Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Хозяин звезд. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. EL DUEÑO DE LAS ESTRELLAS


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Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Хозяин звезд.
Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. EL DUEÑO DE LAS ESTRELLAS

Хуан Руис де Аларкон и Мендоса. Хозяин звезд.
Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. EL DUEÑO DE LAS ESTRELLAS

• LICURGO, galán
• El REY de Creta, galán
• TEÓN, galán
• PALANTE, cortesano
• TELEMO, criado
• CORIDÓN, gracioso, villano
• DORISTO, villano
• LIDORO, villano
• BATO, villano
• POLIDORO, cortesano
• Un ALCAIDE
• SEVERO, viejo grave
• TELAMÓN, críado de Licurgo, que adopta el nombre de Danteo
• CRINEO, escudero
• DIANA, dama, hija de Severo
• MARCELA, dama
• MENGA, villana
• VOZ del oráculo
• CRIADOS
• VILLANOS
• MÚSICOS
________________________________________
ACTO PRIMERO
________________________________________

Salen al son de chirimías el REY, SEVERO y PALANTE, que sacan
pendientes del cuello una medallas doradas. Arrodíllanse ante el altar

REY: Délfica gloria, refulgente Apolo,
del cielo cuarto ilustrador eterno,
a quien los hados concedieron solo
de la luz la tiara y el gobierno;
que desde Arturo al contrapuesto polo,
y desde el alto impíreo al hondo infierno
con tus piramidales rayos miras,
mientras el carro de diamante giras;
pues Júpiter ordena soberano
que yo en la edad de joven floreciente
el cetro mueva en la inexperta mano
que dilata su imperio en el oriente;
tu vaticinio, que jamás es vano,
ciego me alumbre y tímido me aliente.
El orden de reinar en paz me explique,
y en mí y en mi corona pronostique.
VOZ: Pide a Licurgo el árbol venturoso. Dentro

Cubren el altar y tocan chírimías

SEVERO: Aquí cesó el oráculo febeo.
REY: Su respuesta me deja más dudoso.
Su fin no entiendo, y sus palabras creo.
SEVERO: Interpretarlo, pues, será forzoso,
para cumplir, señor, vuestro deseo.
REY: Diga Palante qué misterio esconde,
según su voto, lo que el dios responde.
PALANTE: Yo entiendo, gran señor, que Apolo ordena
que de Licurgo el espartano imites
la vida singular, de ciencias llena,
porque el bien de tu reino facilites.
REY: Tu explicación, Palante, es muy ajena
de la verdad, si la razón admites;
que el cargo de reinar no me reserva
tiempos que dar al culto de Minerva.
PALANTE: Yo quedo convencido, y ya deseo
que vuestra alteza la sentencia obscura
explique del oráculo febeo.
REY: De este reino cretense la ventura
el santo vaticinio, según creo,
pronostica, y del todo la asegura,
si las leyes traslado a este hemisferio,
que dio Licurgo al espartano imperio.
PALANTE: Gran rey de Creta, no a tu ingenio agudo
hay ciego enigma, frase no secreta.
REY: ¿Qué decís vos, Severo?
SEVERO: Que no pudo
a la respuesta del mayor planeta
darse otra explicación.
REY: Pues yo no dudo,
si vuestro gran saber nos la interpreta,
que la entendáis mejor. Decid, Severo.
SEVERO: Obedeceros, no enmendaros, quiero.
"Pide a Licurgo el árbol venturoso",
dijo el dios, y mi lengua así lo explica:
No hay árbol para un reino más dichoso
que el de la oliva, porque paz publica;
pues pedirlo a Licurgo el luminoso
Apolo manda, claro significa
que si de él gobernáis acompañado,
aseguráis la paz de vuestro estado.
Que si, como decís, Febo quisiera
que mandase guardar vuestro estatuto
las leyes que él dio a Esparta, no dijera
que le pidáis el árbol, sino el fruto.
El árbol dijo; y si esto se pondera,
del mismo causador es atributo,
y de Licurgo mismo la persona
la oliva vendrá a ser de esta corona.
REY: Yo quedo de las dudas satisfecho.
Vos habéis sus misterios penetrado.
SEVERO: Lo que mandastes, gran señor, he hecho.
Mi explicación pedistes, yo la he dado;
mas no por esto presumió mi pecho
mejor que vos haberlo interpretado;
que aunque en hacerlo os haya obedecido,
a vuestro parecer estoy rendido.
REY: Si os sujetáis a mí como discreto,
porque soy vuestro rey, Severo amigo,
a vuestro parecer yo me sujeto,
que de vuestra prudencia soy testigo.
Sin duda es ése el celestial decreto,
y a su precisa ejecución me obligo;
sólo ya resta agora saber dónde
esa oliva de paz la tierra esconde.
SEVERO: Tu venturoso reino es quien merece
igual tesoro, si verdad pregona
alguna vez la fama, y enriquece
tan estimable piedra tu corona;
pero mudado el nombre, le oscurece
villano traje la real persona;
que graves causas de piadoso celo
tanto le ocultan a su patrio suelo.
REY: Pues si con otro nombre en traje rudo
su luz eclipsa en ásperas montañas,
¿quién le hallará?
SEVERO: La humana industria pudo
vencer dificultades más extrañas.
REY: Ya con la vuestra conseguir no dudo
más altas y difíciles hazañas.
SEVERO: Mi ingenio, si gustáis, no dificulta
desvanecer la nube que le oculta.
REY: De los servicios grandes que habéis hecho,
Severo noble, a mi real corona,
éste será el mayor.
SEVERO: En su provecho
del clima helado a la abrasada zona
no hay conquista imposible, que mi pecho
no se atreva a emprender. Vuestra persona
mil lustros viva; que al momento parto
a obedecer al dios del cielo cuarto.
REY: Partid, y para gastos del camino
lo que queráis pedid al Tesorero.
SEVERO: Júpiter os prospere.

Vase SEVERO

PALANTE: Yo imagino
que ha trazado esta ausencia de Severo
en favor de tus ansias tu destino;
que sin su amparo fácilmente espero
que de su hija goces.
REY: ¡Ay, Palante!
amado espero, y desespero amante.

Vanse los dos. Salen por una parte TEÓN, y
CRIADOS con MENGA; y por otra CORIDÓN con una olla

CORIDÓN: ¡Menga! ¡Ah, Menga! (¡Qué embebida Aparte
le está escuchando! Yo vea
casado, prega a los cielos,
a quien me casó con ella.
Cuando os traigo la comida
con tanto amor, que pudiera
obligar a un duro mármol,
¿me estáis vos haciendo ofensa?
¡Ea, de esta vez la abraza!
¡Voto a tal, si no tuviera
embarazadas las manos...!)
TEÓN: No tiene el mundo riquezas,
si es que tesoros cudicias,
que a tu hermosura no ofrezca.
CORIDÓN: (Él habla, y ella le escucha. Aparte
Concertada esta la fiesta.)
TEÓN: Dame los brazos, serrana.
CORIDÓN: (Si llega a brazos con ella, Aparte
mi mujer caerá debajo;
que tiene muy pocas fuerzas.)
MENGA: Ved que vendrá mi marido.
CORIDÓN: (¡Ay, que la abraza!) Aparte
TEÓN: No temas.
CORIDÓN: (Mas que he de quebrar la olla, Aparte
Menga, si tanto me aprietas.
Tengo de ver en qué para.
La mano le toma, y Menga
lo sufre. Quiebro la olla.

La arroja

Por Dios, que no ha de comerla.
Mas he de ver en qué para.
¡A su aposento la lleva!
No puede parar en bien.

Vanse TEÓN y MENGA

¡Lacón, Lacón!

Sale LICURGO, de villano

LICURGO: ¿Que voceas?
CORIDÓN: ¡Favor, que achaques de ciervo
me amenazan la cabeza!
LICURGO: ¿Pues cómo?
CORIDÓN: Ese pasajero
a mi mujer me requiebra.
LICURGO: Si tú, que eres su marido,
no lo estorbas, ¿cómo intentas
que yo me encargue de hacerlo?
CORIDÓN: Yo só, Lacón, una bestia,
y no hacen caso de mí.
LICURGO: Tú eres su marido, llega;

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