Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Сомнение. José Echegaray. La duda


6 627 views

Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Сомнение. José Echegaray. La duda

Драма в трех действиях
Drama en tres actos y en prosa


REPARTO

PERSONAJES
ACTORES
AMPARO (20 años)
Sra. Guerrero.
ÁNGELES (36 íd.)
Srta. Cancio.
LEOCADIA (50 íd.)
Sra. Guillén.
RICARDO (32 íd)
Sr. Díaz de Mendoza.
CARMEN (18 íd)
Sra. Rubio.
DON BRAULIO
Sr. Carsi.
DON LEANDRO
Cirera.
DOÑA ANDREA
Srta. Soriano.
UN CRIADO
Sr. Montenegro.
UNA DONCELLA
Sra. Gil.

La duda
José Echegaray

Acto primero
La escena representa un salón elegante y de lujo. Puerta en el fondo, que da a un jardín.
Puertas laterales. Es de día.
Escena primera
LEOCADIA, unos cincuenta años; traje oscuro; pálida, triste, dulzura siniestra. Da vueltas
por la sala con la suavidad del reptil; mira por el fondo; movimientos, que no puede dominar, de recelo.
LEOCADIA.-Es ya tarde; pasa la hora; hoy también sin carta. Baltasar es siempre el mismo. En América, como en España, un pobre hombre. A veces, parece una fiera; otras, tiene la mansedumbre de un bendito. Desconfiado hoy, como debe serlo toda persona prudente, y mañana creyendo que todos son «ángeles»; su esposa «Ángeles», inclusive. Pude ser que lo sea; yo nada digo. Doy aviso cuando tengo dudas, y nada más. Por lo visto mis últimas cartas le cogieron en pleno período de credulidad. (Sonriendo.) Y no contesta, no contesta. Pues como tarde mucho se hace la boda... (Pausa.) ¡Ah, esa boda! ¡Esa boda maldita! ¡Si yo pudiera sujetar con mis manos el brazo del sacerdote, ya podían esperar los novios la bendición! ¿Qué falta hace que bajen bendiciones, sobre nadie? ¿Alguien las merece? ¡Que me las pidan a mí! ¡Ya, ya bendeciría yo!... ¡Sí bendeciría, sí; pero sólo a un ser sobre la tierra! ¡A mi hija!... ¡A mi Lola!... ¡Ay Dios mío, que ella no las necesita!... (Transición.) Tampoco, tampoco tengo carta suya. Hace ocho días que no me escribe. ¿Estará enferma?... No, no puede ser; ya me, hubiera avisado la abadesa. Porque la madre abadesa la quiere mucho. ¡Todo el mundo la quiere mucho! ¡Todo el mundo!... Todo el mundo, menos quien más debía quererla. Sí, señor; sí, señor...; debía..., debía quererla. Ella le quiere y él debe saberlo... Pues entonces... ¡Ay mi Lola!... ¡Ah!... ¡Si yo fuera Dios!... ¡Si tuviese en mi poder un mar muy grande de lágrimas,¡con qué gusto se lo echaría encima a Amparo y Ricardo para que se ahogaran en él! ¡Ya tenéis boda alegre y lecho nupcial, y lazo eterno y lágrimas que no se acaben, como no se acaban las de mi hija! (Se retuerce las manos crispadas. Pausa. Da unos pasos y toca un timbre.)

Escena II
LEOCADIA y una DONCELLA.
DONCELLA.-¿Qué manda usted, doña Leocadia?
LEOCADIA.-¿Han traído las cartas?
DONCELLA.-No, señora. Todavía es temprano.
LEOCADIA.-(Con mal humor.) Para lo que debe ser... nunca es temprano.
DONCELLA.-Pues no han venido.
LEOCADIA.-¿Dónde está Ángeles?... Quiero decir, la señora.
DONCELLA.-Salió hace mucho.
LEOCADIA.-¿Sola?
DONCELLA.-No, señora. Salió con el señorito Ricardo.
LEOCADIA.-¡Ah... ya! Salieron los dos juntos. Bueno.
DONCELLA.-Digo yo que irían de compras.
LEOCADIA.-Ya..., ya..., para los regalos de boda; justo; es temprano.
DONCELLA.-Se fueron los dos solos en el coche.
LEOCADIA.-¿Solas y en coche? Es natural. ¿Y la señorita Amparo, por dónde anda?
DONCELLA.-Está en el jardín, con la señorita Carmen. Y están muy alegres. ¡Lo que ellas corren y lo que ellas ríen!... ¡Parecen dos niñas!
LEOCADIA.-¡Muy alegres! ¿Está muy alegre Amparo?
DONCELLA.-Muchísimo; como nunca. Ya ve usted, es natural.
LEOCADIA.-Es natural; mejor así.
DONCELLA.-Es lo que yo digo; si una jovencita en días de boda no está alegre, ¿para cuándo deja la alegría? Además, la alegría se ha hecho para los jóvenes.
LEOCADIA.-No para todas. Vete.
DONCELLA.-Aquí vienen.
LEOCADIA.-Vete.

Escena III
LEOCADIA, AMPARO, CARMEN. Entran alegremente.
AMPARO.-¿Lo ves?... ¿Lo ves?... No han venido todavía. Nadie... Nadie...
LEOCADIA.-Estoy yo.
AMPARO.-Ya lo veo, tiíta; pero con usted no se cuenta.
LEOCADIA-(Con tono sombrío, que no en vano procura disimular.) Haces mal, sobrinita, si no cuentas conmigo.
AMPARO.-No se enfade. Con usted cuento siempre. Es que Carmen se empeñó en que habían venido su padre y su... (Se detiene.)
CARMEN.-Y mi madre. ¡Es tan buena, que como a madre la quiero! A mi madre no la conocí.
AMPARO.-¡Y tan joven y tan guapa! Parece tu hermana. Pues yo le dije a Carmen que no, que no habían venido... y acerté.
CARMEN-¡Es verdad, acertaste! Ya la saludé a usted. antes, doña Leocadia.
LEOCADIA.-Sí, ya me saludaste. Y de todas maneras, ¿qué más da? Ni de mí ni de mi hija debe hacer caso nadie.
AMPARO-¡Por Dios, no diga usted eso!
CARMEN.-¡No, eso no!... (Se acercan las dos, cariñosas.)
AMPARO.-Ya lo sabe usted que todos la queremos mucho. ¿No es usted mi tía?
CARMEN-Eso es.
LEOCADIA.-Un parentesco tan lejano..., tan lejano.... con tu padre.... no digo...; con tu madre, ninguno. (A AMPARO.)
AMPARO-¡Y qué importa! A las personas se las quiere porque se las quiere. Yo no tengo parentesco con... (Se detiene avergonzada.)
LEOCADIA.-¿Con quién?
AMPARO-Con nadie; iba a decir una tontería.
CARMEN.-(Con malicia.) Pues yo sé lo que ibas a decir.
AMPARO.-¡No lo sabes, no lo sabes!
CARMEN.-Ibas a decir: «Yo no tengo parentesco con Ricardo, y le quiero con toda mi alma.»
AMPARO.-¿Quieres callarte? ¡A ver, charlatana!
CARMEN-Pero acércate... Di la verdad..., la verdad... ¿Acerté?
AMPARO.-No acertaste; no señora; no acertaste..., maliciosa.
CARMEN.-¡Que sí..., que sí!...
AMPARO.-¡Que no..., que no!...
CARMEN.-Púes ¿por qué té has puesto encarnada?
AMPARO.-Yo no estoy encarnada.
CARMEN.-Mírela usted, doña Leocadia. ¡A ver si no tiene la cara como una rosa!
AMPARO.-Más encarnada estás tú.
CARMEN-Que lo diga doña Leocadia..
AMPARO-Ríñala, doña Leocadia.
CARMEN.-Pero si pensabas en él...
AMPARO.-Que te calles.... que te calles.
CARMEN.-Quiero decirlo...
AMPARO.-¡Pues te tapo la boca! (Se abrazan, jugando y riendo.)
CARMEN-(A LEOCADIA.) Me ha dicho al oído Amparo que la quiere a usted mucho.... y que quiere mucho a Lola.... a su hija de usted.
LEOCADIA-¡Si no la conoce, cómo ha de quererla!
AMPARO.-Pues la quiero... Ahí tiene usted. Qué remedio; la quiero. Dicen que es muy buena.
LEOCADIA.-Mucho.
AMPARO.-Y muy linda.
LEOCADIA.-Más linda.... sí, muy linda. ¡Pobre Lola!
AMPARO.-¡Pobrecilla!... Quiere ser monja..., ¿Sabes tú? (A CARMEN.) ¡Qué idea! ¡No.... Jesús! ¡Qué cosas digo! ¡Una idea muy santa!... Claro..., es mejor que nosotras. ¡Pero es una lástima!
LEOCADIA.-¡Una lástima!
AMPARO.-Para usted sobre todo. ¡Ah!, es una pena muy grande para usted. No verla nunca: ya ni besos, ni abrazos, ni cuidados, ni alegrías. Usted aquí, con todos nosotros sintiendo la vida; la pobre niña allá, en una celda, solita, rezando como si cada hora fuese la hora de la muerte. Para ella es una cosa muy santa; para usted, una cosa muy triste.
LEOCADIA.-Es verdad. (Llorando.)
AMPARO.-¡Ay pobre tiíta! ¡Qué cosas digo! ¡Qué imprudente soy! Hablo y hablo sin pensar. ¡Perdóneme usted! (Acercándose cariñosa para consolarla.)
LEOCADIA.-Déjame. (Con desabrimiento. Se va hacia el fondo.)
AMPARO-¡Pero ves tú, Carmen, qué inconsiderada soy y qué torpe!
CARMEN-Pero no lo has hecho con mala intención...
AMPARO.-Eso, no. Claro está. Me daba lástima de Leocadia y me da lástima de Lola..., pero ha sido una crueldad.
CARMEN-¿Y es cierto que no conoces a Lola?
AMPARO.-No la conozco. Verás. (Como preparándose a contar algo. La lleva a un sofá y se sientan juntas. En el fondo, mirando al jardín y a veces a las jóvenes, LEOCADIA.) Yo tenía doce años, ¡ya ves si hace tiempo!, cuando papá tuvo que ir a Chile para unos asuntos de mucho interés, ¡cosas de dinero!, ¿sabes?
CARMEN.-Sí..., como en casa: cuando dicen cosas de interés, son cosas de dinero.
AMPARO.-Bueno. pues papá quería llevarnos consigo a mamá y a mí; pero no pudo ser, porque el abuelito estaba muy malo, muy malo y mamá no podía abandonarlo. De modo que nos fuimos papá y yo.
CARMEN.-¡Cómo lo sentiría tu madre!
AMPARO.-Mucho, hija, mucho. Todas las cartas que me escribía estaban llenas de redondeles-arrugaditos, como si hubiesen caído gotas de lágrimas.
CARMEN.-Yo los hubiera besado.
AMPARO.-Y yo también los besé. ¡Pues no faltaba más!
CARMEN.-Y hubiera guardado las cartas.
AMPARO.-Guardaditas las tengo.
CARMEN.-Sigue.

Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Сомнение. José Echegaray. La duda
Tagged on:                             

Залишити відповідь

2 visitors online now
2 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 14 at 01:44 am UTC
This month: 45 at 10-18-2017 08:41 am UTC
This year: 62 at 03-12-2017 08:20 pm UTC
Read previous post:
Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Злая порода. José Echegaray. De mala raza

Хосе Эчегарай-и-Эйсагирре. Злая порода. José Echegaray. De mala raza Драма в трех действиях Drama en tres actos y en prosa

Хосе Эчегарай. Пресмыкаясь. José Echegaray. A fuerza de arrastrarse

Хосе Эчегарай. Пресмыкаясь. A fuerza de arrastrarse José Echegaray Фарсовая комедия в прозе, с прологом, в трёх действиях Farsa cómica...

Close