Lope Félix de Vega Carpio. La moza de cántaro.


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Y con humilde apariencia
Me preguntó si tenía 195
(Aunque con alguna pena)
Carta de Sanlúcar. Yo
Le respondí que tuviera
Á dicha poder servirle:
Breve y bastante respuesta. 200
Dijo que el Duque sabía
Su calidad y nobleza;
Que le enseñase la carta,
Ó que era mía la afrenta
De la disculpa engañosa. 205
Yo, por quitar la sospecha,
Saqué la carta del pecho,
Y turbado leyó en ella
Estas razones, María.—
Quien tal mostró, que tal tenga.— 210

«Muy honrado caballero
Es don Diego; pero sea
El que ha de ser vuestro yerno
Tal, que al hábito os suceda
Como á vuestra noble casa.» 215

Entonces don Diego, vuelta
La color en nieve, dice,
Y de ira y cólera tiembla:
«Tan bueno soy como el Duque.»
Yo con ira descompuesta 220
Respondo: «Los escuderos,
Aunque muy hidalgos sean,
No hacen comparación
Con los príncipes; que es necia.
Desdecíos, ó le escribo 225
Á don Alonso que venga
Desde Flandes á mataros.»
Aquí su mano soberbia...
Pero prosigan mis ojos
Lo que no puede la lengua. 230
Déjame; que tantas veces
Una afrenta se renueva,
Cuantas el que la recibe
Á el que la ignora la cuenta.
Herrado traigo, María, 235
El rostro con cinco letras,
Esclavo soy de la infamia,
Cautivo soy de la afrenta.
El eco sonó en el alma;
Que si es la cara la puerta, 240
Han respondido los ojos,
Viendo que llaman en ella.
Alcé el báculo... Dijeron
Que lo alcancé... no lo creas;
Que mienten á el afrentado, 245
Pensando que le consuelan.
Prendióle allí la justicia,
Y preso en la cárcel queda:
¡Pluguiera á Dios que la mano
Desde hoy estuviera presa! 250
¡Ay, hijo del alma mía!
¡Ay, Alonso! ¡Si estuvieras
En Ronda! Pero ¿qué digo?
Mejor es que yo me pierda.
Salid, lágrimas, salid... 255
Mas no es posible que puedan
Borrar afrentas del rostro,
Porque son moldes de letras,
Que aunque se aparta la mano,
Quedan en al alma impresas. (Vase.) 260
ESCENA III

Doña María, Lüisa

LUISA

Fuése.

DOÑA MARÍA

Déjame de suerte
Que no pude responder.

LUISA

Vé tras él; que puede ser
Que intente darse la muerte,
Viendo perdido su honor. 265

DOÑA MARÍA

Bien dices: seguirle quiero;
Que no es menester acero
Adonde sobra el valor. (Vanse.)
ESCENA IV

Cuarto en la cárcel de Ronda.

Don Diego, Fulgencio

FULGENCIO

La razón es un espejo
De consejos y de avisos. 270

DON DIEGO

En los casos improvisos
¿Quién puede tomar consejo?

FULGENCIO

Los años de don Bernardo
Os ponen culpa, don Diego.

DON DIEGO

Confieso que estuve ciego. 275

FULGENCIO

Es don Alonso gallardo
Y gran soldado.

DON DIEGO

Ya es hecho,
Y yo me sabré guardar.

FULGENCIO

Un consejo os quiero dar
Para asegurar el pecho. 280

DON DIEGO

¿Cómo?

FULGENCIO

Que dejéis á España
Luego que salgáis de aquí.

DON DIEGO

¿Á España, Fulgencio?

FULGENCIO

Sí;
Porque será loca hazaña
Que á don Alonso esperéis; 285
Que, fuera de la razón
Que él tiene en esta ocasión,
Pocos amigos tendréis.
Toda Ronda os pone culpa.

DON DIEGO

Claro está, soy desdichado... 290
Pues el haberme afrentado
Era bastante disculpa.

FULGENCIO

Mostraros la carta fué
Yerro de un hombre mayor.

DON DIEGO

En los lances del honor 295
¿Quién hay que seguro esté?

FULGENCIO

El tiempo suele curar
Las cosas irremediables.
ESCENA V

El Alcaide de la Cárcel, con barba y bastón.—Dichos

ALCAIDE (á don Diego)

Una mujer está aquí
Que quiere hablaros.

DON DIEGO

Dejadme, 300
Fulgencio, si sois servido.

FULGENCIO

Á veros vendré á la tarde. (Vase.)

ALCAIDE

Llegó á la puerta cubierta;
Pedíle que se destape,
Y dijo que no quería. 305
Parecióme de buen talle
Y cosa segura; en fin,
Gustó de que la acompañe
Á vuestro aposento.

DON DIEGO

Que entre
La decid, y perdonadme; 310
Que es persona principal,
Si es quien pienso.

ALCAIDE

En casos tales
Se muestra el amor. (Vase.)

(Dentro. Entrad.)
ESCENA VI

Doña María, cubierta con su manto.—Don Diego.

DON DIEGO

¡Sola, mi señora, á hablarme,
Y en parte tan desigual 315
De vuestra persona y traje!

DOÑA MARÍA

Dan ocasión los sucesos
Para desatinos tales.

DON DIEGO

Descubríos, por mi vida,
Advirtiendo que no hay nadie 320
Que aquí pueda conoceros.

DOÑA MARÍA

Yo soy.

DON DIEGO

Pues ¡vos en la cárcel!

DOÑA MARÍA

El amor que me debéis
Desta manera me trae;
Que agradecida del vuestro, 325
Me fuerza á que me declare.
Á pediros perdón vengo,
Y á que no pase adelante
Este rigor, pues el medio
De hacer estas amistades 330
Es el casarnos los dos;
Que cuando á saber alcance
Don Alonso que soy vuestra,
No tendrá de qué quejarse.
Con esto venganzas cesan, 335
Que suelen en las ciudades
Engendrar bandos, de quien
Tan tristes sucesos nacen.
Vos quedaréis con la honra
Que es justo y que Ronda sabe, 340
Satisfecho el señor Duque,
Desenojado mi padre,
Y yo con tan buen marido,
Que pueda mi casa honrarse
Y don Alonso mi hermano. 345

DON DIEGO

¿Quién pudiera sino un ángel,
Señora doña María,
Hacer tan presto las paces?
Vuestro gran entendimiento,
Y divino en esta parte, 350
Ha dado el mejor remedio
Que pudiera imaginarse.
No le había más seguro,
Y sobre seguro, fácil,
Para que todos quedemos 355
Honrados cuando me case.
No será mucha licencia
Que á el altar dichoso abrace,
Sagrado de mis deseos,
Donde está amor por imagen, 360
Pues ya decís que sois mía.

DOÑA MARÍA

Quien supo determinarse
Á ser vuestra, no habrá cosa
Que á vuestro gusto dilate.
Confirmaré lo que digo 365
Con los brazos.—Muere, infame.

(Al abrazarle, saca una daga y dale con
ella.)

DON DIEGO

¡Jesus! ¡Muerto soy! ¡Traición!

DOÑA MARÍA

¡En canas tan venerables
Pusiste la mano, perro!
Pues estas hazañas hacen 370
Las mujeres varoniles.
Yo salgo.—¡Cielo, ayudadme! (Vase.)
ESCENA VII

Fulgencio.—Don Diego, moribundo

FULGENCIO

Paréceme que he sentido
Una voz, y que salió
Esta mujer que aquí entró 375
(Que no sin sospecha ha sido)
Más turbada y descompuesta
Que piden casos de amor.—
No fué vano mi temor.
¡Don Diego!... ¿Qué sangre es ésta? 380

DON DIEGO

Matóme doña María,
La hija de don Bernardo.

FULGENCIO

¡Alcaide! ¡Gente! ¿Qué aguardo?

(Ap. Mas cosa injusta sería
Ocasionar su prisión. 385
Esperar que salga quiero;
Que esto ya es hecho.)

DON DIEGO

Yo muero
Con razón, aunque á traición.
Muy justa venganza ha sido,
Por fiarme de mujer. 390
Mas no la dejéis prender.

FULGENCIO

Yo pienso que habrá salido.
Pero ¿por qué no queréis
Que la prendan?

DON DIEGO

Ha vengado
Las canas de un padre honrado. 395
Esto en viéndole diréis...
Y que yo soy, cuanto á mí,
Su yerno, pues se casó
Conmigo, aunque me mató
Cuando los brazos la dí. 400
Con esto vuelvo á su fama
Lo que afrentarla pudiera.

FULGENCIO

Toda la cárcel se altera.
Quiero buscar esta dama.

(Se lleva á don Diego.)
ESCENA VIII

Una calle de Madrid.

El Conde, Don Juan

CONDE

¡Hermosa viuda, don Juan! 405
No he visto cosa más bella.

DON JUAN

Con razón, Conde, por ella
Esos desmayos os dan.

CONDE

¿Hay tal gracia de monjil?
Que es de azabache, repara, 410
Imagen, menos la cara
Y manos, que son marfil.

DON JUAN

Vos tenéis un gran sugeto
Para versos.

CONDE

No he pensado
Meterme en ese cuidado; 415
Que pienso andar más discreto.

DON JUAN

¿Cómo?

CONDE

Remitirme á el oro,
Que es excelente poeta.

DON JUAN

Dicen que es rica y discreta:
Guardadle más el decoro. 420

CONDE

¿Fué vuestro criado allá?

DON JUAN

Con una criada habló,
Y á estas horas pienso yo
Que bien informado está.

CONDE

Mejor entre sus iguales 425
Suele hablar más libremente
Este género de gente.
ESCENA IX

Martín.—Dichos

DON JUAN

¿Qué hay, Martín? Contento sales.

MARTÍN

Servir á el Conde deseo.

CONDE

Yo estimo tu buen amor. 430

MARTÍN

Hablé con la tal Leonor,
Como si fuera en mi empleo,
Estando en larga oración
La retórica lacaya,
Y ella, á manera de maya, 435
Serena toda facción.
Díjela que me tenía
Sin alma Leonor la bella;
Que hacía un mes que la huella
De sus chinelas seguía; 440
Y que bailando en el río
De la castañeta al son,
Me entró por el corazón
Y por toda el alma el brío.
Cuando ya la tuve tierna, 445
Pregunté la condición
De su ama, y la razón
De estado que la gobierna.
Dijo que era principal,
Con deudos de gran valor, 450
Y que tenía su honor,
Desde que enviudó, cabal.
Que era rica y entendida,
Y no de su casa escasa,
Si bien no entraba en su casa 455
Ni aun sombra de alma nacida.
Que el parecer recatada
Era todo su cuidado,
Y díjome que había estado
Sólo dos meses casada; 460
Porque su noble marido,
De enamorado, murió.

CONDE

Lope Félix de Vega Carpio. La moza de cántaro.
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Helen Phipps. Paginas Sudamericanas.

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