Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Сомнительная правда. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. LA VERDAD SOSPECHOSA


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Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. "Сомнительная правда" (Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. LA VERDAD SOSPECHOSA)

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LA VERDAD SOSPECHOSA
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Personas que hablan en ella:
• Don GARCÍA, galán
• Don JUAN de Sosa, galán
• Don FÉLIX, galán
• Don BELTRÁN, viejo grave
• Don SANCHO, viejo grave
• Don JUAN de Luna, viejo grave
• TRISTÁN, gracioso
• Doña JACINTA, dama
• Doña LUCRECIA, dama
• ISABEL, criada
• Un LETRADO
• CAMINO, escudero
• Un PAGE
• Un CRIADO
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ACTO PRIMERO
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[Sala en casa de don BELTRÁN]

Salen por una puerta don GARCÍA y un LETRADO viejo, de estudiantes,
de camino; y, por otra, don BELTRÁN y TRISTÁN

BELTRÁN: Con bien vengas, hijo mío.
GARCÍA: Dame la mano, señor.
BELTRÁN: ¿Cómo vives?
GARCÍA: El calor
del ardiente y seco estío
me ha afligido de tal suerte
que no pudiera llevallo,
señor, a no mitigallo
con la esperanza de verte.
BELTRÁN: Entra, pues, a descansar.
Dios te guarde. ¡Qué hombre vienes!
¡Tristán!
TRISTÁN: ¿Señor?
BELTRÁN: Dueño tienes
nuevo ya de quien cuidar.
Sirve desde hoy a García;
que tú eres diestro en la corte
y él bisoño.
TRISTÁN: En lo que importa,
yo le serviré de guía.
BELTRÁN: No es crïado el que te doy;
mas consejero y amigo.
GARCÍA: Tendrá ese lugar conmigo.
TRISTÁN: Vuestro humilde esclavo soy.

Vanse don GARCÍA y TRISTÁN

BELTRÁN: Déme, señor Licenciado
los brazos.
LETRADO: Los pies os pido.
BELTRÁN: Alce ya, ¿Cómo ha venido?
LETRADO: Bueno, contento, honrado
de mi señor don García,
a quien tanto amor cobré,
que no sé cómo podré
vivir sin su compañía.
BELTRÁN: Dios le guarde, que, en efeto,
siempre el señor Licenciado
claros indicios ha dado
de agradecido y discreto.
Tan precisa obligación
me huelgo que haya cumplido
García, y que haya acudido
a lo que es tanta razón.
Porque le aseguro yo
que es tal mi agradecimiento,
que, como un corregimiento
mi intercesión la alcanzó
--según mi amor, desigual--,
de la misma suerte hiciera
darle también, si pudiera
plaza en Consejo Real.
LETRADO: De vuestro valor lo fío.
BELTRÁN: Sí, bien lo puede creer.
Mas yo me doy a entender
que, si con el favor mío
en ese escalón primero
se ha podido poner, ya
sin mi ayuda subirá
con su virtud al postrero.
LETRADO: En cualquier tiempo y lugar
he de ser vuestro crïado.
BELTRÁN: Ya, pues, señor Licenciado
que el timón ha de dejar
de la nave de García,
y yo he de encargarme de él,
que hiciese por mí y por él
sola una cosa querría.
LETRADO: Ya, señor, alegre espero
lo que me queréis mandar.
BELTRÁN: La palabra me ha de dar
de que lo ha de hacer, primero.
LETRADO: Por Dios juro de cumplir,
señor, vuestra voluntad.
BELTRÁN: Que me diga una verdad
le quiero sólo pedir.
Ya sabe que fue mi intento
que el camino que seguía
de las letras, don García,
fuese su acrecentamiento;
que, para un hijo segundo,
como él era, es cosa cierta
que es ésa la mejor puerta
para las honras del mundo.
Pues como Dios se sirvió
de llevarse a don Gabriel,
mi hijo mayor, con que él
mi mayorazgo quedó,
determiné que, dejada
esa profesión, viniese
a Madrid, donde estuviese,
como es cosa acostumbrada
entre ilustres caballeros
en España; porque es bien
que las nobles casas den
a su rey sus herederos.
Pues como es ya don García
hombre que no ha de tener
maestro, y ha de correr
su gobierno a cuenta mía,
y mi paternal amor
con justa razón desea
que, ya que el mejor no sea,
no la noten por peor,
quiero, señor Licenciado,
que me diga claramente
sin lisonja, lo que siente
--supuesto que le ha crïado--
de su modo y condición,
de su trato y ejercicio,
y a qué género de vicio
muestra más inclinación.
Si tiene alguna costumbre
que yo cuide de enmendar,
no piense que me ha de dar
con decirlo pesadumbre;
que él tenga vicio es forzoso;
que me pese, claro está;
mas saberlo me será
útil, cuando no gustoso.
Antes en nada, a fe mía
hacerme puede mayor
placer, o mostrar mejor
lo bien que quiere a García,
que en darme este desengaño,
cuando provechoso es,
si he de saberlo después
que haya sucedido un daño.
LETRADO: Tan estrecha prevención,
señor, no era menester
para reducirme a hacer
lo que tengo obligación.
Pues es caso averiguado
que, cuando entrega al señor
un caballo el picador
que lo ha impuesto y enseñado,
si no le informa del modo
y los resabios que tiene,
un mal suceso previene
al caballo y dueño y todo.
Deciros verdad es bien;
que, demás del juramento,
daros una purga intento
que os sepa mal y haga bien.
De mi señor don García
todas las acciones tienen
cierto acento, en que convienen
con su alta genealogía.
Es magnánimo y valiente,
es sagaz y es ingenioso,
es liberal y piadoso,
si repentino, impaciente.
No trato de las pasiones
propias de la mocedad,
porque, en ésas, con la edad
se mudan las condiciones.
Mas una falta no más
es la que le he conocido,
que, por más que le he reñido,
no se ha enmendado jamás.
BELTRÁN: ¿Cosa que a sus calidad
será dañosa en Madrid?
LETRADO: Puede ser.
BELTRÁN: ¿Cuál es? Decid.
LETRADO: No decir siempre verdad.
BELTRÁN: ¡Jesús! ¡Qué cosa tan fea
en hombre de obligación!
LETRADO: Yo pienso que, o condición,
o mala costumbre sea.
Con la mucha autoridad
que con él tenéis, señor,
junto con que ya es mayor
su cordura con la edad,
ese vicio perderá.
BELTRÁN: Si la vara no ha podido,
en tiempo que tierna ha sido,
enderezarse, ¿qué hará
siendo ya tronco robusto?
LETRADO: En Salamanca, señor,
son mozos, gastan humor,
sigue cada cual su gusto;
hacen donaire del vicio,
gala de la travesura,
grandeza de la locura;
hace, al fin, la edad su oficio.
Mas, en la corte, mejor
su enmienda esperar podemos,
donde tan validas vemos
las escuelas del honor.
BELTRÁN: Casi me mueve a reír
ver cuán ignorante está
de la corte. ¿Luego acá
no hay quien le enseñe a mentir?
En la corte, aunque haya sido
un extremo don García,
hay quien le dé cada día
mil mentiras de partido.
Y si aquí miente el que está
en un puesto levantado,
en cosa en que al engañado
la hacienda o honor le va,
¿no es mayor inconveniente
quien por espejo está puesto
al reino? Dejemos esto,
que me voy a maldiciente.
Como el toro a quien tiró
la vara una diestra mano
arremete al más cercano

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