fonógrafos); cuando transmite la palabra, sin alambre a través del. espacio; cuando domina el aire con maquinas voladoras, nadie tiene razón o base para declarar utopías o imposibles los ideales de perfeccionamiento social, que tienden a hacer del ser humano un ser ideal. Quien abraza tan sublimes ideales y los propaga, por cierto que no merece la mofa ni el insulto o la ofensa.
ANEXO
(de El Mercurio)
Los grados de la miseria
Poco después de escritas las páginas precedentes se presentaron o salieron a la superficie de la opinión pública dos factores que acusan el alto grado de miseria, de imprevisión y de vicios que corroen la parte mas desgraciada de la sociedad; ellos fueron la miserable vivienda del pueblo: EL CONVENTILLO y el EMPEÑO DE LAS MÁQUINAS DE COSER.
Para evitar una opinión nuestra, damos cabida a parte de lo dicho por la prensa, cuyos comentarios los hará cada lector. En todo caso esto prueba lo que hemos dicho en las páginas anteriores, esto es, que el progreso del pueblo es muy insignificante. He aquí lo que copiamos:
El problema de las habitaciones obreras
La cuarta parte de la población de Santiago vive en habitaciones insalubres e impropias para la vida humana. A esta conclusión, profundamente desconsoladora y grave, llegamos agregando al total de habitantes que figura en los 1251 conventillos mencionados en el Anuario Estadístico de 1909, la población que se alberga en ranchos, cuartos redondos y conventillos no empadronados en este documento.
Podemos decir, pues, que hay en Santiago cien mil personas que viven en un ambiente deletéreo, en medio de miasmas ponzoñosas, respirando aires impuros y sufriendo la influencia y el contagio de infecciones y epidemias.
Cien mil personas que viven en habitaciones, como inmundas mazmorras, estrechas, oscuras, sin ventilación, en que el organismo se atrofia y degenera. Cien mil personas que viven en término medio, de a cuatro por pieza en veinticinco mil habitaciones, contándose a veces hasta ocho individuos en cada una. Cien mil personas que viven en el hacinamiento y la promiscuidad mas repugnante. Cien mil personas para quienes la santa palabra hogar es una expresión vaga o sin sentido.
Lo hemos dicho, y no cesaremos de repetirlo: la condición en que vive nuestro pueblo es el origen de los grandes males que lo aflijen y entristecen su existencia.
UNA VISITA A LOS CONVENTILLOS
Una madriguera muy oscura
Quisimos entrar a ella una vez que ya faltaba la luz del día. De súbito nos encontramos en un laberíntico corral. Está situado éste en la calle de Bartolomé Vivar, entre San Pablo y Sama. Ocupa una cuadra de largo por media de fondo. A primera vista se divisa incontable número de piezas. Las de la calle valen veinticinco mensuales. Siguen en orden, divididos por unas especies de zanjas, corredores, cuevas de dieciocho, dieciséis, quince, catorce y doce pesos al mes.
Las piezas de dieciocho pesos
La señora Clara vive en una (le ellas, con su marido, dos niñitas y una cuñada. Las dos niñitas estaban con la alfombrilla. Una bastante demacrada, interrogaba con ojos saltones azules, rodeados de negras ojeras. La otra tosía, lloraba, pedía algo a la mamá.
Las pobres mujeres caminaban de aquí allá, afligidas, llorosas. La cosa no era para menos. Las dos criaturas se morían. Un médico les había dicho en la mañana, que necesitaban mudarse, que en ese cuarto se morirían las niñas, que lo mejor seria llevarlas al campo. ¡Al campo! ¡Amargas ironías de la ciencia! ¿Cómo salían, cuando no tenían un centavo ?
Estaban algo atrasadas; más que algo; estaban en la ruina. Debían ya un mes al patrón y éste las tenía amenazadas si no pagaban en ocho días de embargarles las camas ... (¿Habrá miserias?)
Las mismas tristísimas escenas de costumbre, las mismas mujeres desamparadas, los mismos hombres viciosos, la misma terrible carestía de la vida ... La misma inicua falta de compasión.
Los pobres del conventillo
A los infelices del conventillo, a aquella gente más miserable, y de más escasos recursos, se le ha recluido al fondo del corral. En piezas de tres varas de largo, dos y media de ancho y dos de alto se hacinan familias, perros, zorzales, gallinas y hasta. . . alojados. Con la mano se toca el techo, con las narices no se huele nada porque había que precaver el desmayo. . . con los ojos no miramos más que horrores, con los pies aun contra nuestra intención hollamos humildísimos jergones, nauseabundos harapos ...
¡Los pobres del conventillo! ¡últimos restos deshechos del temporal de la vida, desperdicios lamentables de una sociedad sin corazón, esos inútiles se revuelven sin protestas, sufren todos los rigores, todas las inclemencias, todos los desastres del abandono, sin la conciencia siquiera de su propio sacrificio!
Al lado de unas caballerizas donde se alojan ocho caballos viven otras tantas familias. Son las últimas piezas. Por caridad el patrón las arrienda en diez pesos al mes.
A cuentas
¿De quién era la propiedad que acabamos de visitar? Una anciana llamada Elvira Amadora Solar nos dijo subarrendar las piezas a su propietario don Francisco Niquel. En total son como cien piezas, a un término medio de veinte pesos, son dos mil pesos ($2 000) mensuales o sea veinticuatro mil pesos al año, suma que significa más o menos el valor total de todo lo construido. Habría que agregar un modestísimo arriendo del suelo.)
¡El ciento por ciento al año! ¡Nuestras leyes condenan la usura, y se habla de una Sociedad que tiene moral¡
¡Inicuas y estupendas mentiras!
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NOTA: Con satisfacción dejo copiadas estas expresiones de El Diario Ilustrado, que confirma todo lo que he dicho en mi conferencia anterior y que son un desmentido a expresiones vertidas por el mismo diario en otras ocasiones en que ha sostenido nos quejamos sin razón. [Nota del Autor]
LUIS EMILIO RECABARREN
El Socialismo
¿Qué es y cómo se realizará?
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Escrito: En 1912.
Primera edición: Como separatas a el diario El Despertar de los Trabajadores (Iquique), del 8 de octubre al 21 de noviembre de 1912.
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Los enemigos del socialismo presentan siempre esta doctrina distinta de lo que en verdad es, para de ese modo aumentar más sus enemigos y presentarlo de más difícil realización.
Es necesario no confundir la doctrina socialista con parte del movimiento obrero en el cual participan los socialistas.
En el movimiento obrero hacia la emancipación suelen verificarse actos que hieren el sentimiento de justicia y que los socialistas a veces no pueden ni prever, ni evitar.
¿QUÉ ES EL SOCIALISMO?
El socialismo es una doctrina de estructura precisa y definida que tiene por objeto modificar las defectuosas costumbres actuales proponiendo costumbres más perfectas.
La base social del socialismo consiste en la abolición o transformación de lo que actualmente se llama la propiedad privada, proponiendo en su reemplazo la constitución de la propiedad colectiva o común.
Se entiende por propiedad privada la posesión y usufructo individual sobre la tierra y sus productos, sobre las herramientas, máquinas y medios de producción, de cambio y transporte.
La consecuencia de la propiedad privada es la coexistencia de patrones y obreros y la explotación que hacen los patrones del trabajo de los obreros.
Como consecuencia de la existencia de patrones y obreros, existe también el gobierno político de los países con todo su cortejo de opresiones y tiranías.
El socialismo, por su nombre solo, tiene muchos enemigos, así como tiene también apasionados defensores y propagandistas.
Al hacer este trabajo queremos servir a los socialistas y a nuestros enemigos.
Creemos que toda persona que llegue a comprender completamente el socialismo no podrá rechazarlo y concluirá por ser su abnegado defensor, en la convicción de que esta doctrina es la única que, llevada a la práctica, realizara realmente la felicidad humana.
Por esta convicción queremos expresar, elementalmente, lo que es socialismo.
Con esta explicación nuestros amigos completarán sus conocimientos y tomarán argumentos suficientes para propagar la doctrina y para defenderla de los ataques injustificados del enemigo.
Con esta explicación creemos servir también a los que desconocen el socialismo. Los que crean inaceptables nuestras doctrinas tomarán en este librito el conocimiento de ella y podrán atacarla en donde encuentren sus defectos.
Queremos, pues, que especialmente lean este librito, los enemigos del socialismo.
La presentación de la doctrina la hacemos metódica y ordenadamente para facilitar su comprensión y su desarrollo.
Solicitamos, pues, un poquito de atención sobre las páginas siguientes.
Propiedad colectiva
Se entiende por propiedad colectiva y común, la abolición de la propiedad individual o privada, de manera que la tierra, los edificios, las maquinarias, herramientas y todo cuanto existe producido por el trabajo del hombre sea utilizado por todos y para todos, repartido en la justa proporción que cada cual necesita según sus gustos.
La transformación de la propiedad privada en colectiva, no significa en ningún caso un despojo de los bienes necesarios al individuo en beneficio de la colectividad.
No se piense que con esta transformación los ricos de hoy vayan a ser pobres mañana.
Eso no sería socialismo, sería solamente cambio de posesión de la riqueza.
La existencia de la propiedad privada y su consagración presente es la causa matriz de todo los males existentes. Por eso es que el socialismo ha nacido como remedio ineludible para ese mal social.
Si el socialismo es la abolición de los imaginarios derechos sobre la propiedad privada, el socialismo se presenta entonces como una doctrina de la más perfecta justicia, de verdadero amor, y de progresivo perfeccionamiento individual y moral.
El socialismo es, pues, desde el punto de vista científico una doctrina económica que tiene por objeto aumentar los goces humanos.
El socialismo es, pues, desde el punto de vista social, una doctrina de sentimientos de justicia y de moral, que tiene por objeto suprimir todas las desgracias ocasionadas por la mala organización, para que la vida sea vivida en medio de goces perpetuos.
Para probar que todo esto es justo y de fácil realización continuaremos con explicaciones detalladas y precisas.
Defectos actuales en la organización de los pueblos
En el presente, como en el pasado, los pueblos viven oprimidos bajo el yugo de una constitución defectuosa que produce inmensos males.
Todos los vicios, todos los delitos, todos los crímenes, el inmenso desarrollo de la prostitución, son consecuencias de la mala constitución de los pueblos y de su tolerancia por los individuos que sufren las consecuencias.
En medio de esta presente mala organización social, muchos individuos luchan por vivir lo mejor posible, sin preocuparse de que los medios sean honrosos o deshonestos.
Así, unos viven comerciando con la prostitución de la mujer; otros viven robando por medio del garito o de comercios ilícitos; otros, explotando inicuamente la ignorancia y el hambre.
¿Cómo podremos llamar honroso el medio de fortuna que muchos funcionarios (empleados fiscales) se buscan, dando libre progreso a la prostitución, al juego, a la borrachera, con tal que esto les produzca una renta permanente y segura que les permita acumular una fortuna para vivir holgadamente? Ese medio de vida es indigno.
Dentro de la doctrina socialista se considera que la naturaleza, ayudada por el hombre y la máquina, produce de sobra todo lo que se necesita, y entonces todos pueden vivir a sus anchas con el fruto de su trabajo honrado y aliviado.
El pauperismo o miseria.-- Consecuencia de la mala organización social, como hemos dicho, es la miseria repugnante que domina sobre el mayor número de los habitantes de todos los pueblos.
Podríamos asegurar que de cada cien habitantes, en el mundo, ochenta viven mal, sufriendo la miseria.
Las clases más incultas de la sociedad soportan la peor parte de la miseria, porque carecen de todo. No tienen mobiliario ni el más necesario, no tienen ropa; viven con unos asquerosos andrajos que medio cubren sus carnes. Entre las clases obreras y empleados de negocios minoristas, la miseria es un poco menos, por tratarse de clases que tienen un poquito de más cultura. Entre las clases de empleados superiores y pequeños propietarios de talleres o comercios, hay siempre miseria, puesto que viven de rentas inseguras que en cualquier momento pueden desaparecer.
La miseria produce desgracias y dolores atroces que hacen tan amarga la vida que llevan a muchos a la desesperación.
El dolor es muy diferente según la cultura.
Un peón que ha nacido durmiendo sobre la tierra y que ha crecido rodeado de desnudeces y miserias, sufre cuando reconoce su miseria y sospecha que podría vivir mejor.
Pero un individuo que ha nacido rodeado de algunas comodidades, cuando comprende y ve que sobre el mundo hay muchas cosas de que gozar y sus recursos y esperanzas no se lo permiten, sus sufrimientos son mayores porque hay más capacidad.
La doctrina socialista propone medidas fáciles y hacederas para hacer desaparecer todas esas desgracias y esas medidas se verán más adelante.
La miseria moral.-- El estado actual de las poblaciones nos muestra toda su miseria moral, que es motivo de retardo de todo progreso. Tenemos como consecuencia de esto que hay muchos individuos que no conciben una condición superior.
El alcohol desempeña una grande y funesta labor contribuyendo a embrutecer a los individuos.
Entre los seres más incultos, la degradación es tan inmensa que entristece, pues hay muchos hombres menos inteligentes que muchos animales.
Entre individuos más cultos existe depravación que los conduce a comerciar y explotar indignamente con sus propios semejantes.
La miseria moral es muy repugnante y aparte de que causa desgracias a toda la sociedad, es deber humano contribuir a la disminución y desaparición de todas las causas que producen la miseria.
La causa de estas miserias y sus efectos.-- Las causas de las miserias son muchas y muy antiguas. La humanidad arranca desde un momento oscuro e inconsciente. Animal, primero salvaje; enseguida, durante un inmenso período, conservándose hasta la época presente una gran cuota de salvajismo.
La cultura y la civilización datan desde muy antiguo, es verdad, pero en dosis muy pronunciadas de egoísmo y privilegio. La civilización se ha ido desarrollando en medio de ciertos círculos sociales, no alcanzando a la mayor parte.
Las primeras civilizaciones nacidas en un ambiente de mucha ignorancia aún, contribuyeron por egoísmo y ambición a envilecer más las clases salvajes, porque fueron sometidas al servicio de los primeros que concebían un grado de progreso civil.
Los primeros hombres más civilizados, ambiciosos de aumentar sus goces, esclavizaron a sus semejantes, incapaces todavía de comprender las consecuencias de esa esclavitud.
La esclavitud ha viajado a través de la historia transformándose periódicamente, hasta llegar al momento actual en que en los países más civilizados se llama al productor, asalariado, pues, la mayoría de los hombres o mujeres está sometida a otros, bajo el nombre de salarlo o sueldo.
La constitución política.-- A medida que la cultura ha progresado en ciertas clases, se han ido formando los pueblos o naciones, adoptando una ley o constitución escrita que les sirviera de norma de vida.
La constitución actual de las naciones data de muchos años atrás. Los pueblos más jóvenes de Sudamérica cuentan casi todos con más de cien años de vida nacional orgánica.
Organizados los pueblos en épocas muy antiguas, sus constituciones fueron hechas bajo el espíritu atrasado dominante en aquella época y por un reducido número de personas.
Esas constituciones defectuosas imperan todavía, constituyendo una verdadera tiranía para los pueblos modernos.
Sin embargo, esas constituciones, se han modificado, se modifican (también se violan), y continuarán modificándose por la intervención de los socialistas en los congresos.
A influencia de las modificaciones que los socialistas logran introducir en las Constituciones, se aumentarán las comodidades de que carecen los pueblos.
La constitución industrial.-- La vida industrial es el poder económico de los pueblos.
La industria es el producto natural del desenvolvimiento y del progreso de los pueblos.
En el presente momento histórico la industria influye en la marcha política y social de los pueblos.
La industria ha nacido defectuosa e incompleta, mientras más atrás en la, historia, más atrasada. La inteligencia del hombre y la necesidad de hacer más aliviados los trabajos, fueron dando lugar a creaciones e inventos hasta llegar al momento presente en que la industria, si es el verdadero progreso, es también el sitio donde reside todo el problema social que ha dado vida al socialismo.
La industria es hoy el arma de la más cruel explotación y opresión que da a los audaces la riqueza, arrancada con el trabajo de los pobres.
La industria es hoy el principal factor de la propiedad privada o individual y es en ella donde la acción socialista se hace sentir con más intensidad, para modificarla hasta que deje de ser fuente de explotación.
La modificación del modo de ser industrial, ha venido realizándose por la fuerza propia del progreso industrial.
A medida que el progreso mecánico se ha demostrado en la industria, el obrero ha sentido también la necesidad de su progreso. Y como el obrero no podrá separarse de la industria, los progresos serán comunes.
La explotación.-- El mundo actual vive montado sobre el régimen de la explotación del hombre.
Unos hombres explotan a otros.
En la época más remota de la humanidad no hubo explotación, porque no había trabajado organizado.
Desde que se inició la organización del trabajo comenzó la era de la explotación, hasta haber llegado al grado de la mayor iniquidad y tan monstruosa se ha presentado la explotación que, en repetidas ocasiones, los esclavos del salario han realizado verdaderas sublevaciones.
En el momento presente, entre los burgueses, no se concibe fortuna ni progreso económico sin explotación.
Desde el punto de vista humano y moral, el hombre no debe realizar esa obra de explotación.
El socialismo propone medios honrosos para amentar los goces humanos de todos, aboliendo el sistema de la explotación, y esos medios quedarán señalados más adelante.
La opresión y los impuestos.-- A consecuencia de asegurar la estabilidad de la explotación ha tenido que establecerse la opresión, organizándose los gobiernos, con su conjunto de leyes egoístas y dictadas por la clase que gobierna para someter a las poblaciones al cumplimiento de esas leyes, especialmente de aquellas que producen dinero, como los impuestos y contribuciones.
Las leyes forman una verdadera cadena de opresiones y los impuestos que gravitan todos sobre el pueblo contribuyen a hacer más odiosa esa opresión.
Aparte de las contribuciones legales que se cobran para formar la renta fiscal, en todos los pueblos hay otra inmensa cantidad de contribuciones que se cobran indebidamente por las autoridades para aumentar sus rentas particulares, aumentando así el costo de la vida del pueblo y haciendo más odiosa la opresión.
Este estado moral de los pueblos es indigno.-- La existencia de los seres humanos debe tener un objeto, y ese no puede ser otro que hacer de la vida una idealidad, fuente de goces verdaderos, donde los seres humanos perfectos disfruten de las creaciones de la inteligencia.
Para llegar a ese objetivo, la humanidad debe encaminarse gradualmente hacia su más completa perfección.
No puede ser más indigno que unos pocos hombres se deleiten esclavizando al mayor número y haciéndolos trabajar a sabiendas de que les explotan.
Los socialistas queremos perfeccionar la vida para que llegue un momento que no seamos opresores, explotadores ni verdugos; ni víctimas, ni explotados, ni miserables.
¿Se dirá que hay cosas irremediables en la vida?
Nosotros negamos esa afirmación.
Todas las cosas que existen pueden perfeccionarse, todas.
Todo el pasado de la humanidad es una cadena de pruebas, de que todas las cosas han venido perfeccionándose, hoy con más rapidez que antes, por razón de que hoy se dispone de medios más perfectos que en el pasado.
Por eso el socialismo tiene la absoluta certidumbre de su victoria, puesto que el socialismo no es otra cosa que la perfección en progreso incesante para multiplicar los goces de todos los seres humanos o sea, la abolición de todas las causas que producen desgracias y miserias.
La transformación de la propiedad no es otra cosa que el perfeccionamiento del derecho.
Todos tienen derecho a vivir bien.
La forma de la actual propiedad limita y hasta suprime el derecho a vivir bien; por esa razón la base del socialismo está en la transformación radical del derecho a la propiedad.
Razones de existencia del socialismo
Todo cuanto existe debe tener una razón de su existencia.
La palabra socialismo es la derivación de los fenómenos y problemas sociales condensados en la palabra socialismo.
La doctrina socialista es el producto filosófico de esos problemas sociales.
El socialismo tiene diversas razones de existencia que explicaremos en capítulos separados para cada razón.
Lo expresado en los capítulos anteriores ya serían bastantes razones constituyentes de la necesidad del socialismo.
Los capítulos anteriores representan los defectos de la sociedad actual y con su conjunto de desigualdades sociales, políticas y económicas, que tantos daños causan a la humanidad.
Pero todos esos defectos que demuestran la necesidad de corregirlos no bastan todavía, puesto que muchos defienden todo lo existente y sólo admiten mejorar por caridad la mala vida de los desgraciados y quieren que cada cual busque su mejoramiento por medios ilícitos, habiendo medios honrosos.
En medio de tantos defectos que causan miserias dolorosas, el socialismo nace como un remedio único y necesario.
El socialismo surge, entonces, exponiendo su sublime doctrina de justicia, de amor, de derecho estrictamente legal y natural.
Para justificar el derecho del socialismo, explicaremos en varios capítulos las distintas razones que constituyen su base de acción.
Para combatir al socialismo se invocan argumentos de todas clases y, entre ellos muchos históricos.
Se llega a decir que el socialismo es irrealizable sólo porque va a transformar todo lo que se ha hecho -con el trabajo de tantos siglos.
Otros dicen que si el socialismo llega a realizarse será después de muchos siglos.
También el presente es obra de muchos siglos.
Penetremos, pues, en la historia y constatemos sus acciones.
Las transformaciones sucesivas de los pueblos.-- Casi todos los pueblos del mundo se han transformado cambiando sus costumbres sociales y políticas.
La Francia era una monarquía constitucional, con su gobierno aristocrático ayudado por el clero. El pueblo y las clases media e intelectual vivían en el ambiente propio de la monarquía y, sin embargo, concibieron y ejecutaron la transformación adoptando el sistema republicano.
Abolieron la monarquía de derecho hereditario y establecieron la república con presidente elegido y renovado.
Se abolió la propiedad feudal y confiscó muchos los frutos del feudalismo. Podríamos decir que se creó la propiedad industrial y desarrolló la propiedad privada o individual, al abolir la propiedad feudal.
Si se aceptó que la Revolución Francesa transformara la forma de la propiedad, ¿por qué el socialismo no podrá transformarla en forma más progresista todavía?
Una buena parte del mundo aplaudió y aceptó la acción de Francia.
La Revolución Francesa no sólo produjo efectos en Francia sino que su ejemplo repercutió en el resto del mundo y en los países sudamericanos, transformó la propiedad por medio de la Revolución.
¿Cómo se constituyó la propiedad en Chile, Argentina, Perú, etcétera?
Por medio de la revolución violenta y de la expropiación con las armas en la mano.
Producidas en estos países las revoluciones tendientes a constituirse en naciones independientes, confiscaron la propiedad de derecho español y expropiaron a todos los que no aceptaban el nuevo régimen o que no eran nativos.
Estas transformaciones de la propiedad han sido y son aplaudidas y consagradas hasta el presente, porque se trata de actos realizados ya por la clase rica, pero cuando se supone que el socialismo dirigido por el proletariado pudiera realizar confiscaciones o expropiaciones en beneficio de la colectividad, entonces se alzan irrazonables griterías contra el socialismo.
En las revoluciones de 1810, Argentina, Chile, Perú, etcétera, transformaron los Estados y expropiaron la propiedad aboliendo todos los derechos monárquicos y feudales en estos suelos.
Todos esos actos se realizaron en el nombre del pueblo.
Si la razón que obró entonces ha sido aceptada, con mayor lógica se aceptará la razón socialista.
En Chile, como en los demás países, existe una ley que autoriza al gobierno para declarar de utilidad nacional los terrenos que sean necesarios para los servicios, públicos o comodidades locales.
Ese mismo criterio, ampliado a un grado superior de Justicia, podría aplicarse dentro de la acción socialista: Declarar todo de utilidad nacional y para la explotación colectiva.
La Gran China, vieja nacionalidad con tradiciones carcomidas y antiquísimas, ha entrado a la vida moderna presente, realizando muchos actos de transformación, tanto en la vida pública como privada.
Organizó su régimen político de gobierno pasando al estado republicano democrático, desde la monarquía absoluta y despótica.
¿ No es esto una prueba de que todo se puede transformar y es modificable?
Si el socialismo es una doctrina que, introducida, en la vida social, política y económica aumenta los goces y felicidades, con sólo ir modificando paso a paso las costumbres, tiene en el pasado una razón de su evolución. El mundo ha sido en su carrera hasta el presente una cadena de transformaciones. El socialismo será una transformación inevitable. Lo que hoy hacemos los socialistas es guiar a esa transformación para que no se desvíe del espíritu de amor y justicia que debe serle inseparable.
La acción revolucionaria violenta.--En el pasado, casi todos los progresos políticos, sociales y económicos de los pueblos se han realizado por medio de la violencia sangrienta.
Pero felizmente, a medida que ha avanzado el tiempo, la violencia ha disminuido.
Si Francia derramó tanta sangre para convertirse en República, casi en la misma época los Estados Unidos de Norteamérica realizaban su transformación en condiciones menos cruentas.
Turquía, Portugal y China han realizado sus transformaciones con menos violencia.
Así, las acciones socialistas ya realizadas han llevado muchas el sello de la violencia sangrienta, pero, poco a poco, a medida que se organizan los socialistas, en sus actos va disminuyendo la violencia sangrienta.
Todas las acciones del presente tienden pues, a suprimir toda violencia.
La acción revolucionaria legal.--El socialismo cada día se acoge más a la acción revolucionaria legal, obrando directamente, como puede, sobre la legislación, la fiscalización y la administración desde las ya numerosas bancas que ocupa en los diferentes países, en el Parlamento y en los municipios,
Si llamamos revolucionario al socialismo es porque no admiten otra palabra el pensamiento- y la acción que se realizan para transformar este mundo lleno de miserias y desgracias en un verdadero paraíso de felicidad y goce.
La acción revolucionaria legal del socialismo quedará ampliamente tratada más adelante, en los capítulos que describen los medios de acción del socialismo.
La tendencia perenne hacia la transformación.-- En apoyo de nuestros pensamientos podemos invocar los hechos de la historia.
La historia del mundo es la historia de las transformaciones y del progreso
Un descubrimiento o invento ha motivado el nacimiento de otro descubrimiento o invento, y así, en una cadena sucesiva de hechos jamás interrumpidos, se han modificado las cosas, los seres y sus leyes. El hecho de que la humanidad siga su camino ya empezado de continuar modificando las cosas, los seres y las leyes, ese hecho sólo constituirá el camino hacia la realización del socialismo, que ninguna fuerza puede evitar, puesto que nada ha podido detener el progreso hasta su grado presente.
Estos hechos de la vida ya vivida por el mundo son la prueba más formidable que el socialismo llegará a su completo triunfo.
La acción presente de los socialistas no sólo se limita a destruir los obstáculos señalando la historia como prueba y justificando la doctrina, sino que también avanza construyendo todo lo que puede con su acción creadora como lo expresaremos en otros capítulos.
Desde el pasado hasta hoy.-- En el momento presente la generalidad de los individuos no medita sobre el espacio y tiempo que habrá necesitado cada progreso para realizarse.
Por ejemplo, el ferrocarril no cuenta con más de ciento cincuenta años de existencia y no cabe duda que los vehículos de transporte cuentan cerca de dos mil años de existencia.
Ha sido menester ese largo período para llegar a esa hermosa perfección presente que aún no se detiene.
¿Cuántos millones de días han sido menester para llegar a obtener la radiotelegrafía?
Es triste reconocer que en el momento presente se celebra y se goza de todo lo que hoy existe sin pensar que a cada progreso los egoístas de todos los tiempos ponían mil obstáculos de todas clases.
Ponían obstáculos los que creían que sólo del cielo podrían venir los inventos.
Los empresarios de carretas pusieron mil obstáculos al ferrocarril.
Así hoy, la carreta de las costumbres burguesas pretende impedir que avance por la vía de la conciencia humana la fuerza imponderable de la justicia socialista.
Desde hoy hacia el futuro.-- La acción socialista desde hoy hacia el futuro se presentará, cada momento, más fácil y su marcha será de más en más rápida, porque los medios de que dispone el socialismo de hoy hacia el futuro son como todas las cosas más perfectos.
Por ejemplo, si en el pasado para transportar cien sacos de trigo se necesitaba cinco carretas con varias yuntas de bueyes y diez horas para recorrer sesenta kilómetros, hoy esa operación se puede hacer en una hora y en una bodega por ferrocarril. Resulta un trabajo mil veces más simple y rápido.
Así también, el socialismo dispone hoy de medios poderosos para realizar sus propósitos. El libro, la tribuna, el periódico, el diario, el folleto, la conferencia, el teatro, la organización, su representación en congresos y municipios, todos esos medios cada día más poderosos acercan la era de la vida socialista, porque todos esos medios irán, convenciendo a los burgueses que se vivirá mucho mejor dentro del régimen socialista que con la organización actual de la sociedad y también irán haciendo desaparecer todas las ignorancias y groserías actuales del pueblo para convertirlo en un elemento regenerado, instruido, pensador y progresista. Los niños de hoy, instruidos en el ambiente socialista, harán ya, tan cerca, inmensa labor sobre sus hijos que más adelante formarán la modalidad socialista dominante.
Razones económicas y científicas.-- las razones de carácter histórico que prueban que el socialismo es una circunstancia normal de la vida e inherente al progreso, que no puede desconsiderarse, presentaremos en este capítulo razones que completan las anteriores.
La economía y la ciencia, se encargan de colocar al socialismo en el sitio preponderante que le corresponde.
Sólo seres degenerados pueden negar el socialismo o mirarle como despreciable e insignificante.
A las razones históricas agregamos ahora razones económicas y científicas que están más estrechamente ligadas a la vida presente.
Factores que producen la riqueza.-- La riqueza no es producto de un individuo ni de una sociedad. La riqueza es producto común.
Cuantas riquezas posee el mundo repartidas en todas las naciones, son el producto del trabajo y de la inteligencia de la humanidad realizado en miles de años.
La riqueza no puede producirse sino con el concurso común y en la época presente la encontramos reducida a dos factores: el capital y el trabajo que explicaremos en párrafos siguientes.
Para explotar y gozar de las riquezas minerales de Sudamérica, los españoles tuvieron que traer herramientas compradas en Inglaterra y en transportes construidos con elementos diferentes, en lo cual tomaron parte muchas razas.
Hoy día, como antes, para muchas industrias se necesita reunir elementos de las distintas partes del mundo, en las cuales trabajan obreros de distintas razas y condiciones y capitales internacionales.
Todo esto es dicho en prueba de que por mucho que se individualice la propiedad del producto, éste no puede dejar de ser fruto del trabajo de comunidades de trabajadores.
Por esto si hay una ley que compele al trabajo común, el socialismo deriva su doctrina de una lógica estrictamente vinculada a la naturaleza de la vida.
El capital.-- La sociedad presente alega que sus comodidades son frutos de su capital, olvidando, intencionalmente, que el capital no ha podido existir sin un trabajo previo, que después de convertido en capital ha sido disfrutado por los que no han realizado el trabajo.
El capital se formó en el pasado con el trabajo realizado por millones de esclavos a quienes no se pagaba salario.
El capital continúa formándose en el presente y aumentándose incesantemente con el fruto del trabajo que no se paga a los obreros, puesto que hoy día a un obrero que produce diez, le dan como salario dos. El resto pasa a ser capital (plusvalía).
El capital así formado en el pasado y en el presente forma, por hoy, un factor de riqueza y con él se realizan gigantescos negocios para la felicidad de unos pocos, con el sacrificio y el dolor de muchos.
En la región salitrera se ha constatado que cada trabajador produce al fisco solamente, la enorme suma de dos mil quinientos pesos anuales. Si esta suma le da al fisco como contribución, si el obrero no recoge arriba de dos mil pesos por salarios al año, si el capital se lleva otro producto grande, ¿cuánto es lo que produce cada obrero y cuántos le toca a él?
El trabajo.-- La fuerza del hombre empleada para producir y transformar la producción es lo que llamamos trabajo.
El trabajo ha sido el primer acto del hombre que ha iniciado la vida del progreso.
Cuando empezó el trabajo, no existía aún ni la remota idea del capital, ni del dinero, ni cosa parecida.
Trabajo amontonado durante siglos ha venido a motivar, en una época donde la inteligencia no estaba aún desarrollada, la creación de un signo para cambiar un objeto por otro, signo que hoy se llama dinero.
En los tiempos primitivos se cambiaba trigo por bueyes, o bueyes por armas. Es decir, una especie por su equivalente.